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17 octubre, 2007

Despropósitos, aspavientos, mentiras y delirios


Hay que admitir que a la hora de escenificar aspavientos y despropósitos el Partido Popular es imbatible. Y últimamente están sembrados. Tras el númerito 'institucional' de Rajoy vía vídeo en plan "le roi c'est moi" sólo nos faltaba Mayor Oreja resucitando y rehabilitando al muerto.

"¿Cómo voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles?", se pregunta en una entrevista publicada en 'La Voz de Galicia' este demócrata de toda la vida. Naturalmente ni se le ocurre plantearse la ilegalidad de origen de la dictadura o el hecho de que el golpe de estado del 18 de julio no fue contra ningún régimen despótico sino contra una república legítima, regida por un Gobierno que tenía su origen en unas elecciones democráticas.

Para Mayor Oreja, la larga y brutal dictadura fue una Arcadia feliz, caracterizada por una "extraordinaria placidez" para aquel sector supuéstamente "muy amplio" de españoles. La paz de los grandes cementerios bajo la luna; la del exilio forzado; la de las prisiones atestadas; la de los juicios injustos, sumarísimos o no; la del silencio por decreto; la de la ley de vagos y maleantes; la del tribunal de orden público. La España 'plácida' del silencio y la conformidad por decreto, la de la propaganda ilegal y el miedo omnipresente, casi supersticioso. ¿Quién si no él y los suyos siente nostalgia de tan selectiva y falsa placidez?

En el caso de Aznar, del que constan artículos publicados en los últimos años 70 en la prensa de La Rioja añorantes de la dictadura e inquietos ante la Constitución y el Estado de las autonomías, ya nada puede sorprender. Su manera de contar la reciente historia de España -la que todos hemos vivido- es un desafío a la memoria colectiva y a la inteligencia de los españoles. Su última intervención, en Salamanca, trasudó el inextinguible rencor que le posee desde el aciago 14-M.

Decir que el PSOE, cuando él gobernaba, negoció simultáneamente con el PP y con ETA es mentir cínicamente y por partida múltiple. Tratándose de Aznar, lo habitual. Fue el PSOE quien propuso el pacto antiterrorista, que Aznar contempló en principio con reticencias y resistencia. Con bastante posterioridad (no simultáneamente), un miembro del PSE, Jesús Eguiguren, concluye de sus encuentros personales con miembros de Batasuna no sólo que el entorno radical abertzale está abierto al diálogo, sino que ETA podría declarar un alto el fuego e incluso abandonar las armas tras una presumiblemente larga negociación. Lo que se inicia entonces es un proceso de exploración mutua entre Batasuna (no ETA) y PSE (25 reuniones, se dice) que sólo cuando el PSOE llevaba dos años en el Gobierno (22 de marzo de 2006) conducen a la declaración de alto el fuego por parte de ETA. Si eso es simultaneidad, que baje dios y lo vea.

En cualquier caso, el diálogo con ETA, que al contrario del que mantuvo el Gobierno de Aznar no supuso ninguna contrapartida para la banda (el Gobierno del PP acercó presos a la península y, dentro de la península, al País Vasco), sigue siendo uno de los caballos de batalla en los que el PP funda su política de oposición.

Ayer, sin ir más lejos, el portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, aseguraba con su habitual rostro, aceitunado y pétreo, que Zapatero no está capacitado ni tiene legitimidad (¿legitimidad?) para afrontar el "desafío" que plantea Ibarretxe con su referéndum. "Después de todo lo que ha ocurrido esta legislatura, que ha sido una fábrica de independentistas, y de que se haya negociado con ETA, Zapatero no está en condiciones de hacer frente a este desafío", dijo el inefable.

Mientras Rajoy aseguraba que el presidente del Gobierno había hecho lo que él le había pedido, lo único que se puede hacer, Zaplana insistía en que “si hubiera voluntad inequívoca para frenar este desafío, el comportamiento sería radicalmente distinto". ¿Cuántos partidos hay en el PP para que sea posible que mientras su presidente se atribuye parte del mérito en la firmeza con que Zapatero le dice a Ibarretxe que no hay camino el portavoz constate tibieza e insuficiencia en la actuación presidencial?

También ayer, Zaplana consideró necesario salir en defensa de Mayor Oreja y, aunque aseguró que no había leído sus declaraciones (¡ !) aludió, cual si de perros se tratase, a su “pedigrí”, a su carácter de "demócrata de la cabeza a los pies" desde siempre, y cuya biografía es más "contundente" que cualquier declaración.

