Comentarios sobre la actualidad, reflexiones sobre la deriva histórica que nos conduce hacia viejas pesadillas y cualquier otra cosa que considere de interés.
19 abril, 2004
Un buen comienzo
Cuando, tras algunos intentos patéticos de regenerar la dirección del partido con los "degeneradores" manejando los hilos, aparece finalmente Rodríguez Zapatero como la gran esperanza blanca, no se puede decir que despertase grandes entusiasmos. Su perfil bajo y neutro, su plegamiento casi acrítico a los planteamientos imperativos del Gobierno del PP en temas en los que su partido debería haber exigido una negociación a fondo, sus avances acerca de la política económica "deseable", su aparente incapacidad para poner orden en los "taifas" de su partido y su irresolución acerca de muchos problemas sensibles y urgentes, no invitaban precisamente a replantearse la imagen de un partido que se había hecho el "harakiri" en una imparable huida hacia adelante.
Pero he aquí que, por mérito involuntario del Gobierno saliente, Rodríguez Zapatero se ha convertido en rector de los destinos del país en circunstancias sumamente críticas. El hombre al que el PP ha llamado de todo menos guapo, con su tradicional filosofía de ejercer el poder como si estuviera en la oposición (y lo estaba: en la oposición a la ciudadanía) se ha encontrado al frente del Estado con cientos de miles de votos prestados por gentes escarmentadas, forzadas a elegir entre el mal mayor previsible (la continuidad del PP en el poder) o el mal menor probable: el retorno del PSOE.
Hoy debo decir, sin embargo, que, con su decisión de acelerar la retirada de las tropas españolas de Irak, Rodríguez Zapatero se ha abierto una cuenta de crédito en la confianza de los españoles. Ciertamente es un crédito frágil, una confianza a la que le quedan muchas pruebas por superar, pero es un buen comienzo, especialmente teniendo en cuenta que la medida es previa a la primera reunión del Consejo de Ministros del nuevo Gobierno. El mensaje es, pues, deliberadamente personal y declara expresamente la urgencia que las circunstancias exigen.
Estados Unidos no ha dejado lugar a dudas respecto a su determinación de mantener la dirección militar de la ocupación/reconstrucción de Irak (eufemismo con el que se denomina a la situación de guerra que siguió de inmediato a la rápida "victoria" militar). El porqué de esa determinación es claro: Washington no renuncia a los objetivos originales y reales, económicos y estratégicos, de su iniciativa bélica, muy alejados de pretextos falsarios tales como la posesión de armas de destrucción masiva, la necesaria transformación de una tiranía en democracia o el combate contra el terrorismo internacional. Estados Unidos llegó a Irak para quedarse. Ello le permite poner un pie más sobre el petróleo árabe, controlar militarmente los destinos, tan imprevisibles como inquietantes -gracias precisamente a su política-, de los países de la zona, y tutelar la impunidad de Israel frente a la permanente vulneración de los derechos del pueblo palestino.
La cuestión es que cada palo debe aguantar su vela. Y nada tiene que ver la vela -y mucho menos la bandera- española con el pabellón pirata y la singladura aventurera y depredadora de Estados Unidos. La decisión de Aznar (q.e.p.d.) de apuntarnos a la canallería global no sólo constituyó una opción conscientemente inmoral, sino que, además, fue un error histórico de consecuencias incalculables. Corregirlo era urgente, tanto más cuanto la escalada de violencia en Irak amenaza con aumentar en cualquier momento el número de víctimas españolas de esta gigantesca insensatez.
Sin embargo, el aplauso que esta decisión de Rodríguez Zapatero merece podría quedar minimizado si se cumple la anunciada e injustificable compensación -destinada a templar gaitas con el gran "boss"- de aumentar la presencia militar española en Afganistán. Tampoco allí se nos ha perdido nada y es otro pozo envenenado del que sólo pueden surgir pesadillas. El propio Karzai -otro títere leal a EE UU, como en Irak lo es el más que oscuro Chalabi- ha declarado recientemente que la presencia militar yanqui deberá prolongarse, al menos, diez años más. En esa década puede pasar de todo -y especialmente lo peor, tal como evolucionan las cosas- en el mundo islámico y más concretamente en el área del Golfo Pérsico.
¿Acaso debemos seguir siendo cómplices y víctimas de la política torpemente imperialista de los Estados Unidos y de sus burdas manipulaciones? Obviamente no. Y no sólo porque no compartamos ni debamos compartir su avariciosa estupidez, sino porque, además, estamos muy lejos de gozar de la impunidad que la patria del dólar disfruta a decenas de miles de kilómetros del escenario de sus tropelías. No es fácil que se repita un 11-S, pero sí resulta muy verosímil que pueda reeditarse otro 11-M.
Al menos en teoría, el Gobierno Zapatero cuenta con un ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que está al cabo de la calle acerca de lo que se ventila realmente en Oriente Próximo y sabe que la balsa de aceite del Mediterráneo puede entrar súbitamente en ebullición con funestas consecuencias para quienes habitan sus orillas. Es también un convencido europeísta y, al menos sobre el papel, puede ser el hombre adecuado para dar el golpe de timón que la política exterior española requiere tras el desvío motivado por los delirios imperiales de ese patético jubilado llamado José María Aznar.
07 abril, 2004
Contra el horror
Hoy comienzan en Ruanda los actos conmemorativos del décimo aniversario de uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad, sólo superado en el siglo XX por el exterminio nazi de la segunda guerra mundial y la impune barbarie de Pol Pot en Camboya.
En poco más de tres meses, en 1994, en torno a un millón de personas (937.000, según las fuentes ruandesas más recientes) fueron salvajemente asesinadas en una orgía de sangre y odio racial sin precedentes que siguió a la muerte del presidente Habyarimana, de la etnia hutu, como consecuencia de un ataque a su avión atribuido a miembros de la etnia tutsi.
La masacre implicó no sólo al ejército y a milicias más o menos irregulares, sino a gran parte de la población civil hutu, alentada en el horror indiscriminado de la venganza racial por algunos medios informativos. Centenares de miles de tutsis abandonaron sus hogares prácticamente sin nada con lo que sobrevivir en busca de un refugio, pero para la mayoría fue inútil. Fueron asesinados allí donde se les encontró, aún en el caso de que su asilo fueran iglesias o misiones cristianas.
Sólo en la localidad de Gisozi hay 250.000 tumbas que testimonian hasta la nausea la locura homicida que allí se desarrolló impunemente hace diez años. 120.000 personas están imputadas y se supone que un total de 12.000 tribunales populares deben juzgarles, pero hasta la fecha apenas se ha contituido un centenar de ellos. Mientras tanto, Ruanda pretende encarar el futuro y la reconciliación nacional sobre la base de un simple y nada original eslogan: "Nunca más".
Hasta aquí los hechos, en los que deliberadamente he evitado los detalles morbosos que nada aportarían a la definitiva elocuencia de las cifras. Pero a partir de aquí, las responsabilidades internacionales y, de modo más específico, las de Estados Unidos, cuyo presidente, Bill Clinton, tuvo conocimiento puntual de las dimensiones del genocidio desde su inicio, según revelan documentos recientemente desclasificados.
En Ruanda existía una pequeña misión de la ONU que se vio inmediatamente desbordada por los acontecimientos y algunos de cuyos miembros (al menos una decena de belgas) perdieron la vida en aquella explosión de locura colectiva. ¿No se pudo poner freno a la masacre a lo largo de los cien días que duró? Por supuesto que sí.
En lugar de ello se cortocircuitó la información, convirtiendo la terrible realidad de lo que estaba sucediendo en oficialmente inexistente. Los motivos de tal actitud, que tiene como protagonista máximo a Estados Unidos y a la que no son ajenos países ex colonizadores (explotadores en realidad) como Bélgica y Francia, no es otra que el más cínico y egoista de los cálculos.
Ruanda, al contrario de muchos de sus vecinos, carece de recursos minerales o energéticos que Occidente pueda considerar de especial interés. Como consecuencia, tampoco tenía una colonia extranjera relevante. Por ello Estados Unidos y sus cómplices optaron por envolver los hechos en una conspiración de silencio e inhibición mediante la cual pretendían salvar su responsabilidad ante la opinión pública mundial, en la que el empleo ineludible del término genocidio habría motivado una demanda urgente de actuación.
También en el caso del sanguinario régimen de Pol Pot Estados Unidos había tenido información detallada de lo que estaba sucediendo, pero se lavó las manos. Pese a su comunismo visceral y alucinado, el líder camboyano era en aquellos momentos un aliado táctico del gran "boss" en el sudeste asiático.
Cuando se desarrolla el genocidio de Ruanda ya hacía tres años que Bush senior había enunciado su grandilocuente doctrina del "nuevo orden mundial": algunas palabras idealistas, como democracia o derechos humanos, junto a otras mucho menos eufemísticas, como libre mercado o liderazgo mundial de los Estados Unidos. Ya hace diez años tuvimos oportunidad de comprobar, mediante el trágico ejemplo ruandés, qué parte de la nueva filosofía política es la que realmente importa y mueve a Estados Unidos.
Hoy, a través de la guerra de Irak, basada en la intoxicación de la opinión pública internacional, hemos llegado a la evidencia máxima e incontestable de que bajo el barniz de las grandes promesas y de las gigantescas mentiras maquilladas no existe otra filosofía que la del abuso y el expolio.
Nuestro país sufre ahora mismo las trágicas consecuencias de que un líder tan oportunista como miope nos haya sumado a la flota corsaria que decidió hace tiempo sentar sus bases sobre el petróleo del Golfo Pérsico y defender más allá del límite de lo canalla, por acción u omisión, los abusos de Israel. Olvidó el "ilustre" profesor de la no menos "ilustre" universidad de Georgetown (literalmente "Ciudad de George" ¿Bush?) no sólo sus acendrados valores cristianos sino la obviedad de que, por situación geográfica, por importancia estratégica, por historia y por población (inmigrante), España podía convertirse en el ojo europeo del huracán.
