19 febrero, 2006

ETA: El parto de los montes

Hay autores que en voces misteriosas,
estilo fanfarrón y campanudo,
nos anuncian ideas portentosas;
pero suele a menudo
ser el gran parto de su pensamiento
después de tanto ruido, sólo viento.

Félix María Samaniego


Un jarro de agua fría. Eso es lo que los ‘sobrados’ y alucinados dirigentes de ETA han lanzado sobre las ilusionadas expectativas alimentadas por tirios y troyanos acerca de la proximidad de una tregua como “principio del fin” del terrorismo. ”La resolución del conflicto no llegará a través de pasos unilaterales», afirman, lavándose las manos sobre su responsabilidad esencial, para instar a continuación a los agentes políticos y sociales vascos a «dar algunos pasos y sin esperar a nadie», como si eso no fuera precisamente la unilateralidad en estado puro.

¿Estas son las “cosas buenas” que Ibarretxe preveía? Hay que ser muy optimista para pensarlo, sobre todo si se considera que la banda, en su comunicado, previene al PSOE y al PNV de que «la imposición de un nuevo ciclo autonómico a Euskal Herria traerá sólo la prolongación del conflicto». En resumen: o se asume de entrada el derecho a la autodeterminación («el derecho de los ciudadanos vascos a decidir») o coche bomba y tiro en la nuca al por mayor. Siguen anclados en sus tesis tradicionales, la principal de las cuales es la utilización de la violencia como instrumento político de presión (el chantaje criminal, en definitiva).

Cual Dios interpelando a los trémulos mortales, ETA pregunta al PNV y al PSOE «qué voluntad real tienen de implicarse en un proceso democrático, qué pasos están dispuestos a dar y cuál es su propuesta para que se respeten los derechos de Euskal Herria». Inefable. ¿Qué le hace a a ETA sentirse legitimada para hablar de democracia? Es ella quien debe ser interpelada y esta inversión perversa de papeles que protagoniza lo único que logra es poner una vez más en duda la verosimilitud de los propósitos de 'diálogo' que exhibe.

Asegura que la paz «estará basada en los derechos de los vascos o si no, no se dará». Tales derechos habrán de ser los que la banda determine, por supuesto. Esa es la paz de ETA. Esa es la superación del conflicto -del que sus acciones criminales son la esencia- que ‘democráticamente’ propone. Pistola en mano nos dice el clásico “estas son lentejas”. La diferencia es que si las dejas te vuela la cabeza. A eso le llaman democracia quienes dicen querer salvar a su pueblo y rechazan liberarlo de lo que más le oprime: el miedo y la ausencia de libertad que ellos generan.

En resumen, este comunicado, este ridículo parto de los montes, sólo merece que lo ignoremos.

En febrero, suspenso. Esperemos a junio, o tal vez a septiembre, o... ¡Qué pena y qué asco!

Leer online: www.tierradenadie.cc

17 febrero, 2006

Vuelva usted, señor Aznar (2)

No es ni será costumbre de ‘La Espiral’ reproducir a otros, pero en este caso remito a los lectores a un enlace que me ahorrará comentarios ociosos:

(http://www.escolar.net/MT/archives/2006/02/deciamos_ayer_2.html ).

Sumergirse en el túnel del tiempo suele ser bastante útil a la hora de determinar exactamente en donde nos encontramos dentro del accidentado devenir histórico. Especialmente para los más jóvenes, este retorno a 1998 y al anuncio por Aznar de los contactos con ETA, así como a las reacciones que se suscitaron, puede servir como GPS para despistados, o al menos tener los salutíferos efectos que se atribuyen a la ducha escocesa.

Entonces, Aznar no sólo marginó al PSOE de toda información acerca de los contactos previos, sino que cuando decidió iniciar los subsiguientes informó primero al PNV. Los socialistas se enteraron, como quien dice, por la prensa. Ahora que ni siquiera existe constancia de contactos previos y que se ha establecido la condición inequívoca de que ETA abandone las armas, el zorrocoto que ha montado la ‘leal oposición’ clama al cielo.

Hoy Aznar ha firmado en el centro de Madrid la petición de un referéndum sobre el inexistente pero prejuzgado Estatut entre el clamor de ‘¡Vuelve, vuelve con nosotros!’

Hoy también el CIS comunica que el PP sigue reduciendo su diferencia con el PSOE, pero en medida insuficiente, pese a sus denodados esfuerzos en la intoxicación y la mendacidad.

Vuelva usted, señor Aznar. Vuelva usted. Yo lo dije primero (21 de Octubre de 2005: http://laspiral.blogspot.com/2005/10/vuelva-usted-seor-aznar.html) y lo repito ahora.

Vuelva usted porque la mayoría social y política del Estado español necesita decirle con claridad la valoración que le merece, lo que su prematuro (y falso) retiro le impidió comunicarle con claridad.

España necesita esa catarsis, esa ordalía democrática. Salga de las sombras y dé la cara netamente, como un hombre.
Leer online: www.tierradenadie.cc

15 febrero, 2006

Rebelión a bordo

Rajoy se fue el día de San Valentín a Barcelona para declarar su amor a Piqué y recolectar firmas contra el Estatut. Todo trascurría felizmente hasta la hora de la comida. El presidente del PP y su séquito se trasladaron al Círculo Ecuestre, que es bastante más que un club de aficionados a la hípica, pues allí se dan cita los que van 'a caballo' en la sociedad catalana, la ´crème de la crème’, el cogollo ‘high class’ del conservadurismo. Teóricamente, territorio amigo. Pero el menú que el presidente del Círculo les tenía preparado era un descomunal y ominoso sapo. Como cualquier carpintero podrá confirmar, no hay peor cuña que la de la misma madera.

"Aunque a su partido le puede reportar votos, ¿podemos vivir los dos años que quedan de legislatura en este estado constante de crispación?” Esa es la crucial pregunta que, a cara de perro, le planteó el anfitrión, Manuel Carreras Fisas, a su sorprendido huésped. En sintonía con Piqué, Carreras (y se supone que aquellos a quienes preside) considera que el texto, maldito para la dirección del PP, tiene aspectos "perfectamente asumibles". Y taza y media de caldo por si te atragantas: "No nos gusta ver a tu partido en posiciones extremas. Todos los extremos hacen daño". Y de postre...: "estamos sufriendo la fractura entre Cataluña y el resto de España".

Superando su perplejidad, el “asqueroso” (Artur Mas dixit) invitado admitió que el PP puede haber cometido algún error, pero que “todos los partidos tenemos parte de responsabilidad en la crispación". Eludió, por supuesto, cualquier disquisición acerca de quién empezó y quién tiene la culpa de la mayor parte de la crispación, pero prometió “cuidar las formas” sin renunciar a la crítica de fondo en lo que respecta al Estatuto catalán. Me temo que sus cuestionadores no quedaron muy convencidos, conscientes de que Rajoy es especialista en cambiar digo por Diego en menos de 24 horas. Fiabilidad, que se dice.

Ignoro si Rajoy durmió tranquilo anoche (es muy capaz), pero si el menú de la comida en el Círculo Ecuestre fue sapo, el de la comida de hoy ha sido más de lo mismo por partida triple:

1) El Colegio de Economistas de Cataluña ha suscrito la crítica del Círculo Ecuestre porque "para la economía, lo que interesa es la tranquilidad, la estabilidad”.

2) La patronal Pimec es del mismo parecer y se duele de la campaña de publicidad radiofónica que el PP está haciendo en Andalucía. Señala que allí se ha incrementado el número de autopistas y que éstas carecen de peaje, privilegio raro en Cataluña.

3) El portavoz del PP en Lloret de Mar, Joaquim Teixidor, ha pedido la dimisión de Acebes y Zaplana (o sea, el plan Piqué) por “hacer el ridículo” ayer en Barcelona recogiendo firmas contra el Estatut. Su expulsión fulminante ya ha sido anunciada. Cómo no.

Se me dirá que una golondrina no hace verano, pero esta limitada ‘rebelión a bordo’ nacida en Cataluña tiene todas las trazas de que podría amplificarse sin tardar mucho. Hay mar de fondo en los medios financieros, ante la gratuita agitación generada por el PP (y no sólo en relación con el Estatut), e inquietud en las filas del partido ante las dudosas perspectivas de réditos electorales que se deducen de la implacable ‘línea Aznar’, que el triunvirato integrado por Rajoy, Acebes y Zaplana sigue como un solo hombre.

Empieza a cundir el temor a que la ‘nave ebria’ del PP pueda correr la misma suerte que aquel viejo petrolero de triste memoria y desvencijadas cuadernas cuyo paradójico nombre era ‘Prestige’ (prestigio). Antes ‘Bounty’ (recompensa) que ‘Prestige’ empiezan a pensar muchos.
Leer online: www.tierradenadie.com

10 febrero, 2006

Gamberrismo político

La demanda de responsabilidad, colaboración y ayuda que hoy formuló el presidente del Gobierno al Partido Popular para contribuir al final de la violencia de ETA ha sido respondida por la máxima autoridad del primer partido de la oposición con la propuesta de un debate televisivo en el que el presidente Rodríguez Zapatero debería explicar su política antiterrorista. Rajoy ha tenido el descaro de calificar su despropósito como la “petición más democrática”.

Así, la postura del PP ha dejado de ser, en apenas tres días, el delirio apocalíptico habitual, nutrido de mentiras, intoxicaciones y provocaciones, para transformarse pura y simplemente en un auténtico choteo, gamberrismo político, irresponsabilidad militante. No cabe imaginar respuesta más cínica a una de las declaraciones institucionales más dramáticas y seguramente cruciales de la historia de la democracia española.

Naturalmente, cuando se miente cual bellaco respecto a la política penitenciaria, que ni el PP ni nadie ignora que sigue siendo la misma que durante sus mandatos y no tiene nada que ver con un hipotético diálogo con ETA, se está dando una vuelta de tuerca decisiva en el nivel de la deshonestidad política y ese -lo tengo escrito hace tiempo- es un camino sin retorno. Responder a la mano tendida del Gobierno con el corte de mangas de un debate televisivo sobre un tema que el PP sabe sobradamente que debe ser en la mayor medida posible discreto, sino secreto, sólo puede sorprender a quien no esté dispuesto a reconocer la realidad del empecinamiento ‘popular’ en una labor exclusivamente destructiva y que, más allá de sus alegatos patrióticos, no persigue otra cosa que recuperar el poder perdido.

La cuestión es: ¿Puede y debe recuperar el poder el mendaz triunvirato estelar que dirige el PP y es a su vez teledirigido cual arma de destrucción masiva por un oscuro personaje que es la imagen viva del rencor y la intolerancia? ¿Cabe dar crédito en el futuro a quienes trataron de confundir a los ciudadanos acerca de la autoría real del atentado terrorista más grave de la historia de España y Europa? ¿A quienes convirtieron en 'hilillos' insignificantes la marea negra que durante meses barrió las costas del Cantábrico? ¿A quienes afirmaron sin lugar a dudas la existencia de armas de destrucción masiva en Irak y luego, por la costumbre de mentir, negaron haberlo dicho (Zaplana dixit)? ¿A quienes se apresuraron a recoger los restos de las víctimas del Yak-42, sin cuidado ni escrúpulo ni humanidad, para atajar las críticas a un accidente inconcebible? ¿A quienes decían hablar catalán en la intimidad y acabaron hablando castellano con el acento de una intérprete texana?

