26 febrero, 2004

Sir Katharine Teresa Gun

Se llama Katharine, como la añorada Hepburn, que también tenía lo que hay que tener. De segundo, Teresa, como la santa iluminada de Ávila. Y se apellida Gun, que en inglés significa arma de fuego en general, desde revólver a cañón. Definitivamente lo suyo fue un cañonazo, una sonora y demoledora detonación contra la indecencia desde la dignidad y coherencia de Katharine, desde el riesgo utópico de Teresa.

Katharine Teresa Gun, de 29 años, pertenecía a los servicios de inteligencia británicos gracias a su singular especialización en el idioma chino mandarín. Un día cayó en sus manos un memorándum en el que los servicios de inteligencia estadounidenses pedían a sus primos británicos (la colaboración entre ambas cloacas es tradicional) su ayuda para espiar a varias delegaciones de países con presencia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ni corta ni perezosa y mucho menos cobarde, pues era conocedora de los riesgos implícitos en su gesto, Katharine remitió dicha información a la publicación The Observer, que la difundió con el rango que merecía.

Chile, Bulgaria, Camerún, Angola, Guinea y Pakistán eran algunas de las delegaciones a espiar, pero al menos otra más, México, fue objeto de la atención de los servicios de inteligencia, pues este país denunció en su día, junto a Chile, que sus representantes en la ONU habían sido objeto de escuchas.

En aquellos días Estados Unidos y Gran Bretaña tenían mucha prisa por desatar el ataque contra Irak, mientras los referidos países negociaban un consenso para prolongar la presencia en el país de los inspectores de armamento que buscaban las inexistentes armas de destrucción masiva que fueron el pretexto oficial para la invasión. De ahí su interés en conocer, por medios ilícitos, lo que se traían entre manos y neutralizarles, cosa que, por cierto, consiguieron. Los inspectores abandonaron Irak y la guerra, hasta entonces sólo probable, se hizo realidad.

Katharine no es una espía china o iraquí infiltrada en los servicios de escuchas y traducción de la inteligencia británica. Es nada más (y nada menos) una mujer con principios, consciente de la gravedad de su casual descubrimiento, que quiso, según sus propias palabras, "evitar las muertes y los daños a la población civil iraquí y a las fuerzas militares británicas en una guerra ilegal".

Como consecuencia, aparte de perder su empleo, durante un largo año de zozobra ha afrontado el peligro de verse condenada a dos años de prisión por vulnerar la ley británica de secretos oficiales. Afortunadamente, en este año se ha puesto de manifiesto más allá de toda duda la extraordinaria magnitud de las mentiras tejidas por los invasores de Irak para justificar previamente su acción y darle cobertura legal. Tras el "caso Kelly", Blair y su Gobierno no soportan ni una mota más de mierda sobre sus cabezas y decidieron echarse atrás en el proceso que debía haberse iniciado ayer.

Hay que alegrarse por Katharine, que ha salido indemne tras su 'imperdonable pecado' de revelar la verdad, pero hay que lamentar que sistemas presuntamente democráticos no hagan pagar a sus líderes por engañar a sus pueblos y sacrificar las vidas de sus ciudadanos. Que Blair y Bush sigan en el poder demuestra hasta qué punto la democracia está enferma y los ciudadanos, anestesiados.

Katharine Teresa Gun, con su valiente actuación en coherencia con sus principios morales y cívicos y con un concepto exigente del bien común, es una excepción tan alentadora como necesaria. Si la Corona británica fuera algo más que un decadente carnaval le concedería el título de sir, que regala a cualquier cantamañanas por el mero hecho de aportar divisas. Sus servicios a la verdad y por ende a la democracia deberían tener un premio.

20 febrero, 2004

El Muro de la Vergüenza II

De la diáspora al retorno; de la humillación a la arrogancia; de víctima a verdugo; de Auschwitz, Mathausen, Buchenwald a Sabra, Shatila, Jenin; del ghetto judío al ghetto palestino; del muro de las lamentaciones al muro de la vergüenza; de la compasión mundial a la indignación casi universal. Israel se queja farisáicamente del resurgimiento del antisemitismo en el mundo, confundiendo, de modo tan cínico como deliberado, el rechazo a su política de persecución y "apartheid" respecto al pueblo palestino con el odio racista a los judíos de cualquier nacionalidad y convicción, que, aunque subsiste en muchos lugares, tiene una incidencia demográfica casi anecdótica.

Ayer, Ariel Sharon, que, además de ser un probado racista sanguinario, también parece ser un político corrompido y nepotista, explicó al amigo americano sus planes para la "desconexión" (vergonzante eufemismo) de los palestinos. Es bien sabido que, desde su nacimiento, Israel no da explicaciones más que al gran Goliat occidental y todo indica que tal subordinación no es más que un cómplice cruce de secretas señales entre tahures, concertados para burlar las reglas que la comunidad internacional viene tratando de imponer frente a los abusos del falso David de Oriente próximo.

Sharon jura y perjura -ayer también lo hizo- que está dispuesto a cumplir con lo previsto en la llamada "hoja de ruta", pero cuando se rememora la arrogante sucesión de incumplimientos de las resoluciones de la ONU que los gobiernos israelíes han perpetrado impunemente no cabe alimentar muchas esperanzas al respecto. Y aún caben menos cuando se contempla el ignominioso muro tras el cual se pretende encerrar a los palestinos.

Una imagen vale más que mil palabras y, además, Sharon apenas deja abierta alguna posibilidad de llegar a un acuerdo con Abu Ala. La "propuesta" de Sharon se expresa en términos de "estas son lentejas". Por ellas (las lentejas) Esaú vendió a Jacob la primogenitura, dice la biblia, pero no va a ser el caso.

También dice el libro que las trompetas de Josué derribaron las murallas de Jericó, pero es evidente que no ha nacido aún un sucesor de Moisés con los poderes necesarios para derribar el muro de la vergüenza con el que el Gobierno de Israel vulnera impúdicamente los derechos humanos y afrenta a la comunidad internacional.


18 febrero, 2004

ETA vota PP

La noticia: ETA anuncia un alto el fuego limitado a Cataluña por "solidaridad".

Comentario: Véase el título de esta breve "Espiral".

Prospectiva: Seguiremos yendo de culo y contra el viento, de la mano de la dinámica del cerrilismo totalitario, de la demagogia y del oportunismo político más ramplón.

Breve expansión emocional: ¡Qué asco!

Intento de justificación personal: Abordar la tarea de escribir un comentario con presunción de objetividad sobre un asunto tan indecente como este probablemente me convertiría en cómplice de la propia indecencia y perversión política que intentaría denunciar. Afortunadamente nadie me paga (y por lo tanto nadie puede exigirme nada) por lo que escribo aquí, lo que me deja en libertad para invitar al lector a que haga su propio análisis, sopesando los antecedentes que posée (si no los tiene no sé qué hace aquí), y a que obre en consecuencia.