Ahora le toca al PSOE lidiar con las presiones para que las tropas españolas no se retiren de Irak, precisamente cuando la situación allí alcanza el punto más grave desde la invasión. Propone el futuro Gobierno aumentar la presencia militar en Afganistán en compensación, mientras Powell deja claro que, con intervención de la ONU o sin ella, la dirección militar en Irak seguirá a cargo de EE UU.
La opción debería estar clara para España, pero no creo que lo esté para el Gobierno que va a regir sus destinos durante los próximos cuatro años. No se trata de pastelear ni de pactar compromisos ambiguos que contenten temporalmente a la opinión pública española. De lo que se trata es de rectificar una política exterior que ha alterado su lógica dirección inicial hacia el ejercicio de la supuesta vocación europea de España y nos ha convertido, so pretexto de irreales misiones humanitarias, en un estado mercenario del horror.
La imagen de las tropas españolas disparando en Diwaniya contra manifestantes chiíes es más de lo que la ciudadanía puede y debe tolerar. Ni irak ni Afganistán son nuestras guerras, ni en ellas se lucha contra el terrorismo, aunque se le provoca con torpe eficacia.
Que Estados Unidos gestione sus propias aventuras depredadoras y sufra en exclusiva las consecuencias de su ambición y de sus errores de análisis. No contribuyamos al horror ni a las cínicas falacias de quien, fingiendo combatirlo, lo multiplica.
30 marzo, 2004
¡Manda huevos!
Da vergüenza ajena. Y también no poco propia, en la medida en que uno es ciudadano español.
El numerito esperpéntico organizado ayer por el presidente en funciones en relación con el normal inicio del programado relevo de las tropas destinadas en Irak es una muestra más (¿la última?) del auténtico carácter de quien nos ha gobernado durante los últimos ocho años. También es una confirmación concluyente de que el voto de castigo emitido por la mayoría de los españoles en el plebiscito del pasado día 14 está más que fundamentado. Fue un no rotundo a un estilo antidemocrático de gobierno que aspiraba a perpetuarse por persona interpuesta (el ahora patético Rajoy).
Aznar, en clara extralimitación de sus atribuciones, había exigido a Zapatero que le remitiese por escrito su postura acerca del relevo, decisión que, sin embargo, reconoce hoy que es de su exclusiva competencia (y así es, por Ley, como ha subrayado el PSOE). Dice el doliente saliente que estuvo esperando durante cuatro días la misiva y que, al no recibirla, ordenó aplazar el viaje. Como consecuencia, 160 militares hechos y derechos se vieron convertidos, durante ocho largas horas, en desconcertadas marionetas primero y en indignados ciudadanos después, cuando supieron que estaban siendo el instrumento del pulso pueril que Aznar había decidido echar a su sucesor, en una nueva demostración de su talante autoritario y de su desprecio por el "fair play".
La semana pasada José Bono, futuro ministro de Defensa, había confirmado al que lo es en funciones que su partido no tenía nada que oponer al normal relevo de las fuerzas destinadas en Irak. ¿Por qué habría de tenerlo si aún quedan tres meses para que se cumpla el plazo fijado por el Gobierno entrante para su retirada, en caso de que dichos efectivos no pasen a depender de la dirección de la ONU?
Se trataba, en fin, de una cuestión testicular por parte de un líder infatuado, arrogante e incapaz de asumir su justificadísima derrota. Había dicho que tenía que ser por escrito y punto. ¡Manda huevos!, como diría el nunca bien ponderado chusquero y chusco Trillo, que, a falta de explicaciones, ofrecía monedas de euro a la prensa.
Hoy leo, casi con perplejidad (y digo casi porque mi capacidad de sorpresa quedó exhausta hace tiempo), que Aznar califica de "descortés" el tono terminante de la carta que le remitió ayer Zapatero. El perdonavidas saliente lo achaca a la "falta de madurez", que -asegura paternalmente- "se cura con el tiempo".
Como se dice castizamente en mi tierra, "mira tú quién llamó puta a la Zapatones". Lo dicho: ¡Manda huevos!
Menos mal que se va. ¿O nose va?
19 marzo, 2004
La cabeza del CNI
Definitivamente han perdido los papeles. No sólo echan a los perros a los servicios de inteligencia del Estado (¿o del Gobierno?), ya de por sí bastante deteriorados, sino que se empeñan en convertir en prueba evidente de su honorabilidad lo que no lo es en absoluto. Incluso en el que, cronológicamente, sería el primer documento redactado, el CNI plantea cautelas respecto a la autoría que Acebes no manejó en absoluto. En cuanto a la cronología elaborada por el subdirector de Policía y fechada ayer mismo, contiene inexactitudes y errores que precisamente invitan a cuestionarse la veracidad de lo que pretenden probar: la sincronía entre los avances de la investigación y la información difundida por el Gobierno.
Aznar quiere lavarse la cara y no repara en gastos. Las declaraciones, el miércoles, del subsecretario de Estado norteamericano, Armitage, sosteniendo que el PP perdió las elecciones a causa de su gestión informativa de los atentados de Madrid han debido tener para él el lúgubre sonido del último clavo sobre la tapa de su ataúd político. Esa interpretación, la de que él es el autor de la derrota de su partido, es precisamente la que más le descompone y en combatirla centra el mayor empeño.
Por otra parte, quien, en su delirio, se ha visto a sí mismo no sólo como el salvador de su partido y un gran presidente del Gobierno, sino también como un relevante líder mundial no soporta que se le contemple ahora como un paradigma de torpeza y falsedad, con el agravante de cierto grado de deslealtad, implícita en la desinformación que sufrieron los servicios de inteligencia occidentales sobre un tema tan sensible como la paternidad de los atentados.
¿Qué hubiera ocurrido si el plan del terrorismo islámico hubiera consistido en una sucesión de atentados salvajes en capitales europeas tras el de Madrid? Que habría sorprendido a los servicios de seguridad interior de los países afectados sesteando en la convicción de que no tenían nada que temer de ETA. Imperdonable irresponsabilidad.
En su empeño por ofrecer una cabeza distinta de la propia, Aznar y el Gobierno no han dudado en causar un gran daño colateral, hundiendo en el descrédito al Centro Nacional de Inteligencia. No parece haber sido una decisión muy meditada, pero les ofrece la ventaja de beneficiarse, al menos teóricamente, del secreto y el sigilo que caracteriza el trabajo de este tipo de servicios, de los que no cabe esperar ninguna réplica, al menos a nivel oficial. A nivel extraoficial ya transcendió de inmediato el estupor y la indignación que en su seno ha causado la decisión del Gobierno.
No voy a hacer la defensa del CNI, entre otras cosas porque su dirección, a cargo del diplomático Jorge Dezcallar, con rango de secretario de Estado, no está libre de la sospecha de partidismo. No parece descartable, en consecuencia, que haya servido al Gobierno "informes a la carta", que le habrían servido a éste para cubrirse retrospectivamente las espaldas.
Todavía está por saber quién filtró, con significativa diligencia y oportunidad (también con imprudencia, si la fuente era un infiltrado), el encuentro entre Carod-Rovira y la dirección de ETA, que constituyó una valiosa baza política y electoral para el Gobierno del PP. También existen sombras acerca la existencia o no de informes del CNI al Gobierno que descartarían la posesión de armas de destrucción masiva en manos de Irak en fechas previas al inicio de la guerra que Aznar apoyó con entusiasmo. Dezcallar lo negó, pero quienes lo afirman tienen buenas razones para hacerlo. También están por aclarar las investigaciones sobre el accidente del Yak-42, que causó el mayor número de bajas militares españolas desde la guerra civil.
Al situar bajo el foco del ojo público al CNI el Gobierno en funciones comete un nuevo error, pero al mismo tiempo, involuntariamente, señala un objetivo que, para tranquilidad de los españoles y servicio a la verdad histórica, debería ser sometido a la consideración de una comisión de investigación apenas se constituya el Gobierno electo.
18 marzo, 2004
Ventilar la casa
Todo indica que la cariacontecida reunión de la Ejecutiva del lunes, en la que se aplaudió blandamente al culpable directo de la derrota, sirvió a éste, el malhadado Aznar, cuya presencia en ella era de hecho digamos que irregular, para impartir consignas dentro de su habitual estilo irreductible, voluntarista y cejijunto.
Es un grave error, pero no se puede decir que sea sorprendente, ya que una sucesión de graves errores (terribles, en realidad) es lo que ha conducido al PP desde la mayoría absoluta a la oposición. Y significativamente, con los mismos votos con los que logró esa privilegiada posición, de la que tan mal uso ha hecho.
Si el partido del Gobierno saliente no acepta interpretar de modo objetivo las causas de su "sorprendente" derrota no sólo se estará haciendo un flaco favor a sí mismo sino también al país que tanto dice amar.
Si no percibe que el dramático vuelco electoral constituye en realidad un referéndum que ha gritado un contundente "¡NO!" a un estilo de gobernar incompatible con la democracia; si no asume que la movilización urgente y espontánea en favor del PSOE tuvo como origen último y definitivo no tanto el clima emocional tras el brutal ataque terrorista como el rechazo enérgico a la mentira sobre su autoría que se intentó sostener más allá de lo razonable y de lo prudente; si no rectifica, en definitiva, la filosofía que ha practicado durante la pasada legislatura, ellos y el pueblo español tendremos un problema suplementario de los muchos que ya nos acosan.
No se puede echar la culpa de la caída al empedrado. No se puede ni se debe inventar y difundir cuentos de miedo acerca de conspiraciones mediáticas y maniobras electorales en la oscuridad. Y hay que asumir los errores, pero no en abstracto. Hay que nombrarlos, por mucho que le moleste al falsamente incólume líder saliente, y analizarlos en detalle, autocríticamente, para no repetirlos.
Hay que cambiar porque esto es una democracia, no un cortijo; porque la política practicada ha crispado imprudentemente la vida política española; porque se ha estado a punto de resucitar el anacrónico y destructivo fantasma de las dos Españas; porque hay que gobernar, o ser la leal oposición -insisto: leal- para todos los españoles y ello implica necesariamente respeto y diálogo con todas las opciones.
