30 abril, 2014

Devaluar el euro: Una propuesta francesa


Francia quiere que, a finales de Mayo, tras la renovación del Parlamento Europeo, la UE debata seriamente la devaluación del euro, cuyo valor actual juzga demasiado elevado y lesivo para sus intereses. Nuestros vecinos, forzados a asumir una reducción del gasto de 50.000 millones de euros desde ahora hasta 2017, finalmente le han visto las orejas al lobo. Se acabaron los compadreos y el 'buen rollo' con la Merkel de la era Sarkozy. Francia va mal porque los 'sacrosantos mercados' le han puesto la proa a la política económica de Hollande, y el FMI, el BCE y las agencias de calificación no reconocen otra 'solución' que el recorte del gasto, que Francia ha querido evitar a toda costa para mantener en lo posible el bienestar social.

Por razones que nadie sabría explicar convincentemente, el euro está sobrevalorado desde su nacimiento y el BCE, que significativamente reside en Frankfurt, tiene dos objetivos fundamentales que nunca ha estado dispuesto a revisar: la estabilidad del euro y el control de la inflación. Ahora la inflación no sólo está a la baja, sino que roza peligrosamente la deflación, evidencia de la ruina interna de los países periféricos (los llamados PIGS. en la despreciativa jerga financiera inglesa) que amenaza con extenderse a los que no lo son. El euro, por su parte, seguramente a causa de la presión especulativa y compradora de los mercados, crece sin parar. En los últimos doce meses la fluctuación ha sido de un 5,49 por 100, entre el nivel más bajo (1,2754 dólares en Julio de 2013) y el más alto (1,3968 en marzo de 2014)

A nadie se le oculta que el gran enemigo de la devaluación es Alemania, atenta sólo a sus propios intereses y empeñada en 'diktar' las políticas económicas ajenas. Será interesante ver cómo se desarrollan las negociaciones que Manuel Valls quiere iniciar apenas dentro de un mes. Los dos 'pesos pesados' de la UE ocupan hoy trincheras enfrentadas y un disenso entre ambos no dejaría de tener consecuencias importantes, incluso graves. La postura francesa va a tener, previsiblemente, muchos apoyos en el seno de una UE empobrecida. Cabe esperar que entre ellos esté el de España, aunque con el Gobierno actual no se puede descartar ninguna sumisión o estupidez estratégica.


09 abril, 2014

Queremos tanto a Suárez... (y IV)




Cuando concluye la legislatura casi se puede dar por desaparecida a la UCD. Perdido el liderazgo de Suárez, que funda el Centro Democrático y Social (CDS), se produce una desbandada considerable, y el democristiano Landelino Lavilla recoge el testigo. Los resultados electorales para ambas formaciones centristas serán decepcionantes, pues, seguramente como consecuencia del intento golpista del 23-F y de la aprobación del ingreso en la OTAN, el electorado se polariza fundamentalmente en las opciones supuestamente menos ambiguas, favoreciendo al PSOE  con una mayoría absoluta sin precedentes ni consecuentes (202 escaños) y estableciendo como segunda fuerza a AP-PDP (107). UCD sólo logra 11, con un descenso de votos del 77,3 por 100 y Suárez, en su debut con el CDS sólo logra dos escaños.

La situación mejorará sensiblemente en 1986, al lograr 19 escaños, los mismos que AP en las primeras elecciones, pero volverán a caer en 1989 a 14. En el seno del partido se reconsidera la equidistancia del mismo entre AP y el PSOE, especialmente después de que AP cambie su denominación por PP y se defina como partido de centro reformista, desde 1990 bajo la dirección de Aznar. En 1991, tras una severa derrota en las elecciones municipales y autonómicas, Suárez renuncia a la presidencia del partido y también, definitivamente, a la actividad política. Fraga se ha salido al fin con la suya, ocupar virtualmente el centro político, pero fue Aznar quien lo rentabilizó en su lugar. Al igual que Suárez, Fraga tuvo que irse, pero lo hizo a Galicia, a gobernar. El piloto de la transición, sin embargo, tuvo que empezar una nueva vida como abogado, pero añorando, según algunos afirman, la actividad pública y con cierta tristeza por no poder hacerlo y por el trato recibido de parte de algunos rivales políticos, pero también de supuestos amigos o conmilitones. De su actividad como abogado no se sabe gran cosa. Trataba con empresas extranjeras y también con algunas organizaciones humanitarias. Al parecer había renunciado a cualquier tipo de regalía al abandonar la presidencia del Gobierno.


Tras el abandono de la política, su vida personal ha sido tan privada como pudo hacerla. Se volcó en su familia, en compensación a todas las horas que su pasión por la política y su obsesión por hacer bien las cosas le había negado, pero de la familia le vinieron también los peores disgustos y las mayores inquietudes. La enfermedad y muerte por cáncer de su esposa Amparo y de su hija Mariam no sólo fueron heridas profundas para una hombre ya muy herido, sino que el coste de los tratamientos le puso al borde de la ruina. Hubo de hipotecar sus propiedades en Ávila, que finalmente fueron embargadas.


Del lado de las satisfacciones sólo una, que seguramente le compensó un poco por sus desvelos y fue un bálsamo para sus heridas. En 1996 recibió el premio Príncipe de Asturias de la Concordia, el más adecuado para quien concentró toda su actividad en la búsqueda y el logro de consensos, en la conciliación de contrarios, en la superación de las desconfianzas e incluso de los odios que habían generado una sangrienta guerra civil y una larga y cruel dictadura 


Su última aparición pública tuvo una motivación doble: política y familiar. Su hijo, Adolfo Suárez Illana, se presentaba a la presidencia de Castilla-La Mancha por el PP, y su padre, sin duda afectado ya por la devastadora enfermedad que le causaría la muerte, participó el 2 de mayo de 2003 en un mitin en Albacete para darle su apoyo. Recientemente se han podido ver en TV imágenes de la patética situación que se produjo, cuando el ex presidente, visiblemente nervioso e inseguro, se ‘perdió’ durante la lectura de su intervención.

