09 diciembre, 2006

Irak: El 'reenfoque' de Bush


Pese a su casi total ausencia de novedades, el informe del grupo paritario (especialistas demócratas y republicanos) de estudio Baker-Hamilton sobre Irak ha sido recibido en la Casa Blanca y entre sus afines como una patada en salva sea la parte. La razón única de ese efecto es que el informe incurre en la necesaria obviedad de plantear un enfoque regional del conflicto iraquí, descartando prácticamente que sea posible hallar una solución estable en ese país y en todo el área sin la implicación y el compromiso de sus vecinos.

El problema para la administración Bush es que eso no sólo supone dar voz y voto en el problema a países que el lenguaje maniqueo 'neocon' viene calificando interesadamente como ‘el eje del mal’ desde que se acuño tal expresión, sino que, por razones obvias, incluye a Israel y su permanente conflicto con los palestinos, extensible con frecuencia a todos los vecinos, como raíz del problema y parte ineludible de cualquier solución.


Israel es para Washington un tabú. Aliado incondicional, se ha visto con frecuencia obligado a sostenerlo ante las consecuencias de decisiones arrogantes, abusivas y arriesgadas del país judío y de su permanente desprecio al juicio de la comunidad internacional, expresado en numerosas resoluciones de la ONU desoídas sistemáticamente. La razón de esta sumisa complicidad es el peso de los ‘lobbies’ judíos sionistas en Estados Unidos. Precisamente ellos han sido los primeros en poner el grito en el cielo ante las propuestas del informe Baker-Hamilton que afectan a Israel.


Es una paradoja rampante el hecho de que se rechace un enfoque regional para solucionar la situación en Irak cuando es un enfoque estratégico regional lo que subyace en el origen de la malhadada guerra a la que ahora se quiere poner fin.


En efecto, no sólo fue el ansia de hacerse con el petróleo lo que motivó la invasión de Irak, con el falso pretexto de que Sadam disponía de armas de destrucción masiva. Había una estrategia a más largo plazo diseñada en Washington y apoyada apasionadamente en Londres y Jerusalén.


Dicha estrategia pretendía (y pretende, según todos los síntomas) asentar de modo estable la presencia militar estadounidense en el area del Golfo Pérsico.
El objetivo de dicha estrategia es triple:

- Proteger a Israel, dando cobertura inmediata a todas las acciones que decidiera emprender y a todos los desafíos que le fueran planteados por sus vecinos.


- Condicionar la evolución política de los países del área, tanto amigos como enemigos. Socios como Arabia Saudí, Egipto o Jordania no están a salvo de sobresaltos y el futuro en países como Líbano, Siria, Irán o Afganistán es cualquier cosa menos tranquilizador.


- Lograr el control efectivo de las mayores reservas de petróleo mundiales mediante su capacidad de intervención inmediata en el área y el potencial coercitivo que la misma supone.


A nadie se le escapa que ese enfoque estratégico regional es lo más alejado de la paz que pueda imaginarse. En él están implícitas la confrontación permanente y la guerra.


El informe Baker-Hamilton, apoyado en un examen objetivo de las realidades de Oriente Próximo y movido por un genuino propósito de alcanzar la paz y la estabilidad en el área es justamente la antítesis de los propósitos que llevaron a Bush y Blair a iniciar la aventura iraquí, pese a no contar con el apoyo de la mayor parte de la comunidad internacional.


Adoptar las conclusiones del informe paritario, elaborado a lo largo de diez meses y fruto de numerosas consultas y profundas reflexiones, supondría para Bush tener que admitir implícitamente que su fracaso no es parcial, sino total y que no tiene nada de casual, sino que es la consecuencia de una irresponsable irreflexión y de una total falta de escrúpulos.


Lo único que Bush y su entorno admiten, lo único que aceptan del informe, es que hace falta ‘un nuevo enfoque’, que no tiene por qué ser el que el grupo de estudio plantea. En consecuencia, Bush ha iniciado una huída hacia delante (él lo llama “a new way forward”) que se basa en una proliferación de consultas destinadas a persuadir a los ciudadanos de que él es lo que justamente dista de ser, un líder serio y riguroso.


El Pentágono, la Secretaría de Estado y el Consejo Nacional de Seguridad serán los primeros en ser considerados. Luego se encontrará con expertos en Irak, tanto académicos como políticos. Finalmente mantendrá una videoconferencia con los altos mandos militares.


Nadie -y los demócratas en primero lugar- confía en que Bush vaya a reenfocar el problema de Irak (que no es sólo el de Irak, como se sabe) del modo adecuado. Lo que la proliferación de consultas hace temer es que Bush acabará formulando un plan que, so pretexto de ser un ‘potpourri’ de todas las opiniones recibidas, se parecerá bastante a lo que ha venido haciendo, si no en las palabras, sí en la práctica.


“Alguien tiene que llevar a este hombre el mensaje de que tiene que haber cambios significativos”
, dijo Harry Reid, que será el líder de la mayoría demócrata en el Senado una vez se consume el relevo. Su observación siguió a una intervención de Bush que evidenció una casi total falta de receptividad al informe del grupo de estudios.


En dicha intervención ‘Dubya’ tuvo la osadía de comparar su responsabilidad con la de Truman ante el inicio de la Guerra Fría. Parece evidente lo que este inepto tiene ‘in mente’ (?). Y no es una guerra fría, sino caliente. Que sus fuerzasd armadas no estén en condiciones de afrontar una extensión del conflicto, como han prevenido fuentes militares y no militares, no parece preocuparle.


La mayoría demócrata va a tener que emplearse a fondo y apretar las tuercas a este halcón enloquecido, incapaz de mirar a la realidad a su fea cara y actuar en consecuencia. La aprobación o no de la petición de 150.000 millones de dólares en gastos de emergencia para la guerra dará la medida de hasta qué punto la nueva mayoría está dispuesta a cortarle las alas y hacerle pisar el duro suelo.

Leer online: www.tierradenadie.cc


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