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12 agosto, 2011

Breve



Contra la especulación.- Amén se extiendan las medidas que Alemania propone a toda Europa y ojalá también se extendieran a todo el mundo, pero deberían hacerlo de modo permanente. Frenar la especulación bursátil más agresiva e indecente no basta. Cuando los mercados van tan descaradamente contra los estados y, como consecuencia, contra los ciudadanos es el momento de poner fin a esta orgía de codicia, empezando por calificar como delitos ciertos usos lesivos que se vienen tolerando.



28 noviembre, 2010

Un juego siniestro


La economía española ha vivido una de las peores semanas desde que se inició la profunda crisis económica que vive el mundo a causa de la desregulación y la irresponsabilidad de las políticas ultraliberales. El ataque virulento de los mercados (liderado, como siempre, por la coalición de los 'hedge funds' más poderosos y agresivos) ha sido devastador para la Bolsa española y para algunos de sus valores más sólidos. La siempre oficiosa y sibilina información económica habla de un 'efecto contagio' -algo que por definición no existe- de la crisis irlandesa, y de 'falta de confianza' en la solidez de la economía española.

La 'confianza' o el 'temor' son, como nadie ignora, conceptos eminentemente subjetivos. No se basan en apreciaciones objetivas, aunque en el terreno económico lo pretendan, sino en expectativas supuestamente razonables (especulaciones) que, en el caso de la economía, son siempre interesadas y deliberadas. El temor, fundado o gratuito, hace que especular a la baja contra la deuda soberana o contra los valores más sólidos de un país como España sea un gran negocio a corto plazo, que es el modo en que este juego siniestro se está practicando.

El truco es tan barato como indecente, a la vista de la descripción del procedimiento que hoy hace 'El País Digital' por boca de un 'estratega'. En lo esencial, una coalición de fondos, "de gran tamaño" y sofisticación" vende una gran cantidad de títulos (muchos de ellos prestados) de entidades financieras teóricamente sólidas del país amenazado (en el caso español, Santander y BBVA, por ejemplo) generando un inmediato efecto de bajada al vender sus propios títulos otros muchos fondos de menor entidad, alarmados por el descenso. Los 'trileros' causantes de la alarma compran entonces el máximo de valores a la baja. Consuman así un doble beneficio: el reportado por las ventas a un buen precio y el que les reportará en un futuro próximo el aumento considerable de su cartera.de valores fiables adquiridos a bajo precio. El mismo procedimiento se utiliza contra la deuda o sus seguros (CDS).

Nada nuevo bajo el sol. En los anales de la codicia y la indecencia financiera figura como paradigma la maniobra de los Rothschild -primera banca multinacional- en la Bolsa de Londres a raíz de la batalla de Waterloo. Sabedores de la derrota de Napoleón procedieron exactamente como si hubiera sido Inglaterra la derrotada, precipitándose a vender un gran número de las acciones en su poder. El resto de los agentes, que sabían que Rothschild contaba siempre con buena información del continente, imitaron su actitud. Mientras tanto, agentes encubiertos de la banca falsaria se apresuraban, una vez consumada la bajada, a comprar a precios de saldo todo lo que se vendía, incluidas las que habían vendido.

A estas alturas de la historia tales actividades deberían estar severamente castigadas, en la medida en que constituyen una "maquinación para alterar el precio de las cosas", que, al menos en el Código Penal español, esta tipificada como delito. Sin embargo, la impunidad y el abuso son la regla, al igual que ocurre con el abuso -habitual- de información privilegiada, conocido en muchos casos e ignorado casi siempre. Mientras tanto, el G-20 no acaba de llegar a acuerdos -apenas enunciados- que pongan fin a la anarquía, seguramente a la espera de que las cosas mejoren y la cirugía parezca innecesaria. La presión de los mercados y de la banca es formidable y la cobardía política paraliza cualquier medida por miedo a su reacción.

Por otra parte, en un contexto económico globalizado la capacidad de maniobra de los estados y de las entidades financieras nacionales para neutralizar o mitigar las adversidades es muy limitada, especialmente cuando, como en el caso de España, no se dispone de una moneda propia ni se puede adoptar una política económica determinada sin la aprobación de la UE. A fin de cuentas el ataque especulativo tiene como objetivo el euro más que las economías nacionales, aunque éstas sean las damnificadas en primera instancia.

