30 marzo, 2006

Aznar y los 'conceptos colectivos'

Como a Aznar se le ha quedado pequeña España, donde además corre el riesgo de que le pregunten sobre el diálogo con ETA y sobre otros molestos cómos y porqués, se ha ido a Italia a ayudar a caer a su amigo Berlusconi. Y naturalmente, ha dado la nota. No tanto, de todos modos, como en México, donde tuvo que hacer a toda prisa la maleta tras prestar su apoyo expreso al candidato del PAN y arremeter contra el ‘nefasto populismo’ de su principal rival. Y es que los mexicanos son muy sentidos con su independencia. Tal vez porque siempre la han visto amenazada por el vecino del norte, donde impera el mejor amigo del ex presidente del Gobierno español. Ni siquiera el PAN, beneficiario de su apoyo, se atrevió a justificar su intromisión

Los italianos son mucho más escépticos. La historia les ha ‘regalado’ un buen montón de experiencias de las que curan de espantos a cualquier pueblo y la última de ellas, ese paradigma del solipsismo al que impropiamente denominan ‘il cavaliere’, ha roto todas las marcas de desprecio y manipulación de una democracia. Probablemente Aznar le admira porque no padece en absoluto la "fascinación por los conceptos colectivos" que detecta con mucha preocupación como elemento común a "la utopía socialista y a las ensoñaciones nacionalistas", y también, cómo no, al "movimiento yihadista".

Ese maridaje entre especies incompatibles se le ocurrió al ‘vigía de Occidente 2’ como obsequio especial a la campaña de Berlusconi. Y seguramente el ‘ideólogo’ español considera que se trata de una aportación sumamente beneficiosa para el ideario del neoconservadurismo global. Junta sus obsesiones de cabecera, las mezcla con los perniciosos ‘conceptos colectivos’ que, según él, tienen en común y ya ha formado su particular ‘eje del mal’ para ir tirando unas cuantas decenas de mítines y conferencias más.

Que uno sepa los conceptos colectivos son precisamente el objeto central de la acción (y de la reflexión) política. La política y los políticos -al menos en las democracias- están para propiciar, entre otros, ese esencial concepto colectivo llamado bien común. La falacia de la “filosofía política” aznariana se pone en evidencia cuando enfrentamos, fascinados o no, los ‘indeseables’ conceptos colectivos con sus opuestos, los conceptos individuales o subjetivos. Tanto Berlusconi como Aznar han mostrado una gran capacidad para anteponer lo individual y subjetivo -lo propio, en definitiva- a lo colectivo. Ambos han intentado inútilmente despolitizar la política, que en gran medida conciben en sus sueños como una gran empresa en la que todo el mundo cumple órdenes, guarda silencio y funciona como un reloj.

¿A qué les recuerda esa antiutopía? La cosa está clara, al menos para españoles e italianos. ¿Quién quiere repetir?

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27 marzo, 2006

Los pies de barro de la democracia

Que Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) atraviesa graves problemas de financiación no ofrece lugar a dudas. Que el contenido de sus misivas recaudatorias, consecuencia de la aplicación inmediata de la Carta Financiera que el partido aprobó en la reciente reunión de su Consejo Nacional, es un cutre despropósito con inquietantes resonancias mafiosas también ha quedado claro. Igualmente obvio es que el asunto, extensamente aireado y criticado, ha constituido un regalo inesperado para quienes quieren ajustar cuentas con el grupo de Carod-Rovira.

Pero más allá de su sugerente atrezzo vestimentario de camisas oscuras y corbatas a grandes bandas oblicuas de color, más allá de su inclinación a pasarse cinco pueblos y de su arrogancia, los republicanos catalanes son bastante menos mafiosos que ingenuos. Se les nota mucho el pelo de la dehesa propio de quienes no han tocado en serio el poder hasta ahora y se encuentran todavía tomando tierra. Ya quisiéramos que todos los partidos tuvieran estrategias de financiación tan ‘transparentes’.

Sin ir más lejos, como ERC ha argumentado ahora para devolver el golpe, hace poco más de un año se destapó en el Parlament (lo hizo el propio Maragall, que primero habla y luego piensa) el ‘tresporcientismo’ de CiU. Fue en su momento un gran escándalo que, tal como me atreví a ‘profetizar’, se ha quedado en nada gracias a una no escrita ‘ley del silencio y de la inhibición’ que supone una casi total impunidad para las vías irregulares (delictivas en realidad) de financiación de los partidos. De todos los partidos.

Ahí residen los pies de barro más ostensibles de la democracia formal, parlamentaria y partitocrática. El progresivo distanciamiento entre políticos y ciudadanos -salvo en campaña electoral, por supuesto- es contrarrestado mediante la creación de un proliferante ‘funcionariado’ de partido y operaciones gigantescas de ‘marketing’ partidista que superan con creces las capacidades ‘lógicas’ de autofinanciación. Los costes de las campañas rebasan habitualmente las previsiones y todo es insuficiente para engrasar una maquinaria desorbitada.

Existe, por supuesto, una normativa sobre la financiación de los partidos y un órgano fiscalizador, que es el Tribunal de Cuentas. La Ley de Financiación de Partidos Políticos nace en 1987, apenas una década después de las primeras elecciones, y ha sido ampliamente sobrepasada por la realidad. Dicha normativa admite las donaciones anónimas hasta un límite de 60.000 euros y prohíbe expresamente que sean destinadas a fines electorales. La limitación de la cantidad se supera de modo confortable e impune acumulando donaciones de la misma fuente nunca superiores a lo previsto. La prohibición de destinar lo recaudado a fines electorales es más bien una broma y como tal se lo toman todos los partidos.

José María Irujo, en un estudio publicado en El País el 18 de abril del año pasado, realizó un interesante estudio sobre el tema del que cabe destacar los siguientes aspectos esenciales:

- En el trecenio comprendido entre 1992 y 2005 los partidos políticos han recibido 90 millones de euros (15.000 millones de las antiguas pesetas) en donativos, la gran mayoría anónimos.
-Casi el 70% de esa cantidad ha entrado en las arcas del PNV y CiU.
- Los datos prueban que las donaciones al PNV, CiU y PP crecen al amparo de una ley que facilita la opacidad y las trampas.
- Los donantes son, en muchos casos, empresarios y constructores que buscan favores.
- El Tribunal de Cuentas exige que se ponga fin a la situación actual, favorecida por la normativa legal.

La situación es, objetivamente, una vergüenza para la democracia y para los partidos, cómplices y gestores de una situación en la que, fundamentalmente, se mueve ‘dinero negro’ e interfieren intereses que pasan de castaño oscuro.

Pero echemos un vistazo al dinero ‘blanco’. Entre 1997 y 1999 la banca condonó deudas a los partidos políticos por importe de 19,1 millones de euros. Asimismo, sólo en 1999, les toleró el impago de créditos ya vencidos (otros 26 millones de euros). Cuánta generosidad, ¿no? ¿Quién es tan ingenuo como para creer aún en la independencia de los partidos?

Poner coto a esta situación es una exigencia urgente para la limpieza y verosimilitud de un sistema ahora corrompido y condicionado. Sólo unas leyes lúcidas y exigentes pueden terminar con esta vergüenza que nos mancha y perjudica a todos.

Y ya es hora.

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22 marzo, 2006

Hora de esperanza y de responsabilidad

El alto el fuego permanente declarado por ETA es una gran noticia, pero, como en su momento dijo el presidente del Gobierno, sólo constituye el inicio del principio del fin del terror, el primer paso en un camino que el propio Rodríguez Zapatero prevé largo, duro y difícil.

El comunicado de la banda terrorista es elocuente acerca de su posición. ETA no dice lo que espera del Gobierno o de los partidos, sino lo que ‘deben’ hacer y a dónde 'debe' llevar inexcusablemente el proceso que se abre a partir del día 24. No hay admisión alguna de debilidad ni signo verosímil de rectificación acerca de la legitimidad de su lucha. El anuncio llega a continuación de una secuela de atentados mediante los cuales la organización ha tratado de mostrar una fortaleza en la que nadie cree ya.

ETA y el entorno político que le sirve de apoyo son, en su mayoría, conscientes de que el terrorismo ha dejado definitivamente de ser un instrumento útil y/o justificable. Los tiempos cambian, las sociedades evolucionan. Una generación sucede a otra y lo que ayer valió para algunos resulta indefendible ya para cualquiera. Lejos de avanzar un solo paso, Euskalherria se ha visto gravemente deteriorada por la acción de los violentos. El terrorismo ha sido una peste, tanto para el País Vasco como para el resto del Estado, y ha perjudicado sistemáticamente en las urnas a su brazo político.

Las evidencias acerca de la necesidad de cerrar un ciclo que debió concluir con la aprobación de la Constitución y el retorno de la autonomía a Euskadi no pueden seguir siendo ignoradas. La brutal irracionalidad de los ‘años de plomo’ y el empecinamiento que ha caracterizado a ETA hasta no hace mucho han sido el origen de su derrota, porque es a una derrota a lo que estamos asistiendo. La violencia no es una opción y por lo tanto ni ETA tiene razón de ser ni toda la sangre, el dolor y el miedo que ha generado tienen sentido alguno. Su derrota nace de su error.

Nunca lo admitirán abiertamente, pero es así. Están derrotados y delegan en la vía política la acción reivindicativa, conscientes de que no existe otro camino. Aspiran, ellos y Batasuna, a lograr conquistas políticas a cambio de la paz cuyo horizonte asumen, pero ni los unos ni los otros pueden albergar grandes esperanzas en ese terreno. La Constitución es el límite y en ella no figura el derecho de autodeterminación, horizonte utópico de todos los partidos nacionalistas. Ni se espera que lo haga nunca.

La fórmula ‘paz por presos’ es el techo al que ETA puede aspirar razonablemente. Todo lo demás está fuera de lugar, lo demande Ibarretxe o lo demanden Otegi o ‘Txeroki’. La organización terrorista quiere poner fin a su trayectoria apuntándose alguna victoria política, por pequeña que sea, pero por muy largas y tensas que sean la negociaciones en la mesa política o en la mesa militar, a lo más que pueden aspirar es a una reforma, necesariamente consensuada en el Congreso, del Estatuto de Gernika.