12 febrero, 2004

Panegírico de Julio Cortázar

Hace veinte años que, a los setenta de edad, moría en un hospital de París Julio Florencio Cortázar Scott, argentino de vocación y ciudadano del mundo de ejercicio. Con tal motivo, un colega sabedor de mi incondicionalidad cortazariana y del ardor proselitista que me invade cada vez que surge la oportunidad de justificarla, me propuso que escribiera algo, como si "algo" a propósito de Cortazar no corriera el riesgo de ser demasiado o demasiado poco. Durante un par de días he nadado en la duda dadá: ¿Me enrollo con su biografía? ¿Gloso alguno de sus relatos? ¿Reitero mi encendida defensa de "Rayuela"? ¿Cuánto debo escribir? ¿Tres folios, diez, un ensayo? Finalmente he tirado por la calle de enmedio, que hace la función geométrica de la linea recta, la distancia más corta entre dos puntos. Esto, pues, es un panegírico. ¿Que por qué? Porque Cortazar se lo merece y a mi me da la gana. Faltaría más. Vamos con ello:

Es reconfortante constatar que Julio Cortázar sigue vivo y que lo está especialmente en la memoria de otros grandes escritores vivos, como García Márquez, Vargas Llosa o Saramago, cuyo rendido tributo supera con mucho el valor de un premio Nobel que Cortázar nunca recibió y ni siquiera ambicionó. Es alentador también que, veinte años después de su muerte, su obra se reedite porque ello facilitará el acceso de nuevos lectores a la mágica galaxia, encerradora de mundos, que el escritor argentino diseñó con el mimo de un orfebre maniaco y superdotado.

Tal vez ahora el autor de Rayuela encuentre finalmente a sus lectores, si es que éstos pertenecen a un tiempo concreto y no son, como su propia obra, atemporales y, por tanto, en gran medida eternos.

En su extenso y magistral relato El Perseguidor, el personaje central, trasunto indisimulado del saxofonista de jazz Charlie Parker, se nos muestra, desconcertado y sobrepasado, afirmando durante una sesión de grabación: “Esto lo estoy tocando mañana”. Del mismo modo, todo el complejo y sutil mundo cortazariano parece escrito en algún momento de un impreciso futuro, o al menos en una situación espacio/tiempo virtual, paralela al presente real, sobre el cual, sin embargo, proyecta luminosas ventanas, abiertas para quien quiera y pueda ver.

Cortázar no admite comparación con ningún otro escritor conocido. El modo en que su inquisitiva mirada indaga la realidad; en que su mente la analiza y su sensibilidad la experimenta es único. Y única asimismo es la manera en que escribe desde el más mínimo relato hasta su novela más extensa. Si el estilo es el hombre, como quieren Ortega y Gasset (quietos, que es broma), no hay duda de que, en este caso, el hombre que está detrás de su escritura no cabe en ningún apartado preexistente para la clasificación convencional de escritores.

En la literatura hay un antes y un después de Julio Cortázar. Él extendió los límites de lo describible al explorar y descubrir territorios vírgenes en lo real y aplicar a la narración de lo universal y de lo cotidiano precisamente el único lenguaje capaz de traducir dimensiones antes inefables. El finis terrae de la narrativa está mucho más allá después de Cortázar.

No es un escritor menor, contra lo que muchos afirman; no es sólo un singular y habilidoso creador de relatos entre lo metafórico y lo real, cualidad con la que tantos lo limitan. Rayuela o Libro de Manuel son monumentos literarios, cumbres altísimas del arte mayor de la narrativa: la novela. Sus páginas siguen siempre a la espera del lector-macho (como Cortázar decía en tiempos menos paranoicos con la corrección política) que aborden la lectura como un acto creativo, como una aventura acaso laboriosa pero iluminadora.

El hombre que escribió su obra mañana precisa de lectores abiertos a la experiencia de jugar mentalmente a la rayuela y descubrir así los mundos ocultos que encierran los falsamente tranquilizadores mundos conocidos.

Esto no es sólo un panegírico. Es también una invitación a la lectura o relectura de un escritor genial, un hombre que creyó en la revolución y la puso en práctica, al menos en el terreno literario, lo cual es mucho más de lo que se puede decir de cualquiera con quien se le pretenda comparar.

05 febrero, 2004

Menú del día

Queda demostrado. Cuando el circo alcanza dimensiones desproporcionadas y las mentiras se disparan de tamaño hasta no caber bajo la carpa, también los enanos crecen y el espectáculo se arruina. Para muestra, unos cuantos botones en forma de carta de restaurante de carretera porque ésta es una "road movie" de las buenas:

- Primer plato: Según el británico Brian Jones, que tiene nombre de suicida (el del guitarrista original de los Rolling Stones) y era el jefe del presunto suicida Kelly, el informe de septiembre de 2002 que aseguraba que Irak tenía capacidad para lanzar un ataque demoledor en apenas 45 minutos "daba una idea engañosa" y "no tuvo en cuenta a los expertos de inteligencia". Si Tony Blair no quería caldo, aquí tiene taza y media. ¡Marchando!

- Segundo plato: La CIA niega hoy terminantemente haber informado en algún momento al Gobierno Bush de que Irak supusiera "una amenaza inminente", argumento definitivo del "equipo del crimen" para desencadenar la invasión, previa campaña de intoxicación "urbi et orbe". Lo siento, Jorgito (es un decir) pero John Kerry avanza a pasos agigantados hacia la Casa Blanca. Vete haciendo las maletas y no te dejes ni una sóla mentira en el despacho oval, que todo se pega.

- Postre: La señora Blair, de nombre Cherie (que en francés significa querida), se despacha en una biografía sobre su marido de próxima aparición con unas declaraciones sabrosísimas (muy propias para el postre) sobre el actual inquilino de la Casa Blanca y su "santa". Dice Cherie que Bush es un presidente ilegítimo, que "robó el cargo a Al Gore" y que atenta contra los derechos humanos con su conocida debilidad por la pena de muerte. En cuanto a la señora de Jorgito, le merece la calificación de "obtusa, cerrada y demasiado conservadora". Cheríe, je t'aime. Lo que me pregunto es qué haces con el julandrón de Tony, que, aparentemente, sólo se diferencia de su socio en su notoria labia y, por supuesto, en el coeficiente intelectual. Si algún día te divorcias, esperemos que nos relates qué tal dormía tu actual "costilla" en esta azarosa temporada en que anda todo el día con el culo al aire y la sonrisa en los labios.

- Carajillo y habano: El ínclito Aznar, en su gira de "pop star" al servicio de los valores e intereses del Occidente judeocristiano, atracó ayer en Bruselas tras su triunfal actuación en Washington (¿La asistencia al acto de una quinta parte de los parlamentarios estadounidenses es un éxito de público?, me pregunto) y largó cuarto y mitad de lo mismo que en la capital del imperio a sus sufridos colegas del PPE.

Sólo algunos intelectuales orgánicos de los viejos tiempos le sacaban tanto partido a la misma conferencia en sus giras por ateneos y chiringuitos "culturales" de Celtiberia. La verdad es que hay que valer. Y, como reza un dicho seguramente grato al presidente saliente, vale quien sirve. A quién se sirve es otro cantar.


04 febrero, 2004

Vergüenza ajena

Aznar hablará hoy ante el pleno del parlamento estadounidense (Congreso y Senado) en defensa de la guerra de Irak, honor (el de dirigirse a las cámaras, no el de defender la vergüenza de Irak) reservado exclusivamente para los más fieles entre los fieles. El discurso lo pronunciará en castellano porque el inglés -con acento de Texas- lo habla sólo en la intimidad. Si yo fuera él creo que, en el último momento, me vería súbitamente asaltado por alguna enfermedad que impediría mi presencia en tan sonrojante situación.