Atribuir a Zapatero y a la política económica del Gobierno la culpa exclusiva de la 'desconfianza' de los mercados es estúpido además de injusto. La especulación está atacando a los países más débiles del Euro, que no lo son por errores recientes sino por debilidades estructurales seculares. Sólo Irlanda tiene un pecado complementario: a su debilidad económica tradicional une el haber abrazado con un excesivo e irreflexivo entusiasmo las políticas económicas liberales. Su hinchazón artificial, como la de Islandia, se han desinflado aún más rápido de lo que se crearon. El tigre celta ha resultado ser un gatito encaramado en un árbol demasiado alto.

España no tardará en aplicar las impopulares reformas que habían sido aplazadas (tal vez para no contaminar las elecciones catalanas) y que el PP ha convertido en su 'caballo de batalla', fuente de todas las desautorizaciones al Gobierno y causa -según él- de la 'desconfianza' de los mercados. Zapatero ha elegido, para sentirse respaldado en esa grave decisión, la fórmula de una reunión con los directivos de las 37 empresas más importantes del país, obviamente favorables a esas reformas.

Con la experiencia adquirida, cualquiera puede intuir que tales medidas no van a frenar la especulación contra España. Si los 'hedge funds' creen que especular contra España es un buen negocio seguirán haciéndolo y si llega el momento en que la UE tiene que ‘salvar’ a España con un torrente de millones de euros darán zapatetas de alegría porque buena parte de ese dinero irá a parar a sus manos.

¿No es éste un sistema enfermo e insostenible? ¿Qué más datos hacen falta para que el G-20, el FMI y los bancos nacionales de todo el mundo pongan fin a esta orgía frenética que convierte a los ciudadanos en esclavos de la arbitrariedad y la codicia durante décadas?

20 julio, 2010

Breve



Cortar las alas a los cerdos.- Los auténticos cerdos (PIGS) del sistema financiero no son los que han sido censados hasta ahora. Financial Times enumera a los grandes 'vencedores' en lo que va de año: una serie de 'hedge funds' (dos de ellos regidos por ex directivos de Lehman y JP Morgan) que tienen en común haber jugado a la baja contra el euro y la deuda soberana de los países europeos -incluida señaladamente España. Sus porcentajes de beneficio (a veces hasta el 8 por 100 en un mes) dan una idea exacta de la gravedad de lo que ha estado ocurriendo y deberían servir para que, de una vez, Estados Unidos y la UE corten las alas de estos 'okupas' irresponsables del edificio financiero.

10 junio, 2010

Breves



'Merkozy', el BCE y la especulación.- Con lo que está cayendo parece mentira que, a estas alturas, haya que urgir a la ComisiónEuropea a que haga los deberes que ya debería haber hecho. La parsimonia de la Comisión y del BCE no hace sino confirmar el imperio de la filosofía neoliberal (el viejo "dejar hacer, dejar pasar", caiga quien caiga). Esta situación está permitiendo que se lesione gravemente la posición española, más por causa de la especulación sobre la deuda y sus garantías que por el volumen de la deuda en sí. Ofrecer impunemente países enteros a la rapacidad de los mercados no es precisamente lo que se espera de una Unión de intereses en la que las decisiones son tomadas por gente que los ciudadanos de los países afectados no han votado. Lo que uno se pregunta es si Francia y Alemania no pueden y deben imponer al BCE las medidas necesarias para frenar la especulación y si su mera reclamación es algo más que un brindis al sol de cara a la galería.

‘Error’ del Banco Mundial contra España.- El Banco Mundial, que en esta crisis está evidenciando hasta extremos insospechados la inutilidad de su existencia, clasifica a España como el quinto país más endeudado de la UE, cuando es el décimocuarto, y describe su situación 'urbi et orbe' como "muy grave". Cuando el diario 'El País' indica el error los responsables farfullan excusas gratuitas y explicaciones inaceptables. En cualquier caso, ante los mercados, el daño ya está hecho. Es irreversible. Uno ya no sabe si denunciar una conspiración misteriosa o lamentar la perpetua 'conjura de los necios', conjunto de personajes que acaban siendo destinados a puestos de responsabilidad en los más prestigiosos organismos internacionales. ¿Una patada hacia arriba? Una patada en salva sea la parte es lo que se merecen.


12 febrero, 2010

De la 'ruina' española y sus causantes (y V)

"Lo que está en juego es el futuro de la democracia y de la Europa social; los griegos deben luchar por todos nosotros."
Costas Douzinas, profesor de Ciencias Sociales en la Universidad de Birmingham (Reino Unido)..


