Comentarios sobre la actualidad, reflexiones sobre la deriva histórica que nos conduce hacia viejas pesadillas y cualquier otra cosa que considere de interés.
06 octubre, 2011
Zapatero cierra el círculo con una traición
Por si faltasen evidencias acerca de la cesión de soberanía que España viene asumiendo como consecuencia de la crisis económica, ahora, al final de una legislatura agónica, surge la guinda que corona un pastel amargo e indigerible y que es totalmente ajena a la economía: Zapatero no sólo acepta el escudo antimisiles que rechazaba en 2001, cuando Aznar lo avalaba, sino que aprueba, como consecuencia, un aumento muy notable de la presencia militar estadounidense en España: cuatro destructores y 1,400 militares, un total de 3.400 personas. .
Tal decisión ha sido tomada deliberadamente a espaldas del Parlamento español. El momento elegido, con la legislatura concluida, no tiene nada de casual. Y no se trata de que exista temor alguno a que no se apruebe (la medida ha sido consensuada con el PP). De lo que se trata es de hurtar al debate un asunto crucial, que altera el statu quo vigente, y cuya transcendencia es absurdamente minimizada por nuestro patético presidente. Según Zapatero, la regresión que supone este aumento de la presencia militar estadounidense no implica la colaboración con futuras operaciones de ataque como las de Irak o Afganistán. El escudo antimisiles, según este falso ingenuo, tiene un carácter "disuasorio y defensivo" y como consecuencia "no va contra nadie".
El engendro estratégico denominado escudo antimisiles tiene una larga historia. Ya en los años 80 Reagan amenazó con establecerlo, pese a que un claudicante y obviamente sincero Gorbachov le explicó hasta la saciedad en Reikiavik (1986) que nada estaba más lejos de los propósitos de la URSS que seguir alimentando la carrera armamentística, dadas las proporciones caóticas de su situación económica. Años más tarde, bajo la influencia de Donald Rumsfeld, un 'halcón' vinculado a los intereses de la gigantesca industria armamentística y enquistado en el poder desde los tiempos de Nixon, fue resucitado por George W. Bush en 2001. La mayoría de los países que debían 'sostener' el escudo lo rechazaron entonces, pues lo veían como una reactivación de la carrera armamentística.
Aunque es Rusia la más preocupada -y también indignada- por la sorpresiva escalada, Estados Unidos y su vergonzante apéndice europeo, la OTAN, insisten en asegurar que la iniciativa tiene como fin la prevención de posibles ataques por parte de los 'estados canallas' ('rogue states', según la terminología del Pentágono), entre los que destacan por su supuesta capacidad ofensiva Irán y Corea del Norte. Ninguno de ellos, sin embargo, tiene ni tendrá en mucho tiempo la tecnología necesaria para amenazar los objetivos que el escudo europeo dice defender. La implantación del 'escudo' en Polonia, República Checa, Rumanía o Turquía, países fronterizos con Rusia, deja poco lugar a dudas sobre su finalidad.
Si como se suele decir no hay mejor defensa que un buen ataque, no es menos cierto que no hay mejor ataque que aquel que neutraliza la respuesta previsible, el contraataque. El carácter disuasorio que Zapatero atribuye a este rearme, que "no va contra nadie" y al que España va a contribuir sin pasar el lógico trámite parlamentario se cae por su propio peso. La posibilidad de atacar impunemente es una tentación diabólica, difícil de resistir para quienes se han empeñado en regir en su propio interés el llamado nuevo orden internacional.
Para España este compromiso supone un nuevo paso en la dirección equivocada, un retroceso abismal, una sumisión que reduce aún más drásticamente la soberanía nacional, puesta en cuestión más allá de todo lo previsible por la crisis económica y los dictados exteriores en relación con ella. En cuanto a Zapatero, no se puede cerrar el círculo de una manera más contradictoria y patética. El hombre que empezó su andadura retirando las tropas españolas en Irak en respuesta al clamor popular -aunque aumentando la participación militar en Afganistán- se rinde ahora a los intereses estratégicos de Estados Unidos en un gesto que se nos quiere vender como una mayor implicación de Europa en su autodefensa.
"¡No nos defraudes!", le gritaban los jóvenes que se habían echado a la calle contra la guerra de Irak primero y contra la gigantesca mentira del PP sobre la autoría del ataque terrorista 11-M en vísperas electorales. "No lo haré", respondía él. Lo que ha hecho finalmente es más que un fraude, ha consumado algo mucho peor: una traición.
12 mayo, 2010
Breve
Obama ‘presiona’ a Zapatero.- Puede que no sea una ingerencia impropia (o tal vez sí) que Obama anime a Zapatero a adoptar "acciones resolutivas" frente a la crisis, especialmente poco antes de que éste anuncie tales medidas en el Congreso. Puede que tales medidas impopulares -o mejor, antipopulares- precisen (o no) el apoyo del presidente del país de los asaltantes de mercados. Nos habría gustado saber que, en justa respuesta, Zapatero hubiera animado a su animador a sacar adelante de una vez las medidas de control financiero que todo el mundo está esperando. Parece que de lo que se trata es de ganar tiempo, de que los estados más débiles mejoren su situación, para hacer creer que las medidas destinadas a evitar otra crisis como esta ya no son necesarias. Y esto es demasiado grave como para andarse con engañifas y paños calientes. La culpa todos sabemos quienes la tienen, lo mismo que sabemos que los culpables persisten impunemente en sus costumbres devastadoras.
16 mayo, 2009
El PP, sin liderazgo
Los 23 puntos de diferencia que el Centro de Investigaciones Sociológicas apunta a favor del presidente del Gobierno son menos de los habituales, pero confirman, sin relativización posible, la falta de liderazgo en la derecha y, lo que es peor, la elección por parte del PP de una estrategia equivocada, que además es la de siempre: la tunda.
No importa el temario y apenas importa la argumentación que Zapatero formule. De lo que se trata es de darle más palos que a una estera y presentarlo como un torpe, un inútil, un irresponsable y -por supuesto- como un mentiroso (por aquello del "llámaselo antes de que te lo llame" con mayor motivo).
Aparentemente Rajoy y sus asesores han decidido ignorar las abundantes evidencias acumuladas de que ese no es el camino y han afrontado el debate sobre el estado de la nación como la ocasión idónea, crisis económica mediante, para clavar todas las agujas disponibles en el muñeco de vudú en que han decidido convertir al presidente del Gobierno, su bestia negra, el hombre que -según su versión para fieles creyentes- les echó de La Moncloa con malas artes.
Tras achacarle durante meses la responsabilidad de una crisis económica, que hasta el menos informado de los españoles sabe que es global (las noticias que se publican hoy sobre las economías de la zona euro son irrefutables al respecto), ahora le atribuyen la falta de medidas para combatirla y le exigen una rectificación, evocando la realizada en su día respecto a la política antiterrorista, como si ésta se hubiera realizado a instancias del PP y no como consecuencia del atentado contra la T4 de Barajas, que se saldó con dos muertes y abortó abruptamente toda posibilidad de diálogo.
Es inútil. Con todos sus defectos o carencias, Zapatero acumula frente a Rajoy un plus de credibilidad y responsabilidad que éste se ha mostrado incapaz de invertir, pese a (o a causa de) todas las truculencias, intoxicaciones y mentiras rampantes acumuladas durante más de cinco años.