El cambio, en fin, también debe llegar hasta los sótanos más profundos y secretos del Partido Popular. Ventilar la casa es una medida mínima de higiene en todo domicilio, pero muy especialmente tras un descenso nada accidental a los infiernos.
Sólo los estúpidos son capaces de mantener invariable el rumbo que les condujo al naufragio.
15 marzo, 2004
Defensa del voto útil
Ciertamente ha sido el terrible ataque terrorista del 11-M el detonante de la reacción contra el PP, pero el Gobierno felizmente saliente, con su estúpida intoxicación acerca de la autoría del mismo, ha multiplicado los efectos destructivos del horror sobre sus propios intereses electorales al evidenciar hasta qué punto la mentira forma parte inalienable de su forma de entender la política. A cada minuto que pasaba con el ministro del Interior empecinado en dar prioridad a la hipótesis insostenible de que los atentados eran obra de ETA el voto útil crecía por decenas de millares, un sufragio de castigo nacido de la repugnancia a un estilo de gobernar que lleva implícito el desprecio a la ciudadanía hasta un punto inédito en la democracia española, hasta un nivel netamente antidemocrático.
Los nichos del abstencionismo de izquierdas, parte del voto hasta ahora inasequiblemente fiel a Izquierda Unida y un electorado joven, motivado probablemente más por razones morales que políticas, se movilizaron con un sólo objetivo: desalojar al Partido Popular del poder. En definitiva, fueron muchos los que tuvieron que hacer de tripas corazón, los que se hicieron una nada gratuita violencia con el fin de lograr un aire más respirable para todos.
Quienes ahora, como consecuencia, disfrutan un país teóricamente más habitable y abierto y, desde una supuesta coherencia con sus convicciones izquierdistas, critican la presunta falta de ética del voto útil, cuyos beneficios paradójicamente celebran, no son, contra lo que pretenden, una referencia moral ni ideológica para nadie. El propio Llamazares ha comprendido perfectamente y asumido sin rencor alguno su "dulce derrota" y hace una interpretación correcta al traducirla como una victoria porque Izquierda Unida ha sido un eficaz movilizador de las conciencias y un insobornable y enérgico denunciador de la política del Gobierno. Bastante más que el PSOE, por cierto, a cuya victoria ha contribuido de modo decisivo.
La "gauche divine", el diletantismo irredento, los cultivadores de la nostalgia de un sectarismo marxista en su día mucho más concentrado en el cumplimiento de consignas que en la reflexión ideológica (con trágicas y deprimentes consecuencias en muchos casos) harían mejor esforzándose en defender una profundización de la democracia, si realmente les preocupa ésta y la coherencia del voto, (la imprescindible reforma de una Ley Electoral antidemocrática, por ejemplo) que en criticar a quienes, conscientes de las deficiencias de la democracia formal, reaccionan periódicamente ante sus peores consecuencias para favorecer el bien común al margen de todo dogmatismo y utilizando de modo posibilista y resignado los exiguos resquicios que el sistema permite.
Eso es coherencia profunda, con sacrificio consciente y generoso de una parte de las propias convicciones y con conciencia cabal y responsable de la realidad en la que se vive. Lo otro es folklore ideológico o ideología folklórica, demagogia barata y pretenciosa, vacuo y vano panfleto y, en algunos casos -los más lamentables-, consciente hipocresía.
13 marzo, 2004
¡ETA o Al Qaeda?
Lo peor para poder fundamentar esta convicción interna, al menos durante buena parte de la jornada de autos, era que, según el vehemente ministro del Interior, la autoría de ETA era la única verosímil. Poco importaba que Otegui, secundado por Permach y Barrena (o sea, Batasuna; o sea -según Garzón-, ETA) hubiera rechazado contundentemente la acción terrorista y asegurado que ni siquiera como hipótesis se podía plantear que fuera obra de la organización terrorista vasca.
La insistencia de Acebes me desazonó profundamente. Y no porque para mi fuera un problema asumir un salto cualitativo suicida en los planteamientos tácticos de ETA. Quienes me conocen saben de mi profunda repugnancia hacia esa banda y que nada me alegraría más que su suicidio y la definitiva desaparición de su estrategia distorsionadora de la realidad política.
Lo que me preocupaba de la hipótesis ETA –que insisto en descartar- era lo que los atentados del jueves pasado tienen en común con el exceso de los “años de plomo” (70 y 80) en Italia. Concretamente, recordé la masacre de la estación de Bolonia. Allí, en la sala de espera de segunda clase, el 2 de agosto de 1980, un explosivo aparentemente colocado por un oscuro grupo neofascista, los Núcleos Armados Revolucionarios (NAR), causó 85 muertos y 200 heridos. Dos personas fueron juzgadas y condenadas por ese y otros hechos y, aunque admitieron ser autores de diversas acciones armadas, ambos negaron su participación en el bestial atentado, que a estas alturas sigue siendo un misterio.
Tampoco fueron nunca aclarados los cómos y porqués del secuestro y asesinato de Aldo Moro, líder democristiano partidario de suscribir un pacto de Gobierno con el PCI, uniendo de este modo las dos principales fuerzas políticas italianas de la época para superar la crisis permanente de su sistema político, en el que los gobiernos se formaban y se rompían en cuestión de días en medio de una grave crisis económica.
En aquellos tiempos se sospechaba, pero ahora se sabe, que tanto las tramas terroristas negras como las rojas estaban infiltradas y eran manipuladas por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, en connivencia con los italianos, y que el objetivo, en primera instancia, era impedir el acceso al gobierno de los comunistas, que en 1976 habían alcanzado nada menos que un 35 por 100 de los votos. También se supo más tarde de la red Gladio, de la logia Propaganda 2, de las conexiones entre mafia-partidos-Vaticano... Y así se ha llegado a Berlusconia.
Como nadie ignora, los rumores acerca de la infiltración de ETA han venido proliferando en los últimos tiempos, en la misma medida que lo han hecho sus aparentes muestras de ineficacia e incompetencia. Se cree incluso que la regeneración de los cuadros de la banda que se habría realizado durante la tregua estaba motivada -como la tregua misma- por las sospechas que la organización tenía de estar seriamente infiltrada. Y probablemente incurrieron en un error aún más grande al renovar sus comandos y su supuesta gente de confianza con elementos provenientes de la “kale borroka”, que en su propio carácter irregular, espontaneista y semifestivo constituía una ocasión “de libro” para penetrarla.
Si ETA fuera la autora de la masacre de Madrid podría resultar verosímil no sólo que está infiltrada, sino que lo está hasta el nivel de su dirección y que algún poder oscuro trata de instrumentalizarla para evitar que España sea gobernada por una amalgama de izquierda y nacionalistas, con inclusión de los “comunistas” de IU (que no todos los son, como saben incluso Aznar y Rajoy, aunque gusten de decir lo contrario) con la consecuencia, a nivel internacional, de la ruptura del “lazo amoroso” con Estados Unidos que ha tejido nuestro, hasta mañana, “gran timonel”.
Pero es el caso que la estrategia de la tensión hace tiempo que concluyó, incluso en Italia; la amenaza comunista se ha esfumado y un Gobierno español resultante de la alianza entre la izquierda y los nacionalistas no supone riesgo alguno para ningún sagrado interés político, económico o estratégico porque si lo supusiera se rompería sin tardar mucho. Por lo tanto, la hipótesis de que ETA esté siendo instrumentalizada o la de que haya cambiado radicalmente de táctica con desconocimiento de su brazo político (Batasuna) me parece totalmente descabellada. Tanto o más absurda que la que cierto “prestigioso analista” ha difundido desde “Il corriere della sera” acerca de la colaboración entre ETA y Al Qaeda, originada supuestamente a partir de la excursión revolucionaria que 80 (¡) brigadistas etarras habrían realizado al Irak invadido, donde habrían participado en el asesinato de los agentes del CNI. ¿Analista o novelista?
¿Por qué, sin embargo, es verosímil que los atentados sean obra del fundamentalismo islámico?
- Porque España ha sido directa y especialmente amenazada a causa de la protagonística participación que Aznar tuvo en la decisión de invadir Irak.
- Porque ya sufrió un significativo ataque el año pasado en Casablanca, donde la Casa de España sufrió el más virulento de los atentados simultáneos realizados en la ciudad marroquí, que causaron 45 muertos, cuatro de ellos españoles.
- Porque la forma coordinada y sincronizada de los atentados es un sello distintivo de las operaciones del conglomerado Al Qaeda. Así actuó en Nueva York, en Arabia Saudí, en Turquía, en Casablanca y en... Madrid.
- Porque un grupo islámico ha asumido la autoría y ETA la ha rechazado, pese a las interesadas reticencias que se quieran poner a ambos hechos.
- Porque el explosivo utilizado (goma dos) fue abandonado hace una década por ETA y la preparación de las bombas no tiene ninguna similitud con lo usual en la banda.
- Porque la indiferencia del terrorismo islámico al carácter de las víctimas o a los posibles daños colaterales de sus acciones es legendaria.
- Porque ya ha sido documentado que Al Qaeda considera España como una base bastante segura, en la que Mohamed Atta realizó importantes contactos inmediatamente previos al secuestro de los cuatro aviones de pasajeros que protagonizaron la aciaga jornada del 11-S.
Ante todo esto, ¿por qué el Gobierno sigue dando prioridad a la hipótesis ETA? Todos lo sabemos. Se trata de llegar a la jornada electoral con la teoría que favorece sus intereses electorales. La otra, en cambio, los perjudicaría seriamente porque para todos está claro que no seríamos objetivo del terrorismo islámico si el Gobierno del PP no hubiera tomado injustificables decisiones unilaterales, basadas además en mentiras, con desprecio del Parlamento y de la ciudadanía.
Esta es su última indecencia. Esperemos que lo sea. Debería serlo.