   
Su hijo lo explica –e intenta justificarse- así: "Mi padre ya estaba mal y yo no quería que acudiera al mitin, pero él insistió. Entonces le escribí un discurso con letras muy grandes. Leyó bien el primer folio, pero en el segundo perdió el hilo y volvió a leer el primer folio. Él se dio cuenta y dijo: 'Perdonen ustedes, pero creo que me he liado'. Retomó los papeles y empezó a repetir el fatídico folio. Finalmente dejó de lado el discurso preparado y con su espontaneidad habitual dijo: 'Bueno, para qué mas discursos, yo lo que os quiero decir es que mi hijo es una persona de bien y que hará muy bien su trabajo'. (Extraído de ‘El Mundo’)


Aquella situación debió haberse evitado. Suárez no era ya dueño de sí mismo y esa instrumentalización política fue, de hecho, una última traición a quien tantas intrigas y ataques insidiosos había sufrido, ésta promovida, además, por quienes habían causado su retirada de la política para ocupar virtualmente un ‘centro reformista’ político, a cuya praxis nunca han hecho honor.


Quienes
en estos días se lamentan amargamente de que se esté poniendo en cuestión el éxito de la transición, y abrazan amorosamente la figura de un Suárez al que destruyeron, deberían admitir finalmente que dicha transición fue abortada por un intento de ‘golpe’ de Estado bajo sospecha de autogolpe bien orquestado. Esa ‘transición perfecta’, que se pone como ejemplo desde el chovinismo nacional, fue realizada bajo una extraordinaria presión fáctica y dejó demasiados cabos sueltos. De hecho, dos nuevos planes golpistas, en 1982 y 1985, de características extraordinariamente violentas, fueron frustrados sin grandes consecuencias para los implicados. Había que quitarle hierro, no provocar al ejército.

Así hemos llegado a un país en el que, bajo una crisis económica gravísima, que afecta en mayor grado a los más débiles, todo se pone en cuestión, desde la forma de Estado a la unidad territorial. Los derechos se revisan a la baja y los deberes, al alza, por un Gobierno que hace gala de una indiferencia y una arrogancia que nada tienen que ver ni con un partido de centro ni con una democracia digna de tal nombre. Y mientras tanto, los cadáveres de los miles de desaparecidos de la guerra civil siguen sin una sepultura digna.


¿Transición? ¿Para cuándo?


07 abril, 2014

Queremos tanto a Suárez... (III)



Merece la pena escuchar con detenimiento el breve discurso (9 minutos) televisivo en el que Suárez anunció su dimisión. Aunque nada explícito, en él se deslizan ideas que no dejan lugar a dudas acerca del motivo de su renuncia, para evitar “que la democracia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”. Es el discurso de un estadista, consciente de la transcendencia de lo que ha logrado, y también de lo que queda por hacer. Dimite, pero no abandona la política. Si es cierto o no que, como él afirma, la suya es una decisión libre y personal, fruto de una meditación madura, es algo que quizás no lleguemos a saber nunca.

En su libro 'La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar', la periodista Pilar Urbano no deja lugar a dudas acerca de que fue Don Juan Carlos quien, persuadido por su amigo el general Armada, forzó la dimisión del presidente del Gobierno. Para Suárez, afirma, estaba claro que “el Rey era el alma del 23-F”. Sin embargo, posteriormente, ante la magnitud del escándalo ocasionado, Urbano recoge velas y asegura que “el golpe de Estado se produce no sabiéndolo el Rey”. Parece claro, en definitiva, que somos nosotros, el pueblo, quienes nunca sabremos la verdad. Y también parece claro que la periodista va a lograr un éxito de ventas arrasador, cuyos beneficios irán a parar a las arcas del Opus Dei, que tiene entre sus miembros más dilectos y generosos a la autora.


Si Suárez creía que su anuncio de dimisión del 29 de enero iba a parar el golpe, se equivocaba. Por el contrario, le puso fecha. Los golpistas decidieron escenificarlo precisamente el 23 de febrero, con ocasión de la sesión de investidura de Calvo-Sotelo, su sucesor, en las Cortes, aprovechando el breve lapso de vacío de poder. Finalmente, no hizo acto de presencia la autoridad “militar, por supuesto” que iba a dirigirse a la Cámara y a tomar el codiciado timón (Armada, por supuesto), y el tozudo y visceral Tejero hubo de admitir que el golpe había sido un fiasco y entregarse.


El peso de la 'cruz'
La legislatura 77-81 fue para Suárez un auténtico “via crucis“. Especialmente a partir del 78, tras la aprobación de la Constitución, los partidos de la oposición centran el fuego en su persona, no sólo en su Gobierno, conscientes de que él es el hombre a batir. El PSOE, ansioso por llegar al poder, que soñó alcanzar en las primeras elecciones, no escatima las descalificaciones. Alfonso Guerra le califica como ‘tahúr del Misisipi’ y sugiere, en alusión al golpismo, que si el caballo de Pavía entrase en el Congreso “Suárez se subiría a su grupa”. En AP, Fraga, que tenía un rencor muy personal contra el presidente del Gobierno por haber formado y encabezado UCD, calificaba al partido centrista como un conjunto de “tránsfugas, indefinidos y pactistas”. Solo Carrillo, que le calificaba como "un anticomunista inteligente”, renunció a los ataques personales.


