04 julio, 2006

¿De qué va Google.es?

Anoche el compadre J. M. estaba mosqueado y llegó al pub con una pregunta quemándole en los labios.

- ¿Alguien sabe de qué va una web que se llama “Libertad Digital”? ¿Son fachas, no?

- Es de Jiménez Losantos, así que juzga tu mismo.

-¡Coño, claro! Es que ves las palabras Libertad Digital y te crees que es otra cosa...

Olvidé preguntarle a J. M., firme republicano y de izquierdas, cómo había ido a dar con la ‘liberal’ web del mayor insultador del reino, pero creo que ya sé cómo ocurrió.

Gmail, un servicio gratuito de correo creado por Google que en la actualidad ofrece más de dos 'gigas' de espacio para que uno guarde allí todo lo que se le ocurra, ha empezado a situar encima de la pantalla principal de ese servicio una serie de enlaces a webs o blogs en diversos apartados (Noticias, Empresa, Estilo de vida, Deportes, Tecnología y Diversión). El primero que uno se encuentra, inevitablemente es el de ‘Libertad Digital’.

Si se entra en el apartado de configuración de lo que Gmail (Google) califica como ‘clips’ se encuentra con un GIF supuestamente ejemplificador del servicio -en realidad perfectamente ocioso- y que (¿casualmente?) publicita de nuevo a la web 'ultra’.


La sorpresa aumenta cuando se constata que en el apartado de noticias Gmail (Google) sólo ha incluido cuatro referencias mediáticas entre todas las posibles y que, al parecer, el engendro de Jiménez Losantos les merece el mismo crédito o goza de la misma popularidad que cabeceras tan serias y veteranas como ABC, La Vanguardia y El País. ¿De qué pie cojea Google España?

“Los clips –explican- incluyen vínculos patrocinados por Google, sugerencias sobre Gmail y contenido personalizado”.

¿Patrocinados quiere decir de pago? Si no es así, ¿qué justifica la preferencia por Libertad Digital? Y si es así, ¿cuánto paga Jiménez Losantos por la inclusión del ‘clip’ y el aparentemente “casual” GIF que publicitan su web con tanto éxito como para hacer llegar a ella a quienes nunca se lo habrían planteado?

Google España se cura hábilmente en salud y adjunta una nota: “Dado que muchos de estos feeds no provienen de Google, no podemos hacernos responsables de sus contenidos”. Excusatio non petita...

La casa madre ya ha demostrado que las libertades no le preocupan demasiado cuando es el gobierno del gigante chino el que presiona para mantener a sus ciudadanos convenientemente desinformados. ¿Es posible que en España la dirección tenga un sesgo ultra-neo-conservador?

Si pregunto (y me pregunto) de qué pie cojea Google España es porque me constan precedentes inquietantes. Hace dos meses por lo menos que no utilizo el buscador de blogs del nuevo dinosaurio informático, pero cuando lo hacía, en español y sobre temas políticos, los “hallazgos” que se me devolvían eran una sucesión redundante, casi clónica, de blogocarcundia.

Dado que la opción por defecto del buscador era “por relevancia” (la otra es por fecha), uno se pregunta qué criterios se utilizan para determinar la relevancia y acabar dando en lo irrelevante, reiterativo e intelectualmente miserable. ¿Sería porque el buscador estaba (y sigue) en fase beta o porque alguien filtraba los resultados según sus particulares afinidades?

Sea cual sea la razón, en lo sucesivo me propongo mirar con cien ojos a Google. Ya he desempolvado el viejo “Copernic” (programa buscador de buscadores que empleaba cuando todavía Google no era ´la solución’) para contrastar resultados en la medida en que sea posible.

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01 julio, 2006

¿Hacia el fin de la 'Galaxia Gutenberg'? (y VI)

Muchas veces he querido parar de hablar y descubrir lo que creía.
Walter Lippman

La cita del mítico columnista estadounidense, aparte de ser una muestra depurada de su sentido del humor no exento de cáustico cínismo, tiene también un fondo de justificación y de autoexculpación. Quien habla es un periodista de éxito que ha habitado toda su vida una burbuja tan privilegiada como absorbente y señala la trágica paradoja que vive la mayor parte de la profesión periodística. La pregunta -oportuna- sería: ¿En qué cree el periodista y por ende el periodismo?

De la respuesta a esa cuestión se deduciría toda una secuela de respuestas a cosas mucho menos abstractas: en definitiva, las bases de una praxis. Pero tan crucial pregunta no llega nunca a formularse. El periodismo está tan absorto haciéndose que no tiene tiempo de pensarse. En la prensa ha tenido que llegar una crisis que amenaza su propia existencia para que comiencen a formularse interpelaciones inéditas y a plantearse intentos de modificar actitudes seculares de arrogancia, autocomplacencia indiferencia e inercia rutinaria.

Es demasiado tarde, sentencian muchos. Y yo creo también que ha pasado el tiempo en que se podía rectificar con posibilidades de éxito, con viabilidad de supervivencia. La respuesta a la pregunta que ha venido sirviendo de título a estas reflexiones es contundentemente positiva. Sí, vamos hacia el fin de la ‘Galaxia Gutenberg’. Ese destino, que se cumplirá en fecha impredecible pero no remota, antes en occidente que en oriente y en el norte que en el sur, no es sólo la consecuencia del mayor y más rápido salto tecnológico en la historia de las comunicaciones, sino del mal entendimiento (la traición, más claramente) de una misión que es crucial para toda sociedad, para la civilización.

Los viejos manuales, las viejas escuelas establecían tres objetivos clave de la profesión periodística, ordenados jerárquicamente: informar, formar y entretener. En todos ellos se ha fracasado.

Se informa mal, de modo insuficiente, sesgado y con frecuencia servil a intereses ajenos -cuando no contrarios- a los del lector, los del ciudadano. No se forma, sino que se deforma, del mismo modo que se altera la verdad al informar y por las mismas razones. No se entretiene, se aburre con una prosa casi notarial, con pretensiones de objetividad que en la mayor parte de los casos no resisten el examen más indulgente

Lejos de ser un contrapeso del sistema (lo que en momentos históricos de euforia y de mayor cercanía a la misión le concedió el pomposo título de ‘cuarto poder’) la prensa se ha convertido en una exudación de éste. Sea desde la derecha o desde la izquierda -si asumimos términos que a estas alturas significan poco más que nada-; sea con vinculación directa o indirecta a intereses financieros específicos o con los intereses propios de conseguir regalías del poder (canales de televisión, frecuencias de radio o campañas de publicidad, por ejemplo), la prensa nunca ha estado más alejada que ahora de sus supuestos objetivos. Nada más lógico que su decadencia, pocas cosas tan probables como su muerte.