26 febrero, 2004
Sir Katharine Teresa Gun
Se llama Katharine, como la añorada Hepburn, que también tenía lo que hay que tener. De segundo, Teresa, como la santa iluminada de Ávila. Y se apellida Gun, que en inglés significa arma de fuego en general, desde revólver a cañón. Definitivamente lo suyo fue un cañonazo, una sonora y demoledora detonación contra la indecencia desde la dignidad y coherencia de Katharine, desde el riesgo utópico de Teresa.Katharine Teresa Gun, de 29 años, pertenecía a los servicios de inteligencia británicos gracias a su singular especialización en el idioma chino mandarín. Un día cayó en sus manos un memorándum en el que los servicios de inteligencia estadounidenses pedían a sus primos británicos (la colaboración entre ambas cloacas es tradicional) su ayuda para espiar a varias delegaciones de países con presencia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ni corta ni perezosa y mucho menos cobarde, pues era conocedora de los riesgos implícitos en su gesto, Katharine remitió dicha información a la publicación The Observer, que la difundió con el rango que merecía.
Chile, Bulgaria, Camerún, Angola, Guinea y Pakistán eran algunas de las delegaciones a espiar, pero al menos otra más, México, fue objeto de la atención de los servicios de inteligencia, pues este país denunció en su día, junto a Chile, que sus representantes en la ONU habían sido objeto de escuchas.
En aquellos días Estados Unidos y Gran Bretaña tenían mucha prisa por desatar el ataque contra Irak, mientras los referidos países negociaban un consenso para prolongar la presencia en el país de los inspectores de armamento que buscaban las inexistentes armas de destrucción masiva que fueron el pretexto oficial para la invasión. De ahí su interés en conocer, por medios ilícitos, lo que se traían entre manos y neutralizarles, cosa que, por cierto, consiguieron. Los inspectores abandonaron Irak y la guerra, hasta entonces sólo probable, se hizo realidad.
Katharine no es una espía china o iraquí infiltrada en los servicios de escuchas y traducción de la inteligencia británica. Es nada más (y nada menos) una mujer con principios, consciente de la gravedad de su casual descubrimiento, que quiso, según sus propias palabras, "evitar las muertes y los daños a la población civil iraquí y a las fuerzas militares británicas en una guerra ilegal".
Como consecuencia, aparte de perder su empleo, durante un largo año de zozobra ha afrontado el peligro de verse condenada a dos años de prisión por vulnerar la ley británica de secretos oficiales. Afortunadamente, en este año se ha puesto de manifiesto más allá de toda duda la extraordinaria magnitud de las mentiras tejidas por los invasores de Irak para justificar previamente su acción y darle cobertura legal. Tras el "caso Kelly", Blair y su Gobierno no soportan ni una mota más de mierda sobre sus cabezas y decidieron echarse atrás en el proceso que debía haberse iniciado ayer.
Hay que alegrarse por Katharine, que ha salido indemne tras su 'imperdonable pecado' de revelar la verdad, pero hay que lamentar que sistemas presuntamente democráticos no hagan pagar a sus líderes por engañar a sus pueblos y sacrificar las vidas de sus ciudadanos. Que Blair y Bush sigan en el poder demuestra hasta qué punto la democracia está enferma y los ciudadanos, anestesiados.
Katharine Teresa Gun, con su valiente actuación en coherencia con sus principios morales y cívicos y con un concepto exigente del bien común, es una excepción tan alentadora como necesaria. Si la Corona británica fuera algo más que un decadente carnaval le concedería el título de sir, que regala a cualquier cantamañanas por el mero hecho de aportar divisas. Sus servicios a la verdad y por ende a la democracia deberían tener un premio.
20 febrero, 2004
El Muro de la Vergüenza II
De la diáspora al retorno; de la humillación a la arrogancia; de víctima a verdugo; de Auschwitz, Mathausen, Buchenwald a Sabra, Shatila, Jenin; del ghetto judío al ghetto palestino; del muro de las lamentaciones al muro de la vergüenza; de la compasión mundial a la indignación casi universal. Israel se queja farisáicamente del resurgimiento del antisemitismo en el mundo, confundiendo, de modo tan cínico como deliberado, el rechazo a su política de persecución y "apartheid" respecto al pueblo palestino con el odio racista a los judíos de cualquier nacionalidad y convicción, que, aunque subsiste en muchos lugares, tiene una incidencia demográfica casi anecdótica.Ayer, Ariel Sharon, que, además de ser un probado racista sanguinario, también parece ser un político corrompido y nepotista, explicó al amigo americano sus planes para la "desconexión" (vergonzante eufemismo) de los palestinos. Es bien sabido que, desde su nacimiento, Israel no da explicaciones más que al gran Goliat occidental y todo indica que tal subordinación no es más que un cómplice cruce de secretas señales entre tahures, concertados para burlar las reglas que la comunidad internacional viene tratando de imponer frente a los abusos del falso David de Oriente próximo.
Sharon jura y perjura -ayer también lo hizo- que está dispuesto a cumplir con lo previsto en la llamada "hoja de ruta", pero cuando se rememora la arrogante sucesión de incumplimientos de las resoluciones de la ONU que los gobiernos israelíes han perpetrado impunemente no cabe alimentar muchas esperanzas al respecto. Y aún caben menos cuando se contempla el ignominioso muro tras el cual se pretende encerrar a los palestinos.
Una imagen vale más que mil palabras y, además, Sharon apenas deja abierta alguna posibilidad de llegar a un acuerdo con Abu Ala. La "propuesta" de Sharon se expresa en términos de "estas son lentejas". Por ellas (las lentejas) Esaú vendió a Jacob la primogenitura, dice la biblia, pero no va a ser el caso.
También dice el libro que las trompetas de Josué derribaron las murallas de Jericó, pero es evidente que no ha nacido aún un sucesor de Moisés con los poderes necesarios para derribar el muro de la vergüenza con el que el Gobierno de Israel vulnera impúdicamente los derechos humanos y afrenta a la comunidad internacional.
18 febrero, 2004
ETA vota PP
Comentario: Véase el título de esta breve "Espiral".
Prospectiva: Seguiremos yendo de culo y contra el viento, de la mano de la dinámica del cerrilismo totalitario, de la demagogia y del oportunismo político más ramplón.
Breve expansión emocional: ¡Qué asco!
Intento de justificación personal: Abordar la tarea de escribir un comentario con presunción de objetividad sobre un asunto tan indecente como este probablemente me convertiría en cómplice de la propia indecencia y perversión política que intentaría denunciar. Afortunadamente nadie me paga (y por lo tanto nadie puede exigirme nada) por lo que escribo aquí, lo que me deja en libertad para invitar al lector a que haga su propio análisis, sopesando los antecedentes que posée (si no los tiene no sé qué hace aquí), y a que obre en consecuencia.
12 febrero, 2004
Panegírico de Julio Cortázar
Es reconfortante constatar que Julio Cortázar sigue vivo y que lo está especialmente en la memoria de otros grandes escritores vivos, como García Márquez, Vargas Llosa o Saramago, cuyo rendido tributo supera con mucho el valor de un premio Nobel que Cortázar nunca recibió y ni siquiera ambicionó. Es alentador también que, veinte años después de su muerte, su obra se reedite porque ello facilitará el acceso de nuevos lectores a la mágica galaxia, encerradora de mundos, que el escritor argentino diseñó con el mimo de un orfebre maniaco y superdotado.
Tal vez ahora el autor de Rayuela encuentre finalmente a sus lectores, si es que éstos pertenecen a un tiempo concreto y no son, como su propia obra, atemporales y, por tanto, en gran medida eternos.
En su extenso y magistral relato El Perseguidor, el personaje central, trasunto indisimulado del saxofonista de jazz Charlie Parker, se nos muestra, desconcertado y sobrepasado, afirmando durante una sesión de grabación: “Esto lo estoy tocando mañana”. Del mismo modo, todo el complejo y sutil mundo cortazariano parece escrito en algún momento de un impreciso futuro, o al menos en una situación espacio/tiempo virtual, paralela al presente real, sobre el cual, sin embargo, proyecta luminosas ventanas, abiertas para quien quiera y pueda ver.
Cortázar no admite comparación con ningún otro escritor conocido. El modo en que su inquisitiva mirada indaga la realidad; en que su mente la analiza y su sensibilidad la experimenta es único. Y única asimismo es la manera en que escribe desde el más mínimo relato hasta su novela más extensa. Si el estilo es el hombre, como quieren Ortega y Gasset (quietos, que es broma), no hay duda de que, en este caso, el hombre que está detrás de su escritura no cabe en ningún apartado preexistente para la clasificación convencional de escritores.
En la literatura hay un antes y un después de Julio Cortázar. Él extendió los límites de lo describible al explorar y descubrir territorios vírgenes en lo real y aplicar a la narración de lo universal y de lo cotidiano precisamente el único lenguaje capaz de traducir dimensiones antes inefables. El finis terrae de la narrativa está mucho más allá después de Cortázar.
No es un escritor menor, contra lo que muchos afirman; no es sólo un singular y habilidoso creador de relatos entre lo metafórico y lo real, cualidad con la que tantos lo limitan. Rayuela o Libro de Manuel son monumentos literarios, cumbres altísimas del arte mayor de la narrativa: la novela. Sus páginas siguen siempre a la espera del lector-macho (como Cortázar decía en tiempos menos paranoicos con la corrección política) que aborden la lectura como un acto creativo, como una aventura acaso laboriosa pero iluminadora.
El hombre que escribió su obra mañana precisa de lectores abiertos a la experiencia de jugar mentalmente a la rayuela y descubrir así los mundos ocultos que encierran los falsamente tranquilizadores mundos conocidos.
Esto no es sólo un panegírico. Es también una invitación a la lectura o relectura de un escritor genial, un hombre que creyó en la revolución y la puso en práctica, al menos en el terreno literario, lo cual es mucho más de lo que se puede decir de cualquiera con quien se le pretenda comparar.
05 febrero, 2004
Menú del día
Queda demostrado. Cuando el circo alcanza dimensiones desproporcionadas y las mentiras se disparan de tamaño hasta no caber bajo la carpa, también los enanos crecen y el espectáculo se arruina. Para muestra, unos cuantos botones en forma de carta de restaurante de carretera porque ésta es una "road movie" de las buenas:
- Primer plato: Según el británico Brian Jones, que tiene nombre de suicida (el del guitarrista original de los Rolling Stones) y era el jefe del presunto suicida Kelly, el informe de septiembre de 2002 que aseguraba que Irak tenía capacidad para lanzar un ataque demoledor en apenas 45 minutos "daba una idea engañosa" y "no tuvo en cuenta a los expertos de inteligencia". Si Tony Blair no quería caldo, aquí tiene taza y media. ¡Marchando!