Dada su fe de intoxicador profesional en que no hay mejor defensa que un buen ataque ni arma más eficaz que una insidia, el hombre que está en política para “forrarse” dejó caer que “muchos de los que hoy se meten con nosotros no estaban en las filas de los que peleaban por la libertad (...) y tenían cargos públicos en la administración franquista".

¿Quiénes? Es inútil preguntar. Lo dice Zaplana y ya está. Es como cuando afirmó que Aznar nunca había asegurado la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. En media hora las ‘históricas’ grabaciones le estaban desmintiendo con contundencia más que suficiente como para desautorizar a un político y más al portavoz de un partido de por vida.

Para completar el cuadro, Ana Botella, esposa de Aznar y concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, insistió –sin nombrar a nadie, claro- en que era un hecho el pasado franquista tanto de miembros del PP como del PSOE (ella no fue franquista, por supuesto). Cualquiera, sin embargo, podría nombrar, a título meramente indicativo, a dos luminarias del franquismo que están en el PP y cuya relevancia es incomparable con la de cualquiera de los innombrables franquistas que supuestamente hay en el PSOE: el padre fundador, Manuel Fraga Iribarne, y el escurridizo y siempre sonriente Rodolfo Martín Villa. ¿Quién da más?

En cualquiera caso, ya puesta en modo disparate sobre la memoria histórica, la ex presidenta consorte comparó el 18 de julio de 1936 con la huelga minera asturiana de 1934 (bañada, por cierto, en sangre por Francisco Franco, entonces al servicio de la república). ¿Condenaría el PSOE aquella huelga?, concluía.

Esto es el delirio.

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13 octubre, 2007

El imposible orgullo

Ayer se pudo ver con toda claridad en quienes prende y a quienes legitima neciamente el discurso del orgullo nacional y la exaltación de los iconos patrios que Rajoy proponía en su desvergonzada caricatura de un discurso institucional. “Las razones que todos conocen” -deliberadamente no enunciadas en el vídeo para no hacer más evidente lo cínico y ridículo de la propuesta- sólo parecen ser conocidas y compartidas por una ínfima minoría de los ciudadanos, que fue la que respondió a su patriótica y gratuita invitación.

Dentro de esa ínfima minoría, aparentemente motivada por “las razones” escamoteadas, sobresale hasta convertirse en representante casi único del ‘orgullo nacional’, por el ruido y la furia -por la irracionalidad en definitiva-, la extrema derecha. La suya no es la bandera que Rajoy dice querer defender, sus iconos no son los de la mayoría y su discurso político –si cabe llamarlo así- es el del odio ideológico y racial y el de la revancha; es el discurso de la violencia, ansiosa de confrontación con sus pares de signo opuesto.

Ayer, mientras en el Paseo de la Castellana, corazón institucional de la celebración, se exhibían con arrogancia desafiante banderas franquistas, el falangista Sáenz de Ynestrillas y sus secuaces protagonizaban su tradicional excursión-provocación al País Vasco más motivados que nunca y lograban que sus homólogos abertzales convirtieran las calles de San Sebastián en un infierno. Misión cumplida.

En Barcelona, en el curso de un homenaje a la bandera (preconstitucional) unas decenas de miembros del grupo ultra ‘Adelante Cataluña’ quemaban retratos de Carod-Rovira e intentaban lo mismo con una senyera catalana aparentemente incombustible que finalmente despedazaron y pisotearon.

En Valencia, el millar largo de asistentes a la movilización convocada por 'España 2.000' sumaba a la pira, junto a Carod-Rovira, retratos de Ibarretxe y símbolos de ETA. Todo ello no sólo para mostrar el orgullo de ser español sino también para exhibir un racismo sin complejos con la inmigración como principal bestia negra. “En España, los españoles primero” era el lema de la manifestación, que encabezaba una mujer a caballo (¿España?). Entre las consignas coreadas, “La inmigración destruye la nación” o “No más pateras, que cierren las fronteras”.

¿Es la España que quema retratos y banderas la que queremos? ¿Es esa España irracional y excluyente la que quieren Rajoy y su partido? ¿Nos representan las irrelevantes minorías dispuestas a partir la cara o volar la cabeza al contrincante?