El irredentismo de los radicales abertzales es el peor de los riesgos en el camino que ahora se inicia, pero del lado del Estado existe un riesgo no menor y es la falta de colaboración -hasta ahora evidente y fundada en insidias- del primer partido de la oposición. El Gobierno debe poder contar con el apoyo del PP en el tránsito hacia la pacificación. Les compete a Rajoy y a su partido una grave responsabilidad. Y por ahora no hay signos fiables de que vayan a estar a la altura. Lo que hoy ha dicho el líder popular, aunque algunos crean apreciar un ligero cambio de matiz, no es especialmente alentador en ese sentido.

Serán los hechos a partir de ahora los que nos mostrarán si el PP asume la corresponsabilidad que implica ostentar la representación de la segunda mayoría política del país o sigue jugando a destruir por motivos de rentabilidad partidista, muy hipotética en este caso.

Una vez que ETA ha declarado un alto el fuego permanente está fuera de lugar seguir intoxicando a los ciudadanos sobre hipotéticas concesiones. Es el momento de demostrar que se está, responsablemente, con lo que todos los españoles y todos los vascos desean: el fin del terrorismo, la paz. Con todas las cautelas precisas, pero con determinación y con buena fe.

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19 marzo, 2006

Unos marchan, otros beben

-Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
-El vacío es más bien en la cabeza.
Antonio Machado

Seguramente no tenemos remedio. Ni quien nos lo ofrezca. El macrobotellón del viernes (y madrugada del sábado), grande y 'espontánea' manifestación nacional de estupidez evasiva, es uno de esos síntomas que no dejan lugar a dudas acerca del diagnóstico. No tenemos remedio y en el futuro seguramente tampoco, en vista de que son los más jóvenes los exclusivos protagonistas de esa alienación beoda que en Barcelona y Salamanca se saldó con vandalismo, detenciones, daños y heridos.

Unas horas después, cuando decenas de miles de jóvenes españoles dormían la mona, afrontaban la resaca o eran presentados ante el juez, sus coetáneos franceses marchaban ordenadamente (los incidentes posteriores no deben desvirtuar esa evidencia) en defensa de su futuro y, en el fondo, del de toda la sociedad. Y lo hacían junto a los sindicatos y a la izquierda, propinando al CPE (Contrato de Primer Empleo) del Gobierno un golpe de muerte. Voilá la difference!

Francia cuenta con unas leyes laborales que sus empresarios consideran 'superprotectoras' del trabajador y contraproducentes para la economía nacional (la cuenta de resultados corporativa, se entiende). Eso ha llevado a que la contratación de los trabajadores más jóvenes se convierta en casi un imposible. Para 'arreglarlo' el Gobierno se ha sacado de la manga el CPE, que intenta facilitar un primer empleo a los jóvenes de hasta 26 años, con la salvedad de que podrán ser puestos en la calle cuando el patrón lo juzgue oportuno sin mayores consecuencias. Los jóvenes, lógicamente, no quieren ser empleados de usar y tirar; los sindicatos rechazan cualquier alteración de las normas en vigor porque temen que así se abra la puerta a mayores males; la izquierda, que allí es oposición, hace su trabajo: se opone.

Aquí hace muchos años que el hipócrita paternalismo laboral del franquismo, con normas que eran papel mojado llegado el caso pero cuya letra obligaba y daba por sentado el empleo fijo, fue desmantelado por la izquierda, en un gesto de inefable progresismo. Fue el PSOE de Felipe González quien, para satisfacción de la patronal, desactivó un sistema de garantías que el franquista presidente de la patronal había comparado con el matrimonio canónico imperativo en la era de Franco. El 'inmortal' José María Cuevas hizo por aquellos tiempos una de sus frases más tristemente célebres, coincidente con la aprobación de la ley del divorcio. Vino a decir el ominoso tal que "todos los españoles pueden divorciarse ya, menos los empresarios, que tenemos que seguir casados con los trabajadores". Genial, ¿no?

La juventud francesa defiende lo que la nuestra ya ha perdido. ¿Será por eso por lo que nuestros jóvenes celebran la ceremonia ritual del fracaso anunciado emborrachándose colectivamente hasta las patas? Pues será.

Unos beben, otros marchan. ¿Tienen derecho a la esperanza los unos o los otros? Me temo que no en el horiznte previsible de la desregulación, la deslocalización, la globalización y tantas otras pesadillas que riman con traición, frustración y desesperación. Unos marchan para defender la intocabilidad de los derechos por los que lucharon sus padres, otros se emborrachan brindando subliminalmente por la muerte de sus mayores, los que tienen un empleo y acaso más de una hipoteca; los que se rindieron sin lucha, sus precursores.

La avaricia del mercado y la ley de la oferta y la demanda han derrotado a la democracia y al Estado de bienestar. Unos piensan y protestan juntos; otros ignoran, olvidan y se emborrachan también juntos en una celebración prematura y resignada de un 'no future' que va mucho más allá de referencias generacionales.

¿Pero es cierto que no hay futuro?

No en el 'cubata' destructivo que mezcla con el alcohol dosis imprudentes de estupidez y lo aromatiza con una pizca esterilizadora de angostura elaborada a base de ignorancia, evasión y reaccionarismo.

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16 marzo, 2006

Hay algo en el aire

Aparte de cantidades crecientes de polen, hay algo en el aire, como diría Tom Petty (‘There’s something in the air’). Él venteaba revolución, el muy ingenuo. Yo, que no consumo ningún tipo de estupefaciente (ni siquiera televisión), venteo simplemente la apertura de la veda mediática, el fin de la impunidad de la línea ‘destroyer’ del PP.

Tras un prolongado periodo de gracia, desde hace algunos meses se ha comenzado a detectar algún que otro puyazo crítico contra los excesos populares por parte de algunos exegetas políticos nada sospechosos de veleidades izquierdosas pero seguramente afectados de vergüenza ajena hasta un punto que llegó a hacerse insoportable.

Más recientemente, el viraje en redondo de ABC y de los medios del grupo Vocento no ha dejado lugar a dudas acerca del hecho de que la derecha moderada (el centro-derecha, que se dice), en su nivel socio-económico y mediático, está harta de la deriva gamberra del PP.

Antes de eso, a Rajoy le sacaron los colores y le pusieron los puntos sobre las íes los empresarios del Círculo Ecuestre de Barcelona, que no son precisamente catalanistas ‘enragés’. "Aunque a su partido le puede reportar votos, ¿podemos vivir los dos años que quedan de legislatura en este estado constante de crispación?”

Ahí le dieron. La respuesta a la pregunta-clave es NO. Y aunque no exista ninguna constancia al respecto (por razones obvias), todo indica que la banca, razonablemente inquieta, ha dado el visto bueno al fin de la impunidad. Las evidencias sonrojantes que proporcionó la reciente convención del Partido Popular fueron, sin duda, el punto de inflexión.

“No tienen remedio”, debieron decirse los defraudados ‘patrocinadores’ del sistema.

Si el hipotético compromiso del ‘núcleo duro’ financiero es suficientemente sólido y serio no creo que tardemos en apreciar sutiles cambios en la línea del PP. Las dificultades son considerables, si se tiene en cuenta que hasta ahora ha sido Aznar, vigía-delegado de Occidente (el vigía-jefe está en Washington), quien ha dirigido el partido desde las sombras de la FAES y que, como parece deducirse de la reciente convención, retiene un alto nivel de adhesión. Su natural empecinado e intransigente y su convicción de que se está haciendo lo necesario (él sí se lo cree, no como otros) para volver al poder, constituye un obstáculo muy serio.

Eso, sin menospreciar las estrategias de quienes aún predican el gamberrismo desde la COPE ni las insidias del rencoroso Pedro Jota, aliado táctico de Jiménez Losantos, aunque más discreto, sibilino y -aunque parezca mentira- viperino que éste.

Let’s wait and see (1), pero tras el paso del ecuador de la legislatura cabe esperar un cierto sosiego y una oposición basada en la crítica constructiva y dirigida hacia hechos reales, no pesadillas terroríficas. Especialmente cuando los sondeos del CIS canten que el PP no va a más Y disculpen si estoy practicando el ‘wishful thinking’ (2) , como el propio PP ha hecho hasta ahora.

Perdonen también el inglés. Es por si me lee el ‘texano’ de la FAES. Para que el 'inamovible' tenga que coger el diccionario. Tal vez mientras busca ‘wishful” encuentre ‘withdrawal’ (3) y le sugiera un acto de lucidez que el país le agradecería eternamente.

(1) Vamos a esperar y ver.
(2) Literalmente pensar deseoso. Pensar y/o creer lo que se desea que se produzca.
(3) Retirada.

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14 marzo, 2006

Un regalo



El dibujante malagueño Juan Ramón Mora, cuyo blog gráfico figura entre mis suscripciones predilectas desde que descubrí sus excelencias, me ha dado hoy la sorpresa y me ha hecho el regalo y el honor de enviarme una estupenda viñeta de plena actualidad. No era mi intención glosar esta nueva incursión en la indecencia de la marioneta-jefe de Aznar, pero ya con el pie dado...

Rajoy padece desde hace tiempo de una hiperglosia mórbida muy curiosa. Ignoro si toma algún euforizante con el Cola Cao matutino o si su síndrome es clasificable entre lo que podría describirse como la 'vehemencia ferviente del falso converso'. En los oscuros tiempos de la Inquisición (*) los llamados judaizantes o 'marranos' hacian ostentación aparatosa de su falsa fe para evitar la hoguera. En el caso del pobre Mariano el objetivo es bastante menos dramático. Sólo quiere ser presidente. Y Torquemada-Aznar no le pasa una.

Lo que yo me pregunto es cómo puede llegar a la presidencia un señor que viene acumulando tan graves faltas y que ni siquiera se priva de dar el cante infumable de la mochila azul. ¿Recuerdan la 'bodriocanción' que nos acosó en su momento? Decía el estribillo algo así como "la de la mochila azul, / la de ojitos soñadores/ me dejó gran inquietud/ y bajas calificaciones". Hasta parece premonitoria.

