10 julio, 2008

Vacas flacas (II): Crisis del modelo

Mi fórmula para el éxito es levantarme pronto, trabajar hasta tarde y encontrar petróleo.

Paul Getty


El petróleo es, desde hace más de un siglo, la sangre de nuestra civilización, el elemento inductor de un avance espectacular en el bienestar social, del que Occidente y Japón han sido hasta fechas recientes los máximos -casi exclusivos- beneficiarios y los principales actores. La sociedad de consumo, que es la consecuencia más notable de ese bienestar, se ha revelado como un poderosísimo motor de creación de riqueza, pero a estas alturas de la historia también ha puesto de manifiesto, con mayor elocuencia que nunca, sus efectos perversos.

La idea de un crecimiento permanente que subyace en los usos derrochadores de los países más ricos es una falacia de la que todos somos conscientes, pero en la que se ha preferido no pensar mientras la realidad sonreía. Si los recursos son limitados (el petróleo lo es y lo sabemos) el crecimiento constante es una utopía impracticable, salvo que se monopolice su producción y distribución, cosa que sólo sería posible 'manu militari'. Huelga decir que ese sería el mayor de los errores y la desafortunada invasión de Irak puede servir como botón de muestra. No se debe intentar condicionar mediante las armas el uso de los recursos naturales que puedan hacer los propietarios de éstos ni se puede apartar a nadie de la lícita competencia por los bienes escasos.

El hecho de que el barril de petróleo haya superado recientemente los 140 dólares es debido (maniobras especulativas aparte) a la aparición de 'nuevos chicos' en el barrio del progreso. Y no son unos pocos, sino cientos de millones de personas pertenecientes a potencias demográficas gigantescas, como China e India, que se han convertido en economías emergentes. Sus índices de crecimiento son brutales y como consecuencia su demanda de materias primas se ha disparado hasta un nivel que altera esencialmente los parámetros en los que se venía moviendo la ley mayor de la economía, la de la oferta y la demanda. La consecuencia inevitable es el aumento de las cotizaciones internacionales no sólo del petróleo sino también de otras materias primas, como los metales, así como los alimentos.

Engolfado en la filosofía hedonista de la cigarra, Occidente afronta ahora las consecuencias de la laboriosidad y voracidad de inmensas legiones de 'hormigas' con las que no contaba en el festín. Ante esa nueva realidad -nada imprevisible, por otra parte- no se puede improvisar. No existen soluciones milagrosas ante una situación que está cambiando velozmente y altera de modo inevitable y esencial nuestra percepción del mundo. Cierto que la crisis probablemente va a afectar en mayor grado a esas economías emergentes que a las desarrolladas y eso aliviará provisionalmente la presión sobre las materias primas, procurando algún respiro a Occidente, pero ese es un triste consuelo. Y además, provisional.

Los economistas se preguntan si nos hallamos o no ante un cambio de ciclo, en el inicio de una etapa de vacas flacas. Y si efectivamente esa es la situación, cuál va a ser su duración y su gravedad. ¿Vamos a sufrir una recesión pasajera o una depresión profunda? Nadie arriesga pronósticos con claridad. Y menos si lo que intuyen es negativo. Nadie quiere ser mensajero de malas noticias, fundamentalmente porque la economía no se rige por leyes invariables, en la medida en que está condicionada por el conjunto de los comportamientos individuales y éstos obedecen a percepciones subjetivas que con frecuencia son escasamente racionales. Nadie quiere alimentar temores que podrían agravar extraordinariamente la situación.

Pero más allá de las consideraciones coyunturales sobre el ciclo económico, su duración y consecuencias, los economistas, los científicos y los políticos deberían esforzarse en sentar las bases de un nuevo modelo económico, especialmente de un nuevo modelo de crecimiento que debe ir acompañado de una revisión profunda del concepto de bienestar social, basada más en baremos cualitativos que cuantitativos. El modelo surgido tras la segunda guerra mundial, impulsado por la extraordinaria salud económica de Estados Unidos, se halla exhausto y es obsoleto. Resulta ya inviable y admitir esa inviabilidad es la condición previa para sentar los cimientos de un futuro ajeno al caos y a la incertidumbre permanente.

Continuará.

09 julio, 2008

Vacas flacas (I): La crisis es global

Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas; y éstas entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiesen entrado, porque la apariencia de las flacas era aún mala, como al principio. Y yo desperté”.

Génesis 41.1-36 (El faraón relata a José su sueño sobre las siete vacas)


Como el faraón, la sociedad española despierta ahora, casi violentamente, del sueño que han supuesto catorce años de prosperidad ininterrumpida (en términos macroeconómicos mucho más que sociales). José interpretó el sueño del monarca egipcio profetizando siete años de escasez tras siete de prosperidad. Nosotros no sabemos aún a lo que nos enfrentamos. Nadie en el mundo lo sabe (y digo en el mundo porque esta crisis, que sí lo es, no es local sino global, por más que algunos, por intereses partidistas, insistan en lo contrario). No lo sabemos, insisto, pero los augurios de quienes se atreven a aventurarlos son cada día más pesimistas.

Hoy mismo el gobernador del Banco de España confirma nuestros peores temores al afirmar que la crisis será más larga de lo esperado. También hoy el diario 'Le Monde' titula empleando la más temida de las palabras: “La recesión amenaza a Europa”, puede leerse en su edición digital. El diagnóstico inicial, que hablaba de una desaceleración más o menos severa está siendo revisado urgentemente a la vista de las señales alarmantes que han comenzado a proliferar. Todas las luces rojas se han encendido, desde occidente hasta extremo oriente. Nadie está a salvo. Los índices bursátiles caen de modo casi constante (en Francia hasta un 30%) y las empresas revisan a la baja sus previsiones de inversión y crecimiento en todas las latitudes del globo. El desempleo aumenta, la inflación crece, el consumo decae...

Cuando todo empezó, hace un año, con el escandaloso asunto de las hipotecas 'subprime' en Estados Unidos (*), nada indicaba que la economía mundial empezaba a deslizarse hacia una sima insondable. Los signos eran, desde luego, inquietantes, pero el deleznable fenómeno 'subprime' se circunsribía, salvo pequeñas excepciones, al marco nacional estadounidense. Sin embargo, el síntoma -un auténtico 'crash'- evidenció la gravedad real de la situación en la medida en que no fue seguido por la recuperación que acompaña normalmente a ese tipo de caídas circunstanciales. La crisis había llegado a los mercados de EE UU para quedarse. La confianza (o el exceso de confianza previo, para ser más exactos) se había esfumado.

Sólo era cuestión de tiempo que el virus se extendiese, arrojando signos crecientes de su gravedad en todo el planeta hasta la fecha. Hoy puede certificarse no sólo la gravedad de la situación actual, sino también el cúmulo de incertidumbres que ese estado de cosas genera, que sólo invita al pesimismo cuando se considera detenidamente el conjunto de las variables implicadas el el cuadro clínico. En economía no hay peor ingrediente que la incertidumbre, la imposibilidad de adelantar previsiones o contemplar en un plazo próximo alguna posibilidad de recuperación.

La desconfianza de los inversores, el miedo enfermizo del dinero a no multiplicarse convenientemente, es un elemento de primerísima magnitud a la hora de desactivar el crecimiento. Mucho mayor, por cierto, que el descenso del consumo privado, que no se puede reactivar por muchas invitaciones que se planteeen. Y ello por la simple razón de que no obedece al miedo, sino a la impotencia. Cuando los precios aumentan sistemáticamente sin que paralelamente crezca la demanda de los productos que se encarecen ni los restantes índices económicos resulta estúpido acusar al mensajero (el sufrido consumidor) de la situación.

Son muchos los economistas que se niegan a vincular el extraordinario aumento del precio del petróleo (188% en ocho años) con la crisis actual, pero no parece 'científico' negar tal relación dada la magnitud brutal de esa subida y su inevitable incidencia en el aumento de los precios. De hecho, es el aumento de los precios en Estados Unidos lo que conduce a los empobrecidos tomadores de las 'subprime' a generalizar los impagos. Cuando para pagar la hipoteca hay que dejar de comer nadie tiene dudas acerca de la opción más razonable.

(*) Crisis hipotecaria: Las consecuencias, los responsables

Continuará.


23 junio, 2008

Tu no tienes 'na' (La informática como propiedad virtual) y III

En numerosas películas sobre la mafia hemos tenido ocasión de conocer una de las prácticas recaudatorias más gratas a la 'honorable hermandad': la venta de protección. Generalmente la historia comienza con unos simpáticos personajes visitando un negocio no necesariamente próspero para convencer a su dueño de la imperiosa necesidad que tiene de protegerlo contra toda amenaza. Si el dueño argumenta que se basta solo y que nunca ha tenido un problema realmente serio el tono de los visitantes cambia y comienzan las insinuaciones acerca de lo que se trata en realidad.

