07 abril, 2005

Patético Rajoy

He aquí dos ejemplos expresivos de lo que Rajoy considera que es ejercer la oposición con inteligencia, finura y ausencia de visceralidad, tal como reclamaba hace unos días a su partido, a raíz de la difusión del vídeo-bodrio-panfleto de la FAES, que es descrito por su amanuense como un documental (¡) y considerado por la esposa del autor intelectual como un “relato ordenado de los hechos” (¡¡¡):

1) “Ya ni siquiera reclamo que sea usted competente. Tampoco le pido que sea serio, porque parecería un reclamo imposible. Lo que le ruego encarecidamente es que, por lo menos, cuando ejerza usted como nuestro representante, recuerde usted que es español”.
2) "A no hacer nada con buen talante lo llama diálogo de civilizaciones; a la venta de armas, pasión por la paz; a disfrazar la realidad para engañar a los españoles lo llama progreso. Es natural que a vender los intereses de España por un plato de fotografías lo llame europeísmo”.

Estos párrafos ‘de oro’ están extraídos de la diatriba que el jefe de la oposición dirigió ayer en el Congreso contra el presidente del Gobierno en relación con los acuerdos alcanzados en la reunión del último Consejo Europeo, que, entre otras cosas, decidió poner fin al Plan de Estabilidad, aquel que le permitió a Aznar pavonearse con su superávit presupuestario y reclamar sanciones para Francia y Alemania por incumplirlo.

En la lectura de ambas muestras se puede detectar las siguientes acusaciones-insultos: incompetente, frívolo o superficial, antipatriota, inoperante, cínico sin escrúpulos, farsante, vendido o vendepatrias y ególatra o narcisista. Como muestra de un discurso inteligente, fino y cerebral no tiene precio. Se dice que Aznar ha renunciado a realizar la secuela de vídeo-libelos que proyectaba. A cambio -y mucho más barato- parece decidido a promocionar la intoxicación, el insulto y la chulería desgarrada en sede parlamentaria. Todo un progreso.

Cuando en la anterior ‘Espiral’ me cuestionaba la sinceridad del propósito de Rajoy de reconducir el estilo de hacer oposición del PP y, más allá de eso, la viabilidad de tal objetivo, no imaginaba que la respuesta a mis razonables dudas llegase tan pronto y por boca del propio sedicente “centrista reformista”. No cabe una contradicción tan inmediata ni en términos tan expresivos como la perpetrada ayer por el jefe de la oposición. De ello sólo pueden deducirse dos hipótesis, a cual más negativa: o Rajoy mentía al exponer tal meta o su partido (quien realmente lo dirige, quiero decir) le ha forzado a desdecirse.

El jefe de la oposición resulta a estas alturas un personaje patético, paralizado entre el querer y el no poder. Rehén de Aznar, que sus razones tendría para ‘digitalizarle’ como sucesor, y escoltado estrechamente por dos 'triunviros' que son la antítesis de lo que él dice ser, nadie sabe si viene o si va, si sube o si baja, si entra o si sale. Nadie sabe de qué va. Y es de temer que él tampoco. Aunque hay que admitir, a fuer de sinceridad, que nadie lo supo nunca.

Lo único evidente en Rajoy es que siente una pasión irrefrenable por el poder y que es lo suficientemente pragmático (por utilizar un eufemismo piadoso) como para orientar su vela a favor del viento dominante. Patético, ya digo.


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