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28 noviembre, 2010

Un juego siniestro


La economía española ha vivido una de las peores semanas desde que se inició la profunda crisis económica que vive el mundo a causa de la desregulación y la irresponsabilidad de las políticas ultraliberales. El ataque virulento de los mercados (liderado, como siempre, por la coalición de los 'hedge funds' más poderosos y agresivos) ha sido devastador para la Bolsa española y para algunos de sus valores más sólidos. La siempre oficiosa y sibilina información económica habla de un 'efecto contagio' -algo que por definición no existe- de la crisis irlandesa, y de 'falta de confianza' en la solidez de la economía española.

La 'confianza' o el 'temor' son, como nadie ignora, conceptos eminentemente subjetivos. No se basan en apreciaciones objetivas, aunque en el terreno económico lo pretendan, sino en expectativas supuestamente razonables (especulaciones) que, en el caso de la economía, son siempre interesadas y deliberadas. El temor, fundado o gratuito, hace que especular a la baja contra la deuda soberana o contra los valores más sólidos de un país como España sea un gran negocio a corto plazo, que es el modo en que este juego siniestro se está practicando.

El truco es tan barato como indecente, a la vista de la descripción del procedimiento que hoy hace 'El País Digital' por boca de un 'estratega'. En lo esencial, una coalición de fondos, "de gran tamaño" y sofisticación" vende una gran cantidad de títulos (muchos de ellos prestados) de entidades financieras teóricamente sólidas del país amenazado (en el caso español, Santander y BBVA, por ejemplo) generando un inmediato efecto de bajada al vender sus propios títulos otros muchos fondos de menor entidad, alarmados por el descenso. Los 'trileros' causantes de la alarma compran entonces el máximo de valores a la baja. Consuman así un doble beneficio: el reportado por las ventas a un buen precio y el que les reportará en un futuro próximo el aumento considerable de su cartera.de valores fiables adquiridos a bajo precio. El mismo procedimiento se utiliza contra la deuda o sus seguros (CDS).

Nada nuevo bajo el sol. En los anales de la codicia y la indecencia financiera figura como paradigma la maniobra de los Rothschild -primera banca multinacional- en la Bolsa de Londres a raíz de la batalla de Waterloo. Sabedores de la derrota de Napoleón procedieron exactamente como si hubiera sido Inglaterra la derrotada, precipitándose a vender un gran número de las acciones en su poder. El resto de los agentes, que sabían que Rothschild contaba siempre con buena información del continente, imitaron su actitud. Mientras tanto, agentes encubiertos de la banca falsaria se apresuraban, una vez consumada la bajada, a comprar a precios de saldo todo lo que se vendía, incluidas las que habían vendido.

A estas alturas de la historia tales actividades deberían estar severamente castigadas, en la medida en que constituyen una "maquinación para alterar el precio de las cosas", que, al menos en el Código Penal español, esta tipificada como delito. Sin embargo, la impunidad y el abuso son la regla, al igual que ocurre con el abuso -habitual- de información privilegiada, conocido en muchos casos e ignorado casi siempre. Mientras tanto, el G-20 no acaba de llegar a acuerdos -apenas enunciados- que pongan fin a la anarquía, seguramente a la espera de que las cosas mejoren y la cirugía parezca innecesaria. La presión de los mercados y de la banca es formidable y la cobardía política paraliza cualquier medida por miedo a su reacción.

Por otra parte, en un contexto económico globalizado la capacidad de maniobra de los estados y de las entidades financieras nacionales para neutralizar o mitigar las adversidades es muy limitada, especialmente cuando, como en el caso de España, no se dispone de una moneda propia ni se puede adoptar una política económica determinada sin la aprobación de la UE. A fin de cuentas el ataque especulativo tiene como objetivo el euro más que las economías nacionales, aunque éstas sean las damnificadas en primera instancia.