Si algún día Rajoy llega a presidente (si lo fue Aznar lo puede ser cualquiera) a la oposición le van a dar el trabajo hecho las hemerotecas.

(*) Los judíos en la España Moderna y Contemporánea, Julio Caro Baroja, Ediciones Istmo. Para saber de dónde venimos, que es la mejor manera de evitar regresar.

P. S.: Casi lo olvidaba. Gracias, Juan Ramón. Salud.

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13 marzo, 2006

Urdaci vive y sigue siendo infeccioso

Cuando leí el editorial de ‘ABC’ del domingo, titulado “Los obispos tienen un problema”, no sabía si creermelo o no. Debo decir que no soy lector habitual ni apenas esporádico (di con el artículo navegando por la red, como tantas veces) del periódico, aún monárquico, que fue de los superborbónicos Luca de Tena y hoy está mayoritariamente en manos de Vocento. Eso no impide que sepa bastante aproximadamente de qué va, pero el editorial en cuestión era de tal lucidez y contundencia, para mi encomiable, que me sorprendió.

Era singular y muy plausible porque contravenía dos de las normas no escritas de la deontología periodística española, que no es que sea ejemplar, pero sostiene entre sus axiomas que "perro no come perro" y que "a la Iglesia ni tocarla". Con ocasión del escándalo de la infiltración de los esbirros de la COPE en el EGM y la manipulación de datos cuya perpetración José Antonio Abellán confirmó con psicopático orgullo, ‘ABC’ se despachó de esta manera:

“La Iglesia, como editora de la COPE y responsable, por lo tanto, de sus contenidos, deberá abordar la desafección manifiesta de determinados comunicadores al ideario del medio y que a esa incoherencia añaden la infracción habitual de las más elementales normas de la deontología de la profesión periodística; tendrá, también, que responder de sus comportamientos probablemente ilegales y afrontar el hecho incontrovertible de que su radio se haya convertido en una auténtica piedra de escándalo, tanto en términos éticos y cívicos como en los que acotan una razonable convivencia democrática”.

(Ver editorial completo: http://www.abc.es/opinion/index.asp?ff=20060312&idn=142705786522 )

Hoy, Cecé Oó, que no es ningún colega africano, sino el inefable Alfredo Urdaci, el que confundía la información con la propaganda para escándalo o deleite de televidentes, entra en el terreno de juego para perpetrar un ajuste de cuentas muy peculiar. Mientras uno lee su ‘parto’ puede tener la ilusión de que va a dejar a Jiménez Losantos cual servicio de discoteca en fin de semana. Pero no, el destinatario preferente de su deposición, titulada “Una tamborrada de hostias”, es el presunto autor del editorial de ‘ABC, José Antonio Zarzalejos, director de la publicación.

Esto es lo que escribe el micromega-manipulador:

“Este fin de semana le ha caído (a Jiménez Losantos) lo que el autor de los golpes (Zarzalejos) llamó en cierta ocasión “una tamborrada de hostias”. Es su estilo, y el estilo es el hombre. En cierta ocasión se nos ocurrió tomar en serio los datos del EGM, los referidos a la prensa. Diez minutos después de ofrecerlos a la audiencia nos advirtió por teléfono de que nos iba a caer “una tamborrada de hostias”. Me sorprendió que alguien con su educación fuera capaz de manejar aquel vocabulario. Tocar el tambor al estilo Donosti es de muy mal tono. No discutió los datos, sólo nos recriminó por haberlos ofrecido. Quizá aquel día le estaba quitando el polvo al uniforme de Falange de algún pariente cercano, y se vino arriba. Zarzalejos es así. Suele cargar los tinteros del periódico con la tinta que destilan sus fobias”.

La anécdota suena a apócrifa, pero resulta ocioso a estas alturas de la historia preguntarse sobre lo real, lo falso o lo ocultado en relación con Cecé Oó. En cualquier caso, por si quedaran dudas acerca de qué lado está y a quién prefiere entre Losantos y Zarzalejos, el otrora turiferario del aznarato concluye:

“Pero si los obispos deben preocuparse por algo, es por el que reparte “hostias” sin haberlas consagrado, emboscado en su voz meliflua de beato. Desde que llegó a Madrid tira dentelladas a los tobillos pero hace tiempo que perdió los dientes”.

O sea, que el episcopado no debe preocuparse por los desmanes de su dilecto colega Losantos, tan obvios, insultantes y desaforados, sino por los razonamientos equilibrados de quien les pide que se preocupen y evoca la necesaria coherencia entre ideario y práctica en la cadena radiofónica eclesial. ¡Qué morro tienes, Cecé Oó!

Aunque sea desde un mísero blog, la cabra Urdaci sigue tirando al monte que fue de orégano y manipulando tanto como puede al servicio de sus ex-valedores y ex-expectadores, que tanto le quieren y a quienes tanto debe.

(Ver el ‘parto’ completo: http://alfredourdaci.blogspot.com/2006/03/una-tamborrada-de-hostias.html

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12 marzo, 2006

¡BASTA YA!

Da asco considerar la evidencia de que a estas alturas de la historia, dos años después de una de las mayores tragedias que ha vivido la España contemporánea, el Partido Popular insiste en sostener, en forma de insidiosa duda sobre la autoría, la intolerable mentira con la que durante tres días de vergüenza intentaron cegar a todos los ciudadanos con el único objetivo de mantenerse en el poder. Da auténtico asco, suponiendo que esta expresión sea suficiente para calificar la totalizadora mezcla de repugnancias (moral, intelectual, política, ética y estética) que inspira la actitud de unas gentes cuya ejecutoria, anterior y posterior a los hechos, les hace incompatibles con cualquier futura tarea de gobierno. Engolfados en la mentira, siguen sosteniéndola implacablemente en un vano intento de recuperar credibilidad y negársela al actual Gobierno.

Independientemente de que el asunto esté ‘sub iudice’, sabemos ya lo suficiente acerca de los autores y de la trama. Nadie hasta ahora ha hallado un solo indicio sólido que vincule la trágica jornada del 11 de marzo de 2004 con ETA. Y mucho menos con la que entonces era la oposición, o con la de miembros de la Guardia Civil, la Policía o el CNI, como se sugiere menos abiertamente. El Partido Popular, con la impagable (¿o pagable?) ayuda del diario ‘El Mundo’ y de otras impunes vergüenzas del periodismo español, se hunde en el albañal hasta el pelo al intentar dar valor de prueba a anécdotas insignificantes, dimes y diretes de dudoso origen y especulaciones tan gratuitas como deshonestas.

Pero no es ésto lo único indecente y repugnante. Lo es más aún la utilización partidista de las víctimas del terrorismo y la discriminación entre las ‘buenas’ (las de ETA y GRAPO, o sea, la AVT) y las malas, las ‘rojas’ (las del terrorismo islámico). Eso, junto con la insistencia en las insidias sobre la autoría del 11-M, se vivió ayer una vez más en el segundo aniversario. Quienes han hecho de las mentiras sobre el terrorismo y sobre la ruptura de España la línea central de su discurso de oposición no tuvieron ningún rubor en exhibir de nuevo su indecencia ante las víctimas del terror, gran parte de las cuales, convenientemente manipuladas, siguen sus consignas y sostienen su mismo discurso, pese a saber que Aznar intentó en su día lo que hoy quiere intentar el actual gobierno.

El PP de Aznar, que no de Rajoy (patética marioneta, voz de su amo), ha roto unilateralmente el pacto antiterrorista para acusar al Gobierno de romperlo y negarle toda colaboración. Es el mismo PP de tantas otras mentiras e insidias inaceptables; el que ha envenenado y envenena sistemáticamente la vida política para atribuirle luego al Gobierno la crispación.

Es el PP al que, como a ETA, hay que decirle ¡Basta ya! Exigirle que deje de emponzoñar la convivencia entre los españoles; que asuma definitivamente su derrota; que barra de sus filas a los indecentes y a los fascistas secretos; en definitiva, que ame realmente a España, como dice amarla, y busque su bien más de lo que ama el poder y la revancha.

¡Basta ya!

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10 marzo, 2006

Apoteosis del gamberrismo

Ayer, cuando Rajoy se despachaba contra el proyecto de Estatuto catalán en la Comisión Constitucional del Congreso con tal despliegue de hipérboles falaces que hasta Carod-Rovira se confesó tentado de votar a favor de un texto que rechaza por razones totalmente contrarias a las del PP, aunque sin duda más objetivas, los daños colaterales de la ‘guerrilla’ derechista se extendían como si fueran fruto de alguna maniaca operación del terrorismo islámico. El gamberrismo se enseñorea del panorama.

Para empezar, el vitalicio presidente de la patronal, José María Cuevas, hacía otra de sus épicas incursiones en la arena política con su proverbial estilo 'verticalista'. Este dinosaurio, que es, junto con Fraga y Martín Villa, un paradigma de la flotabilidad de los viejos paquebotes franquistas, ha sido reelegido en febrero, por séptima vez tras 22 años al frente, para un nuevo mandato de cuatro años. Con la confianza que seguramente le da el significativo apoyo (lamentablemente entrar en el significado de la perdurable identificación entre los patrones y Cuevas no es objeto de este artículo y no por falta de ganas) del 92% de los empresarios españoles, el inefable Cuevas no dudo en provocar las iras de las patronales vasca y catalana para servir a los intereses de los suyos de toda la vida.

Respecto al empresariado euskaldún, el 'superpatrón', que calificó de ‘disparate’ la búsqueda de la paz con ETA, proceso al que atribuyó “terribles consecuencias para la sociedad y los empresarios vascos”, discriminó con su insufrible desparpajo y su provocadora falta de prejuicios entre “los que se consideran perseguidos, que merecen nuestro respeto, impulso y apoyo, y los que piensan que la paz es lo mejor y que desde la CEOE debemos callarnos la boca y dejarlos a ellos solitos”. Ciertamente la andanada no iba dirigida tanto contra la patronal vasca como contra el Gobierno, cuyo presidente es la ‘bestia negra’ personal del presidente de la CEOE en la misma medida en que es el hombre a batir para el PP.