La cita de Douzinas es sólo una parte del corolario de un artículo suyo de lectura muy recomendable publicado recientemente en 'The Guardian' y que viene a confirmar lo ya apuntado aquí acerca de las segundas intenciones de la ofensiva contra el euro a costa de los paises de la UE gobernados por la izquierda. No hay paranoia cuando los argumentos se basan en hechos y reflexiones objetivas acerca de realidades evidentes. El neoliberalismo de la desrregulación y la financiarización, lejos de sentirse derrotado por las consecuencias ruinosas de la aplicación de sus principios, continúa su ofensiva implacable. Y todo indica que con mayor arrogancia que nunca.

La gravísima crisis económica no está conduciendo, paradójicamente, a la reforma y el control de la 'industria financiera' causante del desastre, sino a la imposición de sus planteamientos. Los planes de presunto relanzamiento que se quieren imponer a los PIGS (en desafortunada expresión del prepotente Financial Times) van en la dirección neoliberal de una desregulación que se plantea especialmente en el mundo laboral. Reducir los costes salariales y convertir los despidos en un paseo por el campo es uno de los objetivos. Rajoy admitió hace unos días, por primera vez, este objetivo, aunque se agarró oportunamente al documento que el "Grupo de los cien"   hizo público en abril de 2009.

Ahora que se habla de un pacto de Estado frente a la crisis, con un insólito protagonismo del Rey -supuestamente basado en un irreal vacío de autoridad-, el PP sigue sin hablar claro, pero sí ha sido terminante en una cosa. No participará en dicho pacto si se pretende subir los impuestos; lo que reclama es precisamente lo contrario. Tal rechazo, de base supuestamente neoliberal, asociado con la reducción radical del gasto público y el aumento previsible del desempleo -si se aplica la reforma laboral-, no haría otra cosa que agravar la situación socioeconómica a corto plazo y empeorar la economía a medio plazo. Si a eso le unimos la reforma del sistema de pensiones en el sentido ya apuntado, la huelga general empezaría a tomar visos de realidad.

La postura de la derecha no es algo que se pueda sostener seriamente, pero lo último que pretende el PP es ser constructivo. Dada su estrategia indecente de aprovechar la crisis para hundir al Gobierno, es evidente que lo último que hará es participar en un pacto conducente a mejorar las cosas. Eso debe ser lo que ellos llaman patriotismo. Si ellos achacan a motivos ideológicos la resistencia del Gobierno a asumir políticas impopulares, los motivos del PP para rechazar el pacto son bastante más ramplones y terrestres: ocupar La Moncloa tras someter al Ejecutivo a un cerco despiadado. Caiga quien caiga; incluso si es España la que cae más aún.

La culpa de la crisis no se puede achacar a la política económica del Gobierno o a su ausencia; tampoco a la supuesta improvisación, reacción impuesta por una situación permanentemente cambiante. Una economía tan dependiente como la española de la construcción -gran generadora de empleo directo e inducido- exhibe toda su debilidad cuando ese sector se despeña. Y el despeño es tanto más probable cuanto más se aleja la oferta de la demanda real, lo cual en el caso español llegó hasta el punto de ser la primera el doble de la segunda.

No va a ser fácil refundar la estructura productiva y situar al sector inmobiliario en su justo lugar, importante pero no el más importante. Eso requerirá un cambio radical de filosofía del empresariado español, parte del cual está excesivamente habituado al gran beneficio a corto plazo y no tiene la cultura creativa, innovadora y valiente que requieren las circunstancias y que caracteriza a las economías más sólidas. Cualesquiera que sean los estímulos oficiales que se activen la resistencia está garantizada. Esa y no los costes salariales es la causa de la falta de competitividad de la economía española, dramáticamente agravada desde la entrada en la Eurozona.

A nivel europeo, lo que la crisis está poniendo de manifiesto, además de la indudable seducción por las soluciones neoliberales que comparte la cúpula directiva con los responsables económicos de casi todos los países, es la fragilidad y las disfunciones que provienen de los principios adoptados en los diversos tratados de la Unión y en especial de la artificialidad de una unión que es meramente monetaria, no económica. La solidaridad real entre los miembros ha comenzado a ser sometida a una dura prueba, tanto más crucial cuanto la zona euro está integrada por países en muy diferente situación antes y durante la crisis. Algunos han respondido mejor, otros peor y otros sencillamente se han visto desbordados e inermes.