Tal vez concedan a la víctima un pequeño periodo de reflexión, al cabo del cual vuelven a visitarle en una actitud mucho menos conciliadora. El tono se torna ya abierta o veladamente intimidatorio y si el potencial contribuyente insiste en su rechazo le advierten de que no tardará en lamentarlo. Y así es. La violencia vandálica está a punto de hacerse presente y al resistente no le quedará otro remedio que rendirse si quiere mantener a salvo su negocio.

A alguien le parecerá exagerado que compare la protección mafiosa con la que se ofrece en el negocio informático en forma de asistencia técnica o protección 'imprescindible' ante riesgos en principio nada obvios, pero el 'razonamiento' previo a la venta del servicio de protección es el mismo. Los problemas, las amenazas, son reales. Especialmente si se carece del CD de instalación del sistema operativo y si se tiene (lo cual es una experiencia muy común) un conocimiento muy limitado de lo que uno ha comprado realmente. El propietario virtual de informática -tanto más virtual cuanto menos extensos sean sus conocimientos-, se halla bajo una amenaza permanente de sufrir averías o 'cuelgues' incomprensibles y de perder irreversiblemente los datos que tenga en su ordenador, si no ha hecho copia de ellos.

Además, en muchos casos tendrá su equipo inutilizable durante una temporada, pague o no pague una asistencia técnica, pues los responsables de ella hacen todo lo posible para evitar su acción, desde remitir al usuario a una web de soporte que nada soluciona a echarle la culpa a algún elemento de hardware que éste haya instalado. La culpa, sin embargo, suele estar en las 'secretas' complejidades de un sistema operativo aparentemente diseñado para todo y que sale instalado de fábrica (o de tienda), pero no configurado del modo adecuado, pues suele tener habilitados servicios inútiles que generalmente causan problemas, y preinstalados programas a prueba que, por definición, se cargan en el arranque, ocupan memoria y dan el cante.

Quienes insistan en considerar exagerado el paradigma mafioso que he utilizado tal vez reconsideren su idea ante el siguiente ejemplo, que he sufrido en primera persona: pocos días después de comprar mi nuevo ordenador le instalé un programa antiespía en el que tengo mucha confianza, pues, aunque generalmente lo que detecta son cookies carentes de peligro pero que espían minuciosamente nuestros hábitos de navegación con fines comerciales, en varias ocasiones ha interceptado algún troyano que había sido ignorado por el antivirus.

En la primera pasada del programa, junto a las previsibles cookies, marcó un archivo con la extensión 'exe', alojado en un directorio temporal, y cantó la siguiente (aproximada) información: “programa que genera falsas alarmas de seguridad con el fin de instar a la compra de un programa antivirus”. Estupefacto e inquieto, pero aún más curioso, localicé el archivo e investigué sus propiedades. El padre de la perniciosa 'criatura' era Symantec, la empresa de software de protección creadora, entre otros programas 'imprescindibles', de 'Norton 360', que venía preinstalado a prueba por gentileza del fabricante del ordenador, Acer, junto a Microsoft Office.

Mi reacción inmediata fue desintalar el programa de Symantec, que, pese a lo que parezca, no se desintala entero pues considera como elemento aparte 'LiveUpdate', pese a que no lo es en absoluto, y que tambén hay que desintalar aparte para tener la certeza absoluta de que uno se ha deshecho del incordio. Pocos días después le siguió Microsoft Office. Esas decisiones y la revisión de los servicios, deshabilitando algunos y pasando otros de 'automático' a 'manual', puso fin a los pantallazos azules que me quitaban el sueño. Tal vez ahora se entienda mejor mi recomendación del primer capítulo en el sentido de que el comprador exija la deinstalación de los programas a prueba que pueda traer el ordenador que se compra. Suelen ser falsos amigos.

Creo que las reflexiones y los hechos que vengo relatando ponen en evidencia una negativa evolución de la informática ante la que los usuarios nos hallamos indefensos. El ordenador ha pasado de ser un amigo a convertirse en un sospechoso habitual. El abuso ha devenido un hábito y la salud económica del negocio informático se fundamenta cada vez más en la generación permanente de inseguridades.

Hoy un usuario común y corriente necesita un buen programa de backup y al menos una segunda unidad de disco, externa o interna para volcarlo; un antivirus eficaz, de actualización casi diaria, y que generalmente funciona por suscripción (o lo que es lo mismo, alquiler), un antispyware y un antispam para el correo y... mucha suerte. No viene mal tampoco un programa de mantenimiento, como 'Tune up', que controla los riesgos para el equipo que puede suponer -por ejemplo- un registro sobrecargado y fragmentado y facilita un mejor funcionamiento, 'afinando' el sistema mediante diversos recursos, como la evitación de que se carguen en el inicio un exceso de programas o utilidades que ocupan (y bloquean) una cantidad enorme de memoria RAM.

Todo ello lleva el coste de la llamada 'informática doméstica' a un punto bastante desorbitado e impropio. Los estados deberían mantener una mayor vigilancia y establecer sanciones disuasorias para el uso de prácticas abusivas cada vez más frecuentes por parte de las empresas, pero no lo hacen. Las asociaciones de consumidores tampoco parecen considerar, aún, estos problemas como relevantes.

Insisto: estamos indefensos. Y cada día más. Los nuevos hábitos del negocio -especialmente en el software- no sólo atentan contra nuestra libertad, nuestra propiedad o nuestra privacidad, sino que, deliberadamente, generan gastos (para ellos beneficios) indebidos y nos asedian con inseguridades inaceptables.

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15 junio, 2008

Tu no tienes 'ná' (La informática como propiedad virtual) II

Steve Ballmer y Bill Gates, ahora 'filántropo'. El poder siempre sonríe por algo.

Creo que lo relatado en el capítulo anterior acerca de la obsolescencia forzada de mi scanner y de mi disco duro externo puede ilustrar, al menos parcialmente, el título que he dado a esta serie. Si yo tuviera un solo ordenador, este Acer recién comprado, resultaría que, con su compra, habría perdido esos dos valiosos periféricos, cuyos fabricantes han decidido no crear controladores compatibles con el sistema operativo Vista. No es así porque conservo otros dos Pcs (si es que se puede decir que conservo el Dell averiado) con XP Pro instalado, pero no era mi propósito conectar a ninguno de ellos un scanner y si lo hago deberé comprar otra impresora y trasladar ambos periféricos al estudio. En resumidas cuentas: mi libertad de elección ha sido violentada.

Cuando Microsoft da a luz un sistema operativo nuevo hay una gran excitación y alborozo en el mundo del hardware. Todos están convencidos -con razón- de que el nuevo engendro, cuya creación no obedece generalmente a necesidades objetivas y mucho menos masivas del mercado, va a mover las ventas y a ser una fuente providencial de beneficios. De hecho la excitación y los preparativos en el muindo de los fabricantes de ordenadores se inicia con bastante antelación e implica también al mundo de los procesadores, dado que Intel y Microsoft trabajan codo a codo para mantener su evidente hegemonía en el mundo informático.

Cuando la empresa de Bill Gates detalló las características de Windows Vista una parte significativa de los expertos y críticos de prestigiosas publicaciones especializadas y webs y blogs de ese mismo carácter expresaron reticencias y críticas significativas. Nadie le veía sentido, desde casi cualquier punto de vista, al lanzamiento de un sistema operativo completo que sólo añadía más pitos y flautas a XP, lanzado apenas cinco años antes y que tal vez es el sistema más sólido y fiable que Microsoft haya creado nunca.

Inútiles prevenciones. Vista viene preinstalado en todos los ordenadores nuevos (sin disco de instalación en muchos casos, como en mi Acer). XP ha dejado de ofrecer actualizaciones. Es decir, estamos ante el típico 'no te digo que te vistas, pero ahí tienes la ropa'. El mercado manda, nosotros obedecemos.

Vista, excediendo ampliamente el concepto tradicional de lo que es un sistema operativo, introduce tecnologías invasivas que nada tienen que ver con el normal funcionamiento de un ordenador, pues están instrumentalizadas al servicio de intereses empresariales, no sólo ajenos sino también hostiles a los usuarios. La Gestión de Derechos Digitales (DRM) y la eufemística Computación Confiable (Trusted Computing) constituyen de hecho omnipotentes spywares (programas espía) que no sólo vigilan lo que hacemos en “nuestros” ordenadores, sino que, según de qué se trate, lo impiden.

Otra aportación decisiva contra las libertades individuales es la WSPP (Windows Software Protection Platform), destinada en exclusiva a proteger los intereses de Microsoft y a hacerlo por la brava tras formular algunas advertencias ambiguas sobre la conveniencia de desinstalar determinado programa y sustituirlo por uno legal. Hasta qué punto llega en su venganza contra el réprobo lo ignoro, pero considero más que probable que su 'vendetta' conduzca en algunos casos a la inutilización del ordenador previa manipulación del sistema operativo.

Microsoft nos lo dice con una elocuencia insuperable por más que envuelva su puño de acero en un guante de seda: “¿Es este tu ordenador? ¡Eso crees tu!”