Pero eso ocurría en su pasado como Gobierno. En su ejecutoria como oposición tras la derrota que ellos mismo se autoinfligieron figuran, entre otras muchas, acciones tan insostenibles y repugnantes, por inverosímiles, como sus insinuaciones -nunca desarrolladas- sobre oscuras complicidades en los atentados del 11-M; acusar al Gobierno de romper el pacto antiterrorista tras darlo ellos por roto, deliberadamente (por conveniencia política), ante la no ilegalización de la lista de EHAK (PCTV), legalizada bajo un Gobierno del PP, en las elecciones vascas; dar por sentado, contra toda posibilidad o evidencia razonable, que la mayoría del Gobierno iba a aprobar un Estatuto catalán anticonstitucional; promover, pese a todo, la convocatoria de un referéndum que saben que no se va a celebrar; acusar al Gobierno de hacer cesiones políticas diarias a ETA....

Eso hasta hoy. Ante la actual tesitura es inimaginable qué nuevas marrullerías e irresponsabilidades podremos contemplar en lo venidero. La dirección del PP no sólo parece determinada a arriesgar el futuro pacífico de España sino también el del partido. Lo suyo ya es puro gamberrismo político, desgarrado y descarado.

Me temo que habrá que esperar a los próximos comicios para saber qué opina la sufrida ciudadanía española de la estrategia irresponsable del ‘todo vale’. Hasta esa ocasión parece muy dudoso que el PP mate al padre, limpie la casa y se decida a hacer la oposición constructiva que cabe esperar del segundo partido español en representatividad.

Ahora mismo sólo cabe preguntarse, sin ligereza alguna, a quién están representando en realidad.
Leer online: www.tierradenadie.cc

07 febrero, 2006

¿Choque de civilizaciones? ¡Quia!

Niego la mayor. La explosión de ira islámica debida a la publicación de las caricaturas de Mahoma nos está siendo vendida como una evidencia incontestable del ‘choque de civilizaciones’ que enunció el ‘ideólogo’ Samuel P. Huntington y ello equivale -ya lo era cuando Huntington lo parió- a desplegar una gigantesca nube de tinta de calamar en el proceloso mar de la historia. Sólo la complicidad deliberada de ciertos adaptables ‘cerebros’ europeos y la nada inhabitual ligereza periodística pueden intentar vender con éxito como un fenómeno de confrontación cultural y religiosa lo que es algo mucho más profundo y, sin duda, más grave.

Confundir deliberadamente la consecuencia con la causa es una manipulación típica, tradicional y generalmente exitosa; elevar lo accidental a la categoría de sustancial es, en cualquier caso, tan usual como eficaz, especialmente si se encuentra para el sofisma resultante un título atractivo, como “Choque de civilizaciones” (1). En este mundo intoxicado y enajenado toda simplificación, por muy grosera o insostenible que sea, está destinada al éxito.

Tras la caída del muro de Berlín surgió entre los sedicentes intelectuales estadounidenses próximos al poder la urgente necesidad de profetizar el futuro. En 1989, Francis Fukuyama, un nipoamericano ex asesor de Ronald Reagan, se lanza al ruedo con la estúpida y alegre conclusión de que la Historia ha terminado (2), lo que, según él, significa “el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas. Los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas (ideológicas)”. La etapa final de la historia estaría presidida por el imperio en todo el mundo de la democracia liberal, según este genio.

Demasiado ingenuo e irreal incluso para el consumo yanqui. Hay que desarrollar con menos entusiasmo por el “happy end” y más fuste teórico lo que George Bush (padre) califica en 1991 como “nuevo orden mundial”, tras la reconfortante experiencia de la primera guerra de Irak, en la que EE. UU. contó con el apoyo de una gran coalición internacional.

En 1993 Huntington encuentra la fórmula: la lucha de clases ha sido sustituida por la confrontación entre culturas, con la religión como alternativa a la teoría ‘científica’ y atea del marxismo. Primero explicita su teoría es un artículo largo (o un ensayo breve) (3), pero en 1996, ante el entusiasmo despertado, lo convierte en un libro que ha acabado a la cabecera de cuantos gustan de esconder la cabeza bajo el ala.

Todo vale con tal de no admitir que, como siempre a lo largo de la historia, el oprimido se enfrenta al opresor, el expoliado al ladrón, el explotado al explotador. Lo último que cabe admitir desde la cínica teoría del choque de civilizaciones es que mientras subsistan los abusos, las desigualdades y el hambre no se pondrá fin a la violencia y a la guerra. Los conflictos entre culturas o religiones no son la causa. Se trata de que esa lucha de clases que se ha querido enterrar precipitadamente, como si la extinta Unión Soviética fuese sinónimo de ella, continua y se desarrolla a nivel planetario. En qué valores se apoye (religiosos, culturales, patrióticos, morales...) es lo accesorio. Lo esencial es que, sea cual sea el escenario geográfico, proliferan los signos de resistencia a un poder que, amparado en su extraordinaria supremacía militar y en su gigantesco potencial económico, ha decidido salvar al mundo de sí mismo, pero para sí.

Cuando el pretexto del ‘choque de civilizaciones’ se utiliza para calificar la confrontación islámica se olvidan deliberadamente los largos siglos de pacífica coexistencia de minorías cristianas y judías en territorios de predominio musulmán, pero sobre todo se pretende borrar de un plumazo la larga lista de agravios infligidos a quienes se erigen ahora en los más caracterizados ‘enemigos de Occidente’.

Tal vez la primera y mayor ofensa fue la creación del estado de Israel, aprobada por la ONU cuando los que luego serían países árabes sólo eran colonias sin representación en la Asamblea General. A nadie se le oculta que de este hecho arranca una parte fundamental del desencuentro entre el Islam y Occidente. Desde su fundación no han cesado (ni tienen perspectivas de hacerlo) los conflictos, centrados ahora en la aparente imposibilidad de existencia de un estado palestino.

A esta provocación inaugural hay que añadir la descolonización protagonizada fundamentalmente por Gran Bretaña y hecha a la medida de sus intereses estratégicos y de los de Estados Unidos mediante la creación de emiratos, sultanatos o monarquías títeres y con el control del petróleo siempre ‘in mente’. La lucha de muchos de esos pueblos contra los déspotas que los gobiernan no tarda en producirse y es una forma de enfrentamiento no siempre indirecto (crisis de Suez: Egipto contra Francia, Gran Bretaña e Israel) con los intereses occidentales.

El petróleo aparece precozmente (1953) como causa fundamental del derrocamiento -provocado por Gran Bretaña y Estados Unidos- del primer ministro iraní, Mohamed Mossadeq, y la reimplantación del Shah, quien establece un régimen absolutista, corrompido y brutal en el que sus lujos imperiales contrastan con la miseria popular. El primer éxito del integrismo islámico hasta ahora, protagonizado por Jomeini, tiene su origen en la opción occidental por un ‘emperador’ títere que concitó el odio del pueblo, tanto hacia él como hacia quienes le sostenían y disponían a su gusto y conveniencia del petróleo.

Tampoco fueron ofensas menores el ataque de Estados Unidos a Libia en 1986 o la indisimulable connivencia y la muda satisfacción que saludó el golpe de estado que anuló la victoria electoral del FIS (Frente Islámico de Salvación) en Argelia en 1992. Aquello no sólo ‘demostró’ a los integristas islámicos que la democracia no era el camino, sino que dio lugar a una sucesión de masacres de violencia y crueldad indescriptible a lo largo de una década.

Si dejamos aparte el inextinguible conflicto israelo-palestino, lo que subyace bajo casi todas las ofensas es una estrategia político-económica que tiene el control o la posesión directa del petróleo y el gas natural como principales objetivos. Pretextos tales como la instauración o restauración de la democracia o la teórica posesión de armas de destrucción masiva son coartadas tan falsas como fútiles.

En resumen, lo esencial del conflicto creciente al que asistimos no es ni mucho menos el tan manido ‘choque de civilizaciones’. Es la economía, estúpidos. Es a causa del petróleo, fundamentalmente, por lo que el mundo árabe-islámico ha llegado a acumular tantas ofensas, tantos agravios, tantos abusos. A la hora de reaccionar ha acudido a la interpretación restringida -sesgada, según ciertos imanes- de la doctrina religiosa. Y esa sí es una elección estrictamente cultural, propia de un conjunto de pueblos carentes de una tradición racionalista y sometidos históricamente a sistemas tiránicos y paternalistas. El Corán, la Umma, la Sharia forman el cemento común de todo el Islam, árabe o no, y en esas fuentes beben para enfrentarse al expolio y al abuso. Para hacerlo, los radicales ignoran deliberadamente toda la doctrina relativa a la compasión, la tolerancia o la hospitalidad. La religión se convierte en arma arrojadiza y ese es el mayor de sus errores, uno al que, por cierto, la historia occidental no ha sido ajena en absoluto. Quizás por eso se habla tanto últimamente de las cruzadas.

El rechazo que se formula a la democracia formal, de todos modos, no procede tanto de la convicción general de que los pueblos deban gobernarse sólo a través de las autoridades religiosas o de personalidades estrictamente fieles al Islam como del rechazo a un sistema en nombre del cual se les ataca con frecuencia y que consideran hipócrita e inauténtico. Muchos de ellos quieren democracia, pero otra.

Remitiéndonos a la crisis actual, con furibundas movilizaciones populares y quema de embajadas en diversos países islámicos, la publicación de las caricaturas de Mahoma no es más que el pretexto para expresar un radical rechazo a la política occidental. Los dibujos fueron publicados originalmente hace más de cuatro meses y las protestas se han movido hasta hace poco en el terreno diplomático. Nada indicaba que pudiera producirse una escalada como la que contemplamos.

Que Occidente cuestione la victoria de Hamás en las elecciones palestinas y amenace con retirar las ayudas si este grupo no reconoce a Israel y renuncia a la lucha armada no es ajeno al problema. Que la pretensión iraní de enriquecer uranio con fines teóricamente militares sea llevada al Consejo de Seguridad de la ONU tampoco. Ni que Siria haya sido forzada a retirarse de Líbano mientras Israel ocupa los Altos del Golán. Ni la permanente herida abierta en Irak. Ni la reactivación de la lucha armada contra EE UU y sus aliados en Afganistán. Ni el ataque de Estados Unidos en Pakistán con el resultado de 18 muertos entre los que no se hallaba ni el ‘número dos’ de Al Qaeda, Al Zawahri, presunto objetivo del ataque, ni nadie que justificase tal acción en territorio ajeno al conflicto.

¿Choque de civilizaciones? Seamos serios, por favor.

(1) El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, Paidos 1996
(2) El fin de la historia y el último hombre. Planeta 1992
(3)
http://www.alamut.com/subj/economics/misc/clash.html (en inglés)

Leer online: www.tierradenadie.cc

27 enero, 2006

Vientos y tempestades

No me creo en absoluto la sorpresa ni el rasgar de vestiduras que, oficialmente, ha provocado como reacción la aplastante victoria de Hamás en las elecciones palestinas. Esto era lo que se temía y esto es lo que ha ocurrido. No tiene nada de sorprendente ni de inaceptable. Quienes se dicen demócratas no pueden desdeñar ni rechazar las consecuencias de unos comicios que han sido alabados por su limpieza. Los palestinos han expresado su voluntad libremente y todo el mundo, empezando por ellos mismos, debe atenerse a las consecuencias.

