09 noviembre, 2016

El 'inexplicable' triunfo de Trump


"¿Cómo explicar lo inexplicable?", es la pregunta que se hacen muchos tras la victoria de Donald Trump en las presidenciales estadounidenses. Lo cierto, sin embargo, es que este triunfo del populismo extremo, aunque ilógico, tiene explicaciones, por más que éstas nos parezcan paradójicas e irracionales. ¿Quién dijo que la lógica tenga relación con la expresión de la voluntad popular? Esa idea es ilusoria casi siempre, y más cuando hay que elegir entre dos males. ¿Hay que recordar, como ejemplo extremo, que Hitler llegó al poder a través del voto popular de los alemanes? ¿Hay que recordar que la Alemania de los años 30 estaba desesperada por las consecuencias del 'crack' del 29 y el pago de las gigantescas indemnizaciones que tenía que cumplir como consecuencia de su derrota en la I guerra mundial?

 Más allá de que Hillary Clinton no fuera la candidata más idónea para dar el triunfo a los demócratas, en razón a su trayectoria y sus afinidades con el 'establishment', está el hecho de que el pueblo estadounidense está harto, desesperado ante la falta de soluciones para combatir las consecuencias de dos grandes cataclismos. Uno de ellos, más antiguo y de incidencia más lenta, progresiva, es la globalización económica, que ha facilitado la 'fuga' del país de las industrias más poderosas y más generadoras de empleo, llevando la desolación a zonas otrora prósperas. El otro cataclismo, más virulento, inmediato y demoledor, fue el 'crack' de las hipotecas 'subprime', que evidenció el carácter delincuencial e irresponsable del capitalismo financiero y ha logrado que los ricos se hagan más ricos a costa de que los menos ricos se empobrezcan o se arruinen.

Es un axioma incuestionable que el bienestar de las clases medias es el principal factor de estabilidad y prosperidad en cualquier país. Y es tristemente evidente que la ofensiva brutal del neo-ultraliberalismo está alterando el equilibrio que - no sin sobresaltos puntuales - se venía manteniendo desde la postguerra mundial. La consecuencia - visible en todo el mundo desarrollado y no sólo en EE UU - es un crecimiento progresivo e inquietante de las 'soluciones' extremistas, populistas y oportunistas, que encuentran en las masas empobrecidas y con déficit de formación y de criterio su caldo de cultivo ideal.

 El éxito de Donald Trump, más inquietante que inexplicable, se basa en un discurso que, analizado en su totalidad, es tan incoherente como brutal. Construido en base a ideas-fuerza, que, hábil y demagógicamente, responden a las exigencias de los más airados ante la situación política, social y económica, carece simultáneamente de sentido y de sinceridad. Y esa, paradójicamente, es la razón de su éxito. La gente no retiene la totalidad del discurso, sino los eslóganes y Trump los tiene para todos los gustos, de todos los sabores. Así ha logrado catalizar y rentabilizar un amplio espectro de descontentos, que reclamaban un cambio impreciso que, sin duda, Trump no les va a dar. Y no se lo va a dar porque no puede.

El poder del 'establishment' estadounidense es inconmensurable y carente de escrúpulos, y para él Trump es una extravagancia, un 'outsider' narcisista y ególatra cuyo único mérito es el de haber convertido sus propio nombre en una marca de éxito y mantener el inmenso caudal de dinero heredado de su padre. En definitiva: un 'donnadie' afortunado, pretencioso y efectista que sólo tiene una vaga idea de dónde se ha metido. Ha sabido cómo ganar las elecciones. Ahora debe aprender a tener contentos a quienes realmente mandan, lo cual no va a ser fácil para quien acostumbra a hacer (con diversa fortuna, como es bien sabido) lo que le da la gana.

Apostaría que, dentro de unos meses, veremos al otro Trump, el que sabe contemporizar y admite sus numerosas insuficiencias para hacer 'lo conveniente' por indicación de los 'expertos', sopena de afrontar el bloqueo de sus órdenes, o, en última instancia, un 'impeachment' como el que dejó en la cuneta de la historia a Nixon. Washington es mucho más complejo que Nueva York y el gobierno del país más poderoso del planeta requiere cierto grado de sofistiicación, información y realismo que no se aprende ni en la construcción ni en los casinos. A partir de ahora él será el aprendiz de los 'secretos' de la política estadounidense, que no es precisamente un 'reality show' como el que potenció su peculiar figura.


11 julio, 2016

Barroso, embarrado; la UE, muda


Si necesitábamos una prueba de más peso que las ya disponibles acerca de hasta qué punto las políticas de la UE están condicionadas - cuando no inflexiblemente dirigidas - por los intereses financieros globales, el fichaje del ex presidente de la Comisión Europea (2004-2014), José Manuel Durao Barroso por parte de Goldman Sachs (GS en lo sucesivo) es una de elocuencia insuperable.

Llama la atención la 'oportunidad' con que la noticia ha sido difundida, en coincidencia con el regreso al primer plano de Barroso en las fotografías de la 'cumbre' de las Azores - de la que él fue muñidor y anfitrión -, que decidió, contra el criterio general, invadir Irak, con el pretexto falso de que disponía de armas de destrucción masiva. Tras el anuncio de GS, Barroso ha 'robado' las primeras págnas al protagonista 'estrella' de la histórica imagen: Tony Blair, otra 'joya' de la política europea y global cuya honestidad poítica y personal es puesta en solfa por un laborioso y exhaustivo informe que revisa su entusiasta y belicoso papel en aquel conflicto, motivado en realidad por intereses económicos y estratégicos.

GS, apodada "la hidra vampírica", no es una institución financiera más. Está detrás de todas las 'burbujas' generadas en EE UU desde que se produjo la desregulación económica y participó con entusiasmo en la generación de la más virulenta, la de las hipotecas 'subprime', espoleta que provocó el desmoronamiento financiero de Wall Street en 2008, cuyas dramáticas  consecuencias siguen sufriendo ocho años después muchos países del mundo, entre ellos España

¿Fue casual que en aquellos momentos estuviera al frente de la Secretaría del Tesoro Henry Paulson, directamente procedente de la presidencia ejecutiva de GS? ¿Qué hace que alguien que nada en la abundancia asuma un cargo público notablemente peor pagado? ¿Dar más brillo a su curriculum? Improbable. Otros objetivos menos confesables eran seguramente su motivación. En cuqluier caso, por decisión de aquel 'genio' llamado George W. Bush, cuando Paulson tuvo que vender sus acciones del banco (por valor de 600 millones de dólares) para cumplir con la normativa legal sobre conflicto de intereses fue exonerado del impuesto preceptivo, con un ahorro estimado de 35 a 50 millones. Ese sí es un 'salario' digno de consideración, ¿pero garantiza la eliminación del conflicto de intereses? Aquí cuadra el dicho "la zorra puede perder el rabo, pero no las costumbres". .

Nada sabemos de los honorarios previstos por el banco 'hidra' para Durao Barroso, que es justamente el caso inverso de Paulson, en la medida en que pasa de la política a la banca y no al revés, que es lo usual en el caso de los personajes vinculados a GS. Cabe imaginar que serán grandiosos, pues no cualquiera es presidente (poco importa si no lo es ejecutivo) de ese 'superbanco', y quienes lo fueron han sido premiados con honorarios de récord. Tampoco se sabe con certeza en qué terreno (o terrenos) ejercerá su asesoramiento, aunque las consecuencias financieras del 'Brexit' parecen ser la prioridad fundamental para GS.