Claro que para ponerse enfermo antes hay que estar sano...

Ayer mismo transcendía que Aznar ha enviado una carta a Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea (supuestamente el Gobierno de la UE) proponiendo la creación de una comisión mixta UE-EEUU destinada a levantar las barreras proteccionistas existentes entre ambos entes. A ello ha respondido la Comisión, con lógico desdén, que "no hace falta inventar la rueda" puesto que la UE ya cuenta con órganos dedicados a tan delicado fin.

Estados Unidos tiene mucha prisa por rentabilizar mediante un torrente de exportaciones la devaluación del dólar frente al euro y, aparentemente desconocedor de las antipatías que despierta en Bruselas "míster Ansar", le ha movilizado para que engrase el carro. Y nuestro hombre, que no se corta un pelo, se ha puesto a la tarea sin ningún escrúpulo ni rubor. Nadie debería sorprenderse si tuviera en cuenta los precedentes personales de nuestro "caudillito", pero todo encaja mucho mejor si se considera que el inmediato destino que parece haberse reservado a sí mismo a partir del 14 de marzo es el de "conseguidor" (disculpen el eufemismo) en el sustancioso eje político-comercial Washington-resto-del-mundo. Para ello ya ha situado como cabeza de puente a su yerno, el del apellido impronunciable y el inquietante parecido físico con Henry Kissinger. Sí, el de la alucinante boda en El Escorial.

El futuro duque de Aznar ha conseguido hacer buenos a sus predecesores en el cargo. Él, sin embargo, seguro que se cree un hombre providencial, destinado a ocupar un lugar destacado en la historia. Y en cualquier caso es preciso decir que lo que nosotros pensemos le trae absolutamente sin cuidado. Hasta ahí podríamos llegar...

Rectificación: Contra lo que afirmaba ayer, la comisión de investigación que Blair creará concluirá sus tareas antes de las elecciones. El primer ministro británico confía, sin duda, en llegar ante las urnas limpio de polvo y paja, lo cual, dada su trayectoria, es imposible, pero cuando uno tiene a buena parte de su propio partido en contra y es apoyado por la oposición en temas puntuales relevantes no es imposible que vuelva a ganar las elecciones sin tener que cambiar de partido.

03 febrero, 2004

Del hígado

El que sufre tiene memoria.
Cicerón


Dos notas previas, relacionadas con lo tratado ayer, antes de pasar al tema de la libertad de información que quiero seguir tratando:

- Finalmente Aznar sí habló de las inexistentes ADM de Irak, pero lo hizo, una vez más, para dar por sentado, desde su Olimpo virtual, que la ciudadanía carece de memoria, entendimiento y voluntad. Hasta el último momento este tipo nos quiere hacer tontos a todos. Claro que pistas no le faltan para certificar la estupidez popular en muchos casos.

- Las comisiones de investigación (esas que nunca sacan nada en claro) que Blair y Bush han orquestado en sus predios particulares no concluirán -por si acaso- hasta después de las elecciones respectivas. Parece ser que ellos también comparten la idea de que la ciudadanía es imbécil. ¡Vaya trío de demócratas el de las Azores!

...Y, ahora que lo pienso, voy a dejar el tema de las libertades de información y expresión para mañana o cuando mejor cuadre a mi ánimo. La reflexión que conllevan las líneas escritas hasta ahora me ha puesto del hígado y como el médico me ha dicho que me cuide voy a seguir su consejo, no sea que me dé el vértigo, una apoplejía... o, lo que sería peor, un ataque de justificadísima ira y me pierda para siempre.

02 febrero, 2004

El corto viaje de la mentira

Las mentiras viajan largos años y nunca llegan
pero la verdad aconseja que es mejor
decir la verdad y después morir.

Proverbio yóruba

Greg Dyke, el director general de la BBC, dimitió, pero la renuncia, lejos de conllevar su autorreducción al silencio, le ha dejado las manos libres y la lengua suelta para poner en su sitio la realidad y quién sabe si no acabará también situando en su lugar descanso (fuera del poder) a Tony Blair.

Tal vez si el Consejo de la BBC no se hubiera mostrado tan inflexible con Dyke (órdenes son órdenes, supongo) a raíz de la difusión del peculiar "informe Hutton" las cosas serían diferentes. Dyke seguiría en su puesto, tratando de salvar los muebles de la BBC y contemporizando con el intransigente inquilino del 10 de Downing Street, y cada cual estaría ahora barajando sus cartas a la espera de mejor fortuna.

Pero no ha sido así y Dyke, que no se ha ido precisamente porque haya querido o porque admita haber cometido un grave error, se ha despachado denunciando presiones sistemáticas e incluso intimidación por parte del entorno del primer ministro y de éste mismo. El ex director general ha dado a conocer una carta que él remitió a Blair en relación con esas ingerencias pero ha silenciado el contenido de la que Blair le remitió a él, digamos que en términos algo impropios. Queda en la recámara.

Es significativo que hoy, después de que Bush asuma la conveniencia de que una comisión independiente (?) estudie el envenenado asunto de las armas de destrucción masiva (ADM en lo sucesivo) que nunca existieron, también Blair empiece a templar gaitas y admita que existen "dudas legítimas" sobre su existencia. Supongo que cuando ambos, de mutuo acuerdo, fabricaron la gran mentira que condujo al gran error de la guerra de Irak, padre putativo de todos los peligrosos errores que vendrán si no se rectifica ya, no imaginaban que llegase el infausto día en que la verdad les perseguiría hasta las cuerdas y amenazaría con noquearles y dejarles groggies de por vida.

Mientras tanto, el impertérrito Aznar, el tercero de la "conspiración de las Azores", no dice nada -al menos no ha dicho esta boca es mía hasta esta hora-, pese a que Rodríguez Zapatero le ha metido los dedos hasta la campanilla a la luz de la marcha atrás de sus colegas de farra. Pero es bien sabido que este buen hombre sólo responde ante su dios y sólo en el caso de que éste le "eche" una instancia. Él se considera por encima del bien y del mal. Además, como se va...

Lo cierto es que, sin la presión mediática, apoyada en este caso por el rechazo popular a una guerra cuya necesidad y conveniencia eran mucho más que dudosas desde el mismo momento en que se planteó, no habría llegado este día, en el que los bucaneros, aunque no se rinden, recogen velas para evitar que el viento de la verdad se transforme en huracán y les conduzca al naufragio.

Blair admite que hay dudas legítimas y yo diría que las dudas, fundadas o no, siempre lo son, pero ¿se puede atribuir alguna legitimidad a las mentiras? En absoluto. Quien desde el poder miente al pueblo que le otorgó su confianza no merece ni regresar a su nivel. Quien además, como en el caso lamentable de la BBC, pretende ilegítimamente silenciar a quienes intentan dilucidar la verdad o lleva al suicidio (en el mejor de los casos) a quien la pronunció merecería un castigo mucho mayor, de dimensiones clásicas, como tomar cicuta o cortarse las venas en la bañera. Sin embargo, seguramente quedará sin un castigo suficiente (hay precedentes), salvo que se lo inflija su propia conciencia.