Nadie debe creer, sin embargo, que la galaxia informativa digital está a salvo de los pecados de la prensa. Y no me refiero sólo a las webs de los diarios, que pecan de los mismos defectos que las cabeceras de papel. En la red hay ya ejemplos reveladores de que la historia se repite, de lo fácil que es morir (periodísticamente) de éxito y de avaricia. La galaxia digital no es una panacea ni puede serlo porque son personas y no ángeles quienes la habitan, porque son gentes con deseos de éxito y de dinero y no filántropos, porque son sujetos y por lo tanto subjetivos.

Ese, no obstante, es el menor de los males, al menos mientras subsistan las posibilidades de contraste. La pregunta crucial es, justamente si van a poder sobrevivir la democracia y la igualdad de oportunidades que caracterizan actualmente a la red. Tal cuestión no es retórica en absoluto si se tiene en cuenta que en Estados Unidos, lugar de origen de internet y escenario de su mayor crecimiento, ya ha aparecido la primera amenaza a esa situación.

El intento de acabar con el principio vigente de ‘net neutrality’ (literalmente, neutralidad de la red) por parte de empresas de comunicaciones tan poderosas como AT&T, Verizon o Comcast es sumamente revelador. Dichas compañias pretenden establecer una jerarquización de sus tarifas y prestaciones a los proveedores de servicios y contenidos, de modo que cada cual pague en función del uso y reciba mayor o menor calidad (hablamos fundamentalmente de ancho de banda) en razón a lo que paga. Alegan el riesgo de colapso de la red por insuficiencia de los canales actuales y el coste de las inversiones necesarias para impedirlo, lo que no oculta en cualquier caso que el objetivo es el de siempre: ganar más dinero mediante el control absoluto del tráfico de lo que hasta ahora viene circulando libremente y en igualdad de condiciones para todos.

Tal pretensión choca no sólo con la oposición de todos los consumidores sino también con la de casi la totalidad de los proveedores de servicios y contenidos, algunos tan importantes como Google o Ebay, y también con pesos pesados del software, como Microsoft, o del hardware, como Intel. Es probable que los esfuerzos de las compañías telefónicas se vean frustrados, pese a los millones de dólares invertidos en presionar políticamente para conseguir sus fines, pero éste puede ser tan solo el primer ataque de una guerra interminable en la que los ‘agresores’ no deberían obtener ni siquiera una victoria parcial

Para cerrar el camino definitivamente los defensores del actual ‘status quo’ pretenden que el gobierno estadounidense convierta en ley el principio de neutralidad de la red. Si no lo logran, y es de temer que así sea, quedará permanentemente abierta la vía hacia una reproducción del pasado: que la libertad y el pluralismo de la galaxia digital se frustren finalmente del mismo modo que le ocurrió a la prensa, paradójicamente de la mano ‘salvadora’ de la industrialización. Lamentablemente -aunque por razones bien distintas- el poder político (en Estados Unidos y en el resto del mundo) comparte en gran medida con las telefónicas el objetivo de regular la red.

La avaricia y el miedo a la libertad siempre han ido de la mano. Tal vez ha llegado la hora de luchar contra ambas con las armas que aún tenemos. Son demasiadas cosas las que están en juego. Y demasiado transcendentales. Es importante saberlo, pero es mucho más importante aún actuar en consecuencia.

El silencio no es una opción. La pasividad es culpable.

28 junio, 2006

¿Hacia el fin de la 'Galaxia Gutenberg'? (V)

Internet, como soporte informativo, no sólo constituye un desafío mortal para la prensa escrita, sino también un serio rival para la radio y la TV, con las que puede competir en inmediatez y precisión, utilizando, además, sus propios medios. Audio y vídeo son instrumentos con una presencia creciente en las webs informativas, al menos como opción complementaria.

Ahora mismo, por un precio casi risible, un suscriptor de elpais.es tiene acceso a seis canales de radio, uno de televisión, la edición digital de “Le Monde” sin restricciones, un suplemento de “The New York Times” en castellano, todo el archivo del diario desde su nacimiento, las noticias de la agencia EFE en tiempo real (aún antes de que la web las edite), la información más importante hasta el momento en 12 páginas de formato PDF listas para imprimir... ¿Quién da más?

Por supuesto, se trata de una oferta basada en el valor añadido y exclusiva para suscriptores, tras un intento fallido de hacer de pago elpais.es, pero en cualquier caso es elocuente acerca de la potencialidad de sumar contenido multimedia a la tipografía y las fotografías que la versión digital, como la de papel, ofrece a sus lectores en la actualidad.

El futuro es multimedia. Eso parece indiscutible. Pero por ahora nos hallamos en un tiempo de transición, de sinergias prudentemente calculadas por parte de la industria mediática. Se trata de apostar a todo compitiendo en la menor medida posible consigo mismo y tratando de utilizar cada medio en apoyo de los restantes. Es la única estrategia plausible para los grandes grupos, que tienen considerables gastos y sufragan con los beneficios de unos medios (generalmente los escritos) las pérdidas de los otros.

Lo más singular de la actual situación de transición es que, pese a tanto esfuerzo, no está tan claro como debería que la 'galaxia digital', en su vertiente informativa, vaya a ser patrimonio exclusivo de los grandes medios periodísticos. Hay demasiada competencia en su terreno, el de la información generalista, y empieza a ser difícil cobrar por ella. Si en el área de la prensa convencional la oferta de los gratuitos se está convirtiendo en una pesadilla, en la digital los grandes portales, con sus secciones de noticias, en algunos casos muy bien seleccionadas y organizadas, no dejan de serlo para las cabeceras digitales convencionales.

Si nos planteamos el grado de lectura del contenido de un diario por parte de un lector habitual descubriremos que en pocos casos llega al 30 por 100. La lectura de los titulares basta generalmente, e incluso hay secciones que un lector concreto ignora en su totalidad. Se supone, sin embargo, que ha pagado por la totalidad del contenido del periódico. ¿Admitiríamos ese desperdicio de dos tercios en un melón o en una chuleta de ternera? La paradoja está clara. Va contra las leyes más elementales del mercado pagar por lo que no se consume y ahora empieza a ser posible no hacerlo.

La conclusión (necesariamente parcial y provisional) parece evidente. La guerra en la 'galaxia digital' que se anuncia para un futuro inminente no va a desarrollarse tanto en el área saturada de la información general y superficial (aunque imprescindible) como en el de la especializada y analítica. Nadie puede, por falta de tiempo, ni quiere, por ausencia de interés, saberlo todo de todo, pero son muchos los que quieren conocer todo lo posible sobre determinadas cuestiones y contar con los elementos necesarios para formarse una opinión sólida.

Es ahí donde los medios tradicionales, en su inevitable transición, pueden fácilmente errar el camino y enfrentarse a una seria competencia por parte de iniciativas mucho más modestas en lo económico, pero más ágiles y abiertas en lo informativo y opinativo. La 'blogosfera', pese a las rémoras que para su evolución suponen la fragmentación individualista y la sospecha o evidencia de falta de fiabilidad, está indicando desde hace tiempo cuál puede ser la dirección al futuro.