Los casos de 'puerta giratoria', que vienen inquietando crecientemente en las democracias occidentales por razones obvias, alcanzan con el caso 'GS-Barroso' una dimensión superlativa. Alguien que ha regido durante diez años cruciales los destinos de la UE no sólo conoce en profundidad sus entresijos y posee una extensa agenda de nombres relevantes, sino que cuenta también con información privilegiada. Y no sólo puede ejercer como asesor, sino también como 'lobbysta'. El valor de las aportaciones potenciales a su contratante es incalculable.

No hay, por el momento, ninguna reacción oficial de la UE. Ni se espera. Es más fácil no darse colectivamente por aludidos, por más que el rechazo a sus políticas se esté extendiendo y acentuándose gravemente. Sí las ha habido, sin embargo, y viscerales, tanto en su propio país, Portugal, como en Francia. El adjetivo más moderado es 'indecente'. No obstante, si se tiene en cuenta que nueve de los miembros del último Consejo que Barroso presidió ya han pasado al sector privado, más valdría que la UE y todos sus integrantes pusieran coto, por vía de Ley, al tráfico de las 'puertas giratorias', generadoras de uniones morganáticas que sólo pueden producir una herencia desastrosa.
 Pie de foto: Barroso, junto a su predecesor en la Comisión Europea, Van Rompuy, y Obama dieron el pistoletazo de salida para la negociación del TTIP en marzo de 2013

03 julio, 2015

Lo que está en juego en Grecia (y III)


Ayer, cuando ya se había puesto el sol en Europa, el FMI consideró oportuno difundir un informe en el que admite que la deuda de Grecia es insostenible - argumento reiterado hasta la saciedad por Tsipras y Varufakis -, y que será necesaria una quita equivalente al 30% de su PIB: unos 52.000 millones, de los que 36.000 deberán ser aportados por la UE. Quienes confunden 'quita' con condonación (perdón) deberán entender que los acreedores (bancos) no perdonan ni un céntimo, ni siquiera de los sustanciosos intereses, y que ese dinero no se entrega a Grecia, contra lo que afirman con insistencia Rajoy y sus conmilitiones, sino a sus inflexibles acreedores. En cualquier caso, con una deuda equivalente al 175% del PIB, para Grecia esa quita es el chocolate del loro.

El análisis que acompaña al diagnóstico de insostenibilidad de la deuda limita sus coincidencias con el del Gobierno griego a ese único aspecto. El resto del informe es un varapalo para Syriza, a quien achaca haber empeorado la situación por ignorar deliberadamente las 'instrucciones' económicas de 2012  Asimismo revisa el crecimiento del 2,5% previsto en este año para situarlo en 0. Resulta evidente que el FMI intenta favorecer el triunfo del 'sí' en el referéndum del domingo, lo que confirma algo que no acaba de ser evidente para todo el mundo, que la economía está jugando descaradamente cartas polìticas, o lo que es lo mismo: la agenda de reformas que se quiere cargar sobre las espaldas de los griegos es irrenunciable. El plan ultraliberal previsto para todo el mundo desde ampulosos despachos habitados por gente a la que los pueblos nunca han votado ni votarán tiene que seguir avanzando caiga quien caiga.

La variable estratégica
El FMI -es preciso subrayarlo- está gobernado por Estados Unidos, aunque sus 'responsables oficiales' sean europeos, y sus 'prudentes' estatutos le prohiben realizar cualquier tipo de quita a un país que tiene  con el organismo una deuda previa impagada. En definitiva, el FMI, expresamente detestado por Syriza, dispara 'con pólvora del Rey', cosa. que no se debe hacer alegremente en el interior de un polvorín, y Grecia lo es. Raramente, o sólo de modo anecdótico, se ha aludido al aspecto geo-estratégico de la situación. Se ignora así una cuestión extremadamente vidriosa y de primerísima importancia: La situación geográfica de la nación helena, que ha sido para ella fuente constante de conflictos a lo largo de su historia, es extraordinariamente importante para Europa y Estados Unidos, pero ahora, ante el regreso de la estrategia de la tensión en el Mar Negro por causa de la confrontación entre Ucrania y Rusia no existe una perspectiva peor que el alejamiento de Europa de la humillada y arruinada nación que fue cuna de los valores que supuestamente defiende el bando acreedor.

El hecho de que por dos veces, recientemente, EE UU haya urgido a Europa a dar una solución a la crisis griega es cualquier cosa menos irrelevante. Syriza lo sabe y, aunque sea de modo simbólico, lo ha utilizado. Los dos encuentros que Tsipras ha mantenido con Putin han sido mucho más que protocolarios. Rusia y Grecia están siendo acosados por Occidente y se sienten aislados e incomprendidos. Poco importan en este caso los motivos. Lo cierto es que en el caso de que Grecia tuviera que abandonar el euro y la UE el acercamiento a Rusia sería, además de lógico, inevitable. Oficialmente no se contempla esa perspectiva desde Occidente. A estas alturas se espera que la estrategia del miedo puesta en práctica favorezca la opción del 'sí' el próximo domingo, como ya detectan algunas encuestas, y Syriza pierda el Gobierno. Si no fuera así deberá imponerse un cambio total en la política que se viene practicando. Lo que la arruinada y desesperada Grecia necesita es más la 'generosidad' de una especie de 'Plan Marshall' (que apartó de la influencia soviética a la Europa occidental destruida por la guerra) que la ruina y la 'ocupación' final que se perfilan tras una bancarrota. Así es la globalización ultraliberal: la ruina ajena supone el enriquecimiento propio y la eliminación de la soberanía nacional. Eso es lo que persigue en última instancia.

Pie de foto: Tispras y Putin, durante uno de sus encuentros. Algo más que mero protocolo.

02 julio, 2015

Lo que está en juego en Grecia (II)

La jornada de ayer fue un paradigma de la alternancia de signos alentadores y decepcionantes que viene caracterizando la negociación -que pese a todo persiste- entre Grecia y la 'troika' para la aprobación de un nuevo rescate económico (el tercero). Si el día comenzaba con el anuncio de que Tsipras aceptaba la mayor parte de la última oferta planteada por los acredores -lo que la intransigente Merkel calificó como "una buena base"- al cierre de la jornada todo retornaba al punto de partida: el eurogrupo se mostró incapaz de consensuar un postura y Tsipras reiteró su llamamiento al pueblo griego para que apoye un 'contundente no' en el referéndum del domingo.

Significativamente la tendencia al 'no' de los helenos se ha ido debilitando ante las tristes evidencias del 'corralito', impuesto por la 'troika', según Tsipras. Un descenso de once puntos en unos pocos días (del 57 al 46 por 100) avanza que la contundencia del 'no', podría finalmente no ser la  deseada. El juego de generar incertidumbre y miedo, desencadenado por los acreedores, está surtiendo efecto sobre un pueblo apaleado y desesperado tras cinco años de desastre. El temor a que todo empeore aún más tiene efectos devastadores y la duda de que el 'no' vaya a favorecer, como asegura Tsipras, que se respeten las 'líneas rojas' marcadas crece ante las amenazas de expulsión del euro.

