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09 noviembre, 2016

El 'inexplicable' triunfo de Trump


"¿Cómo explicar lo inexplicable?", es la pregunta que se hacen muchos tras la victoria de Donald Trump en las presidenciales estadounidenses. Lo cierto, sin embargo, es que este triunfo del populismo extremo, aunque ilógico, tiene explicaciones, por más que éstas nos parezcan paradójicas e irracionales. ¿Quién dijo que la lógica tenga relación con la expresión de la voluntad popular? Esa idea es ilusoria casi siempre, y más cuando hay que elegir entre dos males. ¿Hay que recordar, como ejemplo extremo, que Hitler llegó al poder a través del voto popular de los alemanes? ¿Hay que recordar que la Alemania de los años 30 estaba desesperada por las consecuencias del 'crack' del 29 y el pago de las gigantescas indemnizaciones que tenía que cumplir como consecuencia de su derrota en la I guerra mundial?

 Más allá de que Hillary Clinton no fuera la candidata más idónea para dar el triunfo a los demócratas, en razón a su trayectoria y sus afinidades con el 'establishment', está el hecho de que el pueblo estadounidense está harto, desesperado ante la falta de soluciones para combatir las consecuencias de dos grandes cataclismos. Uno de ellos, más antiguo y de incidencia más lenta, progresiva, es la globalización económica, que ha facilitado la 'fuga' del país de las industrias más poderosas y más generadoras de empleo, llevando la desolación a zonas otrora prósperas. El otro cataclismo, más virulento, inmediato y demoledor, fue el 'crack' de las hipotecas 'subprime', que evidenció el carácter delincuencial e irresponsable del capitalismo financiero y ha logrado que los ricos se hagan más ricos a costa de que los menos ricos se empobrezcan o se arruinen.

Es un axioma incuestionable que el bienestar de las clases medias es el principal factor de estabilidad y prosperidad en cualquier país. Y es tristemente evidente que la ofensiva brutal del neo-ultraliberalismo está alterando el equilibrio que - no sin sobresaltos puntuales - se venía manteniendo desde la postguerra mundial. La consecuencia - visible en todo el mundo desarrollado y no sólo en EE UU - es un crecimiento progresivo e inquietante de las 'soluciones' extremistas, populistas y oportunistas, que encuentran en las masas empobrecidas y con déficit de formación y de criterio su caldo de cultivo ideal.

 El éxito de Donald Trump, más inquietante que inexplicable, se basa en un discurso que, analizado en su totalidad, es tan incoherente como brutal. Construido en base a ideas-fuerza, que, hábil y demagógicamente, responden a las exigencias de los más airados ante la situación política, social y económica, carece simultáneamente de sentido y de sinceridad. Y esa, paradójicamente, es la razón de su éxito. La gente no retiene la totalidad del discurso, sino los eslóganes y Trump los tiene para todos los gustos, de todos los sabores. Así ha logrado catalizar y rentabilizar un amplio espectro de descontentos, que reclamaban un cambio impreciso que, sin duda, Trump no les va a dar. Y no se lo va a dar porque no puede.

El poder del 'establishment' estadounidense es inconmensurable y carente de escrúpulos, y para él Trump es una extravagancia, un 'outsider' narcisista y ególatra cuyo único mérito es el de haber convertido sus propio nombre en una marca de éxito y mantener el inmenso caudal de dinero heredado de su padre. En definitiva: un 'donnadie' afortunado, pretencioso y efectista que sólo tiene una vaga idea de dónde se ha metido. Ha sabido cómo ganar las elecciones. Ahora debe aprender a tener contentos a quienes realmente mandan, lo cual no va a ser fácil para quien acostumbra a hacer (con diversa fortuna, como es bien sabido) lo que le da la gana.

Apostaría que, dentro de unos meses, veremos al otro Trump, el que sabe contemporizar y admite sus numerosas insuficiencias para hacer 'lo conveniente' por indicación de los 'expertos', sopena de afrontar el bloqueo de sus órdenes, o, en última instancia, un 'impeachment' como el que dejó en la cuneta de la historia a Nixon. Washington es mucho más complejo que Nueva York y el gobierno del país más poderoso del planeta requiere cierto grado de sofistiicación, información y realismo que no se aprende ni en la construcción ni en los casinos. A partir de ahora él será el aprendiz de los 'secretos' de la política estadounidense, que no es precisamente un 'reality show' como el que potenció su peculiar figura.


03 julio, 2015

Lo que está en juego en Grecia (y III)


Ayer, cuando ya se había puesto el sol en Europa, el FMI consideró oportuno difundir un informe en el que admite que la deuda de Grecia es insostenible - argumento reiterado hasta la saciedad por Tsipras y Varufakis -, y que será necesaria una quita equivalente al 30% de su PIB: unos 52.000 millones, de los que 36.000 deberán ser aportados por la UE. Quienes confunden 'quita' con condonación (perdón) deberán entender que los acreedores (bancos) no perdonan ni un céntimo, ni siquiera de los sustanciosos intereses, y que ese dinero no se entrega a Grecia, contra lo que afirman con insistencia Rajoy y sus conmilitiones, sino a sus inflexibles acreedores. En cualquier caso, con una deuda equivalente al 175% del PIB, para Grecia esa quita es el chocolate del loro.

El análisis que acompaña al diagnóstico de insostenibilidad de la deuda limita sus coincidencias con el del Gobierno griego a ese único aspecto. El resto del informe es un varapalo para Syriza, a quien achaca haber empeorado la situación por ignorar deliberadamente las 'instrucciones' económicas de 2012  Asimismo revisa el crecimiento del 2,5% previsto en este año para situarlo en 0. Resulta evidente que el FMI intenta favorecer el triunfo del 'sí' en el referéndum del domingo, lo que confirma algo que no acaba de ser evidente para todo el mundo, que la economía está jugando descaradamente cartas polìticas, o lo que es lo mismo: la agenda de reformas que se quiere cargar sobre las espaldas de los griegos es irrenunciable. El plan ultraliberal previsto para todo el mundo desde ampulosos despachos habitados por gente a la que los pueblos nunca han votado ni votarán tiene que seguir avanzando caiga quien caiga.

La variable estratégica
El FMI -es preciso subrayarlo- está gobernado por Estados Unidos, aunque sus 'responsables oficiales' sean europeos, y sus 'prudentes' estatutos le prohiben realizar cualquier tipo de quita a un país que tiene  con el organismo una deuda previa impagada. En definitiva, el FMI, expresamente detestado por Syriza, dispara 'con pólvora del Rey', cosa. que no se debe hacer alegremente en el interior de un polvorín, y Grecia lo es. Raramente, o sólo de modo anecdótico, se ha aludido al aspecto geo-estratégico de la situación. Se ignora así una cuestión extremadamente vidriosa y de primerísima importancia: La situación geográfica de la nación helena, que ha sido para ella fuente constante de conflictos a lo largo de su historia, es extraordinariamente importante para Europa y Estados Unidos, pero ahora, ante el regreso de la estrategia de la tensión en el Mar Negro por causa de la confrontación entre Ucrania y Rusia no existe una perspectiva peor que el alejamiento de Europa de la humillada y arruinada nación que fue cuna de los valores que supuestamente defiende el bando acreedor.