Estoy muy lejos de defender la piratería, pero aún estoy más lejos de justificar las vulneraciones de derechos individuales y colectivos avalados por todas las constituciones democráticas. Microsoft es bien conocido por su tendencia a abusar de su posición en el mercado y ha sido sancionado por ello. Sin embargo, su alarmante inclinación a erigirse en Gran Hermano omnipresente y vindicativo no parece inquietar suficientemente a quienes son garantes de los derechos de las personas: los estados. No sabemos con exactitud lo que el gigante de la informática hace, pero la potencialidad que tiene para actuar de modo ilegal e impune produce escalofríos.

Alguien dijo -o escribió- alguna vez que Windows es un virus. Lo dijo o lo escribió cuando todavía el sistema operativo de Microsoft no era lo que ha llegado a ser. A mi me pareció entonces una boutade que pensé generada por algún fanático de Apple. Ahora, sin embargo, no me parece ninguna exageración. Si actúa como un virus y puede causar los mismos daños es que es un virus.

Ahora lo que hace falta es un antivirus, o más precisamente un programa que espíe al virus Windows y tome nota puntual de todas sus actividades inquietantes o ilegales, de modo que cuando haga lo que legalmente no debe hacer se puedan llevar las pruebas ante un tribunal y los autores del virus pagen los daños y sean forzados a reprimir sus ansias. Se trata de una de las empresas más poderosas del planeta, no de un estudiante de ingeniería informática con problemas de personalidad. Aunque, bien pensado, es posible que tanto poder llegue a afectar al equilibrio psicológico y a la conciencia moral.

Sólo diré que estoy considerando seriamente la posibilidad de pasarme al sistema operativo Linux, al menos para mi ordenador doméstico. Creo que ahora está ya bastante maduro y yo también. De otro modo puede que me pudra de asco e impotencia.

Continuará.


11 junio, 2008

Tu no tienes 'ná' (La informática como propiedad virtual) I

Esto, que en principio se plantea como una explicación de mis ausencias de los últimos tiempos, es también -inevitablemente- una diatriba contra los rumbos más recientes del negocio informático.

De entrada, mis disculpas para quienes no entiendan el lenguaje más o menos técnico que tengo necesariamente que emplear. De salida, algunas recomendaciones previas para compradores y usuarios de informática (software y hardware porque ambos son cómplices): medite la compra de un ordenador tanto (o más) como una decisión matrimonial; revise sus convicciones de que lo caro es bueno, sin sustituirlas por las contrarias; exija el disco de instalación del sistema operativo y también que le desinstalen los programas 'a prueba' preinstalados; si tiene conocimientos sólidos de informática, o un buen amigo o pariente cercano que los tenga, opte con su consejo por un ordenador a medida, con la placa base, el procesador, la memoria y el disco duro que prefiera, opción que aún ofrecen algunos vendedores.

Si opta por un ordenador de marca, espere un mínimo de seis meses desde su aparición en el mercado para comprarlo y haga entonces una búsqueda del modelo en Google. Tal vez decida finalmente no adquirirlo. En cualquier caso, exija el mayor detalle posible sobre todos sus elementos principales (placa base, mucho más importante de lo que parece; disco duro; memoria RAM y sólo en último término el procesador). Cerciorese de que no se lleva a casa un enemigo. Revise los contratos de garantía y asistencia con lupa (a veces es literalmente necesario). Finalmente, si es creyente rece todo lo que sepa.


Michael Dell, otro 'chico listo' made in USA.

Hace muchos años -empiezo a pensar que demasiados- que lidio con la informática, tanto en mi trabajo como en mi casa o en mi estudio. Al día de hoy, descontando el que 'me ayuda' a ganarme el pan, tengo cinco ordenadores, pero he de matizar que uno está muerto, otro (un Pentium 3) es manifiestamente obsoleto y un tercero guarda en las entrañas de su disco duro, ahora inaccesible, algunos de los programas más caros y de los documentos más queridos, entre ellos todos los posts de mis blogs.

Ciertamente, la última catástrofe (la muerte de mi ordenador doméstico) no me cogió desprevenido. Seis meses antes de su fallecimiento había realizado un backup completo. Tras hacer comprobaciones exhaustivas para certificar sin lugar a dudas el deceso, me traje del estudio a casa un Dell Dimension 9200 comprado en septiembre de 2006 con el hipotético destino de ser destinado al trabajo con vídeo y que no había tenido mayor uso desde entonces, por falta de tiempo, que la instalación de un tarjeta Firewire para la adquisición de vídeo y unos cuantos programas (legales y nada baratos).

Ese y el encendido esporádico para cerciorarme de que funcionaba había sido todo el 'desgaste' que había sufrido el flamante Dell, al que volqué el backup del difunto (sólo programas y documentos, preciso). Tras algunos días de funcionamiento normal y de relax espiritual y físico para mi empezó a dar problemas, con una deprimente proliferación de pantallas azules que nada aclaraban sobre las causas. Finalmente dejó de arrancar, argumentando que faltaba o se había corrompido un archivo llamado 'hal.dll', nombre de mal augurio que me hiizo evocar al siniestro ordenador protagonista de cierta odisea espacial. Era preciso reinstalar ese archivo.

Intentaré hacer el cuento (en ralidad tragedia porque, con los parámetros dados, el destino estaba escrito) lo más corto posible. Tras comprobar que los estúpidos de Dell habían decidido dar al disco duro (Western Digital, 320 Gb, 7.200 rpm, según especificaciones de fábrica) un formato Raid 0 so pretexto de hacerlo más rápido, tuve que enfrentarme a la BIOS más absurda que he encontrado hasta la fecha. Si no existiera tendría la misma utilidad: ninguna. Una búsqueda exhaustiva con Google me permitió documentar el montón de problemas que los usuarios tenían -y tendrán- con este puñetero ordenador, el inexplicable formato Raid 0 y la estúpida BIOS.

De entrada, para poder utilizar la consola de recuperación de Windows (denominación más bien eufemística) fue preciso cambiar el disco duro en la BIOS de Raid 0 a simple SATA. Así, tras no pocos ensayos estériles, logré visionar el disco duro utilizando comandos (quién lo iba a decir) del viejo DOS, el sistema operativo que hizo la fortuna de Bill Gates. Resulta que además de la habitual (C) había otras dos particiones, denominadas I y J (las letras entre D e I están asignadas a los lectores de tarjetas, otra milonga). La unidad I, que al parecer debería funcionar, entre otras cosas, a modo de 'disketera' interna, de la que el sistema carece, se había ido al carajo y era irrecuperable, según certificó un análisis con el comando del DOS Chkdsk.

Por dos veces instalé un disco duro SATA e intenté cargar Windows XP en él con la ingenua intención de copiar los archivos del disco Raid 0. Fue inútil. Llegado un momento de la instalación del sistema operativo ésta se detenía por un supuesto error en un dispositivo de E/S (entrada/salida). Y subrayo 'supuesto' porque tanto el disco duro SATA como el CD del ordenador funcionaban sin problemas. Todo indica que la 'ingeniosa' BIOS de los 'ingenieros' de Dell es algo así como la carabina de Ambrosio, o bien, que sin advertencia expresa, predetermina que sólo se pueden utilizar discos Raid 0 o que estos -aunque no se carguen en la BIOS- no pueden coexistir con otros formatos.

En definitiva, el usuario, por grandes que sean sus conocimientos y empeños, queda a merced del servicio de asistencia (de pago, claro) de Dell. He preguntado cómo funciona y me han dicho que, en un caso como el mío, acaba remitiéndo a algún servicio de asistencia local, aparentemente no vinculado a la multinacional estadounidense, lo cual no es precisamente una garantía de nada. En cualquier caso, me tienen agarrado por salva sea la parte, así que cuando se me pase el berrinche llamaré a un 902 de nuestros pesares y asumiré las consecuencias crueles de los signos de los tiempos: la indefensión y el abuso.

El sábado pasado, exhausto y cabreado tras mi último intento de recuperar el disco duro del Dell, me arranqúe hacia PC City y me traje a casa un Acer Aspire 3610, con Windows Vista preinstalado y sin disco de instalación (por lo visto es la última moda), 3Gb de RAM y un disco duro de 250 Gb. Casi la cuarta parte de lo pagado lo es por un contrato de 'asistencia' que da derecho a un chequeo anual (¡). Temo que puede haber sido otra mala idea, como la compra del Dell. De momento, me ha jubilado el scanner (HP), que no tiene drivers para Vista (*) y algo feo le ha hecho a mi pendrive, que desde que lo conecté ha dejado de funcionar. Tampoco hay drivers para Vista de mi disco duro externo Fujitsu Handy Drive, que guarda algunos de mis programas de instalación comprados online. Hay que vender, vender, vender. Pese a quien pese y caiga quien caiga.

Para colmo ya me ha dado dos pantallazos azules en el momento de apagar, lo que me ha llevado a optar por 'suspender' en lugar de apagar, decisión que habré de revisar tan pronto como pueda. Cada vez que lo enciendo cruzo los dedos y maldigo a Murphy, cuyas leyes son de especial aplicación a la informática que nos posée.

