28 mayo, 2006

Editoriales gráficos

En apenas 48 horas –ayer y hoy- J. R. Mora (http://humorgrafico.zoomblog.com/) ha publicado dos magníficos ‘editoriales’ gráficos sobre sendas realidades lamentables:




1) El récord de impudor del empecinado ex ministro del Interior Ángel Acebes (sólo superado por él mismo entre el 11 y el 14 de marzo de 2004) en su insistencia en vincular automáticamente -cual autómata- delincuencia e inmigración. El sarcasmo contenido en la breve leyenda de la viñeta no precisa de apostillas.





2) La desmemoria, la indiferencia, el egoísmo frente a las catástrofes ajenas que se evidencian apenas los medios dejan de dar cuenta de ellas. Actitudes características de nuestras sociedades ‘opulentas’ y enajenadas, que viven la realidad como espectáculo y la prefieren en el envase inocuo y morboso de los ‘reality shows’. Más realidad, sobre todo si es real, resultaría incómoda e indigesta.

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12 mayo, 2006

El juez, el histrión, el circo...


"Miguel Hidalgo
, el juez que condenó a penas de entre tres y cinco años de prisión a tres policías por el caso Bono, perteneció a la Brigada Político Social (BPS) de la Policía en los últimos años del franquismo, es decir formó parte del aparato de represión de rojos, masones y separatistas montado por el dictador. Según ha podido saber elplural.com, Hidalgo coincidió allí con Rodolfo Ruiz, el comisario ahora condenado por él a cinco años por detención ilegal, falsedad en documento público y coacciones por el arresto de dos militantes del PP."

"Entre las misiones de Hidalgo, figuró además ejercer de infiltrado de la BPS, en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. Allí actuaba como espía para el aparato represor del Régimen."

"El juez Hidalgo, que en esta ocasión ha actuado con gran contundencia, no siempre obró de la misma manera en juicios por detenciones de la policía. En 2004 absolvió a tres agentes de la Policía Nacional que habían sido denunciados por un sindicalista de UGT que había sido arrestado durante una huelga en el año 2000."

"El sindicalista sufrió lesiones de las que tardó en recuperarse tres meses. Sin embargo, el tribunal presidido por Hidalgo consideró que los agentes no tuvieron intención de causarle este daño y llegó a la conclusión de que los hechos no tenían relevancia penal."
(Reproducido de elplural.com)
_________________

No apostillaré nada y tampoco voy a glosar la desproporcionada contundencia de una condena que ha dejado a todo el mundo boquiabierto, incluido el propio PP. Es de esperar que el Tribunal Supremo ponga las cosas y al propio juez Hidalgo en su sitio.

Lo que me interesa tratar aquí es la manera en que el PP está intentando sacar partido de un asunto que es escandaloso desde el principio. Escandalosa fue la instrumentación partidista de las víctimas del terrorismo que se plasmó en la manifestación origen de los hechos. Escandaloso que el ministro de Defensa fuera agredido de palabra y obra y no pudiera participar en la marcha, que el PP había decidido monopolizar.

Ayer, de nuevo, fue escandaloso y lamentable lo sucedido en el Congreso y en la Asamblea de Madrid, donde el PP mostró una vez más, pero de modo más grave que nunca hasta ahora, su desprecio a las instituciones democráticas, convirtiendo ambas cámaras representativas en sendos circos.

El popular histrión Martínez Pujalte agotó la bien probada paciencia del presidente de la Cámara para alcanzar el baldón histórico de ser el primer parlamentario expulsado de un Pleno. Los hechos los conocen todos, así que no insistiré en su impropiedad, estúpida desfachatez y propósito provocador. Ni él ni su partido parecen tener sentido de la medida y la resistencia del provocador a cumplir la orden de Marín, apoyada por el portavoz del partido, Eduardo Zaplana, sólo fue superada en su repugnante carácter por sus ridículas y burlescas reverencias al acatar finalmente la orden.

El ‘numerito’ de la Cámara regional fue otra exhibición altamente impúdica, con el agravante incluido de la exhibición de esposas, que no fueron utilizadas en la detención a la que se aludía y por cuyo origen cabe preguntarse con inquietud. ¿Pertenecen al instrumental sado-maso de sus señorías?

Lo sucedido es una vergüenza que, aunque protagonizada por una minoría de personas, nos salpica a todos. Y más tras saber que la dirección del Partido Popular ha respaldado hoy el choteo. El problema no es que lo respalde, sino que es mucho más que probable que en su seno naciera la idea y el modo de instrumentalizarla. Algún Goebbels de tercera permanece en la sombra mientras los augustos reciben las bofetadas.

Tal vez temieran que la crisis catalana y la estafa filatélica eclipsasen los ecos de su utilización escandalosa del escandaloso caso. Lograron evitarlo. La pregunta es si el precio de la vergüenza y el descrédito -llueve sobre mojado- compensa un ´éxito' tan miserable y patético.

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30 abril, 2006

Revel y los 'liberales'

El escritor y periodista Jean-François Revel ha muerto hoy a los 82 años en el hospital Kremlin-Bicêtre (1), a las afueras de París. Para la mayoría de los españoles este nombre no significa nada, pero no hay francés ni ‘liberal’ español que lo ignore. Revel ha sido durante buena parte de su vida la ‘bestia negra’ de la izquierda francesa y por ende planetaria, un referente ineludible de una sedicente ‘filosofía’ liberal que ha vivido sus momentos estelares tras la caída del muro de Berlín y la eclosión neoconservadora, especialmente en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Nacido Ricard -como la francesísima bebida- cambió significativamente su apellido por Revel, que no es -que yo sepa- francés pero evoca en su pronunciación francesa ecos sugestivos: “rebelle” (rebelde), “reveil” (despertar). Tenía un alto concepto de sí mismo Jean-François. Y tuvo un considerable éxito en lograr que otros compartieran tal valoración.

En buena parte de sus biografías se le considera un filósofo, pero yo, tras leer un par de libros y bastantes artículos suyos, niego la mayor. Es cierto que estudió Filosofía en la elitista Ecole Normale de París, pero la polémica y el panfleto efectista fueron en mayor grado que la ciencia del amor a la sabiduría su actividad.

Recuerdo que cierto filósofo alemán, probablemente filonazi, al que entrevisté con ocasión de una disertación suya en cierta universidad de verano en la que la ‘intelectualidad’ franquista flirteaba con los talentos traspirenaicos, casi me abofetea cuando la pregunté su opinión sobre la filosofía existencialista de Jean-Paul Sartre. ¡Eso no es filosofía!, me gritó al borde de la apoplejía.

Las mismas razones que (supongo) tenía el boche para negar que los existencialistas y específicamente Sartre fueran filósofos tengo yo para negar que lo fuera Revel. Tantas no, más. Buena parte de su obra no es otra cosa que una diatriba neoliberal y anti socialista en la que la argumentación no da para tapar la grosera manipulación previa de lo que presenta como real ni su insuperable debilidad por la frase redonda y contundente contribuye a su solidez y seriedad.

En febrero de 2004, con un pie en el estribo, José María Aznar entregó a Revel, uno de sus maestros, la Gran Cruz de Isabel la Católica. Y no me resisto a reproducir lo que Federico Jiménez Losantos, entre épico y funerario, escribió en su ‘Libertad digital’: “En un día luminoso de invierno madrileño, con Aznar viviendo sus últimos días presidenciales, todo tenía un aire de afecto y melancolía: el gran político que se va, el inolvidable maestro que pasa... y los liberales que nos quedamos. Ay, los liberales”.

Liberales, dice. ¿De qué liberalismo? ¿Del laissez faire, laissez passer? ¿Del ‘enriqueceos’, como si eso estuviese al alcance de cualquiera? ¿Del de la "Teoría de los sentimientos morales" de Adam Smith? Ya no hay liberales más que en el sentido económico de la palabra. Ahora hay neoconservadores (más propiamente, ultraconservadores), criptofascistas y oportunistas disfrazados de liberales. Suena bien ‘liberalismo’, mucho mejor que todo lo que tras ese término se oculta.

Dice Revel que “es improbable que seamos capaces alguna vez de construir un mundo mejor de lo que nosotros mismos somos”. Y es difícil no coincidir en esta lapidaria y obvia afirmación, que propende al pesimismo antropológico. El problema, como siempre desde que el mundo es mundo, es que el ser humano no puede ni debe resignarse a la vivencia permanente del dolor propio y ajeno. Ese dolor tiene Culpables, los mismos que siempre han predicado la resignación y pospuesto la felicidad a una improbable vida de ultratumba.

Frente a los Culpables y a su servil cohorte de pensadores y publicistas supuestamente liberales somos legión los que aún defendemos el derecho a soñar y a que la especie camine hacia la auténtica libertad. Tal programa no es ni siquiera ideológico. Está escrito indeleblemente en el genoma humano.

(1) La historia es irónica. Kremlin se refiere ciertamente al palacio moscovita, aunque parece que tiene su origen en una taberna denominada “el sargento del Kremlin” que alguien creo tras la desastrosa invasión de Rusia por Napoleón. En cuanto a Bicêtre, era una siniestra fortaleza que sirvió como prisión y centro de tortura para todo tiepo de marginales antes de la revolución y transformado en hospital, tuvo entre sus distinguidos pacientes al marqués de Sade.

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23 abril, 2006

El peor presidente de EE. UU. (y II)

Rectificar es de sabios, dicen. Rectifico pues, no para pasar por sabio sino para parecer menos idiota: no continuaré la traducción, iniciada ayer, del artículo de Sean Wilentz en Rolling Stone sobre el peor presidente de la historia de Estados Unidos. La pereza (es domingo, hombre) es la razón principal de este abandono. No lo voy a negar. Además, no creo que mi esfuerzo fuera de mucha utilidad para el lector hispano, que tiene sus propias razones para calificar a Bush y en su mayoría se inscriben en el terreno de la política internacional. Finalmente, se me ha ocurrido pensar que podría cometer una infracción del copyright, aunque ésto confieso que, más que un inquietud real, es una coartada verosímil para mi decisión.