El desafío planteado por el Gobierno griego a la agenda ultraliberal de la UE es inaceptable para las autoridades comunitarias y el FMI. Las reformas que exigen, a sabiendas de que son una nueva vulneración de la soberanía nacional y un desprecio de la democracia, constituyen la clave de una situación que está generando una tensión extrema en la UE e incluso provoca un claro distanciamiento de posturas en el tándem Berlín-París, al enfrentarse la inflexibilidad de Merkel con el posibilismo dialogante de Hollande. La política ocupa el primer plano, por más que se hable de economía. La UE aprieta el cuello griego, pero mira de reojo a otros países de la Unión, entre ellos a España, donde Podemos se identifica con Syriza y toma nota puntual de lo que sucede. Los potenciales votantes en las próximas elecciones generales del nuevo partido, cuyo debut ha sido saludado por el éxito (aunque menor del esperado), no pierden ripio.

De lo que suceda en Grecia dependen las esperanzas de quienes pretenden forzar por vía electoral un viraje en una situación indeseable, en la que las ambiciosas metas del capital global se imponen sin paliativos, frustran las expectativas de los pueblos y persiguen la creación de un nuevo régimen, en el que la opinión y los intereses de los ciudadanos son absolutamente secundarios. El trance que se ventila en estos días es crucial y la 'troika' ha hecho y seguirá haciendo todo lo que juzgue necesario para demostrar más allá de toda duda que nadie puede desafiar sus reglas inflexibles sin sufrir  consecuencias aún peores que las que trata de evitar. Se trata de que el domingo en Grecia vote el miedo.

Pero hay dos preguntas claves que formular ante ese axioma:

- ¿Pueden existir consecuencias más graves para cualquier Estado democrático que las que implica verse forzado, con métodos más propios de la mafia que de la política, a renunciar a una parte esencial de la propia soberanía?

- ¿Por qué se asegura con tanta firmeza, sin pruebas fehacientes -en la medida en que nadie lo ha experimentado aún-, que la salida de la UE y el abandono del euro suponen un desastre irreversible, o que la deuda externa debe ser pagada en su integridad, cuando Argentina o Ecuador lo han rechazado con consecuencias muy positivas.

La pelota está en el tejado y lo más grave que puede ocurrir en Grecia el domingo es que venza el 'sí' porque con él habrá desaparecido una esperanza compartida por muchos, dentro y fuera del país: una esperanza de libertad.

Pie de foto: Merkel y Schäuble, los peores enemigos de Grecia.

(Continuará)

30 junio, 2015

Lo que está en juego en Grecia (I)


Lo que se juega el domingo en el referéndum griego es mucho más crucial y transcendente  que una mera confrontación por motivos económicos entre un país empobrecido y sus teóricos socios y aliados. Se trata en realidad de la primera ocasión en que, desde la política, se plantea un enfrentamiento abierto y esencial entre los valores democráticos y la confabulación de los intereses económicos que los ignoran y yugulan.

Iba siendo ya hora de que alguien entrase al fondo de una situación que viene gestándose desde los años 70, con los 'reaganomics' en EE UU y el thatcherismo inmisericorde en Reino Unido, amparados en las teorías de la 'Escuela de Chicago', y que se refuerza y estructura como 'única alternativa' a nivel planetario con el nombre de 'Nuevo Orden' a partir de la 'autodestrucción' de la URSS. Dicha 'autodestrucción' tiene mucho que ver -deficiencias sovieticas aparte, explícitas en la inoperancia de la prolongada 'era Breznef'- en tres pilares de la 'estrategia de tensión' de la 'guerra fría' diseñados desde Washington: el embargo y boicot permanente a la URSS y a sus socios (con Cuba como paradigma); la enloquecida carrera armamentística con su desproporcionado y terrorífico rearme nuclear y la carrera, no menos absurda y costosa, por la conquista del espacio. Así se gestó la ruina soviética.

No mucho más tarde, tras la 'alegre excursión' multinacional a Kuwait, en la que España participó gozosamente. George Bush padre creyó oportuno anunciar el nacimiento de un 'Nuevo orden mundial', que mostraría su auténtica catadura años más tarde con la invasión de Irak decretada por Bush hijo, so pretexto de que el régimen de Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva, grosera mentira que intentaba ocultar los objetivos económicos y estratégicos de una guerra despiadada, ganada fundamentalmente desde el aire a costa de innumerables bajas civiles.

El eufemístico término 'globalización' (en Francia, más exactamente, lo llaman 'mundialización') no tarda en sustituir al de 'Nuevo orden', de obvias connotaciones nazis (el Neuordnung de Hitler). Esa globalización, de fundamento ultraliberal, suele ser presentada por sus promotores bajo tintes 'filantrópicos', como una política que mejorará el nivel de vida en los países pobres, pero, lejos de ello, no sólo mantiene intacta o ha aumentado la pobreza en numerosos países del mundo, sino que, en aparente paradoja, también la extiende a los países cuyos gobiernos la patrocinan, como vienen mostrando las estadísticas post-crisis.

Mientras la mano de obra de las industrias occidentales es cada vez en mayor medida asiática, el paro aumenta en un Occidente cuya industria se deslocaliza para mejor competir en el tablero global, y el empleo -donde se crea- se precariza, al tiempo que los salarios disminuyen. Quien crea que esa realidad es casual o se debe exclusivamente a la incidencia de la crisis económica se engaña. El 'desarme laboral', así como la eliminación de los beneficios del odiado -por ellos- 'Estado de bienestar', la privatización en el mayor grado posible de la Sanidad, la Educación o la Seguridad Social y finalmente la reducción del Estado a la mínima expresión son prioridades de la agenda del Nuevo Orden globalizado.

La razón de ser del largo exordio que me he permitido es centrar la cuestión del referéndum griego, que responde a la intransigencia y al autoritarismo de la 'troika', en un marco histórico-económico revelador de la transcendencia de lo que se está jugando realmente. Para los mercaderes imperativos Grecia es una especie de caballo cimarrón que, en un contexto de sumisión y pasividad general, se niega a ser ensillado y dirigido por el camino 'correcto': un mal ejemplo que no debe ser tolerado. Aquí no importa tanto si se paga o no la deuda, ni cómo ni cuándo, sino si se aceptan o se rechazan las reformas que se le quieren imponer al Gobierno griego y que constituyen un grave atentado a la soberanía nacional y una burla del mandato democrático del pueblo griego. Hay mucho más que un montón de millones de euros en discusión y a todos los ciudadanos europeos nos concierne lo que suceda el próximo domingo en la patria de la cultura occidental.


(Continuará
Pie de foto: La plaza Syntagma de Atenas siempre ha dicho 'no'.


31 mayo, 2015

Tras el 24-M: La pelota, en el tejado

La radiografía obtenida tras la jornada electoral del 24-M muestra que el paciente (la paciente España) ha aumentado muy positivamente en el recuento de anticuerpos democráticos. El pluralismo existe y es necesario que subsista y se fortalezca, pues sin él la democracia se convierte en una caricatura grosera de lo que debería ser. Ese garabato bipartidista que hemos vivido y sufrido hasta ahora, servil a los intereses de la 'selecta' minoría de los más ricos y a las metas del capitalismo global de la 'troika', así como indulgente con la corrupción, ha recibido un elocuente y merecido varapalo.