Sucede que quien siembra vientos recoge tempestades, bien sea de facto o por vía democrática. Ni Chávez, ni Morales, ni Al Qaeda, ni Hamás son azares caprichosos de la historia, sino consecuencias lógicas del imperio de una dialéctica depredadora y abusiva que actualmente, a falta del tradicional alegato anticomunista, se escuda vanamente en el ‘choque de civilizaciones’, la supuesta defensa de las libertades y la guerra contra el terrorismo.

Hamás y el terrorismo que ha sido hasta ahora su instrumento son una creación -involuntaria, por supuesto- de Israel y del padrinazgo de impunidad que Estados Unidos ha ejercido con el estado judío desde antes de su nacimiento. Desaparecido Arafat, figura paternal y carismática, querida y respetada por todo su pueblo, tanto Israel como EE UU pensaban que la situación sería más manejable y que la política de hechos consumados se consagraría como tratamiento definitivo del problema palestino. Con un moderado, posibilista y transigente Abu Mazen como presidente de la ANP creían que algunas pequeñas y reversibles concesiones, como la retirada de Gaza, podrían legitimar abusos tan flagrantes como el muro y los asentamientos en Cisjordania.

Sin embargo, la realidad es tozuda. Los palestinos han preferido Hamás a Al Fatah y la razón no es sólo la postura intransigente de Hamás frente a Israel y su nítida elección del terrorismo como instrumento. Hamás es también acción social, lenitivo para la pobreza rampante de centenares de miles de palestinos, responsabilidad ante las necesidades y las contingencias cotidianas de un pueblo, en tanto que Al Fatah ha degenerado en los últimos años en corrupción y abuso impune.

El cuadro que ahora se presenta no puede ser más problemático ni impredecible. El régimen político del embrión de estado que es la actual ANP (Autoridad Nacional Palestina) tiene un carácter presidencialista, por lo que el Gobierno que forme Hamás deberá estar -teóricamente- a las órdenes de Mazen. No cabe imaginar una cohabitación más conflictiva en potencia. Es más que dudoso que el futuro Gobierno asuma la llamada ‘Hoja de ruta’ del proceso de paz como algo incontestable. Y es imposible que Hamás, bajo ese nombre u otro cualquiera, renuncie al terrorismo mientras el ejército regular israelí lo siga practicando por orden de su Gobierno.

Dicen que el ejercicio del poder modera. Cierto o no, cabe esperar que gran parte del esfuerzo de Hamás se dirija a mejorar el nivel de vida de un pueblo con muy elevado componente demográfico de jóvenes y una tasa de desempleo insostenible. También, manifestándolo o no, debe admitir que su programa máximo de ‘arrojar a los israelíes al mar' es una utopía impracticable y que el diálogo -que ahora, por su representatividad, puede permitirse realizar desde una posición de fuerza- es la única vía para poner fin algún día al conflicto mediante el pacto de unas fronteras fijas y seguras para ambas naciones.

Pero el problema no es sólo Hamás. Esta organización no es más que la respuesta del pueblo palestino a la violenta prepotencia israelí. Se supone que Kadima, la formación política pactada entre Sharon y Peres antes de que el primero cayera en una agonía irreversible, vencerá en las próximas elecciones y cabe esperar que lo haga con la contundencia necesaria como para que el futuro Gobierno israelí pueda prescindir de la hipoteca que supone precisar el apoyo parlamentario de los grupos religiosos ultraortodoxos, contrarios a la existencia de un estado palestino.

Sólo la moderación de ambas partes y el diálogo entre ellas podrán conjurar el presagio de una escalada de la violencia que se vislumbra tras la victoria de Hamás. Por esa razón, la exigencia de Estados Unidos de que el partido vencedor renuncie a su brazo armado si espera que haya diálogo no parece un buen principio si simultáneamente no se exige a Israel que renuncie a los asesinatos selectivos que precisamente tienen como víctimas habituales a dirigentes o activistas de Hamás. La nación palestina no tiene -ni es probable que lo tenga en mucho tiempo- un ejército digno de tal nombre y mientras Israel siga dispuesto a decidir inapelablemente y con absoluta impunidad quién vive y quién muere en Hamás no se puede esperar razonablemente que este grupo se desarme.

La buena voluntad, la voluntad real de paz es, ahora y siempre, la clave para el fin de un conflicto enquistado en la historia precisamente por exceso de mala fe, de arrogancia y de abuso.
Leer online: www.tierradenadie.org

25 enero, 2006

El barco borracho

J'ai suivi, des mois pleins, pareilles aux vacheries
hystériques, la houle à l'assaut des récifs,
sans songer que les pieds lumineux des Maries
pussent forcer le mufle aux Océans poussifs!
Arthur Rimbaud ('Le bateau ivre')


El delirio transita, implacable y enardecido, entre Juan Bravo (FAES) y Genova (PP) como una reverberación interminable y enloquecedora. Las consignas son siempre las mismas: “leña al mono”, “miente que algo queda”, “el jefe siempre tiene razón”, “el futuro es de los fuertes”, “a los nacionalistas ni agua”, “a muerte contra Zapatero”... Están como locos, o al menos como borrachos alucinados. Nadie, ni ellos mismos, sabe a dónde van. Y menos que nadie, su sombrío y rencoroso timonel.

Ignoro si el acuerdo entre el Gobierno y CiU sobre el 'Estatut' les cogió por sorpresa. Si así fue resultaría que están aún más ebrios y/o enloquecidos de lo que parece. Si no, tampoco quedan en muy buen lugar, pues su respuesta al acuerdo -recoger “millones de firmas” para forzar la convocatoria de un referéndum- es claramente anticonstitucional, como la era la pretensión de Ibarretxe, como el texto original del proyecto de 'Estatut', y no ya como el texto que, a pesar de ellos, acabará aprobando el Parlamento español.

Piqué no bebe. Y tampoco parece dispuesto a aceptar consignas ebrias. Quizás por eso pidió en su día una renovación de la cúpula de su partido que barriera las efigies ‘impresentables’ de Acebes y Zaplana, ahora omnipresentes. También por eso no se recató en decir que el acuerdo entre Gobierno y CiU sobre el 'Estatut' no sólo era correcto sino que parecía coincidente en varios aspectos con sus propias propuestas, por lo que el PP debería sustituir su estrategia destructiva por la aproximación, para formar parte del consenso final.

Esa era precisamente la oferta planteada por el PSOE y CiU. Inaceptable, por supuesto, para quienes creen haber hallado a la gallina de los huevos de oro excitando irresponsablemente el recelo y los prejuicios de buena parte de los españoles contra Cataluña y, por extensión, contra los catalanes. La propuesta de referéndum les parecía a los oficiales de puente del barco borracho una buena idea para seguir sacándole réditos al anticatalanismo, so pretexto de que el ‘Estatut’ sigue siendo anticonstitucional, o por lo menos insolidario, como matizan hoy. Ahora, ante la evidencia de que lo anticonstitucional es su propósito, lo transforman en una recogida de firmas para apoyar una poposición de Ley que bla bla bla... Sostenella y no enmendalla. Erre que erre, a piñón fijo.

Supongo que, en su rumbo suicida de colisión con los arrecifes, a la cejijunta ‘oficialidad’ del barco borracho le importa un bledo la andanada del ‘New York Times’, denunciando su negativa a asumir la derrota electoral como una evidencia democrática y su tibieza culposa ante el pronunciamiento del teniente general Mena. No se trata del ‘Wall Street Journal’, que es el periódico de cabecera de La Sombra, donde este 'vigía de Occidente' firma artículos e inspira editoriales, pero se trata del periódico estadounidense más riguroso e influyente.

Debería preocuparles más aún el tono concluyente que tuvo la advertencia de Artur Mas respecto al futuro porque cuando el partido-bisagra por excelencia te amenaza implícitamente con no pactar nunca contigo se puede decir que la única forma de volver al poder es la mayoría absoluta. ¿Puede imaginarse, a mitad de esta legislatura, la posibilidad de que el PP alcance tal situación en las próximas elecciones? Ni borracho.

Lo que es seguro que les ha intranquilizado es la amenaza de dimitir que Josep Piqué parecía dispuesto a cumplir ayer, tras ser desautorizado y amenazado por el secretario general del partido, Ángel Acebes, que hoy, tras ser conjurada la crisis, no ha dado señales de vida. ¿Qué le dijo ayer Rajoy a Piqué para que éste, que está notoriamente, notablemente y justamente harto, renunciase a su propósito? ¿Carece Piqué de lo que hay que tener para mantener sus principios? ¿Se prepara un golpe de timón? ¿Lo sabe y lo acepta el comodoro Queeg? ¿Tiene Rajoy lo que hay que tener para centrar al partido tras su larga excursión por esos mares de locura?

Cuando se trata del rumbo de una barco borracho todo son preguntas sin respuesta.
Leer online: www.tierradenadie.cc

14 enero, 2006

Supuestos y realidades

Se supone que entre los ‘valores’ -por llamarlos de alguna manera- que el Occidente cristiano defiende, respeta y promociona hay dos especialmente ‘sagrados’: la soberanía nacional y la libertad del mercado. Se supone, ya digo.

Nada está garantizado. Vivimos en la civilización del “se supone”. Y los supuestos o las suposiciones, justas o no, justificadas o no, pueden servir para convertirse, según convenga, en seguridades incontrovertibles frente a toda evidencia (las armas de destrucción masiva de Irak) o para pasárselas por la entrepierna (las libertades públicas en EE UU).

El veto de EE UU a la venta de aviones españoles a Venezuela se inscribe en la versión genital de la supuesta (y sagrada) soberanía de España y Venezuela y de la igualmente supuesta (y sagrada) libertad de mercado de ambos países entre sí y con otros. Existen y son sagradas si al país que ha decidido administrar a su antojo los derechos y libertades de todo el mundo (del planeta y de todos sus habitantes) se le pone en el mismo lugar con el que sus gobernantes parecen razonar.

La razón (teórica) para vetar la operación es que los aviones españoles utilizan tecnologías “made in USA”, lo cual, en tiempos de globalización económica (patrocinada precisamente por Estados Unidos en su propio beneficio), no sólo es lógico y casi inevitable, sino que no puede constituir el argumento para prohibir una transacción que debería considerarse normal.

Si Estados Unidos hubiera declarado la guerra a Venezuela la decisión de vetar esa venta sería comprensible, pero no hay tal estado de guerra, al menos por ahora. Tampoco lo había cuando Estados Unidos le vendió a Irak cantidades ingentes de armamento, al que sus tropas tuvieron que enfrentarse cuando se decidió convertir a ese país en enemigo.

Pero ellos, naturalmente, pueden hacer lo que quieran (especialmente cometer errores, en lo que están especializados); los demás, no. Ahora, España deberá sustituir por otras -con los costes correspondientes- las tecnologías estadounidenses que llevan los aviones cuya venta se ha contratado con Venezuela.

Y mientras el coro bananero y farisaico de la oposición española se rasga las vestiduras ante los desvaríos de la política exterior de ese “bobo solemne” que, según ellos, rige los destinos del país, se elude (lo eluden tanto la oposición como los medios que la apoyan) una grave reflexión.