La opinión pública alemana contesta ahora mismo la decisión de su Gobierno de participar en la operación de salvamento de Grecia. Todo está bien cuando las cosas van bien; cuando no es así se ven las grandes grietas de un edificio hecho de retales y condicionado por una absurda idea de crecimiento permanente que la crisis hace crujir y trepidar sonoramente. Nos queda mucho por ver, sin duda. Esta crisis va a ser más prolongada de lo que muchos han dicho creer. Los famosos 'brotes verdes' no pueden limitarse al crecimiento del PIB, que además este último trimestre se ha estancado en la UE. Comienza a ser verosímil, por otra parte, la posibilidad de un rebrote de la recesión.

En lo que respecta a España, parece urgente que el pacto que se pretende alcanzar sume a los bancos al consenso. Su actitud es clave y por el momento sólo son parte del problema, no de la solución. Los esfuerzos deberían centrarse de modo prioritario en contener el desempleo, que no cesa de avanzar y que, cuanto más lo hace, más amenaza con la posibilidad de que millones de españoles sumen a su condición de parados la carencia de subsidios, lo que conduciría a una contracción excepcional del consumo y a un círculo vicioso de difícil salida.

Ese sería el auténtico fracaso del sistema, una tragedia que puede convertir la paz social en un grato recuerdo.

11 febrero, 2010

De la 'ruina' española y sus causantes (IV)

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001: "Europa 
debería quemar a los especuladores".

El huracán del ataque al eruro se ha desvanecido tan rápidamente como creció, pero nadie podrá decir que no ha tenido consecuencias dignas de consideración. La Unión Monetaria ha recibido el golpe más contundente de su historia en el peor momento imaginable y los países que la integran se han comprometido de urgencia a contribuir al salvamento de Grecia. El Gobierno español se verá seguramente forzado a adoptar medidas impopulares que no entraban en sus cálculos y lo mismo tendrán que hacer los demás países de la UE más golpeados por la crisis. Así las cosas, ha llegado el momento de preguntarse por el origen y las motivaciones del curioso fenómeno de la especulación agresiva sobre los CDS de la deuda española.

Establecido el hecho de que la situación de España dista mucho de parecerse a la de Grecia, especialmente en el terreno de la deuda, sobre cuya fiabilidad se especulaba, es lógico preguntarse por qué "se temía", irracionalmente, un efecto dominó sobre España, con una relación Deuda/PIB del 55 por 100, y no, por ejemplo, sobre Italia, que, con el 116 por 100 (más del doble) tiene uno de los índices más inquietantes de la Eurozona. ¿Misterio? Eso podría parecer, pero ¿es casual que los ataques especulativos se dirijan contra las economías de tres países gobernados por la izquierda? ¿Lo es también que elijan como objetivo principal al país que está ejerciendo la presidencia de turno de la Comunidad?

Entre los analistas predominan los que limitan el objetivo del ataque al euro a un propósito meramente especulativo: pura rutina de los inescrupulosos 'hedge funds'. Los más interpretativos creen que el mercado decidió 'poner a prueba' la fortaleza del euro mediante esa operación. Demasiado inocuo, si se tienen en cuenta, por un lado, los magros beneficios económicos que habría reportado el ataque en el caso de prosperar y, por otro, el carácter ilusorio de la expectativa de que tal ataque fuera ignorado por los países de la eurozona.

Si nos retrotraemos un poco en el tiempo, encontraremos que los 'hedge funds', especialmente los ajenos a la UE -los más poderosos y virulentos-, se mostraron muy inquietos y beligerantes contra la propuesta legislativa de la presidencia española para regular las industrias, al interpretar como proteccionismo económico lesivo para sus intereses una revisión del texto inicial, redactado bajo la presidencia sueca, que haría depender de puntuales y "adecuados acuerdos de cooperación" el acceso de los 'hedge funds' extracomunitarios a los clientes potenciales de la UE. Ahora preguntémonos de dónde procedió el ataque de los 'hedge funds' y podremos establecer una relación causa-efecto que relativiza, si no elimina, el diagnóstico de 'paranoia' que recibieron las declaraciones de José Blanco, que, por cierto. no han sido las únicas en achacar intenciones ocultas a la singular operación especulativa.