Para colmo, la postura de Rajoy y su cúpula respecto al 'affaire' de los trajes de Camps y de su 'numero 2' en la Comunidad Valenciana pone de manifiesto, a la vista de todos, propìos y extraños, la existencia de un doble rasero a la hora de tratar a unos u otros imputados en el vistoso 'caso Correa', según quién sea y dónde esté el presunto réprobo. Si está en Madrid y no ocupa un cargo muy sensible se le suspende de militancia; si está en Valencia y es la cabeza visible en el partido y en el poder político se le cubre bajo el púdico manto de la presunción de inocencia e incluso se sugiere piadosamente su martirologio.
Ahora ya no es Garzón. Ya no se puede interponer como objeción invalidante la supuesta "enemistad manifiesta del juez"; ahora el ministro conspirador con el que el juez coincidió en una cacería ha dimitido, dando un ejemplo del que el PP no ha tomado ni tomará nunca nota. La imputación está confirmada. ¿Cuál es el obstáculo para que se rinda a los ciudadanos el respeto debido? El interés partidista. Rajoy no quiere que al deterioro del potencial electoral del PP en Madrid se sume el de la Comunidad Valenciana. Ambos son los bastiones fundamentales del partido.
Que la corrupción política indigna a los ciudadanos y que esa indignación crece hasta la exasperación en unas dramáticas circunstancias de crisis económica a Rajoy y a los suyos les tiene sin cuidado. Ellos parecen seguir confiando, ahora más allá de lo razonable, en que ese 'totum revolutum' de ultraderecha, derecha y centro-derecha que les ha venido apoyando indesmayablemente en las urnas siga haciéndolo aunque caigan chuzos de punta.
Mientras tanto, las ambiciones frustradas de Rosa Díez, en su día candidata a la secretaría general del PSOE y hoy cabeza visible de una opción centrista, se refocilan ante la perspectiva de que su pequeña pero 'prometedora' UPyD se convierta en banderín de enganche para una legión de militantes del PP crecientemente hartos de caminar hacia ninguna parte dirigidos por alguien que, en su empeño por conciliar contrarios, ya no sabe ni quién es ni cómo ir a donde se supone que quiere llegar.
¿Lo sabe UPyD? A la vista de este video de autopromoción nadie lo diría.
18 mayo, 2008
¿Arde la Casa del PP?

Está la cosa que arde en el Partido Popular. Parece
María San Gil le mira a los ojos a Rajoy y le dice, sin pestañear, que no confía en su liderazgo; Mayor Oreja, regresado del frío europeo, la apoya sin condiciones; Esperanza Aguirre, también, y además, con su característico desparpajo, le espeta al padre de la criatura (Fraga, que no le hizo ni caso) que “ya le explicará” las declaraciones en las que afirmó que ella es conflictiva; la señora de Aznar se suma al panegírico de
Si más arriba califiqué de “supuestos” los motivos ideológicos que aducen los disidentes para justificar su postura es porque tales razones son totalmente irreales. Nadie quiere tocar ninguna esencia ideológica -por otra parte convenientemente indefinida- del PP y nadie, además, sabe en qué consiste el “alma” del partido que -se dice- María San Gil representa.
Lo que está en juego, como siempre en política, es el poder. Y más concretamente el poder personal de algunos que ahora lo tienen en el partido y temen perderlo. Su temor es razonable. Después de asistir a la defenestración de Acebes y Zaplana, halcones aznarianos que ‘secuestraron’ y condicionaron a Rajoy durante toda la pasada legislatura, quedan pocas dudas de que la reconducción que el presidente del partido se ha propuesto pasa por una ‘limpia’ de aznaristas (por llamarles de algún modo) irreductibles.
El PP eludió tras la derrota de 2004 asomarse al vacío, analizar las causas del fiasco electoral y revisar el rumbo. La soberbia de Aznar tiene mucho que ver en ello. Él ya había trazado las líneas maestras de su autodefensa ante la historia y, con toda la influencia de que era capaz (que fue y sigue siendo considerable), antepuso esa estrategia a cualquier análisis prospectivo acerca de qué era lo más adecuado para el partido.
Con
Nada más lejos de la realidad. La estrategia del desgarro y la indecencia movilizó, por segunda vez consecutiva, a la izquierda sociológica, gran parte de la cual no siente ningún entusiasmo por Zapatero pero se dice a sí misma que “antes que 'este' PP, el diluvio”. Asimismo provocó el voto de castigo de las comunidades con mayor incidencia nacionalista. Hasta el más tonto y empecinado de los dirigentes del PP sabe -ahora, definitivamente- que ese no es el camino.
Quienes ven su destino político en peligro insisten en negar tales evidencias y en defender la línea ‘absolutista’ de la era dorada (2000-2004). Por una parte suponen que eso salva su presunción de buena fe; por otra, saben que entre los votantes esos planteamientos tienen bastante arraigo, gracias al martilleo mediático. Pero el motivo fundamental de que mantengan esa actitud es que confían en que la presión lleve a Rajoy y su entorno a una solución de compromiso que ponga a salvo sus preciadas y amenazadas cabezas.
El problema al que se enfrentan para lograr tal propósito es que, tras la larga marcha de la pasada legislatura como jefe de la oposición, a uña de caballo, espoleado y ‘dirigido’ por quienes ahora se le enfrentan, Rajoy parece haber aprendido una valiosa lección: la importancia de decir simplemente no. Si Aznar le instrumentó al servicio de su particular revancha y su personal estrategia, él parece creer llegada la hora del desmantelamiento de una línea de actuación política con la que no sólo no se identifica, sino que juzga negativa para el partido.
¿Puede un personaje patético, como Rajoy lo ha sido durante la pasada legislatura, trasmutarse en un personaje heroico? Existen motivos para albergar serias dudas al respecto y las más importantes no proceden de consideraciones acerca de su carácter personal, definido como conciliador e incluso como ‘blando’, sino de la cantidad, calidad y firmeza de sus apoyos.
Las espadas están en alto. Dentro de un mes tendremos la oportunidad de ver de qué lado se abaten, si tienen vocación fratricida o van a moverse dentro de las reglas deportivas de la esgrima. Tal vez la casa no arda. Quizás sólo estamos asistiendo a fuegos de artificio.
Todos saben en el PP que en junio se la juegan y todos sabemos que a la derecha no le gusta lo más mínimo jugársela.
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02 febrero, 2008
El desafío integrista
(Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal, punto 62, 23 de noviembre de 2006)
ANTÍTESIS: La vida política, social y privada de los ciudadanos no es competencia de las confesiones religiosas. Sus representantes no pueden ser intervencionistas ni beligerantes en materia política, social y privada. En esto precisamente consiste la aconfesionalidad sancionada por la Constitución de 1978 y la laicidad de las instituciones civiles.
SÍNTESIS: Imposible mientras haya confesiones que, de facto, niegan la autonomía de los ciudadanos y de sus representantes democráticos a través de una sistemática y beligerante intromisión en asuntos públicos que exceden su función espiritual y tratan de favorecer a opciones políticas concretas.
Cuando la síntesis es imposible parece prudente admitir que hay un conflicto abierto. Al igual que el islamismo radical, la jerarquía eclesial católica está anclada en un integrismo (ahora llamado fundamentalismo sólo en lo relativo al islam) que, a fin de cuentas, pretende que las sociedades se rijan de acuerdo con las reglas de una tradición y unos principios religiosos y morales anclados en el siglo XVII, cuando la autoridad política lo era "por la gracia de Dios".