El efecto, no obstante, no sólo ha sido la ira del empresariado vasco, sino el expreso apoyo de estos al Gobierno en su gestión de un hipotético proceso de paz.

A los catalanes, a los que Cuevas debe mucho más de lo que sin duda está dispuesto a admitir, les buscó las cosquillas (y se las encontró) con sus malévolas insinuaciones, peyorativas no sólo para los empresarios sino para los catalanes en general. Las ofensas surgieron al meterse el ‘sobrado’ presidente de la patronal en el fangal de la OPA de Gas Natural contra Endesa. "Yo soy un modesto accionista de Endesa -dijo el cuitado- que en este momento no sé si la OPA me la hace Gas Natural, me la hace el señor Montilla, el señor Conthe presidente de la CNMV... No sé bien quién la hace". Así describió el lenguaraz político-empresario el polémico asunto: "Inicialmente es una operación empresarial, seguramente poco pensada, poco matizada y muy a la catalana: ´Que tenemos el poder que es favorable, en cuyo caso, además, nos va a costar menos dinero´. A eso llamo yo una OPA a la catalana. Por el dinero y por contar con el BOE”.

Aquí la andanada sí que era deliberadamente simultánea contra el Gobierno y contra la patronal catalana. Cuevas no perdona que el presidente de Fomento del Trabajo, Joan Rossell, intentase descabalgarle de la presidencia en las últimas elecciones. Ajuste de cuentas. Suma y sigue de daños colaterales.

¿Se puede romper la patronal? Así podría temerse a la vista de la grave situación creada por ‘bocazas’ Cuevas, pero el empresariado español es mucho más prudente que quien –paradójicamente- lo representa. Eso sí, en la próxima reunión de la directiva del CEOE silbarán los cuchillos de un lado a otro de la mesa.

Lo que sí puede romperse, por mor de otros montaraces no menos arrogantes e irresponsables que el presidente de la CEOE, es la AIMC. La Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación integra entre sus miembros (163) a los principales interesados en las diversas áreas del mundo de la información desde el punto de vista económico, es decir, anunciantes y medios. El Estudio General de Medios (EGM) constituye su principal actividad y es la más polémica porque se elabora en base a encuestas, lo que favorece que sus cifras sean cuestionadas por quienes se sienten perjudicados por las conclusiones de las tres oleadas anuales del referido estudio.

Pero lo que es motivo de reticencias circunstanciales y provisionales suspicacias para algunos se ha convertido en una obsesión, en un auténtico ‘casus belli’ para la COPE. Los ‘héroes’ mediáticos de la cadena de radio del episcopado español, entre los que destacan el inefable Federico Jiménez Losantos (La mañana), César Vidal (La linterna) y José Antonio Abellán (El tirachinas), cada cual en su terreno, tenían la tesis vagamente paranoide de que el EGM era manipulado para favorecer a la SER en perjuicio de sus ‘espléndidos’ programas.

Para confirmar tal teoría, Abellán, constituido en jefe del ‘aparato militar’ de la operación, movilizó a buena parte de la plantilla de Deportes de la cadena en diversas provincias para que se infiltrase en las empresas a las que la AIMC subcontrata el estudio. Todo indica que no se constató manipulación alguna (la ‘operación’ fue diseñada hace seis meses) o que el voluntarioso Abellán y el autor intelectual (Jiménez Losantos) cayeron en la cuenta de que si existía alguna manipulación iba a ser muy difícil de demostrar, así que decidieron directamente pasarse a la ilegalidad, ordenando a sus esbirros hacer deliberadamente mal el trabajo para ver si era detectado y en caso de que no lo fuera cargarse el EGM que les quita el sueño.

La chapuza fue detectada y la AIMC dio cuenta ayer del asunto, anunciando que probablemente tendría que suspender la publicación de su principal informe (Abril 2005-Marzo 2006) ante las dificultades para filtrar las encuestas manipuladas y contar con muestras fiables y en número suficiente para que el estudio no estuviese viciado por la actividad presuntamente criminal de los agentes de la COPE. Abellán tuvo que salir a la palestra y abortar la operación, cuyo término estaba previsto el 23 de marzo, según un acta notarial que los ‘delincuentes’ se tomaron la molestia de registrar en enero.

Naturalmente las conclusiones de Abellán se cargan el EGM, pero debemos preguntarnos qué credibilidad tienen las tesis de alguien que, satisfechísimo, confiesa públicamente “¡sí, y hemos comprado, y hemos cambiado, y hemos hecho todo lo posible para demostrar que se puede hacer! ¡Y a programas marginales les hemos metido audiencia, y a programas que no salen nunca ahora salen, y a otros programas los hemos cambiado!".

Se les va la olla, está claro. ¿Cabe concluir que se hace realmente algo irregular del hecho de que pueda ser hecho? ¿Se puede ignorar que las irregularidades fueron descubiertas a tiempo? Ellos mismos aportan la razón por la que sus ‘sólidas’ premisas carecen de sentido. Pero más allá de la inquetante evidencia de que algo no funciona bien en ciertos cerebros, lo más preocupante es que los autores de una actividad manifiestamente ilegal la confiesen con tanto orgullo. En su ilimitada prepotencia sin duda están convencidos de su impunidad. Y lo peor es que podrían tener razón en eso. ¿Será posible que después de este destrozo nadie vaya a pagar los platos rotos? Eso sería lo último que nos quedaría por ver en cuanto al éxito de la abyección.

En esta gamberrada no sólo hay un damnificado (la AIMC) sino también considerables daños colaterales que afectan a terceros (agencias publicitarias, anunciantes y medios principalmente) que como consecuencia de la irresponsabilidad de los ‘héroes’ de la COPE parecen condenados a quedarse sin un medio, el EGM, a la vista del cual acostumbran a definir sus estrategias. Alguien debe pagar los platos rotos.

A estas horas no consta ninguna reacción del episcopado español acerca del estropicio perpetrado por los puntales de su cadena radiofónica. Estarán mirando al cielo, para variar, en la esperanza de que descienda la luz que ha de iluminarlos en la noche del oprobio.

El gamberrismo prospera y se generaliza en este país gracias al silencio cómplice. El de la militancia centrista del PP ante los delirios de la dirección del partido (en la sombra y bajo los focos); el de los empresarios españoles ante las gratuidades chulescas de su vitalicio presidente; y el de los obispos ante los impresentables compañeros de viaje a los que cobija y amplifica a través de la Cadena de Ondas Populares.

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06 marzo, 2006

Más pasado que futuro

Por supuesto, Rajoy no dijo nada que se saliera del previsible guión de la convención del partido que preside (por delegación reversible de Aznar, como se pudo constatar más que nunca en esta ocasión). Su ‘sincera’ (¡) oferta de colaboración con el Gobierno en cuestiones sensibles fue de inmediato anulada mediante un ‘pero’ disuasorio (si el Gobierno rectifica).

Siguen fingiendo no haberse hecho a la idea de que ya no están en el poder. Si el Gobierno no atiende a sus exigencias (que saben de antemano inatendibles y por eso las formulan) lo traducen, de cara a la galería, como una ruptura (del pacto antiterrorista, por ejemplo) o como una injusta marginación (Estatuto catalán). Son ellos los que rompen, son ellos los que se automarginan, y la razón es que quieren tener las manos libres para seguir vendiendo su mendaz ‘Apocalipsis según Zapatero’.

Que los hechos desmientan sistemáticamente las razones de su alarmismo no parece inquietarles. Miente, que algo queda.

El resto es, como dirían ellos, “más de lo mismo”. El PP sigue donde estaba y la peculiar cuchipanda que organizó sólo sirvió para ratificarlo. El ´héroe’ de la convención no fue Rajoy, sino Aznar. Tampoco fue Rajoy quien concitó los mayores entusiasmos después de Aznar, sino Acebes y Zaplana.

Pobre Mariano, tan sobreactuado, tan fuera de su papel y, pese a sus esfuerzos, sin gancho real para la ‘hinchada’.

Más allá de todo esto, que no es grano de anís, lo que en última instancia resulta más significativo de la convención es su tono autodefensivo y autojustificativo, que, según todos los síntomas, no iba dirigido tanto hacia el potencial electorado como ‘intra muros’.

Eso delata que las críticas a su estrategia destructiva de oposición y la denuncia eficaz de las mentiras que emplean para instrumentarla están haciendo mella.

La omnipresencia de Aznar durante la convención tampoco deja lugar a dudas de que, ante la inquietud creciente en las filas y las llamadas a una rectificación hacia el centro, quien es el padre, la madre y el gran hermano de la formación ha decidido alejar toda duda de que realmente lo es, de que manda y de que, como en 1996, el camino hacia La Moncloa lo conoce él y sólo él. Ahora sólo falta que se decida a encabezar abiertamente la marcha.

¿Qué cesto se puede hacer con estos mimbres? Ellos sabrán, o, mejor dicho, él sabrá.

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05 marzo, 2006

¿Hay futuro?

A la espera de conocer el ‘clarificador’ discurso de Rajoy, prefiero evitar una valoración definitiva de la convención que, con una parafernalia escenográfica oscilante entre la imitación de similares fastos en el floklore político estadounidense y la evocación de la nunca bien ponderada Feria del Campo franquista, está celebrando el Partido Popular.

No son signos lo que falta para hacerse una idea de lo que Rajoy estará a punto de decir mientras escribo estas líneas. Sus dos triunviros ya han dado pistas más que suficientes acerca del hecho de que lo último que la peculiar reunión se ha planteado es una revisión de su actual política de oposición (si cabe denominar así al conjunto de delirios, alarmismos apocalípticos y mentiras tan obvias como perversas que caracterizan su acción).

Ocurre que Rajoy va a trazar las líneas del futuro de la estrategia del partido (o eso es lo que se espera) y ante tan prometedora y estimulante oportunidad es preferible esperar, no sea que nos sorprenda con alguna de esas propuestas centristas de las que “más de ciento en horas veinticuatro/ sin ponerse en marcha se anularon”.