Tanto los 'hedge funds' internacionales como el resto del sector financiero ven con diverso grado de preocupación  los propósitos comunitarios de aumentar el control y la vigilancia sobre los mercados y califican las medidas que están estudiando los parlamentarios europeos de 'proteccionistas'. ¿Se puede llamar proteccionismo al propósito de adoptar las precauciones necesarias para evitar que, nuevamente, una minoría de desalmados codiciosos provoque una crisis desastrosa, similar a la que ahora sufre la economía mundial?

En el lenguaje ultraliberal sí. Los buitres financieros, crecidos por haber salido casi indemnes del batacazo financiero que provocaron y por la relativa indefensión en que se encuentran los países que intentan pagar los platos rotos por ellos, no dejan de ejercer toda la presión de que son capaces -que es mucha y muy poderosa- para que la llamada 'industria de servicios financieros' siga funcionando con la misma autonomía e irresponsabilidad que antes de la crisis.

En Estados Unidos lo están haciendo mediante el uso de 'lobbies', largamente entrenados y arraigados en el sistema político, que inmovilizan y frustran las reformas anunciadas por Obama. En Europa el 'lobbysmo', engendro de naturaleza claramente antidemocrática, carece -afortunadamente- de poder y tradición. Para obtener los mismos resultados es preciso recurrir a otros procedimientos, además de la utilización de la prensa servil a sus intereses, como Financial Times. El ataque al euro, más allá de lo que concluyen los análisis melífluos tiene todas las trazas de haber sido una advertencia o -más claramente- una amenaza ante las medidas que se proyectan.

Si es así -y no caben apenas dudas al respecto-, razón de más para acelerar las reformas y cortar las uñas a esos tigres de papel con intenciones de lobo y maneras de gángster. Su peligrosidad está fuera de toda duda. Quien se engaña al respecto es porque quiere o porque le pagan por mostrarse convencido de una bondad e inocuidad inexistentes.

(Continuará)

10 febrero, 2010

De la 'ruina' española y sus causantes (III)

Hoy, tras la insólita visita de la vicepresidenta Salgado a las instalaciones del  'Financial Times' y su entrevista con sus responsables, el implacable diario recoge velas en un editorial. Acepta que la situación de Grecia y la de España no tienen nada que ver; que España tiene "un plan serio" para mejorar su posición, la cual llega FT a comparar con la de Reino Unido, con ventaja para España. Eso no le impide dudar de la determinación real del Gobierno para llevar a término las medidas necesarias, que, en su opinión, no deben tener tanto en cuenta el déficit -que juzgan aceptable, dadas las circunstancias- como "el desempleo crónico y la rigidez del mercado laboral".

Algo era ello: la famosa "rigidez" que impide que los empresarios puedan reducir los costes laborales e invertir (supuestamente) más. He ahí la piedra en el zapato zapatero. No hay que preguntarse cuál es la filosofía económica de FT ni a qué intereses responde su línea editorial. Lo que no le gusta a este diario ultraliberal (ni al Wall Street Journal, dicho sea de paso) ni a los 'hedge funds' que han protagonizado el ataque al euro es la permanencia de signos del estado de bienestar. Quieren que todo el monte sea orégano, pero ese parece ser sólo uno de sus propósitos.

Quienes han atacado al euro parecen pretender también, mediante ese hostigamiento, amedrentar a los países que pretenden introducir controles y limitaciones -nacionales e internacionales- a su actividad para evitar que suceda otra catástrofe económica como la que está teniendo todavía hoy (¿y hasta cuando?) gravísimas consecuencias en la mayor parte de los países del mundo.

'Le Monde', diario francés ajeno a las manipulaciones del capitalismo indecente e impune,  glosa hoy la crisis griega en un editorial bajo el título "Especulacion", en unos términos desgraciadamente infrecuentes en la 'mainstream' mediática mundial. Señala en primer lugar la amarga paradoja que supone que, un año después de que los estados de ambas orillas del Atántico salvasen a la banca mediante inyecciones de dinero estimadas en el 25 por 100 del PIB, los mismo bancos beneficiarios ataquen a los países endeudados por su causa.

El ataque es considerado, en primera instancia, como una acción meramente especulativa, pero ¿cabe descartar segundas intenciones? Centrémonos por ahora únicamente en el aspecto especulativo. Sólo con eso ya hay materia suficiente para el escándalo y la inquietud. Una parte importante de la deuda europea (y por ende de la griega) está en manos de los tres grandes bancos que a su vez prestan dinero a los 'hedge funds' que han atacado al euro: JP Morgan, Goldman Sachs y Deutsche Bank.