Dentro de la propia UCD el clima no era mucho mejor en algunos casos. El propio jefe del grupo parlamentario centrista, Herrero de Miñón, sentía especial placer en obstaculizar el trámite de los acuerdos del Gobierno, y uno de los lugares comunes entre los ‘chicos de buena familia’, como Calvo-Sotelo o Garrigues incidía en subrayar su déficit académico. El sentimiento de soledad e incomprensión llegó a ser una experiencia cotidiana para Suárez, pero nunca torció el gesto ni dejó de hacer o decir lo que creía necesario. En su discurso de dimisión, sin embargo, hay una crítica recurrente de la 'puñalada trapera', que hoy sigue siendo una tradición aparentemente insoslayable en la política española: “El ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier tipo de solución que trata de enfocar los problemas del país no son a mi juicio un arma legítima”, dijo.


Parece claro que Suárez había adquirido un peso político que inquietaba a muchos, no sólo a los involucionistas. Quienes creían que sólo sería una conveniente figura de transición, un puente entre la dictadura y la democracia que desaparecería de la escena una vez cumplida su misión, ignoraban su vocación y su capacidad política. Consciente de su carisma popular, Suárez rechazaba ser una mera anécdota y sus abundantes enemigos temían la posibilidad de su triunfo en una segunda legislatura democrática, pues supondría una consolidación de su figura muy difícil de combatir.


OTAN: definirse... o morir
Por otra parte, Suárez preocupaba mucho a Estados Unidos y a los atlantistas europeos, dato nada insignificante. Su visita a Cuba, la primera de un líder occidental, sorprendió y disgustó. Fidel Castro era un apestado político y su régimen comunista sufría una cuarentena permanente, dictada por EE UU, que el presidente español ignoró. Por si ello fuera poco, su cordialísima acogida a Arafat en su visita a España encendió todas las luces rojas. Si a ello sumamos su ambigüedad respecto a la adhesión de España a la OTAN, que, en cualquier caso, no consideraba urgente y sí debatible en el contexto político nacional, el cuadro resultante es que tampoco a nivel internacional contaba Suárez con apoyo alguno. Para Washington su figura era otro punto negro a sumar a las secuelas preocupantes de la ‘revolución de los claveles' en Portugal, a la presencia de ministros comunistas en el Gobierno francés, y al peso específico notable del comunismo en la Italia de la época. No podía ser.


Aunque Suárez no explicitó nunca con claridad su visión de la política internacional ni el lugar que España debía desempeñar en el contexto de la ‘guerra fría’, lo cierto es que el atlantismo entusiasta manifestado por su ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, le costó el cese. En tanto que el presidente, lógicamente más volcado en la convulsa política interior, consideraba necesaria la integración en la Comunidad Europea, la entrada en la OTAN le parecía una fuente potencial de disenso en un contexto nacional sumamente delicado y complejo. No sabía que ambas cosas iban indisolublemente unidas en el mismo paquete.


Continuará y concluirá en la próxima entrega

05 abril, 2014

Queremos tanto a Suárez... (II)



 
El asesinato por ETA del general Ortín, gobernador militar de Madrid, en enero de 1979, fue escenario de una enorme tensión e indignación. 'El Alcázar' llegó a pedir "la fulminación" del Gobierno. Los involucionistas hablan ya sin tapujos.
Para la derecha franquista y para el estamento militar, que se autoatribuía la función de vigía y garante de los destinos de España, el desmantelamiento de la ‘democracia orgánica’, que Franco había construido contando exclusivamente con su ‘leales', y la legalización del Partido Comunista de España, auténtica ‘bestia negra’ para ellos, es un cataclismo insoportable. Los términos ‘traidor’ y ‘perjuro’ (por traicionar los principios del Movimiento Nacional, a los que había jurado fidelidad) son los más suaves que se aplican a Suárez. El resto es pura escatología tabernaria, que cunde en los cuartos de banderas y en los cenáculos y mentideros de los ‘derrotados’.

Nada impedirá, sin embargo, que en Junio de 1977, apenas un año después de la designación de Suárez por el Rey, se celebren las primeras elecciones legislativas en 43 años de la historia de España. La Unión de Centro Democrático (UCD) de Suárez vence claramente, con 166 diputados; le sigue el PSOE, con 118; el PCE, con 19, demuestra tener más respaldo social que el franquismo residual representado por Alianza Popular (16 escaños), encabezada por Fraga y otros seis ex ministros del Régimen. Otros grupos, que incluyen a los nacionalistas vascos y catalanes y al PSP de Tierno Galván, se reparten los 31 escaños restantes.

 Los resultados permiten al ‘bunker’ constatar hasta qué punto sus deseos y exigencias están alejados de las expectativas de la mayoría sociológica del país. La ultraderecha no logra un solo escaño y los resultados de AP son tan escasos como elocuentes. Los españoles quieren una democracia verosímil y constructiva, y Adolfo Suárez, junto al ‘factor miedo’, les han convencido de que es posible, contra los pronósticos iniciales. Su capacidad de persuasión, de diálogo y de consenso han obrado el ‘milagro’, lo que no impide que proliferen las reticencias y los prejuicios entre las formaciones del nuevo Parlamento, al menos de cara al público, y se radicalice el odio entre quienes le consideran un traidor.

La tarea crucial que se impone de inmediato es la elaboración de una  Constitución democrática. Cuando la redacción del texto concluye, tras un laborioso consenso entre partidos, las iras del ‘bunker’ se centran en el Título VIII, que trata de la organización territorial y consagra el ‘Estado de las autonomías’. Con todo, en lo sucesivo la tensión antidemocrática tendrá dos protagonistas nada naturales: el terrorismo y el golpismo. ETA aprieta el acelerador de los atentados y alza la mira de los mismos, habitualmente centrada en guardias civiles y policías, hacia los militares. Es una clara y deliberada provocación al Ejército, y ‘acabar con el terrorismo’ prescindiendo de los políticos se convierte en la coartada o pretexto fundamental de los militares nostálgicos.