Precisamente el futuro protagoniza -en teoría- la convención. “Hay futuro” reza en su frontispicio. Y tal afirmación no se refiere tanto al futuro de ‘su’ querida España como al de su descentrado artefacto de poder. Es la respuesta a la inquietud interna, porque, contra lo que todos sostienen como un solo hombre de dientes para afuera, crecen las dudas internas acerca de que la irresponsable dirección adoptada sea la más acertada para volver a La Moncloa.

El drama de la derecha española es que, cuando no tiene el poder, le ocurre lo que al vagabundo de la canción, que no sabe quién es ni de dónde viene ni a dónde va. Es una tropa tan diversa y tan ansiosa que resulta imprevisible y tiende a dejarse galvanizar por las propuestas más montaraces. Es como una engolfada hinchada futbolera que, aunque vaya perdiendo por goleada, evita cuestionarse la capacidad del entrenador y se gratifica con la visión y la práctica del patadón y la zancadilla. Y, por supuesto, atribuyéndole a la madre del árbrito la profesión más antigua del mundo. La diferencia es que, en este caso, ni siquiera creen que vayan perdiendo, aunque muchos lo sospechan.

¿Con qué debemos quedarnos?, se pregunta la perpleja militancia. ¿Con las invitaciones a la moderación que formula Ruiz-Gallardón? ¿Con la justificación implícita del golpismo que hizo Fraga al definir el 23-F como “cuando algunas personas, sin duda llenas de buena voluntad, con un gobierno dimitido, intentaron dar un golpe militar de Estado". ¿Con la fe incombustible que Aznar tiene en la mentira como instrumento político, con sus pesadillas balcánicas y su incondicional alineamiento con Bush? ¿Con las justificaciones del gamberrismo político y la afirmación de su necesaria continuidad formuladas por Acebes y Zaplana?

Y a todo esto, ¿en qué consiste el centro político reformista que se insiste en sostener contra toda evidencia? ¿Qué hay que reformar que no sea el propio partido? ¿La Constitución que tanto le costó admitir a Fraga y a los otros seis “magníficos” ex ministros de Franco? Ahora -es la última tendencia- intentan definirse como liberales. ¿Cómo el austriaco Jörg Haider?

No se aclaran, pero mientras tanto se han convertido en la oposición más indecente e irresponsable que ha conocido hasta ahora la democracia española. No están a la altura ni van camino de estarlo.

En el pecado se lleva la penitencia. Una prolongada excursión por el desierto suele producir profetas. Y es por ahí, por el desierto, por donde vaga la abigarrada tribu expulsada del poder por su mala cabeza, a la que siguen rindiendo culto cual si de infalible becerro de oro se tratase.

Go down Moses!

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19 febrero, 2006

ETA: El parto de los montes

Hay autores que en voces misteriosas,
estilo fanfarrón y campanudo,
nos anuncian ideas portentosas;
pero suele a menudo
ser el gran parto de su pensamiento
después de tanto ruido, sólo viento.

Félix María Samaniego


Un jarro de agua fría. Eso es lo que los ‘sobrados’ y alucinados dirigentes de ETA han lanzado sobre las ilusionadas expectativas alimentadas por tirios y troyanos acerca de la proximidad de una tregua como “principio del fin” del terrorismo. ”La resolución del conflicto no llegará a través de pasos unilaterales», afirman, lavándose las manos sobre su responsabilidad esencial, para instar a continuación a los agentes políticos y sociales vascos a «dar algunos pasos y sin esperar a nadie», como si eso no fuera precisamente la unilateralidad en estado puro.

¿Estas son las “cosas buenas” que Ibarretxe preveía? Hay que ser muy optimista para pensarlo, sobre todo si se considera que la banda, en su comunicado, previene al PSOE y al PNV de que «la imposición de un nuevo ciclo autonómico a Euskal Herria traerá sólo la prolongación del conflicto». En resumen: o se asume de entrada el derecho a la autodeterminación («el derecho de los ciudadanos vascos a decidir») o coche bomba y tiro en la nuca al por mayor. Siguen anclados en sus tesis tradicionales, la principal de las cuales es la utilización de la violencia como instrumento político de presión (el chantaje criminal, en definitiva).

Cual Dios interpelando a los trémulos mortales, ETA pregunta al PNV y al PSOE «qué voluntad real tienen de implicarse en un proceso democrático, qué pasos están dispuestos a dar y cuál es su propuesta para que se respeten los derechos de Euskal Herria». Inefable. ¿Qué le hace a a ETA sentirse legitimada para hablar de democracia? Es ella quien debe ser interpelada y esta inversión perversa de papeles que protagoniza lo único que logra es poner una vez más en duda la verosimilitud de los propósitos de 'diálogo' que exhibe.

Asegura que la paz «estará basada en los derechos de los vascos o si no, no se dará». Tales derechos habrán de ser los que la banda determine, por supuesto. Esa es la paz de ETA. Esa es la superación del conflicto -del que sus acciones criminales son la esencia- que ‘democráticamente’ propone. Pistola en mano nos dice el clásico “estas son lentejas”. La diferencia es que si las dejas te vuela la cabeza. A eso le llaman democracia quienes dicen querer salvar a su pueblo y rechazan liberarlo de lo que más le oprime: el miedo y la ausencia de libertad que ellos generan.

En resumen, este comunicado, este ridículo parto de los montes, sólo merece que lo ignoremos.

En febrero, suspenso. Esperemos a junio, o tal vez a septiembre, o... ¡Qué pena y qué asco!

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17 febrero, 2006

Vuelva usted, señor Aznar (2)

No es ni será costumbre de ‘La Espiral’ reproducir a otros, pero en este caso remito a los lectores a un enlace que me ahorrará comentarios ociosos:

(http://www.escolar.net/MT/archives/2006/02/deciamos_ayer_2.html ).

Sumergirse en el túnel del tiempo suele ser bastante útil a la hora de determinar exactamente en donde nos encontramos dentro del accidentado devenir histórico. Especialmente para los más jóvenes, este retorno a 1998 y al anuncio por Aznar de los contactos con ETA, así como a las reacciones que se suscitaron, puede servir como GPS para despistados, o al menos tener los salutíferos efectos que se atribuyen a la ducha escocesa.

Entonces, Aznar no sólo marginó al PSOE de toda información acerca de los contactos previos, sino que cuando decidió iniciar los subsiguientes informó primero al PNV. Los socialistas se enteraron, como quien dice, por la prensa. Ahora que ni siquiera existe constancia de contactos previos y que se ha establecido la condición inequívoca de que ETA abandone las armas, el zorrocoto que ha montado la ‘leal oposición’ clama al cielo.

Hoy Aznar ha firmado en el centro de Madrid la petición de un referéndum sobre el inexistente pero prejuzgado Estatut entre el clamor de ‘¡Vuelve, vuelve con nosotros!’

Hoy también el CIS comunica que el PP sigue reduciendo su diferencia con el PSOE, pero en medida insuficiente, pese a sus denodados esfuerzos en la intoxicación y la mendacidad.

Vuelva usted, señor Aznar. Vuelva usted. Yo lo dije primero (21 de Octubre de 2005: http://laspiral.blogspot.com/2005/10/vuelva-usted-seor-aznar.html) y lo repito ahora.

Vuelva usted porque la mayoría social y política del Estado español necesita decirle con claridad la valoración que le merece, lo que su prematuro (y falso) retiro le impidió comunicarle con claridad.

España necesita esa catarsis, esa ordalía democrática. Salga de las sombras y dé la cara netamente, como un hombre.
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15 febrero, 2006

Rebelión a bordo

Rajoy se fue el día de San Valentín a Barcelona para declarar su amor a Piqué y recolectar firmas contra el Estatut. Todo trascurría felizmente hasta la hora de la comida. El presidente del PP y su séquito se trasladaron al Círculo Ecuestre, que es bastante más que un club de aficionados a la hípica, pues allí se dan cita los que van 'a caballo' en la sociedad catalana, la ´crème de la crème’, el cogollo ‘high class’ del conservadurismo. Teóricamente, territorio amigo. Pero el menú que el presidente del Círculo les tenía preparado era un descomunal y ominoso sapo. Como cualquier carpintero podrá confirmar, no hay peor cuña que la de la misma madera.

"Aunque a su partido le puede reportar votos, ¿podemos vivir los dos años que quedan de legislatura en este estado constante de crispación?” Esa es la crucial pregunta que, a cara de perro, le planteó el anfitrión, Manuel Carreras Fisas, a su sorprendido huésped. En sintonía con Piqué, Carreras (y se supone que aquellos a quienes preside) considera que el texto, maldito para la dirección del PP, tiene aspectos "perfectamente asumibles". Y taza y media de caldo por si te atragantas: "No nos gusta ver a tu partido en posiciones extremas. Todos los extremos hacen daño". Y de postre...: "estamos sufriendo la fractura entre Cataluña y el resto de España".

Superando su perplejidad, el “asqueroso” (Artur Mas dixit) invitado admitió que el PP puede haber cometido algún error, pero que “todos los partidos tenemos parte de responsabilidad en la crispación". Eludió, por supuesto, cualquier disquisición acerca de quién empezó y quién tiene la culpa de la mayor parte de la crispación, pero prometió “cuidar las formas” sin renunciar a la crítica de fondo en lo que respecta al Estatuto catalán. Me temo que sus cuestionadores no quedaron muy convencidos, conscientes de que Rajoy es especialista en cambiar digo por Diego en menos de 24 horas. Fiabilidad, que se dice.

Ignoro si Rajoy durmió tranquilo anoche (es muy capaz), pero si el menú de la comida en el Círculo Ecuestre fue sapo, el de la comida de hoy ha sido más de lo mismo por partida triple:

1) El Colegio de Economistas de Cataluña ha suscrito la crítica del Círculo Ecuestre porque "para la economía, lo que interesa es la tranquilidad, la estabilidad”.