Tal reflexión debería ir en el sentido de asumir que la dependencia tecnológica es una hipoteca esencialmente estratégica y que elegir de quién se depende tecnológicamente es una decisión política muy grave, de primera magnitud. Una mínima prudencia exigiría al menos, a la vista de los hechos, diversificar en la mayor medida posible las fuentes de aprovisionamiento tecnológico. Evitar que la tecnología se convierta en instrumento de poder ajeno, en arma de chantaje de un país sobre otro, debería ser el objetivo.

Sucede que no nos hallamos tanto ante un error actual y puntual de política exterior, como frente a una consecuencia sumamente reveladora de errores pretéritos que abarcan territorios mucho más extensos, como la política tecnológica o la de Defensa. Tantos y tan graves que hoy condicionan nuestra política exterior, nuestra política comercial y, en definitiva, nuestra soberanía.
La Espiral online: www.tierradenadie.cc

07 enero, 2006

Con pólvora del Rey

Parece evidente que dentro de las Fuerzas Armadas permanecen, incluso situadas en los más altos niveles, personas con un entendimiento deficiente o muy sesgado de la Constitución y de las leyes orgánicas que han desarrollado sus preceptos en lo que concierne a los ejércitos. Pero aún resulta más obvio, como subraya la AUME (Asociación Unificada de Militares Españoles), que parte de la cúpula militar está “en connivencia con algún partido”. Y no se refieren a ninguna minoría extraparlamentaria y montaraz, sino al segundo partido más votado en el Estado.

Que se trata de algo más que de una hipótesis gratuita lo demuestra la ‘reacción’ del Partido Popular ante las declaraciones realizadas ayer por el teniente general Mena Aguado en relación con la grave responsabilidad militar en el caso de que el Estatuto catalán sobrepasase la Constitución, posibilidad a la que sólo el PP está empeñado en dar verosimilitud, en busca de la obtención de réditos políticos que tienen como primer objetivo el máximo deterioro del Gobierno.

El partido que representa teóricamente (cada día más teóricamente) a la franja ideológica del centro derecha asegura que ve “inevitables” declaraciones de ese jaez, porque son -según su peculiar interpretación- “reflejo de la situación que estamos viviendo”, situación (supongo que se refiere a la artificial alarma creada en torno al Estatut) que es precisamente obra suya.

Si ayer el secretario de Comunicación de los populares, Gabriel Elorriaga, se pronunciaba en tales términos y no condenaba la ilegal ingerencia del teniente general en asuntos políticos que no son de su competencia, hoy ha rizado el rizo del cinismo. Ha anunciado que el PP pedirá que el ministro de Defensa explique ante el Congreso el “desgobierno existente” en el Ministerio de Defensa, que justificaría, según él, las palabras del militar.

Llueve sobre mojado. No hace mucho que un coronel de artillería se permitía difundír a través de la intranet del Ministerio de Defensa un llamamiento dirigido a todos los despachos para evitar la “desmembración de España”. Como en el caso presente, se trataba de un militar a punto de pasar a la reserva. También, como ahora, recibió una sanción apenas simbólica.

No se juegan nada. Tiran con “pólvora del Rey”. Tras su 'hombrada' son jaleados por algunos de sus compañeros y cuentan con la comprensión del primer partido de la oposición. Luego se van a casa con la cabeza alta, el patriotismo enardecido y el retiro intacto. Es un lujo a su alcance y se lo dan.

Está claro que hay que poner mucho más caro el capricho de “mear fuera del tiesto” que tienta a algunos uniformados a modo de autofiesta de despedida. Pero mucho más caro.

En cuanto al PP, si los ciudadanos de este país son la mitad de sensatos de lo que se viene diciendo, ya recogerá en las urnas los frutos de su estrategia irresponsable, desleal y marrullera. Tiempo al tiempo.

30 diciembre, 2005

Tabaco: Invitación a la desobediencia civil

El Ministerio de Sanidad y Consumo, en colaboración con el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, ha tenido a bien (qué menos, ante lo que nos viene encima) editar un folleto de 70 páginas titulado “Se puede dejar de fumar. Claves para conseguirlo”. Por supuesto, la publicación, que llegó a mis manos asociada a uno de esos suplementos semanales en los que es publicidad hasta lo que no lo parece, constituye la pura y exclusiva expresión del criterio transmitido por la voluntarista ministra del ramo, es decir, que la voluntad todo lo puede.

Corolario oficial: Si eres un fumador empedernido, un repugnante adicto, uno de esos millones de miserables españoles que no pueden pasar una jornada de trabajo o un rato de ocio sin inhalar la adictiva y cancerígena sustancia, apáñatelas como puedas, porque te vamos a hacer la vida imposible, majo. Y lo vamos a hacer por tu bien, qué te has pensado. Por el bien de tu vida y de los demás porque nada nos preocupa tanto como vuestra salud, salvo el dinero que puede costarnos.

El caso es que el folleto en cuestión, si algo pone en evidencia -aparte de la urgente necesidad de abandonar el tabaco-, es las razones por las que el producto hasta ayer tolerado y hasta no hace mucho favorecido por el Estado debe ser prohibido. Y me refiero a su cultivo, a su manufacturación y a su venta.

Veamos lo que dice el folleto respecto a los peligros de la sustancia cuyo consumo nos prohíben mientras se mantienen las subvenciones a su producción:

Entre las sustancias carcinógenas del tabaco se incluyen:
- Alquitranes: utilizados para asfaltar carreteras y calles.
- Arsénico: veneno mortal muy potente.
- Cadmio y níquel: utilizados en baterías.
- Cloruro de vinilo: discos de vinilo.
- Creosota: componente del alquitrán.
- Formaldehído: conservante orgánico usado en
laboratorios forenses y anatomía patológica.
- Polonio 210: radioactivo.
- Uretano: utilizado para embalajes.

Otros tóxicos irritantes para los ojos y las vías respiratorias superiores:
- Amoniaco: Utilizado en los limpiacristales.
- Acetona: Disolvente tóxico.
- Acroleína: Potente irritante bronquial y causa de enfisema.
- Cianuro de hidrógeno: Veneno mortal utilizado como raticida
- Monóxido de carbono: Mortal en espacios cerrados cuando hay una combustión deficiente (calderas, estufas, braseros...).
- Metanol: Utilizado como combustible de misiles.
- Tolueno: Disolvente tóxico.

La exposición al ACHT (Aire Contaminado por Humo de Tabaco) es la causa de:
- Un incremento del riesgo de sufrir cáncer de pulmón de entre el 20 y el 30% respecto a las personas no expuestas.
- Un incremento del riesgo de mortalidad por enfermedad isquémica del corazón de un 25%. .Un incremento de sufrir infarto de miocardio cercano al 82%.
- Una reducción del peso al nacer entre los hijos de madres expuestas al ACHT.
- Un incremento significativo de la frecuencia de sintomas respiratorios crónicos (como tos, molestias faríngeas y otros síntomas respiratorios menores).
- Un incremento de síntomas menores como irritación ocular.

La exposición al humo de tabaco en los niños:
- Incrementa la probabilidad de que desarrollen bronquitis, asma, pulmonía y enfermedad del oído medio.
- Los niños asmáticos expuestos al humo de tabaco tienen síntomas más severos y frecuentes.

De todo lo expuesto por el propio ministerio sólo cabe concluir que nos hallamos ante un Estado cínico e irresponsable por las siguientes razones:

1) Renuncia a perseguir la producción, distribución y venta de un producto que es fuertemente adictivo y que nos mata, mientras nos prohíbe que lo consumamos en las circunstancias más usuales hasta ahora ‘por nuestro bien’.
2) Rechaza financiar los tratamientos de deshabituación que la mayor parte de los adictos precisarán mientras recauda más de un billón de las antiguas pesetas mediante impuestos sobre la perniciosa droga legal, cuya producción subvencionará hasta el año 2010.
3) Intenta vanamente lavarse las manos respecto a las consecuencias mediante una campaña de ‘concienciación’ cuyos argumentos son los mismos mediante los cuales puede (y debería) argumentarse la inmediata ilegalización del tabaco.

En resumen: no sólo nos toman el pelo, como decía hace unos días. Nos toman por idiotas (en lo que no les falta razón) y nos invitan subliminalmente a la desobediencia civil.

Leer online: www.tierradenadie.cc

22 diciembre, 2005

Tabaco y salud: nos toman el pelo

Tal vez, en el fondo, no esperábamos que lo hicieran; quizás confiábamos estúpidamente en que al final prevaleciera el sentido común. El caso es que hasta que no ha sido aprobada la llamada ‘ley antitabaco’ no han surgido las criticas ni se ha abierto la polémica. En sus idas y venidas del Congreso al Senado y viceversa, el texto llegó a aparecer en algún momento desprovisto de sus rasgos más maximalistas y autoritarios y se generaron algunas esperanzas de que hubiera una reconsideración sobre dos aspectos cruciales de la norma legal: el establecimiento (o conservación allí donde ya existiera) de un área de fumadores en los centros de trabajo y la financiación pública de los tratamientos de deshabituación. No ha sido así.

Si en ‘La Espiral’ del pasado 5 de octubre calificaba el proyecto como “exhibición impúdica de hipocresía”, ahora, tras lo visto y oído, no puedo resistirme a describir a los patrocinadores de esta ley como cínicos desvergonzados e irresponsables. Las afirmaciones de la ministra de Sanidad tildando los tratamientos de deshabituación del tabaco (todos) de ineficaces y apelando a la voluntad de los adictos como única alternativa para abandonar su adicción no merecen otra cosa. ¿O sí? Sí, quizás cupiera apostrofarla de imbécil, pero me resisto a creer que la (o el) titular de una cartera de este o cualquier Gobierno pueda ser precisamente eso.

Anoche participé en un debate televisivo sobre la malhadada ley y con tal motivo consideré oportuno ampliar la documentación de la que disponía sobre el tema. Una parte esencial de la argumentación que me proponía realizar, sin embargo, no tuve oportunidad de plantearla, dado el esquema -lógico en ese tipo de espacios- que rigió el programa. En lo esencial, sostuve que no estamos ante una ley antitabaco, sino ante una normativa antifumador, autoritaria, apresurada e irresponsable, en la medida en que no arbitra soluciones para los problemas que va a crear y porque no toma ninguna medida de peso contra la producción, distribución y venta de la perniciosa droga conocida como tabaco. Se persigue al consumidor casi exclusivamente y se convierte en policía de la propia ley a las todas las empresas en general, en tanto que centros de trabajo que tienen en su plantilla a adictos (es decir, enfermos) y a las de hostelería en particular, en las que los adictos (y los que no lo son) pueden (o no) pasar una parte significativa de su tiempo de ocio.

Señalé la significativa paradoja de que mientras el consumo se persigue y se penaliza, la producción se subvenciona (la CE no tiene previsto poner fin a sus ayudas al sector hasta 2010). Indiqué que la aparición de nuevas marcas baratas de tabaco era la respuesta desafiante de las tabaqueras a la ley y que tales rebajas se financian en gran medida con la desaparición de un gasto que incidía considerablemente hasta ahora en el precio: el de la publicidad que ya no se les permite hacer. Comparé el espíritu voluntarista e irresponsable que alienta esta ley con el sofisma que sostiene que tirarse al agua es la manera más rápida de aprender a nadar (y también de ahogarse, claro). Esta ley empuja a los fumadores al agua a través de la prohibición terminante de fumar en la esperanza (gratuita) de que aprendan a nadar (a no fumar), pero no establece ninguna medida de auxilio para los que corran peligro de ahogarse.