La buena escritura, la capacidad de síntesis, la amenidad, la intertextualidad, la independencia y la apertura a las aportaciones de los lectores son algunos de esos elementos de un nuevo periodismo que está extendiendo y diversificando la oferta hasta extremos ayer imprevisibles. Son signos prometedores de un futuro informativo más plural y vital, más próximo a la gente, a sus intereses e inquietudes reales, y críticamente distanciado del discurso proliferante del poder, de los poderosos. Una respuesta, en fin, al pensamiento único y una invitación a la profundización de la obsoleta democracia que se nos vende como el mejor de los mundos posibles.

Continuará.

19 junio, 2006

Estatut: El sentido del silencio

De los resultados del referéndum sobre el Estatut hay tantas lecturas como partidos. Todas ellas son interesadas, muchas hipócritas e incluso cínicas y algunas deprimentemente falsarias. No voy a tratar sobre ellas, sino sobre el sonido atronador del silencio, sobre el sentido de la abstención, que a fin de cuentas ha sido la gran protagonista.

Este examen no lo ha aprobado nadie. Todos han sido suspendidos por un pueblo harto de que jueguen con él. Si algo más de la mitad de los catalanes con derecho a voto no ha ejercido su derecho no es por que pase de la política, sino porque pasa de ‘sus’ políticos.

La partitocracia atraviesa sus horas más bajas, pero no a causa de la abulia ciudadana, como sentencian tantos, sino por el hastío, el hartazgo y la indignación de una parte considerable de la población catalana contra quienes dicen representarla.

Si repasamos la génesis y evolución del proyecto de Estatut podremos constatar que ha sido como un vulgar vodevil o una bufa comedia de enredo a la que algunos se han empeñado en dar aires de tragedia. Mucha intriga, mucho ruido, muchas puertas por las que entran y salen personajes, ora vociferantes ora sonrientes, intrusos bajo la cama o en los armarios... Y al final el público, que se sabe el argumento, no acude al estreno.

El personaje principal de esta comedia, que no es Zapatero, como sistemáticamente quiere el PP, sino Maragall, no estuvo a la altura de las circunstancias. Prisionero de sus socios de gobierno, concedió en la redacción del proyecto todo lo imaginable e incluso lo que no lo era. Retener el poder era lo primero. Evidente.

El segundo protagonista, que no es Carod-Rovira, como quisieran él mismo y el PP, sino CiU, actuó maquiavélicamente para hacer estallar las contradicciones del tripartito catalán, introduciendo más y más exigencias en el texto del proyecto estatutario hasta convertirlo en una explosiva carta a los reyes magos. Su cinismo es paradigmático en este caso.

El tercer protagonista, que es un Piqué patética presa de sus propias ambiciones y contradicciones y marioneta del centralismo feroz que su partido representa, osciló entre un posibilismo inicial, fulminantemente desautorizado, y la lectura impuesta del guión apocalíptico escrito en Madrid. España se rompe, ya se sabe. Volvemos a las andadas. Esto va camino de ser los Balcanes. El prejuicio y el miedo como cartel electoral. Más de lo mismo, pero sostenido por un actor que no se 'cree' su personaje.

Finalmente, la patata caliente resultante del delirio partidista catalán queda en manos del Congreso, que, coherente con la promesa hecha por el presidente del Gobierno cuando aún no lo era, la acepta a debate. Zapatero apela al PP para pactar de común acuerdo la corrección del texto, pero recibe la respuesta esperable de quienes practican con fruición el gamberrismo político: tu la has liado, es tu problema. Hasta en el carné de identidad le han dado con el texto del Estatuto que iba a 'romper el Estado'.

Finalmente Artur Mas y Zapatero hacen la escena del sofá en La Moncloa y desactivan la bomba a cuya virulencia CiU había contribuido esencialmente (¿cinismo dije?). El Estatut que finalmente sale del Parlamento está limpio de polvo y paja anticonstitucional, “cepillado” como dijo el inefable superviviente Alfonso Guerra.

El cuarto protagonista, esa ERC a la que todavía se le nota el pelo de la dehesa, se queda en un sinvivir. Si rechazan ese Estatut tendrán que romper su alianza con el Gobierno central y salir del tripartito. Perderán las poltronas, la influencia y... quién sabe lo que pueda ser de ellos en las próximas elecciones. La dirección apuesta por el voto nulo en un intento de salvar los muebles, pero las bases (asamblearios que son) reclaman el no, igual que el PP. Más sarcasmo.

¿Alquien se pregunta todavía por el sentido de la abstención, por el abrumador sonido del silencio?

Ese silencio es un grito y quienes lo provocan deberían tomar buena nota y no insistir en sus prácticas lamentables. Por su propio bien y por el de todos. El descrédito de la política es la desesperanza de la sociedad.

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17 junio, 2006

Hacia el fin de la 'Galaxia Gutenberg' (IV)


Hay quien ha fijado ya la fecha de defunción de la ‘Galaxia Gutenberg’. Philip Meyer, profesor de periodismo en la Universidad de Carolina del Norte, prevé en su libro 'Vanishing Newspaper' que la ‘especie en extinción’ que hoy constituyen los lectores de diarios se habrá desvanecido en 2043. Sea antes o después, lo cierto es que la perspectiva del final de los diarios es cada vez más compartida en los medios académicos estadounidenses, aunque bastante contestada aún -por obvias razones- en los medios profesionales.

Meyer cree en la salvación del periodismo y propugna soluciones para que éste mantenga la influencia social que le ha caracterizado, pero previene contra la inclinación a creer que la prensa en su soporte de papel vaya a sobrevivir. “Si vamos a preservar el periodismo y sus funciones de servicio social -escribe-, quizás lo inteligente sería no centrarnos demasiado en los media tradicionales. La espiral de muerte puede ser irreversible”.

No es la muerte de la prensa lo que inquieta a Meyer, sino la del periodismo serio, sólido, socialmente influyente. De cara a esa supervivencia ha elaborado una teoría bastante respetada profesionalmente, aunque no exenta de polémica, que se denomina ‘periodismo de precisión’ (libro online, en inglés), que nos retrotrae a la idea del periodismo de análisis de mi viejo profesor.

El periodista que debe salvar a la profesión sería, según Meyer, alguien capaz de emplear técnicas de investigación social y de informática que le permitan filtrar, contrastar, analizar y exponer con nitidez y autoridad realidades habitualmente ocultas, no sólo para el gran público, sino incluso para las élites. De ese modo, el llamado periodismo de ‘cejas altas’ se situaría a la altura de los tiempos, en lugar de ir a la zaga de los acontecimientos y utilizar para el análisis de éstos y de sus consecuencias voluntariosos instrumentos decimonónicos.