2) La patronal Pimec es del mismo parecer y se duele de la campaña de publicidad radiofónica que el PP está haciendo en Andalucía. Señala que allí se ha incrementado el número de autopistas y que éstas carecen de peaje, privilegio raro en Cataluña.

3) El portavoz del PP en Lloret de Mar, Joaquim Teixidor, ha pedido la dimisión de Acebes y Zaplana (o sea, el plan Piqué) por “hacer el ridículo” ayer en Barcelona recogiendo firmas contra el Estatut. Su expulsión fulminante ya ha sido anunciada. Cómo no.

Se me dirá que una golondrina no hace verano, pero esta limitada ‘rebelión a bordo’ nacida en Cataluña tiene todas las trazas de que podría amplificarse sin tardar mucho. Hay mar de fondo en los medios financieros, ante la gratuita agitación generada por el PP (y no sólo en relación con el Estatut), e inquietud en las filas del partido ante las dudosas perspectivas de réditos electorales que se deducen de la implacable ‘línea Aznar’, que el triunvirato integrado por Rajoy, Acebes y Zaplana sigue como un solo hombre.

Empieza a cundir el temor a que la ‘nave ebria’ del PP pueda correr la misma suerte que aquel viejo petrolero de triste memoria y desvencijadas cuadernas cuyo paradójico nombre era ‘Prestige’ (prestigio). Antes ‘Bounty’ (recompensa) que ‘Prestige’ empiezan a pensar muchos.
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10 febrero, 2006

Gamberrismo político

La demanda de responsabilidad, colaboración y ayuda que hoy formuló el presidente del Gobierno al Partido Popular para contribuir al final de la violencia de ETA ha sido respondida por la máxima autoridad del primer partido de la oposición con la propuesta de un debate televisivo en el que el presidente Rodríguez Zapatero debería explicar su política antiterrorista. Rajoy ha tenido el descaro de calificar su despropósito como la “petición más democrática”.

Así, la postura del PP ha dejado de ser, en apenas tres días, el delirio apocalíptico habitual, nutrido de mentiras, intoxicaciones y provocaciones, para transformarse pura y simplemente en un auténtico choteo, gamberrismo político, irresponsabilidad militante. No cabe imaginar respuesta más cínica a una de las declaraciones institucionales más dramáticas y seguramente cruciales de la historia de la democracia española.

Naturalmente, cuando se miente cual bellaco respecto a la política penitenciaria, que ni el PP ni nadie ignora que sigue siendo la misma que durante sus mandatos y no tiene nada que ver con un hipotético diálogo con ETA, se está dando una vuelta de tuerca decisiva en el nivel de la deshonestidad política y ese -lo tengo escrito hace tiempo- es un camino sin retorno. Responder a la mano tendida del Gobierno con el corte de mangas de un debate televisivo sobre un tema que el PP sabe sobradamente que debe ser en la mayor medida posible discreto, sino secreto, sólo puede sorprender a quien no esté dispuesto a reconocer la realidad del empecinamiento ‘popular’ en una labor exclusivamente destructiva y que, más allá de sus alegatos patrióticos, no persigue otra cosa que recuperar el poder perdido.

La cuestión es: ¿Puede y debe recuperar el poder el mendaz triunvirato estelar que dirige el PP y es a su vez teledirigido cual arma de destrucción masiva por un oscuro personaje que es la imagen viva del rencor y la intolerancia? ¿Cabe dar crédito en el futuro a quienes trataron de confundir a los ciudadanos acerca de la autoría real del atentado terrorista más grave de la historia de España y Europa? ¿A quienes convirtieron en 'hilillos' insignificantes la marea negra que durante meses barrió las costas del Cantábrico? ¿A quienes afirmaron sin lugar a dudas la existencia de armas de destrucción masiva en Irak y luego, por la costumbre de mentir, negaron haberlo dicho (Zaplana dixit)? ¿A quienes se apresuraron a recoger los restos de las víctimas del Yak-42, sin cuidado ni escrúpulo ni humanidad, para atajar las críticas a un accidente inconcebible? ¿A quienes decían hablar catalán en la intimidad y acabaron hablando castellano con el acento de una intérprete texana?

Pero eso ocurría en su pasado como Gobierno. En su ejecutoria como oposición tras la derrota que ellos mismo se autoinfligieron figuran, entre otras muchas, acciones tan insostenibles y repugnantes, por inverosímiles, como sus insinuaciones -nunca desarrolladas- sobre oscuras complicidades en los atentados del 11-M; acusar al Gobierno de romper el pacto antiterrorista tras darlo ellos por roto, deliberadamente (por conveniencia política), ante la no ilegalización de la lista de EHAK (PCTV), legalizada bajo un Gobierno del PP, en las elecciones vascas; dar por sentado, contra toda posibilidad o evidencia razonable, que la mayoría del Gobierno iba a aprobar un Estatuto catalán anticonstitucional; promover, pese a todo, la convocatoria de un referéndum que saben que no se va a celebrar; acusar al Gobierno de hacer cesiones políticas diarias a ETA....

Eso hasta hoy. Ante la actual tesitura es inimaginable qué nuevas marrullerías e irresponsabilidades podremos contemplar en lo venidero. La dirección del PP no sólo parece determinada a arriesgar el futuro pacífico de España sino también el del partido. Lo suyo ya es puro gamberrismo político, desgarrado y descarado.

Me temo que habrá que esperar a los próximos comicios para saber qué opina la sufrida ciudadanía española de la estrategia irresponsable del ‘todo vale’. Hasta esa ocasión parece muy dudoso que el PP mate al padre, limpie la casa y se decida a hacer la oposición constructiva que cabe esperar del segundo partido español en representatividad.

Ahora mismo sólo cabe preguntarse, sin ligereza alguna, a quién están representando en realidad.
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07 febrero, 2006

¿Choque de civilizaciones? ¡Quia!

Niego la mayor. La explosión de ira islámica debida a la publicación de las caricaturas de Mahoma nos está siendo vendida como una evidencia incontestable del ‘choque de civilizaciones’ que enunció el ‘ideólogo’ Samuel P. Huntington y ello equivale -ya lo era cuando Huntington lo parió- a desplegar una gigantesca nube de tinta de calamar en el proceloso mar de la historia. Sólo la complicidad deliberada de ciertos adaptables ‘cerebros’ europeos y la nada inhabitual ligereza periodística pueden intentar vender con éxito como un fenómeno de confrontación cultural y religiosa lo que es algo mucho más profundo y, sin duda, más grave.

Confundir deliberadamente la consecuencia con la causa es una manipulación típica, tradicional y generalmente exitosa; elevar lo accidental a la categoría de sustancial es, en cualquier caso, tan usual como eficaz, especialmente si se encuentra para el sofisma resultante un título atractivo, como “Choque de civilizaciones” (1). En este mundo intoxicado y enajenado toda simplificación, por muy grosera o insostenible que sea, está destinada al éxito.

Tras la caída del muro de Berlín surgió entre los sedicentes intelectuales estadounidenses próximos al poder la urgente necesidad de profetizar el futuro. En 1989, Francis Fukuyama, un nipoamericano ex asesor de Ronald Reagan, se lanza al ruedo con la estúpida y alegre conclusión de que la Historia ha terminado (2), lo que, según él, significa “el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas. Los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas (ideológicas)”. La etapa final de la historia estaría presidida por el imperio en todo el mundo de la democracia liberal, según este genio.

Demasiado ingenuo e irreal incluso para el consumo yanqui. Hay que desarrollar con menos entusiasmo por el “happy end” y más fuste teórico lo que George Bush (padre) califica en 1991 como “nuevo orden mundial”, tras la reconfortante experiencia de la primera guerra de Irak, en la que EE. UU. contó con el apoyo de una gran coalición internacional.

En 1993 Huntington encuentra la fórmula: la lucha de clases ha sido sustituida por la confrontación entre culturas, con la religión como alternativa a la teoría ‘científica’ y atea del marxismo. Primero explicita su teoría es un artículo largo (o un ensayo breve) (3), pero en 1996, ante el entusiasmo despertado, lo convierte en un libro que ha acabado a la cabecera de cuantos gustan de esconder la cabeza bajo el ala.

Todo vale con tal de no admitir que, como siempre a lo largo de la historia, el oprimido se enfrenta al opresor, el expoliado al ladrón, el explotado al explotador. Lo último que cabe admitir desde la cínica teoría del choque de civilizaciones es que mientras subsistan los abusos, las desigualdades y el hambre no se pondrá fin a la violencia y a la guerra. Los conflictos entre culturas o religiones no son la causa. Se trata de que esa lucha de clases que se ha querido enterrar precipitadamente, como si la extinta Unión Soviética fuese sinónimo de ella, continua y se desarrolla a nivel planetario. En qué valores se apoye (religiosos, culturales, patrióticos, morales...) es lo accesorio. Lo esencial es que, sea cual sea el escenario geográfico, proliferan los signos de resistencia a un poder que, amparado en su extraordinaria supremacía militar y en su gigantesco potencial económico, ha decidido salvar al mundo de sí mismo, pero para sí.

Cuando el pretexto del ‘choque de civilizaciones’ se utiliza para calificar la confrontación islámica se olvidan deliberadamente los largos siglos de pacífica coexistencia de minorías cristianas y judías en territorios de predominio musulmán, pero sobre todo se pretende borrar de un plumazo la larga lista de agravios infligidos a quienes se erigen ahora en los más caracterizados ‘enemigos de Occidente’.

Tal vez la primera y mayor ofensa fue la creación del estado de Israel, aprobada por la ONU cuando los que luego serían países árabes sólo eran colonias sin representación en la Asamblea General. A nadie se le oculta que de este hecho arranca una parte fundamental del desencuentro entre el Islam y Occidente. Desde su fundación no han cesado (ni tienen perspectivas de hacerlo) los conflictos, centrados ahora en la aparente imposibilidad de existencia de un estado palestino.

