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01 marzo, 2014

Ucrania, un conflicto de alto riesgo


En las últimas horas la tensión ha aumentado extraordinariamente en Ucrania, y también en el panorama internacional. A la advertencia formulada ayer por Obama, en el sentido de que una intervención rusa en el conflicito tendría "costes", que no especificó, Putin ha respondido hoy sin asomo alguno de ambigüedad. El Parlamento ruso ha aprobado, unánimemente, una intervención militar en la antigua república de la URSS "en vista de la situación extraordinaria creada (...) y de la amenaza a la vida de ciudadanos de la Federación Rusa, de nuestros compatriotas, y de los efectivos del contingente militar de las Fuerzas Armadas de Rusia emplazados en territorio de Ucrania (República Autónoma de Crimea)"

En Crimea, república autónoma (no provincia, ni región ucraniana) que acoge a un fuerte contingente de la marina de guerra rusa, las tropas, aunque sin distintivos, ya han hecho acto de presencia ostensible fuera de sus acuartelamientos, para satisfacción y alegría de la población local. Un referéndum para decidir el futuro de la república, convocado inicialmente para mayo, ha sido adelantado al día 30 de este mes. En territorio ruso, las tropas han tomado posiciones ante las fronteras Norte y Este que comparten con Ucrania. Pensar que los gestos rusos son meras balandronadas sería un error. Putin acostumbra a actuar con firmeza y contundencia ante desafíos como este, como demostró en Osetia del Sur y Abjasia tras su invasión por parte de Georgia.

 Como ya ocurrió con ocasión de los conflictos étnicos y políticos que durante años ensangrentaron la ex-Yugoslavia, los medios de comunicación occidentales están manipulando la imagen real del conflicto y sus claves, mediante la típica simplificación maniquea entre 'buenos' y 'malos', en beneficio de los intereses estratégicos de Estados Unidos. Y digo esto porque en ambos casos la UE no fue entonces ni sería ahora otra cosa que una complaciente comparsa. De la guerra en ex-Yugoslavia sólo los USA sacaron algún beneficio, aparte de la fragmentación europea que tanto parece interesarles: hoy poseen en el mini-estado de Kosovo una enorme base militar, denominada Camp Bondsteel. En cuanto a Bosnia, manzana de la discordia en aquellas feroces matanzas, echen un vistazo al mapa adjunto, que muestra al pequeño país hecho trizas. 

Ucrania no es Yugoslavia, ni 2014 son los años 90, cuando la URSS se debatía y desmoronaba en un caos inefable. La crisis actual tiene un altísimo potencial de riesgo para la paz en Europa, y exige de todas las partes una enorme prudencia. El país (el más extenso de Europa, después de Francia) posee una importancia estratégica muy notable, por su situación geográfica y por el hecho de que su territorio es atravesado por los conductos que llevan la energía al Occidente europeo. Casi un 18 por 100 de la población es rusa y un porcentaje mayor son ruso-hablantes y más inclinados a un pacto con su gran vecino que con la UE. Ese no es un dato desdeñable, y Putin no bromea al respecto. Tampoco lo hace, por supuesto, sobre la intocabilidad de la república autónoma de Crimea. 

Ucrania tiene un potencial de crecimiento económico extraordinario y lo ha demostrado en los años pasados, aunque sus gobiernos han fracasado en el control de la inflación, la cual convierte tal crecimiento en intangible a efectos sociales. La política ucraniana está minada por una enorme corrupción y gobernada por una cleptocracia exuberante. Ni el huido Yanukovich ni su oponente, Yulia Timochenko, superarían el más mínimo escrutinio de sus fortunas personales. Con tales mimbres, el cesto resultante es una situación económica de emergencia. Las arcas están vacías y el estado precisaría, ahora mismo, de una inyección mínima de 35.000 millones de dólares. Rusia no los tiene y la UE no debería arriesgarlos en la aventura, dada la situación de sus países periféricos. Quedaría el FMI, que no es precisamente un ejemplo de imparcialidad, pero que, por el momento, se ha comprometido a analizar la situación. 

Estados Unidos lleva mucho tiempo tironeando de Ucrania hacia su esfera de influencia. Su dinero, por importe de 5.000 millones de dólares, según el Departamento de Estado, se ha dirigido a fines, personas o instituciones no identificados, e incluso el gran especulador George Soros ha echado una mano. La llamada 'revolución naranja' (2004), que tantas ilusiones desató, seguramente no fue ajena a tanta 'filantropía' exterior. Y cabría preguntarse qué tuvieron de espontáneo la protesta armada (murieron 16 soldados, no precisamente por palos ni piedras) y la defección parlamentaria que dejaron a Ucrania sin presidente hace apenas unos días. 