(*) No me rindo con facilidad, así que días más tarde emprendí una exhaustiva búsqueda en Google. Suponía razonablemente que compartía mi problema con miles de personas en todo el mundo y esperaba que alguno hubiera dado con una solución. Y así era. Mi scanner es un Scanjet 4300C, pero imagino que esta solución puede servir para otros modelos e incluso para otro tipo de hardware cuyos fabricantes han tenido la desvergüenza de precipitar la obsolescencia de sus productos negándose a actualizar los drivers.

El procedimiento es tan simple que seguramente dificulta la posibilidad de que a alguien se le ocurra intentarlo. Bájese los drivers de su modelo. En el caso de mi scanner, el ejecutable es sj657en.exe. Póngalo en marcha con un doble clic. Luego trasládese, mediante el Explorador de Windows al directorio 'Hewlett Packard' en la carpeta 'Archivos de Programa'. Vaya a la carpeta 'HP Precission Scan' y abra en su interior la carpeta 'Precision Scan LTX'.

Dentro de esa carpeta debe hacer esta operación en cada archivo 'exe': abra 'Propiedades' pulsando con el botón derecho; pulse la pestaña 'Compatibilidad' y marque la opción 'Ejecutar este programa en modo de compatibilidad para... Seleccióne Windows XP (Service Pack 2). Cuando haya terminado el proceso en todos los 'exe' conecte el scanner y pruebelo. ¡Funciona!

La próxima vez que arranque Vista le notificará que ha detenido la carga del archivo 'hpupdate.exe' en el inicio. Vaya al Panel de Control y luego, sucesivamente a Herramientos Admnistrativas y Configuración del Sistema. Pulse la pestañá Inicio de Windows y desmarque el archivo incordiante.

Ahora, ya en modo recochineo, diríjase a http://hp.com. Busque el software para su scaner con Vista y cuando aparezca esta leyenda...

If you are using the Windows Vista operating system on your computer, please consider upgrading to a newer HP product that is supported on Windows Vista. HP has numerous products on the market that support Windows Vista.

... suelte una sonora carcajada y haga un corte de mangas. Relaja mucho. Shame on you, HP!

Continuará.

19 mayo, 2008

Mira quién habla: ¡Aznar!

Al fin habló la esfinge, la sombra, el augur. Y lo hizo desde su 'bunker' predilecto, ese 'think tank' ultraconservador desde el que su propuso en su día -e insiste en ello- iluminar ideológicamente al Partido Popular: la FAES. No ha dicho Aznar (ni se esperaba) nada especialmente lúcido o imprevisible. Se trataba fundamentalmente de defenderse y defender a los suyos desde un discurso falsamente abstracto.

Decir, por ejemplo, "la confianza y la defensa de los principios es esencial" en política podría parecer, en otras circunstancias, una obviedad. Cuando lo que denuncian los disidentes del PP es que Rajoy trata de alterar los principios del partido y que, justamente por ello, no les merece confianza, no cabe duda de hacia dónde se dirige el tiro del ex presidente, que es precisamente el 'autor intelectual' de dichos principios supuestamente inamovibles.

¿Puede Aznar hablar de principios sin ruborizarse? ¿Qué principios insiste ahora en defender quien nunca contempló otra cosa que fines? Uno evoca inevitablemente el ingenio de Groucho Marx cuando escucha a Aznar: "Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros". Los principios de Aznar no le impidieron en su día hacer arrumacos a Arzalluz ni asegurar que hablaba catalán "en la intimidad". Si algún principio ha mantenido en toda su trayectoria hasta hoy es el de mentir de la manera más descarada cuando lo considera beneficioso para sus intereses. ¿Merece confianza quien miente con tanto desparpajo?

El caso del diálogo con ETA fue paradigmático. Si él dialoga e incluso hace a la banda terrorista concesiones tales como el acercamiento de presos es porque está "explorando" la disposición de la banda a rendirse. Si lo hace otro lo que evidencia es su propia disposición a rendirse. ¿Y qué decir sobre sus insinuaciones intolerables acerca de los atentados del 11-M? En otro lugar que no fuera esta España de nuestros pecados alguien como Aznar no tendría crédito alguno a estas alturas. Aquí, sin embargo, se le escucha como si fuera el oráculo de Delfos.

José María Aznar tuvo la suerte de llegar con facilidad al poder. Sus méritos para lograrlo nadie es capaz de enumerarlos. Simplemente, no existen. Fue el demérito ajeno, el harakiri del PSOE, engolfado en el poder y la autocomplacencia, lo que llevo a Aznar a La Moncloa, Gal mediante. ¿De qué puede presumir el primer presidente capaz de hacer pasar directamente a su partido de la mayoría absoluta a la oposición? ¿De haber metido al país en la guerra injusta y depredadora de Irak? ¿De intentar desorientar sobre la autoría de los atentados del 11-M?

Que critique el tacticismo, como ha hecho hoy, quien no praticó en su vida otra cosa que táctica torpe y barata requiere una cara de cemento armado. Que se considere a sí mismo, implicitamente, como administrador "inteligente de un proyecto político" clama al cielo. E incluso invita al sarcasmo cuando dice algo tan razonable -aunque lo hace en obvia defensa de San Gil y quienes la apoyan, incluido él mismo- como que "siempre hay que procurar jugar con los mejores y además tener la voluntad y la decisión de llamarles y de agruparlos en torno a un gran proyecto".

Lo mejor no es una dimensión objetiva, definir quienes son "los mejores" es algo incuestionablemente subjetivo y también circunstancial, como lo es la elaboración de "un gran proyecto" (o de uno pequeño). Él eligió en su día, subjetivamente, a 'sus mejores' y Rajoy era el primero entre ellos. Ahora, para él y otros muchos admiradores suyos, Rajoy ha pasado a ser 'lo peor' sólo porque quiere cambiar el rumbo al fracaso que el propio Aznar diseñó precisamente cuando se despedía -es un decir- de la política. A este paso éste va a acabar siendo el cuento de 'entre todos la mataron y ella sola se murió'.

Parafraseando su latiguillo, creo que ha llegado el momento de decirle a José María Aznar lo que él le espetaba día sí y día también a Felipe González: váyase, señor Aznar. Váyase a asesorar al poderoso Murdoch. Váyase a poner los pies sobre la mesa con su amigo Bush y a evocar los alegres tiempos de las Azores. Váyase en cruzada contra el pérfido Islam. Váyase a proponer la entrada de Israel en la OTAN. Váyase a... Bueno, guardemos las formas.

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18 mayo, 2008

¿Arde la Casa del PP?


Está la cosa que arde en el Partido Popular. Parece la Casa -la casa común de la derecha española- a punto de entrar en combustión espontánea por supuestos motivos ideológicos.

María San Gil le mira a los ojos a Rajoy y le dice, sin pestañear, que no confía en su liderazgo; Mayor Oreja, regresado del frío europeo, la apoya sin condiciones; Esperanza Aguirre, también, y además, con su característico desparpajo, le espeta al padre de la criatura (Fraga, que no le hizo ni caso) que “ya le explicará” las declaraciones en las que afirmó que ella es conflictiva; la señora de Aznar se suma al panegírico de la San Gil mientras su señor se mantiene en silencio, pese a que todas las miradas le contemplan. “Yo ya no soy político”, ha afirmado recientemente el ex presidente del Gobierno.

Si más arriba califiqué de “supuestos” los motivos ideológicos que aducen los disidentes para justificar su postura es porque tales razones son totalmente irreales. Nadie quiere tocar ninguna esencia ideológica -por otra parte convenientemente indefinida- del PP y nadie, además, sabe en qué consiste el “alma” del partido que -se dice- María San Gil representa.

Lo que está en juego, como siempre en política, es el poder. Y más concretamente el poder personal de algunos que ahora lo tienen en el partido y temen perderlo. Su temor es razonable. Después de asistir a la defenestración de Acebes y Zaplana, halcones aznarianos que ‘secuestraron’ y condicionaron a Rajoy durante toda la pasada legislatura, quedan pocas dudas de que la reconducción que el presidente del partido se ha propuesto pasa por una ‘limpia’ de aznaristas (por llamarles de algún modo) irreductibles.

El PP eludió tras la derrota de 2004 asomarse al vacío, analizar las causas del fiasco electoral y revisar el rumbo. La soberbia de Aznar tiene mucho que ver en ello. Él ya había trazado las líneas maestras de su autodefensa ante la historia y, con toda la influencia de que era capaz (que fue y sigue siendo considerable), antepuso esa estrategia a cualquier análisis prospectivo acerca de qué era lo más adecuado para el partido.

Con la FAES, El Mundo, la COPE y Libertad Digital al servicio de sus planteamientos y la Iglesia y la AVT como asociados tácticos, Aznar consiguió convertir al partido y al propio Rajoy en rehén de sus personales intereses. Incluso llegó a hacer creer a muchos (no sólo a Acebes y a Zaplana) que por el camino que él marcaba, empedrado de mentiras, manipulaciones, intoxicaciones e irresponsabilidad política, se llegaba de regreso a La Moncloa.