Quienes sepan inglés pueden pinchar aquí para leer el artículo. Quienes no lo sepan o no quieran tomarse la molestia, tal vez estén interesados en repasar las ocasiones en que ‘La Espiral’ ha evaluado o aludido a las actividades del ‘emperador’. En ese caso, introduzcan “Bush” arriba, donde pone “search this blog”.

Hay casos en los que una canción vale por diez sesudos ensayos. Por eso, como premio de consolación al lector defraudado por mi defección, he desviado mi entusiasmo traductor hacia “Dear Mr. President”, que interpreta la cantante Pink. Que ustedes lo disfruten.

Ver actuación en ventana de Youtube...

... O aquí mismo.


Querido presidente
Venga a dar un paseo conmigo
Finjamos que sólo somos dos personas y
Usted no es mejor que yo
Me gustaría hacerle algunas preguntas si podemos hablar sinceramente.

¿Qué siente cuando ve a todos los sin hogar en la calle?
¿Por quién reza por la noche antes de dormirse?
¿Qué siente cuando se mira al espejo?
¿Está usted orgulloso?

¿Cómo duerme mientras el resto de nosotros llora?
¿Cómo sueña cuando una madre no tiene oportunidad de decir adiós?
¿Cómo camina con la cabeza alta?
¿Puede siquiera mirarme a los ojos
Y decirme por qué?

Querido presidente
¿Fue usted un chico solitario?
¿Es usted un chico solitario?
¿Cómo puede decir
Que ningún niño queda abandonado?
No somos estúpidos y no somos ciegos
Todos están en sus calabozos
Mientras usted pavimenta el camino al infierno.

¿Qué clase de padre despojaría de sus derechos a su hija?
¿Y qué clase de padre puede odiar a su hija si es lesbiana?
Sólo puedo imaginar lo que la primera dama tiene que decir
Usted ha andado un largo camino desde el güisqui y la cocaína.

¿Cóno duerme mientras el resto de nosotros llora?
¿Cómo sueña cuando una madre no tiene oportunidad de decir adiós?
¿Cómo camina con la cabeza alta?
¿Puede siquiera mirarme a los ojos?

Déjeme hablarle del trabajo duro
Con el salario mínimo y un hijo en camino
Déjeme hablarle del trabajo duro
Reconstruyendo la casa que las bombas destruyeron
Déjeme hablarle del trabajo duro
Haciendo una cama de una caja de cartón
Déjeme hablarle del trabajo duro
Trabajo duro
Trabajo duro
Usted no sabe nada del trabajo duro
Trabajo duro
Trabajo duro Oh

¿Cómo duerme por la noche?
¿Cómo camina con la cabeza alta?
Querido presidente
Usted nunca daría un paseo conmigo
¿Lo haría?

22 abril, 2006

El peor presidente de EE. UU. (I)



Sean Wilentz, profesor de la universidad de Princeton, uno de los historiadores estadounidenses más prestigiosos, aporta a lo largo de un extenso artículo publicado en la revista 'Rolling Stone' los datos que sitúan a George W. Bush como el peor presidente de Estados Unidos. La tentación de traducirlo ha sido invencible, pero la tarea no puede ser concluída en una sola entrega -que además sería demasiado larga para leer en pantalla- por falta de tiempo. Este es, pues, el primero de los capítulos de un texto que la revista ha titulado en tono interrogativo y cuyo contenido lo transforma en afirmativo y difícilmente cuestionable: 'El peor presidente de la historia'.

La presidencia de George W. Bush parece encaminarse a un colosal descrédito histórico. Exceptuando un acontecimiento cataclísmico del tipo de los ataques terroristas del 11 de Septiembre, tras el cual el público pueda reconcentrarse otra vez en torno a la Casa Blanca, parece que no hay mucho que su administración pueda hacer para evitar ser clasificada en el rango más bajo de los presidentes estadounidenses. Y ese puede ser el panorama más halagüeño. Muchos historiadores se están preguntando ahora si Bush, de hecho, será recordado como el peor presidente de toda la historia americana.

De tiempo en tiempo, tras el trabajo, me reúno con mis colegas en Princeton para discutir ociosamente acerca de qué presidente fue realmente el peor de todos. Durante años, estos eternos debates se han centrado ampliamente en el mismo puñado de jefes ejecutivos que las votaciones de historiadores nacionales de todo el espectro ideológico y político citan rutinariamente como el fondo del barril presidencial. ¿Fue el pésimo James Buchanan, que, confrontado con la secesión sureña en 1860, titubeó hasta un punto que, como ha dicho su más reciente biógrafo, equivalía a deslealtad y que entregó a su sucesor, Abraham Lincoln, una nación ya en pedazos? ¿Fue el sucesor de Lincoln, Andrew Johnson, quien activamente se alineó con los antiguos confederados y saboteó la Reconstrucción? ¿Qué tal el amigable incompetente Warren G. Harding, cuya administración fue fabulosamente corrupta? ¿O, aunque tenga sus defensores, Herbert Hoover, quien intentó algunas reformas pero quedó aprisionado en su propia anacrónica ética individualista y se hundió bajo el peso del crack bursatil de 1929 y el comienzo de la Depresión? Los historiadores más jóvenes siempre proponen a Richard M. Nixon, el único presidente americano forzado a dimitir.

Ahora, sin embargo, George W. Bush se halla en seria contienda por el título de el peor de todos los tiempos. En 2004, una encuesta informal entre 415 historiadores dirigida por la imparcial History News Network concluyó que el 81 por ciento consideraba la administración Bush un "fracaso”. Entre los que definían a Bush como un éxito, muchos dieron alta puntuación al presidente sólo por su capacidad para movilizar el apoyo popular y lograr que el Congreso le acompañase en lo que un historiador describió como “aplicación de políticas desastrosas” de la administración De hecho, aproximadamente uno de cada diez entre los que consideraban un éxito a Bush estaba siendo guasón valorándole sólo como el mejor presidente desde Clinton, una categoría en la que Bush era el único competidor.

La inequívoca decisión de los historiadores debería dar qué pensar a todos. Contrariamente a los estereotipos populares, los historiadores son generalmente un gremio cauto. Evaluamos el pasado desde puntos de vista ampliamente divergentes y estamos profundamente interesados en ser vistos por nuestros colegas como justos y precisos. Cuando hacemos juicios históricos no actuamos como votantes ni como expertos sino como estudiosos que deben evaluar todas las evidencias, las buenas, las malas o las indiferentes. Sondeos separados, dirigidos tanto por quienes son considerados conservadores como por liberales, muestran notable unanimidad acerca de quienes han sido los mejores y los peores presidentes.

Como grupo, los historiadores tienden a ser mucho más liberales que el conjunto de la ciudadanía, un hecho al que los admiradores del presidente se han aferrado para desautorizar los resultados de la encuesta como claramente tendenciosos. Un historiador pro-Bush dijo que ésta revelaba más acerca de “la actual cosecha de profesores de historia” que acerca de Bush o de la eventual valoración de Bush. Pero si los historiadores estuvieran motivados simplemente por una fuerte tendencia liberal, podría esperarse que considerasen a Bush el peor presidente desde su padre o Ronald Reagan o Nixon. En lugar de ello, más de la mitad de los encuestados y casi tres cuartas partes de los que valoraron negativamente a Bush retrocedieron más allá de Nixon para encontrar un presidente tan lamentable. La nómina de presidentes más comunmente relacionados con Bush incluía a Hoover, Andrew Johnson y Buchanan. El doce por ciento de los historiadores encuestados, casi tantos como los que consideraron a Bush un éxito, le calificaron rotundamente como el peor presidente de la historia de América. Y esas cifras fueron alcanzadas antes de las debacles del huracán ‘Katrina’, el papel de Bush en el ‘affaire’ de la filtración sobre Valerie Plame y el deterioro de la situación en Irak. Si los historiadores fueran encuestados hoy los números serían más altos.

Incluso hay algo peor para el presidente. El público en general que una vez dio a Bush los más altos niveles de aprobación registrados nunca, aparece ahora volviendo en sí hacia la visión sombría que mantiene la mayoría de los historiadores. Ciertamente, el presidente conserva una considerable base de seguidores que creen en él y le adoran y que rechazan toda crítica con una mezcla de incredulidad y feroz desprecio: en torno a un tercio del electorado. (Cuando el columnista Richard Reeves difundió la encuesta de los historiadores y sugirió que era significativa, cosechó miles de réplicas insultantes llamándole idiota y alabando a Bush como, en palabras de un escritor, "un cristiano que realmente actúa sobre la base de sus creencias profundamente mantenidas”.) Pese a eso, las filas de los auténticos creyentes han adelgazado dramáticamente. Una mayoría de los votantes en 43 estados desaprueba ahora el modo en que Bush está haciendo su trabajo. Desde el comienzo de las encuestas fiables en los años 40 sólo un presidente reelegido ha visto su valoración caer tan bajo como Bush en su segundo mandato: Richard Nixon durante los meses anteriores a su renuncia en 1974. Ningún presidente de dos mandatos ha caído desde tal altura de popularidad como Bush (cercana al noventa por ciento, durante la marea patriótica que siguió a los ataques de 2001) tan abajo (ahora en torno al 35%). Ningún presidente, incluído Harry Truman (cuyos niveles se hundieron a veces por debajo de los nixonianos), ha experimentado tal virtualmente incurable declive como Bush sufre. Aparte de las bruscas pero temporales subidas que siguieron al comienzo de la guerra de Irak y a la captura de Sadam Hussein, y una recuperación durante las semanas anteriores y posteriores a su reelección, la tendencia de Bush ha tenido un perfil netamente estable de desencanto.

Continuará.

14 abril, 2006

Más allá de la forma de estado

Es comunmente aceptado que la entidad política que conocemos como España nace en 1492. Como muchas otras cosas de nuestra tantas veces reescrita historia no es cierto, pues mientras los Reyes Católicos conquistan Granada, que según la leyenda Boabdil abandona entre sollozos, el reino de Navarra sigue siendo tal hasta que un golpe de mano de Fernando de Aragón lo incorpora a la corona castellano-aragonesa (alias ‘española’) una década después.

