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13 mayo, 2007

Jean Ferrat: Nuit et brouillard




Jean Ferrat tal vez sea el más desconocido en España de los cantautores mayores (por calidad) de Francia. La razón fundamental de tal desconocimiento -indiferencia aparte- es que durante la fase más activa de su carrera, cuando aún cantaba en directo, coincidió con la dictadura franquista. Sus discos, en tanto que militante confeso y coherente del PCF, estaban prohibidos en nuestro país.

Quizás esa sea la razón de que no exista en el Internet castellano una biografía digna de tal nombre (ver en francés) del cantante y compositor galo, que también tuvo que soportar en su propio país la marginación de la televisión y la radio y cierta carencia de promoción, lo cual no impidió su éxito.

Coetáneo de Jacques Brel, el éxito se le resiste más que al belga, que graba su primer disco en 1953 mientras Ferrat no lo hace hasta 1958. En 1957 Brel alcanza la popularidad con ‘Quand on n’a que l’amour’. Ferrat le sigue en 1960 con ‘Ma môme’. Son, en cualquier caso, dos artistas muy diferentes. Expansivo y algo excesivo Brel, un auténtico ‘animal’ de la escena. Ferrat, contenido e íntimo, no se siente cómodo ante las multitudes ni disfruta la vorágine de las giras, que para Brel son una droga.

Ambos coinciden en su prematura retirada de los escenarios. Brel lo hace en 1967, a los 38 años, tras una gira de despedida interminable e inolvidable, aparentemente movido por el deseo de “no engañar” a su público con canciones interpretadas sin sentimiento a fuerza de ser repetidas. Para Ferrat, el retiro, que lleva a cabo en 1972 trasladando su domicilio a un pequeño pueblo de la Ardéche, obedece a una opción de filosofía vital. Quiere apartarse y vivir su vida personal lejos de los agobios y la expectación de París.

Pero si para Brel, que muere en 1978, la despedida es prácticamente definitiva, no es así para Ferrat, que seguirá componiendo y grabando, aunque de modo cada vez más esporádico, magníficas canciones que son acogidas por un público fiel.

Ferrat es un excelente letrista y compositor, que goza de una voz privilegiada, grave y plena. El conjunto de su obra, regrabada y editada en 1980 en una compilación de doce discos a la que han seguido otras, le muestra inequívocamente como uno de las ‘grandes’ de la canción francesa.

Nuit et brouillard (Noche y niebla, el mismo título de una película de Alain Resnais de 1955), publicada por primera vez en 1963, es, junto con La Montagne, Camarade, Les yeux d’Elsa, Aimer à perdre la raison y tantas otras, una evidencia incontestable de por qué Jean Ferrat debe ser conocido y reconocido.

Ver letra en francés (aquí)

Traducción:

Ellos eran veinte y cien, ellos eran millares/ Desnudos y delgados, trémulos, en aquellos vagones sellados/ Que desgarraban la noche con sus uñas batientes/ Ellos eran millares, ellos eran veinte y cien.

Se creían hombres, no eran más que números/ Su suerte estaba echada desde hacía mucho tiempo/ Cuando la mano vuelve a caer no queda más que una sombra/ Ellos no debían volver a ver un verano jamás.

La huída monótona y sin prisa por el tiempo/ Sobrevivir aún un día, una hora, obstinadamente/ Cuántos giros de ruedas, paradas y salidas/ Que no acaban de destilar la esperanza.

Se llamaban Jean-Pierre, Natacha o Samuel/ Algunos rezaban a Jesús, Jehová o Visnú/ Otros no rezaban, pero qué importa el cielo/ Querían simplemente no vivir más de rodillas.

No llegaban todos al fin del viaje/ Los que han regresado ¿pueden ser felices?/ Intentan olvidar, sorprendidos de que a su edad/ Las venas de sus brazos se hayan hecho tan azules.

Los alemanes vigilaban de lo alto de las torretas/ La luna se callaba como callabais vosotros/ Mirando a lo lejos, mirando fuera/ Vuestra carne era tierna para sus perros policías.

Me dicen ahora que estas palabras no tienen validez/ Que es mejor no cantar más que canciones de amor/ Que la sangre seca rápidamente al entrar en la historia/ Y que no sirve para nada coger una guitarra.

¿Pero quién tiene talla para poder pararme?/ La sombra se ha hecho humana, hoy es el verano/ Twistearé (*) las palabras si fuera preciso twistearlas/ Para que un día los niños sepan quienes fuisteis.