- Segundo plato: La CIA niega hoy terminantemente haber informado en algún momento al Gobierno Bush de que Irak supusiera "una amenaza inminente", argumento definitivo del "equipo del crimen" para desencadenar la invasión, previa campaña de intoxicación "urbi et orbe". Lo siento, Jorgito (es un decir) pero John Kerry avanza a pasos agigantados hacia la Casa Blanca. Vete haciendo las maletas y no te dejes ni una sóla mentira en el despacho oval, que todo se pega.
- Postre: La señora Blair, de nombre Cherie (que en francés significa querida), se despacha en una biografía sobre su marido de próxima aparición con unas declaraciones sabrosísimas (muy propias para el postre) sobre el actual inquilino de la Casa Blanca y su "santa". Dice Cherie que Bush es un presidente ilegítimo, que "robó el cargo a Al Gore" y que atenta contra los derechos humanos con su conocida debilidad por la pena de muerte. En cuanto a la señora de Jorgito, le merece la calificación de "obtusa, cerrada y demasiado conservadora". Cheríe, je t'aime. Lo que me pregunto es qué haces con el julandrón de Tony, que, aparentemente, sólo se diferencia de su socio en su notoria labia y, por supuesto, en el coeficiente intelectual. Si algún día te divorcias, esperemos que nos relates qué tal dormía tu actual "costilla" en esta azarosa temporada en que anda todo el día con el culo al aire y la sonrisa en los labios.
- Carajillo y habano: El ínclito Aznar, en su gira de "pop star" al servicio de los valores e intereses del Occidente judeocristiano, atracó ayer en Bruselas tras su triunfal actuación en Washington (¿La asistencia al acto de una quinta parte de los parlamentarios estadounidenses es un éxito de público?, me pregunto) y largó cuarto y mitad de lo mismo que en la capital del imperio a sus sufridos colegas del PPE.
Sólo algunos intelectuales orgánicos de los viejos tiempos le sacaban tanto partido a la misma conferencia en sus giras por ateneos y chiringuitos "culturales" de Celtiberia. La verdad es que hay que valer. Y, como reza un dicho seguramente grato al presidente saliente, vale quien sirve. A quién se sirve es otro cantar.
04 febrero, 2004
Vergüenza ajena
Claro que para ponerse enfermo antes hay que estar sano...
Ayer mismo transcendía que Aznar ha enviado una carta a Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea (supuestamente el Gobierno de la UE) proponiendo la creación de una comisión mixta UE-EEUU destinada a levantar las barreras proteccionistas existentes entre ambos entes. A ello ha respondido la Comisión, con lógico desdén, que "no hace falta inventar la rueda" puesto que la UE ya cuenta con órganos dedicados a tan delicado fin.
Estados Unidos tiene mucha prisa por rentabilizar mediante un torrente de exportaciones la devaluación del dólar frente al euro y, aparentemente desconocedor de las antipatías que despierta en Bruselas "míster Ansar", le ha movilizado para que engrase el carro. Y nuestro hombre, que no se corta un pelo, se ha puesto a la tarea sin ningún escrúpulo ni rubor. Nadie debería sorprenderse si tuviera en cuenta los precedentes personales de nuestro "caudillito", pero todo encaja mucho mejor si se considera que el inmediato destino que parece haberse reservado a sí mismo a partir del 14 de marzo es el de "conseguidor" (disculpen el eufemismo) en el sustancioso eje político-comercial Washington-resto-del-mundo. Para ello ya ha situado como cabeza de puente a su yerno, el del apellido impronunciable y el inquietante parecido físico con Henry Kissinger. Sí, el de la alucinante boda en El Escorial.
El futuro duque de Aznar ha conseguido hacer buenos a sus predecesores en el cargo. Él, sin embargo, seguro que se cree un hombre providencial, destinado a ocupar un lugar destacado en la historia. Y en cualquier caso es preciso decir que lo que nosotros pensemos le trae absolutamente sin cuidado. Hasta ahí podríamos llegar...
Rectificación: Contra lo que afirmaba ayer, la comisión de investigación que Blair creará concluirá sus tareas antes de las elecciones. El primer ministro británico confía, sin duda, en llegar ante las urnas limpio de polvo y paja, lo cual, dada su trayectoria, es imposible, pero cuando uno tiene a buena parte de su propio partido en contra y es apoyado por la oposición en temas puntuales relevantes no es imposible que vuelva a ganar las elecciones sin tener que cambiar de partido.
03 febrero, 2004
Del hígado
Cicerón
Dos notas previas, relacionadas con lo tratado ayer, antes de pasar al tema de la libertad de información que quiero seguir tratando:
- Finalmente Aznar sí habló de las inexistentes ADM de Irak, pero lo hizo, una vez más, para dar por sentado, desde su Olimpo virtual, que la ciudadanía carece de memoria, entendimiento y voluntad. Hasta el último momento este tipo nos quiere hacer tontos a todos. Claro que pistas no le faltan para certificar la estupidez popular en muchos casos.
- Las comisiones de investigación (esas que nunca sacan nada en claro) que Blair y Bush han orquestado en sus predios particulares no concluirán -por si acaso- hasta después de las elecciones respectivas. Parece ser que ellos también comparten la idea de que la ciudadanía es imbécil. ¡Vaya trío de demócratas el de las Azores!
...Y, ahora que lo pienso, voy a dejar el tema de las libertades de información y expresión para mañana o cuando mejor cuadre a mi ánimo. La reflexión que conllevan las líneas escritas hasta ahora me ha puesto del hígado y como el médico me ha dicho que me cuide voy a seguir su consejo, no sea que me dé el vértigo, una apoplejía... o, lo que sería peor, un ataque de justificadísima ira y me pierda para siempre.
02 febrero, 2004
El corto viaje de la mentira
pero la verdad aconseja que es mejor
decir la verdad y después morir.
Proverbio yóruba
Greg Dyke, el director general de la BBC, dimitió, pero la renuncia, lejos de conllevar su autorreducción al silencio, le ha dejado las manos libres y la lengua suelta para poner en su sitio la realidad y quién sabe si no acabará también situando en su lugar descanso (fuera del poder) a Tony Blair.
Tal vez si el Consejo de la BBC no se hubiera mostrado tan inflexible con Dyke (órdenes son órdenes, supongo) a raíz de la difusión del peculiar "informe Hutton" las cosas serían diferentes. Dyke seguiría en su puesto, tratando de salvar los muebles de la BBC y contemporizando con el intransigente inquilino del 10 de Downing Street, y cada cual estaría ahora barajando sus cartas a la espera de mejor fortuna.
Pero no ha sido así y Dyke, que no se ha ido precisamente porque haya querido o porque admita haber cometido un grave error, se ha despachado denunciando presiones sistemáticas e incluso intimidación por parte del entorno del primer ministro y de éste mismo. El ex director general ha dado a conocer una carta que él remitió a Blair en relación con esas ingerencias pero ha silenciado el contenido de la que Blair le remitió a él, digamos que en términos algo impropios. Queda en la recámara.
Es significativo que hoy, después de que Bush asuma la conveniencia de que una comisión independiente (?) estudie el envenenado asunto de las armas de destrucción masiva (ADM en lo sucesivo) que nunca existieron, también Blair empiece a templar gaitas y admita que existen "dudas legítimas" sobre su existencia. Supongo que cuando ambos, de mutuo acuerdo, fabricaron la gran mentira que condujo al gran error de la guerra de Irak, padre putativo de todos los peligrosos errores que vendrán si no se rectifica ya, no imaginaban que llegase el infausto día en que la verdad les perseguiría hasta las cuerdas y amenazaría con noquearles y dejarles groggies de por vida.
Mientras tanto, el impertérrito Aznar, el tercero de la "conspiración de las Azores", no dice nada -al menos no ha dicho esta boca es mía hasta esta hora-, pese a que Rodríguez Zapatero le ha metido los dedos hasta la campanilla a la luz de la marcha atrás de sus colegas de farra. Pero es bien sabido que este buen hombre sólo responde ante su dios y sólo en el caso de que éste le "eche" una instancia. Él se considera por encima del bien y del mal. Además, como se va...
Lo cierto es que, sin la presión mediática, apoyada en este caso por el rechazo popular a una guerra cuya necesidad y conveniencia eran mucho más que dudosas desde el mismo momento en que se planteó, no habría llegado este día, en el que los bucaneros, aunque no se rinden, recogen velas para evitar que el viento de la verdad se transforme en huracán y les conduzca al naufragio.
Blair admite que hay dudas legítimas y yo diría que las dudas, fundadas o no, siempre lo son, pero ¿se puede atribuir alguna legitimidad a las mentiras? En absoluto. Quien desde el poder miente al pueblo que le otorgó su confianza no merece ni regresar a su nivel. Quien además, como en el caso lamentable de la BBC, pretende ilegítimamente silenciar a quienes intentan dilucidar la verdad o lleva al suicidio (en el mejor de los casos) a quien la pronunció merecería un castigo mucho mayor, de dimensiones clásicas, como tomar cicuta o cortarse las venas en la bañera. Sin embargo, seguramente quedará sin un castigo suficiente (hay precedentes), salvo que se lo inflija su propia conciencia.
Si la hubiere.
31 enero, 2004
"... Y sé todos los cuentos"
Pero me han dormido con todos los cuentos...
Y sé todos los cuentos.
LEÓN FELIPE
Decíamos ayer... Pero hoy se puede ver mucho más claro que una cosa es vencer y otra muy diferente (y mucho más difícil y necesaria) es convencer. El elocuente vendemotos y trapisondista Tony Blair -con la generosa ayuda del juez Hutton- es el vencedor oficial en el "caso Kelly", pero los sondeos revelan que la población británica alberga severas dudas sobre su inocencia y honestidad. Así pues, la suya ha sido una victoria pírrica e incluso ridícula.