Nada más lejos de mis propósitos que internarme en el 'jardín' de las previsiones sobre la fecha de caducidad de la prensa escrita o sobre la forma en que la información pueda o deba evolucionar para mantener o incrementar su influencia social, o simplemente su penetración. En el horizonte de la información digital las posibilidades son extraordinarias y en buena medida imprevisibles, ya que estarán condicionadas por los avances tecnológicos, pero seguramente también por una creciente regulación y control, cuyas sombras ya han comenzado a proliferar.

El ritmo del relevo podría ser incluso más rápido que el que Meyer ha previsto, pero parece claro que también internet va a evolucionar y muy probablemente en un sentido no deseado por la inmensa mayoría. Suponer que la gratuidad que impera en buena parte de la red se va a mantener 'sine die' no parece muy realista, pero para ello las empresas tendrán que tomar decisiones delicadas y complejas y asumir riesgos que en un momento dado podrían ser el equivalente a una moneda al aire para su destino.

Son muchas las variables en juego y la de mayor peso es la rentabilidad. Actualmente los medios convencionales tratan de fortalecer su posición en la red y explotar toda la variedad de posibilidades que ofrecen las conexiones de banda ancha: audio, vídeo, infografía animada, aumento de la interactividad, apertura a la participación de los lectores... El objetivo es captar y fidelizar a los jóvenes. Los medios ensayan su potencial digital de cara a un futuro en el que sus beneficios deberán proceder fundamentalmente de la red. Generar adicción y familiaridad, demostrando fiabilidad, amenidad y facilidad de uso parece ser por ahora su estrategia.

Nadie cuestiona ya en serio que el futuro ha comenzado y hay que tener una buena posición en la línea de salida. Quienes no hace mucho se encastillaban en la defensa de la prensa y exhibían la portabilidad del diario como el último territorio en el que era imbatible han de asumir ahora que los PDAs tienen esa misma virtud y otras muchas añadidas. El tacto del papel y el olor de la tinta seguramente son sensaciones a las que a nadie le será difícil renunciar.

En el periodo de transición que sin duda se ha iniciado, tanto en el medio tradicional como en el digital se están generando iniciativas destinadas a prolongar cuanto sea posible la vida del diario sobre papel mientras se rectifica y afianza la oferta digital. Los diarios no pueden entrar en bancarrota antes de que internet sea rentable. Esa es la cuestión. Todos se espían y se copian entre sí a poco que una determinada innovación tenga éxito, pero la improvisación y el ánimo experimental parecen dominar la escena.

Nada tiene de extraño si se tiene en cuenta que se precisa redefinir y descubrir la forma más adecuada y eficiente de informar en un contexto totalmente nuevo y además en permanente evolución y progreso.

Continuará.

13 junio, 2006

Acebes (por una vez) tiene razón


Nunca estaré más de acuerdo que hoy mismo con el ex ministro del Interior Ángel Acebes. El prognato expendedor de títulos de ‘miserable’; el que no descartó, ni descarta ni descartará la participación de ETA en los atentados del 11-M porque sería tanto como admitir que hizo lo inadmisible (mentir); el que no se para en barras al equiparar la política del Gobierno con la de la banda terrorista; el ‘popular’ más querido y jaleado por la extrema derecha ha dicho hoy, al fin, algo razonable.

Lo he visto y oído en la televisión, con estos ojos y estos oídos a los que ya no sorprende nada, ni siquiera la improbable honradez de alguien, no la de Acebes precisamente.

El inefable secretario general del Partido Popular ha querido ‘interpretar’, llevando el agua a su molino, los incidentes que abochornaron a Rajoy en Granollers. Y lo ha hecho con una frase que, como implacable ‘boomerang’, se vuelve a toda velocidad contra el emisor y lo que representa.

“Quien siembra vientos al final recoge tempestades”, ha afirmado el pétreo líder.

Nada más cierto. Ellos y no el Gobierno son los autores de la crispación y en gran medida son y serán sus destinatarios. Ya desde su segunda legislatura en el poder, con mayoría absoluta, dejaron bien clara su capacidad para ignorar, despreciar y humillar a todo el resto del espectro político. A ellos cabe atribuirles la radicalización de los nacionalismos vasco y catalán, a cuyos representantes más moderados menospreciaron incluso a nivel protocolario.

Pero fue tras perder las elecciones cuando se destaparon y descararon como lo que son, ejerciendo la oposición más indecente que haya conocido la democracia española. Mentiras, intoxicaciones, alarmismos gratuitos, instrumentalización inescrupulosa de las víctimas del terrorismo y todo tipo o variedad de juego sucio y desleal y/o de provocación política han figurado en su repertorio de marrullerías.

A nadie debe sorprenderle, si se sitúa en un extremo, que se le ataque desde el extremo opuesto. Prentender ignorar que la crispación que se crea es una irresponsabilidad de ida y vuelta es simplemente estúpido.

Efectivamente, como bien dijo Acebes, quien siembra vientos recoge tempestades. Pero no sólo al final, como él afirma sin precisar a qué referencia temporal alude.

Dado que (aún, pese a quien pese) estamos en una democracia más o menos verosímil sólo cabe esperar que en la fecha puntual de las elecciones el Partido Popular coseche lo que ha sembrado: una tempestad de rechazo a su estrategia irresponsable y, pese a lo que afirman, antipatriótica; a una política irracional, sectaria y antidemocrática capaz de resucitar a los fantasmas del odio y de la confrontación que tantos creíamos superados.

Así sea.

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12 junio, 2006

Hacia el fin de la 'Galaxia Gutenberg' (III)


Fundamentalmente dos factores conspiran contra la posibilidad de que la prensa pueda reconducir la situación y mantener el favor del público: la tecnología y la demografía. El replanteamiento que, tímidamente, se está realizando en los tiempos más recientes debería haberse iniciado hace veinte años para poder llegar al presente en condiciones más sólidas de supervivencia. Las prospectivas ya apuntaban entonces hacia los peligros que ahora son evidentes.

La reacción de la prensa ante la revolución digital ha sido lenta, torpe e insuficiente. Inicialmente negó el riesgo y menospreció las inmensas posibilidades que habían comenzado a apuntarse en internet. Por si acaso, sin embargo, no tardó en tomar posiciones en ese mercado, pero cometió el error de convertir sus cabeceras digitales en una copia servil de los contenidos en papel y en una adaptación plana de los mismos planteamientos informativos, compitiendo consigo misma y perdiendo simultáneamente la batalla frente a contenidos más dispersos, pero más dinámicos, participativos y críticos. Perdió de ese modo la oportunidad de convertir sus webs en medios complementarios que sirvieran como anzuelo para captar nuevos lectores, en lugar de generar el efecto contrario.

La respuesta de la prensa al imperio de la televisión y a la amenaza creciente de internet sólo en los últimos tiempos -demasiado tarde- ha implicado una revisión de los conceptos ‘históricos’ del oficio. Al desafío televisivo se responde fundamentalmente a través de rediseños que acentúan la presencia gráfica en perjuicio del contenido textual (y hay que decir que raramente se dispone de una fotografía tan buena que lo justifique) y enfatizan las infografías, que si están bien concebidas hacen casi inútil el texto y si no, son rellenos gratuitos. El uso del color y la inserción de cuadros de datos y tablas estadísticas es otro de los recursos que se están generalizando. El énfasis en lo visual, cuando es equilibrado, puede ser útil, pero es manifiestamente insuficiente, cuando no contradictorio.