El hecho de que por dos veces, recientemente, EE UU haya urgido a Europa a dar una solución a la crisis griega es cualquier cosa menos irrelevante. Syriza lo sabe y, aunque sea de modo simbólico, lo ha utilizado. Los dos encuentros que Tsipras ha mantenido con Putin han sido mucho más que protocolarios. Rusia y Grecia están siendo acosados por Occidente y se sienten aislados e incomprendidos. Poco importan en este caso los motivos. Lo cierto es que en el caso de que Grecia tuviera que abandonar el euro y la UE el acercamiento a Rusia sería, además de lógico, inevitable. Oficialmente no se contempla esa perspectiva desde Occidente. A estas alturas se espera que la estrategia del miedo puesta en práctica favorezca la opción del 'sí' el próximo domingo, como ya detectan algunas encuestas, y Syriza pierda el Gobierno. Si no fuera así deberá imponerse un cambio total en la política que se viene practicando. Lo que la arruinada y desesperada Grecia necesita es más la 'generosidad' de una especie de 'Plan Marshall' (que apartó de la influencia soviética a la Europa occidental destruida por la guerra) que la ruina y la 'ocupación' final que se perfilan tras una bancarrota. Así es la globalización ultraliberal: la ruina ajena supone el enriquecimiento propio y la eliminación de la soberanía nacional. Eso es lo que persigue en última instancia.

Pie de foto: Tispras y Putin, durante uno de sus encuentros. Algo más que mero protocolo.

02 julio, 2015

Lo que está en juego en Grecia (II)

La jornada de ayer fue un paradigma de la alternancia de signos alentadores y decepcionantes que viene caracterizando la negociación -que pese a todo persiste- entre Grecia y la 'troika' para la aprobación de un nuevo rescate económico (el tercero). Si el día comenzaba con el anuncio de que Tsipras aceptaba la mayor parte de la última oferta planteada por los acredores -lo que la intransigente Merkel calificó como "una buena base"- al cierre de la jornada todo retornaba al punto de partida: el eurogrupo se mostró incapaz de consensuar un postura y Tsipras reiteró su llamamiento al pueblo griego para que apoye un 'contundente no' en el referéndum del domingo.

Significativamente la tendencia al 'no' de los helenos se ha ido debilitando ante las tristes evidencias del 'corralito', impuesto por la 'troika', según Tsipras. Un descenso de once puntos en unos pocos días (del 57 al 46 por 100) avanza que la contundencia del 'no', podría finalmente no ser la  deseada. El juego de generar incertidumbre y miedo, desencadenado por los acreedores, está surtiendo efecto sobre un pueblo apaleado y desesperado tras cinco años de desastre. El temor a que todo empeore aún más tiene efectos devastadores y la duda de que el 'no' vaya a favorecer, como asegura Tsipras, que se respeten las 'líneas rojas' marcadas crece ante las amenazas de expulsión del euro.

El desafío planteado por el Gobierno griego a la agenda ultraliberal de la UE es inaceptable para las autoridades comunitarias y el FMI. Las reformas que exigen, a sabiendas de que son una nueva vulneración de la soberanía nacional y un desprecio de la democracia, constituyen la clave de una situación que está generando una tensión extrema en la UE e incluso provoca un claro distanciamiento de posturas en el tándem Berlín-París, al enfrentarse la inflexibilidad de Merkel con el posibilismo dialogante de Hollande. La política ocupa el primer plano, por más que se hable de economía. La UE aprieta el cuello griego, pero mira de reojo a otros países de la Unión, entre ellos a España, donde Podemos se identifica con Syriza y toma nota puntual de lo que sucede. Los potenciales votantes en las próximas elecciones generales del nuevo partido, cuyo debut ha sido saludado por el éxito (aunque menor del esperado), no pierden ripio.

De lo que suceda en Grecia dependen las esperanzas de quienes pretenden forzar por vía electoral un viraje en una situación indeseable, en la que las ambiciosas metas del capital global se imponen sin paliativos, frustran las expectativas de los pueblos y persiguen la creación de un nuevo régimen, en el que la opinión y los intereses de los ciudadanos son absolutamente secundarios. El trance que se ventila en estos días es crucial y la 'troika' ha hecho y seguirá haciendo todo lo que juzgue necesario para demostrar más allá de toda duda que nadie puede desafiar sus reglas inflexibles sin sufrir  consecuencias aún peores que las que trata de evitar. Se trata de que el domingo en Grecia vote el miedo.

Pero hay dos preguntas claves que formular ante ese axioma:

- ¿Pueden existir consecuencias más graves para cualquier Estado democrático que las que implica verse forzado, con métodos más propios de la mafia que de la política, a renunciar a una parte esencial de la propia soberanía?

- ¿Por qué se asegura con tanta firmeza, sin pruebas fehacientes -en la medida en que nadie lo ha experimentado aún-, que la salida de la UE y el abandono del euro suponen un desastre irreversible, o que la deuda externa debe ser pagada en su integridad, cuando Argentina o Ecuador lo han rechazado con consecuencias muy positivas.

La pelota está en el tejado y lo más grave que puede ocurrir en Grecia el domingo es que venza el 'sí' porque con él habrá desaparecido una esperanza compartida por muchos, dentro y fuera del país: una esperanza de libertad.

Pie de foto: Merkel y Schäuble, los peores enemigos de Grecia.

(Continuará)

06 diciembre, 2011

Breve



Guerra económica global.- La globalización, surgida al calor del 'nuevo orden mundial' enunciado por EE UU tras el derrumbe del socialismo real, apenas tiene veinte años de existencia, pero ya ha evidenciado, de múltiples maneras, su carácter devastador. Nada más lejos de la filantropía. Se trata de una guerra mundial por otros medios y el propósito de quienes la han instrumentado es el mismo que guía cualquier otra guerra mundial: imperar. Más allá de toda duda, la profecía de Marx sobre la acumulación del poder económico cada vez en menos manos se está cumpliendo inexorablemente, hasta el punto de que son los poderosos los que dictan la política y convierten la relativa democracia que existía en una caricatura. Wall Street ha tomado la Casa Blanca (basta con ver el entorno próximo de Obama) y la UE se rinde a los 'expertos' criados a los pechos de la gran banca financiera, la misma que ha causado la crisis. Estamos ante una 'revolución capitalista' que genera y amplía la miseria en cada movimiento.

27 diciembre, 2008

La economía virtual (y IV): Cuando para la música

Advertencia. Quien no haya visto detenidamente el documental "El dinero es deuda" ( el dinero como deuda, en traducción literal) no va a entender gran cosa de lo que se argumenta a continuación o creera que está ante una serie de afirmaciones gratuitas. Por ello reitero encarecidamente su esclarecedora contemplación.

La revelación de que el dinero lo generan los bancos y de que su 'creación' se hace en base a las deudas que con ellos contraen los clientes privados, corporativos y públicos (gobiernos incluidos) seguramente es un revelación casi insoportable -por su falta de lógica- para cuantos hemos vivido en la ignorancia de esa realidad, que es en sí misma una amenaza permanente a la estabilidad económica y al bienestar general. El hecho de que el denominado sistema bancario de reserva fraccional haya permitido la creación de dinero con un ratio de nueve a uno -superado de modo considerable en los tiempos más recientes- nos dice, sin lugar a dudas, que la economía virtual lleva consigo la semilla del colapso y la ruina a plazo más o menos largo.