Hasta ahí, lo bueno: alentador, pero insuficiente. El hecho de que, pese a su enorme pérdida de poder, el PP haya sido el partido más votado, en un contexto en el que la abstención apenas se ha reducido, no puede ser infravalorado desde un optimismo gratuito. Constatar la existencia de un 'núcleo duro' inmovilista, deliberadamente ajeno a las evidencias de descomposición democrática del partido en el poder (corrupción rampante, indiferencia ante el dolor social, ausencia de democracia interna...) no invita precisamente a la alegría. La misma sensación se produce cuando se considera que algo más de doce millones (más de la tercera parte del censo electoral) de españoles llamados a votar no lo hicieron.

Lo cierto, en última instancia, es que ninguno de los contendientes, pese a lo que digan públicamente, tiene motivos para sentirse satisfecho con los resultados electorales. El PP, a pesar de su recordatorio insistente de que es el partido más votado, se ha dado un batacazo brutal al perder dos millones y medio de votos y una gran parte de su cuota de poder local y autonómico. El PSOE, que gana presencia institucional como consecuencia de la debacle de su principal rival, sigue su descenso a los infiernos con 700.000 apoyos menos. 'Podemos', auténtico motor del cambio relativo que estas elecciones han constatado, no cumple sus propias expectativas y se 'consuela' con los resultados contundentes de las plataformas populares que ha apoyado en Madrid y Barcelona. Finalmente, 'Ciudadanos', producto oportunista y ambiguo donde los haya, no ha logrado beneficiarse tanto como esperaba del castigo al PP, aunque conquista la posición de 'bisagra' en diversos ayuntamientos y autonomías, lo que podría favorecer la continuidad de su crecimiento.

Nunca tanto como ahora la pelota del juego partidista había quedado de modo tan claro e inquietante en el tejado. La gobernabilidad en muchos lugares dependerá de pactos que podrían ser muy laboriosos y frágiles (especialmente entre PSOE y 'Podemos') si se tiene en cuenta que las elecciones generales están muy cerca y que no es fácil conjugar la responsabilidad necesaria con la coherencia inexcusable. El PSOE debe demostrar que su cambio de discurso, escenificado en los últimos meses, en el sentido de que es "un partido de izquierda" supone algo más que un intento de sobrevivir al descrédito. 'Podemos', por su parte, no podría salir indemne de cualquier compromiso que rebase sus líneas rojas. Hay razones muy obvias para una aproximación entre ambos, pero tendrán que soslayar el riesgo de sucumbir al 'abrazo del oso', que, lógicamente, les inquieta por igual.

Quedan apenas seis meses para que se decida el futuro Gobierno de España en el cuatrienio 2016-2020, periodo en el que se supone que se debe salir de la crisis económica (según índices socioeconómicos, no macroeconómicos). Hay que crear empleo, pero también sostener a los damnificados por la crisis. Hay que hacer una fiscalidad más justa, menos basada en la indiscriminanción del IVA, que lastra el consumo y en consecuencia la producción y el empleo; una fiscalidad que exija más a quien más tiene y sancione enérgicamente a quienes eluden su deber. Hay que hacer leyes inflexibles contra la corrupción, el lavado de dinero, la explotación laboral, la discriminación de la mujer... Hay que rescatar del exilio económico a los cientos de miles de jóvenes a los que se ha dejado sin salida... Está todo por hacer en la tarea urgente y esencial de reconstruir España y este no debe ser tiempo de división ni de obstrucción, sino de diálogo, colaboración y solidaridad.

¿Estarán nuestros políticos a la altura de su deber? Dados los precedentes y los indicios actuales, yo lo dudo mucho.

Pie de foto: La voluntad de cambio, que empieza a materializarse, nació hace cuatro años en la Puerta del Sol.

30 abril, 2015

PIB: Menos lobos, Caperucita

Rajoy y sus turiferarios se presentan como a punto de levitar tras conocerse el aumento del 0,9 por 100 del PIB en el primer trimestre de este año. Es posible que tengan razón al revisar al alza la previsión de crecimiento del 2,4 al 2,9 en 2015, pero echar las campanas al vuelo no sólo es prematuro, sino también injustificado.

Ciertamente el consumo privado y la inversión están aumentando como consecuencia de un cambio en el estado de ánimo de quienes pueden permitírselo, pero también ha crecido, imprudentemente, el endeudamiento público, que podría superar el 100 por 100 este año.

Esa pesada hipoteca, que se tardará quizás décadas en reducir a un niviel razonable, no es la única ni la más grave. El desempleo, del 50,7 por 100 entre los más jóvenes y del 23,8 en total, es una rémora socioeconómica de primera magnitud. Se publicita mucho el aumento de las contrataciones y el descenso del paro, pero las estadísticas son tramposas, en la medida en que sólo la décima parte de los empleos responden a contratos fijos e incluso en éstos se están permitiendo situaciones de explotación intolerables.

Reconsiderar a corto plazo las reformas realizadas exclusivamente en favor de los empresarios y muy lesivas para los trabajadores es un requisito imprescindible para aumentar el consumo interno, sin el cual la economía española seguirá estando enferma y los índices macroeconómicos de crecimiento se estancarán a medio plazo. Esta es también una condición previa para posibilitar el retorno de los cientos de miles de jóvenes -muchos de ellos con un alto grado de preparación- que han emigrado en los últimos años y para evitar que sigan abandonando el país quienes más y mejor pueden contribuir a su reconstrucción.

Son tantas, tan importantes y urgentes las metas a alcanzar que un crecimiento del 0,9 por 100 del PIB resulta casi ridículo, especialmente si se tiene en cuenta que se debe más a factores externos (devaluación del euro, abaratamiento del petróleo, adquisición de activos tóxicos por parte del BCE) que a las políticas socioeconómicas de este Gobierno, Así que menos lobos, Caperucita, que la cosa (y la casa de la abuelita) está que arde.

07 agosto, 2014

El mal israelí



El periodista israelí Gideon Levy, del diario 'Haaretz', está amenazado de muerte por sus opiniones críticas sobre la brutal actuación militar de su país en Gaza. Hay incluso quien cree que podría ser asesinado, como lo fue el ex primer ministro Rabin tras firmar los acuerdos de Oslo con los palestinos. Ex consejero y portavoz de Shimon Peres en los años 70, Levy, que cuenta con el firme apoyo de su periódico, pese a haber perdido suscriptores por su causa, cree que el mal de la sociedad israelí es consecuencia de la expansión de la extrema derecha, del racismo y de la incitación al odio. He aquí su diagnóstico:

«La sociedad israelí está enferma. Desde el sur del país a Tel-Aviv, las imágenes de Gaza son recibidas con indiferencia, e incluso con expresiones de alegría. Basta mirar las redes sociales y las llamadas a 'quemarlos a todos'. Yo nunca había visto esto. Finalmentente, la palabra 'fascismo', que yo intento utilizar lo menos posible ha merecido su lugar en la sociedad israelí".