En cualquier caso, 1492 no es sólo la fecha inaugural o convencionalmente fundacional. También tiene una clarísima significación augural. El mismo año de su supuesto nacimiento suceden en España dos hechos que marcarán fuertemente su futuro y sellarán su carácter. Dos hechos que, en alguna medida, la ‘desnacen’ y deshacen.

La intolerancia, que alcanza hasta nuestros días, se manifiesta estúpidamente ese mismo año con la expulsión de los judíos. Por otra parte, la dispersión y el centrifuguismo característicos de la ‘raza’ reciben en 1492 un estímulo definitivo. Colón descubre América, donde, durante siglos, España invertirá gran parte de su capital humano y de sus mayores y menos premiados esfuerzos.

Todo el oro y los bienes que España obtiene de su aventura americana se pierden, malinvierten o malgastan. La razón es muy simple. No es propio del espíritu del cristiano viejo dedicarse a actividades ‘especulativas’, como el comercio o la banca. Ni siquiera las labores artesanales se juzgan adecuadas para un buen cristiano. Si un español no era noble, sólo tenía tres destinos posibles en aquellos absurdos tiempos: la labranza, la milicia o la religión.

El destino de España habría sido muy distinto de haber tolerado al ‘diferente’, al judío, a quien de hecho se había prohibido ejercer los tres oficios ‘benditos’ y toda posibilidad de acceso a la aristocracia. Su conocida y ‘pecaminosa’ habilidad económica habría hecho del imperio que más tarde se describiría en términos de “donde nunca se pone el sol” algo muy diferente del caos y el agujero sin fondo en que se convirtió.

Cuando en 1808, apenas tres siglos más tarde, Napoleón invade España se encuentra un país desarbolado y rendido, que ofrece poco más que una resistencia anecdótica. La mayor parte de su potencial está al otro lado del Atlántico. Sin la ayuda -por supuesto interesada- de Inglaterra y sin la desastrosa campaña militar gala en Rusia, José Bonaparte hubiera seguido siendo rey de España ‘sine die’.

Mientras tanto, Cádiz resiste con éxito el cerco francés y las Cortes allí reunidas aprueban en 1812 la primera Constitución democrática que España conoce. Cuando regresa Fernando VII, ‘El Deseado’, tras firmar un vergonzoso tratado con el emperador francés, rechaza asumir esa Carta Magna. Estamos ante un absolutista convencido y uno de los monarcas más nefastos de la historia de España. Nadie sabe si hubiera podido ser de otro modo, pero la tentación del poder absoluto, bajo el impulso de una casi absoluta estupidez, seguramente era insuperable tras haber sido recibido por un pueblo entusiasta al grito de “¡Vivan las cadenas!”

Era el principio del fin. Mientras en la América hispana estalla una rebelión irreversible, que, protagonizada por los criollos (de origen español), abraza los principios liberales de la Constitución de 1812, ‘El Deseado’ refuerza la Inquisición, persigue con saña a los ‘afrancesados’ y destina a la muerte a cuantos se le enfrentan en nombre de los derechos del pueblo. El descenso de España a los infiernos se convierte en una realidad imparable de la mano de un hijo distinguido del espíritu reaccionario e intolerante que alumbró la patria en 1492.

El desastre se consuma en 1898, cuando el que ha de ser el nuevo imperio mundial estrena sus garras depredadoras sobre los restos coloniales españoles. La pérdida de Cuba y Filipinas supone el fin de un sueño, la hora de la verdad para un pueblo que se soñó grande y nunca pudo saborear las consecuencias de esa supuesta grandeza. Al igual que las colonias, Cataluña y el País Vasco se plantean seriamente abandonar el barco que se hunde. Los intelectuales del 98 sueñan con la regeneración y, paradójicamente, eligen a Castilla como referente. Mientras, las ideas socialistas y libertarias encuentran en un pueblo empobrecido y harto de abusos el adecuado caldo de cultivo.

Insensiblemente se va tejiendo la urdimbre de un escenario destinado a una confrontación mil veces eludida o conjurada entre las dos españas (en palabras de Machado, la que “ora y embiste” y la “de la rabia y de la idea”). Hoy hace 75 años, con la Constitución de la II República, España se ofreció la penúltima oportunidad de reconciliarse consigo misma y con la historia. Tal vez era demasiado tarde o quizás nadie fue consciente de lo que se jugaba en aquel envite crucial.

... Y estalló una de las más despiadadas guerras civiles de la historia de la humanidad. A ella siguió una dictadura interminable y siniestra, que condenó a muerte, cárcel o exilio a sus enemigos reconocidos y decretó el silencio, el asentimiento y la humillación para varias generaciones de españoles. Esa misma guerra entre autoritarismo y democracia y entre totalitarismos de izquierda (comunismo soviético) y de derecha (nazismo y fascismo) se resolvió en el mundo a favor de las democracias, pero éstas, como ya habían hecho con ocasión de la guerra civil, se lavaron las manos ante la pervivencia de una dictadura de corte fascista en nuestro país. Era una garantía contra el comunismo, el otro vencedor. La guerra fría había comenzado.

Todo este resumido -y pese a ello largo- repaso de la historia de España me ha venido sugerido por la efeméride del aniversario. Personalmente pienso que el mejor estado es el que no existe, pero para que esa utopía fuera posible la especie tendría que dar un salto evolutivo que nada hace previsible a estas alturas de la historia.

El conocimiento de la historia le hace a uno notablemente escéptico en el debate sobre la forma de estado. ¿Monarquía o república? ¿Qué monarquía: la sueca, la holandesa, la jordana? ¿Qué república: la estadounidense, la francesa, la cubana? Es de democracia de lo que debemos tratar y más concretamente, de la imprescindible profundización democrática que todos los estados, republicanos o monárquicos, eluden.

El estado, cualquiera que sea su forma, debe representarnos a todos por igual y servirnos adecuadamente, en lugar de servirse de nosotros. Esa debe ser, objetivamente, su razón de ser, la única que le justifica. En lugar de ello -y cualquiera que sea su forma, insisto- representa fundamentalmente los intereses de los poderosos y toma decisiones fundamentalmente en función de dichos intereses. Ese es el fracaso esencial de los estados, sean monarquías o repúblicas, democracias o dictaduras.

Mejor no perderse en discusiones bizantinas, no divagar en el laberinto de la identidad, no autohipnotizarse ante el propio ombligo. Hoy más que nunca corremos el riesgo -y no sólo los españoles- de perder, de la mano de la globalización económica, los derechos que han costado sangre sudor y lágrimas a muchas generaciones. No es el momento de preguntarnos, como los infelices conejos de la fábula, si son galgos o podencos los que nos acosan. El caso es que nos acosan.

No como siempre, sino más que nunca. Abramos los ojos.

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11 abril, 2006

Varia panorámica

Ayer por la tarde pasé largo rato ‘espiando’ la blogosfera neoconservadora estadounidense. Desde que me agencié el Feedreader es algo que, con mayor o menor inversión de tiempo, hago a diario, aunque sólo sea para deducir a través de sus títulos qué les preocupa a quienes se identifican con la avaricia del imperio y sostienen la ‘sabiduría’ de las leyes del mercado frente a cualquier otra ley, humana o divina.

Para mi sorpresa, la atención e inquietud de muchos se habían desplazado sensiblemente hacia Europa. Uno de los temas ‘estrella’ era la retirada del CPE en Francia. Alguien llegaba a sentenciar que ya no se podía hablar de la república gala como de un país con futuro. Yo, por el contrario, creo que si algún país puede afrontar el futuro sin despojar de sus derechos a los ciudadanos, sin convertirlos en meros súbditos servidores de la Máquina, ése es nuestro vecino del norte.

Contra lo que opinan tantos oficiantes y mercenarios del nuevo orden, no se puede construir el futuro sin los ciudadanos. Y menos aún, contra los ciudadanos. Francia, y en especial su juventud, han mostrado una vez más que cuando el poder amenaza con arrasar las esperanzas hay que pararle los pies y que eso exige unidad, movilización y perseverancia. Ha costado más de dos meses lograrlo. Millones de personas a lo largo de ese tiempo se han echado a las calles ignorando la programación televisiva y cualquier otra posibilidad de ocio, alienante o no.

Otro de los temas que desvelaban ayer a la ‘blogocarcundia’ era la ’povera Italia’, donde los sondeos a pie de urna daban la victoria a La Unión, comandada por Prodi y su Olivo, frente a La Casa de las Libertades (¡!), cuyo mascarón de proa es el inefable tiburón Berlusconi con su Forza Italia. “¡Oh cielos!, se decían. La pérfida izquierda conquista Italia.”

Luego, a lo largo de la tarde, la noche, la madrugada e incluso la mañana de hoy se ponía de manifiesto que los sondeos habían fallado clamorosamente, lo que no impide que finalmente se haya confirmado la victoria de Prodi tras uno de los recuentos de votos más lentos de la historia reciente de Occidente. Vergogna!

Italia, con un pluripartidismo caótico enmascarado en dos frentes que engloban a 23 grupos políticos de todo pelaje, se merecía la oportunidad de replantearse el rumbo tras ir a la deriva durante la era de ‘il cavaliere’. El hundimiento económico no ha sido lo peor, contra lo que tantos creen. Lo peor es el escarnio que Berlusconi ha hecho de la democracia y el modo en que ha utilizado su mayoría parlamentaria para eludir la acción de la justicia.

Ciertamente, Bush pierde a uno de sus aliados más incondicionales, pero ni así se entiende la inquietud ‘blogocon’. Es de temer que centran su atención en la ‘vieja Europa’ para evitar referirse a las masivas protestas que han tenido y tienen como escenario las calles de muchas ciudades estadounidenses. La causa de esa movilización, de proporciones que casi carecen de precedentes en Estados Unidos, es el rechazo de una ley de inmigración restrictiva, represiva e injusta que el Gobierno de Washington pretende hacer aprobar.

Los demócratas acusan a Bush de pretender convertir a los hispanos en chivo expiatorio, mientras entre los republicanos aparecen signos de división respecto a un tema sumamente vidrioso y con importantes implicaciones económicas, sociales y políticas. Como aseguran los carteles que portan los manifestantes, en su inmensa mayor parte latinoamericanos, “nosotros somos vuestra economía”, “si dañáis a los inmigrantes estáis dañando a América”. Y es cierto.