En enero de 1979, tras el asesinato del gobernador militar de Madrid, general Ortín, el diario ‘El Alcázar’, órgano de la Confederación Nacional de Combatientes, pone públicamente voz a las exigencias de los ‘salvapatrias’ oficiales al reclamar la fulminación de ese Gobierno, la constitución de un Gobierno neutral que sea capaz de enderezar el rumbo de la nave y de llevar un mínimo de esperanza al alma de un pueblo que vive atormentado”. Desde ese momento hasta el golpe de 23-F se produce un envalentonamiento progresivo de los militares, que se pronuncian individualmente o mediante colectivos a favor del tristemente célebre ‘golpe de timón’. Los tribunales militares les exoneran sistemáticamente de toda responsabilidad, incluso en un caso tan escandaloso y flagrante como la insubordinación y los insultos del general Arés, de la Guardia Civil, al vicepresidente Gutiérrez Mellado durante una reunión en Cartagena.

La escalada terrorista de ETA, que bate todos sus récords, conduce al aumento de los atentados de la ultraderecha, que en 1980 se saldan con 27 muertes, 16 de ellas en la País Vasco. La espiral está ya desatada y el miedo y la ira se apoderan de los ciudadanos. El caldo de cultivo que conducirá al ‘golpe’ del 23-F alcanza su plena efervescencia. El pretexto para la intervención militar es lograr el fin del terrorismo, pero el objetivo primario, fundamental, es poner fin a la experiencia democrática. Suárez es el hombre a neutralizar y, a finales de 1980, él también lo sabe.

Continuará

04 abril, 2014

Queremos tanto a Suárez... (I)



Julio de1976: Adolfo Suárez presta juramento como presidente del Gobierno ante el Rey, tras ser elegido por éste entre una terna propuesta por el Consejo del Reino, de la que formaban parte también Silva Muñoz y López-Bravo.


Ahora que se han pasado los fastos y la faramalla que han acompañado a la muerte de Adolfo Suárez siento la necesidad de decir algunas cosas que he callado estos días por exceso de indignación. La mentira y la hipocresía me irritan siempre y desde siempre, pero en este caso ha habido tal exceso de ambas que me he sentido bloqueado porque mi respuesta espontánea habría sido una colección de exabruptos tan gratuita como inútil.

En su momento, cuando el ahora ‘beatificado’ ex presidente anunció su dimisión, escribí que llegaría el día en que se le echaría de menos y se reconocería la transcendencia y el valor de su labor. Dada mi falta de afinidad política con lo que Suárez representaba, imagino la perplejidad de muchos, pero nadie me dijo entonces esta boca es mía. En mi condición -asumida seriamente mientras me dejaron- de periodista independiente, me pareció oportuno y coherente escribir lo que escribí, por más que otros lo juzgasen inoportuno e inconveniente, además de no coincidir con mi criterio. Suárez era entonces 'lo peor'.

El tiempo me ha dado sobradamente la razón, pero demasiado sobradamente. Las loas sobrepasan con creces lo previsible y también lo razonable. Suárez tiene el incuestionable mérito de haber sido el único presidente de Gobierno de esta democracia que cumplió lo que prometió, y hacerlo requería entonces un valor y una fortaleza de carácter considerables. Nunca en cuarenta años las circunstancias políticas habían sido tan críticas ni complicadas en este país como bajo su Gobierno.

Existía una crisis económica galopante, con una inflación del 26% en 1977, y un desempleo creciente y aparentemente incontenible. El Régimen no había querido tomar medidas correctoras, ante la delicada sucesión y transición que afrontaba, para no alterar la paz social. El responsable de Economía, Villar-Mir, se había limitado a pedir a los españoles que se 'apretasen' el cinturón. Sólo los Pactos de la Moncloa, que reunieron a partidos, sindicatos y patronal con el Gobierno en busca de compromisos económicos, laborales y políticos, lograron aclarar un poco el horizonte.

Pero antes de esos pactos cruciales fue preciso legalizar al PCE, por simple verosimilitud democrática, pero también porque sin esa condición Comisiones Obreras no se sentaría a negociar en ninguna mesa, y tal ausencia conduciría a los trabajadores españoles más concienciados a no considerar legítimo ni vinculante ningún acuerdo que se intentase gestar. La legalización fue aprobada por Suárez en vacaciones de Semana Santa y la conmoción fue considerable, especialmente entre los integrantes de lo que entonces se denominaba el 'bunker', agresivo núcleo de resistencia del franquismo que, en su versión más virulenta, perpetró, en enero de 1977, la Matanza de Atocha, que costó la vida a cinco abogados de CC OO y miembros del PCE.

El acoso terrorista, sin embargo, no era exclusivo de los ultraderechistas radicales. En el inicio de 1977 el presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol y Urquijo, permanecía secuestrado por los GRAPO, que pronto añadirían como rehén al presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, Emilio Villaescusa. Mientras tanto, ETA mantenía su secuencia sistemática de asesinatos, que se acentuaría hasta extremos maniacos tras el referéndum de la Constitución, cuyos resultados en el País Vasco alentaron la escalada de ataques identificada más tarde como 'los años de plomo'.