Fuente: Le Monde

28 julio, 2014

I Guerra Mundial: El horror precursor


Hace exactamente un siglo en esta fecha comenzó la I Guerra Mundial, cuyo balance de bajas marcó un punto de inflexión terrorífico respecto a todas las conflagraciones precedentes: casi 17 millones entre muertos y desaparecidos y más de 21 millones de heridos. Y todo por nada y para nada. 21 años después, y en gran parte como consecuencia de los resultados de la primera, estalló la II Guerra Mundial, cuyo balance está estimado en 61 millones de muertos, de los cuales 41 corresponden a civiles no combatientes, novedad inhumana de aquel desastre, al que hay que añadir el Holocausto y el empleo, por dos veces (y contra la población de dos ciudades japonesas) del arma terrorista por excelencia: la bomba atómica.

La humanidad deberia estar comprometida en una guerra permanente contra la guerra, pero lejos de ello, por unos o por otros, proliferan peligrosamente los conflictos localizados, que podrían llevar a un callejón sin salida, mientras la sofisticación tecnológica no cesa de crear nuevos instrumentos para el exterminio..Nadie debería ignorar que una tercera guerra mundial supondría la desaparición de una gran parte de la humanidad y un conjunto pavoroso de secuelas de larga duración para los supervivientes. La guerra -cualquiera que sea- debe dejar definitivamente de ser una opción y todos deberíamos ser partícipes de ese empeño.





JEAN JAURÈS, líder del Partido Socialista francés, se opuso fervientemente a la participación de su país en la I Guerra Mundial y pagó con la vida su posicionamento. Apenas 48 horas antes de ser asesinado, en su último discurso, realizado en Bruselas, Jaurés había pedido "poner en común, contra el monstruoso peligro de la guerra, todas nuestras fuerzas de voluntad y de razón". Hoy sus restos descansan en el Panteón de París, donde Francia rinde tributo a sus grandes hombres. Reconocimiento tardío, pero seguramente sincero, a quien sabía que son los pueblos, los ciudadanos, quienes pierden todas las guerras, incluidas aquellas que su nación gana.

11 julio, 2014

UE: Un nazi en la Comisión de libertades



Udo Voigt, ingeniero aeronáutico y ex capitán del ejército alemán, se sienta en la Comisión de Libertades de la UE en representación del nenoazi NPD (Partido Nacional.Demócrata), del que ha sido presidente. La cruel paradoja ha causado gran indignación, ya que a nadie se le ocurre nada tan alejado de las libertades como el nazismo, del que Voigt es un nostálgico impenitente.

Entre las joyas que han salido de la boca de este espécimen, paradigma de un pasado nacional-racista repugnante, se cuentan una relativización de las dimensiones del holocausto, que, según sus estimaciones, no superó las 340.000 víctimas; un elogio encendido de las SS, y la propuesta de concesión del Nobel de la Paz, a título póstumo, para Rudolph Hess, lugarteniente de Hitler.

Aparentemente, para vergüenza de la UE y de la inmensa mayor parte de los ciudadanos de la Unión, la elección de Voigt es irreversible. Lo peor, si se tiene en cuenta la actividad de demolición de las democracias que está practicando la 'troika' so pretexto de arreglar la crisis económica, es que ese hecho lamentable quizás no es tan no es tan incoherente como puede parecer.

21 junio, 2014

La reforma del IRPF, una tomadura de pelo

Cada cual es tan libre como se pueda ser en estos tiempos oscuros para interpretar las novedades sobre el IRPF que ha difundido el Gobierno -o aceptar interpretaciones, mediáticas o no, más o menos interesadas-, pero de entrada debería aparcar la idea de que los más beneficiados por la nueva normativa son quienes perciben menores salarios, que es lo que el Ejecutivo vende. De entrada, el hecho de que quienes ingresan anualmente hasta 12.450 € coticen al 20% es más que elocuente acerca de la 'filosofía' que ha presidido esta reforma (*).

En las actuales circunstancias las personas de ese nivel (889 € en catorce pagas, en cada una de las cuales les serán retenidos 177,8) deberían estar exentas, pues son las más atribuladas por el incremento del IVA, de las tasas de todo tipo, del precio de la electricidad e incluso las multas brutales que este Gobierno ha decidido implantar con más intención recaudatoria que correctiva. Se me dirá que Hacienda les devolverá la integridad de lo retenido, pero lo hará a ejercicio vencido. Mientras tanto el Estado se estará financiando mes a mes y año a año sobre las espaldas de los más débiles. Y sin pagar intereses.

Otro tanto se puede decir del siguiente y nuevo nivel establecido (de 12.450 a 20.000). El vigente anteriormente cubría desde 17.707 a 33.007, demasiado extenso y por lo tanto injusto. El actual, sin embargo, engloba de hecho casi todo el primer nivel de la normativa anterior, y el supuesto descenso en la base imponible se transforma realmente en una subida del 0,25%. ¿A quién poretenden engañar?

En los tres niveles siguientes de la tabla es donde realmente está el 'quid' de la reforma del PP, las rebajas de mayor entidad y su más descarado guiño electoral, dirigido claramente a las clases medias, a su clientela habitual, ahora parcialmente desencantada. Por si quedase alguna duda al respecto, las rebajas no sólo son del 10% en dos años para quienes oscilen entre 20.000 y 60.000 €, sino que desaparecen del cómputo, como por arte de magia, dos de los niveles previamente existentes, y el límite máximo queda establecido en esos 60.000. Quienes ganen más -entre los que se hallan algunos de los mayores beneficiarios de la crisis económica- compartirán una base imponible común del 47%, que además no pagará ninguno.porque los que tienen el estatus de 'superricos' cuentan habitualmente con los servicios de los grandes especialistas en triquiñuelas.

La nueva reforma fiscal del PP rompe simultáneamente, y de modo descarado, con dos de los criterios principales de la Constitución en relación con los impuestos: el de proporcionalidad y el de progresividad (Artículo 31). Llueve sobre mojado. Esto es una burla más al conjunto de los ciudadanos, pero muy especialmente a los menos favorecidos.



(*) Para una mejor comprensión de este post, sugiero mantener a la vista la tabla reproducida arriba.
Ilustración: Grafía publicada por 'Público'

30 abril, 2014

Devaluar el euro: Una propuesta francesa


Francia quiere que, a finales de Mayo, tras la renovación del Parlamento Europeo, la UE debata seriamente la devaluación del euro, cuyo valor actual juzga demasiado elevado y lesivo para sus intereses. Nuestros vecinos, forzados a asumir una reducción del gasto de 50.000 millones de euros desde ahora hasta 2017, finalmente le han visto las orejas al lobo. Se acabaron los compadreos y el 'buen rollo' con la Merkel de la era Sarkozy. Francia va mal porque los 'sacrosantos mercados' le han puesto la proa a la política económica de Hollande, y el FMI, el BCE y las agencias de calificación no reconocen otra 'solución' que el recorte del gasto, que Francia ha querido evitar a toda costa para mantener en lo posible el bienestar social.