Se estima que hay en torno a 12 millones de inmigrantes ilegales en EE. UU. Son la mano de obra barata por excelencia para los empresarios y para el Estado. Algunos llevan en el país décadas y a todos les corresponden moralmente unos derechos que no están contemplados en absoluto en el estatus de “guest workers” (trabajadores “invitados” o “visitantes”), eufemismo sarcástico mediante el cual Bush pretende regularizarlos.

No se puede negar el derecho a la ciudadanía a quienes construyen el país. Y menos aún en un país cuyos habitantes, en su inmensa mayoría, apenas tienen que retroceder tres generaciones en su árbol genealógico para situar su origen fuera de Estados Unidos. A los estadounidenses les resulta muy complicado asumir sus propias contradicciones y paradojas. Tal vez por eso tienden, por un lado, a las soluciones más terminantes y por otro, a callarse como muertos.

El problema es que las cosas no van nada bien en ‘el mejor de los mundos’ y no tienen pinta de ir a mejorar a corto plazo. Mejor ser europeo, aunque se sea un escéptico, pesimista o cínico italiano o un francés ‘sin futuro’.

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07 abril, 2006

Justicia poética

Estaba claro que Bono desentonaba en el Gobierno. Estaba claro que era una piedra en el zapato, el enemigo en casa, un inquietante -aunque siempre sonriente y supuestamente bienintencionado- quintacolumnista. Cabe suponer que Rodríguez Zapatero le llamó más de una vez al orden para que sincronizase el paso con el resto del Ejecutivo y cantase en el tono preciso, pero él iba a su aire, marcando distancias, sacando pecho patriótico y castizo como una alternativa al presidente, que ya le había derrotado en la competencia por la secretaría general del PSOE.

El problema era que ni Bono estaba dispuesto a cambiar su discurso ni el Gobierno podía tolerar que siguiese desautorizándole con sus divergencias. Bono dice que se va porque quiere y que la vida vale más que la política, pero lo cierto es que la situación era insostenible, especialmente en la medida en que el saliente ocupaba una cartera de tanta importancia como Defensa en la perspectiva de un diálogo sumamente delicado y frágil con ETA. Zapatero no confiaba en él y tenía sus razones. Eso es todo.

Para el PP ha sido una muy mala noticia. Y no porque se vaya Bono, más afín en algunas cuestiones cruciales con los populares que con su propio partido, sino porque Pérez Rubalcaba entra en el Gobierno y lo hace como ministro del Interior. El político cántabro es la ‘bestia negra’ del partido de Rajoy. Les sale un sarpullido cada vez que le recuerdan pidiéndoles, cuando todavía eran Gobierno, que no mintiesen a los españoles sobre la autoría del 11-M. Creían que el PSOE se iba a tragar el sapo a raíz de la trágica jornada y resultó que, en sintonía con millones de españoles, les exigía la verdad. Imperdonable.

Le tienen atragantado. No le perdonan, por ejemplo, su demoledor discurso en el pasado debate sobre el estado de la nación, aquel en el que Rajoy se permitió acusar a Zapatero de “traicionar a los muertos” por el terrorismo. Rubalcaba no llegó a tanto con la oposición, pero le zurró la badana más allá de lo que su delicado umbral de resistencia a las verdades del barquero puede tolerar.

Y entonces le sacaron a los GAL. También lo hicieron cuando el partido del Gobierno propuso que el Congreso declarase “probado más allá de toda duda razonable” que Irak no tenía armas de destrucción masiva cuando, con la complicidad del Gobierno de Aznar, fue invadido. Reclamaron una declaración similar sobre la existencia real de los GAL.

Ayer Rajoy aludió, sin mencionar a los GAL, a “puntos oscuros” en la biografía del nuevo ministro del Interior, en una nueva referencia maliciosa a la presencia de Pérez Rubalcaba en el último gobierno de Felipe González. Hacen falta billones de puntos oscuros para formar una ‘marea negra’, pero ocurre que además nadie ha podido achacar nunca al aludido, de forma verosímil, relación alguna con los GAL. Ni por acción ni por omisión.

Lo que no les gusta de Rubalcaba es su carácter de interlocutor sutil, hábil y correoso. Su ironía les provoca acidez de estómago. Su memoria les enfrenta a las verdades del espejo. Su calma les confunde y su inteligencia les desarma.

En consecuencia, “no es una persona de la que el Partido Popular se fíe”. Tal vez eso es precisamente lo que le hace tan valioso en el puesto que el presidente le ha adjudicado porque si el PP no se fía de Rubalcaba el Gobierno tampoco se fía del PP. Y no puede ser de otro modo tras dos años de acoso de muy bajo estilo, basado en mentiras, manipulaciones, intoxicaciones, exageraciones y, sobre todo, irresponsabilidades. A Rubalcaba no le van a sacar de onda en las reuniones del pacto antiterrorista. Y si lo intentan él les sacará los colores.

Como por arte de una mágica justicia poética el Gobierno no sólo se ha librado de una molesta piedra en el zapato con el alejamiento de Bono sino que además, por mor de Rubalcaba, la ha colocado en el del Partido Popular.

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30 marzo, 2006

Aznar y los 'conceptos colectivos'

Como a Aznar se le ha quedado pequeña España, donde además corre el riesgo de que le pregunten sobre el diálogo con ETA y sobre otros molestos cómos y porqués, se ha ido a Italia a ayudar a caer a su amigo Berlusconi. Y naturalmente, ha dado la nota. No tanto, de todos modos, como en México, donde tuvo que hacer a toda prisa la maleta tras prestar su apoyo expreso al candidato del PAN y arremeter contra el ‘nefasto populismo’ de su principal rival. Y es que los mexicanos son muy sentidos con su independencia. Tal vez porque siempre la han visto amenazada por el vecino del norte, donde impera el mejor amigo del ex presidente del Gobierno español. Ni siquiera el PAN, beneficiario de su apoyo, se atrevió a justificar su intromisión

Los italianos son mucho más escépticos. La historia les ha ‘regalado’ un buen montón de experiencias de las que curan de espantos a cualquier pueblo y la última de ellas, ese paradigma del solipsismo al que impropiamente denominan ‘il cavaliere’, ha roto todas las marcas de desprecio y manipulación de una democracia. Probablemente Aznar le admira porque no padece en absoluto la "fascinación por los conceptos colectivos" que detecta con mucha preocupación como elemento común a "la utopía socialista y a las ensoñaciones nacionalistas", y también, cómo no, al "movimiento yihadista".

Ese maridaje entre especies incompatibles se le ocurrió al ‘vigía de Occidente 2’ como obsequio especial a la campaña de Berlusconi. Y seguramente el ‘ideólogo’ español considera que se trata de una aportación sumamente beneficiosa para el ideario del neoconservadurismo global. Junta sus obsesiones de cabecera, las mezcla con los perniciosos ‘conceptos colectivos’ que, según él, tienen en común y ya ha formado su particular ‘eje del mal’ para ir tirando unas cuantas decenas de mítines y conferencias más.

Que uno sepa los conceptos colectivos son precisamente el objeto central de la acción (y de la reflexión) política. La política y los políticos -al menos en las democracias- están para propiciar, entre otros, ese esencial concepto colectivo llamado bien común. La falacia de la “filosofía política” aznariana se pone en evidencia cuando enfrentamos, fascinados o no, los ‘indeseables’ conceptos colectivos con sus opuestos, los conceptos individuales o subjetivos. Tanto Berlusconi como Aznar han mostrado una gran capacidad para anteponer lo individual y subjetivo -lo propio, en definitiva- a lo colectivo. Ambos han intentado inútilmente despolitizar la política, que en gran medida conciben en sus sueños como una gran empresa en la que todo el mundo cumple órdenes, guarda silencio y funciona como un reloj.

¿A qué les recuerda esa antiutopía? La cosa está clara, al menos para españoles e italianos. ¿Quién quiere repetir?

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27 marzo, 2006

Los pies de barro de la democracia

Que Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) atraviesa graves problemas de financiación no ofrece lugar a dudas. Que el contenido de sus misivas recaudatorias, consecuencia de la aplicación inmediata de la Carta Financiera que el partido aprobó en la reciente reunión de su Consejo Nacional, es un cutre despropósito con inquietantes resonancias mafiosas también ha quedado claro. Igualmente obvio es que el asunto, extensamente aireado y criticado, ha constituido un regalo inesperado para quienes quieren ajustar cuentas con el grupo de Carod-Rovira.

Pero más allá de su sugerente atrezzo vestimentario de camisas oscuras y corbatas a grandes bandas oblicuas de color, más allá de su inclinación a pasarse cinco pueblos y de su arrogancia, los republicanos catalanes son bastante menos mafiosos que ingenuos. Se les nota mucho el pelo de la dehesa propio de quienes no han tocado en serio el poder hasta ahora y se encuentran todavía tomando tierra. Ya quisiéramos que todos los partidos tuvieran estrategias de financiación tan ‘transparentes’.

Sin ir más lejos, como ERC ha argumentado ahora para devolver el golpe, hace poco más de un año se destapó en el Parlament (lo hizo el propio Maragall, que primero habla y luego piensa) el ‘tresporcientismo’ de CiU. Fue en su momento un gran escándalo que, tal como me atreví a ‘profetizar’, se ha quedado en nada gracias a una no escrita ‘ley del silencio y de la inhibición’ que supone una casi total impunidad para las vías irregulares (delictivas en realidad) de financiación de los partidos. De todos los partidos.

Ahí residen los pies de barro más ostensibles de la democracia formal, parlamentaria y partitocrática. El progresivo distanciamiento entre políticos y ciudadanos -salvo en campaña electoral, por supuesto- es contrarrestado mediante la creación de un proliferante ‘funcionariado’ de partido y operaciones gigantescas de ‘marketing’ partidista que superan con creces las capacidades ‘lógicas’ de autofinanciación. Los costes de las campañas rebasan habitualmente las previsiones y todo es insuficiente para engrasar una maquinaria desorbitada.