Si la hubiere.

31 enero, 2004

"... Y sé todos los cuentos"

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos...
Y sé todos los cuentos.

LEÓN FELIPE

Decíamos ayer... Pero hoy se puede ver mucho más claro que una cosa es vencer y otra muy diferente (y mucho más difícil y necesaria) es convencer. El elocuente vendemotos y trapisondista Tony Blair -con la generosa ayuda del juez Hutton- es el vencedor oficial en el "caso Kelly", pero los sondeos revelan que la población británica alberga severas dudas sobre su inocencia y honestidad. Así pues, la suya ha sido una victoria pírrica e incluso ridícula.

Las verdades oficiales no son nunca la verdad sobre las cosas a las que se refieren. Eso la gente, aunque no pueda afirmarlo y mucho menos demostrarlo, lo intuye. Por eso busca iluminación y contraste en los medios informativos, ¿pero qué ocurre cuando los medios se transforman en meros transmisores de las "verdades" oficiales (concepto en el que incluyo toda mentira, manipulación o intoxicación que cualquier poder, no necesariamente político, pretenda imponer como verdad incuestionable)? Que antes o después cae en el descrédito y cosecha el efecto contrario al pretendido.

Lamentablemente, ese descrédito no es sólo un daño que reciban los medios que se han hecho acreedores a él, sino que también hay que apuntarlo en el déficit de la democracia, en el capítulo de pérdidas de la sociedad. Se trata, pura y simplemente, de una mutilación esencial, una desgracia colectiva. Algún teórico de patio de vecindad gusta de decir que a la gente no le interesa conocer la verdad, sino que le digan aquello que coincide con sus prejuicios e intereses y que entre esos intereses prima el de pasarlo bien, sentirse a gusto, evadirse. ¿Por qué abrumarle con realidades que le sobrepasan?

Prejuzgar la postura y los intereses de la gente, considerada como un todo orgánico, es típicamente fascista, como lo es lo que se deduce de ese axioma con aromas aristocratizantes que gusta de ver a los pueblos como máquinas sin conciencia ni objetivos, porque esa es la premisa a partir de la cual se les instrumenta al servicio de cualquier aberración que decida el instrumentador y que generalmente es ajena en absoluto -cuando no contraria- a los intereses del "instrumento".

También es característico de la perversión fascista de la lógica confundir las consecuencias con sus causas. Que las masas estén alienadas no es nunca la consecuencia de una elección personal de cada individuo ni de un irreversible condicionamento genético. La indiferencia y el hedonismo no forman parte de la naturaleza intrínseca de los pueblos. Por el contrario, ese síndrome es consecuencia de una realidad nada casual en la que la gente se siente ajena al destino de la sociedad, de cuya gestión ha sido marginada y de cuyas realidades se sabe desinformada.

La experiencia de España, devuelta a la democracia hace 25 años tras 40 de secuestro dictatorial, es reveladora al respecto. Entre los años 75 y 84 la gente, en su mayoría, leía ansiosamente cada información que circulaba y la debatía con su familia, con sus amigos, con sus compañeros de trabajo. Se hablaba de política y de problemas sociales. La tirada de diarios y revistas creció notablemente. Los debates políticos en la televisión o las retransmisiones de los plenos del Congreso batían récords de audiencia. ¿Que ha pasado para que aquél pueblo apasionado y políticamente activo se haya convertido en apático, escéptico y, aparentemente, se interese sólo en consumir y divertirse?

Muy simple. Se le ha defraudado. Y el fraude no procede únicamente de la órbita política, judicial o laboral, sino también de la informativa. Cuando el llamado "cuarto poder" se transforma en una excrecencia servil de los poderes políticos y económicos desaparece la última esperanza. Y eso es lo que ha sucedido. Antes, por supuesto, ya había ocurrido en todos los países democráticos occidentales, a los que cada vez nos parecemos más, especialmente en sus lacras y defectos. Hay tarados que venden esa coincidencia como un éxito y lo peor es que hay quien les cree.

Volviendo al tema de la BBC, para concluir por hoy, es preciso subrayar, además de la victoria-derrota de Blair, la digna reacción de los trabajadores de la cadena pública británica, conscientes de que el golpe recibido quizás sólo sea el preludio de males mayores. Miles de trabajadores, que ya habían protagonizado varias manifestaciones de protesta, han publicado hoy un anuncio en el Dayly Telegraph en defensa del dimisionario director general, Greg Dyke. En él aseguran que mantienen la filosofía de éste y que lucharán por una BBC "que sirva a los ciudadanos por encima de todo".

He ahí la madre del cordero.

30 enero, 2004

La cabeza del mensajero

Lo sucedido a la BBC a raíz de la difusión del informe Hutton sobre el "caso Kelly", que también podría ser el "caso Blair" o el "caso armas de destrucción masiva", es muy revelador acerca de la deriva que lleva en el Occidente "democrático" la libertad de información. Matar al mensajero sigue siendo la bárbara "solución" para borrar del mapa las malas noticias que afectan al poder, que en este caso es un poder global aunque nuestra historia se centre, por el momento, en Gran Bretaña.

El juez Hutton, por supuesto, no entra en el fondo de la cuestión. Hacerlo tal vez hubiera equivalido a excederse en sus competencias, pero al abstenerse de considerar el contexto ha concluido lo previsible: en la medida en que no hay pruebas y el testigo de cargo se suicidó (o eso parece) fue una acusación irresponsable la que difundió la BBC afirmando que el Gobierno británico exageró deliberadamente su informe sobre la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de la preguerra y de su supuesta capacidad para desatar un ataque en muy poco tiempo. Consecuentemente, Hutton, tal vez temeroso de no ser suficientemente claro o leal, arremete contra la BBC, empresa estatal de información con un estatuto de autonomía hasta ahora ejemplar, y una trayectoria de servicio a la sociedad envidiable.

Y es de temer que las consecuencias de tan "ejemplarizante" contundencia no se van a limitar a las dimisiones ya conocidas de los más altos responsables de la BBC. Lo que se deduce del singular informe, que no parece cumplir otra función que la de exculpar a Blair y a sus fontaneros y ofrecer un chivo expiatorio alternativo, es que los medios informativos sólo deben difundir verdades absolutas, realidades escrupulosamente contrastadas y contrastables; que las fuentes no pueden ser secretas y que es mejor pensarselo setenta veces siete antes de difundir algo que perjudique al poder y sus intereses.

¿En qué lugar deja eso a los medios informativos en relación con el poder? En el de simples
gacetilleros, serviles transcriptores de ruedas de prensa y notas informativas, lacayos
descerebrados, extensiones acríticas de las manipulaciones y sesgos de la fuente que
proyecta toda la luz con ausencia total de sombras.

¿Quien necesita una información que sólo sirve a quien está en su origen? Estamos ante la antítesis del periodismo, o sea de la libertad de información y del derecho a ser informado libremente. Y por lo tanto nos hallamos ante algo mucho más grave de lo que parece a primera vista: un atentado nada anecdótico contra la democracia, ya que ésta es inconcebible sin las libertades necesariamente complementarias de información y expresión.