Se quedó en el tintero, por ejemplo, mi escepticismo respecto a las tremendistas estadísticas de Sanidad, que mantienen que 50.000 personas mueren en este país anualmente a consecuencia del consumo del tabaco y que 700 de ellas son fumadores pasivos. La cuestión es que la estimación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de cinco millones de víctimas al año en todo el planeta. ¿Cómo es que a un país que tiene el 0,67% de la población mundial le corresponde el 1% de los muertos totales? ¿Qué parámetros sirven para declarar al tabaco culpable original y único de la muerte de 50.000 personas y en qué márgenes de edad se mueven? Y más inquietante aún, ¿cómo se demuestra por vía clínica y forense que un fallecido lo es como consecuencia de su experiencia como fumador pasivo?

Éstas, en caso de ser formuladas, habrían sido preguntas retóricas, dado que, aunque entre los contertulios había dos médicos, dudo que estuvieran en condiciones de responderlas con el detalle y la claridad necesarios. Por otra parte, expresar este escepticismo hubiera podido hacerme aparecer como un defensor del tabaco, cosa de la que me hallo muy lejos.

Mi escepticismo, sin embargo, subsiste. Creo que nos hallamos ante la deliberada voluntad de convertir al tabaco en causante único o fundamental de una serie de problemas sanitarios que podrían tener otras causas, en coincidencia o no con el consumo de tabaco. Hay una pregunta clave al respecto: ¿Por qué proliferan tanto las alergias en los niños nacidos durante las últimas tres o cuatro décadas? ¿Nacen con menos defensas naturales que las generaciones anteriores? Incluso yo puedo responder sumariamente a eso. La causa es que las criaturas de esas generaciones ingresan en un medio mucho más agresivo que las anteriores, lleno de elementos alergógenos que, en muchos casos, son desconocidos.

Del mismo modo, ignoramos el conjunto de sustancias perjudiciales a las que estamos sometidos a lo largo de nuestra vida, muchas de ellas cancerígenas. La IARC (International Agency for Research on Cancer) tiene catalogados, por ejemplo, 48 compuestos químicos cancerígenos de uso común, pero pueden ser miles los no censados. ¿Y qué se hace frente a ello?

Veamos cómo sale del paso la Comunidad Europea porque ello nos servirá de referencia acerca de lo que podemos esperar y explica en gran medida el fondo del asunto en lo que concierne a la actitud institucional, cínica e irresponsable respecto al tabaco.

Hace unos días el Consejo de Ministros de Industria de la UE puso fin a dos años de estudios, reflexiones, dudas y cabildeos propios y ajenos sobre el nuevo sistema de Registro, Evaluación y Autorización de (productos) Químicos (REACH) que regulará más de 30.000 sustancias presentes en la vida cotidiana y cuyos efectos para la salud son prácticamente desconocidos. ¿Qué decidió? La duda ofende. Su acuerdo fue que sean las industrias las que demuestren que las sustancias que producen no son nocivas. Genial, ¿no?

Lo mismo hizo Estados Unidos con las tabaqueras porque el seráfico imperio, al igual que la UE, parece creer más allá de toda evidencia en la infinita bondad del hombre, al menos cuando éste se halla al frente de una empresa que genera pingües beneficios. El resultado de tan ingenua actitud es sobradamente conocido. La industria tabaquera estadounidense se autoexculpó totalmente mediante informes presuntamente científicos más falsos que un dólar con la efigie de Fidel Castro. Ahora, el Gobierno estadounidense ha visto rechazada su demanda por importe de 280.000 millones de dólares contra las principales empresas “por conspirar para defraudar a la población ocultando los dañinos y adictivos efectos” del tabaco. Nadie esperaba otra cosa. En definitiva, lo que pretendía la demanda gubernamental era poner fin a las reclamaciones individuales multimillonarias contra la industria criminal.

En cuanto a la UE, la filosofía que adopta en el recién aprobado REACH respecto a las sustancias químicas cancerígenas no tiene desperdicio en su clarificadora elocuencia: tales sustancias sólo se autorizarán cuando el fabricante pueda acreditar que están adecuadamente controladas, o cuando los beneficios socioeconómicos de su utilización sobrepasen a los riesgos.

¿Beneficios socioeconómicos o sólo económicos? ¿Quién y con qué criterios establece las prioridades en la vidriosa relación entre los riesgos para la población y los presuntos beneficios socioeconómicos? ¿Existe algún beneficio socioeconómico cualitativamente superior al de evitar todo riesgo a la salud pública?

Espero que ahora haya quedado suficientemente clara la filosofía imperante. Ni nosotros ni nuestra salud son lo más importante para quienes nos gobiernan. ¿O habrá que decir para los que mandan a los que nos gobiernan para que no quede duda de lo que quiero decir?

Resumiendo: nos toman el pelo.

Leer online: www.tierradenadie.cc

08 diciembre, 2005

¡Salvad al hombre!

Preguntaréis ¿por qué su poesía
no nos habla del suelo, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?
¡Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles!
Pablo Neruda


Harold Pinter (Londres, 1930) no pudo acudir ayer a la entrega del Premio Nobel de Literatura 2005 que con tanta justicia como oportunidad se le ha concedido. Su salud es tan precaria que tal vez el video en el que envió su discurso de recepción sea su última obra. Será, en cualquier caso, una obra que le resume, mostrándonoslo al final de su vida, y ya para siempre, más airado que nunca contra una realidad global caracterizada por el horror y por la impunidad de quienes lo imponen como instrumento de una voluntad de dominación regida por la avaricia y el desprecio de cualquier consideración moral o ética.

La elección de los versos de “España en el corazón” de Pablo Neruda para enfilar la conclusión de su discurso fue explicada por Pinter porque “en ningún lugar de la poesía contemporánea he leído una descripción tan poderosamente visceral del bombardeo de civiles”. Aquí, precisamente en España, durante la Guerra Civil (que tantos pretenden ahora, interesadamente, borrar de la memoria), comenzó una forma inédita de horror, expresada con insuperable elocuencia mediante los bombardeos de la población civil, algo que poco después, en la segunda guerra mundial, llegó al extremo de lo abominable y alcanzó su máxima y más execrable expresión en el uso del arma atómica contra los habitantes de Hiroshima y Nagasaki.

Del horror de la Guerra Civil española surgió el posicionamiento ideológico irreversible del Neruda que escribió los conmovedores versos de “Explico algunas cosas” que Pinter evocó. De ahí procede también el compromiso de Picasso, que expresó aquel horror y aquella inhumanidad en su “Guernica”. Pinter viene de entonces y de después, del largo e insufrible 'durante' que ha sido el siglo XX y el inicio del XXI, de los que ha sido crítico testigo. Su opción, frente a la muda complicidad de tantos intelectuales y artistas, no es la inhibición, ni el silencio, ni la asunción de la propia impotencia, sino la indignada denuncia de un tiempo en el que “la dignidad del hombre está casi perdida”.

Frente a ello se alza su voz para afirmar que “como ciudanos, la resuelta, insobornable, fiera determinación intelectual de definir la auténtica verdad de nuestras vidas y nuestras sociedades es una crucial obligación que recae sobre nosotros. De hecho es obligatorio”.

Es un grito de alarma y una angustiada llamada de socorro ‘in extremis’ lo que lanza este autor teatral al borde de su adiós a la vida. Un grito que debería despertarnos a cuantos yacemos enajenados en la cuna del hombre, que, como escribió León Felipe, “la mecen con cuentos”.

Nunca ha habido más cuentos que ahora, ni tan populares, ni tan acríticamente aceptados por las sociedades a las que se dirigen y que, paradójicamente, se describen como avanzadas.

Resulta consolador, por más que se tema estéril, que, frente a tanto bufón y juglar mercenario, sentado indiferente y gozoso a la mesa del poder cuya vocación destructora Pinter denuncia, quede una voz que habla en nombre del hombre real y posible para denunciar que lo más esencial de la especie, la dignidad, está a punto de perecer.

Ojalá su grito transcienda, que una y movilice a la dispersa legión de los disconformes, que vomitan en solitario por todas las esquinas del planeta. Es obligatorio, como él dice. Despertarse y despertar a los demás es obligatorio. Hay que salvar al hombre.

P. S.: Olvidaba decir que la esencia del discurso de Pinter se centró en una crítica demoledora de la política de Estados Unidos y de su presidente, George W. Bush. ¿Hacía falta que yo lo señalase?
Leer online: www.tierradenadie

05 diciembre, 2005

Venezuela: La 'victoria' de los perdedores

Quien logra el poder con el auxilio de los grandes se mantiene
en él con más dificultad que el que lo consigue con el del pueblo.
Y no se crea impugnar la opinión que estoy sentando aquí con
objetarme el tan repetido adagio de que quien fía en el pueblo edifica sobre arena.
El Príncipe (N. Maquiavelo)

Hace poco más de un año, en agosto de 2004, apenas dos años después de sufrir un intento golpista que le apartó durante cuatro días del poder, el presidente venezolano Hugo Chávez sometió a referéndum su mandato para terminar con las acusaciones de ilegitimidad formuladas por la oposición y poderosamente amplificadas a nivel internacional. El resultado fue contundente. Recibió el apoyo del 58% de los votantes, frente al rechazo del 41%. La abstención fue entonces, en un contexto de fuerte movilización social, del 30%.

Las cuentas que los partidos de la oposición habían hecho a la hora de decantarse por el boicot a las elecciones legislativas celebradas ayer les daban, en el peor de los casos, un 71% de 'votos favorables', resultado de sumar su porcentaje de votos ausentes (41%) al 30% de abstención aparentemente estructural. Los resultados han sido aún más ‘positivos’ para sus fines, pues la abstención se ha situado en el 75%. Si a ello sumamos que el 11% de los que votaron no lo hizo por los grupos leales al presidente resulta que, según la oposición, la mayoría absoluta de los ‘chavistas’ es ¡ILEGÍTIMA!

Este rizo del rizo antidemocrático seguramente va a ser válido para cuantos, desde hace años, han decretado la caza y captura de Hugo Chávez, oveja negra del subcontinente americano y pésimo ejemplo de independencia e iniciativa para unos gobernantes forzados históricamente a asumir ‘de facto’ que Estados Unidos, sus poderosas multinacionales y sus no menos poderosos socios noroccidentales son los que realmente gobiernan sus países.

El frágil argumento principal de la oposición para justificar su ‘exitoso’ boicot fue la sospecha (gratuita) de fraude electoral. Cuatrocientos expertos (150 de ellos de la UE) han vigilado el proceso y hasta el momento no consta ninguna objeción relevante sobre su limpieza. De lo que sí hay constancia es de que los grupos de oposición rompieron su compromiso, afirmado ante representantes de la Unión Europea y de la OEA, de participar en los comicios.

Pretender convertir una derrota cantada en un victoria apabullante mediante el cómodo expediente de no participar en la confrontación es nuevo -o eso me parece a mi- en la nada edificante historia de la llamada ‘democracia formal’. Y si no lo fuera, no dejaría de constituir un muestra depurada de cinismo con escasas posibilidades de parangón histórico. No es el chavismo quien incurre en ilegitimación, sino quienes deliberadamente han renunciado al único instrumento que concede legitimidad en una democracia digna de tal nombre: las urnas.