Las verdades oficiales no son nunca la verdad sobre las cosas a las que se refieren. Eso la gente, aunque no pueda afirmarlo y mucho menos demostrarlo, lo intuye. Por eso busca iluminación y contraste en los medios informativos, ¿pero qué ocurre cuando los medios se transforman en meros transmisores de las "verdades" oficiales (concepto en el que incluyo toda mentira, manipulación o intoxicación que cualquier poder, no necesariamente político, pretenda imponer como verdad incuestionable)? Que antes o después cae en el descrédito y cosecha el efecto contrario al pretendido.
Lamentablemente, ese descrédito no es sólo un daño que reciban los medios que se han hecho acreedores a él, sino que también hay que apuntarlo en el déficit de la democracia, en el capítulo de pérdidas de la sociedad. Se trata, pura y simplemente, de una mutilación esencial, una desgracia colectiva. Algún teórico de patio de vecindad gusta de decir que a la gente no le interesa conocer la verdad, sino que le digan aquello que coincide con sus prejuicios e intereses y que entre esos intereses prima el de pasarlo bien, sentirse a gusto, evadirse. ¿Por qué abrumarle con realidades que le sobrepasan?
Prejuzgar la postura y los intereses de la gente, considerada como un todo orgánico, es típicamente fascista, como lo es lo que se deduce de ese axioma con aromas aristocratizantes que gusta de ver a los pueblos como máquinas sin conciencia ni objetivos, porque esa es la premisa a partir de la cual se les instrumenta al servicio de cualquier aberración que decida el instrumentador y que generalmente es ajena en absoluto -cuando no contraria- a los intereses del "instrumento".
También es característico de la perversión fascista de la lógica confundir las consecuencias con sus causas. Que las masas estén alienadas no es nunca la consecuencia de una elección personal de cada individuo ni de un irreversible condicionamento genético. La indiferencia y el hedonismo no forman parte de la naturaleza intrínseca de los pueblos. Por el contrario, ese síndrome es consecuencia de una realidad nada casual en la que la gente se siente ajena al destino de la sociedad, de cuya gestión ha sido marginada y de cuyas realidades se sabe desinformada.
La experiencia de España, devuelta a la democracia hace 25 años tras 40 de secuestro dictatorial, es reveladora al respecto. Entre los años 75 y 84 la gente, en su mayoría, leía ansiosamente cada información que circulaba y la debatía con su familia, con sus amigos, con sus compañeros de trabajo. Se hablaba de política y de problemas sociales. La tirada de diarios y revistas creció notablemente. Los debates políticos en la televisión o las retransmisiones de los plenos del Congreso batían récords de audiencia. ¿Que ha pasado para que aquél pueblo apasionado y políticamente activo se haya convertido en apático, escéptico y, aparentemente, se interese sólo en consumir y divertirse?
Muy simple. Se le ha defraudado. Y el fraude no procede únicamente de la órbita política, judicial o laboral, sino también de la informativa. Cuando el llamado "cuarto poder" se transforma en una excrecencia servil de los poderes políticos y económicos desaparece la última esperanza. Y eso es lo que ha sucedido. Antes, por supuesto, ya había ocurrido en todos los países democráticos occidentales, a los que cada vez nos parecemos más, especialmente en sus lacras y defectos. Hay tarados que venden esa coincidencia como un éxito y lo peor es que hay quien les cree.
Volviendo al tema de la BBC, para concluir por hoy, es preciso subrayar, además de la victoria-derrota de Blair, la digna reacción de los trabajadores de la cadena pública británica, conscientes de que el golpe recibido quizás sólo sea el preludio de males mayores. Miles de trabajadores, que ya habían protagonizado varias manifestaciones de protesta, han publicado hoy un anuncio en el Dayly Telegraph en defensa del dimisionario director general, Greg Dyke. En él aseguran que mantienen la filosofía de éste y que lucharán por una BBC "que sirva a los ciudadanos por encima de todo".
He ahí la madre del cordero.
30 enero, 2004
La cabeza del mensajero
El juez Hutton, por supuesto, no entra en el fondo de la cuestión. Hacerlo tal vez hubiera equivalido a excederse en sus competencias, pero al abstenerse de considerar el contexto ha concluido lo previsible: en la medida en que no hay pruebas y el testigo de cargo se suicidó (o eso parece) fue una acusación irresponsable la que difundió la BBC afirmando que el Gobierno británico exageró deliberadamente su informe sobre la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de la preguerra y de su supuesta capacidad para desatar un ataque en muy poco tiempo. Consecuentemente, Hutton, tal vez temeroso de no ser suficientemente claro o leal, arremete contra la BBC, empresa estatal de información con un estatuto de autonomía hasta ahora ejemplar, y una trayectoria de servicio a la sociedad envidiable.
Y es de temer que las consecuencias de tan "ejemplarizante" contundencia no se van a limitar a las dimisiones ya conocidas de los más altos responsables de la BBC. Lo que se deduce del singular informe, que no parece cumplir otra función que la de exculpar a Blair y a sus fontaneros y ofrecer un chivo expiatorio alternativo, es que los medios informativos sólo deben difundir verdades absolutas, realidades escrupulosamente contrastadas y contrastables; que las fuentes no pueden ser secretas y que es mejor pensarselo setenta veces siete antes de difundir algo que perjudique al poder y sus intereses.
¿En qué lugar deja eso a los medios informativos en relación con el poder? En el de simples
gacetilleros, serviles transcriptores de ruedas de prensa y notas informativas, lacayos
descerebrados, extensiones acríticas de las manipulaciones y sesgos de la fuente que
proyecta toda la luz con ausencia total de sombras.
¿Quien necesita una información que sólo sirve a quien está en su origen? Estamos ante la antítesis del periodismo, o sea de la libertad de información y del derecho a ser informado libremente. Y por lo tanto nos hallamos ante algo mucho más grave de lo que parece a primera vista: un atentado nada anecdótico contra la democracia, ya que ésta es inconcebible sin las libertades necesariamente complementarias de información y expresión.
Dada la cantidad de tela que hay que cortar en este transcendental asunto de la libertad de información y, por ende, de expresión y puesto que llevo mucho tiempo planteándome afrontarlo a fondo, sirva este artículo como breve introducción. Continuará.
28 enero, 2004
Lasciate ogni speranza...
La crisis de la Generalitat, más allá de evidenciar el inquietante narcisismo de su principal protagonista, Carod-Rovira, ha arrojado nueva e inequívoca luz sobre la falta de liderazgo en el PSOE. A Rodríguez Zapatero -como diría mi madre- le falta un hervor. Y a estas alturas de la historia todo indica que esa no es una situación provisional, sino definitiva. Sencillamente, no está a la altura, no da la talla.
El secretario general del PSOE ha perdido totalmente los papeles en esta crisis. Dejar por la mañana la pelota en el tejado de Maragall para intentar rematarla de un "firme" punterazo apenas caída la noche es una prueba irrefutable de su falta de capacidad política, de su ausencia de criterio e incluso de carácter. Su entorno inmediato, por otra parte, sufre del mismo mal. El triunvirato formado por Zapatero, Jesús Caldera y José Blanco me hace evocar la dirección de alguna institución religioso-pedagógica de los oscuros primeros 60. El superior, el prefecto y el ecónomo: un trío de meapilas con una tarea que les supera ampliamente a la menor prueba.
Eso explica por qué se ha vuelto crecientemente decisivo el papel de los "barones" (alguno de ellos, camino de la eternidad en el poder y, en consecuencia, con un encallecido conservadurismo de fondo que poco tiene que envidiar al de sus oponentes conservadores) así como el influjo de una serie de "notables" heterogéneos que no saben muy bien qué se espera de ellos. La consecuencia de esta situación es la "estrategia del bandazo", la incoherencia y, en definitiva, la confusión; la suya y la del electorado. Pese a todo, el Gobierno y su partido no parecen tener muy clara la victoria en el 14 de marzo, o bien necesitan que su mayoría absoluta sea arrolladora para seguir con su monólogo autista y autoritario.
Parece claro que la revelación de los contactos entre ese chisgarabís llamado Carod-Rovira y la dirección de ETA no es un "scoop" periodístico forjado a base de paciente investigación por la aguerrida plantilla de ABC, sino un regalo del CNI que no puede haber sido hecho por algún "Mortadelo" insignificante de la 'Casa', si no ordenado desde las alturas del Estado y del Gobierno. El objetivo no puede ser más claro: dinamitar el pacto de Gobierno en Cataluña y, last but not least, volar en pedazos la renqueante sala de máquinas del PSOE. ¿Son éstos objetivos legítimos de unos servicios de inteligencia que se supone que sirven a la seguridad del Estado -o sea de todos- y no al éxito de un partido o un Gobierno? Digan conmigo NO.
Si realmente, como se está contando, el CNI llegó a grabar el encuentro de Carod-Rovira con Josu Ternera y Mikel Antza está claro que pudo detener a ambos, reclamados por la Justicia. ¿Por qué no lo hizo? Si hubo órdenes de no actuar, la tesis de quienes afirman que el PP está interesado en mantener viva la amenaza de ETA porque le beneficia políticamente estaría confirmada. Y si se pudiera demostrar -que no se puede, me temo-, al PP le quedarían muy pocos telediarios en el poder.
Otra posibilidad bastante verosímil es que el CNI haya infiltrado a ETA hasta un nivel notablemente elevado de su hoy frágil estructura. La "kale borroka", con sus jovenzuelos destrozando alegremente -la litrona en una mano y el cóctel molotov en la otra-, fue una ocasión "de libro" para hacerlo y no creo que se haya despreciado. Eso explicaría la rápida identificación y caída de los reducidos comandos que han intentado operar en los últimos años. ¿Pero no se pone en peligro la identidad del "topo" filtrando una información tan delicada como la que glosamos? Por supuesto que sí. Y sería una irresponsabilidad criminal.