Dada la cantidad de tela que hay que cortar en este transcendental asunto de la libertad de información y, por ende, de expresión y puesto que llevo mucho tiempo planteándome afrontarlo a fondo, sirva este artículo como breve introducción. Continuará.

28 enero, 2004

Lasciate ogni speranza...

La crisis de la Generalitat, más allá de evidenciar el inquietante narcisismo de su principal protagonista, Carod-Rovira, ha arrojado nueva e inequívoca luz sobre la falta de liderazgo en el PSOE. A Rodríguez Zapatero -como diría mi madre- le falta un hervor. Y a estas alturas de la historia todo indica que esa no es una situación provisional, sino definitiva. Sencillamente, no está a la altura, no da la talla.

El secretario general del PSOE ha perdido totalmente los papeles en esta crisis. Dejar por la mañana la pelota en el tejado de Maragall para intentar rematarla de un "firme" punterazo apenas caída la noche es una prueba irrefutable de su falta de capacidad política, de su ausencia de criterio e incluso de carácter. Su entorno inmediato, por otra parte, sufre del mismo mal. El triunvirato formado por Zapatero, Jesús Caldera y José Blanco me hace evocar la dirección de alguna institución religioso-pedagógica de los oscuros primeros 60. El superior, el prefecto y el ecónomo: un trío de meapilas con una tarea que les supera ampliamente a la menor prueba.

Eso explica por qué se ha vuelto crecientemente decisivo el papel de los "barones" (alguno de ellos, camino de la eternidad en el poder y, en consecuencia, con un encallecido conservadurismo de fondo que poco tiene que envidiar al de sus oponentes conservadores) así como el influjo de una serie de "notables" heterogéneos que no saben muy bien qué se espera de ellos. La consecuencia de esta situación es la "estrategia del bandazo", la incoherencia y, en definitiva, la confusión; la suya y la del electorado. Pese a todo, el Gobierno y su partido no parecen tener muy clara la victoria en el 14 de marzo, o bien necesitan que su mayoría absoluta sea arrolladora para seguir con su monólogo autista y autoritario.

Parece claro que la revelación de los contactos entre ese chisgarabís llamado Carod-Rovira y la dirección de ETA no es un "scoop" periodístico forjado a base de paciente investigación por la aguerrida plantilla de ABC, sino un regalo del CNI que no puede haber sido hecho por algún "Mortadelo" insignificante de la 'Casa', si no ordenado desde las alturas del Estado y del Gobierno. El objetivo no puede ser más claro: dinamitar el pacto de Gobierno en Cataluña y, last but not least, volar en pedazos la renqueante sala de máquinas del PSOE. ¿Son éstos objetivos legítimos de unos servicios de inteligencia que se supone que sirven a la seguridad del Estado -o sea de todos- y no al éxito de un partido o un Gobierno? Digan conmigo NO.

Si realmente, como se está contando, el CNI llegó a grabar el encuentro de Carod-Rovira con Josu Ternera y Mikel Antza está claro que pudo detener a ambos, reclamados por la Justicia. ¿Por qué no lo hizo? Si hubo órdenes de no actuar, la tesis de quienes afirman que el PP está interesado en mantener viva la amenaza de ETA porque le beneficia políticamente estaría confirmada. Y si se pudiera demostrar -que no se puede, me temo-, al PP le quedarían muy pocos telediarios en el poder.

Otra posibilidad bastante verosímil es que el CNI haya infiltrado a ETA hasta un nivel notablemente elevado de su hoy frágil estructura. La "kale borroka", con sus jovenzuelos destrozando alegremente -la litrona en una mano y el cóctel molotov en la otra-, fue una ocasión "de libro" para hacerlo y no creo que se haya despreciado. Eso explicaría la rápida identificación y caída de los reducidos comandos que han intentado operar en los últimos años. ¿Pero no se pone en peligro la identidad del "topo" filtrando una información tan delicada como la que glosamos? Por supuesto que sí. Y sería una irresponsabilidad criminal.

"Lasciate ogni speranza" ("abandonad toda esperanza") rezaba sobre las puertas del infierno que describió Dante Alighieri. Pues eso, ahí estamos. Y encima, para aumentar la confusión, aparecen falsos mesías.


27 enero, 2004

De mesías a tonto ecuménico

Hay gente con un elevadísimo concepto de sí mismos, tan alto que se puede calificar sin hipérbole de mesiánico. No son pocos, aunque casi todos lo disimulen prudentemente. Los más mundanos de esta especie suelen dedicarse a la política mientras los casos más patológicos se vuelcan en la religión, donde lo mesiánico adquiere su auténtica dimensión mística.

Todo indica que Josep Lluis Carod-Rovira pertenece a esta especie (Aznar también, pero no es el caso de hablar de este personaje "providencial" que, afortunadamente, tiene la virtud -quizás la única- de cumplir su palabra y se va, aunque es de temer que no lo suficientemente lejos). El líder de Esquerra Republicana de Catalunya, que dice haber pesado decisivamente en su día para que Terra Lliure abandonase las armas, parecía pretender lo mismo de ETA, decidido a pasar a la historia como el "mesías" que trajo la paz.

Él ha dicho que su propuesta de tregua no se limitaba sólo a Cataluña, pero dado el clima que se ha creado tras la revelación hecha por ABC, diario en el que alguien parece mantener excelentes relaciones con los servicios de inteligencia, nadie quiere creerselo. También se ha dicho que la entrevista estaba solicitada desde bastante tiempo antes y que ETA aceptó el encuentro sólo cuando Carod-Rovira alcanzó la alta posición de "conseller en cap" de la Generalitat. Obviamente, si el "mesías" catalán no fuera el patético vanidoso que es, su ahora discutible inteligencia le hubiera hecho responder a la invitación con la frasecita que gusta de soltar el otro "mesías", el mesetario: "Ahora no toca".

Y no se trata de que no se pueda o deba dialogar con ETA, y menos con tan constructivos
propósitos, sino de que hacerlo en el momento en que lo hizo el consejero jefe, sin comunicarselo al presidente de la Generalitat y pretendiendo, con esquizofrénico desparpajo, que participó en la reunión como representante de ERC y no del gobierno catalán no sólo es una venial deslealtad, sino una mortal estupidez.

No podía ni debía ignorar Carod-Rovira todo lo que llovía desde el partido del Gobierno, en
un país que llevaba meses en una feroz campaña electoral no declarada, contra el pacto
"antiespañol" del PSC en Cataluña. El "gol de oro" que este tonto ecuménico ha servido al
enemigo de su amigo y a su propio enemigo mediante su reunión con los terroristas le
cualifica más que sobradamente para desaparecer del Gobierno de Cataluña.

No por loco, no por desleal. Simplemente por idiota.

Mañana más porque hay mucho más que hablar: la torpeza insuperable de Zapatero (que no tiene nada de mesías pero sí de vergonzante catecúmeno), la infiltración de ETA y el papel de los servicios de inteligencia en la campaña electoral, la herencia endemoniada de Aznar... En fin, que, como dijo aquél, volveré. Ya sé que algunos no se lo creen y no les faltan motivos para ello. Otro día hablaré de mis afanes y penitencias.