La especulación se ejerce fundamentalmente sobre los CDS (credit default swaps), que actúan como seguro ante la posibilidad de impago de la deuda. La especulación sobre esos peculiares y delicados instrumentos financieros, el 75 por 100 de los cuales están en manos de los bancos referidos, puede, llegado el caso, hundir a un país. Los rumores infundados sobre la dudosa fiabilidad de la deuda de España son los que han generado una gran inquietud en los mercados y consecuentemente en el Gobierno, que parece haber actuado eficazmente para atajar sus efectos devastadores.

El problema con los 'hedge funds' es que -al igual que el resto del mercado financiero, pero en mayor grado y con mayor virulencia- "pueden actuar de manera concentrada y con un máximo de publicidad para arrastrar al mercado en el sentido que les convenga". Son poderes fácticos guiados en principio por la codicia y que pueden conducir a crisis gravísimas si generan un efecto dominó alarmista o, como en el origen de la crisis sistémica, si promocionan productos virulentamente tóxicos como una oportunidad interesante de inversión.

Volvamos al principio de esta serie de artículos para subrayar la urgencia imperiosa de que los estados, de común acuerdo, procedan a implantar medidas de control de los mercados financieros que eviten no sólo la reproducción de una crisis general como la que sufrimos ahora sino también maniobras indecentes como la que ha tenido como destinatario el euro. Esas medidas deben ser globales e inflexibles. Sin ellas estamos a merced de un contrapoder financiero que aparece cada vez más con tintes de cospirador contra los poderes políticos.

(Continuará)

07 febrero, 2010

De la 'ruina' española y sus causantes (I)

Mientras esperamos -inútilmente- la ‘refundación’ (¿) del capitalismo prometida en su día por Sarkozy o las ‘severas’ reformas acariciadas virtualmente por Obama, los mercados financieros -es decir, la economía especulativa- siguen haciendo de las suyas impunemente a costa de la economía real. Ganar mucho dinero de modo fácil y rápido es el único objetivo de los actores que condicionan el rumbo de esos mercados.
 
La alarma excesiva -y frecuentemente infundada- y el optimismo excesivo e igualmente infundado son las armas usuales de un montón de poderosos desaprensivos, estimulados por la impunidad que les ha regalado el estallido de una crisis global en la que su papel ha sido decisivo. El miedo y la codicia de una minoría siguen condicionando el destino de la inmensa mayoría en todo el mundo y muy especialmente en Europa y Estados Unidos, así como en las economías nacionales estrechamente vinculadas a ambos.

La globalización, de la mano del sistema que la promovió y sostiene, está exhibiendo su rostro más desagradable desde el estallido de la crisis y amenaza con hacer la recuperación más lenta y dolorosa de lo que sería en otras circunstancias. Esa misma situación dificulta la adopción de medidas estructurales que alteren lo esencialmente perverso de las estructuras que han provocado esta crisis.

Estamos ante un círculo vicioso que está teniendo sus peores consecuencias en el terreno social y amenaza con poner fin, de una vez por todas, al estado del bienestar, que tanto odian quienes, contra toda evidencia que no sea su propio beneficio, sostienen la bondad de la autorregulación, o lo que es lo mismo, la soberanía omnímoda de los dueños del dinero.

Nadie tiene ‘medidas milagro’ para sacar a corto plazo a las economías nacionales de la grave crisis provocada por las prácticas fraudulentas e irresponsables que la han provocado. Y mucho menos si éstas se mantienen arrogantemente impunes. El teórico milagro de las economías asiáticas inmunes -especialmente la de China- se debe precisamente a su carácter periférico respecto a la economía occidental y también a su vigilancia férrea del conjunto de la propia economía. Ellos serán, en última instancia, los grandes beneficiarios de una crisis sistémica que sitúa a Occidente ante el espejo de su propia decadencia.