En ocho ocasiones precedentes Hugo Chávez ha obtenido el apoyo de su pueblo. Nadie se ha plebiscitado tanto en tan poco tiempo y mucho menos con tal éxito. Eso es lo que resulta imperdonable para sus opositores nacionales e internacionales. ¿Cómo se le hinca el diente a un enemigo declarado cuando cuenta con el apoyo explicito y contrastado del pueblo?

Solucionado. Probando artificialmente que ese apoyo es reducido. Mínimo, insignificante, dirán los que han generado esta situación.

Lo cierto es que, hasta que una próxima consulta pruebe lo contrario, Chávez cuenta con el 58% de los ciudadanos activos de su país y quienes se le oponen, con el 41%. Intentar invertir los resultados de Agosto de 2004 sumando a las filas propias al 30% de los ciudadanos que se abstienen es un truco barato por más crédito que los anti-Chávez le quieran dar.

El 4% restante de abstención es fácilmente explicable:

1) Las elecciones estaban ganadas de antemano, lo cual no es precisamente muy movilizador.
2) Los venezolanos han sido llamados a votar con excesiva frecuencia, lo que, unido a lo primero, explicaría la inhibición.
3) Las elecciones eran legislativas. No era la presidencia de Chávez lo que estaba en juego.

El boicot antidemocrático de la oposición ha creado un grave problema. Y no sólo a Chávez, sino a Venezuela, a su sistema democrático. Y además constituye un grave precedente que, de aplicarse en otros lugares, (en Estados Unidos, sin ir más lejos), ‘deslegitimaría’ a muchos gobiernos vigentes o futuros. La comunidad internacional -empezando por la ONU y siguiendo por la OEA y la UE- deben tomar cartas en el asunto a fin de mediar para que en un futuro próximo se repitan las elecciones legislativas en Venezuela con participación de todas las tendencias.

De lo contrario se estará avalando la posibilidad de un golpe de Estado que sigue cerniéndose claramente en el horizonte venezolano tras el fracaso del que en 2002 encabezó el presidente de la patronal.

El mundo debe ahorrarse a toda costa una nueva vergüenza impune.
Leer online: www.tierradenadie.cc

16 noviembre, 2005

Contar ovejas (y no para dormirse)

Siete diputados del PSOE rompieron anoche la disciplina de voto de su grupo en el Congreso de los Diputados durante el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado. Se trataba de votar una enmienda del grupo IV-IU-ICV contraria al privilegio que las cuentas del Estado pretenden conceder de nuevo el próximo año a la Iglesia Católica, notablemente superior, según su argumentación, a lo que supondría la aplicación estricta del 0,5% que sus fieles -muchos menos de los que la jerarquía eclesial se atribuye- le adjudican en sus declaraciones sobre el IRPF.

El grupo enmendante, consciente de que su propuesta podría cosechar muchos votos en los bancos socialistas, pidió que la votación fuera secreta, pero el Reglamento -como Marín les recordó- lo impide. Las siete disidencias (cuatro de ellas tibias, dado que fueron abstenciones) no alteraron el resultado previsible porque la enmienda sólo fue apoyada abiertamente por ERC y BNG, además del grupo que la propuso. Eso no les resta elocuencia a la hora de transmitir una realidad nada irrelevante: la disconformidad que existe entre los parlamentarios del PSOE con la actitud claudicante del Gobierno ante una Iglesia que, en clara alianza estratégica con el PP, le ha declarado la guerra precisamente para eso, para mantener mediante el chantaje sus injustificables privilegios.

La confrontación alcanzó el nivel de lo intolerable en los últimos días, frente a las evidencias de que la movilización que condujo a la manifestación multitudinaria del pasado sábado en Madrid se basó en falsedades patentes (las más gruesas de ellas sobre la asignatura de Religión o la libre elección de centro), cuya responsabilidad, por cierto, tanto la Iglesia como el PP no admitirían jamás, pese a que es evidente que la tienen.

También la Iglesia parece haberse sumado al 'todo vale' del PP. Para ella el fin justifica los medios cuando el fin -eso dice- es la supuesta defensa de los derechos de su grey. Ayer, el arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, se despachó con una declaraciones en las que afirma que la santa institución a la que pertenece "le ahorra al Estado" cada año 36.060 millones de euros por la prestación de servicios asistenciales, benéficos y educativos, entre otros, mientras que recibe de aportaciones tributarias y consignaciones presupuestarias 132 millones anuales. "No somos -dijo el incólume jerarca- una institución sólo religiosa porque prestamos servicios de beneficencia y tenemos hospitales y escuelas". Naturalmente no hizo mención alguna a los beneficios fiscales que recibe y mucho menos a la inmunidad contable de que disfruta.

Dijo el arzobispo que los referidos 132 millones son “nada”, una cantidad que "no cubre ni el 20%" del dinero que precisa la Iglesia para costear las nueve universidades católicas existentes en España, las 69 diócesis, 75 seminarios y 20.000 sacerdotes, entre otras cosas. Por si no quedaba claro que es prácticamente una miseria -en su peculiar valoración- la aportación del Estado, aseguró que un 75% de lo que percibe la institución procede del IRPF que los ciudadanos destinan a la Iglesia. Para comprender las ‘cuentas del Gran Capitán’ que hace monseñor Ureña hay que tener en cuenta que, "mientras no se demuestre lo contrario", el 95% de la población española se confiesa católica, según él.

Hay que tener filosa.

Parece llegado el momento de que los bautizados que no comulgan con las ruedas de molino de esta Iglesia, -que no es precisamente la de los pobres, que Cristo ofreció inútilmente al joven rico fervoroso- se den de baja para que la jerarquía eclesial separe de una buena vez las churras de las merinas y deje de justificar su demanda de privilegios mediante la falsa atribución de fidelidad de la inmensa mayor parte de los españoles.

A ese fin sería muy conveniente que el proceso de apostasía, más dilatado de lo razonable y trufado de dificultades burocráticas de difícil justificación, no estuviese exclusivamente en las manos de la Iglesia, que no se muestra especialmente lúcida ni diligente a la hora de contar a sus ovejas.
Leer online: www.tierradenadie.cc

21 octubre, 2005

Vuelva usted, señor Aznar

Instalados, como estamos en los últimos tiempos, en el delirio y el esperpento, ya casi nada nos sorprende, pero hay que reconocer que la lametada idólatra de Rajoy a Aznar ha hecho subir el termómetro del 'más ridículo todavía'. El malogrado sucesor y esforzado discípulo de 'La Sombra' ha dado el do de pecho en sus ya habituales excesos verbales al afirmar que "viendo lo que está pasando en España", la figura de Aznar "se multiplica por 150 millones, o casi por infinito". Lo que está ocurriendo en España -por si alguien no se ha enterado de la grave emergencia nacional a la que alude- es la admisión a trámite en el Congreso del proyecto de Estatuto catalán, eso que, según 'La Sombra', ha situado a España "al borde del abismo" y resucitado el riesgo de "volver a las andadas".

Los intentos que el Gobierno y el PSOE vienen haciendo para tranquilizar a aquellos a los que el PP pretende quitar el sueño agitando el fantasma de una España rota son neutralizados sistemáticamente por el partido de 'La Sombra', que se halla en campaña permanente para sacar el mayor rédito posible de la inquietud que fomenta con su discurso catastrofista. Saben muy bien los 'populares' que si un nuevo 'Estatut' ha de salir de las Cortes será uno podado y limado de tal modo que quepa en la Constitución. Saben igualmente que las circunstancias demandan de su parte gestos de responsabilidad y coherencia en el debate por venir. La ausencia de tales gestos querría decir que no es su 'querida' España lo que les preocupa sino su 'querido' poder. Que el objetivo es forzar una crisis de Gobierno, o al menos un desgaste considerable, y que no desdeñan ningún recurso para ello, desde la mentira y la intoxicación hasta la irresponsabilidad política.

En este contexto exigir a Zapatero “un gesto de grandeza” para “dar marcha atrás” en su propósito de que sea aprobado un nuevo Estatuto que todos sabemos que no podrá ser el planteado por el Parlamento catalán resulta un exceso notable de cinismo y de cara dura. El término “grandeza” es impropio en boca de quien no ha mostrado ninguna hasta la fecha, aunque -eso sí- hay que admitir que en lo concerniente a dar marcha atrás Rajoy puede dar lecciones a cualquiera que se le ponga por delante. Son ya varias y memorables las ocasiones en que, de un día para otro, se ha comido sus propias propuestas de moderación de la línea y las maneras de su partido. Es un cero a la izquierda, controlado por aquellos que a su vez controla ‘La Sombra’. Pero en su esfuerzo por seguir bajo el foco exhibe una incontinencia verbal lastimosa, a lo que hay que unir una capacidad de reiteración y exageración que ni siquiera es superada por la que tiene para autorrectificarse.

Frente a la inconsistencia, la estupidez y la frivolidad que atribuye a Zapatero, Rajoy, sorprendentemente, no se propone a sí mismo como alternativa. ¡Propone a Aznar! Es paradójico, cierto, pero no sorprendente. Parece lógico que promocione a su amo quien es la voz del que le mueve a él, patético Polichinela, desde las sombras. Rajoy no tiene nada que matizar y mucho menos que oponer al discurso más reciente de su jefe (ver La Espiral, 8 de Octubre). Por el contrario, lo considera “muy razonable”. Para el jefe de la oposición, ‘La Sombra’ “tenía una idea de España, sabía cuáles eran los objetivos de España, tenía una política económica, una idea de España definida y una política exterior que situó a España en un lugar muy distinto del que estuvo en la historia reciente".

Esta frase (literal) no tiene desperdicio como muestra de la hiperglosia reiterativa y vacua del actual líder del PP. Un análisis deconstructivo revela, en lo cuantitativo, que en 41 palabras introduce cuatro veces la misma: “España” y dos veces idéntica expresión: “una idea de España”. Puede que sea un récord.

En lo cualitativo, la cosa es aún peor: Veamos:

- “Tenía una idea (definida) de España”. Gratuito: todos tenemos una idea de España y el hecho de que no sea la misma que la de Aznar, cuya definición no nos consta, no le resta valor ni vigencia. Tal vez al contrario.

- “Sabía cuáles eran los objetivos de España”. Misterioso e inquietante. ¿Los sabía o definía de su mano mayor los objetivos de España (que somos todos)? Dado que nunca se ha realizado una consulta pública para definir tales objetivos, ¿tenía Aznar poderes psíquicos para leer en las conciencias de sus compatriotas? ¿O acaso tenía línea directa con quienes definen los objetivos de España? ¿Son españoles esos definidores?

- “Tenía una política económica”. Nueva gratuidad. ¿Era buena o mala? ¿Adecuada o no? No hay gobierno que no tenga una política económica. Tenerla no constituye un mérito especial.

- “Una política exterior que situó a España en un lugar muy distinto del que estuvo en la historia reciente”. Más de lo mismo. Distinto no significa necesariamente mejor. ¿Era ese ‘lugar’ el más adecuado y conveniente? ¿Respondía a los intereses y las convicciones de los españoles? ¿Reportó algún beneficio significativo?