Se equivocan Zapatero y el PSOE intentando quitar hierro y poner paños calientes a una confrontación que ni siquiera en los tiempos de la República fue tan abierta, descarada, visceral e hipócrita como ahora mismo. Si anunciasen para la próxima legislatura el fin de los privilegios de la Iglesia -desproporcionados en relación a otras confesiones- los crecidos jerarcas volverían al cínico posibilismo que siempre les ha caracterizado y los votos cantarían lo que los españoles piensan en realidad del prepotente chantaje que ejerce una religión sin vocaciones y con una legión de adheridos no practicantes, salvo cuando se trata de los fastos de lo que las orquestas denominan la BBC (bodas, bautizos y comuniones).
Vanidad de vanidades,
como la capa de Cañizares.
caracterizados del 'bunker' eclesial presidió no hace mucho la ordenación
de dos sacerdotes de la congregación ultraconservadora italiana
‘Instituto de Cristo Sumo Sacerdote’. Todo un príncipe de la
Iglesia por la gracia de Dios, pero equivocado de siglo.
Nota de la Permanente episcopal ante las elecciones (texto íntegro)La Iglesia, en 'La Espiral': 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8
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10 diciembre, 2007
Otra falsa rectificación de Zapatero
El Partido Popular sigue empeñado en interpretar y pintar la realidad a mayor beneficio de sus intereses electorales con desprecio manifiesto de la verdad. Su objetivo único desde el principio de la legislatura es deteriorar la imagen de José Luis Rodríguez Zapatero. Y ahí siguen, inasequibles al desaliento, dibujando un panorama -que sólo ellos y sus leales ven-, en el que el presidente del Gobierno es un bobo solemne, un ingenuo incurable, un alegre improvisador o, lo que es peor, un maquiavélico personaje secretamente comprometido en la destrucción de España.Todo les sirve. Lo mismo les da un cuento de risa que uno de intriga o miedo. La última fabulación es obra de Jorge Moragas, secretario de Relaciones Internacionales del PP y 'campeón de las libertades', especialmente en lo que respecta a Cuba, que parece ser su obsesión, tal vez porque es la obsesión de Estados Unidos y el Partido Popular está, como se ha puesto de manifiesto en muchas ocasiones, incondicionalmente al servicio de la política de ese país. El 16 de Octubre de 2004 Moragas tuvo el 'honor' de ser expulsado desde el aeropuerto de La Habana, donde apareció con una inocua visa de turista y la secreta pretensión de entrevistarse con la oposición anticastrista. ¿Ingenuo o provocador? ¿Bobo o maquiavélico?
El caso es que, tras el acuerdo de reforzar aún más la cooperación contra ETA alcanzado ayer por Zapatero y Sarkozy, Moragas y su partido han decidido 'celebrar' que el presidente del Gobierno "rectifique una vez más" su política "errática" en la lucha contra ETA, apostando por la colaboración con Francia para derrotar a los terroristas y acercándose así, una vez más, a las lúcidas tesis de su partido. La frase textual de Moragas no tiene desperdicio como mentira impenitente: "Después de tres años de confundir a la opinión pública y a las propias fuerzas de seguridad del Estado, Zapatero se suma ahora a las posiciones del Partido Popular y habla de la derrota de ETA mientras exalta la figura de Sarkozy".
Pero aún hay más. La rectificación más flagrante del 'errático' Zapatero sería -según Moragas- que éste hizo campaña a favor de Ségoléne Royal en las elecciones presidenciales francesas, lo que -se supone- le identificaría como enemigo irrconciliable del presidente galo. Lo cierto, sin embargo, es que la 'campaña' de Zapatero se limitó a un mitin celebrado en Toulouse junto a la candidata del PSF en vísperas de la primera vuelta. Es falso de toda falsedad -contra lo que Moragas afirma- que el presidente del Gobierno español cuestionase en aquella ocasión el papel de Sarkozy, como ministro del Interior, en los disturbios de los grandes suburbios franceses.
Moragas es fiel, al igual que todo su partido, a la divisa "miente, que algo queda". La desmemoria popular ayuda a que algunas de esas mentiras lleguen a consolidarse, sobre todo en el ánimo de sus partidarios, como verdades incontestables. De cara al resto de la población, sin embargo, les ponen en evidencia como una opción absolutamente indeseable. El hecho de que un partido que perdió las elecciones en 2004 por mentir se haya empecinado en esa práctica indecente durante toda una legislatura es, para el conjunto de los ciudadanos, cualquier cosa menos una garantía de respeto a la democracia y a los demócratas.
Por supuesto, huelga decir que el PP nunca admitirá que Zapatero tuvo y tiene un considerable peso político en la política europea y más específicamente en la francesa; que Ségoléne fue apodada 'la Zapatera' (así, en español, claro), en la medida en que promovía un cambio de estilo y de política en su anquilosado partido; que Sarkozy llegó a reconocerle como "una de mis referencias"; que, dentro de la confrontación electoral, éste espetó a Royal que el presidente español estaba más de acuerdo con su política económica que con la suya... Y que mientras el ahora presidente galo fue ministro del Interior la cooperación antiterrorista y la cordialidad por ambas partes fue irreprochable.
Por cierto, ¿se imaginan a Sarkozy invitando a un mitin de campaña a Rajoy o a su predecesor?. No, ¿verdad? Con eso está todo dicho.
Foto de Jorge Moragas. EFE
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11 noviembre, 2007
Iberoamérica ya no es lo que era
Respecto al fondo de lo tratado y sucedido en la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Santiago de Chile, nos quedaríamos, una vez más, en la superficie si nos limitásemos a la glosa regocijada del contundente “¿Por qué no te callas?” espetado por el rey de España al presidente venezolano. No obstante, antes de entrar en materia, hay que subrayar que don Juan Carlos, con el apoyo incondicional del Gobierno, está sumergido en una enérgica campaña de imagen destinada a subrayar su papel como valedor de la unidad nacional y privilegiado representante del Estado a nivel internacional.
A este respecto cabe preguntarse si sus actuaciones destinadas a ese fin son las más adecuadas; si es el Rey el más indicado para hacer su propia defensa (1-10-2007); si fue imprescindible y prudente la reciente “histórica” visita a Ceuta y Melilla, que Marruecos interpreta como una provocación gratuita, o si increpar al presidente venezolano, tuteándole en un marco lingüístico en el que el ‘usted’ es de rigor, tiene en Iberoamérica el mismo efecto divertido que en España o si, por el contrario, refuerza la visión de España como una potencia imperialista que desde hace años se ha impuesto por aquellos pagos.
Desde que en 1991 se iniciaron en Guadalajara (México) las cumbres que se vienen realizando con periodicidad anual, el marco iberoamericano ha cambiado tanto que ya no lo reconoce ni su madre (en este caso la ‘Madre Patria’). La confrontación abierta con el intervencionismo estadounidense, la despolitización de las fuerzas armadas y el aumento de los gobiernos de izquierda o de progreso en diversos países conforman una variable de importancia extraordinaria y exigen un reenfoque de la política exterior española, un distanciamiento del paternalismo vacuo e incluso cínico que se ha venido practicando desde los tiempos de Felipe González y que llegó a su cénit con las descaradas injerencias de Aznar.