En cuanto a lo conceptual, se trata -con éxito relativo- de reducir la información política a su mínima expresión, de acuerdo con estudios de mercado que detectan el desinterés de los lectores hacia esta parcela informativa. Se prescinde del factor coyuntural que puede haber condicionado el resultado de las encuestas (el interés por la política decrece en situaciones de estabilidad y aumenta exponencialmente en las conflictivas). Asimismo se evita entrar en profundidad en el tipo de información política que es rechazada. Es evidente que el periodismo declarativo, literalmente servil a lo que dice uno u otro, aburre y harta a la inmensa mayoría. Es reiterativo, anodino e incluso indignante, en la medida en que los políticos se sirven de los medios como arma propagandística.

¿Subsistiría el rechazo si tales informaciones fuesen sustituidas por una buena crónica que uniera el análisis al relato de los hechos y los dichos?

Se intenta igualmente revitalizar dos géneros que durante largos años han estado casi en un total olvido: el reportaje y la entrevista. No cabe dudar de que todo lo que aumente la calidad literaria y el interés humano de los contenidos periodísticos es un paso en la buena dirección, pero en este terreno no faltan serias dificultades para alcanzar resultados satisfactorios: una de ellas es la ya referida burocratización notarial de los profesionales; la otra es el tamaño reducido de muchas redacciones. Conceder tres días a un redactor para que prepare y realice un trabajo complejo y laborioso es un 'no-no' casi seguro en términos de ‘rentabilidad’ para la prensa diaria.

Nada ha conseguido hasta ahora reactivar a los diarios. Las generaciones con edades comprendidas entre los 18 y los 40 años no se dejan seducir por los cantos de sirena de una prensa esclerótica que está haciéndose adicta a la cirugía plástica. Frente a ella, Internet alienta un fenómeno creciente de participación en la información que se ha dado en llamar ‘periodismo ciudadano’ o ‘periodismo 3.0’. Ha nacido en la red y ese es su medio natural y lógico. Su trasplante a los diarios es por un lado impracticable y por otro inverosímil. La frescura y espontaneidad de un medio de publicación libre, instantáneo e intertextual no se pueden clonar sobre el papel prensa. La alternativa democrática de la información ha nacido y está aquí para quedarse.

¿Hincará sus frágiles rodillas en tierra la prensa convencional? ¿Podrá llegar a levantar cabeza generando respuestas al vértigo acelerado de la tecnología y a la caducidad previsible de las generaciones que le son fieles?

Continuará.

09 junio, 2006

El cinismo 'popular', en evidencia

Las hemerotecas poseen la virtud de la que carece el cinismo de los que juegan con la desmemoria. Restituyen la verdad y evidencian las contradicciones rampantes y desvergonzadas de quienes emplean dos varas (o más) de medir la realidad, según se hallen en el poder o en la oposición.

Cuando el Partido Popular, tras una breve tregua pactada con el Gobierno a regañadientes de la ‘vieja guardia’ aznarista, vuelve a las andadas con afirmaciones tan groseras como que el presidente del Gobierno es rehén de ETA o que ha entregado a la banda terrorista las llaves del Estado resulta de una elocuencia insuperable revisitar el pasado.

Este viaje hay que agradecérselo a Peperufo, implacable desvelador del ‘caradurismo’ desde su blog “La sombra de Aznar”.


LOS HECHOS: NEGOCIACIÓN ‘CARA A CARA’ CON ETA EN ZURICH

En mayo de 1999, ocho meses después de que ETA declarase una tregua indefinida, el Gobierno de José María Aznar se sentó a negociar con la banda terrorista en la ciudad suiza de Zúrich. La reunión entre representantes del Ejecutivo y de ETA tuvo lugar el 19 de mayo, en un hotel de Zúrich, y en ella participaron los etarras Mikel Albizu “Mikel Antza”, entonces jefe del aparato político de la banda, y Belén González Peñalba, "Carmen". Por parte del Gobierno, Aznar envió al secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos; al secretario de Estado de Seguridad, Ricardo Martí Fluxá, y a su asesor personal, Pedro Arriola. La reunión contó con un moderador, el entonces Obispo de Bilbao, Juan María Uriarte.Ambas delegaciones quedaron emplazadas a una nueva reunión sin fecha concreta, que nunca llegó a producirse.

MOCIONES EN EL CONGRESO

En 1998 y 1999, durante el Gobierno del PP, el Congreso aprobó, por unanimidad, dos mociones instando al Ejecutivo a desarrollar una nueva orientación en la política penitenciaria para propiciar el fin de la violencia:

- En la moción aprobada por unanimidad el 10-11-98, el Congreso de los Diputados instaba al Gobierno a desarrollar, mediante el más amplio diálogo con todas las fuerzas políticas, "una nueva orientación consensuada, dinámica y flexible de la política penitenciaria de la forma que mejor propicie el fin de la violencia". La moción insta también al Gobierno a que "el diálogo, el consenso y el respeto a los principios democráticos y a las legítimas opciones políticas de los ciudadanos rijan todo el proceso que debe conducir al fin de la violencia terrorista y evite actitudes de enfrentamiento entre posiciones ideológicas distintas".

- El 15-6-1999, el Pleno del Congreso aprueba unánimemente otra moción, en la que se insta al Gobierno a "culminar el cumplimiento efectivo, en el tiempo más inmediato posible, de una nueva orientación consensuada, dinámica y flexible de la política penitenciaria, acorde con el fin de la violencia".

ACERCAMIENTO DE PRESOS

Entre septiembre de 1998 y septiembre de 1999, el Gobierno del PP ordena el acercamiento de más de 120 presos de ETA a cárceles próximas al País Vasco y permite el regreso a nuestro país de más de 300 exiliados de la banda terrorista.

- Pocos días antes de la celebración de las elecciones autonómicas vascas del 25 de octubre de 1998, el Ministerio del Interior traslada a 4 presos enfermos a cárceles del País Vasco.

- En diciembre del 98, Aznar anuncia el traslado a la Península de un "grupo cualitativo" de 21 presos de ETA que cumplen condena en cárceles de Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla.

- En mayo de 1999, el Gobierno anuncia que 304 personas vinculadas a ETA pueden volver a España, entre ellos todos aquellos cuyos delitos han prescrito, incluidos algunos con delitos de sangre.

- El 25-6-99, el Gobierno anuncia un traslado de entre 4 y 6 presos etarras a las cárceles vascas.

- EL 7 de septiembre de 1999, el Ejecutivo anuncia el acercamiento de 105 presos de ETA a cárceles de Euskadi o próximas a esta comunidad, un proceso que concluyó el 24 de ese mismo mes.