No, ¿verdad? ¿Entonces a qué viene el estúpido vídeo pseudoinstitucional de Rajoy? ¿Qué persigue? ¿Qué sentido tiene convertir granos de arena que ni siquiera se tiene el valor de señalar en montañas que todos debemos allanar? ¿Dónde está la emergencia nacional que requiere nuestra movilización bandera en mano?

Todo indica que es el PP y no el Gobierno el que ha perdido el rumbo desde el mismo día en que perdió las elecciones. Y lamentablemente no es eso lo único que perdió. También le perdió todo respeto a la verdad y toda responsabilidad y solidaridad de Estado.

Yo no siento orgullo de ser español y en gran medida se lo debo al Partido Popular y a su deriva irresponsable y zafia en esta legislatura. A mi me avergüenza que la segunda mayoría política de los ciudadanos de este país tenga unos representantes como los que tiene y aplauda actitudes y estrategias como las que practica.

Quiero que lo sepan. Me ponen enfermo.

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03 octubre, 2007

Desventuras de un burro de noria llamado España

Admito que hay cosas en este país que me ponen de muy mala leche (¿y a quién no?, dirá usted por sus personales motivos) y cuando me hallo en ese estado de cabreo me abstengo de escribir por razones obvias. Intento evitar incurrir en lo mismo que pretendo criticar, que en definitiva es la irracionalidad a la que se está apelando en estos tristes momentos. De ahí mi más reciente silencio.

A medida que se aproxima la fecha electoral asistimos a un delirio progresivo, en el que, además del cansino juego de las ofertas y contraofertas programáticas, regresan los viejos fantasmas en torno a los cuales giramos permanentemente (nos hacen girar, para ser más preciso), cual burro de noria: la unidad de España y la forma de estado.

Paradójicamente, ni la unidad supuestamente amenazada ni el dilema monarquía/república les quitan el sueño a los españoles. Al menos, no todavía. De modo acaso intuitivo, o por simple sentido común, los ciudadanos, en su día a día, ignoran estas 'dramáticas' cuestiones y las sitúan en el terreno de las especulaciones políticas a las que tan dados son los profesionales de la representatividad y sus corifeos mediáticos, sin por ello representarnos de modo verosímil; ni a nosotros ni a nuestros problemas más reales y urgentes.

Si la ínfima minoría de acémilas que quema retratos de los reyes me causa una enorme repugnancia instintiva (me recuerdan a la incendiaria Inquisición, que a falta de reo lo quemaba en efigie), la untuosa beatería de algunos fiscales y de ciertos medios informativos en relación con esos gestos iconoclastas y simbólicos me provoca perplejidad y desasosiego. Son ellos los que dan a hechos irrelevantes e inscribibles en el marco de la libertad de expresión la dimensión transcendental que ansían quienes los patrocinan. ¿Se puede ser más estúpido?

El problema, sin embargo, es que en esa actitud, generalmente, no hay tanta estupidez (que la hay) como cinismo. Cuando personas con más de dos dedos de frente sobredimensionan hasta la caricatura realidades casi insignificantes están alentando deliberadamente el voto del miedo, el voto al PP, que es quien a lo largo de toda esta legislatura está empeñado en dibujar un cuadro tan caótico como irreal. Se trata de crear alarma de modo artificial, de afirmar que todo va muy mal, que España se rompe, que volvemos a las andadas (Aznar dixit) y que la causa es el Gobierno complaciente y errático de Zapatero.

Cuando Rajoy atribuye a la ‘frivolidad’ de Zapatero la insistencia de Ibarretxe en convocar referendos; cuando insiste en que se imponga a como dé lugar que la bandera de España ondee en todas las instituciones; cuando anuncia que propondrá una letra para el himno nacional que hable de la Monarquía queda claro en qué terreno se pretende deteriorar y derrotar al PSOE. Aparentemente, los anecdóticos ataques a la Corona también tendrían su origen en la nunca probada ‘debilidad’ del Gobierno. ¿El nacimiento del ‘plan Ibarretxe’ bajo un gobierno del PP se debía a la debilidad de estos incuestionables patriotas? La cosa sería de risa si no fuera tan penosa.

Ese es el juego diseñado. Miente que algo queda. Ya sólo faltaba el hierático bufón llamado Zaplana afirmando que la situación es tan grave como el 23-F para que el cuadro de patrioterismo delirante e indecente adquiera caracteres surrealistas. No cabe concebir un electoralismo de más baja estofa.