Que Chávez llame ‘fascista’ a Aznar no tiene nada de sorprendente. Se lo llama mucha gente dentro y fuera de España y el presidente venezolano tiene muchas razones personales para guardarle rencor, en la medida en que le atribuye complicidad directa con el golpe de estado de abril de 2002, encabezado por el presidente de la patronal venezolana y que mantuvo al presidente legítimo de Venezuela alejado del poder durante largas y azarosas horas, hasta que los golpistas, ante la respuesta popular, llegaron a la convicción de que se arriesgaban a una guerra civil y renunciaron a su propósito.
Cuando el rey intervino ayer fue, en alguna medida, supliendo la insuficiencia de la presidenta chilena como moderadora y expresando el sentir de muchos de los asistentes. Chávez interrumpía sistemáticamente a Zapatero cuando éste le reprobaba sus alusiones a Aznar (*). Fue Zapatero y no el rey quien defendió expresamente a Aznar en tanto que presidente democráticamente elegido por los españoles. Lamentablemente, ni Aznar ni la actuación de Chávez en este caso tienen buena defensa. Tampoco, pese a todo, la intervención real fue oportuna.
Singularmente, don Juan Carlos vuelve a convertirse en protagonista cuando, ante las alusiones del presidente nicaragüense Daniel Ortega al conflictivo papel de la eléctrica española Unión Fenosa y a la actuación de la embajada española en las elecciones en Nicaragua, abandona la reunión. Sólo una imperiosa urgencia biológica justificaría ese gesto. A no ser que haya necesidad imperiosa de eludir entrar en un debate al que el rey no es ajeno.
En la nueva coyuntura iberoamericana, como decíamos, España debe reenfocar su papel paternalista. Las multinacionales españolas no constituyen precisamente una buena publicidad para la política exterior española en la zona. La práctica del capitalismo salvaje en países que afrontan graves dificultades no facilita que las políticas oficiales de cooperación, por mucha que sea su generosidad (y no lo es), sean vistas como una ayuda valiosa o una compensación suficiente.
Esta ha sido, en cierta medida, un Cumbre Iberoamericana de ruptura. Los países que podríamos denominar como ‘no alineados’ (Venezuela, Bolivia y Nicaragua especialmente) han marcado distancias respecto a los que intentan conciliar sus políticas con las estrategias económicas neoliberales que prevalecen en la globalización (con Argentina, Brasil y Chile, en vanguardia). No es probable que se rompa el diálogo porque es conveniente y fructífero para todos. A España le corresponde ahora redefinir cuidadosamente su papel en una situación en la que empieza a ser vista como antes se veía, en un papel similar, a Estados Unidos.
(*) Merece la pena subrayar la ‘interpretación’ del PP en este contexto. Mientras Aznar ha expresado su agradecimiento al Rey y –excepcionalmente- a Zapatero por una defensa que él seguramente no habría hecho en circunstancias similares, el PP alaba al Rey y califica (ayer) de ‘pusilánime’ la actitud del Gobierno y atribuye (hoy) los hechos a las ‘amistades peligrosas’ de Zapatero. Menos mal que el timón del Estado no depende de la capacidad de análisis objetivo del Partido Popular porque si no el barco de España estaría a estas alturas en el fondo de la fosa de las Marianas.
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17 octubre, 2007
Despropósitos, aspavientos, mentiras y delirios

Hay que admitir que a la hora de escenificar aspavientos y despropósitos el Partido Popular es imbatible. Y últimamente están sembrados. Tras el númerito 'institucional' de Rajoy vía vídeo en plan "le roi c'est moi" sólo nos faltaba Mayor Oreja resucitando y rehabilitando al muerto.
"¿Cómo voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles?", se pregunta en una entrevista publicada en 'La Voz de Galicia' este demócrata de toda la vida. Naturalmente ni se le ocurre plantearse la ilegalidad de origen de la dictadura o el hecho de que el golpe de estado del 18 de julio no fue contra ningún régimen despótico sino contra una república legítima, regida por un Gobierno que tenía su origen en unas elecciones democráticas.
Para Mayor Oreja, la larga y brutal dictadura fue una Arcadia feliz, caracterizada por una "extraordinaria placidez" para aquel sector supuéstamente "muy amplio" de españoles. La paz de los grandes cementerios bajo la luna; la del exilio forzado; la de las prisiones atestadas; la de los juicios injustos, sumarísimos o no; la del silencio por decreto; la de la ley de vagos y maleantes; la del tribunal de orden público.
En el caso de Aznar, del que constan artículos publicados en los últimos años 70 en la prensa de
Decir que el PSOE, cuando él gobernaba, negoció simultáneamente con el PP y con ETA es mentir cínicamente y por partida múltiple. Tratándose de Aznar, lo habitual. Fue el PSOE quien propuso el pacto antiterrorista, que Aznar contempló en principio con reticencias y resistencia. Con bastante posterioridad (no simultáneamente), un miembro del PSE, Jesús Eguiguren, concluye de sus encuentros personales con miembros de Batasuna no sólo que el entorno radical abertzale está abierto al diálogo, sino que ETA podría declarar un alto el fuego e incluso abandonar las armas tras una presumiblemente larga negociación. Lo que se inicia entonces es un proceso de exploración mutua entre Batasuna (no ETA) y PSE (25 reuniones, se dice) que sólo cuando el PSOE llevaba dos años en el Gobierno (22 de marzo de 2006) conducen a la declaración de alto el fuego por parte de ETA. Si eso es simultaneidad, que baje dios y lo vea.
En cualquier caso, el diálogo con ETA, que al contrario del que mantuvo el Gobierno de Aznar no supuso ninguna contrapartida para la banda (el Gobierno del PP acercó presos a la península y, dentro de la península, al País Vasco), sigue siendo uno de los caballos de batalla en los que el PP funda su política de oposición.
Ayer, sin ir más lejos, el portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, aseguraba con su habitual rostro, aceitunado y pétreo, que Zapatero no está capacitado ni tiene legitimidad (¿legitimidad?) para afrontar el "desafío" que plantea Ibarretxe con su referéndum. "Después de todo lo que ha ocurrido esta legislatura, que ha sido una fábrica de independentistas, y de que se haya negociado con ETA, Zapatero no está en condiciones de hacer frente a este desafío", dijo el inefable.
Mientras Rajoy aseguraba que el presidente del Gobierno había hecho lo que él le había pedido, lo único que se puede hacer, Zaplana insistía en que “si hubiera voluntad inequívoca para frenar este desafío, el comportamiento sería radicalmente distinto". ¿Cuántos partidos hay en el PP para que sea posible que mientras su presidente se atribuye parte del mérito en la firmeza con que Zapatero le dice a Ibarretxe que no hay camino el portavoz constate tibieza e insuficiencia en la actuación presidencial?
También ayer, Zaplana consideró necesario salir en defensa de Mayor Oreja y, aunque aseguró que no había leído sus declaraciones (¡ !) aludió, cual si de perros se tratase, a su “pedigrí”, a su carácter de "demócrata de la cabeza a los pies" desde siempre, y cuya biografía es más "contundente" que cualquier declaración.
Dada su fe de intoxicador profesional en que no hay mejor defensa que un buen ataque ni arma más eficaz que una insidia, el hombre que está en política para “forrarse” dejó caer que “muchos de los que hoy se meten con nosotros no estaban en las filas de los que peleaban por la libertad (...) y tenían cargos públicos en la administración franquista".