El ejército ucraniano, que posee un potencial militar muy notable, es el 'gran mudo' en la situación caótica y crítica que se ha creado. Cabe imaginar que, al igual que la población, está dividido por la mitad en sus inclinaciones atlántistas o pro-rusas y, aunque siempre ha acatado el mandato de los políticos, en el contexto presente cualquier chispa puede causar un incendio. Evitar una guerra civil, cuyos bandos contarían inevitablemente con apoyo exterior, debería ser la prioridad absoluta para las Fuerzas Armadas. 

La situación, como se ve, es tan compleja y delicada que no permite enfoques maniqueos ni actuaciones irreflexivas o provocadoras de ninguna de las partes. ¿Prevalecerán la prudencia y el sentido común? Esta es la segunda confrontación entre Obama y Putin en poco tiempo. En el caso de Siria, tras las advertencias del ruso, que calificó como "agresión" el propósito occidental de atacar militarmente al régimen de Assad y advirtió del riesgo de desequilibrar la zona, indignando a Irán y favoreciendo a Al Qaeda, el presidente estadounidense se avino a razones. En el caso de Ucrania, con los republicanos acusándole de 'blandura', está por ver. La opinión europea pesará en la balanza, ¿pero en qué sentido? El abortado ataque a Siria, por ejemplo, contaba con el apoyo entusiasta de Hollande. Crucemos los dedos porque lo que ocurra podría no tener precedentes desde la "crisis de los misiles".

Pies de fotos:
1.- Paramilitares fascistas, pertrechados para actuar.
2.- Mapa político de Bosnia tras la guerra (picar para ampliar).
2.- Yulia Timochenko, con representantes de la UE en 2010.

18 octubre, 2013

Tea Party: el peligro del té con plastas

Si la reciente crisis presupuestaria en EE UU ha puesto de manifiesto algún grave peligro -además de la significativa falta de fiabilidad del país del dólar de cara a la economía global- es la constatación, más allá de cualquier duda o cuestión de matiz, de que el llamado 'Tea Party' es una rémora nefasta para la política interior y exterior del país que pretende y cree liderar el mundo. Las tácticas de filibusterismo (obstrucción parlamentaria) deplegadas por los republicanos hasta el último minuto, con los miembros del 'Tea Party' en vanguardia, han llevado la incertidumbre a todos los meridianos del mundo y han lesionado gravemente, entre los estadounidenses, la imagen del partido del elefante como alternativa de poder.

Lo que los del té con plastas buscaban, como mínimo botín de su intransigencia para aprobar los presupuestos y el aumento del 'techo' de endeudamiento, era cargarse.la ley sanitaria conocida como 'Obamacare', gran caballo de batalla para cuantos rechazan la extensión de los servicios de salud a todos los ciudadanos. Cualquiera podía predecir, desde el principio de la confrontación, que no lo iban a lograr y que tampoco podían llevar su irresponsabilidad al extremo de hacer realidad la insolvencia del país. Obama no iba a ceder ni un ápice sobre su preciada ley porque es, hasta la fecha, el único logro en política social que puede ofrecer a sus votantes tras haberse batido en retirada de todas sus promesas. Las mentes calenturientas del 'Tea Party' lo creyeron posible y la consecuencia ha sido un doloroso disparo en el pie del Partido Republicano.

A medida que la crisis presupuestaria se prolongaba la inicial confianza de los mercados se transformó en nerviosismo y los movimientos financieros se ralentizaron y adoptaron, dentro de lo posible, medidas prudenciales por si ocurría lo peor. Los principales acreedores de EE UU, China y Japón, rompieron su crispado silencio para recordar a Washington que el reloj corría en contra de sus intereses. El enfado de Pekín, que en estos días superaba a EE UU como mayor consumidor de petróleo del mundo, fue mayor que cualquier otro, hasta el punto de que finalmente ha decidido acelerar la implantación de su propia divisa, el polémico 'renminbi' (o yuan), harto de financiar a EE UU para acopiar dólares con los que garantizar su propia solvencia exterior.

Es inimaginable lo que sucederá a principios de 2014 en EE UU, cuando se reproduzca el debate que ahora se ha superado de modo tan accidentado. Cabe imaginar que el Partido Republicano ha tomado buena nota del precedente e intentará sujetar a los adictos al té con plastas, pero al tratarse de un grupo tan heterogéneo, incongruente y asilvestrado nada es descartable. No se debe olvidar que esa caótica conjunción de 'libertarians' (libertarios de derechas, partidarios de reducir la dimensión del Estado a su mínima expresión), fundamentalistas religiosos, racistas inconfesos y criptofascistas, que se amparan en la 'sagrada Constitución' y en las 'suras' de los 'padres fundadores' del 'país de los libres', cuenta con el apoyo ferviente e incondicional del segundo grupo empresarial del país (dirigido por las hermanos Koch, Charles y David) y que entre las estrellas emergentes de los republicanos se halla el senador cubano-americano Ted Cruz, empeñado en una confrontación muy personal con Obama, al que tal vez aspira a relevar en la Casa Blanca con el apoyo de los 'locos del té'.