Por razones que nadie sabría explicar convincentemente, el euro está sobrevalorado desde su nacimiento y el BCE, que significativamente reside en Frankfurt, tiene dos objetivos fundamentales que nunca ha estado dispuesto a revisar: la estabilidad del euro y el control de la inflación. Ahora la inflación no sólo está a la baja, sino que roza peligrosamente la deflación, evidencia de la ruina interna de los países periféricos (los llamados PIGS. en la despreciativa jerga financiera inglesa) que amenaza con extenderse a los que no lo son. El euro, por su parte, seguramente a causa de la presión especulativa y compradora de los mercados, crece sin parar. En los últimos doce meses la fluctuación ha sido de un 5,49 por 100, entre el nivel más bajo (1,2754 dólares en Julio de 2013) y el más alto (1,3968 en marzo de 2014)

A nadie se le oculta que el gran enemigo de la devaluación es Alemania, atenta sólo a sus propios intereses y empeñada en 'diktar' las políticas económicas ajenas. Será interesante ver cómo se desarrollan las negociaciones que Manuel Valls quiere iniciar apenas dentro de un mes. Los dos 'pesos pesados' de la UE ocupan hoy trincheras enfrentadas y un disenso entre ambos no dejaría de tener consecuencias importantes, incluso graves. La postura francesa va a tener, previsiblemente, muchos apoyos en el seno de una UE empobrecida. Cabe esperar que entre ellos esté el de España, aunque con el Gobierno actual no se puede descartar ninguna sumisión o estupidez estratégica.


09 abril, 2014

Queremos tanto a Suárez... (y IV)




Cuando concluye la legislatura casi se puede dar por desaparecida a la UCD. Perdido el liderazgo de Suárez, que funda el Centro Democrático y Social (CDS), se produce una desbandada considerable, y el democristiano Landelino Lavilla recoge el testigo. Los resultados electorales para ambas formaciones centristas serán decepcionantes, pues, seguramente como consecuencia del intento golpista del 23-F y de la aprobación del ingreso en la OTAN, el electorado se polariza fundamentalmente en las opciones supuestamente menos ambiguas, favoreciendo al PSOE  con una mayoría absoluta sin precedentes ni consecuentes (202 escaños) y estableciendo como segunda fuerza a AP-PDP (107). UCD sólo logra 11, con un descenso de votos del 77,3 por 100 y Suárez, en su debut con el CDS sólo logra dos escaños.

La situación mejorará sensiblemente en 1986, al lograr 19 escaños, los mismos que AP en las primeras elecciones, pero volverán a caer en 1989 a 14. En el seno del partido se reconsidera la equidistancia del mismo entre AP y el PSOE, especialmente después de que AP cambie su denominación por PP y se defina como partido de centro reformista, desde 1990 bajo la dirección de Aznar. En 1991, tras una severa derrota en las elecciones municipales y autonómicas, Suárez renuncia a la presidencia del partido y también, definitivamente, a la actividad política. Fraga se ha salido al fin con la suya, ocupar virtualmente el centro político, pero fue Aznar quien lo rentabilizó en su lugar. Al igual que Suárez, Fraga tuvo que irse, pero lo hizo a Galicia, a gobernar. El piloto de la transición, sin embargo, tuvo que empezar una nueva vida como abogado, pero añorando, según algunos afirman, la actividad pública y con cierta tristeza por no poder hacerlo y por el trato recibido de parte de algunos rivales políticos, pero también de supuestos amigos o conmilitones. De su actividad como abogado no se sabe gran cosa. Trataba con empresas extranjeras y también con algunas organizaciones humanitarias. Al parecer había renunciado a cualquier tipo de regalía al abandonar la presidencia del Gobierno.


Tras el abandono de la política, su vida personal ha sido tan privada como pudo hacerla. Se volcó en su familia, en compensación a todas las horas que su pasión por la política y su obsesión por hacer bien las cosas le había negado, pero de la familia le vinieron también los peores disgustos y las mayores inquietudes. La enfermedad y muerte por cáncer de su esposa Amparo y de su hija Mariam no sólo fueron heridas profundas para una hombre ya muy herido, sino que el coste de los tratamientos le puso al borde de la ruina. Hubo de hipotecar sus propiedades en Ávila, que finalmente fueron embargadas.


Del lado de las satisfacciones sólo una, que seguramente le compensó un poco por sus desvelos y fue un bálsamo para sus heridas. En 1996 recibió el premio Príncipe de Asturias de la Concordia, el más adecuado para quien concentró toda su actividad en la búsqueda y el logro de consensos, en la conciliación de contrarios, en la superación de las desconfianzas e incluso de los odios que habían generado una sangrienta guerra civil y una larga y cruel dictadura 


Su última aparición pública tuvo una motivación doble: política y familiar. Su hijo, Adolfo Suárez Illana, se presentaba a la presidencia de Castilla-La Mancha por el PP, y su padre, sin duda afectado ya por la devastadora enfermedad que le causaría la muerte, participó el 2 de mayo de 2003 en un mitin en Albacete para darle su apoyo. Recientemente se han podido ver en TV imágenes de la patética situación que se produjo, cuando el ex presidente, visiblemente nervioso e inseguro, se ‘perdió’ durante la lectura de su intervención.

   
Su hijo lo explica –e intenta justificarse- así: "Mi padre ya estaba mal y yo no quería que acudiera al mitin, pero él insistió. Entonces le escribí un discurso con letras muy grandes. Leyó bien el primer folio, pero en el segundo perdió el hilo y volvió a leer el primer folio. Él se dio cuenta y dijo: 'Perdonen ustedes, pero creo que me he liado'. Retomó los papeles y empezó a repetir el fatídico folio. Finalmente dejó de lado el discurso preparado y con su espontaneidad habitual dijo: 'Bueno, para qué mas discursos, yo lo que os quiero decir es que mi hijo es una persona de bien y que hará muy bien su trabajo'. (Extraído de ‘El Mundo’)


Aquella situación debió haberse evitado. Suárez no era ya dueño de sí mismo y esa instrumentalización política fue, de hecho, una última traición a quien tantas intrigas y ataques insidiosos había sufrido, ésta promovida, además, por quienes habían causado su retirada de la política para ocupar virtualmente un ‘centro reformista’ político, a cuya praxis nunca han hecho honor.


Quienes
en estos días se lamentan amargamente de que se esté poniendo en cuestión el éxito de la transición, y abrazan amorosamente la figura de un Suárez al que destruyeron, deberían admitir finalmente que dicha transición fue abortada por un intento de ‘golpe’ de Estado bajo sospecha de autogolpe bien orquestado. Esa ‘transición perfecta’, que se pone como ejemplo desde el chovinismo nacional, fue realizada bajo una extraordinaria presión fáctica y dejó demasiados cabos sueltos. De hecho, dos nuevos planes golpistas, en 1982 y 1985, de características extraordinariamente violentas, fueron frustrados sin grandes consecuencias para los implicados. Había que quitarle hierro, no provocar al ejército.

Así hemos llegado a un país en el que, bajo una crisis económica gravísima, que afecta en mayor grado a los más débiles, todo se pone en cuestión, desde la forma de Estado a la unidad territorial. Los derechos se revisan a la baja y los deberes, al alza, por un Gobierno que hace gala de una indiferencia y una arrogancia que nada tienen que ver ni con un partido de centro ni con una democracia digna de tal nombre. Y mientras tanto, los cadáveres de los miles de desaparecidos de la guerra civil siguen sin una sepultura digna.


¿Transición? ¿Para cuándo?


07 abril, 2014

Queremos tanto a Suárez... (III)



Merece la pena escuchar con detenimiento el breve discurso (9 minutos) televisivo en el que Suárez anunció su dimisión. Aunque nada explícito, en él se deslizan ideas que no dejan lugar a dudas acerca del motivo de su renuncia, para evitar “que la democracia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”. Es el discurso de un estadista, consciente de la transcendencia de lo que ha logrado, y también de lo que queda por hacer. Dimite, pero no abandona la política. Si es cierto o no que, como él afirma, la suya es una decisión libre y personal, fruto de una meditación madura, es algo que quizás no lleguemos a saber nunca.