En el documental al que nos referimos alguien (A. Gause) compara el sistema de reserva fraccional con el juego de 'las sillas musicales', en el que mientras suena la música no hay perdedores. Así es, pero a una escala gigantesca y extraordinariamente injusta. En este juego de la economía virtual son miles de millones los danzantes y centenares las sillas. Éstas, además, están ocupadas en su mayoría, desde el principio del juego, por quienes ejecutan la música. Cuando la partitura llega a su fin, como ocurre en estos momentos, es el caos. En esos (estos) momentos es posible percibir que todos nos hallamos inmersos en un gigantesco fraude piramidal como víctimas de él, un fraude de escala planetaria que los gobiernos no han sabido o querido (sí han podido, sin embargo) prever y evitar.

El vídeo 'El dinero es deuda' nos señala el auténtico talón de Aquiles del 'esquema Ponzi' legal (que no legítimo) en vigor a escala global. Más allá del absurdo consistente en que el dinero que se crea sea deuda, es decir un futurible, una virtualidad, y también más allá del hecho de que si todas las deudas se pagasen en un momento dado el propio sistema se autodestruiría, hay algo que escapa a la virtualidad, una contigencia real y operativa en todo momento. Hablamos del gigantesco desfase que se crea a largo plazo entre el conjunto del dinero creado mediante la deuda y el conjunto del dinero debido (principal más intereses). El dinero de los intereses pertenece a la economía real, no lo crean los bancos a través de la deuda sino que procede de los salarios o beneficios de los deudores. Dado que su pago está dividido y aplazado y que su montante supera con mucho al de la deuda, la falta de liquidez monetaria en el conjunto del sistema está llamando permanentemente a la puerta.

Las señales de alarma no han faltado desde los años 80, expresadas mediante una sucesión de crashes sintomáticos que lejos de moderar la especulación la han acentuado. El gráfico siguiente es muy elocuente al respecto (pulsar para ampliar):


En este otro gráfico (pulsar para ampliar) es posible seguir con detalle la evolución del índice Dow Jones entre junio de 2007 (crisis de las subprime ) y octubre de 2008.




¿Cabe alguna explicación lógica para la escalada de 2.500 puntos que tiene lugar en poco más de un trimestre, entre el verano y el otoño de 2007? No, es un puro delirio. A no ser que... Sí, a no ser que quienes han estado poniendo la música, los dueños de la partitura, hayan decidido que es el momento de pararla. Ellos tienen la capacidad necesaria para orquestar un crescendo extraordinario como ese para realizar por última vez beneficios gigantescos y deshacerse con la mayor rapidez posible del papel sobrevalorado. A partir de ahí el índice se desploma prácticamente en vertical en el verano de 2008.

En una situación 'normal' e ideal (inexistente) las cotizaciones en bolsa de las acciones deberían estar directamente relacionadas con las ganancias de las empresas, o al menos con su previsión de beneficios, que a su vez condicionarían los de los inversores. Lejos de ser así, los mercados bursátiles no tienen más que una relación remota (virtual, una vez más) con la rentabilidad del capital productivo (o sea, con el valor real). La ley del valor está ausente de los mercados bursátiles y la diferencia entre los beneficios reales de las empresas y el valor teórico de las acciones ha llegado a alcanzar una dimensión de irrealidad inédita en toda la historia del capitalismo.

Esta crisis, a partir de los parámetros dados, era inevitable y su profundidad será tanto más grave y duradera cuanto más tarde en establecerse una relación más realista entre la economía real y la virtual. Dado que el caos financiero no ha terminado de extender sus secuelas al tejido productivo y al empleo es muy probable que nos hallemos ante una depresión de largo recorrido y consecuencias sociales y políticas muy azarosas.

Debemos revisar la idea de que nos hallamos ante una de las crisis cíclicas del capitalismo. El propio acortamiento de los cíclos críticos evidencia que esta es una crisis esencial del sistema, una evidencia incontestable de su insostenibilidad, que es permanente, no circunstancial. La idea del crecimiento constante y acelerado, en la que se basa el conjunto del sistema, es pura y simplemente suicida y la globalizacion acentúa los riesgos inherentes a la imposibilidad de controlarlo todo eficazmente -aunque algunos se digan capaces de hacerlo-, para el bien común, mediante la virtualización de la economía y las politiquillas monetaristas.

Es el trabajo, la producción lo que construye la auténtica riqueza, no la especulación, que la multiplica artificialmente hasta destruirla. Si nada se modifica, cuando la economía se reactive asistiremos a la evidencia de que el capital global se ha concentrado en menos manos aún de las que ya lo estaba y constataremos una acentuación dramática del principio tácito de que el enriquecimiento extraordinario de una ínfima minoría se fundamenta y alimenta en las carencias, en muchos casos esenciales, de una creciente mayoría. Dejaremos así, en algún momento, de situarnos pasivamente ante un fraude intolerable para hallarnos ante un 'casus belli' ineludible.

¿No basta ya de engaños? ¿No son suficientes las pesadillas?

10 julio, 2008

Vacas flacas (II): Crisis del modelo

Mi fórmula para el éxito es levantarme pronto, trabajar hasta tarde y encontrar petróleo.

Paul Getty


El petróleo es, desde hace más de un siglo, la sangre de nuestra civilización, el elemento inductor de un avance espectacular en el bienestar social, del que Occidente y Japón han sido hasta fechas recientes los máximos -casi exclusivos- beneficiarios y los principales actores. La sociedad de consumo, que es la consecuencia más notable de ese bienestar, se ha revelado como un poderosísimo motor de creación de riqueza, pero a estas alturas de la historia también ha puesto de manifiesto, con mayor elocuencia que nunca, sus efectos perversos.

La idea de un crecimiento permanente que subyace en los usos derrochadores de los países más ricos es una falacia de la que todos somos conscientes, pero en la que se ha preferido no pensar mientras la realidad sonreía. Si los recursos son limitados (el petróleo lo es y lo sabemos) el crecimiento constante es una utopía impracticable, salvo que se monopolice su producción y distribución, cosa que sólo sería posible 'manu militari'. Huelga decir que ese sería el mayor de los errores y la desafortunada invasión de Irak puede servir como botón de muestra. No se debe intentar condicionar mediante las armas el uso de los recursos naturales que puedan hacer los propietarios de éstos ni se puede apartar a nadie de la lícita competencia por los bienes escasos.

El hecho de que el barril de petróleo haya superado recientemente los 140 dólares es debido (maniobras especulativas aparte) a la aparición de 'nuevos chicos' en el barrio del progreso. Y no son unos pocos, sino cientos de millones de personas pertenecientes a potencias demográficas gigantescas, como China e India, que se han convertido en economías emergentes. Sus índices de crecimiento son brutales y como consecuencia su demanda de materias primas se ha disparado hasta un nivel que altera esencialmente los parámetros en los que se venía moviendo la ley mayor de la economía, la de la oferta y la demanda. La consecuencia inevitable es el aumento de las cotizaciones internacionales no sólo del petróleo sino también de otras materias primas, como los metales, así como los alimentos.

Engolfado en la filosofía hedonista de la cigarra, Occidente afronta ahora las consecuencias de la laboriosidad y voracidad de inmensas legiones de 'hormigas' con las que no contaba en el festín. Ante esa nueva realidad -nada imprevisible, por otra parte- no se puede improvisar. No existen soluciones milagrosas ante una situación que está cambiando velozmente y altera de modo inevitable y esencial nuestra percepción del mundo. Cierto que la crisis probablemente va a afectar en mayor grado a esas economías emergentes que a las desarrolladas y eso aliviará provisionalmente la presión sobre las materias primas, procurando algún respiro a Occidente, pero ese es un triste consuelo. Y además, provisional.