Erais veinte y cien, vosotros erais millares/ Desnudos y delgados, trémulos, en aquellos vagones sellados/ Que desgarrabais la noche con vuestras uñas batientes/ Erais millares, erais veinte y cien.

(*) La canción fue publicada en 1963, en pleno éxito del efímero ritmo llamado 'twist'.

Leer online: http:laspiral.blogspot.com


06 mayo, 2007

Nuestra Francia



Jean Ferrat (27-12-1930), cuyo nombre real es Jean Tenenbaum, tuvo una infancia amarga. Su padre, judío, fue deportado por los alemanes y murió en Auschwitz. El trabajo fue para él una precoz experiencia y los partisanos comunistas, la única referencia coherente de rechazo al invasor nazi en la Francia claudicante e indigna de Vichy.

Próximamente entraremos más a fondo en su biografía, pues es mi propósito comentar su emblemática canción Nuit et brouillard”. Hoy he querido evocar su visión nada complaciente de Francia, a cuya burguesía apostrofa sin piedad. Ferrat es el último vestigio de una generación de grandes cantantes-compositores galos cuyas luminarias mayores (Brel, Brassens, Ferré) han desaparecido. Ellos asociaron poesía, música e ideología de un modo inédito y tal vez, desgraciadamente, irrepetible.

Por supuesto: la elección de este tema, Ma France, no es casual. Francia decide hoy su futuro en las urnas. El dato de participación a las cinco de la tarde (75,11%) no deja lugar a dudas acerca de la consciencia que los franceses tienen de lo crucial de este relevo que decide entre lo-mismo-o-peor que antes y la esperanza de un cambio en fondo y forma de una república obsoleta.

Francia necesita un cambio y Europa necesita que Francia cambie.

De plaines en forêts de vallons en collines
Du printemps qui va naître à tes mortes-saisons
De ce que j'ai vécu à ce que j'imagine
Je n'en finirai pas d'écrire ta chanson
Ma France.

Au grand soleil d'été qui courbe la Provence
Des
genêts de Bretagne aux bruyères d'Ardèche
Quelque chose dans l'air a cette transparence
Et ce goût du bonheur qui rend ma lèvre sèche
Ma France.

Cet air de liberté au-delà des frontières
Aux peuples étrangers qui donnaient le vertige
Et dont vous usurpez aujourd'hui le prestige
Elle répond toujours du nom de Robespierre
Ma France

Celle du vieil Hugo tonnant de son exil
Des enfants de cinq ans travaillant dans les mines
Celle qui construisit de ses mains vos usines
Celle dont monsieur Thiers a dit qu'on la fusille
Ma
France

Picasso tient le monde au bout de sa palette
Des lèvres d'Éluard s'envolent des colombes
Ils n'en finissent pas tes artistes prophètes
De dire qu'il est temps que le malheur succombe
Ma France

Leurs voix se multiplient à n'en plus faire qu'une
Celle qui paie toujours vos crimes vos erreurs
En remplissant l'histoire et ses fosses communes
Que je chante à jamais celle des travailleurs
Ma France.

Celle qui ne possède en or que ses nuits blanches
Pour la lutte obstinée de ce temps quotidien
Du journal que l'on vend le matin d'un dimanche
A l'affiche qu'on colle au mur du lendemain
Ma France.

Qu'elle monte des mines descende des collines
Celle qui chante en moi la belle la rebelle
Elle tient l'avenir, serré dans ses mains fines
Celle de trente-six à soixante-huit chandelles
Ma France

De llanuras a bosques, de valles a colinas/ De la primavera que va a nacer a tus estaciones muertas/ De lo que yo he vivido a lo que imagino/ Yo no acabaría de escribir tu canción/ Mi Francia.
Bajo el gran sol del verano que curva la Provenza/ De las retamas de Bretaña a los brezos de Ardèche/ Algo en el aire tiene esa transparencia/ Y Ese gusto de felicidad que me seca el labio/ Mi Francia.
Este aire de libertad más allá de las fronteras/ En los pueblos extranjeros que daban vértigo/ Y de los que hoy usurpáis el prestigio/ Ella responde siempre con el nombre de Robespierre/ Mi Francia.
La del Viejo Hugo (1) tonante de su exilio/ De los niños de cinco años trabajando en las minas/ La que construyó con sus manos vuestra fábricas/ Aquella de la que el señor Thiers (2) dijo “que la fusilen”/ Mi Francia.
Picasso sostiene el mundo con la punta de su paleta/ De los labios de Éluard (3) alzan el vuelo palomas/ No cesan de decir tus artistas profetas/ Que ya es hora de que la desgracia sucumba/ Mi Francia.
Sus voces se multiplican hasta formar sólo una/ La que paga siempre vuestros crímenes, vuestros errores/ Abarrotando la historia y sus fosas comunes/ Que yo canto por siempre, la de los trabajadores/ Mi Francia.
La que no posee en oro más que sus noches en blanco/ Para la lucha obstinada de este tiempo cotidiano/ Del periódico que se vende la mañana de un domingo/ Al cartel que se pega en el muro del mañana/ Mi Francia.