Adolfo Suárez carecía entonces de otra legitimación que la confianza del Rey, que, para sorpresa general, le había preferido en una terna, elaborada por el Consejo del Reino, a sus rivales Federico Silva Muñoz (democristiano, ex ministro de Obras Públicas) y Gregorio López-Bravo (numerario del Opus Dei y ex ministro de Industria y de Asuntos Exteriores). Suárez también era ex ministro, pero como Secretario Nacional del Movimiento. En principio, no parecía que hubiera otra opción peor para la democracia que un hombre al que se suponía guardián de las esencias del franquismo 'apolítico'. La decisión real tranquilizó a los patrocinadores de un sistema autoritario que ignoraban que serían conducidos por 'uno de los suyos' al harakiri mediante la Ley para la Reforma Política, que inició el odio irreconciliable contra quien acabaría siendo elegido presidente mediante las urnas.

Continuará 

01 marzo, 2014

Ucrania, un conflicto de alto riesgo


En las últimas horas la tensión ha aumentado extraordinariamente en Ucrania, y también en el panorama internacional. A la advertencia formulada ayer por Obama, en el sentido de que una intervención rusa en el conflicito tendría "costes", que no especificó, Putin ha respondido hoy sin asomo alguno de ambigüedad. El Parlamento ruso ha aprobado, unánimemente, una intervención militar en la antigua república de la URSS "en vista de la situación extraordinaria creada (...) y de la amenaza a la vida de ciudadanos de la Federación Rusa, de nuestros compatriotas, y de los efectivos del contingente militar de las Fuerzas Armadas de Rusia emplazados en territorio de Ucrania (República Autónoma de Crimea)"

En Crimea, república autónoma (no provincia, ni región ucraniana) que acoge a un fuerte contingente de la marina de guerra rusa, las tropas, aunque sin distintivos, ya han hecho acto de presencia ostensible fuera de sus acuartelamientos, para satisfacción y alegría de la población local. Un referéndum para decidir el futuro de la república, convocado inicialmente para mayo, ha sido adelantado al día 30 de este mes. En territorio ruso, las tropas han tomado posiciones ante las fronteras Norte y Este que comparten con Ucrania. Pensar que los gestos rusos son meras balandronadas sería un error. Putin acostumbra a actuar con firmeza y contundencia ante desafíos como este, como demostró en Osetia del Sur y Abjasia tras su invasión por parte de Georgia.

 Como ya ocurrió con ocasión de los conflictos étnicos y políticos que durante años ensangrentaron la ex-Yugoslavia, los medios de comunicación occidentales están manipulando la imagen real del conflicto y sus claves, mediante la típica simplificación maniquea entre 'buenos' y 'malos', en beneficio de los intereses estratégicos de Estados Unidos. Y digo esto porque en ambos casos la UE no fue entonces ni sería ahora otra cosa que una complaciente comparsa. De la guerra en ex-Yugoslavia sólo los USA sacaron algún beneficio, aparte de la fragmentación europea que tanto parece interesarles: hoy poseen en el mini-estado de Kosovo una enorme base militar, denominada Camp Bondsteel. En cuanto a Bosnia, manzana de la discordia en aquellas feroces matanzas, echen un vistazo al mapa adjunto, que muestra al pequeño país hecho trizas. 

Ucrania no es Yugoslavia, ni 2014 son los años 90, cuando la URSS se debatía y desmoronaba en un caos inefable. La crisis actual tiene un altísimo potencial de riesgo para la paz en Europa, y exige de todas las partes una enorme prudencia. El país (el más extenso de Europa, después de Francia) posee una importancia estratégica muy notable, por su situación geográfica y por el hecho de que su territorio es atravesado por los conductos que llevan la energía al Occidente europeo. Casi un 18 por 100 de la población es rusa y un porcentaje mayor son ruso-hablantes y más inclinados a un pacto con su gran vecino que con la UE. Ese no es un dato desdeñable, y Putin no bromea al respecto. Tampoco lo hace, por supuesto, sobre la intocabilidad de la república autónoma de Crimea. 

Ucrania tiene un potencial de crecimiento económico extraordinario y lo ha demostrado en los años pasados, aunque sus gobiernos han fracasado en el control de la inflación, la cual convierte tal crecimiento en intangible a efectos sociales. La política ucraniana está minada por una enorme corrupción y gobernada por una cleptocracia exuberante. Ni el huido Yanukovich ni su oponente, Yulia Timochenko, superarían el más mínimo escrutinio de sus fortunas personales. Con tales mimbres, el cesto resultante es una situación económica de emergencia. Las arcas están vacías y el estado precisaría, ahora mismo, de una inyección mínima de 35.000 millones de dólares. Rusia no los tiene y la UE no debería arriesgarlos en la aventura, dada la situación de sus países periféricos. Quedaría el FMI, que no es precisamente un ejemplo de imparcialidad, pero que, por el momento, se ha comprometido a analizar la situación. 

Estados Unidos lleva mucho tiempo tironeando de Ucrania hacia su esfera de influencia. Su dinero, por importe de 5.000 millones de dólares, según el Departamento de Estado, se ha dirigido a fines, personas o instituciones no identificados, e incluso el gran especulador George Soros ha echado una mano. La llamada 'revolución naranja' (2004), que tantas ilusiones desató, seguramente no fue ajena a tanta 'filantropía' exterior. Y cabría preguntarse qué tuvieron de espontáneo la protesta armada (murieron 16 soldados, no precisamente por palos ni piedras) y la defección parlamentaria que dejaron a Ucrania sin presidente hace apenas unos días. 

El ejército ucraniano, que posee un potencial militar muy notable, es el 'gran mudo' en la situación caótica y crítica que se ha creado. Cabe imaginar que, al igual que la población, está dividido por la mitad en sus inclinaciones atlántistas o pro-rusas y, aunque siempre ha acatado el mandato de los políticos, en el contexto presente cualquier chispa puede causar un incendio. Evitar una guerra civil, cuyos bandos contarían inevitablemente con apoyo exterior, debería ser la prioridad absoluta para las Fuerzas Armadas. 