Pie de foto: Ted Cruz, senador republicano por Texas.

16 septiembre, 2013

Obama, en su peor trance



La presidencia de Obama atraviesa en estos días sus peores momentos. No se trata sólo de que la presión de la opinión pública nacional e internacional le haya forzado a renunciar a atacar a Siria, acción que había defendido con un ardor inquietante. Lo más difícil está por llegar y se circunscribe al terreno económico, en el que, pese a la superación de la recesión y a los buenos datos macroeconómicos, las espadas están en alto, tanto en su propio partido como en la oposición.

Un avance significativo de lo que puede ocurrir próximamente ha sido su fracaso en imponer la polémica figura del economista Larry (Lawrence) Summers al frente de la Reserva Federal (Fed), en sustitución de Bernanke. De nada ha servido el entusiasta panegírico de Obama, que dice tener "confianza absoluta" en el criterio de Summers y en su adecuación para el cargo. Representantes de su propio partido en el Senado han boicoteado la elección. Nada puede hacer olividar -y menos en el quinto aniversario de la quiebra de Lehman Brothers- que Summers, que anunció ayer su renuncia, fue en la era Clinton el 'apostol' de la desregulación financiera que abocó a la crisis actual.

En cualquier caso, este hecho nada insignificante, que ha sido 'vendido' públicamente como una renuncia de Summers a postularse para el cargo, evitando así que el presidente incurra en un nuevo renuncio tras el del abortado ataque a Siria, sólo es una pequeña escaramuza dentro de la batalla parlamentaria que se prepara con los presupuestos y el aumento del techo del déficit como objeto de debate. La transcendencia de esa confrontación es decisiva. Si Obama no logra que se aumente el referido techo, que se hallaba en Abril en el 118% del PIB, con una deuda total de 16, 8 billones de dólares, el resto de la legislatura pasará por graves apuros.



El nivel de endeudamiento actual sólo fue superado tras la depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial.


Los republicanos rechazan apoyar un aumento del endeudamiento, de cuyo montante 5,8 billones se hallan en manos extranjeras (China y Japón son los principales tenedores), del mismo modo que se han opuesto a la política de estímulos económicos, tan bien recibida por los inversores. El instrumento fundamental de esa política es el "Quantitative Easing" (QE), cuyo final ya fue anticipado por Bernanke y que consiste en la compra por parte de la Fed de 85.000 millones de dólares mensuales en activos financieros.

Si el QE --que ha contribuido a aumentar el déficit- desaparece, como está previsto que suceda, y el techo del déficit no aumenta EE UU se hallará pronto en una situación virtual de quiebra y la reacción de los mercados podría causar enormes dificultades y ahondar la crisis que el país se cree en trance de superar. A nivel internacional la conmoción sería también muy considerable. Cabe suponer, en consecuencia, que el Parlamento estadounidense acabará aprobando el aumento del techo del déficit en la medida que Obama desea, pero la situación actual es tan delicada que, para lograrlo, el presidente ha decidido eludir los forcejeos con las Cámaras, renunciando al ataque a Siria y sacrificando la cabeza del 'imprescindible' Larry Summers.

Lo que intenta Obama, en última instancia, es eludir cualquier confrontación previa a un debate económico crucial, que se iniciará aproximadamente dentro de un mes. Mientras tanto, pese a (y también a causa de) sus renuncias, la imagen del otrora carismático presidente de Estados Unidos se deteriora aún más.

14 diciembre, 2012

Matanza récord en EE UU.- 27 muertos, 18 de ellos escolares, es el balance provisional de una nueva matanza por disparos en una escuela de Connecticut, según informa la agencia Associated Press. Esta masacre, si se confirma la cifra de muertos, bate el record histórico en este tipo de actos criminales y el año 2012 también quedará en la historia como el que registró mayor número de acciones de estas características (cuatro) hasta la fecha.

Un portavoz de la Casa Blanca ha rechazado comentar el polémico libre uso de armas de fuego en Estados Unidos, asegurando que éste "no es el momento" para ello, sino para mostrar solidaridad y compasión por las víctimas y sus familiares. Las estadísticas más recientes registran un aumento alarmante en la compra de armas en los últimos tiempos y el presidente Obama no debería tardar en pronunciarse en algún sentido sobre el asunto. 
La controvertida segunda enmienda de la Constitución pretendía que los ciudadanos tuvieran armas en previsión de la posibilidad de combatir a un gobierno tiránico. Esa oportunidad no se ha registrado nunca hasta la fecha, pero a ella se aferran los defensores acérrimos de ese "democrático" derecho, que no hace otra cosa que producir un terrible y creciente balance de violencia mortal. La revisión de la segunda enmienda no debería ser demorada.
 