Si hablamos de España -y ese era el motivo de esta larga introducción-, culpar al Gobierno de la crisis o de que aquí se prolongue más la recesión que en otros países puede ser rentable en términos partidistas, pero es tan gratuito como injusto. Tal vez alguien lleve tres décadas engañado respecto a las deficiencias estructurales de la economía española y la falta de capacidad creativa del capital español, pero siempre han estado ahí y ningún Gobierno -y menos que ninguno los de Aznar- ha intentado corregirlo o simplemente moderarlo. A nadie se le puede ocultar que la elevadísima dependencia que el crecimiento económico y el empleo han tenido respecto del sector inmobiliario, en detrimento de otras actividades, constituía un extraordinario factor de riesgo, un talón de Aquiles que, asociado finalmente a la crisis global, muestra ahora sus peores consecuencias.

Si tenemos en cuenta el componente esencialmente especulativo en el sector inmobiliario y el hecho de que se ha movido básicamente merced a una cantidad ingente de dinero negro no podemos hacernos ilusiones sobre una próxima reactivación de la construcción. En fechas inmediatamente posteriores al pinchazo de la burbuja, Josep Donés, presidente de la comisión técnica de la APCE (Asociación de Promotores y Constructores de España), afirmó que en los diez años previos a dicho pinchazo se construyó en nuestro país "el doble de las viviendas necesarias".

Las consecuencias de esa locura -que se desarrolló fundamentalmente bajo gobiernos del PP- son muy profundas, muy graves y de largo recorrido. La reciente revelación, realizada por el presidente de la AHE (Asociación Hipotecaria Española), de que los promotores inmobiliarios deben a los bancos 300.000 millones de euros “que no pueden pagar” no dejan lugar a dudas al respecto. Ese ‘agujero negro’ no limita sus consecuencias a lo meramente sectorial, sino que lastra profundamente la marcha de la economía nacional e influye en su valoración internacional, empezando por el descenso del rating de las propias instituciones financieras españolas a causa del considerable volumen de impagos.

Cuando uno lee lo que lee y oye lo que oye en los más diversos medios acerca de la etiología de la crisis y la gestión que de la misma está haciendo el Gobierno español no puede evitar pensar que hay un exceso de ignorancia o de mala fe, o -lo que es peor aún- una conjunción inquietante de ambas.

No estamos ante una crisis cualquiera ni ante una crisis exclusivamente española; sus cimientos en la estructura española están hondamente arraigados desde hace décadas, no los ha creado este Gobierno. La adopción de medidas supuestamente ‘improvisadas’ no es un producto ‘made in Zapatero’; se registra en mayor o menor grado en todas partes y es una respuesta lógica a una crisis que, lejos de estar cerca del fin, evoluciona y muestra, esporádicamente, aspectos nuevos a los que hay que dar respuesta urgente. Además, hay que hacerlo en el limitado campo de juego marcado por la UE y bajo el peso de un euro sobrevaluado.

De todo ello y más seguiremos hablando.

(Continuará)

 

27 diciembre, 2008

La economía virtual (y IV): Cuando para la música

Advertencia. Quien no haya visto detenidamente el documental "El dinero es deuda" ( el dinero como deuda, en traducción literal) no va a entender gran cosa de lo que se argumenta a continuación o creera que está ante una serie de afirmaciones gratuitas. Por ello reitero encarecidamente su esclarecedora contemplación.

La revelación de que el dinero lo generan los bancos y de que su 'creación' se hace en base a las deudas que con ellos contraen los clientes privados, corporativos y públicos (gobiernos incluidos) seguramente es un revelación casi insoportable -por su falta de lógica- para cuantos hemos vivido en la ignorancia de esa realidad, que es en sí misma una amenaza permanente a la estabilidad económica y al bienestar general. El hecho de que el denominado sistema bancario de reserva fraccional haya permitido la creación de dinero con un ratio de nueve a uno -superado de modo considerable en los tiempos más recientes- nos dice, sin lugar a dudas, que la economía virtual lleva consigo la semilla del colapso y la ruina a plazo más o menos largo.

En el documental al que nos referimos alguien (A. Gause) compara el sistema de reserva fraccional con el juego de 'las sillas musicales', en el que mientras suena la música no hay perdedores. Así es, pero a una escala gigantesca y extraordinariamente injusta. En este juego de la economía virtual son miles de millones los danzantes y centenares las sillas. Éstas, además, están ocupadas en su mayoría, desde el principio del juego, por quienes ejecutan la música. Cuando la partitura llega a su fin, como ocurre en estos momentos, es el caos. En esos (estos) momentos es posible percibir que todos nos hallamos inmersos en un gigantesco fraude piramidal como víctimas de él, un fraude de escala planetaria que los gobiernos no han sabido o querido (sí han podido, sin embargo) prever y evitar.