La situación, como se ve, es tan compleja y delicada que no permite enfoques maniqueos ni actuaciones irreflexivas o provocadoras de ninguna de las partes. ¿Prevalecerán la prudencia y el sentido común? Esta es la segunda confrontación entre Obama y Putin en poco tiempo. En el caso de Siria, tras las advertencias del ruso, que calificó como "agresión" el propósito occidental de atacar militarmente al régimen de Assad y advirtió del riesgo de desequilibrar la zona, indignando a Irán y favoreciendo a Al Qaeda, el presidente estadounidense se avino a razones. En el caso de Ucrania, con los republicanos acusándole de 'blandura', está por ver. La opinión europea pesará en la balanza, ¿pero en qué sentido? El abortado ataque a Siria, por ejemplo, contaba con el apoyo entusiasta de Hollande. Crucemos los dedos porque lo que ocurra podría no tener precedentes desde la "crisis de los misiles".

Pies de fotos:
1.- Paramilitares fascistas, pertrechados para actuar.
2.- Mapa político de Bosnia tras la guerra (picar para ampliar).
2.- Yulia Timochenko, con representantes de la UE en 2010.

24 diciembre, 2013

Todos, bajo estricta y abusiva vigilancia


Desde el día que, hace seis meses, el consultor tecnológico de la NSA Edward Snowden diera a conocer la vasta, sofisticada e indiscriminada política de espionaje implementada por la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense, los usuarios de Internet y de telefonía en todo el mundo han tomado conciencia profunda de hasta qué alarmante punto derechos consagrados como inviolables están siendo vulnerados so pretexto de controlar el terrorismo. Estados, políticos, empresas tecnológicas e instituciones de diverso tipo han hecho oir su voz y exigen a EE UU que ponga fin a la masiva colecta de datos, que afecta incluso a países aliados.

Los conceptos de seguridad e intimidad se han vuelto terriblemente frágiles a medida que las nuevas tecnologías han avanzado, y lo han hecho a una velocidad vertiginosa en los tiempos más recientes. Los medios de recogida y filtrado de datos son ahora gigantescos y sumamente eficaces. La tentación de utilizarlos parece haber sido irresistible para quienes aspiran a controlar no ya el terrorismo global sino el globo mismo. La información es poder y los poderes de este mundo quieren todo el poder. Para ellos las leyes son un obstáculo y su respuesta a sus restricciones consiste en violarlas en secreto.

No es preciso ser un terrorista ni un antisistema para inquietarse por las sistemáticas violaciones de los derechos de los ciudadanos que se están produciendo impunemente. La violación del secreto de las comunicaciones era y es una costumbre en sistemas totalitarios y autoritarios, que no respetan los derechos y libertades de los ciudadanos, y es nuestro deber denunciarla ,resistirla y burlarla por principio. No hacen falta razones particulares ni específicas.

Los usuarios de Internet han observado en los últimos tiempos que, en numerosas webs, aparece una advertencia que reza aproximadamente así: "Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación (...) Si usted continúa navegando entendemos que acepta su uso". Más o menos se trata del célebre "estas son lentejas...", que nunca fue precisamente un ejemplo de democracia. Nos condenan a tragarnos sus 'cookies' (galletas, literalmente), que probablemente son inocuas, pero también las de otros, que raramente lo son. No estoy seguro, pero me parece bastante probable que el aumento de 'spam' en nuestras cuentas de correo también tenga su origen en las célebres 'cookies'.

Las cookies son microprogramas que se introducen en nuestro ordenador mientras navegamos y, en muchos casos, permanecen atentas permanentemente a lo que hacemos y reaccionan de acuerdo con su propia finalidad cuando corresponde. Su utilidad para el usuario es prácticamente nula. A cambio, son muy útiles para quienes las implementan. Las cookies denominadas 'trackers' toman nota de nuestras actividades en la red y, en cualquier momento, en la web más inopìnada, nos ofrecen anuncios directamente relacionados con nuestros intereses e incluso hacen aparecer una segunda pantalla (o más) con publicidad o propuestas de navegación supuestamente indicadas para nosotros. Entre ellos se encuentran las denominadas 'zombies', cuya característica distintiva es que, una vez eliminadas, se autoregeneran. Pero más peligrosas aún son las denominadas 'key-loggers', capaces de espiar lo que escribimos, especialmente cosas tales como contraseñas, números de tarjetas de crédito, domicilios...

 Hace meses que, inquieto por algunas anomalías, decidí instalar un programa llamado "Spy Hunter", literalmente 'cazador de espías'. Lo he estado pasando cada día, en ocasiones más de una vez, e invariablemente, detectaba y eliminaba un buen número de 'trackers' y de vez en cuando un 'key logger', siempre los mismos. En consecuencia, la experiencia era tan consoladora como inquietante, pues inquietante es que tales engendros permanezcan en nuestro ordenador durante horas hasta el momento en que son eliminados.

 Afortunadamente, hace un par de días encontré una solución que parece definitiva, al menos mientras los autores de 'trackers' no descubran un antídoto. Se trata de un complemento del navegador que utilizo habitualmente, Firefox, y su nombre es 'Self-Destructing Cookies'. Hace precisamente lo que promete, pero da al usuario la oportunidad de evitar la destrucción anunciada cuando una web es de su confianza. Ahora mi 'Spy Hunter' no detecta nada y yo me quedo tranquilo.

Quienes estén preocupados por la creciente penetración de intrusos en nuestros ordenadores aquí tienen un útil y gratuito regalo de Navidad. Firefox es un navegador de código abierto y multiplataforma elaborado por voluntarios de todo el mundo, unidos en la iniciativa Mozilla. La libertad y la seguridad en Internet son la meta de Mozilla, naciido en 1998, y, al contrario que Explorer, de Microsoft, o Chrome, de Google, carece de vinculación con los grandes monstruos tecnológicos y con sus intereses. Si no tienes este navegador puedes descargarlo aquí, y el complemento 'Self-Destructing Cookies', aquí.