Atribuir a Zapatero y a la política económica del Gobierno la culpa exclusiva de la 'desconfianza' de los mercados es estúpido además de injusto. La especulación está atacando a los países más débiles del Euro, que no lo son por errores recientes sino por debilidades estructurales seculares. Sólo Irlanda tiene un pecado complementario: a su debilidad económica tradicional une el haber abrazado con un excesivo e irreflexivo entusiasmo las políticas económicas liberales. Su hinchazón artificial, como la de Islandia, se han desinflado aún más rápido de lo que se crearon. El tigre celta ha resultado ser un gatito encaramado en un árbol demasiado alto.

España no tardará en aplicar las impopulares reformas que habían sido aplazadas (tal vez para no contaminar las elecciones catalanas) y que el PP ha convertido en su 'caballo de batalla', fuente de todas las desautorizaciones al Gobierno y causa -según él- de la 'desconfianza' de los mercados. Zapatero ha elegido, para sentirse respaldado en esa grave decisión, la fórmula de una reunión con los directivos de las 37 empresas más importantes del país, obviamente favorables a esas reformas.

Con la experiencia adquirida, cualquiera puede intuir que tales medidas no van a frenar la especulación contra España. Si los 'hedge funds' creen que especular contra España es un buen negocio seguirán haciéndolo y si llega el momento en que la UE tiene que ‘salvar’ a España con un torrente de millones de euros darán zapatetas de alegría porque buena parte de ese dinero irá a parar a sus manos.

¿No es éste un sistema enfermo e insostenible? ¿Qué más datos hacen falta para que el G-20, el FMI y los bancos nacionales de todo el mundo pongan fin a esta orgía frenética que convierte a los ciudadanos en esclavos de la arbitrariedad y la codicia durante décadas?

20 julio, 2010

Breve



Cortar las alas a los cerdos.- Los auténticos cerdos (PIGS) del sistema financiero no son los que han sido censados hasta ahora. Financial Times enumera a los grandes 'vencedores' en lo que va de año: una serie de 'hedge funds' (dos de ellos regidos por ex directivos de Lehman y JP Morgan) que tienen en común haber jugado a la baja contra el euro y la deuda soberana de los países europeos -incluida señaladamente España. Sus porcentajes de beneficio (a veces hasta el 8 por 100 en un mes) dan una idea exacta de la gravedad de lo que ha estado ocurriendo y deberían servir para que, de una vez, Estados Unidos y la UE corten las alas de estos 'okupas' irresponsables del edificio financiero.

16 julio, 2010

Breve



Menos lobos, Obama.- Los diarios titulan enfáticamente en relación con la aprobación por el Senado USA de la reforma financiera de Obama. Sin embargo, tal reforma, que será desarrollada por centenares de regulaciones, es vista por algunos analistas como una victoria de la banca, y el acuerdo, con tres votos republicanos prestados, no sería sino la consecuencia de concesiones importantes a los 'lobbies'. Todo queda por definir y la definición llevará tiempo. El FSOC (Consejo de Vigilancia de la Estabilidad Financiera) va a ser un órgano clave y, mientras se decide cuáles son las entidades TBTF (‘too big to fail’: demasiado grandes para fallar) un especialista en 'hedge funds' plantea en Financial Times sus dudas acerca del tratamiento adecuado oara estos negocios aventureros, cuyo control debería ser clave en cualquier reforma y sin embargo no lo es.

11 febrero, 2010

De la 'ruina' española y sus causantes (IV)

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001: "Europa 
debería quemar a los especuladores".

El huracán del ataque al eruro se ha desvanecido tan rápidamente como creció, pero nadie podrá decir que no ha tenido consecuencias dignas de consideración. La Unión Monetaria ha recibido el golpe más contundente de su historia en el peor momento imaginable y los países que la integran se han comprometido de urgencia a contribuir al salvamento de Grecia. El Gobierno español se verá seguramente forzado a adoptar medidas impopulares que no entraban en sus cálculos y lo mismo tendrán que hacer los demás países de la UE más golpeados por la crisis. Así las cosas, ha llegado el momento de preguntarse por el origen y las motivaciones del curioso fenómeno de la especulación agresiva sobre los CDS de la deuda española.