El paisaje nacional, sin embargo, no estaría completo si en él faltasen el risible Ibarretxe con su nuevo plan electorero y la falsa convicción de que la consulta que proyecta es legítima o la rampante demagogia que habitualmente exhibe ERC. Son gentes como ellos, con sus calculados delirios de economía electoral, los que contribuyen a alimentar las estrategias de tres al cuarto de quienes añoran aquella poética entelequia de la “unidad de destino en lo universal”, construida sobre el forzado silencio y el lavado de cerebro (el miedo, siempre el miedo) de la inmensa mayoría. Flaco favor le hacen a su propia causa, ¿pero quién se lo demandará?

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13 septiembre, 2007

El adiós de Imaz, el triunfo de los fariseos

Deliberadamente ignoré en su momento el desembarco de Ibarretxe en el inicio del nuevo curso político otra vez al grito de ¡los vascos decidimos!. Tras haberme referido en diversas ocasiones precedentes al llamado 'plan Ibarretxe', que el lehendakari defendió incluso en el Congreso (inútilmente, claro), comentar la reproducción del absceso autodeterminista me provocaba una visceral alergia.

Siempre he creído que el famoso 'plan' no era otra cosa que un cebo electoralista, tendido oportunistamente en busca del voto del electorado radical en circunstancias en las que éste no podía (como ahora mismo) votar a los suyos por razones legales. La insistencia no prueba otra cosa que el empecinamiento en el error por parte de Ibarretxe y sus secuaces. Un error que es triple: primero porque no alcanza sus objetivos en las urnas; segundo, porque da aliento a ETA y a quienes la apoyan y tercero porque insistir en el derecho de autodeterminación es dar coces contra el aguijón constitucional y beneficia el discurso de los más intransigentes, de los menos dispuestos al diálogo, es decir, al PP.

El anuncio de despedida que ahora hace el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, evidencia no sólo la derrota del sentido común sino también la de la sinceridad, la de la honradez. Es la demagogia autodeterminista la que se impuso el lunes pasado en la aprobación de la ponencia polìtica del partido, que insiste en el derecho de los vascos a decidir en referéndum sean cuales fueren las circunstancias, contra el criterio del sucesor de Arzalluz.

Tan contundente desautorización no podía ser ignorada por Imaz ni por nadie decente y coherente. De ahí que no sólo haya anunciado que no se presentará a la reelección a la presidencia del PNV, sino también que abandona la política, tras trece años de dedicación, para regresar a su actividad profesional (es doctorado en Ciencias Químicas). Pone así término a cuatro años de acoso por parte del búnker peneuvista, todavía férreamente encarnado en las sombras por Arzalluz y sostenido por su 'hijo' ideológico Egíbar, pero no menos por Ibarretxe, cuya cooptación a la candidatura de lehendakari fue obra personal del ex jesuita.

El abandono de Imaz, presentado por él mismo como necesario para superar la división del partido, supone el éxito de la línea demagógica y bifronte del PNV, especialista en decir una cosa y hacer otra diferente y dispuesto a pactar con el propio diablo para mantener lo que siempre han tenido: el poder. No hay un discurso político sincero, abierto y posibilista en el PNV. Quien podía y quería desarrolarlo ha decidido irse. Los fariseos han vencido.

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24 marzo, 2007

Lo que 'jamás' había habido en España


Rajoy dice sentirse “enormemente ofendido” por las declaraciones de Jesús de Polanco, que califica como una "agresión" a su partido como "no la había habido jamás hasta ahora en España".

Hay otras cuantas cosas que jamás había habido en España en democracia hasta que el Partido Popular perdió las elecciones por sus mentiras sobre el 11-M:

- El uso partidista de la lucha antiterrorista, con todo tipo de insidias, intoxicaciones y mentiras puras y duras desde el principio de la legislatura.

- La presión sistemática sobre la judicatura, la judicialización de la vida política y el juicio político de las acciones legales.

- La creación artificial de un estado permanente de alarma social y de crispación mediante el recurso habitual a la mentira, la intoxicación y la manipulación de realidades que, en todos los casos, se han revelado inocuas (Plan Ibarretxe, Estatuto Catalán, negociación con ETA…).

- Las insinuaciones -éstas sí que intolerables- sobre la existencia de un golpe de estado rocambolesco, con complicidades extensas y complejas, en torno al ataque terrorista del 11-M.