¿Quiénes? Es inútil preguntar. Lo dice Zaplana y ya está. Es como cuando afirmó que Aznar nunca había asegurado la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. En media hora las ‘históricas’ grabaciones le estaban desmintiendo con contundencia más que suficiente como para desautorizar a un político y más al portavoz de un partido de por vida.
Para completar el cuadro, Ana Botella, esposa de Aznar y concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, insistió –sin nombrar a nadie, claro- en que era un hecho el pasado franquista tanto de miembros del PP como del PSOE (ella no fue franquista, por supuesto). Cualquiera, sin embargo, podría nombrar, a título meramente indicativo, a dos luminarias del franquismo que están en el PP y cuya relevancia es incomparable con la de cualquiera de los innombrables franquistas que supuestamente hay en el PSOE: el padre fundador, Manuel Fraga Iribarne, y el escurridizo y siempre sonriente Rodolfo Martín Villa. ¿Quién da más?
En cualquiera caso, ya puesta en modo disparate sobre la memoria histórica, la ex presidenta consorte comparó el 18 de julio de 1936 con la huelga minera asturiana de 1934 (bañada, por cierto, en sangre por Francisco Franco, entonces al servicio de
Esto es el delirio.
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03 octubre, 2007
Desventuras de un burro de noria llamado España
A medida que se aproxima la fecha electoral asistimos a un delirio progresivo, en el que, además del cansino juego de las ofertas y contraofertas programáticas, regresan los viejos fantasmas en torno a los cuales giramos permanentemente (nos hacen girar, para ser más preciso), cual burro de noria: la unidad de España y la forma de estado.
Paradójicamente, ni la unidad supuestamente amenazada ni el dilema monarquía/república les quitan el sueño a los españoles. Al menos, no todavía. De modo acaso intuitivo, o por simple sentido común, los ciudadanos, en su día a día, ignoran estas 'dramáticas' cuestiones y las sitúan en el terreno de las especulaciones políticas a las que tan dados son los profesionales de la representatividad y sus corifeos mediáticos, sin por ello representarnos de modo verosímil; ni a nosotros ni a nuestros problemas más reales y urgentes.
Si la ínfima minoría de acémilas que quema retratos de los reyes me causa una enorme repugnancia instintiva (me recuerdan a la incendiaria Inquisición, que a falta de reo lo quemaba en efigie), la untuosa beatería de algunos fiscales y de ciertos medios informativos en relación con esos gestos iconoclastas y simbólicos me provoca perplejidad y desasosiego. Son ellos los que dan a hechos irrelevantes e inscribibles en el marco de la libertad de expresión la dimensión transcendental que ansían quienes los patrocinan. ¿Se puede ser más estúpido?
El problema, sin embargo, es que en esa actitud, generalmente, no hay tanta estupidez (que la hay) como cinismo. Cuando personas con más de dos dedos de frente sobredimensionan hasta la caricatura realidades casi insignificantes están alentando deliberadamente el voto del miedo, el voto al PP, que es quien a lo largo de toda esta legislatura está empeñado en dibujar un cuadro tan caótico como irreal. Se trata de crear alarma de modo artificial, de afirmar que todo va muy mal, que España se rompe, que volvemos a las andadas (Aznar dixit) y que la causa es el Gobierno complaciente y errático de Zapatero.
Cuando Rajoy atribuye a la ‘frivolidad’ de Zapatero la insistencia de Ibarretxe en convocar referendos; cuando insiste en que se imponga a como dé lugar que la bandera de España ondee en todas las instituciones; cuando anuncia que propondrá una letra para el himno nacional que hable de la Monarquía queda claro en qué terreno se pretende deteriorar y derrotar al PSOE. Aparentemente, los anecdóticos ataques a la Corona también tendrían su origen en la nunca probada ‘debilidad’ del Gobierno. ¿El nacimiento del ‘plan Ibarretxe’ bajo un gobierno del PP se debía a la debilidad de estos incuestionables patriotas? La cosa sería de risa si no fuera tan penosa.
Ese es el juego diseñado. Miente que algo queda. Ya sólo faltaba el hierático bufón llamado Zaplana afirmando que la situación es tan grave como el 23-F para que el cuadro de patrioterismo delirante e indecente adquiera caracteres surrealistas. No cabe concebir un electoralismo de más baja estofa.
El paisaje nacional, sin embargo, no estaría completo si en él faltasen el risible Ibarretxe con su nuevo plan electorero y la falsa convicción de que la consulta que proyecta es legítima o la rampante demagogia que habitualmente exhibe ERC. Son gentes como ellos, con sus calculados delirios de economía electoral, los que contribuyen a alimentar las estrategias de tres al cuarto de quienes añoran aquella poética entelequia de la “unidad de destino en lo universal”, construida sobre el forzado silencio y el lavado de cerebro (el miedo, siempre el miedo) de la inmensa mayoría. Flaco favor le hacen a su propia causa, ¿pero quién se lo demandará?
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24 septiembre, 2007
137 muertos ¿por la paz?
137 miembros de las fuerzas armadas españolas han muerto en las denominadas 'misiones de paz' en el extranjero. La mayor parte de las víctimas lo fueron de accidentes, como el del Yak-42, que costó 62 vidas y puso en evidencia la falta de escrúpulos del Gobierno del PP, que recogió y repatrió sus restos de un modo absolutamente indecente e indigno.Hoy han caído dos soldados en Afganistán y otros tres han resultado heridos de gravedad, al parecer a causa de la explosión de una mina. Son muertos a la mayor gloria de Estados Unidos, tropas que están en Afganistán como consecuencia de la pertenencia de España a la OTAN (aunque más tarde la misión fue reconvertida en la ISAF, de la ONU) y cuyo número aumentó a raíz -y en servil compensación- de la retirada de Irak ordenada por Zapatero en cumplimiento de una promesa electoral. En definitiva, son tropas de la OTAN fuera del marco geográfico ‘lógico’ de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que no lo es del norte del Golfo Pérsico.
"Mantenemos nuestro compromiso de construir civil y militarmente el país y evitar que el terrorismo lo controle", ha declarado el ministro de Defensa, José Antonio Alonso. Qué filantrópico todo.
Lo cierto es que Afganistán es un problema muy particular de Estados Unidos, que, en su día, para derrotar periféricamente a la URSS y poner fin al régimen comunista de Najibullah, armó hasta los dientes a lo mujahidin y favoreció el predominio político-religioso de los talibán, desentendiéndose tras la retirada soviética del destino del país, que nunca ha sido una entidad nacional convencional sino una anarquía de taifas controlados por los señores de la guerra.
Fue la dejación estadounidense la que favoreció que Afganistán se convirtiese en una base segura y un ideal campo de entrenamiento del islamismo más radical. El nacimiento de Al Qaeda es el fruto específico de una estrategia carente de escrúpulos y casi totalmente ayuna de reflexión, que no ha hecho otra cosa que empeorar tras la invasión de Irak.
¿Debe España pagar las consecuencias de una política que su Gobierno parece no compartir y que la mayor parte de la población rechaza? Absolutamente no. Y es hora de dejar de mentir a la opinión pública acerca de las auténticas causas de que las tropas españolas estén arriesgando vidas en Afganistán o en el sur de Líbano en misiones eufemísticamente descritas como “de paz”.
Las mentiras -todos lo sabemos- se pagan tarde o temprano, como bien pudo comprobar el Partido Popular.
Verdades, mentiras, cinismo y desvuergüenza
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17 septiembre, 2007
'Ratastrofismo' electoralista

¡Qué suerte para los gobernantes que la gente no piense!