Los economistas se preguntan si nos hallamos o no ante un cambio de ciclo, en el inicio de una etapa de vacas flacas. Y si efectivamente esa es la situación, cuál va a ser su duración y su gravedad. ¿Vamos a sufrir una recesión pasajera o una depresión profunda? Nadie arriesga pronósticos con claridad. Y menos si lo que intuyen es negativo. Nadie quiere ser mensajero de malas noticias, fundamentalmente porque la economía no se rige por leyes invariables, en la medida en que está condicionada por el conjunto de los comportamientos individuales y éstos obedecen a percepciones subjetivas que con frecuencia son escasamente racionales. Nadie quiere alimentar temores que podrían agravar extraordinariamente la situación.

Pero más allá de las consideraciones coyunturales sobre el ciclo económico, su duración y consecuencias, los economistas, los científicos y los políticos deberían esforzarse en sentar las bases de un nuevo modelo económico, especialmente de un nuevo modelo de crecimiento que debe ir acompañado de una revisión profunda del concepto de bienestar social, basada más en baremos cualitativos que cuantitativos. El modelo surgido tras la segunda guerra mundial, impulsado por la extraordinaria salud económica de Estados Unidos, se halla exhausto y es obsoleto. Resulta ya inviable y admitir esa inviabilidad es la condición previa para sentar los cimientos de un futuro ajeno al caos y a la incertidumbre permanente.

Continuará.

09 febrero, 2008

'Es la economía, estúpido', pero... (y II)

Capitalismo es la asombrosa creencia de que los hombres más perversos harán las cosas más perversas por el mayor bien de todos.
John M. Keynes

Si en la cita que encabezaba el anterior post Galbraith recurría a la ironía para desautorizar a los augures económicos, comparados con desventaja a los charlatanes astrológicos, en la que encabeza esta entrega quien es identificado como su maestro nos muestra el lado más cruelmente sarcástico -y no por ello inexacto- de la actividad económica en un sistema de libre mercado. Ambos eran economistas lúcidos, conscientes de que el juego económico es radicalmente ajeno a todo móvil filantrópico. Son individuos poseidos por una avaricia que en muchos casos podría ser calificada como patológica quienes 'mueven' la economía con indiferencia absoluta respecto a las consecuencias sociales de sus decisiones.

Siguiendo a Keynes podría afirmarse que el extraordinario progreso de los intereses egoistas al que asistimos -especialmente en esta era de la globalización- es posible merced al 'buenismo' que practican de hecho el poder político y el conjunto de las sociedades en las que se escenifica la 'ley de la selva' económica. No deja de ser paradójico que sean precisamente políticos neoconservadores y ultraliberales (entiéndase en lo económico) quienes critiquen esa 'ingenuidad política' de la que ellos y sus socios capitalistas se benefician.

Keynes y su discípulo Galbraith no eran en absoluto 'buenistas' y precisamente por eso se decantaban por otorgar a los estados los instrumentos precisos para evitar que el libre juego económico degenerase en graves perjuicios sociales. Quienes, como ellos, asistieron a las desastrosas y duraderas consecuencias del 'crack' de 1929 tenían claro que había que poner los medios para que la catástrofe no se repitiese. La posterior euforia provocada por la bonanza económica que siguió al final de la segunda guerra mundial (téngase en cuenta que, por ahora, me refiero a Estados Unidos) condujo finalmente a que lo que se había calificado peyorativamente como 'intervencionismo' fuera decayendo.

Es difícil imaginar que un caso tan escandaloso como el de las hipotecas 'subprime' pudiera producirse en un contexto de mayor vigilancia e intervención del Estado. Ese 'producto' financiero de altísimo riesgo era un fraude objetivo y una bomba de relojería en el sistema económico estadounidense. Todo el que podía saberlo lo sabía, pero quienes podían impedirlo dejaron hacer, dejaron pasar. Ahora, tras el petardazo inicial provocado por el reconocimiento de la dramática situación, sigue el chorro constante de los impagos por parte de los afectados. La propia prensa económica se ve forzada a admitir que el problema no es sólo la falta de liquidez de las víctimas, sino la conciencia que estas comparten de que el valor de la casa que están comprando está muy por debajo del dinero que tienen que pagar.

Sin alcanzar el dramatismo de las 'subprime', en España puede llegar a ocurrir algo similar, aunque por diferentes motivos. Aquí ha sido preciso llegar a las evidencias del profetizado pinchazo de la 'burbuja' inmobiliaria' para que sea posible asistir a confesiones como la recientemente realizada por el Josep Donés, presidente de la comisión técnica de la APCE (Asociación de Promotores y Constructores de España), quien admite que en los últimos diez años se ha construido en nuestro país "el doble de las viviendas necesarias". Quienes han asistido al espectáculo del crecimiento de la burbuja y disponen de un mínimo de conocimientos eran inevitablemente conscientes de que existía un casi inconcebible sobredimiensionamiento de la demanda, pero tal vez ignoraban hasta qué punto es gigantesco e inquietante.

¿Cómo es posible un falseamiento tan extraodinario de los principios tradicionales de la ley de la oferta y la demanda? Donés argumenta que una buena parte de las compras se han hecho como inversión, dado que los supuestos ahorradores no hallaban "productos en el mercado que les asegurasen el poder adquisitivo de sus ahorros". Puede que ésto sea parcialmente cierto, pero suena a mentira piadosa. Abunda la gente que tiene una fe ciega en la permanente revalorización de los inmuebles, que se inquieta por los vaivenes de la bolsa y contempla con desconfianza cualquier otra alternativa de inversión, pero esa es una explicación manifiestamente insuficiente del sobredimensionamiento del sector inmobiliario.

Apenas veinte días después de las declaraciones de Donés el colectivo de Técnicos Financieros del Ministerio de Economía y Hacienda (Cuerpo Especial de Gestión de la Hacienda Pública) alertaba -demasiado tarde- de que, según los datos recogidos en un reciente estudio, el sector inmobibliario se ha convertido en "uno de los principales refugios del dinero negro en España", ya que oculta las rentas generadas en las distintas fases de recalificación de terrenos, urbanización, promoción, construcción y venta. El 60% de las agencias inmobiliarias -aseguraba- acepta dinero negro en sus pagos y muchas de ellas lo imponen como requisito para formalizar sus operaciones de compra-venta.

Sabíamos ya desde hace tiempo que la cuarta parte de los billetes de 500 euros disponibles en la Unión Europea se hallaban en España, lo que es un indicio más que ferviente de lo que sucede y debería haber sido una motivación para actuar, pero los gobiernos han adoptado siempre una extraordinaria indulgencia con el dinero negro. Y de modo aún más claro desde que el cambio al euro lo hizo aflorar de múltiples formas. Hay resistencia a matar a la 'gallina de los huevos de oro' de la economía sumergida, pese a sus efectos perversos, y se confía ingenuamente en que, poco a poco y por vías inevitablemente irregulares esa extraordinaria masa de dinero B se legalice. Los estudios realizados por los técnicos de Hacienda muestran justamente lo contrario. En los últimos años la demanda de billetes de 500 euros -tan prácticos para transportar discretamente grandes cantidades de dinero- ha estado creciendo por encima del 35 por 100.