EXCARCELACIÓN DE ETARRAS

-Durante el periodo de gobierno del PP se produjeron 311 excarcelaciones de etarras. De ellas, 64 correspondieron a terroristas condenados por asesinatos múltiples a penas superiores a veinte años (en algún caso superiores a doscientos y aún a trescientos años).

- Un caso especialmente significativo, es el del etarra Iñaki Bilbao, condenado a 52 años de prisión, que quedaron reducidos a 30 por efecto de la acumulación de penas, y de los que efectivamente cumplió 17. Iñaki Bilbao salió de la cárcel el 28 de septiembre de 2000, siendo Angel Acebes ministro de Justicia y Mariano Rajoy ministro del Interior. El 21 de marzo de 2002, Bilbao asesinó al concejal socialista de la localidad de Orio Juan Priede.

LAS FRASES

GENEROSIDAD:

- “Si los terroristas deciden dejar las armas sabré ser generoso” (José María Aznar, 3-3-98)

- “Estoy dispuesto a tomar todas las iniciativas que fuesen necesarias si viésemos que podía entenderse o podían darse pasos positivos para que esta situación de cese de la violencia diese lugar a un proceso definitivo de paz” (José María Aznar, 3-3-98)

- “Con la violencia no se consigue ningún tipo de ventaja política, pero estoy dispuesto a ser generoso si es necesario, a ser comprensivo, si eso ayuda al final del terrorismo, es lo que tiene que entender todo el mundo, no es un camino sencillo” (José María Aznar, 5-3-98)

- "Merecería la pena hacer el esfuerzo de la generosidad si con ello conseguimos la paz" (José María Aznar, 4-5-98)

- “El Gobierno y yo personalmente hemos procurado a lo largo de estas semanas, en declaraciones y en hechos, transmitir señales de lo que estamos dispuestos a hacer por la paz” (José María Aznar, 11-10-98)

- “Por la paz y por sus derechos no nos cerraremos, sino que, por el contrario, nos abrimos a la esperanza, al perdón y a la generosidad, y por la paz pondremos lo mejor de nuestra parte para hacerla definitiva con la ayuda y la esperanza de todos” ( José María Aznar, 5-11-98)

- “Estamos dispuestos a hacer y afrontar el esfuerzo que nos corresponde" (José María Aznar, 18-12-98)

NEGOCIACIÓN:

- “El Gobierno y yo personalmente he autorizado contactos con el entorno del Movimiento Vasco de Liberación. (...) Estoy seguro que al mantenimiento de ese principio (discreción) me van a prestar ustedes su colaboración y su comprensión entusiasta” (José María Aznar, 3-11-1998)

- “Si no se producen los contactos es porque ETA no quiere. No hay ninguna otra razón" (José María Aznar, 10-9-99)·

- "Si se trata de contrastar la voluntad de diálogo de ETA, habrá que hacerlo directamente con la organización armada" (Josep Piqué 4-11-98)

- “Los contactos los llevaremos directamente y sin intermediación" (Mariano Rajoy, 12-11-98)

PRESOS:

- "En dicho proceso (de paz), quiero decirles que el Gobierno incorporará una nueva orientación de la política penitenciaria consensuada, flexible y dinámica que acompañe los avances que se vayan produciendo en el aseguramiento de la paz” (José María Aznar, 2-10-98)

- “Ya he dicho que el Gobierno está dispuesto a acompasar la política penitenciaria a los avances que se produzcan en el proceso de paz. …”. “A veces hay una inversión de valores que parece obligarnos a los demócratas a dar pasos….”. “Lo que debemos tener son actitudes abiertas”. (José María Aznar, 11-10-98)

- “…en ese momento se darían las condiciones para que los partidos firmantes del Pacto de Ajuria Enea se pusieran a desarrollar los compromisos de ese pacto en materia de reinserción, que es otro aspecto más de la política antiterrorista” (José María Aznar, 11-10-98)

- "El Gobierno, cuando toma decisiones, hace política, no hace gestos y quien interprete en clave de gesto (el acercamiento de presos) no va por buen camino, si lo ven en clave de una política de fondo pueden acertar más” (José María Aznar,10-9-99)

- “El Gobierno ha hecho un gesto (el acercamiento de presos) conforme a la voluntad y el deseo de que llegue la paz" (Mariano Rajoy, 26-12-98)

VENCEDORES Y VENCIDOS:

- “El proceso y el procedimiento (en la lucha contra ETA) serán largos. No podrá haber nunca ni vencedores ni vencidos". (Ricardo Martí Fluxá, 28-11-97)

NAVARRA:

- Si ETA abandona las armas se podría "hablar y negociar, y ahí Navarra va a estar y será generosa". "En la medida en que se consolide la tregua y podamos hablar de abandono definitivo de la violencia, se podrá hablar de otras cuestiones como la política penitenciaria y la reinserción" (Miguel Sanz,14-10-98)

PARTICIPACIÓN DE TODAS LAS FUERZAS POLÍTICAS VASCAS:

- “…seguiré adoptando las iniciativas que considere más adecuadas para la consecución definitiva de la paz”. "Las iniciativas de pacificación y normalización del País Vasco, cualquiera que sea el ámbito en el que se planteen, exigen la participación efectiva de todos los partidos democráticos” (José María Aznar, 2-10-98)

- “El proceso de normalización corresponde, en primer término, a las instituciones y a todas las fuerzas políticas vascas sin ningún tipo de excepción” (José María Aznar,18-12-98)

- “Tomar posesión de un escaño siempre es preferible a empuñar las armas" (José María Aznar,18-12-98)

- “Considero conveniente reforzar el diálogo que ya existe con los partidos políticos para profundizar en las líneas de acuerdo iniciadas hasta ahora. Espero que a este diálogo, en una situación política normalizada, puedan incorporarse también todas las fuerzas políticas representadas en el Parlamento vasco” (José María Aznar, 18-12-98)

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07 junio, 2006

Hacia el fin de la 'Galaxia Gutenberg' (II)

La prensa contemporánea es consecuencia de la industrialización. Máquinas complejas y costosas fueron necesarias para socializar diariamente la información y sistemas de comunicación caracterizados por su rapidez la hicieron posible.

Antes de eso el periodismo tenía un sello artesano y romántico: muchas publicaciones con escasa paginación se dirigían a un público reducido y casi exclusivamente urbano con gacetillas, notas de sociedad, folletones y algún que otro artículo más caracterizado por sus pretensiones literarias, políticas e incluso filosóficas que por su valor informativo.

Personajes como Francisco Mariano Nifo, figura mítica del protoperiodismo español que creó, dirigió e incluso escribió en soledad hasta una veintena de periódicos diferentes a finales del XVIII, dejaron de ser viables. Avanzado el XIX hacía falta una considerable cantidad dinero para fundar y sostener un diario digno de tal nombre, condición que aumenta extraordinariamente en el XX. Por el camino van quedando los que no pueden competir por razones económicas y la consecuencia de ello no es sólo el fin de una cierta idea de periodismo, sino también la pérdida de un abigarrado pluralismo, que de modo simultáneo se produce también en el terreno político.