"Lasciate ogni speranza" ("abandonad toda esperanza") rezaba sobre las puertas del infierno que describió Dante Alighieri. Pues eso, ahí estamos. Y encima, para aumentar la confusión, aparecen falsos mesías.
27 enero, 2004
De mesías a tonto ecuménico
Todo indica que Josep Lluis Carod-Rovira pertenece a esta especie (Aznar también, pero no es el caso de hablar de este personaje "providencial" que, afortunadamente, tiene la virtud -quizás la única- de cumplir su palabra y se va, aunque es de temer que no lo suficientemente lejos). El líder de Esquerra Republicana de Catalunya, que dice haber pesado decisivamente en su día para que Terra Lliure abandonase las armas, parecía pretender lo mismo de ETA, decidido a pasar a la historia como el "mesías" que trajo la paz.
Él ha dicho que su propuesta de tregua no se limitaba sólo a Cataluña, pero dado el clima que se ha creado tras la revelación hecha por ABC, diario en el que alguien parece mantener excelentes relaciones con los servicios de inteligencia, nadie quiere creerselo. También se ha dicho que la entrevista estaba solicitada desde bastante tiempo antes y que ETA aceptó el encuentro sólo cuando Carod-Rovira alcanzó la alta posición de "conseller en cap" de la Generalitat. Obviamente, si el "mesías" catalán no fuera el patético vanidoso que es, su ahora discutible inteligencia le hubiera hecho responder a la invitación con la frasecita que gusta de soltar el otro "mesías", el mesetario: "Ahora no toca".
Y no se trata de que no se pueda o deba dialogar con ETA, y menos con tan constructivos
propósitos, sino de que hacerlo en el momento en que lo hizo el consejero jefe, sin comunicarselo al presidente de la Generalitat y pretendiendo, con esquizofrénico desparpajo, que participó en la reunión como representante de ERC y no del gobierno catalán no sólo es una venial deslealtad, sino una mortal estupidez.
No podía ni debía ignorar Carod-Rovira todo lo que llovía desde el partido del Gobierno, en
un país que llevaba meses en una feroz campaña electoral no declarada, contra el pacto
"antiespañol" del PSC en Cataluña. El "gol de oro" que este tonto ecuménico ha servido al
enemigo de su amigo y a su propio enemigo mediante su reunión con los terroristas le
cualifica más que sobradamente para desaparecer del Gobierno de Cataluña.
No por loco, no por desleal. Simplemente por idiota.
Mañana más porque hay mucho más que hablar: la torpeza insuperable de Zapatero (que no tiene nada de mesías pero sí de vergonzante catecúmeno), la infiltración de ETA y el papel de los servicios de inteligencia en la campaña electoral, la herencia endemoniada de Aznar... En fin, que, como dijo aquél, volveré. Ya sé que algunos no se lo creen y no les faltan motivos para ello. Otro día hablaré de mis afanes y penitencias.
15 diciembre, 2003
Sadam, exhumado
Y esa es la cuestión, quién es el vencedor. Es de victoria de lo que se ha hablado con tan fausto motivo. De victoria de la democracia, de victoria del pueblo iraquí, de victoria contra el terrorismo...
Pero en las propias circunstancias de la captura del tirano hay elementos más que suficientes para minimizar la polifacética victoria que se nos vende. El Sadam que las "victoriosas" tropas estadounidenses han capturado es un ser patético, exhausto y desconcertado, que ni siquiera tuvo los lúcidos reflejos necesarios para pegarse un tiro. Nada en su entorno indica que el enterrado en vida que los "vencedores" han exhumado sea el líder de la resistencia, salvo que emplease la telepatía en sus tareas gestoras.
Sadam Hussein no era en estos momentos otra cosa que un superviviente a su propio desastre, seguramente aferrado a la esperanza de que la resistencia a la ocupación le devolviera un día al poder. En su mansa entrega probablemente también ha pesado la ilusa esperanza de tener un juicio justo y poder explicarse ante la historia. Es un hombre que no acaba de comprender su destino, que no creyó que su país fuera a ser invadido so pretexto de la posesión de unas armas de destrucción masiva inexistentes y mucho menos por el afán filantrópico de instaurar una democracia o defender los derechos humanos, que le consta que no son una prioridad de los invasores.
Tal vez confía en poder explicar cómo hizo la guerra a Irán por cuenta de los Estados Unidos o cómo, en su momento, la embajadora norteamericana (Ver en Archivos) le dejó entender sibilinamente que su país no haría nada si ocupaba Kuwait, en cumplimiento de una tradicional reivindicación territorial.
Pobre iluso. Quizás nadie le haya hablado de los secuestrados de Guantánamo, fuera de la jurisdicción de cualquier tribunal y al margen de cualquier ley conocida. Quizás también desconozca la negativa airada de EE UU a aceptar la vigencia del Tribunal Penal Internacional. Suerte tendrá si no acaba confesando que en realidad fue él quien mató a Jesucristo.
La captura del tirano, en cualquier caso, es un respiro para la coalición (?) y sus corifeos, un oasis en el desierto cotidiano que suponen una posguerra que es la auténtica guerra y la contrastada incapacidad de los ocupantes para dirigir una situación en la que la auténtica víctima, con Sadam o sin él, sigue siendo el pueblo iraquí. La invasión, finalmente, ha alcanzado un logro que contenta a todos: el sanguinario Sadam ha sido capturado. Su captura, al menos en principio, no parece tener otro valor que el propagandístico.
La guerra sigue. Eso es todo.
30 noviembre, 2003
Por más que se repita...
Ayer en Irak ocurrió lo peor para las fuerzas españolas, pero lo peor no es necesariamente lo inesperado y, lamentablemente, tampoco es lo peor de modo definitivo. Aún pueden ocurrir cosas peores. Ya son nueve los españoles que han muerto en esta guerra (no hay tal posguerra, por más que se repita) fundada en causas que, tal como se temía, han resultado falsas y que nada tienen que ver con el supuesto combate internacional contra el terrorismo.
No sólo no existe constancia alguna de que Sadam Hussein tuviera armas de destrucción masiva; tampoco se ha detectado el más mínimo indicio de que su régimen alentase el fanático terrorismo islámico. La de Irak es una guerra motivada por móviles económicos y estratégicos y afirmar otra cosa -por más que se repita- hace mucho tiempo que ha dejado de ser un defecto de interpretación para convertirse en una indecente muestra de cinismo.
En este contexto la lacónica comunicación institucional de José María Aznar, que acabo de contemplar por televisión, sólo me merece un calificativo: indignante. Y no sólo es indignante en su calidad de desafío a la inteligencia y la credulidad de un pueblo enajenado, sino porque suena a burla (solemne, como todo lo suyo) hacer tales afirmaciones sobre la sangre aún fresca, de unas personas que han encontrado la muerte lejos de su tierra en el cumplimiento de un deber que no debería serlo.
La intervención de las tropas españolas en Irak no es una misión de paz, ni de reconstrucción, ni de contenido humanitario por más que se repita. No admite comparación alguna con otras misiones internacionales en las que se haya intervenido, por más que se repita lo contrario. Es una tarea de complicidad -mínima, pero elocuente- con unos móviles depredadores totalmente ajenos a los intereses de España y que nos enfrenta de modo innecesario e imprudente a una comunidad cultural, política y religiosa con la que hasta ahora se mantenía una relación razonablemente buena.
Resulta evidente a estas alturas que el desplazamiento del eje de la política exterior española de Bruselas a Washington, inspirado por nuestro "clarividente" líder, ha sido un error de magnitud oceánica, como ponen de manifiesto el trato que España ha empezado a recibir de la UE y la carencia de beneficios tangibles procedentes del "amigo americano". Pero lo peor no son los perjuicios económicos y políticos que tal alianza nos depara, sino la pérdida irreversible de un valioso capital humano invertido en funciones que no son ni deben ser las suyas.
Aznar ha dejado claro que no hay vuelta atrás. Su hipotético sucesor, Rajoy, también. Parece claro que sólo hay un modo de liberarse de la dolorosa vergüenza en la que nos han sumergido por su "soberana" y omnímoda voluntad.
Vosotros mismos.
26 noviembre, 2003
El 'Euroescándalo' y otros escándalos
- ¿Cuánto queda para las elecciones?
- Cuatro meses.
- Ah, ya.
España crece más porque puede. Grecia duplica ese crecimiento porque puede más. No hay como estar abajo en tiempos de vacas gordas y recibir anualmente, gratis, una fuerte inyección de euros de los que están más arriba. Ya se lo recordó Schroeder a nuestro jefe de Gobierno cuando éste cacareaba enfáticamente por todo el corral.
Por otra parte, ¿es razonable que un estado tenga superávit cuando no es precisamente una Arcadia feliz? No, en absoluto. Es más bien escandaloso si se tiene en cuenta la situación lastimosa de ciertos parámetros de bienestar social, incluidas las famélicas pensiones de viudedad.
Generar déficit público es, en ocasiones, la mejor medida para mantener unos ciertos niveles de crecimiento y un cierto grado de estabilidad social. Los planes macroeconómicos que sesudos economistas diseñan con la perspectiva de conjugar equilibrio y crecimiento están muy bien como referencia de lo deseable, pero ningún país debe ser obligado a tirar piedras sobre su propio tejado. Si esos países son, además, los ejes de tracción de la economía europea, lo que redunde en su beneficio nos beneficia también -al menos teóricamente- a nosotros, que chupamos rueda alegremente.
Se dice que ésto puede perjudicar al euro y seguramente es cierto, pero no es menos cierto que el euro está sobrevalorado y que eso no le hace ningún bien a la economía europea. Y mucho menos si gran parte de esa sobrevaloración no se basa tanto en una solidez objetiva de la moneda como en que ésta es objeto, casi desde su nacimiento, de una fuerte especulación en dólares.
Para escándalos más reales y estremecedores hay que considerar otros titulares de la prensa del día, como aquellos que hablan del recrudecimiento del SIDA y del repunte al alza del hambre en el mundo. África y Latinoamérica son nuestros escándalos globales. Allí imperan el hambre y la peste. Palestina, Irak y Afganistán son escándalos no menores. Allí se enseñorean la guerra y el abuso.