En su libro 'La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar', la periodista Pilar Urbano no deja lugar a dudas acerca de que fue Don Juan Carlos quien, persuadido por su amigo el general Armada, forzó la dimisión del presidente del Gobierno. Para Suárez, afirma, estaba claro que “el Rey era el alma del 23-F”. Sin embargo, posteriormente, ante la magnitud del escándalo ocasionado, Urbano recoge velas y asegura que “el golpe de Estado se produce no sabiéndolo el Rey”. Parece claro, en definitiva, que somos nosotros, el pueblo, quienes nunca sabremos la verdad. Y también parece claro que la periodista va a lograr un éxito de ventas arrasador, cuyos beneficios irán a parar a las arcas del Opus Dei, que tiene entre sus miembros más dilectos y generosos a la autora.


Si Suárez creía que su anuncio de dimisión del 29 de enero iba a parar el golpe, se equivocaba. Por el contrario, le puso fecha. Los golpistas decidieron escenificarlo precisamente el 23 de febrero, con ocasión de la sesión de investidura de Calvo-Sotelo, su sucesor, en las Cortes, aprovechando el breve lapso de vacío de poder. Finalmente, no hizo acto de presencia la autoridad “militar, por supuesto” que iba a dirigirse a la Cámara y a tomar el codiciado timón (Armada, por supuesto), y el tozudo y visceral Tejero hubo de admitir que el golpe había sido un fiasco y entregarse.


El peso de la 'cruz'
La legislatura 77-81 fue para Suárez un auténtico “via crucis“. Especialmente a partir del 78, tras la aprobación de la Constitución, los partidos de la oposición centran el fuego en su persona, no sólo en su Gobierno, conscientes de que él es el hombre a batir. El PSOE, ansioso por llegar al poder, que soñó alcanzar en las primeras elecciones, no escatima las descalificaciones. Alfonso Guerra le califica como ‘tahúr del Misisipi’ y sugiere, en alusión al golpismo, que si el caballo de Pavía entrase en el Congreso “Suárez se subiría a su grupa”. En AP, Fraga, que tenía un rencor muy personal contra el presidente del Gobierno por haber formado y encabezado UCD, calificaba al partido centrista como un conjunto de “tránsfugas, indefinidos y pactistas”. Solo Carrillo, que le calificaba como "un anticomunista inteligente”, renunció a los ataques personales.


Dentro de la propia UCD el clima no era mucho mejor en algunos casos. El propio jefe del grupo parlamentario centrista, Herrero de Miñón, sentía especial placer en obstaculizar el trámite de los acuerdos del Gobierno, y uno de los lugares comunes entre los ‘chicos de buena familia’, como Calvo-Sotelo o Garrigues incidía en subrayar su déficit académico. El sentimiento de soledad e incomprensión llegó a ser una experiencia cotidiana para Suárez, pero nunca torció el gesto ni dejó de hacer o decir lo que creía necesario. En su discurso de dimisión, sin embargo, hay una crítica recurrente de la 'puñalada trapera', que hoy sigue siendo una tradición aparentemente insoslayable en la política española: “El ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier tipo de solución que trata de enfocar los problemas del país no son a mi juicio un arma legítima”, dijo.


Parece claro que Suárez había adquirido un peso político que inquietaba a muchos, no sólo a los involucionistas. Quienes creían que sólo sería una conveniente figura de transición, un puente entre la dictadura y la democracia que desaparecería de la escena una vez cumplida su misión, ignoraban su vocación y su capacidad política. Consciente de su carisma popular, Suárez rechazaba ser una mera anécdota y sus abundantes enemigos temían la posibilidad de su triunfo en una segunda legislatura democrática, pues supondría una consolidación de su figura muy difícil de combatir.


OTAN: definirse... o morir
Por otra parte, Suárez preocupaba mucho a Estados Unidos y a los atlantistas europeos, dato nada insignificante. Su visita a Cuba, la primera de un líder occidental, sorprendió y disgustó. Fidel Castro era un apestado político y su régimen comunista sufría una cuarentena permanente, dictada por EE UU, que el presidente español ignoró. Por si ello fuera poco, su cordialísima acogida a Arafat en su visita a España encendió todas las luces rojas. Si a ello sumamos su ambigüedad respecto a la adhesión de España a la OTAN, que, en cualquier caso, no consideraba urgente y sí debatible en el contexto político nacional, el cuadro resultante es que tampoco a nivel internacional contaba Suárez con apoyo alguno. Para Washington su figura era otro punto negro a sumar a las secuelas preocupantes de la ‘revolución de los claveles' en Portugal, a la presencia de ministros comunistas en el Gobierno francés, y al peso específico notable del comunismo en la Italia de la época. No podía ser.


Aunque Suárez no explicitó nunca con claridad su visión de la política internacional ni el lugar que España debía desempeñar en el contexto de la ‘guerra fría’, lo cierto es que el atlantismo entusiasta manifestado por su ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, le costó el cese. En tanto que el presidente, lógicamente más volcado en la convulsa política interior, consideraba necesaria la integración en la Comunidad Europea, la entrada en la OTAN le parecía una fuente potencial de disenso en un contexto nacional sumamente delicado y complejo. No sabía que ambas cosas iban indisolublemente unidas en el mismo paquete.


Continuará y concluirá en la próxima entrega

05 abril, 2014

Queremos tanto a Suárez... (II)



 
El asesinato por ETA del general Ortín, gobernador militar de Madrid, en enero de 1979, fue escenario de una enorme tensión e indignación. 'El Alcázar' llegó a pedir "la fulminación" del Gobierno. Los involucionistas hablan ya sin tapujos.
Para la derecha franquista y para el estamento militar, que se autoatribuía la función de vigía y garante de los destinos de España, el desmantelamiento de la ‘democracia orgánica’, que Franco había construido contando exclusivamente con su ‘leales', y la legalización del Partido Comunista de España, auténtica ‘bestia negra’ para ellos, es un cataclismo insoportable. Los términos ‘traidor’ y ‘perjuro’ (por traicionar los principios del Movimiento Nacional, a los que había jurado fidelidad) son los más suaves que se aplican a Suárez. El resto es pura escatología tabernaria, que cunde en los cuartos de banderas y en los cenáculos y mentideros de los ‘derrotados’.

Nada impedirá, sin embargo, que en Junio de 1977, apenas un año después de la designación de Suárez por el Rey, se celebren las primeras elecciones legislativas en 43 años de la historia de España. La Unión de Centro Democrático (UCD) de Suárez vence claramente, con 166 diputados; le sigue el PSOE, con 118; el PCE, con 19, demuestra tener más respaldo social que el franquismo residual representado por Alianza Popular (16 escaños), encabezada por Fraga y otros seis ex ministros del Régimen. Otros grupos, que incluyen a los nacionalistas vascos y catalanes y al PSP de Tierno Galván, se reparten los 31 escaños restantes.