Adolf Hitler
Así ha visto mi admirado JRMora el anuncio por parte del PP de que su programa electoral contendrá un plan de vivienda alternativo (y mejor, naturalmente) a las promesas del Gobierno en ese terreno. Perdón a cuantos/cuantas odian la visión de una rata incluso en una película de Disney, pero hay que admitir que la imagen de este asqueroso roedor posée una eficacia metafórica inigualable.
Al Partido Popular le ha entrado, de repente, una vocación social inédita en su historia y extraordinariamente paradójica, si se tiene en cuenta -y debe tenerse- que es el valedor natural de los intereses empresariales y financieros y confeso seguidor del ultraliberalismo ‘neocon’ (véase la trayectoria ‘privada’ de Aznar como botón de muestra).
Una muestra cómica -si no fuera más patética- de esa sobrevenida ‘conciencia social’ de la más rancia derecha española es su alegre y demagógica propuesta de que los tomadores de hipotecas disfruten de un año de carencia en su pago si ingresan en las filas del paro. Aparte de desentenderse de las posibilidades de fraude que su propuesta favorecería, es obvio que pasan de hacer cualquier cálculo numérico sobre la viabilidad y previsibles consecuencias de su genial idea. Sólo pretenden engañar a los que se dejen y hay que reconocer que no faltan.
Su pretensión de que el Gobierno pacte con ellos los presupuestos porque va a ser el PP quien, tras las elecciones, tenga que ejecutarlos y quieren evitar que Zapatero incluya en ellos sus ‘delirios’ sociales no sólo es una bufonada-balandronada muy propia de Rajoy y su tribu, sino también una absurdez como la copa de un pino.
Lamentablemente, ese es el juego. Un partido que se ha pasado toda la legislatura intoxicando a la opinión pública por todo y por nada no tiene problema alguno para vender ahora su ‘demagogia social’ y su catastrofismo económico a beneficio de hipotéticos réditos electorales.
Quienes sucesivamente han atribuido al Gobierno la ocultación de datos esenciales sobre el ataque terrorista del 11-M y lo han transformado en una conspiración: quienes se rasgaron las vestiduras ante la defensa del Plan Ibarretxe en el Congreso a sabiendas de que se iba a quedar en agua de borrajas; quienes montaron un escándalo y blandieron el fantasma de la ruptura de España a propósito de un ‘Estatut’ que previsiblemente iba a ser “cepillado” en el Parlamento y pese a ello lo recurrieron ante el TC; quienes convirtieron deslealmente la política antiterrorista en caballo de batalla y atribuyeron al Gobierno cesiones a ETA perfectamente conscientes de que no existían… Esos, digo, ¿creen tener aún algún crédito en sus afirmaciones o sus promesas?
Pues parece que sí. Ahora creen haber hallado el filón económico-social. Están ‘preocupadísmos’ por la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias sociales y económicas y nunca admitirán que fueron ellos, cuando gobernaban, quienes la alentaron. Incluso hablan -de modo irresponsable y falso- de recesión económica y la atribuyen a una política económica que es exactamente la misma que ellos practicaron. ¿Quién da más en despropósitos?
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07 julio, 2007
05 julio, 2007
Zapatero ajusta cuentas
No creo que el debate sobre el estado de la nación haya reflejado en absoluto las inquietudes, los problemas o las prioridades de la sociedad real. Tampoco creo que lo haya hecho en ocasiones precedentes.
Sin embargo, el problema en este caso -enfilando ya el final de la legislatura- reside en el hastío y la indignación que produce el discurso reiterativo, monocorde y delirante del líder de la oposición, centrado obsesivamente en ETA y el diálogo que, una vez más, se mantuvo con la banda y fracasó.
La pretensión de que el Gobierno entregue las actas de las reuniones o adelante las elecciones es probablemente uno de los despropósitos más absurdos que se han oído en el Congreso en todas las legislaturas democráticas.
Pero no era ni es mi propósito analizar un debate que ha sido una muestra más de la falta de sintonía y sincronía de los políticos con los intereses ciudadanos, sino señalar mi personal satisfacción por el breve pero contundente ajuste de cuentas que el presidente realizó con Rajoy (ver video).
Zapatero le ha aguantado impasiblemente a Rajoy más de tres años de insultos, ninguneos, insinuaciones ofensivas y mentiras, muchas mentiras, puras y duras falsedades. Esta vez, el presidente descendió al argumento ‘ad hominem’, a la altura de su rival, y todo indica que le dejó ‘groggy’ para el resto del debate, perdido en el laberinto de ETA, fracasando en las réplicas, derrotado claramente en una confrontación que el PP consideraba decisiva.
Esa es una de las consecuencias de funcionar a piñón fijo, con ideas preconcebidas e inamovibles; dar por sentado que Zapatero es una especie de scout tontorrón, voluntarioso e inocuo que aguanta lo que le echen aferrado a una filantrópica idea del juego limpio y a un inalterable buen talante. Cuando el guión se altera el jefe de la oposición pierde los papeles.
Hay algo que Zapatero parece haber comprendido finalmente: en ocasiones hay que adoptar las armas del enemigo y responder con firmeza a las ofensas. No se puede correr el riesgo de que prospere la idea de que quien calla otorga.
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22 junio, 2007
El 'desmontador' desmontable
Bajo el título engañoso de ‘Desmontando a Pettit’, un intelectual orgánico del Partido Popular arremete -para no variar- contra Zapatero. Que lo haga no constituye novedad ninguna, ¿pero por qué emplear una coartada tan presuntuosa y falsa como ‘desmontar’ la personalidad o las teorías de un filósofo y politólogo respetado? Muy sencillo: porque Philip Pettit (en la foto) ha estado en España y ha dado nota de sobresaliente a la política del presidente del Gobierno.Ocurre que Zapatero es un admirador confeso de Pettit. Su ‘republicanismo’ (así se titula una de las obras más conocidas del autor irlandés) no se refiere, contra lo que se podría imaginar, a la forma del Estado, sino a la tradición cívica republicana que, desde los tiempos de Roma, contrapone los derechos de la ciudadanía a los abusos de la oligarquía, el autoritarismo y la dictadura (leer entrevista).
Para nuestro 'desmontador' (que nada desmonta al cabo) Pettit es una especie de Don Nadie que no merece mayor consideración que el choteo que le dedicaría Woody Allen en una de sus comedias neoyorquinas. ¡Por favor!, viene a decir nuestro erudito a la violeta, donde esté Pocock (anciano historiador especializado en los siglos XVII y XVIII)…, o Skinner (Quentin, no el conductista B. F.), también historiador y con la misma especialización que Pocock… o incluso Habermas, éste sí filósofo, pero con una relación más bien colateral con el republicanismo...
Más o menos lo que viene a decir este intelectual, de quien se dice que le escribe los discursos a Rajoy (esperemos que no todos, porque los hay de juzgado de guardia), es que Zapatero lee a Corín Tellado pudiendo leer a Marcel Proust. O sea, que Zapatero es un bobo solemne seguidor de un maestro Ciruelo que no merece la menor valoración. Lamentablemente, la realidad no le da la razón pero eso nunca ha sido impedimento para que un miembro del PP sostenga lo insostenible.