Que ascienda de las minas, descienda de las colinas/ La que canta en mi, la bella, la rebelde/ Sostiene el porvenir apretado en sus manos finas/ La de treinta y seis a sesenta y ocho candelas/ Mi Francia.

(1) Se refiere al escritor Victor Hugo.

(2) Paul Eluard, poeta.

(3) Adolphe Thiers, responsable de la brutal represión de La Comuna de París.

Leer online: http://laspiral.blogspot.com

08 abril, 2007

Jacques Brel: 78 años



De seguir vivo, Jacques Brel (1929-1978) habría cumplido hoy 78 años. Muerto a los 49 a causa de un cáncer de pulmón, su desaparición nos dejó en cierta orfandad a cuantos admirabamos su inmenso talento de músico e intérprete, su excelencia como compositor, letrista y cantante, su extraordinaria honestidad artística

Pero queda la música, como canta Luis Eduardo Aute, uno de sus innumerables e incondicionales admiradores.

Y la letra. “Amsterdam”, la principal ‘pièce de résistance’ de su repertorio de pequeñas obras maestras, es una canción apenas concebible en nuestros días. Se trata de una mera (que no simple) descripción y es en realidad un poema que, potenciado por una música que crece en intensidad y ritmo hasta el final, electrizaba a los auditorios y les hacía estallar en una ovación interminable.

En el puerto de Amsterdam/ Hay marinos que cantan/ Los sueños que les asedian/ A lo ancho de Amsterdam/ En el puerto de Amsterdam/ Hay marinos que duermen/ Como estandartes/ A lo largo de riberas sombrías/ En el puerto de Amsterdam/ Hay marinos que mueren/ Llenos de cerveza y de dramas/ Con las primeras luces/ Pero en el puerto de Amsterdam/ Hay marinos que nacen/ En el calor espeso/ De languideces oceanas.

En el puerto de Amsterdam/ Hay marinos que comen/ En manteles demasiado blancos/ Pescados chorreantes/ Os muestran unos dientes/ Como para mascar la fortuna/ Para hacer menguar la luna/ Para tragar unas amarras/ Y se huele el bacalao/ Hasta en el corazón de las patatas fritas/ Que sus gruesas manos invitan/ A convertirse en más/ Luego se alzan riendo/ Con un ruido de tempestad/ Se reabrochan la bragueta/ Y eructando se van.

En el puerto de Amsterdam/ Hay marinos que bailan/ Frotándose la panza/ Con la de las mujeres/ Y giran y bailan/ Como soles escupidos/ En el sonido desgarrado/ De un acordeón rancio/ Se tuercen el cuello/ Para oirse mejor reir/ Hasta que de pronto/ El acordeón expira/ Entonces con un gesto grave/ Entonces con la mirada orgullosa/ Devuelven a su holandesa/ Hasta la plena luz.

En el puerto de Amsterdam/ Hay marinos que beben/ Y que beben y rebeben/ Y que rebeben aún/ Beben a la salud/ De las putas de Amsterdam/ De Hamburgo o de otros sitios/ En fin beben por las damas/ Que les dan su bonito cuerpo/ Que les dan su virtud/ Por una pieza de oro/ Y cuando han bebido bien/ Se plantan nariz al cielo/ Se limpian los mocos en las estrellas/ Y orinan como yo lloro/ sobre las mujeres infieles.
En el puerto de Amsterdam.
En el puerto de Amsterdam.