- La derechización extrema de un partido sedicente centrista, que se inventa la perspectiva próxima de la desmembración de España y acaba marchando en manifestación junto a la extrema derecha, a la que presta imprudentemente legitimadad y oxígeno.

- La manipulación partidista de las asociaciones de víctimas del terrorismo, su desmembración e instrumentalización.

El "respeto" del PP al Grupo Prisa


De izquierda a derecha, Miguel Ángel Rodríguez, el juez Gómez de Liaño y Álvarez Cascos.

Asegura Rajoy que la “agresión” de Polanco es tanto más injusta cuanto responde al respeto que “siempre” ha mostrado el Partido Popular por el Grupo Prisa. Y al hacerlo abusa una vez más, conscientemente, de la credulidad o la desmemoria de los ciudadanos.

El País evoca hoy, oportunamente, uno de los mayores escándalos de la democracia española. Era el año 1996, Aznar estaba recién llegado a La Moncloa… y el Gobierno se lanzó a la yugular del Grupo Prisa con todo el apoyo económico (Telefónica), judicial (Gómez de Liaño) y mediático (El Mundo, Época…) que pudo reunir. A la parte más aguda de aquel innoble ataque se le conoció como ‘Caso Sogecable’.

Con este precedente, ¿puede sorprenderle a alguien que Polanco tema al revanchismo del PP si logra volver al poder?

Lean, lean (aquí). No sólo la mentira conspira contra la libertad. También el olvido.

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09 febrero, 2007

Las innobles mentiras

Aznar dice que ahora -y subraya el ahora- sabe que Irak no tenía armas de destrucción masiva. Entonces -dice- 'todos' pensaban que sí las tenía. Una vez más juega con nuestra desmemoria y prejuzga nuestra estupidez. Tras los meses que trascurrieron sin que los inquisitivos inspectores de la ONU encontrasen ni rastro de tales armas sólo creían en su existencia quienes habían decidido previamente afirmarla.

Aznar no dijo que 'pensaba' o que 'creía'. No dejó un sólo resquicio de duda cuando afirmó la peligrosidad del arsenal de Sadam. Ni él ni sus secuaces dudan nunca, especialmente respecto a las intenciones de quienes han decidido declarar sus enemigos. Siempre son las peores.

Zapatero -raramente se refieren al Gobierno- iba a romper España con el Estatuto Catalán, en cuya peligrosidad insisten aún, pese a haber consensuado para el de Andalucía cuestiones que objetan en aquél. Con el 'Plan Ibarretxe' y su debate en el Parlamento de Madrid ya habían montado antes un escándalo considerable, aun a sabiendas de que iba a ser rechazado y de que su viabilidad era nula.

En el asunto de la negociación con ETA los ríos apocalípticos se desbordaron. Zapatero ponía de rodillas a España ante la banda terrorista, etc. Y al final resulta que este Gobierno no cedió un milímetro, mientras el Gobierno 'popular' hizo en su momento concesiones a la banda que no se correspondían a ningún progreso en el diálogo mantenido.

Ahora han detectado la 'infiltración' en el Gobierno de un ministro "de extrema izquierda", de la “extrema izquierda judicial” para más señas, y andan rasgándose las vestiduras ante todos los micrófonos del país. Dicen que Fernández Bermejo siente animadversión hacia el Partido Popular y uno se pregunta si tal animadversión es mayor, menor o igual que la que ellos muestran contra Zapatero o el propio nuevo ministro de Justicia.

En cualquier caso, ya 'saben' (como siempre) lo que va a hacer el miniistro 'radical': Legalizar a Batasuna. Lo crean o no, lo afirman. Siempre podrán decir que 'todos pensaban...'

Son fieles seguidores del principio de las 'nobles mentiras' que expuso Leo Strauss, padre 'filosófico' de los llamados -inexactamente- 'neconservadores' (el prefijo más adecuado sería 'ultra'). Son gente que da por sentado que los ciudadanos no son de fiar y que es lícito engañarlos, manipularlos e intoxicarlos por un 'noble' fin: conseguir o mantener el poder y preservar los privilegios de los 'seres superiores', que nada casualmente son los más ricos y los menos escrupulosos.

¿Cuántas mentiras son precisas para saturar la tolerancia de los ciudadanos a esa 'noble' medicina envenenada? Ustedes, vosotros, cada uno sabrá.

Merecer la libertad empieza por saber defenderla.

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