15 diciembre, 2003

Sadam, exhumado

"Ladies and gentlemen: We got him" ("Señoras y caballeros: lo tenemos") Así anunció el virrey estadounidense de Irak la captura de Sadam Hussein, como si, en la entrega de los "Oscar", un solemne histrión dijera "the winner is..."

Y esa es la cuestión, quién es el vencedor. Es de victoria de lo que se ha hablado con tan fausto motivo. De victoria de la democracia, de victoria del pueblo iraquí, de victoria contra el terrorismo...

Pero en las propias circunstancias de la captura del tirano hay elementos más que suficientes para minimizar la polifacética victoria que se nos vende. El Sadam que las "victoriosas" tropas estadounidenses han capturado es un ser patético, exhausto y desconcertado, que ni siquiera tuvo los lúcidos reflejos necesarios para pegarse un tiro. Nada en su entorno indica que el enterrado en vida que los "vencedores" han exhumado sea el líder de la resistencia, salvo que emplease la telepatía en sus tareas gestoras.

Sadam Hussein no era en estos momentos otra cosa que un superviviente a su propio desastre, seguramente aferrado a la esperanza de que la resistencia a la ocupación le devolviera un día al poder. En su mansa entrega probablemente también ha pesado la ilusa esperanza de tener un juicio justo y poder explicarse ante la historia. Es un hombre que no acaba de comprender su destino, que no creyó que su país fuera a ser invadido so pretexto de la posesión de unas armas de destrucción masiva inexistentes y mucho menos por el afán filantrópico de instaurar una democracia o defender los derechos humanos, que le consta que no son una prioridad de los invasores.

Tal vez confía en poder explicar cómo hizo la guerra a Irán por cuenta de los Estados Unidos o cómo, en su momento, la embajadora norteamericana (Ver en Archivos) le dejó entender sibilinamente que su país no haría nada si ocupaba Kuwait, en cumplimiento de una tradicional reivindicación territorial.

Pobre iluso. Quizás nadie le haya hablado de los secuestrados de Guantánamo, fuera de la jurisdicción de cualquier tribunal y al margen de cualquier ley conocida. Quizás también desconozca la negativa airada de EE UU a aceptar la vigencia del Tribunal Penal Internacional. Suerte tendrá si no acaba confesando que en realidad fue él quien mató a Jesucristo.

La captura del tirano, en cualquier caso, es un respiro para la coalición (?) y sus corifeos, un oasis en el desierto cotidiano que suponen una posguerra que es la auténtica guerra y la contrastada incapacidad de los ocupantes para dirigir una situación en la que la auténtica víctima, con Sadam o sin él, sigue siendo el pueblo iraquí. La invasión, finalmente, ha alcanzado un logro que contenta a todos: el sanguinario Sadam ha sido capturado. Su captura, al menos en principio, no parece tener otro valor que el propagandístico.


La guerra sigue. Eso es todo.

30 noviembre, 2003

Por más que se repita...

Ayer en Irak ocurrió lo peor para las fuerzas españolas, pero lo peor no es necesariamente lo inesperado y, lamentablemente, tampoco es lo peor de modo definitivo. Aún pueden ocurrir cosas peores. Ya son nueve los españoles que han muerto en esta guerra (no hay tal posguerra, por más que se repita) fundada en causas que, tal como se temía, han resultado falsas y que nada tienen que ver con el supuesto combate internacional contra el terrorismo.

No sólo no existe constancia alguna de que Sadam Hussein tuviera armas de destrucción masiva; tampoco se ha detectado el más mínimo indicio de que su régimen alentase el fanático terrorismo islámico. La de Irak es una guerra motivada por móviles económicos y estratégicos y afirmar otra cosa -por más que se repita- hace mucho tiempo que ha dejado de ser un defecto de interpretación para convertirse en una indecente muestra de cinismo.

En este contexto la lacónica comunicación institucional de José María Aznar, que acabo de contemplar por televisión, sólo me merece un calificativo: indignante. Y no sólo es indignante en su calidad de desafío a la inteligencia y la credulidad de un pueblo enajenado, sino porque suena a burla (solemne, como todo lo suyo) hacer tales afirmaciones sobre la sangre aún fresca, de unas personas que han encontrado la muerte lejos de su tierra en el cumplimiento de un deber que no debería serlo.

La intervención de las tropas españolas en Irak no es una misión de paz, ni de reconstrucción, ni de contenido humanitario por más que se repita. No admite comparación alguna con otras misiones internacionales en las que se haya intervenido, por más que se repita lo contrario. Es una tarea de complicidad -mínima, pero elocuente- con unos móviles depredadores totalmente ajenos a los intereses de España y que nos enfrenta de modo innecesario e imprudente a una comunidad cultural, política y religiosa con la que hasta ahora se mantenía una relación razonablemente buena.

Resulta evidente a estas alturas que el desplazamiento del eje de la política exterior española de Bruselas a Washington, inspirado por nuestro "clarividente" líder, ha sido un error de magnitud oceánica, como ponen de manifiesto el trato que España ha empezado a recibir de la UE y la carencia de beneficios tangibles procedentes del "amigo americano". Pero lo peor no son los perjuicios económicos y políticos que tal alianza nos depara, sino la pérdida irreversible de un valioso capital humano invertido en funciones que no son ni deben ser las suyas.

Aznar ha dejado claro que no hay vuelta atrás. Su hipotético sucesor, Rajoy, también. Parece claro que sólo hay un modo de liberarse de la dolorosa vergüenza en la que nos han sumergido por su "soberana" y omnímoda voluntad.

Vosotros mismos.


26 noviembre, 2003

El 'Euroescándalo' y otros escándalos

"Euroescándalo", ha titulado un diario de distribución nacional más bien escandaloso. El Ecofin decidió ayer no sancionar a Francia y Alemania por superar el déficit público establecido en el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea. Ese es el "escándalo", aunque la indulgente medida se acordó mediante mayoría cualificada, es decir, democráticamente. El sedicente europeista llamado Aznar, por supuesto, se ha rasgado las vestiduras en el mismo día en que se anuncia un extraordinario crecimiento del superávit de la economía española y un inédito aumento de las miserables pensiones de viudedad. ¡Qué grandes somos!

- ¿Cuánto queda para las elecciones?

- Cuatro meses.

- Ah, ya.

España crece más porque puede. Grecia duplica ese crecimiento porque puede más. No hay como estar abajo en tiempos de vacas gordas y recibir anualmente, gratis, una fuerte inyección de euros de los que están más arriba. Ya se lo recordó Schroeder a nuestro jefe de Gobierno cuando éste cacareaba enfáticamente por todo el corral.

Por otra parte, ¿es razonable que un estado tenga superávit cuando no es precisamente una Arcadia feliz? No, en absoluto. Es más bien escandaloso si se tiene en cuenta la situación lastimosa de ciertos parámetros de bienestar social, incluidas las famélicas pensiones de viudedad.

Generar déficit público es, en ocasiones, la mejor medida para mantener unos ciertos niveles de crecimiento y un cierto grado de estabilidad social. Los planes macroeconómicos que sesudos economistas diseñan con la perspectiva de conjugar equilibrio y crecimiento están muy bien como referencia de lo deseable, pero ningún país debe ser obligado a tirar piedras sobre su propio tejado. Si esos países son, además, los ejes de tracción de la economía europea, lo que redunde en su beneficio nos beneficia también -al menos teóricamente- a nosotros, que chupamos rueda alegremente.