Como se puede ver, el concepto de discurso vacío cobra nueva dimensión cuando Rajoy abre la boca.

Pero el jefe de la oposición, pese al cuadro trágico que se empeña en describir, también intenta ser ‘graciosillo’ (*) ocasionalmente, como cuando sugiere que el viejo y reiterativo “váyase usted, señor González”, marca de fábrica de su nunca bien ponderado jefe, está siendo sustituido por el “vuelva usted, señor González”. ¿No es más cierto que en el seno del PP y entre sus votantes más coriáceos existe un implícito y aún silencioso clamor que dice “vuelva usted, señor Aznar”?

Me temo que así es. Y eso (la vuelta de Aznar) sería lo justo: que quien diseña la estrategia la protagonice con todas sus consecuencias. Una cosa es recitar la lección aprendida de carrerilla y con vehemente sobreactuación, como hace Rajoy, y otra muy diferente es creérsela. El candidato más adecuado para el PP es el que cree lo que dice, o cuando menos cree que lo que dice es lo más conveniente para que el partido recupere el poder perdido por su mala cabeza. Ese hombre no puede ser otro que ‘La Sombra’.

Así pues, vuelva usted, señor Aznar. Regrese usted, que multiplica por infinito su propia personalidad y transcendencia histórica frente al alfeñique político que actualmente gobierna esta España de sus amores, situada “al borde del abismo”. Vuelva y plebiscítese. Recoja los frutos de su idea de España, de su política exterior ‘distinta’. Proponga usted “los objetivos de España”, que tan bien conoce. Constate en cifras las consecuencias de su estrategia catastrofista, de su oposición desleal y destructiva. ‘Su’ España le necesita a usted y rechaza las imitaciones.

Por cierto, tengo una duda matemática. Y es que soy de letras, para lo cual no hay cura, aunque en este caso tengo una vaga intuición: ¿Cero por infinito es igual a...?
Leer online: www.tierradenadie.cc
(*) Escuchen la 'gracia'

09 octubre, 2005

En la montaña rusa

Dice la obvia sabiduría rural que no se debe poner el carro delante de los bueyes. Y la razón es muy simple: el carro no va a ir a ninguna parte con tal planteamiento. Sólo un idiota, un borracho o un provocador situaría a los sufridos astados frente al carro. Por la misma razón, no se puede posicionar un estatuto de autonomía frente a la Constitución porque la Carta Magna no se va a mover por más que los bueyes autonómicos pretendan empujarla.

El proyecto de reforma del Estatuto catalán afirma, entre otras cosas impropias pero menos nítidamente anticonstitucionales, que Cataluña es una nación y que España es un Estado plurinacional, pese a lo cual los padres del invento juran y perjuran que el texto es coherente con aquel del que nace su derecho a la autonomía. Sin embargo, si en algo es claro y prolijo el texto constitucional es en la definición y enumeración de los derechos y competencias respectivas de las autonomías y del Estado. Y no hay error posible: España no se define como un Estado plurinacional y a ninguna autonomía se le reconoce el derecho a autodefinirse como nación.

Para que fuera viable la reforma estatutaria, salida del Parlament a modo de extensa y fantasiosa carta a los reyes magos, la Constitución debería ser reformada. Esa reforma, que no puede ser indefinidamente aplazada, se impone como necesidad para normalizar la sucesión monárquica, estableciendo el derecho de las mujeres al trono. En teoría -sólo en teoría- tal oportunidad podría ser aprovechada para retocar algunos otros aspectos del texto que los legisladores originales, condicionados por las frágiles circunstancias de una transición política permanentemente amenazada, no osaron ni plantearse.

Una de las reformas necesarias, a mi juicio, es la redefinición del Estado como una entidad federal. Un desarrollo claro e inequívoco de este concepto podría servir para poner fin al permanente forcejeo entre los nacionalismos periféricos y el Estado, pero exigiría un consenso político muy amplio, que debería ser confirmado con igual o mayor amplitud en referéndum. Todo indica, en cualquier caso, que la actual situación no es en absoluto propicia a tal reforma. Y la causa-madre se llama Partido Popular.

Sin esa previa reforma constitucional, el texto salido del Parlament catalán es inviable. Y, en coherencia con el precedente del Plan Ibarretxe, debería ser pura y simplemente rechazado por el Congreso. Si no lo es se marcará, de modo innecesario e imprudente, una diferencia de trato que sólo tiene como base los intereses partidistas del PSC y del PSOE, cuyos gobiernos se sustentan en la alianza con los protagonistas más caracterizados del texto cuya aprobación se pretende.

La pretensión de negociar la reforma de la reforma del proyecto estatutario no va a conseguir otra cosa que añadir tensión y poner en bandeja al PP, durante tanto tiempo como dure esa negociación (previsiblemente larga), la oportunidad de hacer su juego destructivo con mayor eficacia y rentabilidad política que la obtenida hasta ahora.

Los españoles han comenzado a estar hartos de la montaña rusa emocional en la que la irresponsabilidad partitocrática les ha embarcado. Unos, crédulos al catastrofismo del PP y al discurso delirante de su legión mediática, temen que, como dice ´La Sombra’, España se balcanice y vuelva “a las andadas”. Otros lo que temen es que el discurso del miedo prospere y volvamos a otras andadas, las de antes del 14-M, es decir, a un Gobierno ‘popular’. E incluso los más serenos se declaran crecientemente hastiados e indignados por el discurso demagógico y oportunista de todos los nacionalismos, incluido -por supuesto- el que el PP representa.

El partido de ‘La Sombra’, obsesionado por deteriorar por cualquier medio a Zapatero, está obteniendo por primera vez, con el tema del Estatuto catalán como bandera, réditos claros de su machacona táctica. La continua repetición de que fue Zapatero quien prometió aceptar el proyecto que saliera del Parlament ha penetrado en las conciencias y hace aparecer al presidente del Gobierno como un alegre irresponsable, un frívolo cantamañanas que no sabe dónde está pinado. Para lograr tal efecto, tanto el PP como los medios que le son fieles descontextualizan la promesa. Ocultan celosamente que fue realizada en otoño de 2003, en un mitin electoral de la campaña catalana, y que Zapatero aún no era presidente ni se esperaba que lo fuera. La mayor parte de la gente ignora este hecho, que no es precisamente irrelevante.

No es Zapatero sino Maragall el culpable de esta situación. Aferrado a la poltrona, temeroso de unas elecciones anticipadas, ha evitado emplear la firmeza frente a sus socios de ERC, enfrentados en una competición de exigencias con una CiU a la que estar en la oposición le hace surgir su particular mister Hyde. Como consecuencia, Maragall ha lanzado la pelota al tejado de La Moncloa y depositado la patata caliente en manos del presidente del Gobierno.

Ahora, apresado entre dos fuegos, el Gobierno pide árnica a quien, en la medida en que se considera beneficiario político de la situación, no planea utilizar otros recursos que la desautorización más implacable y el chantaje como alternativa. Para el PP mientras más dure la inquietud, mejor. Ni siquiera descartan lograr la división del PSOE. Están felices.

Y mientras tanto, los ciudadanos mareados y vomitando en la montaña rusa.
Leer online: www.tierradenadie.cc

08 octubre, 2005

El antiespañolismo más 'español'

De nuevo nos llegan noticias de las actividades exteriores del ex presidente Aznar (alias ‘La Sombra’, para ‘La Espiral’) y de ellas sólo cabe concluir que lo que ha podido ser considerado hasta ahora como una crítica tan simplista e insidiosa como demoledora al Gobierno español, nacida de un rencor incontinente, empieza a tener visos de un rampante antiespañolismo ‘de facto’.

¿Paradoja? Así podría pensarse si tenemos en cuenta la autodefinición de ‘La Sombra’ y de su partido como guardianes de la patria, pero no lo es tanto si se considera que la derecha española ha sucumbido siempre a la inaceptable tentación de confundir sus propias convicciones e intereses con los de la nación. Desde esa ‘filosofía’ política se puede perder no sólo el sentido de la medida -cosa habitual en los últimos tiempos- sino también el norte.

Para juzgar este extremo basta considerar el esperpéntico retrato al minuto de España que ‘La Sombra’ ha puesto ante los ojos, probablemente desorbitados, de varios cientos de empresarios reunidos en México en el Foro Mundial de la Negociación, candidatos potenciales a invertir en nuestro país o a formar alianzas con empresas españolas beneficiosas para nuestra economía.

Según el ex presidente, “España corre riesgos serios de desintegración y de balcanización”, se encuentra en la perspectiva de “una grave crisis nacional”, situada “al borde del abismo”, y podría “volver históricamente a las andadas”. En resumen, el cuadro que nuestro patriótico ex presidente ha pintado ante personas susceptibles de tomar posiciones positivas o negativas para los intereses nacionales, y por ende para la sociedad española, llega a insinuar la posibilidad de una guerra civil. ¿De qué otro modo cabe interpretar las expresiones “balcanización” o “volver a las andadas”?

El pasado mes de febrero el PP llegó a pedir el cese inmediato del embajador en Londres, Carlos Miranda, y la comparecencia parlamentaria del ministro de Asuntos Exteriores por el supuesto ‘espionaje’ a Aznar durante una viaje de éste a la capital británica. La demanda tenía su origen en una información difundida por el diario “La Razón”, según la cual el jefe de la legación habría enviado al titular de la cartera una nota “secreta” detallando las actividades de ‘La Sombra’ en Londres.

Naturalmente, el ministro Moratinos desmintió que existiera dicho ‘espionaje’ y encuadró dentro de la normal actividad de una legación diplomática que informe del paso o la estancia de un ex presidente por un país determinado. E incluso que actúe para facilitarle cualquier gestión o solventarle cualquier problema si fuera preciso. A mi, a la vista de los acontecimientos, empieza a no parecerme tan descartable ni tan improcedente ‘controlar’ las actividades exteriores de este ex presidente en particular.

Se me objetará que ‘La Sombra’ no dice en el exterior nada que no diga en territorio español. Tal vez sea así, pero en política es el contexto en que se hacen y dicen ciertas cosas lo que marca la diferencia que media entre un exagerado catastrofismo o una estrategia destructiva y la deslealtad e incluso la traición.

Lo que se dice dentro de los límites nacionales tiene, en principio, un objetivo y una transcendencia exclusivamente nacional y los ciudadanos lo percibimos como parte del juego político, compartamos o no la visión que se nos transmite. Ciertamente, los corresponsales de medios extranjeros pueden recogerlo con todo detalle y sus directores destacarlo como les parezca conveniente. Eso forma parte de una lógica que nadie objeta por muy irreal o destructivo que sea el discurso que se difunde.

Sin embargo, cuando se viaja al extranjero para dirigirse a una asamblea cualificada o para entrevistarse con personas de alto nivel, con capacidad para adoptar decisiones importantes en relación con los intereses de España, y se les transmite sin matices ese mismo panorama en negro, que describe falsariamente una situación de pre-guerra civil, se puede llegar a incurrir en algo muy diferente de la mera oposición desleal al Gobierno. Algo que puede ser evaluado como muy grave y ante lo cual el Estado -que somos todos- no puede ni debe permanecer indiferente.
Para oir las palabras de Aznar.
Leer online: www.tierradenadie.cc

05 octubre, 2005

¡Ilegalizadlo, hipócritas!