Sí, 'es la economía, estúpido', pero... también es la política. Sobre todo la política. Su acción u omisión es determinante. El caso de la 'burbuja inmobiliaria' es elocuente al respecto. Ha sido fundamentalmente el dinero negro el que ha motivado el desproporcionado incremento de la construcción. La demanda inmobiliaria generada por él ha provocado artificialmente un aumento igualmente desproporcionado de los precios y dicho incremento tiene una incidencia social y económica sumamente negativa.

Una legión de españoles realmente necesitados de vivienda están pagando los platos rotos, sacrificando sus débiles economías familiares mediante hipotecas que van a condicionar negativamente sus vidas durante largos años. Y eso no sólo reduce el dinero circulante gracias a la reducción drástica de la capacidad adquisitiva en otros bienes, sino que, dada la instabilidad del mercado laboral, también puede conducir a la acumulación de impagados.

He ahí cómo la indulgencia fiscal que los gobiernos (no sólo éste, por más que insista el PP) practican con la economía sumergida acaba repercutiendo de modo absolutamente pernicioso en la sociedad y, a la larga, en los índices macroeconómicos que los gobiernos acostumbran a exhibir como mendaz baremo de la riqueza de la nación.

Leer online http://laspiral.blogspot.com

31 diciembre, 2007

Feliz año nuevo



Esta terrible fotografía posee una potencia metafórica extraordinaria. El desgarrador cuadro que el fotógrafo Kevin Carter captó durante la hambruna de Sudán en 1994 (uno más entre los desastres humanitarios que asolan periódicamente el continente africano y constituyen un genocidio inducido e impune) le valió el premio Pulitzer. Meses después, víctima de una depresión profunda, se suicidó

Anoche debatía con algunos amigos acerca de la fuerza de las imágenes del horror como movilizadoras de las conciencias. Yo hube de admitir que, pese a reconocer esa utilidad, personalmente eludía la contemplación de tales imágenes o escenas. Evoqué como ejemplo concretamente una que muestra a una excavadora arrojando a una fosa común cadáveres de un campo de concentración nazi. Esa secuencia está en mi mente. No necesito volver a verla (ni esa ni otras muchas) porque se quedaron en mi desde la primera vez que me golpearon. Creo que deben ser conocidas por quienes no las conozcan, pero encuentro morboso en cierta medida reiterar su contemplación.

La foto de Carter, sin embargo, la he contemplado con detenimiento cada vez que se me ha puesto delante. Incluso la he publicado en un cartel cuya adecuación y utilidad se me discutió en su día. Esa escena terrible sintetiza la verdad profunda y cruel de nuestro mundo y hoy la utilizo para ilustrar un artículo publicado el pasado día 29 en 'El País' por Juan Vidal-Beneyto, una de las mentes más lúcidas y honestas en este entorno de hipocresías y escritos mercenarios. Título: A contra-esperanza. Subtítulo: Más de un tercio del PIB mundial lo poseen las 100 primeras empresas del mundo.

Contemplad la imagen, leed el artículo y escupid luego, si podéis, esa tradicional trivialidad: Feliz año nuevo.

"Una anciana sin domicilio fijo murió de frió a principios de esta semana en la plaza de la Concordia de Paris. Lo que hubiera sido hace algunos anos una noticia destacada de la prensa escrita se ha reducido ahora por obra de la banalización de la miseria a apenas 30 segundos en el noticiero radiofónico. Y la miseria avanza discreta e implacablemente hacia nuevas cimas. En Francia cerca de 7,5 millones de personas, es decir, el 12% de la población, y entre ellos dos millones de niños, viven por debajo del umbral de la pobreza. Cada día los pobres son más pobres, pero afortunadamente para las estadísticas globales de la riqueza, los ricos son más ricos y una cosa compensa la otra. Las ciudades de alto nivel social prefieren, según nos cuenta la bien informada periodista de derechas Sylvie Pierre-Brossolette, pagar las multas que les impone la ley por no construir viviendas sociales antes que destinar ese dinero a su edificación. Ese parece ser el caso de Neuilly-sur-Seine, la ciudad residencial de los alrededores de Paris de la que fue alcalde Nicolas Sarkozy hasta su acceso a la presidencia. Al dinero como único patrón corresponde el hipercrecimiento de las multinacionales: Exxon, cuya riqueza es superior a la de 182 países miembros de Naciones Unidas; más de un tercio del PIB mundial lo poseen las 100 primeras empresas del mundo; los ricos que entre 1936 y 1975 representaban el 1% de la población norteamericana y poseían el 5% del PIB de EE UU han vuelto a elevar su participación a más del 20% en los últimos 30 años.

Riquezas amasadas en una legalidad de fachada, tras de la que se esconden las bolsas de valores manipuladas y sus amañadas cotizaciones, las contabilidades trucadas, los PDGs truhanes, los Estados cómplices con sus asilos protectores del crimen -seis paraísos fiscales en la sola Unión Europea-, el escabroso, indomeñable imperio del gangsterismo económico, todo fundado, legitimado por los vendedores del capitalismo de mercado que se autocalifican de filósofos y que hacen del darwinismo social la doctrina que todo lo explica: los más fuertes duran y prosperan, los otros desaparecen. Las cosas son así e intentar cambiarlas es peor, pues sólo produce más caos y desorden. Algunos parches, quizás sí, pero proponer otros modelos de sociedad, con otros valores y otras prácticas, buscar alternativas a lo existente y apostar irresponsablemente a lo improbable es optar por el terrorismo de las utopías. El sueño es un componente esencial de lo humano, pero no el sueño de los pobres hecho de fuego y revoluciones sino sólo el de los ricos que viven entre el lujo y la lujuria, para el disfrute hedonista que nos describe Lipovetski desde su postmodernidad. Frente a las afirmaciones de los guardianes del sistema que sostienen que las desigualdades han permanecido estables y en bastantes casos han disminuido, los datos más fiables prueban lo contrario. En los últimos 8 años, según escribe Louis Maurin, director del Laboratoire de las desigualdades que se apoya en los datos del INSEE, la diferencia de renta media en Francia entre más ricos y los más pobres ha aumentado en 4.682 euros.


Con todo no es esa cifra lo más inaceptable sino el permanente recurso a las remuneraciones faraónicas en la despedida de los ejecutivos patronos (CEO), gracias a los paracaídas dorados, a las stock-options, a las plusvalías como nos detalla Patrick Bonanza en su libro Les Goinfres (Los glotones), Flammarion, 2007. Entre sus protagonistas figuran todas las grandes empresas francesas y entre sus presidentes destacan Antoine Zacharias, presidente del Grupo Vinci, con sus cerca de 220 millones de euros, y Daniel Bernard, de Carrefour, que se fue con 209 millones tras haber rechazado un aumento del 2% a sus empleados, sin olvidar a Jean-Marie Messier, que obtuvo algo más de 20 millones después de haber dejado a su empresa Vivendi al borde de la quiebra. Claro que los americanos siguen llevándose en todo la palma: Ray Irani, de Occidental Petroleum, consiguió 322 millones de dólares y Steve Jobs de Apple se llevó el premio gordo con 647 millones. Claro que tampoco los españoles en nuestra modestia podemos dejarnos dar lecciones por nadie, los 108 millones de Ángel Corcóstegui con ocasión de su salida del Banesto y el tan bien remunerado adiós de Francisco Pizarro a Endesa están ahí para probarlo. Frente a tan agresivo obsceno enriquecimiento, más de mil millones de personas, como nos recuerda Gustave Massiah del Cedetim, han disminuido desde 1993 dramáticamente sus insuficientes ingresos y hoy más de 1.600 millones viven, habría que decir mueren, con menos de un dólar diario. Le hemos oído decir a Jacques Delors que la misión de nuestro viejo continente no puede ser la de asumir toda la miseria del mundo. Este realismo cómplice e inaceptable nos lleva al igual que las postulaciones retóricas del Milenio a atrincherarnos, con nuestra obstinación y desde nuestra insignificancia en la resistencia crítica. Aunque sea a contraesperanza.
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11 noviembre, 2007