Transformados en entidades empresariales convencionales, los diarios no sólo responderán a los intereses de sus generalmente poderosos propietarios, sino que se instrumentalizarán al servicio de opciones ideológicas o partidistas mayoritarias, en una praxis que en algunos casos redunda en pura propaganda.

La extendida idea de que los periódicos mienten no es de ahora. Hubo épocas en las que la mentira era una práctica más usual y descarada. Hoy en día, cuando son tantas las fuentes, no es tan fácil dar noticias falsas o falsear descaradamente las informaciones, pero parte esencial del ‘oficio’ consiste en una manipulación basada esencialmente en subrayar, difuminar, destacar o minimizar, e incluso ocultar, según qué hechos o declaraciones. Es decir, maquillar la realidad al propio gusto y a la propia conveniencia, lo cual no deja de ser mentir, por más que se practique de un modo teóricamente sutil.

Es ahí precisamente donde nos encontramos. La credibilidad de los diarios es cuestionada de modo creciente y -no por azar- paralelo al cuestionamiento que se hace a la 'clase' política. Cuando los periodistas denuncian la falta de fiabilidad de Internet (en alusión generalmente a los blogs) parecen no ser conscientes de que la credibilidad de sus medios no es mucho mayor. El concepto empresarial se ha impuesto de modo definitivo al profesional, especialmente desde el momento en que la crecida cuenta del cambio tecnológico (de la tipografía al offset) condujo a la concentración en poderosos grupos mediáticos. La consecuencia es que todo rasgo de pluralismo ha desaparecido (incluso de las llamadas 'Tribunas Libres') y que el panorama ideológico se ha empobrecido hasta un nivel inquietante.

En los ya remotos años de la Escuela de Periodismo, un profesor afirmaba que los periódicos en el futuro (supuestamente en estos tiempos) serían más de análisis que de información, con más crónicas que noticias y más informes que informaciones. Esa sería la consecuencia lógica de la imposibilidad de competir en inmediatez informativa con la radio y la televisión. La prensa tenía a su favor no sólo poder informar con mayor extensión, sino también situar la noticia en su contexto, exponer sus antecedentes y avanzar su probables consecuencias. Tendría además la posibilidad de seleccionar aquello que fuera realmente importante y darle la extensión y el relieve adecuados a su mayor o menor incidencia publica.

Si eso era (o parecía) lo razonable hace cuatro décadas, ¿por qué no ha llegado a ponerse en práctica ni en España ni en ningún otro país? En primer lugar porque no parece existir una demanda real en ese sentido. Quienes preveían un aumento de la exigencia informativa ciudadana coherente con la universalización de la educación no podían imaginar entonces el extraordinario influjo de la televisión; su capacidad de absorber, enajenar y frivolizar. Cuando se repasa la estadística sobre el número de horas que la media de los ciudadanos pasa ante el televisor -y no precisamente para informarse, en general- la cosa está clara: la ‘caja idiota’ monopoliza una gran parte del tiempo de ocio. La necesidad de informarse es anecdótica frente a la urgencia imperiosa de evadirse.

Pero sucede que aún en el caso de que existiese (o pudiera generarse) la demanda de un cambio en los conceptos informativos de la prensa escrita el problema clave se pondría en evidencia en los propios diarios. Allí donde el adjetivo y la subjetividad que pueda generarlo han sido proscritos no resulta fácil imaginar un cambio cualitativo que empezaría necesariamente por una mayor exigencia intelectual y expresiva a redactores inmersos hasta ahora en una praxis profesional que es pariente próxima de la burocracia más rancia y estéril.

La conquista de la credibilidad es una tarea mucho más compleja y difícil de lo que parece a primera vista. No basta el propósito de decir la verdad o de tratar de acercarse a ella objetivamente, aunque eso sería un paso de gigante. Tampoco es suficiente la voluntad de superar los propios prejuicios e ignorar los ajenos. Es necesaria, como mínimo, una capacidad infrecuente de análisis y contraste, un talento innato para trabajar en equipo democráticamente y una formación intelectual muy sólida.

No se transforma de la mañana a la noche a un redactor-notario-sesgado en un redactor-investigador-objetivo. La credibilidad no puede improvisarse ni falsificarse. La honestidad y la independencia sí que pueden fingirse pero también quedan fácilmente desenmascaradas a la primera vuelta del camino.

Como consecuencia de tales dificultades los diarios no se plantean la credibilidad general, sino que buscan la de un público previamente decantado. He ahí por qué -entre otras razones- los jóvenes se les resisten. Se les habla desde un mundo viejo, con un lenguaje anodino y tendencioso y con unos planteamientos y propósitos que no comparten.

Continuará.

06 junio, 2006

Daños colaterales

Arcadi Espada, escritor e impulsor de la plataforma antinacionalista catalana ‘Ciutadans de Catalunya’, fue impunemente agredido ayer en Gerona cuando se disponía a intervenir en un acto. Energúmenos ultranacionalistas, supuestamente de izquierda, le agredieron e insultaron sin que los Mossos d’Esquadra se dignasen intervenir.

Es repugnante, pero no sorprendente. Antes de que este hecho lamentable se produjese, -hace más de un año-, un grupo de fascistas intentó atacar a Santiago Carrillo durante un acto en una librería madrileña, hiriendo a quienes trataron de evitarlo y destrozando la librería cuanto pudieron.

Hace menos tiempo aún un ministro del Gobierno (hoy ex ministro) fue insultado y agredido en una manifestación de las víctimas del terrorismo monopolizada por un partido de centro derecha que acostumbra a cosechar sin escrúpulo visible el voto de la ultraderecha, a la que dirige obvios guiños de complicidad. Los platos rotos los pagan hoy dos policías que retuvieron durante tres horas a dos de los presuntos autores, militantes del partido aludido.

Una campaña insidiosa e indecente, que llegó a alentar el boicot a los productos catalanes, se ha venido desarrollando con mal disimulada complacencia de quienes recogieron firmas para convocar un referéndum contra un Estatut que sabían que no podía prosperar, del mismo modo que sabían que tal referéndum no era viable.

Los que agitan las aguas y alimentan el odio y la irracionalidad son los mismos que ahora acusan al presidente del Gobierno de hacer la política de ETA y de entregar a la banda terrorista 'las llaves del Estado'. Con la misma indecencia atribuyen a la política de extranjería el aumento de la delincuencia. Todo es bueno para ellos si sirve para trasladar a la conciencia ciudadana la idea de un caos que sólo habita en sus deseos.

Irresponsablemente alientan los extremismos, cuyas consecuencias acaban pagando justos por pecadores. A ellos les da lo mismo. No es realmente España lo que les preocupa, pese a sus reclamos patrioteros, sino recobrar y retener el poder que perdieron precisamente por su hábito de menospreciar a los ciudadanos y pasarse por el forro elementales usos democráticos.