¿Qué puede ser más escandaloso que el imperio de los jinetes del Apocalipsis por la acción o la omisión de los dueños de la tierra?
18 noviembre, 2003
Jesús Delgado, periodista de raza
Hoy quiero referirme a una ausencia, la del compañero periodista Jesús Delgado, que murió ayer, a los 81 años, en plena juventud del espíritu. Siempre pensé que superaría ampliamente los noventa años y que lo haría con la apariencia vital y casi juvenil con la que atravesó las últimas décadas, ejerciendo su profesión hasta el final (hace apenas un mes envió su última crónica a "El País"), pero el cáncer es un enemigo larvado que en muchos casos sólo evidencia su mortal designio cuando ya es invencible.
Delgado era un periodista de raza, expresión con la que pretendo designar una actitud vital caracterizada por la indesmayable curiosidad por todo lo humano, la vocación de certidumbre, la apertura de miras, la independencia y la voluntad de mejorar la sociedad. No era periodista a tiempo parcial. Lo era todo el tiempo. Supongo que incluso dormido.
Periodista de provincias -y de una provincia de tradición especialmente estreñida y reaccionaria como Cantabria- quiso y supo exceder ese marco limitado y limitante para -sin levar el ancla de su tierra- ejercer su inquisitivo magisterio en variados escenarios extranjeros, ayudado por su poliglosia, tan necesaria para un periodista y, paradójicamente, tan ausente en muchos casos, no sólo en aquellos tiempos oscuros del franquismo sino también en el presente.
Jesús hizo de sí mismo un valioso referente nacional del reporterismo en los tiempo más difíciles y mantuvo su independencia aún a costa de asumir riesgos, rupturas y desafíos que el resto de la profesión consideraba imprudentes y llegó a atribuir a una arrogancia que, por cierto, nunca le caracterizó, pese a su obvia superioridad sobre un entorno de mediocridad y sumisión.
Durante los años -no muchos- en los que ejercí el periodismo de calle me gustaba coincidir con él y observarle e incluso imitarle. De él aprendí, por ejemplo, que un periodista no debe conformarse nunca con la información limitada e interesada que se obtiene en una rueda de prensa y que iguala a todos los medios en el servilismo a un mensaje que les instrumenta para llegar a un público que, si pudiera, pediría información suplementaria sobre aspectos más o menos soslayados o ignorados. Él casi siempre hacía un aparte con el protagonista tras la conclusión de la "ceremonia" y seguía preguntándole. Así lograba información suplementaria que le permitía reenfocar su trabajo y evitar coincidir con los titulares "publicitarios" de los demás.
Inquieto, dinámico, apasionado, perspicaz, irónico, buen conocedor del género humano y -pese a los prejuicios ajenos- prudente, constructivo y dialogante, Jesús Delgado fue un ejemplo de periodista profesional que deberíamos tener como referencia permanente cuantos nos dedicamos a este ejercicio mercenario, complejo y sutil del que nunca ha desaparecido la censura y sobre el que con frecuencia recaen presiones intolerables.
07 noviembre, 2003
Hacia "un mundo feliz"
Ayer, por ejemplo, se aprobó una radical reforma del Código Penal (ya reformado hace ocho años contra el criterio del PP) elaborada desde una filosofía exclusivamente policial y carcelaria, carente de toda consideración sociológica sobre las causas de la criminalidad o la rehabilitación del delincuente. Un Código Penal estrictamente represivo que, sin duda, dará lugar a prácticas escasamente democráticas.
Ayer también entró en vigor una ley que pretende regular el confuso magma que es Internet y entre cuyos "avances" hay que registrar la corrección de una sabia normativa anterior que prohibía el envío via email de publicidad no solicitada. Ahora, cualquiera que tenga nuestra dirección de correo electrónico, porque le hemos comprado algo o hecho alguna consulta, podrá bombardearnos impunemente, dando por sentado que sus ofertas nos interesan. Por supuesto, cualquier otro que se haya hecho con nuestros datos por medios menos convencionales podrá hacer lo mismo. Estupendo.
Pero existe un reciente "avance", quizás más inquietante y transcendental, del que el Gobierno de este país ha sido motor entusiasta: el fin de la moratoria que la UE impuso sobre la comercialización de los productos transgénicos. En mayo, España (o sea, ellos) pedía, junto a otros cinco países europeos, el fin de la moratoria. A principios de julio y casi de tapadillo la UE acordó su final y ahora (a partir de hoy mismo, si no me equivoco) esa decisión es efectiva.
La aprobación de la UE, significativamente, se producía pocos días después de la magna operación de marketing de los transgénicos que Estados Unidos escenificó en la ciudad de Sacramento ante 120 ministros de todo el planeta. Antes de esto, por cierto, Washington había denunciado ante la Organización Mundial del Comercio la moratoria europea. Si añadimos que Estados Unidos subvenciona impunemente su agricultura tendremos una idea aproximada de hasta dónde llega el chuleo yanqui y la sumisión europea. Too much, son.
Dado que el tema de los transgénicos ya ha sido tratado en dos ocasiones en LA ESPIRAL no haré más largo el comentario. He aquí los enlaces a esos artículos (en el del 3 de julio se proporcionan otros enlaces para tener una visión más completa de las implicaciones de este "avance"):
El contubernio de Sacramento (junio, 25).
La sumisión europea (julio, 3).
Como reza el dicho, no te digo que te vistas pero ahí tienes la ropa. Por mi parte, con etiquetaje o no, simplemente no trago.
Con su pan (de trigo transgénico) se lo coman.
06 noviembre, 2003
La 'iraquización'
De entrada, EE UU anuncia la retirada de una de las cuatro divisiones que ahora tiene en Irak (30.000 soldados). Se dice que tal decisión está motivada por la próxima incorporación de efectivos internacionales, pero la causa real (de la retirada y de la llegada de tropas internacionales) está localizada más bien en la opinión pública norteamericana, cada vez más convencida de que la guerra y ocupación de Irak ha sido un error y de que no se debe persistir en él. Bush no quiere perder las próximas elecciones y actúa en consecuencia.
A ello hay que añadir que el virrey estadounidense de Irak, un tal Bremer, apoya con creciente entusiasmo la creación de una fuerza paramilitar de unos 170.000 iraquíes (número de efectivos casi igual al de las fuerzas de ocupación) para combatir a la resistencia. Y si Bremer lo apoya -supuestamente a instancias del Consejo de Gobierno/Títere iraquí- es que Bush lo ha aprobado ya.
Y no es la madurez del pueblo iraquí y mucho menos la ausencia de violencia lo que avala la aceleración que Estados Unidos quiere imprimir al proceso de "normalización" de Irak. Es la evidencia de que, tras ganar fácilmente la guerra, están perdiendo día a día la paz. O sea, en realidad están perdiendo la guerra, su segunda fase, que empezó justamente el día en que la toma de Bagdad, donde supuestamente Sadam iba a resistir hasta la muerte, se transformó en un desconcertante paseo triunfal.
Quienes conozcan un poco la historia del conflicto que durante más de quince años se desarrolló en Vietnam tras la derrota y abandono de los franceses quizás recuerden el término "vietnamización", eufemismo con el que se designó la progresiva retirada estadounidense (es decir, la admisión de la derrota). Completada la "vietnamización", o sea la puesta en las manos exclusivas de Vietnam del Sur de su propia defensa, el régimen de Saigón se derrumbó como un castillo de naipes y los pocos norteamericanos que quedaban en misiones de asesoramiento e inteligencia salieron de naja con el rabo entre las piernas, humillados, contritos y con justificadísima mala conciencia.
Bien, pues parece que las bravas tropas del Tío Sam van a seguir el mismo camino que en Vietnam, pero de un modo mucho más rápido y vergonzoso. Ha llegado la hora de la "iraquización". Se pretende que efectivos nativos hagan el trabajo sucio. Conscientemente o no, se quiere convertir una ocupación militar ilegal, enfrentada a una guerrilla cada vez más virulenta y omnipresente, en una guerra civil o, por lo menos, transformar Irak en una especie de Colombia del Oriente Próximo.
Es el principio del fin, independientemente de lo próximo o lejano que el fin esté.
04 noviembre, 2003
Papanatismo
No es que se pueda esperar gran cosa de una sociedad que se pasa horas "espiando" a un grupo de jóvenes autosecuestrados en una casa con el propósito de hacerse famosos y poder hablar luego de lo divino y de lo humano en cualquier putiferio televisivo. Y además cobrar. No.
Pero el problema no reside tanto en la sociedad española, que, como toda comunidad humana, tiene humanísimos defectos, como en el festival mediático orquestado de inmediato y que tiene como consecuencia entontecer al personal aún más de lo que pueda estarlo, desviando su atención de contingencias mucho más importantes, cosa que ni siquiera se hace con ese nefasto propósito, sino con el de barrer en los índices de audiencia y recaudar fortunas en concepto de publicidad.
El noviazgo principesco, en este contexto, supone una mina de oro. Anoche mismo Tele 5 ponía el grito en el cielo por el retraso deliberado de TVE en pasarle las imágenes de la autopresentación de la pareja, que debería haberle servido con la mayor diligencia, como estaba pactado. En lugar de hacerlo, TelePP se adjudicó la exclusiva y sólo después de haber difundido las imágenes se las transfirió a Telechicho, transformando de este modo un medio público en un competidor desleal.
El hecho es revelador de la ansiedad que ha creado en los "media" españoles la novedad palaciega, que una ínclita comunicadora televisiva calificó alegremente como la "noticia del siglo".
Pero no es ésto lo peor ni lo más revelador. Lo peor es la ingente producción de espesa baba extasiada que destilan las informaciones y comentarios sobre el celebrado noviazgo. Con el morbo añadido de que la futura princesa y acaso reina es divorciada e hija de divorciados. ¿Por qué Letizia sí y la Sartorius no?, se preguntan las comadres de todos los sexos.
Así nos luce el pelo.
P. S.: "Inteligente, agnóstica y ambiciosa", dice alguien hoy en un periódico que es la futura reina de España. Interesante.