De nada. Felices fiestas.

Pie de foto: Edward Snowden, considerado por muchos un héroe global de las libertades, considera que ha hecho lo que debía. 
  

18 octubre, 2013

Tea Party: el peligro del té con plastas

Si la reciente crisis presupuestaria en EE UU ha puesto de manifiesto algún grave peligro -además de la significativa falta de fiabilidad del país del dólar de cara a la economía global- es la constatación, más allá de cualquier duda o cuestión de matiz, de que el llamado 'Tea Party' es una rémora nefasta para la política interior y exterior del país que pretende y cree liderar el mundo. Las tácticas de filibusterismo (obstrucción parlamentaria) deplegadas por los republicanos hasta el último minuto, con los miembros del 'Tea Party' en vanguardia, han llevado la incertidumbre a todos los meridianos del mundo y han lesionado gravemente, entre los estadounidenses, la imagen del partido del elefante como alternativa de poder.

Lo que los del té con plastas buscaban, como mínimo botín de su intransigencia para aprobar los presupuestos y el aumento del 'techo' de endeudamiento, era cargarse.la ley sanitaria conocida como 'Obamacare', gran caballo de batalla para cuantos rechazan la extensión de los servicios de salud a todos los ciudadanos. Cualquiera podía predecir, desde el principio de la confrontación, que no lo iban a lograr y que tampoco podían llevar su irresponsabilidad al extremo de hacer realidad la insolvencia del país. Obama no iba a ceder ni un ápice sobre su preciada ley porque es, hasta la fecha, el único logro en política social que puede ofrecer a sus votantes tras haberse batido en retirada de todas sus promesas. Las mentes calenturientas del 'Tea Party' lo creyeron posible y la consecuencia ha sido un doloroso disparo en el pie del Partido Republicano.

A medida que la crisis presupuestaria se prolongaba la inicial confianza de los mercados se transformó en nerviosismo y los movimientos financieros se ralentizaron y adoptaron, dentro de lo posible, medidas prudenciales por si ocurría lo peor. Los principales acreedores de EE UU, China y Japón, rompieron su crispado silencio para recordar a Washington que el reloj corría en contra de sus intereses. El enfado de Pekín, que en estos días superaba a EE UU como mayor consumidor de petróleo del mundo, fue mayor que cualquier otro, hasta el punto de que finalmente ha decidido acelerar la implantación de su propia divisa, el polémico 'renminbi' (o yuan), harto de financiar a EE UU para acopiar dólares con los que garantizar su propia solvencia exterior.

Es inimaginable lo que sucederá a principios de 2014 en EE UU, cuando se reproduzca el debate que ahora se ha superado de modo tan accidentado. Cabe imaginar que el Partido Republicano ha tomado buena nota del precedente e intentará sujetar a los adictos al té con plastas, pero al tratarse de un grupo tan heterogéneo, incongruente y asilvestrado nada es descartable. No se debe olvidar que esa caótica conjunción de 'libertarians' (libertarios de derechas, partidarios de reducir la dimensión del Estado a su mínima expresión), fundamentalistas religiosos, racistas inconfesos y criptofascistas, que se amparan en la 'sagrada Constitución' y en las 'suras' de los 'padres fundadores' del 'país de los libres', cuenta con el apoyo ferviente e incondicional del segundo grupo empresarial del país (dirigido por las hermanos Koch, Charles y David) y que entre las estrellas emergentes de los republicanos se halla el senador cubano-americano Ted Cruz, empeñado en una confrontación muy personal con Obama, al que tal vez aspira a relevar en la Casa Blanca con el apoyo de los 'locos del té'.


Pie de foto: Ted Cruz, senador republicano por Texas.

07 octubre, 2013

La revolución ultraliberal, o la ruptura del Contrato Social


En breve se cumplirá un año de la fecha en que el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, dijo en declaraciones al semanario alemán 'Der Spiegel' lo siguiente: "Muchos gobiernos todavía deben darse cuenta de que perdieron su soberanía nacional hace mucho tiempo. Debido a que en el pasado han permitido que su deuda se acumule, ahora dependen de la buena voluntad de los mercados financieros". Tan categórica afirmación se realizaba en un contexto de apoyo por parte de Draghi al deseo alemán de que la dirección económica de la UE interviniera directamente en la redacción de los presupuestos nacionales de los países miembros.

Los presupuestos de España, recientemente presentados por el Gobierno bajo el pomposo calificativo de "los de la recuperación", son una evidencia insoslayable de hasta qué punto el propósito alemán prospera. Lejos de frenarse, los recortes continúan. El que afecta a las pensiones, especialmente brutal por su incidencia social, reduce su incremento a un anecdótico 0,25%, que será fagocitado de inmediato por la inflación. El recorte que recaerá sobre las autonomías se establece en el 13,5%. Por otra parte, sintomáticamente, el gasto previsto para el pago de los intereses de la deuda supera al previsto para la totalidad de los ministerios.

¿De qué recuperación habla este  falsario Gobierno-Delegado de Berlín? ¿Por qué insiste en engañar a los ciudadanos, convertidos 'de facto' en súbditos? Desde luego no habla de la recuperación del más mínimo poder adquisitivo por parte de los españoles. Los salarios de los funcionarios siguen congelados, la destrucción de empleo continua y la precarización laboral es un hecho incontestable: el mayor logro de la reforma laboral, que supuestamente iba a crear puestos de trabajo. Como consecuencia el consumo, y por lo tanto la producción y venta de bienes está paralizado, lo cual anuncia más desempleo.