Nada más lejos de la realidad. La estrategia del desgarro y la indecencia movilizó, por segunda vez consecutiva, a la izquierda sociológica, gran parte de la cual no siente ningún entusiasmo por Zapatero pero se dice a sí misma que “antes que 'este' PP, el diluvio”. Asimismo provocó el voto de castigo de las comunidades con mayor incidencia nacionalista. Hasta el más tonto y empecinado de los dirigentes del PP sabe -ahora, definitivamente- que ese no es el camino.

Quienes ven su destino político en peligro insisten en negar tales evidencias y en defender la línea ‘absolutista’ de la era dorada (2000-2004). Por una parte suponen que eso salva su presunción de buena fe; por otra, saben que entre los votantes esos planteamientos tienen bastante arraigo, gracias al martilleo mediático. Pero el motivo fundamental de que mantengan esa actitud es que confían en que la presión lleve a Rajoy y su entorno a una solución de compromiso que ponga a salvo sus preciadas y amenazadas cabezas.

El problema al que se enfrentan para lograr tal propósito es que, tras la larga marcha de la pasada legislatura como jefe de la oposición, a uña de caballo, espoleado y ‘dirigido’ por quienes ahora se le enfrentan, Rajoy parece haber aprendido una valiosa lección: la importancia de decir simplemente no. Si Aznar le instrumentó al servicio de su particular revancha y su personal estrategia, él parece creer llegada la hora del desmantelamiento de una línea de actuación política con la que no sólo no se identifica, sino que juzga negativa para el partido.

¿Puede un personaje patético, como Rajoy lo ha sido durante la pasada legislatura, trasmutarse en un personaje heroico? Existen motivos para albergar serias dudas al respecto y las más importantes no proceden de consideraciones acerca de su carácter personal, definido como conciliador e incluso como ‘blando’, sino de la cantidad, calidad y firmeza de sus apoyos.

Las espadas están en alto. Dentro de un mes tendremos la oportunidad de ver de qué lado se abaten, si tienen vocación fratricida o van a moverse dentro de las reglas deportivas de la esgrima. Tal vez la casa no arda. Quizás sólo estamos asistiendo a fuegos de artificio.

Todos saben en el PP que en junio se la juegan y todos sabemos que a la derecha no le gusta lo más mínimo jugársela.

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25 abril, 2008

El 'gendarme' se justifica... y no convence


AFP/OLIVIER LABAN-MATTEI

Nicolas Sarkozy apareció ayer en la televisión, en horario de máxima audiencia, entrevistado por cinco periodistas. Casi un año después de su ascensión al poder, el presidente de la República Francesa, sumergido en la impopularidad y en la desconfianza, se mostró tan 'casi seguro' de sí mismo como de costumbre pero aportó a su aparición un elemento sorpresa: ciertos rasgos de modestia de los que nadie le creía capaz.

Rigurosamente vestido de oscuro, Sarkozy admitió haber cometido varios errores, si bien redujo el ámbito de la mayor parte de ellos al terreno de la comunicación, materia en la que, paradójicamente, se le consideraba un maestro. Ese reconocimiento público estaba prácticamente inédito en la figura de un presidente de la república y buscaba, sin duda, un cierto retoque de su imagen arrogante y despectiva que le devolviese la simpatía de la mayoría de los franceses. Lamentablemente, sin embargo, lo que importa no es el reconocimiento de los errores sino la existencia de éstos.

Por lo demás, el rumbo es el correcto y se mantiene. Eso dijo. Quedan cuatro años en los que confía en hacer visibles sus reformas y sus positivas consecuencias. Son 55 las reformas, como subrayó, y cada una de ellas forma parte de un todo, de un edificio que precisa de cada una de esas 55 piezas, sin que deba darse prioridad a ninguna de ellas sobre las demás. No jerarquizar las reformas que integran la 'gran reforma' que pretende sería la razón de que, hasta ahora, los franceses no perciban "el cambio" prometido.

Inútil argumentación para afrontar la sospecha creciente de que del total de las reformas prometidas sólo serán efectivas las más impopulares, aquellas que benefician los intereses de la patronal, mientras las restantes serán abandonadas (como la relativa al contrato de trabajo único e indefinido) o retocadas hasta no ser lo que se anunció que serían.

La intervención televisiva, según las primeras reacciones, no ha convencido a nadie. Los sindicatos insisten en señalar que no ha aportado nada que pueda tranquilizar a los asalariados ni a los jóvenes. La extrema izquierda dice que "delira". La extrema derecha, que su retórica "no puede convencer a nadie". Los socialistas denuncian que sigue actuando como si fuera un "eterno candidato" en lugar del presidente. Mientras, en su partido, la UMP, sostienen que se avanza en la buena dirección, pero la evidencia de que el presidente carga las culpas sobre el Gobierno y las contradicciones entre sí que vienen mostrando los representantes de la formación ponen de manifiesto que nadie, ni el propio Sarkozy, tiene una idea aproximada de hacia dónde se está yendo.

El presidente tiene ahora, junto a la habitual demonización de las 35 horas semanales y sus costes, nuevos argumentos para explicar por qué Francia -pese a sus personales esfuerzos- permanece estancada: el aumento de la factura del petróleo y la revalorización del euro son imponderables muy útiles como coartada. Pero sucede que muchos han empezado a ver a Sarkozy como el problema principal, por plantear desafíos que no parece capaz de superar y hacerlo precisamente en el momento histórico más inadecuado.

Sería preciso rectificar el rumbo, aplazar algunas reformas y establecer un plan de choque a partir precisamente de un principio que ha rechazado expresamente en su aparición televisiva de ayer: jerarquizar las políticas, dar prioridad a lo más urgente, que es reactivar la economía sin lesionar gravemente el bienestar social. Sería necesario, además, ceder el protagonismo ejecutivo, que Sarkozy se empeña en acaparar, al Gobierno presidido por Fillon, cuya capacidad de gestión está siendo sistemáticamente obstaculizada.

Viendo las imágenes de ayer y evocando otras de Sarkozy (muy abundantes a estas alturas de su ejecutoria) pienso cada vez más en el gran Louis de Funes y sus cómicos y truculentos personajes. Como las encarnaciones cinematográficas del actor desaparecido, Sarkozy gesticula, manipula, ensaya alternativamente el encanto y la energía -incluso cierto desgarro chulesco en ocasiones- y permanece todo el tiempo en movimiento, viéndose obligado periódicamente a deshacer los entuertos creados por sus 'astutas' improvisaciones.

¿Tendrá un final feliz esta película? ¿Es el 'omnipresidente' Nicolas Sarkozy el gendarme que Francia necesita en estos procelosos tiempos o el hombre que hará exclamar a los franceses "¡esta casa es una ruina!" Si en Italia ha vuelto Berlusconi para 'salvarla', ¿qué impide que Sarkozy sea visto por los franceses como el mal menor aunque demuestre ser una plaga?

El problema es que la democracia está gravemente enferma, como lo está la propia Europa, y todos -los ciudadanos también y especialmente- somos culpables de que la vida política se haya convertido en 'la parada de los monstruos'.

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08 abril, 2008

La gran esperanza liberal

La historia, contada por Esperanza Aguirre, resulta ser una ficción muy conveniente para la defensa de sus posiciones, que apellida ideológicamente como 'liberales', y que nada tiene que ver con la realidad. Considerar como trampas tendidas al PP ciertas propuestas programáticas llevadas a la práctica por el Gobierno del PSOE durante la pasada legislatura es un 'wishful thinking' prestidigitatorio que no resiste el más mínimo análisis.

Por ejemplo, el tema del matrimonio homosexual, al que aludió reiteradamente en su discurso de ayer (ver texto íntegro), distaba de ser una trampa tendida al PP. El hecho de que pusiera en evidencia los viejos reflejos ultraconservadores y reaccionarios del partido en el que ella milita, lejos de ser fruto de alguna maquiavélica añagaza, es la expresión de lo que el PP es: un partido de derecha que, además, hace guiños obvios a la ultraderecha.

¿Cómo definir ideológicamente a un partido que recoge el voto de ciudadanos con posiciones ideológicas tan inconciliables (al menos teóricamente) como la ultraderecha fascista y xenófoba y el centroderecha democristiano o liberal? Mejor no intentarlo, no sea que el 'invento' se haga añicos. Por otra parte, negar el origen franquista del PP, como ella hace, es un vano intento de ocultar la verdad histórica. Alianza Popular nació por iniciativa de siete ex ministros franquistas y presidida por Fraga, como el PP durante un tiempo. Su refundación como Partido Popular, acogiendo -que no integrando en muchos casos- a personalidades salidas de la autodisuelta UCD (con origen también en el franquismo, pero más realista, dialogante y abierta) no alteró básicamente en nada la filosofía de un partido cuyos fuertes reflejos autoritarios se revelan claramente en su propia dinámica interna presidencialista, nunca revisada en serio hasta ahora.

