12 junio, 2006

Hacia el fin de la 'Galaxia Gutenberg' (III)


Fundamentalmente dos factores conspiran contra la posibilidad de que la prensa pueda reconducir la situación y mantener el favor del público: la tecnología y la demografía. El replanteamiento que, tímidamente, se está realizando en los tiempos más recientes debería haberse iniciado hace veinte años para poder llegar al presente en condiciones más sólidas de supervivencia. Las prospectivas ya apuntaban entonces hacia los peligros que ahora son evidentes.

La reacción de la prensa ante la revolución digital ha sido lenta, torpe e insuficiente. Inicialmente negó el riesgo y menospreció las inmensas posibilidades que habían comenzado a apuntarse en internet. Por si acaso, sin embargo, no tardó en tomar posiciones en ese mercado, pero cometió el error de convertir sus cabeceras digitales en una copia servil de los contenidos en papel y en una adaptación plana de los mismos planteamientos informativos, compitiendo consigo misma y perdiendo simultáneamente la batalla frente a contenidos más dispersos, pero más dinámicos, participativos y críticos. Perdió de ese modo la oportunidad de convertir sus webs en medios complementarios que sirvieran como anzuelo para captar nuevos lectores, en lugar de generar el efecto contrario.

La respuesta de la prensa al imperio de la televisión y a la amenaza creciente de internet sólo en los últimos tiempos -demasiado tarde- ha implicado una revisión de los conceptos ‘históricos’ del oficio. Al desafío televisivo se responde fundamentalmente a través de rediseños que acentúan la presencia gráfica en perjuicio del contenido textual (y hay que decir que raramente se dispone de una fotografía tan buena que lo justifique) y enfatizan las infografías, que si están bien concebidas hacen casi inútil el texto y si no, son rellenos gratuitos. El uso del color y la inserción de cuadros de datos y tablas estadísticas es otro de los recursos que se están generalizando. El énfasis en lo visual, cuando es equilibrado, puede ser útil, pero es manifiestamente insuficiente, cuando no contradictorio.

En cuanto a lo conceptual, se trata -con éxito relativo- de reducir la información política a su mínima expresión, de acuerdo con estudios de mercado que detectan el desinterés de los lectores hacia esta parcela informativa. Se prescinde del factor coyuntural que puede haber condicionado el resultado de las encuestas (el interés por la política decrece en situaciones de estabilidad y aumenta exponencialmente en las conflictivas). Asimismo se evita entrar en profundidad en el tipo de información política que es rechazada. Es evidente que el periodismo declarativo, literalmente servil a lo que dice uno u otro, aburre y harta a la inmensa mayoría. Es reiterativo, anodino e incluso indignante, en la medida en que los políticos se sirven de los medios como arma propagandística.

¿Subsistiría el rechazo si tales informaciones fuesen sustituidas por una buena crónica que uniera el análisis al relato de los hechos y los dichos?

Se intenta igualmente revitalizar dos géneros que durante largos años han estado casi en un total olvido: el reportaje y la entrevista. No cabe dudar de que todo lo que aumente la calidad literaria y el interés humano de los contenidos periodísticos es un paso en la buena dirección, pero en este terreno no faltan serias dificultades para alcanzar resultados satisfactorios: una de ellas es la ya referida burocratización notarial de los profesionales; la otra es el tamaño reducido de muchas redacciones. Conceder tres días a un redactor para que prepare y realice un trabajo complejo y laborioso es un 'no-no' casi seguro en términos de ‘rentabilidad’ para la prensa diaria.

Nada ha conseguido hasta ahora reactivar a los diarios. Las generaciones con edades comprendidas entre los 18 y los 40 años no se dejan seducir por los cantos de sirena de una prensa esclerótica que está haciéndose adicta a la cirugía plástica. Frente a ella, Internet alienta un fenómeno creciente de participación en la información que se ha dado en llamar ‘periodismo ciudadano’ o ‘periodismo 3.0’. Ha nacido en la red y ese es su medio natural y lógico. Su trasplante a los diarios es por un lado impracticable y por otro inverosímil. La frescura y espontaneidad de un medio de publicación libre, instantáneo e intertextual no se pueden clonar sobre el papel prensa. La alternativa democrática de la información ha nacido y está aquí para quedarse.

¿Hincará sus frágiles rodillas en tierra la prensa convencional? ¿Podrá llegar a levantar cabeza generando respuestas al vértigo acelerado de la tecnología y a la caducidad previsible de las generaciones que le son fieles?

Continuará.

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