Leer online: http://laspiral.blogspot.com

07 noviembre, 2006

Jacques Brel: Los toros y los hombres




Cuando hice mi pequeño homenaje a Brassens con ocasión del XXV aniversario de su muerte ya intuía que me iba a ser inevitable, tarde o temprano, hacer lo propio con mi admirado Jacques Brel, de cuya desaparición se cumplieron el pasado 9 de octubre 28 años. La canción que aquí interpreta (*) no está entre las más conocidas y creo que debe corregirse ese error.

En especial los españoles deberíamos considerar detenidamente esta sátira que no sólo alcanza a la ‘fiesta’ nacional por excelencia sino a la condición humana en su totalidad, a la crueldad innata de la especie.

Brel culmina su canción aludiendo a guerras y batallas: Cartago, Waterloo y Verdun. Hoy tal vez lo haría refiriéndose a Srebrenica, Ruanda e Irak, por citar sólo algunas muestras recientes de la inextinguible brutalidad del ‘homo sapiens’.

Siguiendo a Brel, ¿nos perdonarían los toros si supieran que somos incluso más crueles con nuestros semejantes que con ellos? Pero la pregunta que la canción aparentemente 'divertida' del gran maestro nos plantea -no nos engañemos- es si podemos perdonarnos nosotros mismos (todos, porque ni la estupidez ni el miedo son inocentes).

Les toros s'ennuient le dimanche
Quand il s'agit de courir pour nous.
Un peu de sable du soleil et des planches
Un peu de sang pour faire un peu de boue.
C'est l'heure où les épiciers
se prennent pour Don Juan.
C'est l'heure où les Anglaises
se prennent pour Montherlant.

Ah! Qui nous dira à quoi ça pense
Un toro qui tourne et danse
Et s'aperçoit soudain qu'il est tout nu.
Ah! Qui nous dira à quoi ça rêve
Un toro dont l'œil se lève
Et qui découvre les cornes des cocus.

Les toros s'ennuient le dimanche
Quand il s'agit de souffrir pour nous.
Voici les picadors et la foule se venge.
Voici les toreros et la foule est à genoux
C'est l'heure où les épiciers
se prennent pour Garcia Lorca.
C'est l'heure où les Anglaises
se prennent pour la Carmencita.

Les toros s'ennuient le dimanche
Quand il s'agit de mourir pour nous
Mais l'épée va plonger et la foule se penche.
Mais l'épée a plongé et la foule est debout
C'est l'instant de triomphe où les épiciers
se prennent pour Néron.
C'est l'instant de triomphe où les Anglaises
se prennent pour Wellington

Ah! Est-ce qu'en tombant à terre
Les toros rêvent d'un enfer
Où brûleraient hommes et toreros défunts?
Ah! Ou bien à l'heure du trépas
Ne nous pardonneraient-ils pas
En pensant à Carthage Waterloo et Verdun?
Verdun

Traducción:

Los toros se inquietan el domingo/ Cuando se trata de correr para nosotros./ Un poco de arena, de sol y de tablas,/ Un poco de sangre para hacer un poco de barro./ Es la hora en que los tenderos/ Se toman por Don Juan./ Es la hora en que los ingleses/ Se toman por Montherlant
¡Ah! Quién nos dirá en qué piensa/ Un toro que gira y danza/ Y que descubre de pronto que está totalmente desnudo./ ¡Ah! Quién nos dirá con qué sueña/ unn toro cuyo ojo se alza/ y que descubre los cuernos de los cornudos.
Los toros se inquietan el domingo/ cuando se trata de sufrir para nosotros:/ He aquí el picador y la multitud se venga./ He aquí los toreros y la multitud se arrodilla./ Es la hora en que los tenderos/ Se toman por García Lorca./ Es la hora en que los ingleses/ Se toman por la Carmencita.
Los toros se inquietan el domingo/ Cuando se trata de morir por nosotros/ Pero la espada va a hundirse y la multitud se inclina/ Pero la espada se ha hundido y la multitud está en pie./ Es el instante de triunfo en que/ Los tenderos se toman por Nerón. /Es el instante de triunfo en que/ Los ingleses se toman por Wellington.
¡Ah! ¿Tal vez al caer a tierra/ los toros sueñan con un infierno/ En el que arderán hombres y toreros difuntos?/ ¿O bien a la hora de la muerte/ No nos perdonarán/ Pensando en Cartago, Waterloo y Verdun./ Verdun.

(*) La actuación tuvo lugar en 1964 en el restaurante Het Huis de Bergen (Holanda).

Más información sobre Jacques Brel (en castellano).

Leer online: www.tierradenadie.cc