Iberoamérica ya no es lo que era


Respecto al fondo de lo tratado y sucedido en la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Santiago de Chile, nos quedaríamos, una vez más, en la superficie si nos limitásemos a la glosa regocijada del contundente “¿Por qué no te callas?” espetado por el rey de España al presidente venezolano. No obstante, antes de entrar en materia, hay que subrayar que don Juan Carlos, con el apoyo incondicional del Gobierno, está sumergido en una enérgica campaña de imagen destinada a subrayar su papel como valedor de la unidad nacional y privilegiado representante del Estado a nivel internacional.

A este respecto cabe preguntarse si sus actuaciones destinadas a ese fin son las más adecuadas; si es el Rey el más indicado para hacer su propia defensa (1-10-2007); si fue imprescindible y prudente la reciente “histórica” visita a Ceuta y Melilla, que Marruecos interpreta como una provocación gratuita, o si increpar al presidente venezolano, tuteándole en un marco lingüístico en el que el ‘usted’ es de rigor, tiene en Iberoamérica el mismo efecto divertido que en España o si, por el contrario, refuerza la visión de España como una potencia imperialista que desde hace años se ha impuesto por aquellos pagos.

Desde que en 1991 se iniciaron en Guadalajara (México) las cumbres que se vienen realizando con periodicidad anual, el marco iberoamericano ha cambiado tanto que ya no lo reconoce ni su madre (en este caso la ‘Madre Patria’). La confrontación abierta con el intervencionismo estadounidense, la despolitización de las fuerzas armadas y el aumento de los gobiernos de izquierda o de progreso en diversos países conforman una variable de importancia extraordinaria y exigen un reenfoque de la política exterior española, un distanciamiento del paternalismo vacuo e incluso cínico que se ha venido practicando desde los tiempos de Felipe González y que llegó a su cénit con las descaradas injerencias de Aznar.

Que Chávez llame ‘fascista’ a Aznar no tiene nada de sorprendente. Se lo llama mucha gente dentro y fuera de España y el presidente venezolano tiene muchas razones personales para guardarle rencor, en la medida en que le atribuye complicidad directa con el golpe de estado de abril de 2002, encabezado por el presidente de la patronal venezolana y que mantuvo al presidente legítimo de Venezuela alejado del poder durante largas y azarosas horas, hasta que los golpistas, ante la respuesta popular, llegaron a la convicción de que se arriesgaban a una guerra civil y renunciaron a su propósito.

Cuando el rey intervino ayer fue, en alguna medida, supliendo la insuficiencia de la presidenta chilena como moderadora y expresando el sentir de muchos de los asistentes. Chávez interrumpía sistemáticamente a Zapatero cuando éste le reprobaba sus alusiones a Aznar (*). Fue Zapatero y no el rey quien defendió expresamente a Aznar en tanto que presidente democráticamente elegido por los españoles. Lamentablemente, ni Aznar ni la actuación de Chávez en este caso tienen buena defensa. Tampoco, pese a todo, la intervención real fue oportuna.

Singularmente, don Juan Carlos vuelve a convertirse en protagonista cuando, ante las alusiones del presidente nicaragüense Daniel Ortega al conflictivo papel de la eléctrica española Unión Fenosa y a la actuación de la embajada española en las elecciones en Nicaragua, abandona la reunión. Sólo una imperiosa urgencia biológica justificaría ese gesto. A no ser que haya necesidad imperiosa de eludir entrar en un debate al que el rey no es ajeno.

En la nueva coyuntura iberoamericana, como decíamos, España debe reenfocar su papel paternalista. Las multinacionales españolas no constituyen precisamente una buena publicidad para la política exterior española en la zona. La práctica del capitalismo salvaje en países que afrontan graves dificultades no facilita que las políticas oficiales de cooperación, por mucha que sea su generosidad (y no lo es), sean vistas como una ayuda valiosa o una compensación suficiente.

Esta ha sido, en cierta medida, un Cumbre Iberoamericana de ruptura. Los países que podríamos denominar como ‘no alineados’ (Venezuela, Bolivia y Nicaragua especialmente) han marcado distancias respecto a los que intentan conciliar sus políticas con las estrategias económicas neoliberales que prevalecen en la globalización (con Argentina, Brasil y Chile, en vanguardia). No es probable que se rompa el diálogo porque es conveniente y fructífero para todos. A España le corresponde ahora redefinir cuidadosamente su papel en una situación en la que empieza a ser vista como antes se veía, en un papel similar, a Estados Unidos.

(*) Merece la pena subrayar la ‘interpretación’ del PP en este contexto. Mientras Aznar ha expresado su agradecimiento al Rey y –excepcionalmente- a Zapatero por una defensa que él seguramente no habría hecho en circunstancias similares, el PP alaba al Rey y califica (ayer) de ‘pusilánime’ la actitud del Gobierno y atribuye (hoy) los hechos a las ‘amistades peligrosas’ de Zapatero. Menos mal que el timón del Estado no depende de la capacidad de análisis objetivo del Partido Popular porque si no el barco de España estaría a estas alturas en el fondo de la fosa de las Marianas.

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06 octubre, 2007

Del desastre 'providencial' a la mentira 'necesaria'


De mi repaso hoy por la blogosfera ha resultado la ‘captura’ de dos videos muy recomendables y cuyo contenido es fácilmente relacionable.

El primero de ellos (vía ADN.es), basado en la tesis de la nueva obra de Naomi Klein, universalmente conocida por ‘No logo’, ha sido realizado por el cineasta mexicano Alfonso Cuarón, el director de “Hijos de los hombres”. En su libro “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre” Klein estudia el modo en que el sistema capitalista viene explotando desde hace décadas el ‘shock’ social que causan los traumas generados por determinadas situaciones políticas, actos terroristas o desastres naturales en favor de las tesis económicas ultraliberales y de objetivos políticos que, en circunstancias normales, serían rechazados.

El segundo video (vía Alt1040) es un nuevo repaso -éste exhaustivo- a la política de la administración Bush en relación con Irak, con especial énfasis en la utilización sistemática de la mentira como instrumento de persuasión nacional e internacional. ¿Habría sido posible la guerra de Irak si previamente no se hubieran producido los ataques del 11-S? ¿No habría rechazado la sociedad estadounidense esa iniciativa si no estuviera bajo los efectos del ‘shock’?

Ver ambos videos nos ayudará a entender hasta qué punto vivimos una realidad de pesadilla que no podemos ni debemos ignorar si queremos evitar pagar las consecuencias tarde o temprano.