Existe, por supuesto, una normativa sobre la financiación de los partidos y un órgano fiscalizador, que es el Tribunal de Cuentas. La Ley de Financiación de Partidos Políticos nace en 1987, apenas una década después de las primeras elecciones, y ha sido ampliamente sobrepasada por la realidad. Dicha normativa admite las donaciones anónimas hasta un límite de 60.000 euros y prohíbe expresamente que sean destinadas a fines electorales. La limitación de la cantidad se supera de modo confortable e impune acumulando donaciones de la misma fuente nunca superiores a lo previsto. La prohibición de destinar lo recaudado a fines electorales es más bien una broma y como tal se lo toman todos los partidos.

José María Irujo, en un estudio publicado en El País el 18 de abril del año pasado, realizó un interesante estudio sobre el tema del que cabe destacar los siguientes aspectos esenciales:

- En el trecenio comprendido entre 1992 y 2005 los partidos políticos han recibido 90 millones de euros (15.000 millones de las antiguas pesetas) en donativos, la gran mayoría anónimos.
-Casi el 70% de esa cantidad ha entrado en las arcas del PNV y CiU.
- Los datos prueban que las donaciones al PNV, CiU y PP crecen al amparo de una ley que facilita la opacidad y las trampas.
- Los donantes son, en muchos casos, empresarios y constructores que buscan favores.
- El Tribunal de Cuentas exige que se ponga fin a la situación actual, favorecida por la normativa legal.

La situación es, objetivamente, una vergüenza para la democracia y para los partidos, cómplices y gestores de una situación en la que, fundamentalmente, se mueve ‘dinero negro’ e interfieren intereses que pasan de castaño oscuro.

Pero echemos un vistazo al dinero ‘blanco’. Entre 1997 y 1999 la banca condonó deudas a los partidos políticos por importe de 19,1 millones de euros. Asimismo, sólo en 1999, les toleró el impago de créditos ya vencidos (otros 26 millones de euros). Cuánta generosidad, ¿no? ¿Quién es tan ingenuo como para creer aún en la independencia de los partidos?

Poner coto a esta situación es una exigencia urgente para la limpieza y verosimilitud de un sistema ahora corrompido y condicionado. Sólo unas leyes lúcidas y exigentes pueden terminar con esta vergüenza que nos mancha y perjudica a todos.

Y ya es hora.

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22 marzo, 2006

Hora de esperanza y de responsabilidad

El alto el fuego permanente declarado por ETA es una gran noticia, pero, como en su momento dijo el presidente del Gobierno, sólo constituye el inicio del principio del fin del terror, el primer paso en un camino que el propio Rodríguez Zapatero prevé largo, duro y difícil.

El comunicado de la banda terrorista es elocuente acerca de su posición. ETA no dice lo que espera del Gobierno o de los partidos, sino lo que ‘deben’ hacer y a dónde 'debe' llevar inexcusablemente el proceso que se abre a partir del día 24. No hay admisión alguna de debilidad ni signo verosímil de rectificación acerca de la legitimidad de su lucha. El anuncio llega a continuación de una secuela de atentados mediante los cuales la organización ha tratado de mostrar una fortaleza en la que nadie cree ya.

ETA y el entorno político que le sirve de apoyo son, en su mayoría, conscientes de que el terrorismo ha dejado definitivamente de ser un instrumento útil y/o justificable. Los tiempos cambian, las sociedades evolucionan. Una generación sucede a otra y lo que ayer valió para algunos resulta indefendible ya para cualquiera. Lejos de avanzar un solo paso, Euskalherria se ha visto gravemente deteriorada por la acción de los violentos. El terrorismo ha sido una peste, tanto para el País Vasco como para el resto del Estado, y ha perjudicado sistemáticamente en las urnas a su brazo político.

Las evidencias acerca de la necesidad de cerrar un ciclo que debió concluir con la aprobación de la Constitución y el retorno de la autonomía a Euskadi no pueden seguir siendo ignoradas. La brutal irracionalidad de los ‘años de plomo’ y el empecinamiento que ha caracterizado a ETA hasta no hace mucho han sido el origen de su derrota, porque es a una derrota a lo que estamos asistiendo. La violencia no es una opción y por lo tanto ni ETA tiene razón de ser ni toda la sangre, el dolor y el miedo que ha generado tienen sentido alguno. Su derrota nace de su error.

Nunca lo admitirán abiertamente, pero es así. Están derrotados y delegan en la vía política la acción reivindicativa, conscientes de que no existe otro camino. Aspiran, ellos y Batasuna, a lograr conquistas políticas a cambio de la paz cuyo horizonte asumen, pero ni los unos ni los otros pueden albergar grandes esperanzas en ese terreno. La Constitución es el límite y en ella no figura el derecho de autodeterminación, horizonte utópico de todos los partidos nacionalistas. Ni se espera que lo haga nunca.

La fórmula ‘paz por presos’ es el techo al que ETA puede aspirar razonablemente. Todo lo demás está fuera de lugar, lo demande Ibarretxe o lo demanden Otegi o ‘Txeroki’. La organización terrorista quiere poner fin a su trayectoria apuntándose alguna victoria política, por pequeña que sea, pero por muy largas y tensas que sean la negociaciones en la mesa política o en la mesa militar, a lo más que pueden aspirar es a una reforma, necesariamente consensuada en el Congreso, del Estatuto de Gernika.

El irredentismo de los radicales abertzales es el peor de los riesgos en el camino que ahora se inicia, pero del lado del Estado existe un riesgo no menor y es la falta de colaboración -hasta ahora evidente y fundada en insidias- del primer partido de la oposición. El Gobierno debe poder contar con el apoyo del PP en el tránsito hacia la pacificación. Les compete a Rajoy y a su partido una grave responsabilidad. Y por ahora no hay signos fiables de que vayan a estar a la altura. Lo que hoy ha dicho el líder popular, aunque algunos crean apreciar un ligero cambio de matiz, no es especialmente alentador en ese sentido.

Serán los hechos a partir de ahora los que nos mostrarán si el PP asume la corresponsabilidad que implica ostentar la representación de la segunda mayoría política del país o sigue jugando a destruir por motivos de rentabilidad partidista, muy hipotética en este caso.

Una vez que ETA ha declarado un alto el fuego permanente está fuera de lugar seguir intoxicando a los ciudadanos sobre hipotéticas concesiones. Es el momento de demostrar que se está, responsablemente, con lo que todos los españoles y todos los vascos desean: el fin del terrorismo, la paz. Con todas las cautelas precisas, pero con determinación y con buena fe.

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19 marzo, 2006

Unos marchan, otros beben

-Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
-El vacío es más bien en la cabeza.
Antonio Machado

Seguramente no tenemos remedio. Ni quien nos lo ofrezca. El macrobotellón del viernes (y madrugada del sábado), grande y 'espontánea' manifestación nacional de estupidez evasiva, es uno de esos síntomas que no dejan lugar a dudas acerca del diagnóstico. No tenemos remedio y en el futuro seguramente tampoco, en vista de que son los más jóvenes los exclusivos protagonistas de esa alienación beoda que en Barcelona y Salamanca se saldó con vandalismo, detenciones, daños y heridos.

Unas horas después, cuando decenas de miles de jóvenes españoles dormían la mona, afrontaban la resaca o eran presentados ante el juez, sus coetáneos franceses marchaban ordenadamente (los incidentes posteriores no deben desvirtuar esa evidencia) en defensa de su futuro y, en el fondo, del de toda la sociedad. Y lo hacían junto a los sindicatos y a la izquierda, propinando al CPE (Contrato de Primer Empleo) del Gobierno un golpe de muerte. Voilá la difference!

Francia cuenta con unas leyes laborales que sus empresarios consideran 'superprotectoras' del trabajador y contraproducentes para la economía nacional (la cuenta de resultados corporativa, se entiende). Eso ha llevado a que la contratación de los trabajadores más jóvenes se convierta en casi un imposible. Para 'arreglarlo' el Gobierno se ha sacado de la manga el CPE, que intenta facilitar un primer empleo a los jóvenes de hasta 26 años, con la salvedad de que podrán ser puestos en la calle cuando el patrón lo juzgue oportuno sin mayores consecuencias. Los jóvenes, lógicamente, no quieren ser empleados de usar y tirar; los sindicatos rechazan cualquier alteración de las normas en vigor porque temen que así se abra la puerta a mayores males; la izquierda, que allí es oposición, hace su trabajo: se opone.

Aquí hace muchos años que el hipócrita paternalismo laboral del franquismo, con normas que eran papel mojado llegado el caso pero cuya letra obligaba y daba por sentado el empleo fijo, fue desmantelado por la izquierda, en un gesto de inefable progresismo. Fue el PSOE de Felipe González quien, para satisfacción de la patronal, desactivó un sistema de garantías que el franquista presidente de la patronal había comparado con el matrimonio canónico imperativo en la era de Franco. El 'inmortal' José María Cuevas hizo por aquellos tiempos una de sus frases más tristemente célebres, coincidente con la aprobación de la ley del divorcio. Vino a decir el ominoso tal que "todos los españoles pueden divorciarse ya, menos los empresarios, que tenemos que seguir casados con los trabajadores". Genial, ¿no?

La juventud francesa defiende lo que la nuestra ya ha perdido. ¿Será por eso por lo que nuestros jóvenes celebran la ceremonia ritual del fracaso anunciado emborrachándose colectivamente hasta las patas? Pues será.

Unos beben, otros marchan. ¿Tienen derecho a la esperanza los unos o los otros? Me temo que no en el horiznte previsible de la desregulación, la deslocalización, la globalización y tantas otras pesadillas que riman con traición, frustración y desesperación. Unos marchan para defender la intocabilidad de los derechos por los que lucharon sus padres, otros se emborrachan brindando subliminalmente por la muerte de sus mayores, los que tienen un empleo y acaso más de una hipoteca; los que se rindieron sin lucha, sus precursores.

La avaricia del mercado y la ley de la oferta y la demanda han derrotado a la democracia y al Estado de bienestar. Unos piensan y protestan juntos; otros ignoran, olvidan y se emborrachan también juntos en una celebración prematura y resignada de un 'no future' que va mucho más allá de referencias generacionales.

¿Pero es cierto que no hay futuro?

No en el 'cubata' destructivo que mezcla con el alcohol dosis imprudentes de estupidez y lo aromatiza con una pizca esterilizadora de angostura elaborada a base de ignorancia, evasión y reaccionarismo.