Nuestro hombre, de quien conviene señalar como parte de su esquivo perfil que es un destacado sionista, tal vez por hacer honor a su estirpe, no sólo ocupa un papel relevante en el entorno de Rajoy, sino que también está en
Me temo que no es a Philip Pettit a quien hay que desmontar, sino a José María Lassalle, liberal, pero laico en un partido que roza el integrismo; casado con una socialista catalana para general y paradójica complacencia, y capaz de cualquier gratuidad intelectual a la mayor gloria de una ambición política que, como poco, se puede considerar contradictoria y aventurada.
15 junio, 2007
De Suárez a Zapatero: Vía dolorosa
Dirigiéndose a las juventudes del PP (Nuevas Generaciones) el jefe de la ‘leal oposición’ dijo que "hay que preguntarse por qué esto se ha roto de la forma que lo ha hecho en los tres últimos años, quién es el responsable y cómo lo podemos arreglar".
Contradictorio, como siempre, Rajoy primero hace el diagnóstico (deliberadamente falso) y luego invita a preguntarse cuál es el diagnóstico, a sabiendas de que se dirige a quienes no se preguntan nada, ni siquiera si se les toma por idiotas, porque comparten acríticamente la estrategia falsaria de sus dirigentes.
Si lo hicieran, si se preguntasen honestamente quién ha destruido “el gran espíritu de entendimiento” (no tan grande, si se repasa la historia), quién ha ‘encizañado’ la convivencia y desenterrado los enfrentamientos; quién, en definitiva, ha resucitado los fantasmas de las dos Españas, abandonarían la táctica indecente de atribuir el crimen a la víctima.
Pero hay un premisa bastante utópica en mi párrafo precedente. Escribí “si se preguntasen honestamente…" ¿Honestamente? He ahí el error. Cuando se han abrazado la deshonestidad política y la mentira sistemática como armas para recuperar el poder perdido plantearse algo honestamente es una tentación prohibida.
El inmoderado Fraga, que dice aceptar la democracia siempre que sea con ‘orden’ y con ‘autoridad’, recoge los frutos de su violencia verbal, de su falta de credibilidad democrática ante la ciudadanía. Incluso el ‘temido’ PCE obtiene mejores resultados: 20 escaños, cuatro más que la coalición de ‘los siete magníficos’.
Seguirá una larga travesía del desierto, bajo las denominaciones Coalición Democrática (1979) y Coalición Popular (1982) hasta llegar en 1989 a la ‘fundación’ del Partido Popular (de hecho refundación de AP), que termina con la coalición de partidillos irreales y se redefine como ‘centro derecha’, como ‘centro reformista’ (¡), según sus estatutos. En 1990 Fraga resigna la presidencia en José María Aznar y pasa a ser honrado como ‘Presidente Fundador’.
El resto de la historia es más conocido y no voy a evocarla. Se trataba sólo de aprovechar este 30º aniversario de las primeras elecciones para refrescar la memoria ciudadana acerca del ‘pedigrí democrático’ del PP y de su supuesto y nunca demostrado ‘centrismo’.
Durante los cuatro años de mayoría absoluta del Partido Popular muchos de los que tenemos edad para ello experimentamos deprimentes ‘flashbacks’ hacia los tiempos oscuros de la dictadura franquista, a la que la totalidad de la derecha española mostró ‘inquebrantable adhesión’ y a la que el PP todavía no ha tenido el valor de condenar como golpista e ilegítima.
Hoy vemos al PP, de nuevo en la oposición, como un partido capaz de las estrategias más torticeras e irresponsables en su afán por recobrar el poder. Es él quien ha roto los consensos y promovido la crispación en la idea de que achacársela al Gobierno, como tantas otras cosas que le ha imputado con falsedad deliberada, tendrá impagables réditos electorales.
El pasado martes Santiago Carrillo rendía homenaje al papel extraordinario que Adolfo Suárez -éste sí centrista reformista auténtico- había jugado para hacer posible la Transición que hoy se celebra. “Suárez fue crucificado por la derecha”, sentenció.
Yo pensé entonces y expongo ahora hasta qué punto no es el propósito del Partido Popular crucificar a Rodríguez Zapatero. El acoso, los infundios y la agresividad de la derecha con el presidente del Gobierno recuerdan inquietantemente a aquellos momentos históricos que hoy se evocan desde la autocomplacencia y la desmemoria.
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12 junio, 2007
¿Amnistía de reproches?
"No es momento de reproches", dijo ayer Rajoy tras su encuentro con Zapatero. Se refería, sin duda, a las críticas retrospectivas que todavía podría hacer al Gobierno por su diálogo con ETA, pero también puede entenderse como una forma de reclamar que no se le reproche ni a él ni a su partido la estrategia indecente, falsaria y alarmista tejida en torno a ese diálogo que nunca llegó a ser negociación.Hoy Rajoy dice haber hecho ayer “un esfuerzo”. El de no reprochar, se supone. “Yo le apoyé -dice- si va a derrotar a ETA. Vamos a ver qué esfuerzos hace él en el futuro para que haya un consenso y aspiremos a la derrota de ETA”.
El papel de perdonavidas se le da muy bien al jefe de la oposición. Pretende hacer aparecer al presidente del Gobierno como el ‘bobo solemne’ , el ingenuo que se equivocó y necesita la ayuda paternal del PP, que se la prestará sólo si hace lo que ‘papá’ le diga.
De entrada, insistir en la ilegalización de las listas de ANV legitimadas por el Tribunal Supremo, que anuló la mitad de ellas, no es precisamente juego limpio. No sólo el Gobierno no está en condiciones de decretar esa ilegalización -al menos mientras no haya pruebas que presentar ante
Pocas horas después del encuentro entre Rajoy y Zapatero el PSN anunció su renuncia a pactar con Nafarroa Bai en el Ayuntamiento de Pamplona. Fue, sin duda, un gesto de buena voluntad, pero lo cierto es que no se esperaba otra cosa. NaBai contaba también con el apoyo de ANV para gobernar el municipio y ese tripartito no hubiera sido bien visto.
El asunto no está tan claro en el parlamento foral, donde no hay presencia de ANV. El PSN aspira a gobernar la comunidad junto al partido de Barkos y Zabaleta y por más que el PP insista en el planteamiento de que gobierne la lista más votada (en este caso UPN, alias regional de los ‘populares’) seguramente no será así.
Si dos o más partidos suman más electos que la lista más votada es perfectamente legítimo y democrático que se unan para gobernar, puesto que forman la mayoría más representativa. Por otra parte, para el PSN es muy difícil hacer de tripas corazón para apoyar, aunque sea pasivamente, con un partido que ha practicado una demagogia electoralista impresentable a costa del supuesto propósito del Gobierno central de anexionar Navarra al País Vasco como concesión a ETA.
No es precisamente la buena voluntad ni el espíritu constructivo lo que ha caracterizado la oposición del PP a lo largo de toda esta legislatura. Rota la tregua de ETA y en fase de conclusión el juicio del 11-M con aporte de evidencias más que sobrado sobre las mentiras e insidias del PP, Rajoy pretende moderar y ‘centrar’ el discurso de cara a las elecciones generales, pero, ¿no es demasiado tarde? Lo es, en efecto. El mal está hecho y no es fácil que los ciudadanos y los partidos olviden la trayectoria de oposición precedente.