11 mayo, 2012

Crisis: Las mentiras de España y la anarquía global

Hace hoy una semana, en un Breve publicado aquí a raiz de la cumbre que el BCE celebró en Barcelona, cuestionaba yo la ejecutoria del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), que hasta ayer parecía un personaje grato al Gobierno. "Este hombre - escribía - pasó de criticar la burbuja inmobiliaria generada por la liberalización del suelo que aprobó el PP a no decir esta boca es mía cuando ocupaba la Secretaria de Estado de Hacienda y Presupuestos en 2004, tras la victoria electoral del PSOE. Situado al frente del banco nacional en 2006, estuvo muy discreto hasta la llegada de la crisis, momento a partir del cual habló tan alto como pudo en demanda de reformas estructurales (las que está realizando ahora el PP). MAFO entonces no sólo miró hacia otra parte ante la burbuja inmobiliaria, sino también ante la suicida política crediticia de los bancos, que la engordaron hasta su estallido. Las irregularidades en numerosas cajas de ahorros tampoco le quitaron el sueño. Su jubilación sería una buena noticia".

No imaginaba entonces que el Gobierno y el PP iban a desencadenar una ofensiva en toda regla contra MAFO como consecuencia de la falsa nacionalización de Bankia (en realidad se trata de una socialización parcial y temporal del riesgo que comporta su matriz enferma, el BFA). Es indudable que el gobernador del Banco de España tiene su parte de culpa - y no pequeña -, pero el clamor actual del PP contra él es un truco barato e inútil para evitar que se recuerde su actuación lamentable en las dos principales cajas asociadas en la fórmula Bankia, Caja Madrid y Bancaja (Valencia). Ciertamente el estatus peculiar de las cajas españolas, limitadas financieramente y condicionadas políticamente, debió ser revisado antes, en la medida en que constituían un cuerpo extraño y frágil en un delicado sistema bancario, pero ya no es momento de preguntarse por qué no se hizo. Fueron diversos los gobiernos y los gestores del Banco de España que, por inercia o dejadez, lo consideraron incómodo e inoportuno.

España está ahora bajo el ojo del huracán por la mala cabeza de muchos, pero sobre todo por la tendencia a la ocultación y la mentira de todos los implicados en la gestión publica y privada de la finanzas. Durante al menos tres años han estado garantizando ante propios y extraños la solidez y fiabilidad del sistema bancario, mientras dentro y fuera de nuestras fronteras era notorio que existía un gravísimo problema por causa de la implicación del crédito en la gigantesca burbuja inmobilizaria. El momento de reconocer la realidad y reaccionar frente a ella ha sido pospuesto sistemáticamente hasta que el FMI ha denunciado la situación de Bankia y sus triquiñuelas impresentables para aparentar buena salud. Ahora se ha levantado la veda para todo el sector y las medidas de emergencia adoptadas hoy por el Gobierno tendrán como primera consecuencia un aumento notable del sufrimiento, sin que nadie pueda asegurar que bastarán para alcanzar la confianza de unos mercados-casino que hasta ahora no han visto en la ruina ajena otra cosa que una oportunidad para aumentar sus beneficios.

Dejando por el momento a España aparte, hoy ha transcendido una noticia internacional que nos muestra sin lugar a dudas hasta qué punto el conjunto de la economía occidental está enferma, hasta qué punto el sistema capitalista monetarizado y financiarizado es insostenible. JP Morgan Chase, uno de los grandes bancos estadounidenses que estuvo metido hasta las cejas en el fraude de las hipotecas 'subprime' y hubo de ser rescatado con dinero público ha comunicado una pérdida de 2.000 millones de dólares en derivados de crédito, que "podría empeorar", según su jefe ejecutivo, Jamie Dimon. "Errores, negligencias y faltas de criterio" habrían sido lor motivos, según Dixon, pero nadie ignora que la causa principal de que este tipo de cosas siga sucediendo es la anarquía en la que se mueven las entidades financieras y la creación de productos financieros opacos e inquietantes como los derivados.

La reclamación de medidas regulatorias más duras es ya un clamor en la sociedad americana, pero Obama parece ser rehén de su equipo de asesores económicos y de las presiones de los 'lobbies' financiero. Lamentablemente esa anarquía y falta de escrúpulos se ha apoderado del mundo y si no se le pone límites la consecuencia sólo puede ser un desastre sin parangón.   

06 diciembre, 2011

Breve



Guerra económica global.- La globalización, surgida al calor del 'nuevo orden mundial' enunciado por EE UU tras el derrumbe del socialismo real, apenas tiene veinte años de existencia, pero ya ha evidenciado, de múltiples maneras, su carácter devastador. Nada más lejos de la filantropía. Se trata de una guerra mundial por otros medios y el propósito de quienes la han instrumentado es el mismo que guía cualquier otra guerra mundial: imperar. Más allá de toda duda, la profecía de Marx sobre la acumulación del poder económico cada vez en menos manos se está cumpliendo inexorablemente, hasta el punto de que son los poderosos los que dictan la política y convierten la relativa democracia que existía en una caricatura. Wall Street ha tomado la Casa Blanca (basta con ver el entorno próximo de Obama) y la UE se rinde a los 'expertos' criados a los pechos de la gran banca financiera, la misma que ha causado la crisis. Estamos ante una 'revolución capitalista' que genera y amplía la miseria en cada movimiento.