16 septiembre, 2007

Crisis hipotecaria: Las consecuencias, los responsables

El dinero, ya se sabe, es miedoso. Y el de los pequeños ahorradores e inversionistas lo es más por razones obvias. El viernes el pánico hizo acto de presencia en Europa, concretamente en Reino Unido. Fue un pánico en cierta medida flemático, autocontrolado, como corresponde al carácter de los pobladores de la gran isla, pero el temor y la desconfianza se palpan en el aire.

El Banco Northern Rock (“Roca Norteña”) amenazaba con hacerse arena por una falta de liquidez provocada por las secuelas de la crisis hipotecaria estadounidense y buena parte de sus clientes (¿quién podría reprochárselo?) se precipitaron a sus oficinas para rescatar su dinero, llegando a formar grandes colas en el exterior.

Similares imágenes de la patética Argentina del ‘corralito’ se nos vinieron inevitablemente a la memoria. Era una escena insólita para Europa, una especie de mal augurio que no se puede dejar caer en saco roto, aún a sabiendas de que en la Europa comunitaria es impensable que suceda nada parecido a lo ocurrido en el país de la pampa. El temor a una reacción en cadena de consecuencias catastróficas (un 'crack') ha generado mecanismos de control, que recaen en última instancia sobre el Estado, destinados a ofrecer garantías frente al pavor social.

Quienes tienen dinero excedente son miedosos, pero no así quienes no tienen otro capital que el muy limitado que les genera su trabajo. Conscientes de su incapacidad objetiva para ahorrar, muchos de ellos practican formas suicidas de endeudamiento para conseguir una vivienda a costa de ‘apretarse el cinturón’ hasta el límite de la supervivencia.

En Estados Unidos se ha consentido desde hace años la aparición de hipotecas de alto riesgo y considerable usura, denominadas ‘subprime’ y destinadas a quienes no pueden ofrecer garantías suficientes a cambio del crédito. En el fracaso de ese ‘negocio’ intolerable está basada la actual crisis estadounidense, que está extendiendo sus nefastas secuelas a todo el mundo.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente imagina sin dificultades la fragilidad de tal ‘chiringuito’. La crisis se mascaba desde hacía tiempo en el ambiente y cuando el sistema financiero decidió, finalmente, admitir su existencia un millón de estadounidenses habían perdido ya su vivienda y otros cientos de miles no precisados la iban a perder de modo irremediable a corto plazo.

Es el drama de esas personas el que a mi me conmueve e indigna. A los inescrupulosos montadores del tinglado y a quienes invirtieron en él buscando una alta rentabilidad, que les quiten lo bailado. El dinero recaudado está generalmente a salvo, refugiado en otras inversiones o depositado en cuentas secretas de paraísos fiscales. Sin embargo, nadie va a devolverles sus casas ni el dinero invertido a los esperanzados e incautos tomadores de las hipotecas ‘subprime’.

La crisis financiera pasará porque está generada no sólo por el miedo, sino también por la avaricia. Las pérdidas se asumirán porque no son tanto pérdidas reales como reducción o falta de las ganancias previstas. El sistema sobrevive. Son sus víctimas más frágiles las que perecen y con ellas se desvanece en cierta medida la confianza de los más débiles económicamente, que toman sus decisiones sobre la base de la sobreentendida solidez y fiabilidad de las instituciones financieras.

Los clientes del ‘Northern Bank’ han retirado en dos días un total de 1.500 millones de libras esterlinas, apenas una gota de agua en el océano de los 100.000 millones que, se dice, constituyen su cartera. El banco es solvente, asegura la Autoridad Reguladora de los Mercados británicos (FSA), que llama a la calma. El daño de la desconfianza, motivada o no, ya está hecho sin embargo. Dos bancos podrían asumir los activos del NR en el caso de que sus acciones registren fuertes caídas tras la apertura del lunes, pero tampoco es descartable que sea nacionalizado y puesto bajo administración del Estado.

Que sea el Estado (es decir, el conjunto de los ciudadanos) quien deba acudir en última instancia a sostener los cimientos de un sistema que rechaza tutelar hasta que llega el momento crítico con consecuencias irreversibles constituye una cruel paradoja. Sería mucho más lógico y saludable -me refiero ahora específicamente a Estados Unidos- que atajase toda iniciativa que, como la proliferación de las ‘subprime’, implican un elevadísimo factor de riesgo que no sólo afecta a los directamente implicados sino al conjunto del sistema financiero, nacional y global.

El principio de subsidiaridad del Estado respecto a la actividad privada no debe limitarse a ser una especie de Cruz Roja que recoge los cadáveres, atiende a los heridos y trata de detener el conflicto cuando ya ha estallado con todas sus consecuencias. Puede y debe prevenir que ocurran crisis como la actual, adoptando las medidas necesarias para que productos financieros como las hipotecas ‘subprime’ -auténticas bombas de relojería- no sean posibles.

Eso, contra lo que objeten los defensores del capitalismo salvaje que acompaña a una globalización depredadora, no es intervencionismo y menos aún socialismo. Es sentido común, es respeto a la sociedad civil y a los sujetos económicos. Es salud pública.

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10 junio, 2007

Sarkozy, borracho, ¿pero era el único?

Hasta hace apenas unas horas los ciudadanos franceses ignoraban las ‘peculiares circunstancias’ en que Nicolas Sarkozy afrontó su última rueda de prensa en la cumbre del G8. Y si lo sabe ahora no es gracias a los media franceses, que lo han ocultado púdicamente, sino a la televisión belga y al rápido efecto viral desencadenado por la blogosfera francófona.

Con maliciosa ironía, el presentador belga señala que “aparentemente” no había bebido más que agua, pero el contenido del video no deja lugar a dudas acerca del propósito de afirmar, con la incuestionable elocuencia de las imágenes, que el jefe de Estado de Francia estaba borracho.

Buena parte de los blogueros franceses, para compensar, han añadido otro vídeo del canal France3 en el que el presidente da cuenta del temario abordado en su encuentro con Putin supuestamente de un modo coherente y que desmentiría su embriaguez, pero es un intento inútil. Sarkozy vacila, se apoya en el atril con los brazos demasiado extendidos, gesticula de modo extraño, tiene la mirada vagabunda y por momentos parece estar reprimiendo algún eructo.



Oficialmente Sarkozy no bebe alcohol, ni siquiera vino, para disgusto de los vinateros galos. Así pues, los blogueros franceses especulan humorísticamente con la posibilidad de que el séquito de Putin haya mezclado vodka con el zumo de naranja del presidente francés para alegrar la entrevista. En ese caso, algo lograron. Sarkozy ha llegado a la conclusión de que Putin “es muy inteligente”.

En cualquier caso, Sarkozy no ha sido la única ‘víctima’ de la cumbre del G8 en Alemania. Bush quedó en vía muerta varias horas por una ‘afección estomacal’. Poco antes se le vio tomando alegremente cerveza (y derramando montones de espuma) ante la inquieta mirada de Angela Merkel. Cabe suponer que el rubio líquido era una '0 grados', dado que Bush es alcohólico, pero también podría ocurrir que, como tantos enfermos, se considere periódicamente curado.


En fin, que los ‘grandes’ del mundo son humanos, tal vez demasiado humanos, o, lo que es lo mismo, débiles, frágiles, patéticos a veces. Toquemos madera.