Esperanza Aguirre se define como liberal, al igual que el neonazi austriaco Haider, como Aznar, como Jiménez Losantos, como Pedro J. Ramírez... La de 'liberal' ha sido siempre una definición considerablemente gaseosa, pero ahora es también sospechosa. Es la vaga denominación pseudoidelógica que prefieren los neoconservadores (o ultraconservadores) europeos. Si excluimos el fuerte planteamiento en lo económico, donde se pretende la menor cantidad de Estado posible y el imperio del mercado y de la iniciativa privada, lo que hoy se llama liberalismo queda reducido a un saco con una sugestiva etiqueta que puede ser llenado con cualquier cosa -las más de las veces nada inocua- pues en lo esencial está vacío.

Aguirre parece sentirse especialmente orgullosa de la ponencia ideológica del Partido Liberal que redactó en 1985. Tanto que ayer leyó este 'enjundioso' párrafo de ella: “Hoy, las posiciones ideológico-políticas opuestas en todo el mundo occidental dividen a los ciudadanos entre estatistas y liberales, entre los que creen que el Estado puede juzgar mejor que los individuos sobre sus necesidades, y elegir por ellos, y los que consideramos que cada persona debe elegir libremente, siempre que las necesidades mínimas estén garantizadas”.

Lo cierto es que ni siquiera en 1985 los ciudadanos se dividían entre estatistas y liberales. ¿Alguno de los presentes era o es estatista? La falsedad y la rampante pobreza teórica de esta frase, que Aguirre considera conveniente repetir 23 años después de aquel 'pecado de juventud', revelan, mejor que cualquier otra consideración, que la ambiciosa presidenta de la Comunidad de Madrid no tiene nada serio que ofrecer en términos ideológicos.

La clave de todas las políticas reside precisamente en aclarar lo que cada cual cree que debe significar "que las necesidades mínimas estén garantizadas", condición a partir de la cual "cada persona debe elegir libremente", según la propia Aguirre. Para los neoconservadores esas "necesidades mínimas" coinciden generalmente con situaciones infrahumanas. Las políticas de Thatcher y Reagan, tan añoradas por ellos, no dejan lugar a dudas sobre ese extremo. Los índices de pobreza que se registran hoy en los países llamados desarrollados y sigularmente en Estados Unidos son la consecuencia de esa 'filosofía política' diseñada exclusivamente al servicio de los poderosos.

La nueva 'ambición rubia' (que en realidad es pelirroja, según fuentes familiares) no se perderá una coma de la actuación de Rajoy en el debate de investidura que se está desarrollando. Espera verle derrotado una vez más para auscultar el corazón del partido. Sabe que fuera de Madrid es poco más que nadie para el PP y por eso no se presenta abiertamente como alternativa de cara al congreso de junio. Si Rajoy defrauda con su intervención al 'nucleo duro' de su formación, ya inquieto por los síntomas que ha arrojado la remodelación del grupo parlamentario, creerá llegada su gran oportunidad.

Apoyos mediáticos no le faltan, pero eso ha quedado meridianamente claro que no basta.

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06 abril, 2008

La credibilidad de Rajoy, el problema clave

La perspectiva de futuro que ha decidido afrontar Rajoy al anunciar que presentará su candidatura a la presidencia del PP en el congreso que se celebrará en junio en Valencia no es precisamente envidiable. Por un lado tiene por delante el complicado desafío de hacerse con un partido que nunca -en la medida en que fue 'digitado' por Aznar- le ha concedido expresamente su confianza. Por otro, su propósito de reconducir la linea de oposición del Partido Popular desde el 'gamberrismo' obstruccionista e irresponsable de la pasada legilatura a la lealtad institucional y la actitud constructiva deberá enfrentarse a un camino minado de insidias, con protagonismo singular del ruido mediático que pueden desencadenar medios como 'El Mundo' o la COPE, que siempre le han cuestionado como sospechoso de centrismo.

Dentro del partido, durante las primeras horas tras la derrota electoral, se le vio como un cadáver político. La apuesta mayoritaria era que se iba a ir y su silencio inicial dió pábulo a esa especulación. Su anuncio de que continuaba sorprendió a muchos y cogió con el paso cambiado a quienes ya habían iniciado movimientos de recolocación bajo un 'nuevo sol' que más calienta (Esperanza Aguirre). Pero cuando decidió dinamitar el grupo parlamentario prácticamente todos se quedaron boquiabiertos. Increíble: iba en serio.

En realidad, no tan increíble. Sucede que Rajoy no sólo tiene a su favor el mayor éxito electoral (en número de votos) alcanzado por el PP, sino que también cuenta con el apoyo de la mayor parte de los líderes regionales, entre ellos los de Andalucía (Arenas) y la Comunidad Valenciana (Camps), decisivos para ganar el congreso de junio. Tanto Camps como Arenas, entre otros, quieren para el partido un talante más moderado y constructivo y temen más que al pedrisco un hipotético liderazgo de Esperanza Aguirre, que implicaría una prolongación del talante bronquista de la legislatura pasada y, con toda probabilidad, otro fracaso electoral.

En estos días vuelve a sonar -para bien y para mal, dado que no le faltan enemigos- el nombre de Pedro Arriola, marido de Celia Villalobos y asesor del Partido Popular que en la era Aznar llegó a participar en las conversaciones con ETA que exploraron -según el entonces presidente- la disposición de la banda a rendirse (sic). A principios de la pasada legislatura este hombre -de profesión sociólogo- preconizaba una linea de oposición tranquila y contaba en ese planteamiento con la aprobación de Rajoy. Ahora no son pocos los que, ante la moviola de la historia, le dan la razón.

Resulta ilustrativo por su elocuencia el artículo que sobre el polémico personaje escribió Isabel San Sebastián en 'El Mundo' en enero de 2005 bajo el título de 'El valido' (principio de página). La 'popular' periodista comulgaba -como el periódico que acogía su opinión, la radio de los obispos y Telemadrid- con la estrategia de colisión permanente con el Gobierno diseñada por Aznar y que tuvo su arranque en la comparecencia de éste ante la comisión de investigación del 11-M. La 'política' de oposición del PP se diseñaba a partir de ahí en la FAES y hacía acto de presencia, imponiéndose con frecuencia, en los 'maitines' del partido, principalmente de la mano de Acebes y Zaplana.

Nada más alejado de la propuesta de moderación de Arriola y de la convicción de Rajoy que la política sucia que acabó imponiéndose con el apoyo mediático consabido. El presidente del PP desayunaba sapo un día sí y otro también y, especialmente en los primeros tiempos, no fue infrecuente que tuviera que decir "Diego" donde había dicho "digo" apenas unas horas antes. El hilo directo entre la calle Juan Bravo (sede de la FAES) y la calle Génova funcionaba implacablemente y los medios afines a la bronca permanente contra el Gobierno le pasaban la pelota a beneficio de su mayor audiencia e influencia.

Hasta el más bobo de los analistas (y Arriola no parece serlo) podía prever que la estrategia de la crispación, generada por la frustración y la no aceptación de la derrota y basada en la permanente intoxicación de la ciudadanía, no podía conducir a la victoria electoral. Tal postura implica el desconocimiento o el desprecio de lo que se denomina 'izquierda sociológica', que fue precisamente la que dio la victoria al PSOE en 2004.

Pensar que la masa de votantes que echó al PP del poder fundamentalmente por sus mentiras y su desfachatez iba a aceptar que volviera a él sin la más leve rectificación, con los mismos protagonistas y el mismo estilo desgarrado y perdonavidas más acentuado aun, era -y los hechos lo han confirmado más allá de toda duda- totalmente ilusorio. Una cosa es que el partido de la oposición explote los errores y faltas del Gobierno y otra muy diferente que se los invente (romper España, rendirse a ETA, destruir la política exterior, regalar el Sahara a Marruecos..., por no hablar de las insidias indecentes y surrealistas sobre el 11-M).

Que Rajoy quiera rectificar el rumbo del partido es encomiable, que pretenda tomarse la revancha contra quienes le impusieron una política que no compartía es comprensible, pero... (y este pero es como una montaña) ¿debe ser precisamente Rajoy quien protagonice las consecuencias de esa reconducción, suponiendo que sea posible? ¿Acaso está Rajoy limpio de toda responsabilidad en los errores y culpas de su partido?

Ese es en realidad el mayor de los problemas. El peor rival de Mariano Rajoy es él mismo. Voluntaria o forzosa, su complicidad con la trayectoria de colisión y crispación del Partido Popular está fuera de toda duda. Entre otras cosas, tiene el dudoso honor de ser el primer jefe de la oposición que insulta (reiteradamente) al presidente del Gobierno y existe una legión de vídeos que testimonian sus excesos verbales dentro y fuera de sede parlamentaria. En el mejor de los casos se puede decir de él que es incoherente con sus supuestas ideas propias y en el peor, que es débil por dejarse imponer convicciones ajenas.

¿Puede alguien así gobernar España? Esa es la cuestión clave. Que Rajoy contribuya a reconducir el Partido Popular, que democratice su estructura de una vez (si ello fuera posible) será muy positivo. Este país necesita una derecha civilizada y tal vez Rajoy pueda ayudar a edificarla pero ni él puede ignorar que tiene un pasado no muy favorecedor ni milagro alguno va a lograr que los demás lo olviden. La credibilidad no se improvisa ni se falsifica.