La Constitución, en su artículo primero, describe a España como un "Estado social y democrático de Derecho". ¿"Social" se refiere a las sociedades anónimas? ¿"Democrático", cuando el Gobierno en ejercicio ha llegado al poder engañando a todo el mundo sobre sus auténticas intenciones? ¿"De Derecho", mientras  todos los derechos asumidos hasta la fecha están siendo barridos sin escrúpulo alguno? Obnubilados por la dimensión económica de esta crisis, hemos minimizado sus gravísimas consecuencias socio-políticas y es hora de que las afrontemos como parte de un todo que supone un atentado a los ciudadanos hasta ahora inédito en la historia de las democracias.

No se trata sólamente de que España haya cedido partes esenciales de su soberanía a poderes ajenos. Con ser ese un problema muy grave, aún es mayor el que supone la ruptura fáctica del Contrato Social surgido en 1.978 con el consenso constitucional. En toda democracia el Estado es el garante de dicho contrato. Cuando los derechos y deberes cuyo cumplimiento garantiza se reducen o eliminan el Estado se deslegitima y los ciudadanos quedan legitimados a su vez, al menos teóricamente, para desentenderse de los deberes que dicho contrato les imponía. Esa es la lógica, según la ciencia política.

Cuando los gobernantes nos dicen -no en España, por supuesto, donde el engaño llega al extremo- que no volveremos a la sociedad que conocimos, en realidad nos indican que se ha producido una revolución ultraliberal, promovida por los poderosos manipuladores de los mercados y asumida de modo cómplice por los poderes políticos como 'inevitable'. Su objetivo es terminar con el llamado Estado del Bienestar, con los convenios colectivos y la reprepresentación sindical, con la estabilidad laboral y con la gestión pública en terrenos, como la Sanidad y la Educación, entre otros, que hasta ahora eran incuestionables.

El propósito último es poner en las manos de la banca y los mercados financieros el mayor volumen posible de la masa monetaria de cada país, sean cuales sean las consecuencias. Cuando ese plan acabe de perpetrarse y el poder económico no tenga contrapeso ninguno ¿para qué servirán esas entelequias llamadas hasta ahora estados? Cabe suponer que conservarán su jurisidicción sobre el Ejército y la Policía, así que vayan ustedes haciéndose una idea.


Foto: Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo.

16 septiembre, 2013

Obama, en su peor trance



La presidencia de Obama atraviesa en estos días sus peores momentos. No se trata sólo de que la presión de la opinión pública nacional e internacional le haya forzado a renunciar a atacar a Siria, acción que había defendido con un ardor inquietante. Lo más difícil está por llegar y se circunscribe al terreno económico, en el que, pese a la superación de la recesión y a los buenos datos macroeconómicos, las espadas están en alto, tanto en su propio partido como en la oposición.

Un avance significativo de lo que puede ocurrir próximamente ha sido su fracaso en imponer la polémica figura del economista Larry (Lawrence) Summers al frente de la Reserva Federal (Fed), en sustitución de Bernanke. De nada ha servido el entusiasta panegírico de Obama, que dice tener "confianza absoluta" en el criterio de Summers y en su adecuación para el cargo. Representantes de su propio partido en el Senado han boicoteado la elección. Nada puede hacer olividar -y menos en el quinto aniversario de la quiebra de Lehman Brothers- que Summers, que anunció ayer su renuncia, fue en la era Clinton el 'apostol' de la desregulación financiera que abocó a la crisis actual.

En cualquier caso, este hecho nada insignificante, que ha sido 'vendido' públicamente como una renuncia de Summers a postularse para el cargo, evitando así que el presidente incurra en un nuevo renuncio tras el del abortado ataque a Siria, sólo es una pequeña escaramuza dentro de la batalla parlamentaria que se prepara con los presupuestos y el aumento del techo del déficit como objeto de debate. La transcendencia de esa confrontación es decisiva. Si Obama no logra que se aumente el referido techo, que se hallaba en Abril en el 118% del PIB, con una deuda total de 16, 8 billones de dólares, el resto de la legislatura pasará por graves apuros.



El nivel de endeudamiento actual sólo fue superado tras la depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial.


Los republicanos rechazan apoyar un aumento del endeudamiento, de cuyo montante 5,8 billones se hallan en manos extranjeras (China y Japón son los principales tenedores), del mismo modo que se han opuesto a la política de estímulos económicos, tan bien recibida por los inversores. El instrumento fundamental de esa política es el "Quantitative Easing" (QE), cuyo final ya fue anticipado por Bernanke y que consiste en la compra por parte de la Fed de 85.000 millones de dólares mensuales en activos financieros.

Si el QE --que ha contribuido a aumentar el déficit- desaparece, como está previsto que suceda, y el techo del déficit no aumenta EE UU se hallará pronto en una situación virtual de quiebra y la reacción de los mercados podría causar enormes dificultades y ahondar la crisis que el país se cree en trance de superar. A nivel internacional la conmoción sería también muy considerable. Cabe suponer, en consecuencia, que el Parlamento estadounidense acabará aprobando el aumento del techo del déficit en la medida que Obama desea, pero la situación actual es tan delicada que, para lograrlo, el presidente ha decidido eludir los forcejeos con las Cámaras, renunciando al ataque a Siria y sacrificando la cabeza del 'imprescindible' Larry Summers.

Lo que intenta Obama, en última instancia, es eludir cualquier confrontación previa a un debate económico crucial, que se iniciará aproximadamente dentro de un mes. Mientras tanto, pese a (y también a causa de) sus renuncias, la imagen del otrora carismático presidente de Estados Unidos se deteriora aún más.