19 agosto, 2010

Comienza la "iraquización"


La pasada madrugada los "últimos" efectivos de combate estadounidenses en Irak abandonaron el país vía Kuwait. Eso dicen a estas hoiras los engañosos titulares, que hablan también del "fin de una guerra" de siete años.

Lo cierto es que la guerra propiamente dicha terminó, como cualquiera puede recordar, apenas se inició. El ejército iraquí se esfumó y el sanguinario dictador Sadam Hussein se enterró en vida hasta que una traición bien pagada lo exhumó. Si hablamos de la guerra contra el terrorismo ("war on terror", en el lenguaje de la estrategia global implementada en la 'era Bush'), habrá que admitir que está lejos de terminar, como evidenció el reciente atentado suicida, atribuido a Al Qaeda, que se saldó con al menos medio centenar de muertes.

Una guerra concluye cuando uno de los contendientes es derrotado, admite su derrota y se pone a merced del ejército victorioso. Eso sucedió con el Irak de Hussein, no con el Irak de Al Qaeda, inexistente en la era Sadam, que, en un efecto torpemente imprevisto e indeseable, apareció y tomó fuerza tras la invasión.

No es cuestión de alargar innecesariamente este comentario con la evocación de las múltiples indecencias y torpezas de una invasión basada en acusaciones ficticias. Bush ni siquiera pudo convencer a la comunidad internacional de sus motivos y vio frustrado su propósito de reconstruir la fuerza multinacional que apoyó a su padre tras la invasión de Kuwait. A ese fracaso inicial siguió otro aún más grave en la hipotética pacificación y democratización del país invadido. Ahora mismo Irak se halla virtualmente sin Gobierno como consecuencia de las diferencias irreconciliables entre comunidades religiosas (chiíes y suníes) y étnicas (árabes y kurdos) que Hussein acostumbraba a suprimir mediante una brutalidad desproporcionada.

Este, en definitiva, es un fin de guerra falso, pero también es una falsa retirada de fuerzas de combate. 50.000 efectivos permanecerán 'sine die' en el país ocupado. Se trata de fuerzas de combate a las que, a partir del 31 de este mes, se les cambiará nominalmente de misión para dedicarlas -se asegura- a dar formación y apoyo el ejército y las fuerzas de seguridad iraquíes. Y es curioso porque se supone que esa ha sido su función -aparentemente nada exitosa- en los últimos años.

El esquema reproduce fielmente lo que en la guerra de Vietnam la política estadounidense calificó eufemísticamente como "vietnamización", el principio del fin de una aventura estúpida y la asunción de una impotencia muy duras de admitir para una superpotencia, pero inevitables. Barack Obama, sumido ya en un clima preelectoral que su partido contempla con inquietud, puede bautizar como le parezca más oportuno la nueva situación, pero nada puede ocultar que es imposible poner fin con honor a la deshonra generada por su predecesor.

Estados Unidos dejará en Irak, cuando se retire (si alguna vez lo hace), un país más dividido y peligroso que el que encontró y por ende habrá aumentado la inseguridad en un área de por sí explosiva. Nadie puede vender la operación "Libertad Iraquí" ni sus secuelas como un éxito cuando es justamente lo contrario.

16 julio, 2010

Breve



Menos lobos, Obama.- Los diarios titulan enfáticamente en relación con la aprobación por el Senado USA de la reforma financiera de Obama. Sin embargo, tal reforma, que será desarrollada por centenares de regulaciones, es vista por algunos analistas como una victoria de la banca, y el acuerdo, con tres votos republicanos prestados, no sería sino la consecuencia de concesiones importantes a los 'lobbies'. Todo queda por definir y la definición llevará tiempo. El FSOC (Consejo de Vigilancia de la Estabilidad Financiera) va a ser un órgano clave y, mientras se decide cuáles son las entidades TBTF (‘too big to fail’: demasiado grandes para fallar) un especialista en 'hedge funds' plantea en Financial Times sus dudas acerca del tratamiento adecuado oara estos negocios aventureros, cuyo control debería ser clave en cualquier reforma y sin embargo no lo es.