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16 marzo, 2006

Hay algo en el aire

Aparte de cantidades crecientes de polen, hay algo en el aire, como diría Tom Petty (‘There’s something in the air’). Él venteaba revolución, el muy ingenuo. Yo, que no consumo ningún tipo de estupefaciente (ni siquiera televisión), venteo simplemente la apertura de la veda mediática, el fin de la impunidad de la línea ‘destroyer’ del PP.

Tras un prolongado periodo de gracia, desde hace algunos meses se ha comenzado a detectar algún que otro puyazo crítico contra los excesos populares por parte de algunos exegetas políticos nada sospechosos de veleidades izquierdosas pero seguramente afectados de vergüenza ajena hasta un punto que llegó a hacerse insoportable.

Más recientemente, el viraje en redondo de ABC y de los medios del grupo Vocento no ha dejado lugar a dudas acerca del hecho de que la derecha moderada (el centro-derecha, que se dice), en su nivel socio-económico y mediático, está harta de la deriva gamberra del PP.

Antes de eso, a Rajoy le sacaron los colores y le pusieron los puntos sobre las íes los empresarios del Círculo Ecuestre de Barcelona, que no son precisamente catalanistas ‘enragés’. "Aunque a su partido le puede reportar votos, ¿podemos vivir los dos años que quedan de legislatura en este estado constante de crispación?”

Ahí le dieron. La respuesta a la pregunta-clave es NO. Y aunque no exista ninguna constancia al respecto (por razones obvias), todo indica que la banca, razonablemente inquieta, ha dado el visto bueno al fin de la impunidad. Las evidencias sonrojantes que proporcionó la reciente convención del Partido Popular fueron, sin duda, el punto de inflexión.

“No tienen remedio”, debieron decirse los defraudados ‘patrocinadores’ del sistema.

Si el hipotético compromiso del ‘núcleo duro’ financiero es suficientemente sólido y serio no creo que tardemos en apreciar sutiles cambios en la línea del PP. Las dificultades son considerables, si se tiene en cuenta que hasta ahora ha sido Aznar, vigía-delegado de Occidente (el vigía-jefe está en Washington), quien ha dirigido el partido desde las sombras de la FAES y que, como parece deducirse de la reciente convención, retiene un alto nivel de adhesión. Su natural empecinado e intransigente y su convicción de que se está haciendo lo necesario (él sí se lo cree, no como otros) para volver al poder, constituye un obstáculo muy serio.

Eso, sin menospreciar las estrategias de quienes aún predican el gamberrismo desde la COPE ni las insidias del rencoroso Pedro Jota, aliado táctico de Jiménez Losantos, aunque más discreto, sibilino y -aunque parezca mentira- viperino que éste.

Let’s wait and see (1), pero tras el paso del ecuador de la legislatura cabe esperar un cierto sosiego y una oposición basada en la crítica constructiva y dirigida hacia hechos reales, no pesadillas terroríficas. Especialmente cuando los sondeos del CIS canten que el PP no va a más Y disculpen si estoy practicando el ‘wishful thinking’ (2) , como el propio PP ha hecho hasta ahora.

Perdonen también el inglés. Es por si me lee el ‘texano’ de la FAES. Para que el 'inamovible' tenga que coger el diccionario. Tal vez mientras busca ‘wishful” encuentre ‘withdrawal’ (3) y le sugiera un acto de lucidez que el país le agradecería eternamente.

(1) Vamos a esperar y ver.
(2) Literalmente pensar deseoso. Pensar y/o creer lo que se desea que se produzca.
(3) Retirada.

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14 marzo, 2006

Un regalo



El dibujante malagueño Juan Ramón Mora, cuyo blog gráfico figura entre mis suscripciones predilectas desde que descubrí sus excelencias, me ha dado hoy la sorpresa y me ha hecho el regalo y el honor de enviarme una estupenda viñeta de plena actualidad. No era mi intención glosar esta nueva incursión en la indecencia de la marioneta-jefe de Aznar, pero ya con el pie dado...

Rajoy padece desde hace tiempo de una hiperglosia mórbida muy curiosa. Ignoro si toma algún euforizante con el Cola Cao matutino o si su síndrome es clasificable entre lo que podría describirse como la 'vehemencia ferviente del falso converso'. En los oscuros tiempos de la Inquisición (*) los llamados judaizantes o 'marranos' hacian ostentación aparatosa de su falsa fe para evitar la hoguera. En el caso del pobre Mariano el objetivo es bastante menos dramático. Sólo quiere ser presidente. Y Torquemada-Aznar no le pasa una.

Lo que yo me pregunto es cómo puede llegar a la presidencia un señor que viene acumulando tan graves faltas y que ni siquiera se priva de dar el cante infumable de la mochila azul. ¿Recuerdan la 'bodriocanción' que nos acosó en su momento? Decía el estribillo algo así como "la de la mochila azul, / la de ojitos soñadores/ me dejó gran inquietud/ y bajas calificaciones". Hasta parece premonitoria.

Si algún día Rajoy llega a presidente (si lo fue Aznar lo puede ser cualquiera) a la oposición le van a dar el trabajo hecho las hemerotecas.

(*) Los judíos en la España Moderna y Contemporánea, Julio Caro Baroja, Ediciones Istmo. Para saber de dónde venimos, que es la mejor manera de evitar regresar.

P. S.: Casi lo olvidaba. Gracias, Juan Ramón. Salud.

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13 marzo, 2006

Urdaci vive y sigue siendo infeccioso

Cuando leí el editorial de ‘ABC’ del domingo, titulado “Los obispos tienen un problema”, no sabía si creermelo o no. Debo decir que no soy lector habitual ni apenas esporádico (di con el artículo navegando por la red, como tantas veces) del periódico, aún monárquico, que fue de los superborbónicos Luca de Tena y hoy está mayoritariamente en manos de Vocento. Eso no impide que sepa bastante aproximadamente de qué va, pero el editorial en cuestión era de tal lucidez y contundencia, para mi encomiable, que me sorprendió.

Era singular y muy plausible porque contravenía dos de las normas no escritas de la deontología periodística española, que no es que sea ejemplar, pero sostiene entre sus axiomas que "perro no come perro" y que "a la Iglesia ni tocarla". Con ocasión del escándalo de la infiltración de los esbirros de la COPE en el EGM y la manipulación de datos cuya perpetración José Antonio Abellán confirmó con psicopático orgullo, ‘ABC’ se despachó de esta manera:

“La Iglesia, como editora de la COPE y responsable, por lo tanto, de sus contenidos, deberá abordar la desafección manifiesta de determinados comunicadores al ideario del medio y que a esa incoherencia añaden la infracción habitual de las más elementales normas de la deontología de la profesión periodística; tendrá, también, que responder de sus comportamientos probablemente ilegales y afrontar el hecho incontrovertible de que su radio se haya convertido en una auténtica piedra de escándalo, tanto en términos éticos y cívicos como en los que acotan una razonable convivencia democrática”.

(Ver editorial completo: http://www.abc.es/opinion/index.asp?ff=20060312&idn=142705786522 )

Hoy, Cecé Oó, que no es ningún colega africano, sino el inefable Alfredo Urdaci, el que confundía la información con la propaganda para escándalo o deleite de televidentes, entra en el terreno de juego para perpetrar un ajuste de cuentas muy peculiar. Mientras uno lee su ‘parto’ puede tener la ilusión de que va a dejar a Jiménez Losantos cual servicio de discoteca en fin de semana. Pero no, el destinatario preferente de su deposición, titulada “Una tamborrada de hostias”, es el presunto autor del editorial de ‘ABC, José Antonio Zarzalejos, director de la publicación.

Esto es lo que escribe el micromega-manipulador:

“Este fin de semana le ha caído (a Jiménez Losantos) lo que el autor de los golpes (Zarzalejos) llamó en cierta ocasión “una tamborrada de hostias”. Es su estilo, y el estilo es el hombre. En cierta ocasión se nos ocurrió tomar en serio los datos del EGM, los referidos a la prensa. Diez minutos después de ofrecerlos a la audiencia nos advirtió por teléfono de que nos iba a caer “una tamborrada de hostias”. Me sorprendió que alguien con su educación fuera capaz de manejar aquel vocabulario. Tocar el tambor al estilo Donosti es de muy mal tono. No discutió los datos, sólo nos recriminó por haberlos ofrecido. Quizá aquel día le estaba quitando el polvo al uniforme de Falange de algún pariente cercano, y se vino arriba. Zarzalejos es así. Suele cargar los tinteros del periódico con la tinta que destilan sus fobias”.

La anécdota suena a apócrifa, pero resulta ocioso a estas alturas de la historia preguntarse sobre lo real, lo falso o lo ocultado en relación con Cecé Oó. En cualquier caso, por si quedaran dudas acerca de qué lado está y a quién prefiere entre Losantos y Zarzalejos, el otrora turiferario del aznarato concluye:

“Pero si los obispos deben preocuparse por algo, es por el que reparte “hostias” sin haberlas consagrado, emboscado en su voz meliflua de beato. Desde que llegó a Madrid tira dentelladas a los tobillos pero hace tiempo que perdió los dientes”.

O sea, que el episcopado no debe preocuparse por los desmanes de su dilecto colega Losantos, tan obvios, insultantes y desaforados, sino por los razonamientos equilibrados de quien les pide que se preocupen y evoca la necesaria coherencia entre ideario y práctica en la cadena radiofónica eclesial. ¡Qué morro tienes, Cecé Oó!

Aunque sea desde un mísero blog, la cabra Urdaci sigue tirando al monte que fue de orégano y manipulando tanto como puede al servicio de sus ex-valedores y ex-expectadores, que tanto le quieren y a quienes tanto debe.

(Ver el ‘parto’ completo: http://alfredourdaci.blogspot.com/2006/03/una-tamborrada-de-hostias.html

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12 marzo, 2006

¡BASTA YA!