El vídeo 'El dinero es deuda' nos señala el auténtico talón de Aquiles del 'esquema Ponzi' legal (que no legítimo) en vigor a escala global. Más allá del absurdo consistente en que el dinero que se crea sea deuda, es decir un futurible, una virtualidad, y también más allá del hecho de que si todas las deudas se pagasen en un momento dado el propio sistema se autodestruiría, hay algo que escapa a la virtualidad, una contigencia real y operativa en todo momento. Hablamos del gigantesco desfase que se crea a largo plazo entre el conjunto del dinero creado mediante la deuda y el conjunto del dinero debido (principal más intereses). El dinero de los intereses pertenece a la economía real, no lo crean los bancos a través de la deuda sino que procede de los salarios o beneficios de los deudores. Dado que su pago está dividido y aplazado y que su montante supera con mucho al de la deuda, la falta de liquidez monetaria en el conjunto del sistema está llamando permanentemente a la puerta.

Las señales de alarma no han faltado desde los años 80, expresadas mediante una sucesión de crashes sintomáticos que lejos de moderar la especulación la han acentuado. El gráfico siguiente es muy elocuente al respecto (pulsar para ampliar):


En este otro gráfico (pulsar para ampliar) es posible seguir con detalle la evolución del índice Dow Jones entre junio de 2007 (crisis de las subprime ) y octubre de 2008.




¿Cabe alguna explicación lógica para la escalada de 2.500 puntos que tiene lugar en poco más de un trimestre, entre el verano y el otoño de 2007? No, es un puro delirio. A no ser que... Sí, a no ser que quienes han estado poniendo la música, los dueños de la partitura, hayan decidido que es el momento de pararla. Ellos tienen la capacidad necesaria para orquestar un crescendo extraordinario como ese para realizar por última vez beneficios gigantescos y deshacerse con la mayor rapidez posible del papel sobrevalorado. A partir de ahí el índice se desploma prácticamente en vertical en el verano de 2008.

En una situación 'normal' e ideal (inexistente) las cotizaciones en bolsa de las acciones deberían estar directamente relacionadas con las ganancias de las empresas, o al menos con su previsión de beneficios, que a su vez condicionarían los de los inversores. Lejos de ser así, los mercados bursátiles no tienen más que una relación remota (virtual, una vez más) con la rentabilidad del capital productivo (o sea, con el valor real). La ley del valor está ausente de los mercados bursátiles y la diferencia entre los beneficios reales de las empresas y el valor teórico de las acciones ha llegado a alcanzar una dimensión de irrealidad inédita en toda la historia del capitalismo.

Esta crisis, a partir de los parámetros dados, era inevitable y su profundidad será tanto más grave y duradera cuanto más tarde en establecerse una relación más realista entre la economía real y la virtual. Dado que el caos financiero no ha terminado de extender sus secuelas al tejido productivo y al empleo es muy probable que nos hallemos ante una depresión de largo recorrido y consecuencias sociales y políticas muy azarosas.

Debemos revisar la idea de que nos hallamos ante una de las crisis cíclicas del capitalismo. El propio acortamiento de los cíclos críticos evidencia que esta es una crisis esencial del sistema, una evidencia incontestable de su insostenibilidad, que es permanente, no circunstancial. La idea del crecimiento constante y acelerado, en la que se basa el conjunto del sistema, es pura y simplemente suicida y la globalizacion acentúa los riesgos inherentes a la imposibilidad de controlarlo todo eficazmente -aunque algunos se digan capaces de hacerlo-, para el bien común, mediante la virtualización de la economía y las politiquillas monetaristas.

Es el trabajo, la producción lo que construye la auténtica riqueza, no la especulación, que la multiplica artificialmente hasta destruirla. Si nada se modifica, cuando la economía se reactive asistiremos a la evidencia de que el capital global se ha concentrado en menos manos aún de las que ya lo estaba y constataremos una acentuación dramática del principio tácito de que el enriquecimiento extraordinario de una ínfima minoría se fundamenta y alimenta en las carencias, en muchos casos esenciales, de una creciente mayoría. Dejaremos así, en algún momento, de situarnos pasivamente ante un fraude intolerable para hallarnos ante un 'casus belli' ineludible.

¿No basta ya de engaños? ¿No son suficientes las pesadillas?