12 mayo, 2010

Breve

Obama ‘presiona’ a Zapatero.- Puede que no sea una ingerencia impropia (o tal vez sí) que Obama anime a Zapatero a adoptar "acciones resolutivas" frente a la crisis, especialmente poco antes de que éste anuncie tales medidas en el Congreso. Puede que tales medidas impopulares -o mejor, antipopulares- precisen (o no) el apoyo del presidente del país de los asaltantes de mercados. Nos habría gustado saber que, en justa respuesta, Zapatero hubiera animado a su animador a sacar adelante de una vez las medidas de control financiero que todo el mundo está esperando. Parece que de lo que se trata es de ganar tiempo, de que los estados más débiles mejoren su situación, para hacer creer que las medidas destinadas a evitar otra crisis como esta ya no son necesarias. Y esto es demasiado grave como para andarse con engañifas y paños calientes. La culpa todos sabemos quienes la tienen, lo mismo que sabemos que los culpables persisten impunemente en sus costumbres devastadoras.

27 abril, 2010

Breve

INQUIETUD.- Wall Street acusa en estos días la inquietud y la incertidumbre sobre el destino de Grecia y Portugal. A perro flaco todo son pulgas y cuando las pulgas son gordas y bulímicas, como en la economía globalizada y especulativa que sufrimos, y a ellas se unen los egoísmos nacionales (como el de Alemania frente a Grecia) no sólo resulta que el capitalismo es un fracaso, como ha puesto de manifiesto esta crisis, sino que además la UE es un fiasco superlativo. Mientras, la reforma financiera que Obama trata de sacar adelante sufre un revolcón parlamentario. Ese es el fin último de la mutilada democracia bipartidista que impera en todas partes: frustrar cualquier cambio que perjudique los intereses de los poderosos, los que tienen como rehén a un sistema supuestamente implantado en beneficio de todos.

21 enero, 2010

Grave varapalo a Obama


El 5 de noviembre de 2008, coincidiendo con la elección de Barack Hussein Obama como presidente de Estados Unidos (o “América”, como gustan decir enfáticamente tanto él como sus predecesores), expresaba yo mi escepticismo respecto a la futura gestión de quien había aparecido como una figura radiante y prometedora -casi providencial- en el horizonte gris de la política estadounidense. “El futuro presidente es, ahora mismo, -escribí entonces- un sobre cerrado, un sobre sorpresa del que pueden salir novedades agradables y también decepcionantes en función de las realidades críticas que deberá afrontar y de las compañías de las que se rodee”.

Cuando se cumple un año de su toma de posesión es inevitable decir que el contenido del sobre consiste básicamente en decepción. Tal vez no se pueda negar a Obama un cierto grado de buena fe y honestidad, notablemente superior, en cualquier caso, al que mostró su predecesor, pero eso no basta. Hay que admitir, igualmente, que el inquilino negro de la Casa Blanca afronta dificultades inéditas como consecuencia de la crisis económica, pero eso estaba previsto. Lo que se esperaba de él, precisamente, era que diera respuestas contundentes a los desafíos planteados y cumpliese sus promesas. Eso no ha ocurrido.

Como consecuencia el desencanto ha sustituido a la ilusión. El presidente ha perdido un 20 por 100 de popularidad, lo cual no es demasiado si se considera que estaba situado en un asombroso 70 por 100, pero tampoco es irrelevante. La pérdida del escaño al Senado por Massachusetts, ocupado hasta su muerte por el último de los míticos Kennedy, que fue crucial en la elección de Obama como candidato demócrata, da una prueba elocuente de la relevancia que ha adquirido la decepción. Además ese varapalo amenaza con plantear dificultades suplementarias al proyecto de reforma sanitaria, protagonista de su programa de política interior al que los ‘lobbies’ y los medios afrontan con dosis extraordinarias de manipulación e intoxicación (con la acusación de “socialismo” incluida), condicionando la aceptación pública incluso entre quienes habrían de ser sus máximos beneficiarios.

Obama no ha estado remiso ni ha errado a la hora de identificar de inmediato la causa del fiasco electoral en un territorio históricamente demócrata: “el enfado y la frustración de los electores”. Añadir a ese reconocimiento la matización de que tal estado de ánimo tiene su origen no sólo en el último año, sino en los ocho anteriores, ha sido, sin embargo, una observación gratuita. Es su política la causa del enfado y la frustración. Si fuera de otro modo no habría triunfado un republicano donde acostumbraba a ganar un demócrata: lo contrario de lo que ocurrió en las presidenciales.

Cuando se generan grandes y excesivas esperanzas; cuando se formulan promesas sin meditar lo suficiente su probabilidad; cuando se intenta sustituir con grandes palabras la carencia de resultados, el riesgo de generar frustración y enfado en los electores es considerablemente alto. Obama ha decepcionado precisamente porque no ha sabido o podido estar a la altura de sus palabras. Así ha pasado de ser visto como un mesías salvador a que se le contemple con el mismo escepticismo -si no mayor- que a sus predecesores. Otro político que propone y no da; otro político que se humilla ante el complejo financiero-militar-industrial y renuncia a perseguir los sueños que él mismo ha alimentado.