Contra lo que pretende Rajoy sí es momento de reproches, precisamente porque es momento de conclusiones. Conclusiones acerca del frustrado inicio del proceso de paz y del papel jugado por la oposición, basado en infundios; conclusiones sobre el 11-M y su autoría, cuyo normal desarrollo legal ha sido interferido y desautorizado por el PP y su entorno mediático, y conclusiones incluso sobre el Estatuto Catalán, cuya constitucionalidad está ‘sub iudice’ gracias al PP, que fingió pretender un referéndum a sabiendas de que no era legalmente viable y recusó con éxito a un magistrado del TC.
Se puede y se debe reconstruir el pacto antiterrorista con el PP (y mejor aún, con el resto de los partidos), pero no se puede ni se debe confiar en quienes, en su papel de ‘leal’ oposición, han demostrado una falta de escrúpulos inédita en la historia de la democracia española.
El Partido Popular no está legitimado para dictar una ‘amnistía’ de reproches en su propio beneficio. Por el contrario, debe recoger lo que sembró.
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05 junio, 2007
El PP insiste en la insidia
"La respuesta a esta nueva equivocación será la que siempre han dado los gobiernos de España, las fuerzas democráticas y la sociedad en su conjunto. Una respuesta anclada en la defensa común de los valores e instituciones democráticas, en la estricta aplicación del estado de derecho, en la eficacia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y en la cooperación internacional. Somos un país fuerte, la sociedad española ha mostrado a través de un periodo ya muy largo que su dolor no debilita su fortaleza, que el sufrimiento no merma su determinación. Lo mostrará ahora de nuevo, sin ceder a ninguna de las amenazas o los desafíos a los que se le quiere someter. La decisión de ETA va radicalmente en la dirección contraria al camino que desean la sociedad vasca y la española, el camino de la paz. Un camino que sólo tiene un final, el del abandono definitivo de las armas, un camino que sólo puede iniciarse y recorrerse con la renuncia completa a la violencia."
De la declaración de Rajoy, tras conocer la del presidente:
"Yo deseo que el Gobierno de España rectifique. Le pido al Gobierno de España que lo haga. Le pido claridad, certidumbre, seguridad y que no haya ningún tipo de ambigüedad. La declaración de esta mañana del presidente del Gobierno no ha sido una declaración clara en este sentido.Yo le pido que afirme que ya no habrá ninguna cesión ni ninguna negociación con la organización terrorista ETA. Le pido que active todos los mecanismos que son propios de un Estado democrático y de derecho. Y le pido hechos y pruebas, que todos los españoles necesitamos, de que, efectivamente, tiene voluntad de rectificar".
Es evidente que el Partido Popular insiste en la insidia y en la explotación partidista de la política antiterrorista. ¿A qué cesión se refiere? ¿Ha acercado Zapatero a presos de ETA a la península o, dentro de la península, al País Vasco? ¿Ha llamado Zapatero a ETA Movimiento de Liberación Nacional Vasco? No, eso lo hizo Aznar en su día, so pretexto de explorar la voluntad de ETA de ‘rendirse’.
¿A qué ambigüedad, falta de claridad, de seguridad o de certidumbre alude Rajoy? ¿Qué hechos y pruebas reclama y sobre todo qué rectificación cuando Zapatero anuncia que la respuesta que dará a ETA “será la que siempre han dado los gobiernos de España”?
A lo que dice Rajoy se le llama indecencia política, algo que está en las antípodas de la “absoluta lealtad” que pretexta en el inicio de su declaración. Y la dramática pregunta que cabe hacerse ante este posicionamiento en las graves circunstancias actuales es si se puede esperar de este Partido Popular, encanallado en la mentira y en la falta de escrúpulos, que forme un frente unido junto al Gobierno y el resto de las fuerzas políticas.
Si no lo hace, si insiste en la “absoluta deslealtad” de dividir a los ciudadanos y a las víctimas, como ha venido haciendo cuando atribuía al Gobierno la cesión de Navarra y le describía genuflexo ante ETA, que los ciudadanos se lo demanden.
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30 mayo, 2007
Gallardón, en el centro de la escena
Apenas concluido el ‘partido’ de las elecciones, Ruiz-Gallardón no ha dejado que se enfríe la pelota y se ha situado en el centro de todas las miradas y de no pocos rencores en el panorama político de la derecha. Ayer mismo, con la audacia que le caracteriza, aprovechó el Foro de ABC para lanzar a Rajoy, presente en el acto junto a Esperanza Aguirre, una oferta para colaborar en su campaña e integrarse en su equipo y en su lista que no deja lugar a dudas respecto a su ambición última: convertirse en el sucesor ‘natural’ si Rajoy fracasa.
Que Gallardón aspira a liderar el partido y llegar a
El presidente del PP hace bueno el dicho que afirma que cuando uno se encuentra a un gallego en una escalera es imposible saber si está subiendo o bajando. Utilizando esa imagen, yo diría sin dudarlo que baja, que está bajando (ocasionalmente a los infiernos) desde que asumió sin rechistar la herencia rencorosa de Aznar y la escolta insoslayable de Acebes y Zaplana.
Hoy, en declaraciones a Antena-3, Rajoy ha vuelto a galleguear a propósito del tema. La más clara de sus afirmaciones al respecto no es muy alentadora para las expectativas urgentes de Gallardón: se decidirá “cuando se convoquen las elecciones”.
Mientras Esperanza Aguirre y su equipo se rasgan las vestiduras ante la ‘insolencia’ del alcalde y niegan -contra lo que cantan los números- que sea el artífice del éxito ‘popular’ en Madrid, éste declara abierta la carrera y se dispone a correr desenfrenadamente en ella, aunque sea de momento en solitario, algo en lo que tiene sobrada experiencia. Y en este caso cuenta con una ventaja considerable sobre su eterna rival. Esperanza Aguirre no puede presentarse a las generales sin renunciar previamente a su cargo de presidenta de
No sería nada sorprendente que cuando Sarkozy visite mañana España Gallardón logre hacerse la foto con el marido de su prima, ni que en lo futuro aproveche el parentesco para hacérsela en el Palacio del Elíseo. El ‘caballo blanco’ de la derecha europea, el hombre de la apertura y del cambio tranquilo en Francia, trae en su agenda un encuentro con Zapatero, con el ‘minitratado’ de
¿Cabe en esa apretada agenda un encuentro ‘significativo’ con el alcalde de la capital de España? Juraría que Gallardón está luchando a brazo partido desde que se anunció la visita para hacerlo posible.
Rajoy sabe, sin duda, que asociar su imagen a la de Gallardón haría más verosímil su supuesto centrismo, siempre desmentido por la praxis. Pero también sabe cómo está el horno del partido, dominado por el aznarismo vindicante. La cuestión candente es que no parece posible que el PP gane las próximas elecciones con el discurso crispador e irresponsable que ha venido manteniendo. Hoy mismo el barómetro del CIS registra en la intención de voto una diferencia de tres puntos a favor del PSOE, un dato mucho más revelador que la ventaja de 156.000 votos en el cómputo global de las pasadas elecciones que le sirve al PP para cantar victoria.
Siguiendo con encuestas significativas, pocos días antes de las elecciones un sondeo de IPSOS mostraba al alcalde de Madrid como el líder más valorado por los españoles, con un 64%, nueve puntos por encima del segundo, Rodríguez Zapatero. En ese mismo estudio Rajoy ocupa el puesto número doce, detrás de Gallardón, Zapatero, De
Lo esencial del mensaje lanzado por Gallardón a Rajoy y al Partido Popular podría sintetizarse en el famoso dicho “no te digo que te vistas, pero ahí tienes la ropa”. Allá ellos, digo yo.
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