Da asco considerar la evidencia de que a estas alturas de la historia, dos años después de una de las mayores tragedias que ha vivido la España contemporánea, el Partido Popular insiste en sostener, en forma de insidiosa duda sobre la autoría, la intolerable mentira con la que durante tres días de vergüenza intentaron cegar a todos los ciudadanos con el único objetivo de mantenerse en el poder. Da auténtico asco, suponiendo que esta expresión sea suficiente para calificar la totalizadora mezcla de repugnancias (moral, intelectual, política, ética y estética) que inspira la actitud de unas gentes cuya ejecutoria, anterior y posterior a los hechos, les hace incompatibles con cualquier futura tarea de gobierno. Engolfados en la mentira, siguen sosteniéndola implacablemente en un vano intento de recuperar credibilidad y negársela al actual Gobierno.

Independientemente de que el asunto esté ‘sub iudice’, sabemos ya lo suficiente acerca de los autores y de la trama. Nadie hasta ahora ha hallado un solo indicio sólido que vincule la trágica jornada del 11 de marzo de 2004 con ETA. Y mucho menos con la que entonces era la oposición, o con la de miembros de la Guardia Civil, la Policía o el CNI, como se sugiere menos abiertamente. El Partido Popular, con la impagable (¿o pagable?) ayuda del diario ‘El Mundo’ y de otras impunes vergüenzas del periodismo español, se hunde en el albañal hasta el pelo al intentar dar valor de prueba a anécdotas insignificantes, dimes y diretes de dudoso origen y especulaciones tan gratuitas como deshonestas.

Pero no es ésto lo único indecente y repugnante. Lo es más aún la utilización partidista de las víctimas del terrorismo y la discriminación entre las ‘buenas’ (las de ETA y GRAPO, o sea, la AVT) y las malas, las ‘rojas’ (las del terrorismo islámico). Eso, junto con la insistencia en las insidias sobre la autoría del 11-M, se vivió ayer una vez más en el segundo aniversario. Quienes han hecho de las mentiras sobre el terrorismo y sobre la ruptura de España la línea central de su discurso de oposición no tuvieron ningún rubor en exhibir de nuevo su indecencia ante las víctimas del terror, gran parte de las cuales, convenientemente manipuladas, siguen sus consignas y sostienen su mismo discurso, pese a saber que Aznar intentó en su día lo que hoy quiere intentar el actual gobierno.

El PP de Aznar, que no de Rajoy (patética marioneta, voz de su amo), ha roto unilateralmente el pacto antiterrorista para acusar al Gobierno de romperlo y negarle toda colaboración. Es el mismo PP de tantas otras mentiras e insidias inaceptables; el que ha envenenado y envenena sistemáticamente la vida política para atribuirle luego al Gobierno la crispación.

Es el PP al que, como a ETA, hay que decirle ¡Basta ya! Exigirle que deje de emponzoñar la convivencia entre los españoles; que asuma definitivamente su derrota; que barra de sus filas a los indecentes y a los fascistas secretos; en definitiva, que ame realmente a España, como dice amarla, y busque su bien más de lo que ama el poder y la revancha.

¡Basta ya!

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10 marzo, 2006

Apoteosis del gamberrismo

Ayer, cuando Rajoy se despachaba contra el proyecto de Estatuto catalán en la Comisión Constitucional del Congreso con tal despliegue de hipérboles falaces que hasta Carod-Rovira se confesó tentado de votar a favor de un texto que rechaza por razones totalmente contrarias a las del PP, aunque sin duda más objetivas, los daños colaterales de la ‘guerrilla’ derechista se extendían como si fueran fruto de alguna maniaca operación del terrorismo islámico. El gamberrismo se enseñorea del panorama.

Para empezar, el vitalicio presidente de la patronal, José María Cuevas, hacía otra de sus épicas incursiones en la arena política con su proverbial estilo 'verticalista'. Este dinosaurio, que es, junto con Fraga y Martín Villa, un paradigma de la flotabilidad de los viejos paquebotes franquistas, ha sido reelegido en febrero, por séptima vez tras 22 años al frente, para un nuevo mandato de cuatro años. Con la confianza que seguramente le da el significativo apoyo (lamentablemente entrar en el significado de la perdurable identificación entre los patrones y Cuevas no es objeto de este artículo y no por falta de ganas) del 92% de los empresarios españoles, el inefable Cuevas no dudo en provocar las iras de las patronales vasca y catalana para servir a los intereses de los suyos de toda la vida.

Respecto al empresariado euskaldún, el 'superpatrón', que calificó de ‘disparate’ la búsqueda de la paz con ETA, proceso al que atribuyó “terribles consecuencias para la sociedad y los empresarios vascos”, discriminó con su insufrible desparpajo y su provocadora falta de prejuicios entre “los que se consideran perseguidos, que merecen nuestro respeto, impulso y apoyo, y los que piensan que la paz es lo mejor y que desde la CEOE debemos callarnos la boca y dejarlos a ellos solitos”. Ciertamente la andanada no iba dirigida tanto contra la patronal vasca como contra el Gobierno, cuyo presidente es la ‘bestia negra’ personal del presidente de la CEOE en la misma medida en que es el hombre a batir para el PP.

El efecto, no obstante, no sólo ha sido la ira del empresariado vasco, sino el expreso apoyo de estos al Gobierno en su gestión de un hipotético proceso de paz.

A los catalanes, a los que Cuevas debe mucho más de lo que sin duda está dispuesto a admitir, les buscó las cosquillas (y se las encontró) con sus malévolas insinuaciones, peyorativas no sólo para los empresarios sino para los catalanes en general. Las ofensas surgieron al meterse el ‘sobrado’ presidente de la patronal en el fangal de la OPA de Gas Natural contra Endesa. "Yo soy un modesto accionista de Endesa -dijo el cuitado- que en este momento no sé si la OPA me la hace Gas Natural, me la hace el señor Montilla, el señor Conthe presidente de la CNMV... No sé bien quién la hace". Así describió el lenguaraz político-empresario el polémico asunto: "Inicialmente es una operación empresarial, seguramente poco pensada, poco matizada y muy a la catalana: ´Que tenemos el poder que es favorable, en cuyo caso, además, nos va a costar menos dinero´. A eso llamo yo una OPA a la catalana. Por el dinero y por contar con el BOE”.

Aquí la andanada sí que era deliberadamente simultánea contra el Gobierno y contra la patronal catalana. Cuevas no perdona que el presidente de Fomento del Trabajo, Joan Rossell, intentase descabalgarle de la presidencia en las últimas elecciones. Ajuste de cuentas. Suma y sigue de daños colaterales.

¿Se puede romper la patronal? Así podría temerse a la vista de la grave situación creada por ‘bocazas’ Cuevas, pero el empresariado español es mucho más prudente que quien –paradójicamente- lo representa. Eso sí, en la próxima reunión de la directiva del CEOE silbarán los cuchillos de un lado a otro de la mesa.

Lo que sí puede romperse, por mor de otros montaraces no menos arrogantes e irresponsables que el presidente de la CEOE, es la AIMC. La Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación integra entre sus miembros (163) a los principales interesados en las diversas áreas del mundo de la información desde el punto de vista económico, es decir, anunciantes y medios. El Estudio General de Medios (EGM) constituye su principal actividad y es la más polémica porque se elabora en base a encuestas, lo que favorece que sus cifras sean cuestionadas por quienes se sienten perjudicados por las conclusiones de las tres oleadas anuales del referido estudio.

Pero lo que es motivo de reticencias circunstanciales y provisionales suspicacias para algunos se ha convertido en una obsesión, en un auténtico ‘casus belli’ para la COPE. Los ‘héroes’ mediáticos de la cadena de radio del episcopado español, entre los que destacan el inefable Federico Jiménez Losantos (La mañana), César Vidal (La linterna) y José Antonio Abellán (El tirachinas), cada cual en su terreno, tenían la tesis vagamente paranoide de que el EGM era manipulado para favorecer a la SER en perjuicio de sus ‘espléndidos’ programas.

Para confirmar tal teoría, Abellán, constituido en jefe del ‘aparato militar’ de la operación, movilizó a buena parte de la plantilla de Deportes de la cadena en diversas provincias para que se infiltrase en las empresas a las que la AIMC subcontrata el estudio. Todo indica que no se constató manipulación alguna (la ‘operación’ fue diseñada hace seis meses) o que el voluntarioso Abellán y el autor intelectual (Jiménez Losantos) cayeron en la cuenta de que si existía alguna manipulación iba a ser muy difícil de demostrar, así que decidieron directamente pasarse a la ilegalidad, ordenando a sus esbirros hacer deliberadamente mal el trabajo para ver si era detectado y en caso de que no lo fuera cargarse el EGM que les quita el sueño.

La chapuza fue detectada y la AIMC dio cuenta ayer del asunto, anunciando que probablemente tendría que suspender la publicación de su principal informe (Abril 2005-Marzo 2006) ante las dificultades para filtrar las encuestas manipuladas y contar con muestras fiables y en número suficiente para que el estudio no estuviese viciado por la actividad presuntamente criminal de los agentes de la COPE. Abellán tuvo que salir a la palestra y abortar la operación, cuyo término estaba previsto el 23 de marzo, según un acta notarial que los ‘delincuentes’ se tomaron la molestia de registrar en enero.

Naturalmente las conclusiones de Abellán se cargan el EGM, pero debemos preguntarnos qué credibilidad tienen las tesis de alguien que, satisfechísimo, confiesa públicamente “¡sí, y hemos comprado, y hemos cambiado, y hemos hecho todo lo posible para demostrar que se puede hacer! ¡Y a programas marginales les hemos metido audiencia, y a programas que no salen nunca ahora salen, y a otros programas los hemos cambiado!".

Se les va la olla, está claro. ¿Cabe concluir que se hace realmente algo irregular del hecho de que pueda ser hecho? ¿Se puede ignorar que las irregularidades fueron descubiertas a tiempo? Ellos mismos aportan la razón por la que sus ‘sólidas’ premisas carecen de sentido. Pero más allá de la inquetante evidencia de que algo no funciona bien en ciertos cerebros, lo más preocupante es que los autores de una actividad manifiestamente ilegal la confiesen con tanto orgullo. En su ilimitada prepotencia sin duda están convencidos de su impunidad. Y lo peor es que podrían tener razón en eso. ¿Será posible que después de este destrozo nadie vaya a pagar los platos rotos? Eso sería lo último que nos quedaría por ver en cuanto al éxito de la abyección.