Se dice que ésto puede perjudicar al euro y seguramente es cierto, pero no es menos cierto que el euro está sobrevalorado y que eso no le hace ningún bien a la economía europea. Y mucho menos si gran parte de esa sobrevaloración no se basa tanto en una solidez objetiva de la moneda como en que ésta es objeto, casi desde su nacimiento, de una fuerte especulación en dólares.

Para escándalos más reales y estremecedores hay que considerar otros titulares de la prensa del día, como aquellos que hablan del recrudecimiento del SIDA y del repunte al alza del hambre en el mundo. África y Latinoamérica son nuestros escándalos globales. Allí imperan el hambre y la peste. Palestina, Irak y Afganistán son escándalos no menores. Allí se enseñorean la guerra y el abuso.

¿Qué puede ser más escandaloso que el imperio de los jinetes del Apocalipsis por la acción o la omisión de los dueños de la tierra?

18 noviembre, 2003

Jesús Delgado, periodista de raza

Todo son malas noticias en este otoño casi intransitable, en este malhadado noviembre en el que la realidad parece tener un componente de pesadilla recidivante. Pero hoy no me voy a referir ni a la visita de Bush a Gran Bretaña, ni a los resultados de las elecciones catalanas, ni al cinismo israelí, que engloba bajo el estigma del antisemitismo el rechazo a su comportamiento criminal con el pueblo palestino.

Hoy quiero referirme a una ausencia, la del compañero periodista Jesús Delgado, que murió ayer, a los 81 años, en plena juventud del espíritu. Siempre pensé que superaría ampliamente los noventa años y que lo haría con la apariencia vital y casi juvenil con la que atravesó las últimas décadas, ejerciendo su profesión hasta el final (hace apenas un mes envió su última crónica a "El País"), pero el cáncer es un enemigo larvado que en muchos casos sólo evidencia su mortal designio cuando ya es invencible.

Delgado era un periodista de raza, expresión con la que pretendo designar una actitud vital caracterizada por la indesmayable curiosidad por todo lo humano, la vocación de certidumbre, la apertura de miras, la independencia y la voluntad de mejorar la sociedad. No era periodista a tiempo parcial. Lo era todo el tiempo. Supongo que incluso dormido.

Periodista de provincias -y de una provincia de tradición especialmente estreñida y reaccionaria como Cantabria- quiso y supo exceder ese marco limitado y limitante para -sin levar el ancla de su tierra- ejercer su inquisitivo magisterio en variados escenarios extranjeros, ayudado por su poliglosia, tan necesaria para un periodista y, paradójicamente, tan ausente en muchos casos, no sólo en aquellos tiempos oscuros del franquismo sino también en el presente.

Jesús hizo de sí mismo un valioso referente nacional del reporterismo en los tiempo más difíciles y mantuvo su independencia aún a costa de asumir riesgos, rupturas y desafíos que el resto de la profesión consideraba imprudentes y llegó a atribuir a una arrogancia que, por cierto, nunca le caracterizó, pese a su obvia superioridad sobre un entorno de mediocridad y sumisión.

Durante los años -no muchos- en los que ejercí el periodismo de calle me gustaba coincidir con él y observarle e incluso imitarle. De él aprendí, por ejemplo, que un periodista no debe conformarse nunca con la información limitada e interesada que se obtiene en una rueda de prensa y que iguala a todos los medios en el servilismo a un mensaje que les instrumenta para llegar a un público que, si pudiera, pediría información suplementaria sobre aspectos más o menos soslayados o ignorados. Él casi siempre hacía un aparte con el protagonista tras la conclusión de la "ceremonia" y seguía preguntándole. Así lograba información suplementaria que le permitía reenfocar su trabajo y evitar coincidir con los titulares "publicitarios" de los demás.

Inquieto, dinámico, apasionado, perspicaz, irónico, buen conocedor del género humano y -pese a los prejuicios ajenos- prudente, constructivo y dialogante, Jesús Delgado fue un ejemplo de periodista profesional que deberíamos tener como referencia permanente cuantos nos dedicamos a este ejercicio mercenario, complejo y sutil del que nunca ha desaparecido la censura y sobre el que con frecuencia recaen presiones intolerables.

07 noviembre, 2003

Hacia "un mundo feliz"

En la línea de progreso sistemático que la sociedad española ha emprendido de la mano de ese caudillo bigotudo, autosatisfecho e inflexible al que el clarividente pueblo español decidió un día entregar la mayoría absoluta hay que apuntar recientes "avances" destinados a convertir esta sociedad en el mejor de los mundos.

Ayer, por ejemplo, se aprobó una radical reforma del Código Penal (ya reformado hace ocho años contra el criterio del PP) elaborada desde una filosofía exclusivamente policial y carcelaria, carente de toda consideración sociológica sobre las causas de la criminalidad o la rehabilitación del delincuente. Un Código Penal estrictamente represivo que, sin duda, dará lugar a prácticas escasamente democráticas.

Ayer también entró en vigor una ley que pretende regular el confuso magma que es Internet y entre cuyos "avances" hay que registrar la corrección de una sabia normativa anterior que prohibía el envío via email de publicidad no solicitada. Ahora, cualquiera que tenga nuestra dirección de correo electrónico, porque le hemos comprado algo o hecho alguna consulta, podrá bombardearnos impunemente, dando por sentado que sus ofertas nos interesan. Por supuesto, cualquier otro que se haya hecho con nuestros datos por medios menos convencionales podrá hacer lo mismo. Estupendo.

Pero existe un reciente "avance", quizás más inquietante y transcendental, del que el Gobierno de este país ha sido motor entusiasta: el fin de la moratoria que la UE impuso sobre la comercialización de los productos transgénicos. En mayo, España (o sea, ellos) pedía, junto a otros cinco países europeos, el fin de la moratoria. A principios de julio y casi de tapadillo la UE acordó su final y ahora (a partir de hoy mismo, si no me equivoco) esa decisión es efectiva.

La aprobación de la UE, significativamente, se producía pocos días después de la magna operación de marketing de los transgénicos que Estados Unidos escenificó en la ciudad de Sacramento ante 120 ministros de todo el planeta. Antes de esto, por cierto, Washington había denunciado ante la Organización Mundial del Comercio la moratoria europea. Si añadimos que Estados Unidos subvenciona impunemente su agricultura tendremos una idea aproximada de hasta dónde llega el chuleo yanqui y la sumisión europea. Too much, son.

Dado que el tema de los transgénicos ya ha sido tratado en dos ocasiones en LA ESPIRAL no haré más largo el comentario. He aquí los enlaces a esos artículos (en el del 3 de julio se proporcionan otros enlaces para tener una visión más completa de las implicaciones de este "avance"):

El contubernio de Sacramento (junio, 25).

La sumisión europea (julio, 3).

Como reza el dicho, no te digo que te vistas pero ahí tienes la ropa. Por mi parte, con etiquetaje o no, simplemente no trago.

Con su pan (de trigo transgénico) se lo coman.