A esta provocación inaugural hay que añadir la descolonización protagonizada fundamentalmente por Gran Bretaña y hecha a la medida de sus intereses estratégicos y de los de Estados Unidos mediante la creación de emiratos, sultanatos o monarquías títeres y con el control del petróleo siempre ‘in mente’. La lucha de muchos de esos pueblos contra los déspotas que los gobiernan no tarda en producirse y es una forma de enfrentamiento no siempre indirecto (crisis de Suez: Egipto contra Francia, Gran Bretaña e Israel) con los intereses occidentales.

El petróleo aparece precozmente (1953) como causa fundamental del derrocamiento -provocado por Gran Bretaña y Estados Unidos- del primer ministro iraní, Mohamed Mossadeq, y la reimplantación del Shah, quien establece un régimen absolutista, corrompido y brutal en el que sus lujos imperiales contrastan con la miseria popular. El primer éxito del integrismo islámico hasta ahora, protagonizado por Jomeini, tiene su origen en la opción occidental por un ‘emperador’ títere que concitó el odio del pueblo, tanto hacia él como hacia quienes le sostenían y disponían a su gusto y conveniencia del petróleo.

Tampoco fueron ofensas menores el ataque de Estados Unidos a Libia en 1986 o la indisimulable connivencia y la muda satisfacción que saludó el golpe de estado que anuló la victoria electoral del FIS (Frente Islámico de Salvación) en Argelia en 1992. Aquello no sólo ‘demostró’ a los integristas islámicos que la democracia no era el camino, sino que dio lugar a una sucesión de masacres de violencia y crueldad indescriptible a lo largo de una década.

Si dejamos aparte el inextinguible conflicto israelo-palestino, lo que subyace bajo casi todas las ofensas es una estrategia político-económica que tiene el control o la posesión directa del petróleo y el gas natural como principales objetivos. Pretextos tales como la instauración o restauración de la democracia o la teórica posesión de armas de destrucción masiva son coartadas tan falsas como fútiles.

En resumen, lo esencial del conflicto creciente al que asistimos no es ni mucho menos el tan manido ‘choque de civilizaciones’. Es la economía, estúpidos. Es a causa del petróleo, fundamentalmente, por lo que el mundo árabe-islámico ha llegado a acumular tantas ofensas, tantos agravios, tantos abusos. A la hora de reaccionar ha acudido a la interpretación restringida -sesgada, según ciertos imanes- de la doctrina religiosa. Y esa sí es una elección estrictamente cultural, propia de un conjunto de pueblos carentes de una tradición racionalista y sometidos históricamente a sistemas tiránicos y paternalistas. El Corán, la Umma, la Sharia forman el cemento común de todo el Islam, árabe o no, y en esas fuentes beben para enfrentarse al expolio y al abuso. Para hacerlo, los radicales ignoran deliberadamente toda la doctrina relativa a la compasión, la tolerancia o la hospitalidad. La religión se convierte en arma arrojadiza y ese es el mayor de sus errores, uno al que, por cierto, la historia occidental no ha sido ajena en absoluto. Quizás por eso se habla tanto últimamente de las cruzadas.

El rechazo que se formula a la democracia formal, de todos modos, no procede tanto de la convicción general de que los pueblos deban gobernarse sólo a través de las autoridades religiosas o de personalidades estrictamente fieles al Islam como del rechazo a un sistema en nombre del cual se les ataca con frecuencia y que consideran hipócrita e inauténtico. Muchos de ellos quieren democracia, pero otra.

Remitiéndonos a la crisis actual, con furibundas movilizaciones populares y quema de embajadas en diversos países islámicos, la publicación de las caricaturas de Mahoma no es más que el pretexto para expresar un radical rechazo a la política occidental. Los dibujos fueron publicados originalmente hace más de cuatro meses y las protestas se han movido hasta hace poco en el terreno diplomático. Nada indicaba que pudiera producirse una escalada como la que contemplamos.

Que Occidente cuestione la victoria de Hamás en las elecciones palestinas y amenace con retirar las ayudas si este grupo no reconoce a Israel y renuncia a la lucha armada no es ajeno al problema. Que la pretensión iraní de enriquecer uranio con fines teóricamente militares sea llevada al Consejo de Seguridad de la ONU tampoco. Ni que Siria haya sido forzada a retirarse de Líbano mientras Israel ocupa los Altos del Golán. Ni la permanente herida abierta en Irak. Ni la reactivación de la lucha armada contra EE UU y sus aliados en Afganistán. Ni el ataque de Estados Unidos en Pakistán con el resultado de 18 muertos entre los que no se hallaba ni el ‘número dos’ de Al Qaeda, Al Zawahri, presunto objetivo del ataque, ni nadie que justificase tal acción en territorio ajeno al conflicto.

¿Choque de civilizaciones? Seamos serios, por favor.

(1) El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, Paidos 1996
(2) El fin de la historia y el último hombre. Planeta 1992
(3)
http://www.alamut.com/subj/economics/misc/clash.html (en inglés)

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27 enero, 2006

Vientos y tempestades

No me creo en absoluto la sorpresa ni el rasgar de vestiduras que, oficialmente, ha provocado como reacción la aplastante victoria de Hamás en las elecciones palestinas. Esto era lo que se temía y esto es lo que ha ocurrido. No tiene nada de sorprendente ni de inaceptable. Quienes se dicen demócratas no pueden desdeñar ni rechazar las consecuencias de unos comicios que han sido alabados por su limpieza. Los palestinos han expresado su voluntad libremente y todo el mundo, empezando por ellos mismos, debe atenerse a las consecuencias.

Sucede que quien siembra vientos recoge tempestades, bien sea de facto o por vía democrática. Ni Chávez, ni Morales, ni Al Qaeda, ni Hamás son azares caprichosos de la historia, sino consecuencias lógicas del imperio de una dialéctica depredadora y abusiva que actualmente, a falta del tradicional alegato anticomunista, se escuda vanamente en el ‘choque de civilizaciones’, la supuesta defensa de las libertades y la guerra contra el terrorismo.

Hamás y el terrorismo que ha sido hasta ahora su instrumento son una creación -involuntaria, por supuesto- de Israel y del padrinazgo de impunidad que Estados Unidos ha ejercido con el estado judío desde antes de su nacimiento. Desaparecido Arafat, figura paternal y carismática, querida y respetada por todo su pueblo, tanto Israel como EE UU pensaban que la situación sería más manejable y que la política de hechos consumados se consagraría como tratamiento definitivo del problema palestino. Con un moderado, posibilista y transigente Abu Mazen como presidente de la ANP creían que algunas pequeñas y reversibles concesiones, como la retirada de Gaza, podrían legitimar abusos tan flagrantes como el muro y los asentamientos en Cisjordania.

Sin embargo, la realidad es tozuda. Los palestinos han preferido Hamás a Al Fatah y la razón no es sólo la postura intransigente de Hamás frente a Israel y su nítida elección del terrorismo como instrumento. Hamás es también acción social, lenitivo para la pobreza rampante de centenares de miles de palestinos, responsabilidad ante las necesidades y las contingencias cotidianas de un pueblo, en tanto que Al Fatah ha degenerado en los últimos años en corrupción y abuso impune.

El cuadro que ahora se presenta no puede ser más problemático ni impredecible. El régimen político del embrión de estado que es la actual ANP (Autoridad Nacional Palestina) tiene un carácter presidencialista, por lo que el Gobierno que forme Hamás deberá estar -teóricamente- a las órdenes de Mazen. No cabe imaginar una cohabitación más conflictiva en potencia. Es más que dudoso que el futuro Gobierno asuma la llamada ‘Hoja de ruta’ del proceso de paz como algo incontestable. Y es imposible que Hamás, bajo ese nombre u otro cualquiera, renuncie al terrorismo mientras el ejército regular israelí lo siga practicando por orden de su Gobierno.

Dicen que el ejercicio del poder modera. Cierto o no, cabe esperar que gran parte del esfuerzo de Hamás se dirija a mejorar el nivel de vida de un pueblo con muy elevado componente demográfico de jóvenes y una tasa de desempleo insostenible. También, manifestándolo o no, debe admitir que su programa máximo de ‘arrojar a los israelíes al mar' es una utopía impracticable y que el diálogo -que ahora, por su representatividad, puede permitirse realizar desde una posición de fuerza- es la única vía para poner fin algún día al conflicto mediante el pacto de unas fronteras fijas y seguras para ambas naciones.

Pero el problema no es sólo Hamás. Esta organización no es más que la respuesta del pueblo palestino a la violenta prepotencia israelí. Se supone que Kadima, la formación política pactada entre Sharon y Peres antes de que el primero cayera en una agonía irreversible, vencerá en las próximas elecciones y cabe esperar que lo haga con la contundencia necesaria como para que el futuro Gobierno israelí pueda prescindir de la hipoteca que supone precisar el apoyo parlamentario de los grupos religiosos ultraortodoxos, contrarios a la existencia de un estado palestino.

Sólo la moderación de ambas partes y el diálogo entre ellas podrán conjurar el presagio de una escalada de la violencia que se vislumbra tras la victoria de Hamás. Por esa razón, la exigencia de Estados Unidos de que el partido vencedor renuncie a su brazo armado si espera que haya diálogo no parece un buen principio si simultáneamente no se exige a Israel que renuncie a los asesinatos selectivos que precisamente tienen como víctimas habituales a dirigentes o activistas de Hamás. La nación palestina no tiene -ni es probable que lo tenga en mucho tiempo- un ejército digno de tal nombre y mientras Israel siga dispuesto a decidir inapelablemente y con absoluta impunidad quién vive y quién muere en Hamás no se puede esperar razonablemente que este grupo se desarme.

La buena voluntad, la voluntad real de paz es, ahora y siempre, la clave para el fin de un conflicto enquistado en la historia precisamente por exceso de mala fe, de arrogancia y de abuso.
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25 enero, 2006

El barco borracho

J'ai suivi, des mois pleins, pareilles aux vacheries
hystériques, la houle à l'assaut des récifs,
sans songer que les pieds lumineux des Maries
pussent forcer le mufle aux Océans poussifs!
Arthur Rimbaud ('Le bateau ivre')


El delirio transita, implacable y enardecido, entre Juan Bravo (FAES) y Genova (PP) como una reverberación interminable y enloquecedora. Las consignas son siempre las mismas: “leña al mono”, “miente que algo queda”, “el jefe siempre tiene razón”, “el futuro es de los fuertes”, “a los nacionalistas ni agua”, “a muerte contra Zapatero”... Están como locos, o al menos como borrachos alucinados. Nadie, ni ellos mismos, sabe a dónde van. Y menos que nadie, su sombrío y rencoroso timonel.