Que Obama ha acusado el golpe y que es muy consciente de la seriedad y gravedad del mensaje que los electores le han dirigido no deja lugar a dudas. Hoy mismo ha anunciado medidas contundentes, aunque insuficientemente especificadas, en el vidrioso terreno de la industria financiera (“si quieren pelea la van a tener”, dijo). El plan, que ya se había adelantado como probable en lo esencial, pretende, por un lado, separar a la banca comercial de las actividades de riesgo. Por otra parte, quiere reducir el tamaño de los bancos, que acumulan un excesivo poder -nocivo para los principios de la competencia equitativa- tras las quiebras causadas por la crisis. “Nunca más el contribuyente va a ser rehén de un banco demasiado grande para quebrar”, ha dicho, tras acusar a Wall Street de provocar una recesión que ha causado la pérdida de siete millones de puestos de trabajo.

Por supuesto, la respuesta inmediata del sistema se ha reflejado en la bajada de los mercados bursátiles, pero la de los poderosísimos afectados está todavía por llegar y Obama puede encontrar fuertes obstáculos justamente en el Senado, donde los demócratas han dejado de sentirse seguros tras el fiasco de Massachusetts. 

Veremos qué pasa. Hay tiempo para que Obama recupere al menos una parte de la credibilidad perdida, pero nadie se lo va a poner fácil. Podríamos estar ante otro bello propósito que se convierte en papel mojado. Las elecciones que se celebrarán el 2 de noviembre para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado darán la clave del futuro y Obama tiene que moverse rápido y con eficacia si no quiere convertirse en un presidente de papel, rehén de los republicanos.

Foto: Martha Coakley, la candiata derrotada.

30 diciembre, 2008

Ofensiva en Gaza: Brutalidad y cálculo israelí



Al menos 360 muertos y 1.700 heridos es, hasta ahora, el balance conocido de víctimas palestinas causadas por la ofensiva aérea de Israel contra la franja de Gaza, brutal y desproporcionada. La nación judía justifica el ataque como respuesta al lanzamiento de cohetes Kassam contra territorio israelí por parte de militantes de Hamas, pero la lectura política que puede hacerse de esa absurda y abusiva iniciativa bélica va mucho más allá de la amenaza de unos proyectiles rudimentarios y casi ridículos y es de doble recorrido: interior y exterior.

Por un lado, la proximidad de las elecciones legislativas ha llevado al Gobierno a hacer una demostración de fuerza antipalestina que contrarreste las acusaciones de 'blandura' que formula el radical Netanyahu, lider del Likud tras la creación de Kadima por parte de Ariel Sharon, escisión autotitulada de centro-derecha (?) enfrentada al ultraderechismo del grupo original. No hay diferencias esenciales en cuanto al trato que ambos proponen para el contencioso palestino. La diferencia fundamental es que unos (Kadima) están en el Ejecutivo y otros (Likud) quieren estar. Aparecer ante el electorado como 'halcones' no sólo es preciso para llegar o mantenerse en el poder a través de los votos, sino también un factor importantísimo para obtener luego, en la Knesset, el apoyo de los partidos religiosos ultraortodoxos que, desgraciadamente, condicionan la vida política en Israel, del mismo modo que el fundamentalismo islámico rige Gaza.

Pero el ataque contiene también un mensaje exterior muy personalizado de cara a la futura Administración del Partido Demócrata en Estados Unidos, país que ha sido tradicionalmente valedor y cómplice de todas las transgresiones practicadas por Israel, en abierto desafío a Naciones Unidas, cuyas resoluciones ha ignorado habitualmente con impune arrogancia. Obama y su equipo callan ante la aplastante ofensiva en Gaza y el silencio se explica, a través de fuentes cercanas, como la actitud lógica ante una responsabilidad que todavía concierne a Bush. Israel ha atacado mientras éste ocupa la Casa Blanca de modo calculado, en un intento de replantear el estatus de Gaza y enfrentar a Obama a hechos consumados.

Tradicionalmente las administraciones demócratas han sido menos permisivas con el Gobierno de Jerusalén y han puesto especial empeño en forzar la negociación entre árabes e israelíes desde la ya remota ocasión de Camp David, hace treinta años, bajo la presidencia de Carter. Ahora, a partir de su toma de posesión, Obama deberá demostrar que es capaz de conciliar su compromisos con la seguridad de Israel y con el logro de la paz en Oriente Medio. Tener como mano derecha a Rham Emanuel y como responsable de política exterior a Hillary Clinton no permite abrigar muchas esperanzas. En cualquier caso Israel, con esta ofensiva, deja claro que no se lo va a poner fácil.

Fotografía: batería de cohetes Kassam, arma más simbólica que real de Hamas. Se fabrican rudimentariamente en talleres clandestinos y tienen un alcance reducido y una precisión nula.