No tienen remedio. Y nosotros, por su culpa, mucho menos. Me refiero a los políticos e incluyo, en este caso, prácticamente a todos y de todos los colores, desde el presidente del Gobierno para abajo. El tema al que me refiero no es un grave asunto de Estado, aunque podría llegar a serlo, que por menos se montó el motín de Esquilache. Los posicionamientos ante la reforma del Estatut, por ejemplo, también pueden ilustrar eficazmente la farsa política en toda su extensión, pero sería preciso entrar en matizaciones y disquisiciones que, al menos en este momento, se me antojan sumamente aburridas, a la par que inútiles.

Fin del suspense: de lo que se trata aquí es de la normativa restrictiva del consumo del tabaco en público, cuestión que ha concitado el mayor consenso político que yo recuerde en muchos años. El Congreso ha aprobado hoy un texto que, entre otras cosas, prohíbe fumar (tabaco) en los centros laborales, incluso en los espacios habilitados a ese fin; impone severas limitaciones en bares y restaurantes y penaliza no sólo al que incumpla la normativa, sino también a quien tolere el incumplimiento (o a quien el denunciante crea que lo tolera, que no es lo mismo necesariamente).

La futura ley -aún a falta del trámite en el Senado, en el que no cabe esperar retoques significativos- tiene, según la portavoz del PSOE en la comisión de Sanidad del Congreso, un ‘espíritu sanitario’, razón por la cual la propuesta de CiU de permitir fumar en lugares específicos del centro de trabajo por el bien de la 'armonía laboral' fue rechazada hoy.

También hoy, en un gesto de lucidez y objetividad que a estas alturas podría ser calificado incluso de sorprendente, sus señorías acordaron rebajar de grave a leve el carácter de la falta de fumar o permitir fumar en lugares de prohibición total. No obstante, las multas previstas oscilan entre 30 y 600 euros, cantidad esta última que soy incapaz de imaginar qué clase de actividad relacionada con el tabaco puede sancionar: ¿un fumadero clandestino?

Cabe compadecer -de acuerdo con el contenido de la ley- a los hosteleros que dispongan de un local de 101 metros cuadrados porque no podrán optar libremente por declararse de fumadores o de no fumadores, como los de 100 o menos, sino que tendrán que acotar herméticamente un espacio máximo de 30,3 metros si quieren beneficiarse de la visita de los réprobos y viciosos inhaladores de humo nicotínico, que probablemente no se sentirán muy a gusto en tan estrecho 'ghetto' y optarán por los locales pequeños. ¿Y por qué no permitir que todos los negocios de hostelería, independientemente de su tamaño, se definan como fumaderos o no fumaderos?

Pero hay más, como señalaron hoy ERC e IU-ICV. ¿No es una grave y elocuente contradicción prohibir absolutamente fumar en los centros de trabajo -por el bien de los trabajadores, claro-, y permitir que los ‘curritos’ de hostelería se intoxiquen a pleno pulmón? Por supuesto que sí. Pero toda esa ley, teóricamente elaborada por el bien de la salud pública, es una exhibición impúdica de hipocresía, algo mucho peor que la incoherencia y el exceso beato que caracteriza a algunas de sus exigencias.

Si la cuestión es tan grave como la describen sus señorías -cosa que, como fumador empedernido que soy, no dudo en absoluto-, lo lógico es ilegalizar la venta y el consumo del insano y adictivo producto, puesto que no es otra cosa que una droga cuyo consumo conlleva graves consecuencias. Ahí les quiero ver, afrontando el asunto con un par, negando al Estado una de sus tradicionales fuentes de ingresos, mandando a sembrar coles -o lo que tengan a bien- a los cultivadores de tabaco insulares y peninsulares y condenando a los estancos a vender chucherías.

A mi personalmente me vendría muy bien que ilegalizasen el tabaco porque no me veo persiguiendo a un 'camello' para que me pase una cajetilla con la que aplacar mi 'mono'. Aunque tal vez sea mejor ser un drogadicto perseguido por consumo ilegal de tabaco que un drogadicto tolerado según dónde y perseguido, según cuando, por su propio 'camello' por la vía legal, por la económica y por la inmoral. Porque -no nos engañemos- lo que la hipócrita normativa que se va a imponer a partir del día 1 de enero no puede disfrazar u ocultar es la profunda inmoralidad en la que tiene su origen.

Un 'camello' consumado resulta, en definitiva, mucho más moral que estos padres de la patria que fingen querer salvarnos de nosotros mismos a base de impuestos, prohibiciones y multas. Cualquier cosa antes que ilegalizar lo que nos mata. ¡Hipócritas!
Leer online: www.tierradenadie.cc

29 septiembre, 2005

África trágica

Ocho muertos. Ese es el escandaloso saldo provisional que arrojan las fronteras de Ceuta y Melilla -en apenas un mes- tras las cinco muertes que se produjeron la pasada madrugada en la primera de las mencionadas plazas españolas en el continente africano. Y esto ya clama al cielo. Inútilmente, por desgracia.

El Gobierno, tras descartarlo inicialmente, ha decidido comprometer a las fuerzas armadas en el control fronterizo, ante los reiterados asaltos que se vienen produciendo. Marruecos se ha implicado desde hace tiempo en la tarea de impedir la inmigración ilegal y lo hace, según todos los indicios, con considerable brutalidad y constatable eficacia. Es precisamente esa brutal eficacia la que motiva la sucesión de avalanchas, organizadas casi militarmente. Estamos hablando de desesperación en estado puro.

Los subsaharianos que protagonizan los asaltos saben que las puertas se cierran, que la valla se eleva, que el tiempo se acaba. La mayoría de ellos han invertido todos sus magros ahorros en la aventura de entrar en Europa. En muchos casos han atravesado medio continente africano, afrontando incontables riesgos y penurias, para tratar de sumergirse en un mundo que les rechaza -y a ellos les consta- no sólo por ser extranjeros sino también por el color de su piel. Nada de eso les arredra si al final se salvan a si mismos y a sus familias, que con un sueldo mínimo de cualquier país de la UE pueden alimentarse durante meses.

El tema se presta a todo tipo de sesgos, simplificaciones y demagogias. Una de las más miserables entre ellas apareció en negro sobre blanco recientemente en el Wall Street Journal, diario estadounidense en el que el sombrío ex presidente Aznar tiene vara alta por motivos en cualquier caso incomprensibles, El infecto artículo utilizaba los incidentes de Melilla para confrontarlos sarcásticamente con la alianza de civilizaciones que Rodríguez Zapatero predica y comparaba la valla de Melilla con el muro de Cisjordania en beneficio de éste, que sirve -se decía- para contener el terrorismo.

Insidias aparte, la sociedad española corre en este asunto el riesgo de que los árboles le impidan ver el bosque. Sería un error asumir como cierto -por ejemplo- el argumento del inefable Acebes, que atribuye las avalanchas humanas en Ceuta y Melilla al ‘efecto llamada’ que supuso la regularización extraordinaria (y supuestamente última) de inmigrantes ilegales que concluyó el pasado mes de mayo.

La propia expresión ‘efecto llamada’ es un engendro demagógico. La llamada del ‘bienestar’ europeo es permanente -e independiente de las circunstancias legales- por la simple razón de que también es permanente y no tiene visos de solución el asedio del hambre, la enfermedad y la guerra sobre la mayor parte de los habitantes del continente africano. Permitir que quienes logran entrar ilegalmente en España y consiguen medios de vida legítimos se mantengan en la ilegalidad permanente sólo puede ser bueno para los intereses de empresarios sin escrúpulos que les explotan y maltratan. Para todo lo demás es negativo, desde el orden público, como evidenciaron los sucesos de El Ejido (Almería) de febrero de 2000 y otros menos notables a nivel mediático, hasta la Seguridad Social y la Hacienda Pública, defraudadas por el ‘empleo negro’.

El bosque cuya visión obstaculizan los árboles de la demagogia, el egoísmo y el prejuicio debe contemplarse desde una perspectiva global, la que nos muestra un continente asolado secularmente por los cuatro jinetes del Apocalipsis y sobre cuyo destino buena parte de los países europeos -incluida España- tienen un responsabilidad ineludible, en la medida en que fueron la causa (y en muchos casos lo siguen siendo) de sus males.

La colonización intensiva de África fue tan tardía como desaprensiva y su fase febril coincide con la industrialización europea en un contexto de crecimiento demográfico notable. El objetivo era la apropiación de sus materias primas, en especial minerales y metales preciosos. Los países europeos, entre ellos algunos tan aparentemente irrelevantes como Bélgica, se lanzaron a una ocupación enloquecida y se repartieron el continente sin la menor consideración para sus habitantes, uniendo y dividiendo naciones (eso es lo que eran, al menos en germen, lo que seguimos llamando hipócritamente etnias) e imponiendo desde el desprecio sus normas y valores a sociedades que generalmente se hallaban en una situación prehistórica.

La descolonización, tras la segunda guerra mundial, fue todavía más precipitada e inescrupulosa. Aquellos países, nacidos artificialmente del reparto colonial, fueron abandonados a su suerte, generalmente en manos de dictadores surgidos de las milicias coloniales o de presidentes aupados en inverosímiles democracias-títeres, que, con raras excepciones, no tardaban en convertirse en déspotas crueles, ladrones de su propio pueblo y sólo sumisos a los intereses de la ex-metrópoli, siempre resistente a abandonar la explotación de los recursos de la ex-colonia y la tutela interesada de su política interna.

Los países africanos no llegaron a conocer una industrialización digna de tal nombre, sus habitantes permanecieron en gran medida ajenos a la cultura y el paso del tiempo no ha hecho otra cosa que empeorar la situación en la mayoría de ellos. La solución no es sencilla ni puede ser improvisada. La mera ayuda humanitaria (en el caso no siempre probable de que llegue a su destino) no basta para contener la hemorragia. África precisa desarrollarse económicamente y para ello debe abrir mercados justos para sus materias primas y obtener por ese medio los recursos precisos para financiar una industrialización que le permita generar empleo, plusvalía y renta. Eso, obviamente, no se improvisa ni se alcanza en una década. Y menos si el resto del mundo no colabora honestamente

¿Es honesto Tony Blair en su propósito de redimir a África? El primer ministro de Reino Unido (que preside ahora mismo la Unión Europea), aparece desde hace algunos meses como el campeón de la causa africana. El problema es que la credibilidad de un político que comulga con los principios neoliberales de deslocalización, desregulación y privatización es muy limitada. Contribuir al desarrollo africano no sólo exige ideas claras, sino también apertura de mente, creatividad y respeto a la singularidad. Pero por encima de todo requiere generosidad. Intentar recolonizar África so pretexto de salvarla, imponerle la utilización de semillas modificadas genéticamente -como se está haciendo- o dirigir su economía en el sentido más conveniente para intereses ajenos sólo podría empeorar las cosas.

Está claro, en cualquier caso, que si la Unión Europea pretende frenar la invasión de inmigrantes ilegales, a cuyo fin ha presionado al Gobierno español y éste al marroquí de modo tan intenso como insistente, la solución no es construir vallas insalvables, ni instalar sofisticados sistemas de control de movimientos en la frontera, ni emplear impropiamente al ejército, sino hacer algo útil, digno y desinteresado por un continente que está perdiendo definitivamente la esperanza, hecho al que Europa no es ajena en absoluto.
Leer online: www.tierradenadie.cc