Establecido el hecho de que la situación de España dista mucho de parecerse a la de Grecia, especialmente en el terreno de la deuda, sobre cuya fiabilidad se especulaba, es lógico preguntarse por qué "se temía", irracionalmente, un efecto dominó sobre España, con una relación Deuda/PIB del 55 por 100, y no, por ejemplo, sobre Italia, que, con el 116 por 100 (más del doble) tiene uno de los índices más inquietantes de la Eurozona. ¿Misterio? Eso podría parecer, pero ¿es casual que los ataques especulativos se dirijan contra las economías de tres países gobernados por la izquierda? ¿Lo es también que elijan como objetivo principal al país que está ejerciendo la presidencia de turno de la Comunidad?

Entre los analistas predominan los que limitan el objetivo del ataque al euro a un propósito meramente especulativo: pura rutina de los inescrupulosos 'hedge funds'. Los más interpretativos creen que el mercado decidió 'poner a prueba' la fortaleza del euro mediante esa operación. Demasiado inocuo, si se tienen en cuenta, por un lado, los magros beneficios económicos que habría reportado el ataque en el caso de prosperar y, por otro, el carácter ilusorio de la expectativa de que tal ataque fuera ignorado por los países de la eurozona.

Si nos retrotraemos un poco en el tiempo, encontraremos que los 'hedge funds', especialmente los ajenos a la UE -los más poderosos y virulentos-, se mostraron muy inquietos y beligerantes contra la propuesta legislativa de la presidencia española para regular las industrias, al interpretar como proteccionismo económico lesivo para sus intereses una revisión del texto inicial, redactado bajo la presidencia sueca, que haría depender de puntuales y "adecuados acuerdos de cooperación" el acceso de los 'hedge funds' extracomunitarios a los clientes potenciales de la UE. Ahora preguntémonos de dónde procedió el ataque de los 'hedge funds' y podremos establecer una relación causa-efecto que relativiza, si no elimina, el diagnóstico de 'paranoia' que recibieron las declaraciones de José Blanco, que, por cierto. no han sido las únicas en achacar intenciones ocultas a la singular operación especulativa.

Tanto los 'hedge funds' internacionales como el resto del sector financiero ven con diverso grado de preocupación  los propósitos comunitarios de aumentar el control y la vigilancia sobre los mercados y califican las medidas que están estudiando los parlamentarios europeos de 'proteccionistas'. ¿Se puede llamar proteccionismo al propósito de adoptar las precauciones necesarias para evitar que, nuevamente, una minoría de desalmados codiciosos provoque una crisis desastrosa, similar a la que ahora sufre la economía mundial?

En el lenguaje ultraliberal sí. Los buitres financieros, crecidos por haber salido casi indemnes del batacazo financiero que provocaron y por la relativa indefensión en que se encuentran los países que intentan pagar los platos rotos por ellos, no dejan de ejercer toda la presión de que son capaces -que es mucha y muy poderosa- para que la llamada 'industria de servicios financieros' siga funcionando con la misma autonomía e irresponsabilidad que antes de la crisis.

En Estados Unidos lo están haciendo mediante el uso de 'lobbies', largamente entrenados y arraigados en el sistema político, que inmovilizan y frustran las reformas anunciadas por Obama. En Europa el 'lobbysmo', engendro de naturaleza claramente antidemocrática, carece -afortunadamente- de poder y tradición. Para obtener los mismos resultados es preciso recurrir a otros procedimientos, además de la utilización de la prensa servil a sus intereses, como Financial Times. El ataque al euro, más allá de lo que concluyen los análisis melífluos tiene todas las trazas de haber sido una advertencia o -más claramente- una amenaza ante las medidas que se proyectan.

Si es así -y no caben apenas dudas al respecto-, razón de más para acelerar las reformas y cortar las uñas a esos tigres de papel con intenciones de lobo y maneras de gángster. Su peligrosidad está fuera de toda duda. Quien se engaña al respecto es porque quiere o porque le pagan por mostrarse convencido de una bondad e inocuidad inexistentes.