 Los resultados permiten al ‘bunker’ constatar hasta qué punto sus deseos y exigencias están alejados de las expectativas de la mayoría sociológica del país. La ultraderecha no logra un solo escaño y los resultados de AP son tan escasos como elocuentes. Los españoles quieren una democracia verosímil y constructiva, y Adolfo Suárez, junto al ‘factor miedo’, les han convencido de que es posible, contra los pronósticos iniciales. Su capacidad de persuasión, de diálogo y de consenso han obrado el ‘milagro’, lo que no impide que proliferen las reticencias y los prejuicios entre las formaciones del nuevo Parlamento, al menos de cara al público, y se radicalice el odio entre quienes le consideran un traidor.

La tarea crucial que se impone de inmediato es la elaboración de una  Constitución democrática. Cuando la redacción del texto concluye, tras un laborioso consenso entre partidos, las iras del ‘bunker’ se centran en el Título VIII, que trata de la organización territorial y consagra el ‘Estado de las autonomías’. Con todo, en lo sucesivo la tensión antidemocrática tendrá dos protagonistas nada naturales: el terrorismo y el golpismo. ETA aprieta el acelerador de los atentados y alza la mira de los mismos, habitualmente centrada en guardias civiles y policías, hacia los militares. Es una clara y deliberada provocación al Ejército, y ‘acabar con el terrorismo’ prescindiendo de los políticos se convierte en la coartada o pretexto fundamental de los militares nostálgicos.

En enero de 1979, tras el asesinato del gobernador militar de Madrid, general Ortín, el diario ‘El Alcázar’, órgano de la Confederación Nacional de Combatientes, pone públicamente voz a las exigencias de los ‘salvapatrias’ oficiales al reclamar la fulminación de ese Gobierno, la constitución de un Gobierno neutral que sea capaz de enderezar el rumbo de la nave y de llevar un mínimo de esperanza al alma de un pueblo que vive atormentado”. Desde ese momento hasta el golpe de 23-F se produce un envalentonamiento progresivo de los militares, que se pronuncian individualmente o mediante colectivos a favor del tristemente célebre ‘golpe de timón’. Los tribunales militares les exoneran sistemáticamente de toda responsabilidad, incluso en un caso tan escandaloso y flagrante como la insubordinación y los insultos del general Arés, de la Guardia Civil, al vicepresidente Gutiérrez Mellado durante una reunión en Cartagena.

La escalada terrorista de ETA, que bate todos sus récords, conduce al aumento de los atentados de la ultraderecha, que en 1980 se saldan con 27 muertes, 16 de ellas en la País Vasco. La espiral está ya desatada y el miedo y la ira se apoderan de los ciudadanos. El caldo de cultivo que conducirá al ‘golpe’ del 23-F alcanza su plena efervescencia. El pretexto para la intervención militar es lograr el fin del terrorismo, pero el objetivo primario, fundamental, es poner fin a la experiencia democrática. Suárez es el hombre a neutralizar y, a finales de 1980, él también lo sabe.

Continuará

04 abril, 2014

Queremos tanto a Suárez... (I)



Julio de1976: Adolfo Suárez presta juramento como presidente del Gobierno ante el Rey, tras ser elegido por éste entre una terna propuesta por el Consejo del Reino, de la que formaban parte también Silva Muñoz y López-Bravo.


Ahora que se han pasado los fastos y la faramalla que han acompañado a la muerte de Adolfo Suárez siento la necesidad de decir algunas cosas que he callado estos días por exceso de indignación. La mentira y la hipocresía me irritan siempre y desde siempre, pero en este caso ha habido tal exceso de ambas que me he sentido bloqueado porque mi respuesta espontánea habría sido una colección de exabruptos tan gratuita como inútil.

En su momento, cuando el ahora ‘beatificado’ ex presidente anunció su dimisión, escribí que llegaría el día en que se le echaría de menos y se reconocería la transcendencia y el valor de su labor. Dada mi falta de afinidad política con lo que Suárez representaba, imagino la perplejidad de muchos, pero nadie me dijo entonces esta boca es mía. En mi condición -asumida seriamente mientras me dejaron- de periodista independiente, me pareció oportuno y coherente escribir lo que escribí, por más que otros lo juzgasen inoportuno e inconveniente, además de no coincidir con mi criterio. Suárez era entonces 'lo peor'.

El tiempo me ha dado sobradamente la razón, pero demasiado sobradamente. Las loas sobrepasan con creces lo previsible y también lo razonable. Suárez tiene el incuestionable mérito de haber sido el único presidente de Gobierno de esta democracia que cumplió lo que prometió, y hacerlo requería entonces un valor y una fortaleza de carácter considerables. Nunca en cuarenta años las circunstancias políticas habían sido tan críticas ni complicadas en este país como bajo su Gobierno.

Existía una crisis económica galopante, con una inflación del 26% en 1977, y un desempleo creciente y aparentemente incontenible. El Régimen no había querido tomar medidas correctoras, ante la delicada sucesión y transición que afrontaba, para no alterar la paz social. El responsable de Economía, Villar-Mir, se había limitado a pedir a los españoles que se 'apretasen' el cinturón. Sólo los Pactos de la Moncloa, que reunieron a partidos, sindicatos y patronal con el Gobierno en busca de compromisos económicos, laborales y políticos, lograron aclarar un poco el horizonte.

Pero antes de esos pactos cruciales fue preciso legalizar al PCE, por simple verosimilitud democrática, pero también porque sin esa condición Comisiones Obreras no se sentaría a negociar en ninguna mesa, y tal ausencia conduciría a los trabajadores españoles más concienciados a no considerar legítimo ni vinculante ningún acuerdo que se intentase gestar. La legalización fue aprobada por Suárez en vacaciones de Semana Santa y la conmoción fue considerable, especialmente entre los integrantes de lo que entonces se denominaba el 'bunker', agresivo núcleo de resistencia del franquismo que, en su versión más virulenta, perpetró, en enero de 1977, la Matanza de Atocha, que costó la vida a cinco abogados de CC OO y miembros del PCE.

El acoso terrorista, sin embargo, no era exclusivo de los ultraderechistas radicales. En el inicio de 1977 el presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol y Urquijo, permanecía secuestrado por los GRAPO, que pronto añadirían como rehén al presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, Emilio Villaescusa. Mientras tanto, ETA mantenía su secuencia sistemática de asesinatos, que se acentuaría hasta extremos maniacos tras el referéndum de la Constitución, cuyos resultados en el País Vasco alentaron la escalada de ataques identificada más tarde como 'los años de plomo'.

Adolfo Suárez carecía entonces de otra legitimación que la confianza del Rey, que, para sorpresa general, le había preferido en una terna, elaborada por el Consejo del Reino, a sus rivales Federico Silva Muñoz (democristiano, ex ministro de Obras Públicas) y Gregorio López-Bravo (numerario del Opus Dei y ex ministro de Industria y de Asuntos Exteriores). Suárez también era ex ministro, pero como Secretario Nacional del Movimiento. En principio, no parecía que hubiera otra opción peor para la democracia que un hombre al que se suponía guardián de las esencias del franquismo 'apolítico'. La decisión real tranquilizó a los patrocinadores de un sistema autoritario que ignoraban que serían conducidos por 'uno de los suyos' al harakiri mediante la Ley para la Reforma Política, que inició el odio irreconciliable contra quien acabaría siendo elegido presidente mediante las urnas.

Continuará