01 marzo, 2007

Prensa / Publicidad, una ecuación en crisis

La cuenta de resultados de los diarios se nutre, como muchos saben, esencialmente de los ingresos que se obtienen mediante la inserción de publicidad, mientras son en gran medida secundarios los procedentes de las ventas a los lectores. Eso permite, por ejemplo, que los diarios gratuitos sean una realidad en progreso creciente (por ahora).

Dentro del capítulo publicitario, los anuncios clasificados constituyen, por paradójico que parezca, un aspecto de primerísima importancia. Y no sólo porque muchos pocos hagan un mucho en cuanto a los beneficios, sino porque una buena, amplia y variada sección de clasificados atrae lectores y éstos (la difusión del medio, en definitiva), a su vez, condicionan el mercado de los anuncios no clasificados.

Es obvio que la publicidad busca los soportes en los que sus mensajes encuentren un mayor número de destinatarios potenciales, lo cual excluye a los medios de difusión escasa o excesivamente especializada.

Pero algo se está moviendo muy rápidamente en el mercado publicitario, que tiene cada vez más en cuenta las posibilidades que ofrece Internet. Aquí no sólo pueden alcanzar a un mayor número de destinatarios, sino que además es posible contextualizar los mensaje publicitarios, asociándolos a contenidos específicos. Y además, por ahora, es más barato.

La prensa tiende a quitar importancia -al menos de puertas afuera- a los alarmantes indicios e incluso crecientes evidencias que anuncian su propia decadencia, pero cada vez resulta más difícil responder “no pasa nada, los diarios siempre vivirán…”

Si la prensa estadounidense puede servir como indicador de lo que puede suceder en el resto del mundo -y me temo que así es- los datos relativos al balance de The Washington Post del último trimestre de 2006 son de una contundencia sumamente elocuente, muy preocupantes.

Este periódico, uno de los grandes mitos de la prensa mundial, ha visto reducidos sus ingresos netos en el periodo referido en un 6,7%; su circulación diaria bajó el 2,9% entre semana y el 3,2% los domingos y sus anuncios clasificados han disminuido un 22% (¡).

¿Qué está pasando con los clasificados? La respuesta, en gran medida, tiene un nombre: Craigslit (la lista de Craig), iniciativa surgida en la red tan lejos como 1995. Los clasificados de todo tipo son su especialidad y su alcance, como puede verse en la captura de pantalla (interfaz fea y espartana, pero eficaz), intenta ser global e incluye ya a Madrid y Barcelona entre las capitales españolas. Es una clara consecuencia de lo que se ha denominado 'glocalización' (pdf).


Craigslist constituye una competencia invencible en el mercado de los clasificados. Su red alcanza ya a la práctica totalidad de Estados Unidos y es un referente claro y prácticamente ineludible para todos los interesados en comprar, vender, alquilar, contactar… Es un éxito total.

Con 24 empleados y unos magros beneficios de 10 millones de dólares al año, los responsables de Craigslist explican su triunfo con una extraña paradoja capitalista: su ausencia de obsesión por los beneficios. Y, con la lógica contraria (la obsesión por los beneficios, entre otras cosas) interpretan la decadencia de los diarios.

En cualquier caso resulta evidente que la derrota en los anuncios clasificados, sumada a la pérdida o no captación de la masa de lectores que prefieren Internet, alimenta una espiral que tiende a acelerar la crisis de la prensa.

Si los clasificados se reducen o desaparecen como consecuencia de la incapacidad del medio para competir en ese terreno, paralelamente se pierde atractivo para las lectores y desciende la cuota de difusión. Y si se reduce la difusión del diario, la publicidad no convencional abandonará el barco de papel y buscará otros soportes.

¿La solución? Lamento ser pesimista, pero me temo que no existe. Los problemas que sufre la prensa no son de los que se pueden atajar con eficacia una vez que se han manifestado sus secuelas. El cambio de mentalidad y estrategia debió haber comenzado a generarse hace casi dos décadas, cuando podían empezar a intuirse las consecuencias que la socialización de Internet podía llegar a tener.

Quien no piensa en el futuro está destinado a ser arrollado por él.

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01 febrero, 2007

La Corporación: Ambición y psicopatía (y II)



¿No has oído hablar de Monsanto? Pues aquí no se cuenta ni la décima parte de sus pecados.

La ambición y la avaricia corporativa dañan a la naturaleza mientras sus gestores se declaran impotentes y en ocasiones solidarios con las reivindicaciones de quienes les cuestionan. El loco no sólo lo está. Además es muy peligroso: es un monstruo sin conciencia ni moral.

Continuará. Eso es lo que se nos promete al final de esta entrega. Y tiene sentido que este documental tenga secuelas porque apenas apunta los temas en los que sería preciso profundizar. Es fundamentalmente una introducción a una cuestión de importancia capital para nuestra civilización y su destino.

Mientras tanto, algunos datos complementarios (picar en los enlaces) :

- Entrevista con el director, Mark Achbar.

- Sobre Ray Anderson, industrial pionero de la sostenibilidad, presidente de Interface.

29 enero, 2007

La Corporación: Ambición y psicopatía (I)





Conocer el alma de las corporaciones (grandes empresas o agrupaciones empresariales, generalmente de carácter global) equivale a 'desnudar' uno de los factores que en mayor grado condicionan nuestras vidas -independientemente del país en que vivamos-, mucho más de lo que sabemos y estamos dispuestos a admitir.

Como los estados soberanos, las grandes corporaciones gozan de una casi omnímoda autonomía, inmunidad e impunidad, con la diferencia de que no deben rendir cuentas a nadie, salvo a los accionistas, si se dignan hacerlo. Su Producto Interior Bruto es mayor que el de muchos países y su capacidad de presión sobre el poder político constituye un peligro insuficientemente controlado para las democracias, rendidas con frecuencia a los 'lobbies' corporativos.

Cuando Joel Bakan publicó en 2004 su obra 'The Corporation, the pathological pursuit of profit and power' seguramente ignoraba la transcendencia que habría de alcanzar su visión de las grandes instituciones empresariales como psicópatas. La película, que aquí ofreceremos dividida en dos partes, ha contribuido considerablemente a ello.

Obra realizada por Mark Achbar, Jennifer Abbott y el propio Bakan, ha logrado 26 premios internacionales hasta ahora, lo que hace inevitable su conocimiento por parte de un público mucho más amplio y menos 'técnico' que aquél al que el libro estaba destinado.

Partiendo de la triquiñuela legal que permitió a las corporaciones equipararse en derechos a las personas, al apelar de modo impropio pero exitoso a la 14 enmienda de la Constitución, Bakan nos muestra a la 'persona' Corporación como un ente prepotente y amoral que no persigue otra cosa que el máximo beneficio y el máximo poder. El suyo es el comportamiento de un psicópata.

Como tal aparece en las conclusiones de película, a la luz de un test de la Organización Mundial de la Salud y tambien según el criterio de un criminólogo del FBI. Pero antes el documental repasa el proceso de evolución que las corporaciones han experimentado e interroga a sus promotores y a sus objetores.

Merece la pena.

Nota: La Espiral ofreció en su día este documental dividido en seis partes, a lo largo de otros tantos días. Luego, Youtube borró las seis entregas, que hoy (10 de julio de 2007) he hallado en Google Video dividida en dos entregas. Curiosamente a Google, propietario de Youtube, no parecen afectarle las presiones que motivaron la retirada del vídeo. O las ignora.

La segunda parte está publicada del 1 de Febrero (ver Archivos).