Ignoro si el acuerdo entre el Gobierno y CiU sobre el 'Estatut' les cogió por sorpresa. Si así fue resultaría que están aún más ebrios y/o enloquecidos de lo que parece. Si no, tampoco quedan en muy buen lugar, pues su respuesta al acuerdo -recoger “millones de firmas” para forzar la convocatoria de un referéndum- es claramente anticonstitucional, como la era la pretensión de Ibarretxe, como el texto original del proyecto de 'Estatut', y no ya como el texto que, a pesar de ellos, acabará aprobando el Parlamento español.

Piqué no bebe. Y tampoco parece dispuesto a aceptar consignas ebrias. Quizás por eso pidió en su día una renovación de la cúpula de su partido que barriera las efigies ‘impresentables’ de Acebes y Zaplana, ahora omnipresentes. También por eso no se recató en decir que el acuerdo entre Gobierno y CiU sobre el 'Estatut' no sólo era correcto sino que parecía coincidente en varios aspectos con sus propias propuestas, por lo que el PP debería sustituir su estrategia destructiva por la aproximación, para formar parte del consenso final.

Esa era precisamente la oferta planteada por el PSOE y CiU. Inaceptable, por supuesto, para quienes creen haber hallado a la gallina de los huevos de oro excitando irresponsablemente el recelo y los prejuicios de buena parte de los españoles contra Cataluña y, por extensión, contra los catalanes. La propuesta de referéndum les parecía a los oficiales de puente del barco borracho una buena idea para seguir sacándole réditos al anticatalanismo, so pretexto de que el ‘Estatut’ sigue siendo anticonstitucional, o por lo menos insolidario, como matizan hoy. Ahora, ante la evidencia de que lo anticonstitucional es su propósito, lo transforman en una recogida de firmas para apoyar una poposición de Ley que bla bla bla... Sostenella y no enmendalla. Erre que erre, a piñón fijo.

Supongo que, en su rumbo suicida de colisión con los arrecifes, a la cejijunta ‘oficialidad’ del barco borracho le importa un bledo la andanada del ‘New York Times’, denunciando su negativa a asumir la derrota electoral como una evidencia democrática y su tibieza culposa ante el pronunciamiento del teniente general Mena. No se trata del ‘Wall Street Journal’, que es el periódico de cabecera de La Sombra, donde este 'vigía de Occidente' firma artículos e inspira editoriales, pero se trata del periódico estadounidense más riguroso e influyente.

Debería preocuparles más aún el tono concluyente que tuvo la advertencia de Artur Mas respecto al futuro porque cuando el partido-bisagra por excelencia te amenaza implícitamente con no pactar nunca contigo se puede decir que la única forma de volver al poder es la mayoría absoluta. ¿Puede imaginarse, a mitad de esta legislatura, la posibilidad de que el PP alcance tal situación en las próximas elecciones? Ni borracho.

Lo que es seguro que les ha intranquilizado es la amenaza de dimitir que Josep Piqué parecía dispuesto a cumplir ayer, tras ser desautorizado y amenazado por el secretario general del partido, Ángel Acebes, que hoy, tras ser conjurada la crisis, no ha dado señales de vida. ¿Qué le dijo ayer Rajoy a Piqué para que éste, que está notoriamente, notablemente y justamente harto, renunciase a su propósito? ¿Carece Piqué de lo que hay que tener para mantener sus principios? ¿Se prepara un golpe de timón? ¿Lo sabe y lo acepta el comodoro Queeg? ¿Tiene Rajoy lo que hay que tener para centrar al partido tras su larga excursión por esos mares de locura?

Cuando se trata del rumbo de una barco borracho todo son preguntas sin respuesta.
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14 enero, 2006

Supuestos y realidades

Se supone que entre los ‘valores’ -por llamarlos de alguna manera- que el Occidente cristiano defiende, respeta y promociona hay dos especialmente ‘sagrados’: la soberanía nacional y la libertad del mercado. Se supone, ya digo.

Nada está garantizado. Vivimos en la civilización del “se supone”. Y los supuestos o las suposiciones, justas o no, justificadas o no, pueden servir para convertirse, según convenga, en seguridades incontrovertibles frente a toda evidencia (las armas de destrucción masiva de Irak) o para pasárselas por la entrepierna (las libertades públicas en EE UU).

El veto de EE UU a la venta de aviones españoles a Venezuela se inscribe en la versión genital de la supuesta (y sagrada) soberanía de España y Venezuela y de la igualmente supuesta (y sagrada) libertad de mercado de ambos países entre sí y con otros. Existen y son sagradas si al país que ha decidido administrar a su antojo los derechos y libertades de todo el mundo (del planeta y de todos sus habitantes) se le pone en el mismo lugar con el que sus gobernantes parecen razonar.

La razón (teórica) para vetar la operación es que los aviones españoles utilizan tecnologías “made in USA”, lo cual, en tiempos de globalización económica (patrocinada precisamente por Estados Unidos en su propio beneficio), no sólo es lógico y casi inevitable, sino que no puede constituir el argumento para prohibir una transacción que debería considerarse normal.

Si Estados Unidos hubiera declarado la guerra a Venezuela la decisión de vetar esa venta sería comprensible, pero no hay tal estado de guerra, al menos por ahora. Tampoco lo había cuando Estados Unidos le vendió a Irak cantidades ingentes de armamento, al que sus tropas tuvieron que enfrentarse cuando se decidió convertir a ese país en enemigo.

Pero ellos, naturalmente, pueden hacer lo que quieran (especialmente cometer errores, en lo que están especializados); los demás, no. Ahora, España deberá sustituir por otras -con los costes correspondientes- las tecnologías estadounidenses que llevan los aviones cuya venta se ha contratado con Venezuela.

Y mientras el coro bananero y farisaico de la oposición española se rasga las vestiduras ante los desvaríos de la política exterior de ese “bobo solemne” que, según ellos, rige los destinos del país, se elude (lo eluden tanto la oposición como los medios que la apoyan) una grave reflexión.

Tal reflexión debería ir en el sentido de asumir que la dependencia tecnológica es una hipoteca esencialmente estratégica y que elegir de quién se depende tecnológicamente es una decisión política muy grave, de primera magnitud. Una mínima prudencia exigiría al menos, a la vista de los hechos, diversificar en la mayor medida posible las fuentes de aprovisionamiento tecnológico. Evitar que la tecnología se convierta en instrumento de poder ajeno, en arma de chantaje de un país sobre otro, debería ser el objetivo.

Sucede que no nos hallamos tanto ante un error actual y puntual de política exterior, como frente a una consecuencia sumamente reveladora de errores pretéritos que abarcan territorios mucho más extensos, como la política tecnológica o la de Defensa. Tantos y tan graves que hoy condicionan nuestra política exterior, nuestra política comercial y, en definitiva, nuestra soberanía.
La Espiral online: www.tierradenadie.cc

07 enero, 2006

Con pólvora del Rey

Parece evidente que dentro de las Fuerzas Armadas permanecen, incluso situadas en los más altos niveles, personas con un entendimiento deficiente o muy sesgado de la Constitución y de las leyes orgánicas que han desarrollado sus preceptos en lo que concierne a los ejércitos. Pero aún resulta más obvio, como subraya la AUME (Asociación Unificada de Militares Españoles), que parte de la cúpula militar está “en connivencia con algún partido”. Y no se refieren a ninguna minoría extraparlamentaria y montaraz, sino al segundo partido más votado en el Estado.

Que se trata de algo más que de una hipótesis gratuita lo demuestra la ‘reacción’ del Partido Popular ante las declaraciones realizadas ayer por el teniente general Mena Aguado en relación con la grave responsabilidad militar en el caso de que el Estatuto catalán sobrepasase la Constitución, posibilidad a la que sólo el PP está empeñado en dar verosimilitud, en busca de la obtención de réditos políticos que tienen como primer objetivo el máximo deterioro del Gobierno.

El partido que representa teóricamente (cada día más teóricamente) a la franja ideológica del centro derecha asegura que ve “inevitables” declaraciones de ese jaez, porque son -según su peculiar interpretación- “reflejo de la situación que estamos viviendo”, situación (supongo que se refiere a la artificial alarma creada en torno al Estatut) que es precisamente obra suya.

Si ayer el secretario de Comunicación de los populares, Gabriel Elorriaga, se pronunciaba en tales términos y no condenaba la ilegal ingerencia del teniente general en asuntos políticos que no son de su competencia, hoy ha rizado el rizo del cinismo. Ha anunciado que el PP pedirá que el ministro de Defensa explique ante el Congreso el “desgobierno existente” en el Ministerio de Defensa, que justificaría, según él, las palabras del militar.

Llueve sobre mojado. No hace mucho que un coronel de artillería se permitía difundír a través de la intranet del Ministerio de Defensa un llamamiento dirigido a todos los despachos para evitar la “desmembración de España”. Como en el caso presente, se trataba de un militar a punto de pasar a la reserva. También, como ahora, recibió una sanción apenas simbólica.

No se juegan nada. Tiran con “pólvora del Rey”. Tras su 'hombrada' son jaleados por algunos de sus compañeros y cuentan con la comprensión del primer partido de la oposición. Luego se van a casa con la cabeza alta, el patriotismo enardecido y el retiro intacto. Es un lujo a su alcance y se lo dan.

Está claro que hay que poner mucho más caro el capricho de “mear fuera del tiesto” que tienta a algunos uniformados a modo de autofiesta de despedida. Pero mucho más caro.

En cuanto al PP, si los ciudadanos de este país son la mitad de sensatos de lo que se viene diciendo, ya recogerá en las urnas los frutos de su estrategia irresponsable, desleal y marrullera. Tiempo al tiempo.