05 noviembre, 2008

Barack Obama: Un sobre cerrado



De la mano de Barack Obama (*) han triunfado en las elecciones presidenciales de Estados Unidos la esperanza sobre la decepción, la voluntad de cambio frente al continuismo, la progresividad social contra la inercia conservadora. La victoria del candidato demócrata no habría sido posible en toda su contundencia sin el deterioro extraordinario de una presidencia, la de Bush, que nunca debió lograr un segundo mandato y que a lo largo de él ha llevado la desesperanza y la frustración de los estadounidenses hasta un nivel inédito.

La alternativa republicana, presentando a un voluntarioso septuagenario, imprudentemente escoltado por una lenguaraz y desinhibida ultraderechista, no sólo no responde en absoluto al 'sueño americano' sino que ha sido un error de grandes proporciones desde cualquier punto de vista que se considere.

Ya el triunfo de Obama sobre Hillary Clinton fue un indicio elocuente de que algo esencial estaba cambiando en las expectativas de los ciudadanos estadounidenses. Los compromisarios demócratas eligieron la credibilidad frente a la muy relativa novedad de una candiatura femenina que tenía como inconveniente precisamente lo que se creía una ventaja: apellidarse Clinton. Las sagas familiares -los Bush son una muestra elocuente- generan desconfianza y dan una imagen penosamente endogámica que no avala precisamente la verosimilitud de la democracia.

Todo estaba a favor del éxito de Obama, incluyendo la brutal crisis económica. Si alguien puede minimizar las consecuencias sociales de ese desastre es precisamente un candidato que, entre otras cosas, quiere generalizar la asistencia sanitaria, exonerar de impuestos a los ingresos menores de 50.000 dólares y gravar más a quienes disfrutan de mayores ingresos. Pero la crisis va a ser también el mayor obstáculo para que sean finalmente viables los avances anunciados. El déficit de un billón de dólares y la previsible necesidad de 'auxiliar' a entidades financieras en apuros lastrarán pesadamente su legislatura.

Ahora mismo Barack Obama es una esperanza. Sólo -y nada menos- éso. Lo que vaya a ser su gobierno entra de lleno en lo imprevisible. El futuro presidente es, ahora mismo, un sobre cerrado, un sobre sorpresa del que pueden salir novedades agradables y también decepcionantes en función de las realidades críticas que deberá afrontar y de las compañías de la que se rodee. Más allá de su discurso progresista el futuro inquilino de la Casa Blanca ha dado muestras elocuentes de ser un pragmático, capaz de coexistir -sin conflicto abierto- con circunstancias antitéticas y personalidades antagónicas.

Ha sido hábil construyéndose una imagen de independencia respecto a los lobbies y grupos de presión y ha logrado financiar en gran parte su campaña con fondos aportados por los propios ciudadanos de a pie. Pero hay una excepción significativa, la que hizo públicamente a finales de febrero 2007 ante una reunión con el "American Israel Public Affairs Committee", denominación eufemística que designa al lobby sionista. En aquella ocasión Obama no escamoteó nitidez a la hora de mostrar su apoyo incondicional a Israel, 'única democracia en el área' de Oriente Medio.

"Debemos preservar -dijo entonces- nuestro total compromiso con nuestra relación de defensa única con Israel mediante la completa financiación de la asistencia militar continuando el trabajo en el Arrow y los programas de defensa relacionados con misiles". Eso era exactamente lo que el Comité quería oir. Probablemente ese apoyo expreso y categórico a Israel era un gesto imprescindible para alguien que tiene nombres musulmanes tales como Barack y Hussein y despierta suspicacias paranoicas . Nadie, en cualquier caso, puede alcanzar la presidencia de Estados Unidos con el lobby judío enfrente por la simple razón de que eso equivale a tener en contra a buena parte del poder financiero y mediático.

Ese compromiso, más allá de su pragmatismo, supone una hipoteca muy condicionante a la hora de hacer realidad el propósito de distender las relaciones con los países árabes y más específicamente con Irán, declarada prioridad de Obama para su política exterior. ¿Podra su indiscutible astucia y capacidad de conciliar contrarios conjugar ambos compromisos?

Habrá que esperar a que el sobre se abra para despejar todas las razonables dudas que existen acerca de la viabilidad real del programa de Barack Obama. Mientras tanto sólo podemos seguir acariciando la esperanza de que un cambio real, de conceptos y de estilo, llegue a la Casa Blanca, lo cual será bueno para Estados Unidos y para el mundo.

(*) Deliberadamente he ignorado el componente racial. Tras el paso por el poder -de la mano del Partido Republicano- de Colin Powell y Condoleezza Rice, no creo que la raza sea un factor políticamente tan relevante como otros lo consideran. Más aún, considero importante que no lo sea porque eso, precisamente, avala la posibilidad improbable de que Estados Unidos se cambie a sí mismo y cambie el mundo, como ha prometido Obama.