En esta gamberrada no sólo hay un damnificado (la AIMC) sino también considerables daños colaterales que afectan a terceros (agencias publicitarias, anunciantes y medios principalmente) que como consecuencia de la irresponsabilidad de los ‘héroes’ de la COPE parecen condenados a quedarse sin un medio, el EGM, a la vista del cual acostumbran a definir sus estrategias. Alguien debe pagar los platos rotos.

A estas horas no consta ninguna reacción del episcopado español acerca del estropicio perpetrado por los puntales de su cadena radiofónica. Estarán mirando al cielo, para variar, en la esperanza de que descienda la luz que ha de iluminarlos en la noche del oprobio.

El gamberrismo prospera y se generaliza en este país gracias al silencio cómplice. El de la militancia centrista del PP ante los delirios de la dirección del partido (en la sombra y bajo los focos); el de los empresarios españoles ante las gratuidades chulescas de su vitalicio presidente; y el de los obispos ante los impresentables compañeros de viaje a los que cobija y amplifica a través de la Cadena de Ondas Populares.

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06 marzo, 2006

Más pasado que futuro

Por supuesto, Rajoy no dijo nada que se saliera del previsible guión de la convención del partido que preside (por delegación reversible de Aznar, como se pudo constatar más que nunca en esta ocasión). Su ‘sincera’ (¡) oferta de colaboración con el Gobierno en cuestiones sensibles fue de inmediato anulada mediante un ‘pero’ disuasorio (si el Gobierno rectifica).

Siguen fingiendo no haberse hecho a la idea de que ya no están en el poder. Si el Gobierno no atiende a sus exigencias (que saben de antemano inatendibles y por eso las formulan) lo traducen, de cara a la galería, como una ruptura (del pacto antiterrorista, por ejemplo) o como una injusta marginación (Estatuto catalán). Son ellos los que rompen, son ellos los que se automarginan, y la razón es que quieren tener las manos libres para seguir vendiendo su mendaz ‘Apocalipsis según Zapatero’.

Que los hechos desmientan sistemáticamente las razones de su alarmismo no parece inquietarles. Miente, que algo queda.

El resto es, como dirían ellos, “más de lo mismo”. El PP sigue donde estaba y la peculiar cuchipanda que organizó sólo sirvió para ratificarlo. El ´héroe’ de la convención no fue Rajoy, sino Aznar. Tampoco fue Rajoy quien concitó los mayores entusiasmos después de Aznar, sino Acebes y Zaplana.

Pobre Mariano, tan sobreactuado, tan fuera de su papel y, pese a sus esfuerzos, sin gancho real para la ‘hinchada’.

Más allá de todo esto, que no es grano de anís, lo que en última instancia resulta más significativo de la convención es su tono autodefensivo y autojustificativo, que, según todos los síntomas, no iba dirigido tanto hacia el potencial electorado como ‘intra muros’.

Eso delata que las críticas a su estrategia destructiva de oposición y la denuncia eficaz de las mentiras que emplean para instrumentarla están haciendo mella.

La omnipresencia de Aznar durante la convención tampoco deja lugar a dudas de que, ante la inquietud creciente en las filas y las llamadas a una rectificación hacia el centro, quien es el padre, la madre y el gran hermano de la formación ha decidido alejar toda duda de que realmente lo es, de que manda y de que, como en 1996, el camino hacia La Moncloa lo conoce él y sólo él. Ahora sólo falta que se decida a encabezar abiertamente la marcha.

¿Qué cesto se puede hacer con estos mimbres? Ellos sabrán, o, mejor dicho, él sabrá.

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05 marzo, 2006

¿Hay futuro?

A la espera de conocer el ‘clarificador’ discurso de Rajoy, prefiero evitar una valoración definitiva de la convención que, con una parafernalia escenográfica oscilante entre la imitación de similares fastos en el floklore político estadounidense y la evocación de la nunca bien ponderada Feria del Campo franquista, está celebrando el Partido Popular.

No son signos lo que falta para hacerse una idea de lo que Rajoy estará a punto de decir mientras escribo estas líneas. Sus dos triunviros ya han dado pistas más que suficientes acerca del hecho de que lo último que la peculiar reunión se ha planteado es una revisión de su actual política de oposición (si cabe denominar así al conjunto de delirios, alarmismos apocalípticos y mentiras tan obvias como perversas que caracterizan su acción).

Ocurre que Rajoy va a trazar las líneas del futuro de la estrategia del partido (o eso es lo que se espera) y ante tan prometedora y estimulante oportunidad es preferible esperar, no sea que nos sorprenda con alguna de esas propuestas centristas de las que “más de ciento en horas veinticuatro/ sin ponerse en marcha se anularon”.

Precisamente el futuro protagoniza -en teoría- la convención. “Hay futuro” reza en su frontispicio. Y tal afirmación no se refiere tanto al futuro de ‘su’ querida España como al de su descentrado artefacto de poder. Es la respuesta a la inquietud interna, porque, contra lo que todos sostienen como un solo hombre de dientes para afuera, crecen las dudas internas acerca de que la irresponsable dirección adoptada sea la más acertada para volver a La Moncloa.

El drama de la derecha española es que, cuando no tiene el poder, le ocurre lo que al vagabundo de la canción, que no sabe quién es ni de dónde viene ni a dónde va. Es una tropa tan diversa y tan ansiosa que resulta imprevisible y tiende a dejarse galvanizar por las propuestas más montaraces. Es como una engolfada hinchada futbolera que, aunque vaya perdiendo por goleada, evita cuestionarse la capacidad del entrenador y se gratifica con la visión y la práctica del patadón y la zancadilla. Y, por supuesto, atribuyéndole a la madre del árbrito la profesión más antigua del mundo. La diferencia es que, en este caso, ni siquiera creen que vayan perdiendo, aunque muchos lo sospechan.

¿Con qué debemos quedarnos?, se pregunta la perpleja militancia. ¿Con las invitaciones a la moderación que formula Ruiz-Gallardón? ¿Con la justificación implícita del golpismo que hizo Fraga al definir el 23-F como “cuando algunas personas, sin duda llenas de buena voluntad, con un gobierno dimitido, intentaron dar un golpe militar de Estado". ¿Con la fe incombustible que Aznar tiene en la mentira como instrumento político, con sus pesadillas balcánicas y su incondicional alineamiento con Bush? ¿Con las justificaciones del gamberrismo político y la afirmación de su necesaria continuidad formuladas por Acebes y Zaplana?

Y a todo esto, ¿en qué consiste el centro político reformista que se insiste en sostener contra toda evidencia? ¿Qué hay que reformar que no sea el propio partido? ¿La Constitución que tanto le costó admitir a Fraga y a los otros seis “magníficos” ex ministros de Franco? Ahora -es la última tendencia- intentan definirse como liberales. ¿Cómo el austriaco Jörg Haider?

No se aclaran, pero mientras tanto se han convertido en la oposición más indecente e irresponsable que ha conocido hasta ahora la democracia española. No están a la altura ni van camino de estarlo.

En el pecado se lleva la penitencia. Una prolongada excursión por el desierto suele producir profetas. Y es por ahí, por el desierto, por donde vaga la abigarrada tribu expulsada del poder por su mala cabeza, a la que siguen rindiendo culto cual si de infalible becerro de oro se tratase.

Go down Moses!

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19 febrero, 2006

ETA: El parto de los montes

Hay autores que en voces misteriosas,
estilo fanfarrón y campanudo,
nos anuncian ideas portentosas;
pero suele a menudo
ser el gran parto de su pensamiento
después de tanto ruido, sólo viento.

Félix María Samaniego


Un jarro de agua fría. Eso es lo que los ‘sobrados’ y alucinados dirigentes de ETA han lanzado sobre las ilusionadas expectativas alimentadas por tirios y troyanos acerca de la proximidad de una tregua como “principio del fin” del terrorismo. ”La resolución del conflicto no llegará a través de pasos unilaterales», afirman, lavándose las manos sobre su responsabilidad esencial, para instar a continuación a los agentes políticos y sociales vascos a «dar algunos pasos y sin esperar a nadie», como si eso no fuera precisamente la unilateralidad en estado puro.

¿Estas son las “cosas buenas” que Ibarretxe preveía? Hay que ser muy optimista para pensarlo, sobre todo si se considera que la banda, en su comunicado, previene al PSOE y al PNV de que «la imposición de un nuevo ciclo autonómico a Euskal Herria traerá sólo la prolongación del conflicto». En resumen: o se asume de entrada el derecho a la autodeterminación («el derecho de los ciudadanos vascos a decidir») o coche bomba y tiro en la nuca al por mayor. Siguen anclados en sus tesis tradicionales, la principal de las cuales es la utilización de la violencia como instrumento político de presión (el chantaje criminal, en definitiva).

Cual Dios interpelando a los trémulos mortales, ETA pregunta al PNV y al PSOE «qué voluntad real tienen de implicarse en un proceso democrático, qué pasos están dispuestos a dar y cuál es su propuesta para que se respeten los derechos de Euskal Herria». Inefable. ¿Qué le hace a a ETA sentirse legitimada para hablar de democracia? Es ella quien debe ser interpelada y esta inversión perversa de papeles que protagoniza lo único que logra es poner una vez más en duda la verosimilitud de los propósitos de 'diálogo' que exhibe.

Asegura que la paz «estará basada en los derechos de los vascos o si no, no se dará». Tales derechos habrán de ser los que la banda determine, por supuesto. Esa es la paz de ETA. Esa es la superación del conflicto -del que sus acciones criminales son la esencia- que ‘democráticamente’ propone. Pistola en mano nos dice el clásico “estas son lentejas”. La diferencia es que si las dejas te vuela la cabeza. A eso le llaman democracia quienes dicen querer salvar a su pueblo y rechazan liberarlo de lo que más le oprime: el miedo y la ausencia de libertad que ellos generan.

En resumen, este comunicado, este ridículo parto de los montes, sólo merece que lo ignoremos.

En febrero, suspenso. Esperemos a junio, o tal vez a septiembre, o... ¡Qué pena y qué asco!

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