(Continuará)

10 febrero, 2010

De la 'ruina' española y sus causantes (III)

Hoy, tras la insólita visita de la vicepresidenta Salgado a las instalaciones del  'Financial Times' y su entrevista con sus responsables, el implacable diario recoge velas en un editorial. Acepta que la situación de Grecia y la de España no tienen nada que ver; que España tiene "un plan serio" para mejorar su posición, la cual llega FT a comparar con la de Reino Unido, con ventaja para España. Eso no le impide dudar de la determinación real del Gobierno para llevar a término las medidas necesarias, que, en su opinión, no deben tener tanto en cuenta el déficit -que juzgan aceptable, dadas las circunstancias- como "el desempleo crónico y la rigidez del mercado laboral".

Algo era ello: la famosa "rigidez" que impide que los empresarios puedan reducir los costes laborales e invertir (supuestamente) más. He ahí la piedra en el zapato zapatero. No hay que preguntarse cuál es la filosofía económica de FT ni a qué intereses responde su línea editorial. Lo que no le gusta a este diario ultraliberal (ni al Wall Street Journal, dicho sea de paso) ni a los 'hedge funds' que han protagonizado el ataque al euro es la permanencia de signos del estado de bienestar. Quieren que todo el monte sea orégano, pero ese parece ser sólo uno de sus propósitos.

Quienes han atacado al euro parecen pretender también, mediante ese hostigamiento, amedrentar a los países que pretenden introducir controles y limitaciones -nacionales e internacionales- a su actividad para evitar que suceda otra catástrofe económica como la que está teniendo todavía hoy (¿y hasta cuando?) gravísimas consecuencias en la mayor parte de los países del mundo.

'Le Monde', diario francés ajeno a las manipulaciones del capitalismo indecente e impune,  glosa hoy la crisis griega en un editorial bajo el título "Especulacion", en unos términos desgraciadamente infrecuentes en la 'mainstream' mediática mundial. Señala en primer lugar la amarga paradoja que supone que, un año después de que los estados de ambas orillas del Atántico salvasen a la banca mediante inyecciones de dinero estimadas en el 25 por 100 del PIB, los mismo bancos beneficiarios ataquen a los países endeudados por su causa.

El ataque es considerado, en primera instancia, como una acción meramente especulativa, pero ¿cabe descartar segundas intenciones? Centrémonos por ahora únicamente en el aspecto especulativo. Sólo con eso ya hay materia suficiente para el escándalo y la inquietud. Una parte importante de la deuda europea (y por ende de la griega) está en manos de los tres grandes bancos que a su vez prestan dinero a los 'hedge funds' que han atacado al euro: JP Morgan, Goldman Sachs y Deutsche Bank.

La especulación se ejerce fundamentalmente sobre los CDS (credit default swaps), que actúan como seguro ante la posibilidad de impago de la deuda. La especulación sobre esos peculiares y delicados instrumentos financieros, el 75 por 100 de los cuales están en manos de los bancos referidos, puede, llegado el caso, hundir a un país. Los rumores infundados sobre la dudosa fiabilidad de la deuda de España son los que han generado una gran inquietud en los mercados y consecuentemente en el Gobierno, que parece haber actuado eficazmente para atajar sus efectos devastadores.

El problema con los 'hedge funds' es que -al igual que el resto del mercado financiero, pero en mayor grado y con mayor virulencia- "pueden actuar de manera concentrada y con un máximo de publicidad para arrastrar al mercado en el sentido que les convenga". Son poderes fácticos guiados en principio por la codicia y que pueden conducir a crisis gravísimas si generan un efecto dominó alarmista o, como en el origen de la crisis sistémica, si promocionan productos virulentamente tóxicos como una oportunidad interesante de inversión.

Volvamos al principio de esta serie de artículos para subrayar la urgencia imperiosa de que los estados, de común acuerdo, procedan a implantar medidas de control de los mercados financieros que eviten no sólo la reproducción de una crisis general como la que sufrimos ahora sino también maniobras indecentes como la que ha tenido como destinatario el euro. Esas medidas deben ser globales e inflexibles. Sin ellas estamos a merced de un contrapoder financiero que aparece cada vez más con tintes de cospirador contra los poderes políticos.

(Continuará)