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01 abril, 2008

La "niña" de Rajoy inquieta en el PP

Ya sabemos, finalmente, quién es la tan reiteradamente aludida “niña” de Rajoy. Al menos, la niña de sus ojos, su gregaria predilecta. Tiene nombre de emperatriz melancólica y apellido de fornido y bigotudo teniente general. Y es muy inteligente, más que Zaplana, que sólo era listo y a veces se pasaba.

Soraya Sáenz de Santamaría es relativamente joven (37 años) y teóricamente moderada, aunque algunas de sus declaraciones durante la pasada legislatura no fueran precisamente un ejemplo de moderación. Eso sí, demostró entonces -cuando la consigna era leña al mono sin piedad ni verdad- que es muy bien mandada, muy disciplinada, algo siempre imprescindible en el Partido Popular.

Su nombramiento como portavoz del PP en el Congreso no ha sorprendido gran cosa ni dentro ni fuera del partido. Estaba en las ‘quinielas’ previas y se daba por sentado que tenía muchas posibilidades, dado que nadie ignora la firme confianza que le merece a su jefe de filas.

Lo que sí ha sorprendido -desagradablemente a veteranos diputados del PP y agradablemente al PSOE- ha sido el desmantelamiento de casi toda la dirección ‘popular’ del Congreso de la era de Zaplana. Rajoy ha llevado a la Cámara a su ‘entourage’ más próximo en el partido, a su gente de confianza, insinuando de este modo que, contra lo que muchos daban por sentado, la remodelación prevista no era meramente cosmética.

Tal vez, en definitiva, no se trataba de cambiar algo para que todo siguiera igual (recuerdos a Lampedusa), recurso tan caro a la derecha. Rajoy ha apostado fuerte por la verosimilitud de una rectificación en la política de oposición que los resultados electorales han confirmado como imprescindible.

Ese golpe de timón ha encendido todas las alarmas en los sectores más conservadores del PP, no sólo porque pueda prefigurar un rumbo al centro que muchos consideran indeseable, sino -sobre todo- porque implica el pase a la reserva de no pocos políticos identificados con la línea política precedente y que se creían beneficiarios de un futuro brillante.

Las cuadernas de la vieja nave crujen mientras se aventuran rumores de motín, una reacción de la que ya han dado indicios las abstenciones en las votaciones de los candidatos del PP a determinados puestos. Para los más indignados, Rajoy ha colocado a toda su “camarilla”, término peyorativo revelador de que no está el horno para bollos.

No es previsible, sin embargo, que la sangre llegue al río. Bastarán algunas zalemas y algunos guiños estratégicos para tranquilizar al gallinero. No es mucho el tiempo que queda hasta el congreso del partido que se celebrará en Valencia y organizar una candidatura de oposición a Rajoy sería una maniobra arriesgada. No sólo para los intereses de sus promotores, sino también para la siempre frágil unidad de un partido cuyos miembros tienen como casi exclusivo móvil la consecución y retención del poder.

En cualquier caso, en los próximos días habrá oportunidad de evaluar los daños reales de la operación de remozamiento en la que se ha embarcado Rajoy y de cuya inocuidad tratará de convencer a los 'duros' de su partido. La cuestión -si Rajoy va en serio- es que tendrá que hacer algo para lo que carece de experiencia o entrenamiento previo: conciliar posturas opuestas sin ceder en la suya. Todo un desafío para el que más le vale estar bien acompañado.

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20 marzo, 2008

Periodismo heroico


En el post de ayer aludía por tercera vez a 'Inside Iraq', el blog realizado desde Bagdad por periodistas iraquíes que integran la delegación del grupo informativo estadounidense McClatchy en el país invadido. Sigo con interés y admiración ese blog desde que tuve conocimiento de su existencia, poco después de su aparición. Ha sido para mi una fuente privilegiada de información acerca de aquello que los medios no publican prácticamente nunca: la vida cotidiana de una población que ha visto degradarse progresivamente su convivencia y su calidad de vida desde que, hace cinco años, su país fue invadido 'por su propio bien'.

Hoy leo en el prestigioso blog estadounidense TomDispatch.com un artículo publicado el pasado martes por el escritor Greg Mitchell en el que, bajo el título "Heroes no cantados y voces alternativas", se rinde homenaje al heroísmo de unos/unas periodistas que viven, trabajan y ejercen su libertad de expresión en las peores condiciones imaginables.

Esta es la traducción del texto:

"A causa del peligro y la violencia en Bagdad, que aconsejaba a los reporteros occidentales no alejarse mucho de la fuertemente blindada Zona Verde, los media estadounidenses tuvieron que depositar su confianza en redactores y corresponsales iraquíes. Hace más de un año, la oficina de McClatchy en la capital iraquí lanzó un blog escrito por su equipo iraquí y, desde entonces, ha aportado algunos de los más valiosos y brutalmente honestos testimonios sobre la guerra que puedan encontrarse.

Los blogueros iraquíes expusieron el horrible impacto de la guerra simplemente escribiendo sobre sus propias vidas: sus penosas experiencias yendo y viniendo al trabajo, luchando contra la falta de electricidad y combustible, cuidando de los heridos o llorando a miembros de sus familias. A finales de 2007 seis de las mujeres del equipo recibieron el premio 'Women's Media Foundation Courage in Journalism".

Al presentar a las seis reporteras de McClatchy (Shatha al Awsy, Zaineb Obeid, Huda Ahmed, Ban Adil Sarhan, Alaa Majeed, y Sahar Issa) en una cena en Nueva York, Bob Woodruff , de ABC News, dijo: "Estas seis mujeres iraquíes han informado de la guerra en Bagdad desde dentro de sus corazones. Han observado cómo la guerra afectaba a las vidas de sus vecinos y amigos y lo han relatado".

"Todo el tiempo han sido la columna vertebral de la delegación de McClatchy, durmiendo con chalecos blindados y cascos junto a sus camas por la noche, tomando cada día caminos diferentes al trabajo, manteniendo en secreto su empleo en una empresa informativa occidental", dijo Woodruff, quien fue gravemente herido cuando cubría la guerra en Irak. "Todas han perdido a miembros de la familia y amigos íntimos", añadió. "Todas tenían sus vidas amenazadas. Todas han escapado por un pelo a la muerte".

El director de la central de McClatchy en Washington subrayó: "Sólo los pocos entre vosotros que han trabajado en Bagdad pueden vislumbrar completamente lo que significa ser un periodista iraquí que trabaja para una empresa periodística americana. El resto de nosotros sólo podemos mostrar respeto y expresar nuestro agradecimiento por todo lo que han dado, y arriesgado, para contar lo que sucede en su país". Amen."

Anteriores referencias a 'Inside Iraq' en 'La Espiral':

¿Lucharán por la democracia quienes no la practican?

¿Qué hace realmente EE UU en Irak?

Irak: Entre diablos anda el juego

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19 marzo, 2008

Irak: Entre diablos anda el juego

Cinco años después de la invasión de Irak, fecha de inicio de una tragedia que aún hoy causa dolor y vergüenza a todo bien nacido, se nos derrumba encima una sucesión de valoraciones positivas protagonizadas precisamente por los autores intelectuales del crimen.

Adelantándose mayestáticamente a todos, el empecinado ex presidente Aznar reivindicó el mayor de sus errores, asegurando que el balance es "muy positivo" y que volvería a hacerse la malhadada foto de las Azores.

Cada uno es cada uno y Aznar está en su derecho a seguir exhibiendo las virtudes teologales (según su particular concepción) que le han convertido en un paradigma de lo indeseable: el servilismo incondicional a Estados Unidos, la obstinación obcecada como filosofía y la mentira como instrumento político prioritario.

Por su parte, Bush, que, con el 26% de apoyo popular, no está en condiciones de presumir de nada, ha evocado la decisión que adoptó hace cinco años en complicidad con el presidente del Gobierno español y el primer ministro británico en términos de misión necesaria y exitosa. Y, por supuesto, ha hablado de victoria.

El vicepresidente Cheney y el candidato republicano McCain se han desplazado a Irak en estas fechas para entonar su particular 'todo va bien en el mejor de los mundos', una mentira venial si se consideran las originales. Las mentiras sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak o sobre el amparo del régimen de Sadam Hussein a Al Qaeda sólo son evocadas por quienes se opusieron a aquella invasión indecente.

Lógicamente, organismos internacionales neutrales, como Cruz Roja o Amnistía no comparten en absoluto el diagnóstico de los tramposos. Cinco años después de la invasión 'liberadora', Irak está políticamente dividido y larvadamente sumido en una guerra civil; la situación socioeconómica es insoportable; las infraestructuras han vuelto a mediados del siglo pasado y el futuro promete cualquier cosa menos la paz.