06 noviembre, 2003

La 'iraquización'

Quien haya pensado que los paralelismos que vengo estableciendo entre la evolución de la aventura iraquí de Estados Unidos y el precedente-fiasco de Vietnam son meras gratuidades o ingenuo "wishful thinking" tal vez tenga a bien considerar las últimas novedades.

De entrada, EE UU anuncia la retirada de una de las cuatro divisiones que ahora tiene en Irak (30.000 soldados). Se dice que tal decisión está motivada por la próxima incorporación de efectivos internacionales, pero la causa real (de la retirada y de la llegada de tropas internacionales) está localizada más bien en la opinión pública norteamericana, cada vez más convencida de que la guerra y ocupación de Irak ha sido un error y de que no se debe persistir en él. Bush no quiere perder las próximas elecciones y actúa en consecuencia.

A ello hay que añadir que el virrey estadounidense de Irak, un tal Bremer, apoya con creciente entusiasmo la creación de una fuerza paramilitar de unos 170.000 iraquíes (número de efectivos casi igual al de las fuerzas de ocupación) para combatir a la resistencia. Y si Bremer lo apoya -supuestamente a instancias del Consejo de Gobierno/Títere iraquí- es que Bush lo ha aprobado ya.

Y no es la madurez del pueblo iraquí y mucho menos la ausencia de violencia lo que avala la aceleración que Estados Unidos quiere imprimir al proceso de "normalización" de Irak. Es la evidencia de que, tras ganar fácilmente la guerra, están perdiendo día a día la paz. O sea, en realidad están perdiendo la guerra, su segunda fase, que empezó justamente el día en que la toma de Bagdad, donde supuestamente Sadam iba a resistir hasta la muerte, se transformó en un desconcertante paseo triunfal.

Quienes conozcan un poco la historia del conflicto que durante más de quince años se desarrolló en Vietnam tras la derrota y abandono de los franceses quizás recuerden el término "vietnamización", eufemismo con el que se designó la progresiva retirada estadounidense (es decir, la admisión de la derrota). Completada la "vietnamización", o sea la puesta en las manos exclusivas de Vietnam del Sur de su propia defensa, el régimen de Saigón se derrumbó como un castillo de naipes y los pocos norteamericanos que quedaban en misiones de asesoramiento e inteligencia salieron de naja con el rabo entre las piernas, humillados, contritos y con justificadísima mala conciencia.

Bien, pues parece que las bravas tropas del Tío Sam van a seguir el mismo camino que en Vietnam, pero de un modo mucho más rápido y vergonzoso. Ha llegado la hora de la "iraquización". Se pretende que efectivos nativos hagan el trabajo sucio. Conscientemente o no, se quiere convertir una ocupación militar ilegal, enfrentada a una guerrilla cada vez más virulenta y omnipresente, en una guerra civil o, por lo menos, transformar Irak en una especie de Colombia del Oriente Próximo.

Es el principio del fin, independientemente de lo próximo o lejano que el fin esté.

04 noviembre, 2003

Papanatismo

Ni por un momento me voy a parar a hacer consideraciones mínimamente serias sobre la presunta transcendencia del anuncio del noviazgo de Felipe de Borbón con una periodista asturiana llamada Letizia (con zeta, como si fuese italiana, que se puso ella misma). Lo que más me ha llamado la atención -y no para bien- de este asunto, situado a caballo entre el llamado "periodismo del corazón" (si se le puede llamar periodismo, que no) y la política de Estado, es la abrumadora explosión de papanatismo que lo ha saludado.

No es que se pueda esperar gran cosa de una sociedad que se pasa horas "espiando" a un grupo de jóvenes autosecuestrados en una casa con el propósito de hacerse famosos y poder hablar luego de lo divino y de lo humano en cualquier putiferio televisivo. Y además cobrar. No.

Pero el problema no reside tanto en la sociedad española, que, como toda comunidad humana, tiene humanísimos defectos, como en el festival mediático orquestado de inmediato y que tiene como consecuencia entontecer al personal aún más de lo que pueda estarlo, desviando su atención de contingencias mucho más importantes, cosa que ni siquiera se hace con ese nefasto propósito, sino con el de barrer en los índices de audiencia y recaudar fortunas en concepto de publicidad.

El noviazgo principesco, en este contexto, supone una mina de oro. Anoche mismo Tele 5 ponía el grito en el cielo por el retraso deliberado de TVE en pasarle las imágenes de la autopresentación de la pareja, que debería haberle servido con la mayor diligencia, como estaba pactado. En lugar de hacerlo, TelePP se adjudicó la exclusiva y sólo después de haber difundido las imágenes se las transfirió a Telechicho, transformando de este modo un medio público en un competidor desleal.

El hecho es revelador de la ansiedad que ha creado en los "media" españoles la novedad palaciega, que una ínclita comunicadora televisiva calificó alegremente como la "noticia del siglo".

Pero no es ésto lo peor ni lo más revelador. Lo peor es la ingente producción de espesa baba extasiada que destilan las informaciones y comentarios sobre el celebrado noviazgo. Con el morbo añadido de que la futura princesa y acaso reina es divorciada e hija de divorciados. ¿Por qué Letizia sí y la Sartorius no?, se preguntan las comadres de todos los sexos.

Así nos luce el pelo.

P. S.: "Inteligente, agnóstica y ambiciosa", dice alguien hoy en un periódico que es la futura reina de España. Interesante.

30 octubre, 2003

Aznar y las ideologías

"Los pobres de América Latina no necesitan ideologías, sino acceso a la propiedad privada, oportunidades y posibilidades de prosperidad". Esta joya de la lógica cartesiana es obra del sutil orfebre de la teoría política llamado José María Aznar, que anda de nuevo por las Américas predicando las excelencias de la globalización y recitando el catecismo desideologizador de la rancia doctrina que se ha dado en llamar "neoconservadurismo".

La mostrenca frasecita la soltó ayer el presidente (del Gobierno español) en las barbas trémulas del presidente (de la república) de Brasil, "Lula" da Silva. Imagino que fue en algún momento en que, llevado por el entusiasmo "neocons" (tradúzcase la abreviatura al francés para que adquiera todo su sentido) se salió del discurso para perder proféticamente la mirada en el infinito.

En cualquier caso, pese al trance, resulta imperdonable la emisión de tal sofisma por parte del presidente de un "think tank" (depósito de pensamiento) tan prometedor como la FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), a la que Aznar piensa dedicarse en cuerpo y alma cuando salga de La Moncloa, en un esfuerzo por pasar a la historia como el hombre que demostró que no hay vida más allá de la derecha (alias "centro político").

Lo cierto es que no habría ideologías si no hubiera intolerables e inhumanas carencias e imperfecciones sociales. Nadie habría dicho "la propiedad privada es un robo" o "la tierra para quien la trabaja" si el acceso a la propiedad y sus consecuencias vitales (la alimentación, por ejemplo) estuviesen garantizadas.

Los pobres de América Latina -y los que no lo son- se habrán quedado boquiabiertos ante la gratuidad de la afirmación aznariana, pero a los más despiertos les habrá quedado claro desde qué ideología se predica contra las ideologías y se largan falacias demagógicas como la que glosamos.

Y es que la cabra siempre tira al monte.