Nadie sabe mejor que los iraquíes hasta qué punto son remotas, cinco años después, las esperanzas de paz, democracia y bienestar que la invasión alentó en casi todos ellos. Ayer, un redactor del blog 'Inside Iraq', realizado por miembros de la plantilla iraquí del grupo de comunicación estadounidense McClatchy, dejaba claro el estado de ánimo que prevalece entre sus compatriotas (los que no se han expatriado). Tras evocar todas las expectativas generadas y defraudadas, concluía con un viejo dicho de la tierra: "El diablo que conoces es mejor que el que no conoces".

¿Se puede decir más claro?

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17 marzo, 2008

"Sólo" el 37% de los franceses castigó a Sarkozy

El prestigioso politólogo François Miquet-Marty, entrevistado en 'Le Monde', da una explicación del resultado de las elecciones locales celebradas ayer en Francia que tiene cierta gracia e invita a la ironía: "La parte del electorado que realmente ha querido castigar a Sarkozy sólo es el 37%".

¿Sólo el 37%? ¡Qué insignificancia!

Para Miquet-Marty hay un factor decisivo en el fiasco electoral de la derecha en estos comicios: el hecho de que los franceses -tan sabios a veces, tan torpes otras, al parecer- discriminan entre la política nacional y la local. Según él, las expectativas en el terreno nacional se centran especialmente en la economía y la seguridad, mientras en lo local priman cuestiones tales como el entorno o la vivienda y el llamado "fenómeno 'bobo'" (de 'bonhomme bourgeois') beneficia a la izquiera. ¿Qué es ese curioso fenómeno identificado en la sociología política gala? Sintéticamente: gente de derecha que vota a la izquierda según y cuándo.

Ocurre que la praxis muncipal de la izquierda francesa parece, en general, más satisfactoria que la de la derecha, hecho que no le pasa desapercibido al votante "bobo" (pronunciese bobó). Sucede que las corporaciones locales de la izquierda atienden más, al parecer, a lo que importa realmente al vecindario. Y eso pesa.

Pero por más que el castigo a Sarkozy se 'reduzca' al 37% a nadie se le oculta que su efecto en las elecciones ha sido devastador. El propio Miquet-Marty no se corta al diagnosticar la 'despresidencialización' de la figura del 'gran seductor', a quien hace apenas seis meses las masas 'adoraban'. "Sarkozy sufre -dice el politólogo- un grave déficit de credibilidad".

Lo contrario sería asombroso. Prometer y no dar tiene generalmente esa amarga consecuencia. Zascandilear de acá para allá sin aparente objeto no es propio de un presidente de la V República, Tener debilidad por la 'jet set' e imitar sus comportamientos arroja a cualquier político a la sima de la impopularidad. Encararse con los ciudadanos de a pie disconformes en plan barriobajero evidencia una falta de estilo que abochorna a propios y extraños.

Sarkozy es más conocido dentro y fuera de su país por sus devaneos mundanos y sus salidas de madre que por otra cosa. Eso a los franceses, inventores del chovinismo, no les gusta en absoluto.

El presidente de la república francesa está 'despresidencializado' por sus propias faltas y sufre un 'grave déficit de credibilidad' por su exclusiva culpa. Sin embargo "sólo" ha recibido un voto de castigo del 37% de los votantes. Qué raro, ¿no?

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10 marzo, 2008

Dos españas y media democracia

De las varias lecturas que pueden hacerse sobre los resultados de la elecciones generales no seré yo quien opte por cualquiera que tenga visos de optimismo. Como a la mayoría de los españoles (11.064.524 de votos) me congratula la victoria del PSOE no tanto en sí misma como por la derrota del PP que conlleva. En definitiva, lo que el electorado español ha dicho, por segunda vez consecutiva y con elocuencia irrefutable, es que no quiere a "ese PP" de nuevo en el poder. Ese PP, que no es el de Rajoy, sino el de Aznar; que no es el sedicente centro reformista sino una derecha irresponsable y rabiosa, anacronismo que parece salido de los trágicos años 30 es -lo quieran admitir o no- el autor genuino de la nueva victoria del PSOE.

Ese PP, con una inédita y antideontológica complicidad mediática, le ha 'regalado' a la democracia española la legislatura más crispada de su historia. Su actuación a lo largo de cuatro años en la oposición ha sido desleal, destructiva y repugnante. Repugnante -subrayo- porque se ha basado fundamentalmente en mentiras y en gratuitos alarmismos orquestados con toda una parafernalia de rayos y truenos y porque ha apelado sin rubor a un patriotismo excluyente, reaccionario y de cartón piedra. Suyo es el mérito de haber mantenido en estado de tensión e indignación permanente a la llamada 'izquierda sociológica', que ha sido, es y será mayoritaria en este país, les guste o no.

Pero también es suya la responsabilidad de la extrema bipolarización de la política española y sus efectos perversos, que estas elecciones han puesto de manifiesto más allá de cualquier duda. A mi personalmente me parece desolador el panorama tras la batalla que evidencia la 'tarta' estadística (vía El País) de las votaciones de ayer. He ahí retratadas (en rojo y azul, cómo no) las dos españas de toda la vida, como si el tiempo no hubiera pasado, como si no existiera una rica pluralidad de matices secuestrada y oculta tras esa radical simplificación del espectro político.

Es cierto que la normativa electoral tiene la culpa de ese cuadro patético más que cualquier otro factor, pero la radicalización del Partido Popular es responsable, en última instancia, de esa ruina del pluralismo que han puesto de manifiesto estas elecciones.

Hace cuatro años, tras la primera derrota del PP, proponía yo ingenuamente que 'ventilasen la casa'. "Si el partido del Gobierno saliente no acepta interpretar de modo objetivo las causas de su "sorprendente" derrota -escribí entonces- no sólo se estará haciendo un flaco favor a sí mismo sino también al país que tanto dice amar". Hoy, tras una legislatura en la que el PP ha ejemplificado todo lo que no debe ser la política si se entiende -y así debería entenderse- como servicio a la ciudadanía, cabe repetir lo mismo aún con mayor énfasis.

Deberían, por razones estrictamente higiénicas, ventilar la casa, permitir que el aire circule con libertad por sus estancias estancas y que el centro político sea algo más que una expresión vacía. Personalmente no albergo ninguna esperanza al respecto. La interpretación de los resultados electorales que hoy, atropellado y balbuciente, ha hecho el secretario general del PP, Ángel Acebes, deja claro que siguen empecinados en contar la realidad a su manera.

Pretender, como Acebes ha hecho, que se han beneficiado de los votos disidentes del PSOE y que ocupan "la centralidad política" es un puro cuento infantil. En cuanto a su razonable llamamiento a "recuperar los consensos", son ellos y no el Gobierno quien debe cambiar de política. Los consensos -especialmente el relativo a la política antiterrorista- los rompió deliberadamente el Partido Popular para deteriorar en mayor medida al Ejecutivo. Y ha fracasado.

Se habla ahora -y su diario "de cabecera, 'El Mundo', lo hace con especial nitidez- de un recambio en el liderazgo. Nada más cierto que Rajoy está 'quemado', no sólo políticamente sino también personalmente. El esfuerzo realizado en adoptar un discurso radical, demagógico y melodramático, con el que muy probablemente no se identifica, implica un desgaste extraordinario para cualquiera, especialmente si resulta derrotado. Lo mismo ocurre con Acebes y Zaplana, coprotagonistas y actores aparentemente más convencidos que el propio Rajoy de la estrategia destructiva del partido. Pero sería un error limitar los cambios a lo cosmético. No basta cambiar de rostros ni de formas. Deberían saberlo. Y tal vez lo saben, ¿pero van a actuar en consecuencia?

La respuesta seguramente es no. No mientras Aznar siga gobernando desde las sombras, envuelto en sus particulares rencores y fantasmas, el Partido Popular.

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07 marzo, 2008

Sangre fácil, cosecha de cobardes

Inerme, desprevenido, sin otra escolta que su mujer y su hija, testigos horrorizados, traumatizados para siempre. Así ha muerto hoy el ex concejal del PSOE en Mondragón Isaías Carrasco.

Un hombre valiente, porque hay que serlo para dar la cara en un lugar como Mondragón, ha muerto a manos de unos cobardes que buscaron un asesinato fácil, seguro, repugnante hasta la náusea, en el que se une a la falta
absoluta de escrúpulos la más despreciable vileza.

No han sorprendido a nadie que no fuera su propia víctima, cuya carencia de protección deberá ser oportunamente esclarecida. ETA es así, un grupo de acémilas previsibles que cuando quiere asegurar un golpe elige la sangre fácil, la víctima más indefensa, y que, pese a su total y mil veces probada ineptitud política, sigue condicionando hasta un extremo intolerable la vida política.

Este es el modo en que vota ETA, este es el tipo de mensaje que prefiere. Ha esperado al día de cierre de la campaña para expresarlo, para erigirse en protagonista absoluta, enlutando la jornada y abortando la posibilidad de que se produzcan otros mensajes políticos que no sean los que le conciernen.

Sólo cabe esperar que los partidos en liza adopten la única postura razonable y digna concebible: la unidad en la condena, sin matices partidistas, sin oportunismos indecentes. Lo contrario sería combustible para ETA y vergüenza para la ciudadanía.


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