Si anuncian una balcanización de España y una ‘vuelta a las andadas’ y no se produce ya se encargan ellos y sus corifeos mediáticos de generar la sensación de que es un riesgo real e inminente. El coste que sufra la libertad y la seguridad de los ciudadanos constituye un daño colateral a cargar en la cuenta del enemigo político. Mientras tanto resulta ser el Gobierno quien crea desconfianza e incertidumbre.

Es pura y simplemente vomitivo.

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04 junio, 2006

Hacia el fin de la 'Galaxia Gutenberg' (I)


Cada día crecen más las evidencias de que la prensa escrita, lo que desde McLuhan se conoce como ‘La Galaxia Gutenberg’, atraviesa una crisis que tiene todos los visos de no ser meramente coyuntural, contra lo que muchos preferirían creer. En mayor o menor grado, los índices de penetración de los diarios en todo el mundo desarrollado vienen acusando un descenso sistemático, lento pero no por ello menos inquietante.

Las causas de esa decadencia son objeto de estudio y debate desde hace tiempo, aunque en España -de modo coherente con su nivel de desarrollo- la inquietud es relativamente reciente. Los diarios creyeron encontrar en las propuestas de valor añadido una táctica eficaz para fidelizar al lector y mantener o aumentar los niveles de difusión de los medios. Las promociones son otro recurso destinado al mismo fin y además generan beneficios nada desdeñables. Es de temer, sin embargo, que nos hallamos en una situación que bien puede resumirse así: pan para hoy y hambre para mañana.

Ciertamente, no es el periodismo o la información lo que está amenazado, sino específicamente la comunicación que tiene el papel como soporte. Más allá de las nada despreciables consideraciones ecológicas, la prensa escrita afronta en estos momentos desafíos para los que se muestra incapaz de generar respuestas eficientes. El principal de ellos es el desvío de la mayor parte de los lectores de menos de cuarenta años hacia Internet y consecuentemente el envejecimiento progresivo de la clientela.

Se podrá objetar que esos lectores se dirigen a las ediciones digitales de los diarios que no compran, lo cual es en gran medida cierto, pero eso mismo revela la gravedad de la crisis. Las empresas periodísticas no han logrado aún hacer rentables sus ediciones digitales, por lo que el daño es doble. Por un lado las webs informativas hacen directamente la competencia a la versión en papel y por otra gravan sensiblemente los costes empresariales, en la medida en que hay que mantener, por reducida que sea, una redacción paralela y no rentable para la red.

Los diarios gratuitos constituyen otra desastrosa competencia generada en el propio sector, aunque no por parte de las empresas tradicionales y consolidadas. La amenaza que suponen es más visible en las grandes ciudades, donde centenares de miles de personas se trasladan en los transportes públicos e invaden las calles, constituyéndose en un mercado fácilmente accesible. En las capitales de provincias el riesgo para los medios es menor e incluso irrelevante, al menos por ahora. En cualquier caso, los gratuitos demuestran que lo que está en cuestión no es tanto la captación de clientes como la de publicidad.

Es la publicidad lo que explica la subsistencia de los diarios, tanto de los gratuitos como de los que no lo son. La rentabilidad es casi impensable sin el ingreso que se obtiene mediante la inserción de anuncios y éstos se logran o no en función de la difusión del medio. La gratuidad constituye una competencia en gran medida desleal, pero difícilmente cuestionable desde la libertad de mercado asumida hoy en todo el mundo. Alguien ha calificado a los gratuitos como ‘un disparo en el pie’ que se hace la propia prensa. Un tiro desafortunado y muy doloroso, como confirma el hecho de que los grupos de prensa tradicionales han tomado posiciones en ese territorio o estudian tal posibilidad.

El principal problema de cara a un futuro que puede ser inminente viene dado por el carácter limitado del mercado publicitario. Las cuentas de las principales empresas, nacionales o multinacionales, no crecen en la misma medida que la oferta mediática ni parece razonable que lo hagan a corto plazo. Los estudios de mercado que realizan siguen dando una alta fiabilidad a la eficacia del anuncio en prensa diaria, pero cada día son mayores los matices a introducir al considerar la de un anuncio concreto en un medio o en otro, escrito o no.

Por el momento predomina el criterio conservador y continuista, pero probablemente no está lejano el día en que Internet suponga una dura competencia, en la medida en que permite contextualizar los mensajes publicitarios, aumentando su visibilidad y efectividad, y además facilita al teórico destinatario aumentar al instante la información, mediante un simple clic, y acercarse más de ese modo a la condición de comprador, precisamente lo que busca el anunciante. En la medida en que la bolsa publicitaria es limitada la amenaza para la supervivencia de ciertos medios resulta evidente.

La prensa escrita recibió un providencial balón de oxígeno para su supervivencia económica a través del progreso de la informática. Ello facilitó la reducción de la plantilla en los talleres y transformó a las redacciones en virtual ‘factotum’, posibilitando una rentabilidad que hace tres décadas estaba seriamente amenazada. Ahora, sin embargo, la cuestión es dilucidar si no va a ser también la tecnología la que precipite el fin de la ‘galaxia’ cuando se acerca a sus seis siglos de existencia.

Hay una revolución en curso. Si la que inició la rudimentaria imprenta basada en el tipo móvil promovió la difusión de la cultura y de las ideas, cambiando esencialmente la imagen del mundo y del propio ser humano, la que anuncia la era digital no va a ser menos transcendente.

Pero antes de celebrar las exequias, seguramente precipitadas, de la ‘Galaxia Gutenberg’ es preciso examinar los cómos y porqués de la crisis actual y las perspectivas de futuro en la medida en que puedan ser previsibles.

Continuará.

28 mayo, 2006

Editoriales gráficos

En apenas 48 horas –ayer y hoy- J. R. Mora (http://humorgrafico.zoomblog.com/) ha publicado dos magníficos ‘editoriales’ gráficos sobre sendas realidades lamentables:




1) El récord de impudor del empecinado ex ministro del Interior Ángel Acebes (sólo superado por él mismo entre el 11 y el 14 de marzo de 2004) en su insistencia en vincular automáticamente -cual autómata- delincuencia e inmigración. El sarcasmo contenido en la breve leyenda de la viñeta no precisa de apostillas.





2) La desmemoria, la indiferencia, el egoísmo frente a las catástrofes ajenas que se evidencian apenas los medios dejan de dar cuenta de ellas. Actitudes características de nuestras sociedades ‘opulentas’ y enajenadas, que viven la realidad como espectáculo y la prefieren en el envase inocuo y morboso de los ‘reality shows’. Más realidad, sobre todo si es real, resultaría incómoda e indigesta.

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12 mayo, 2006

El juez, el histrión, el circo...


"Miguel Hidalgo
, el juez que condenó a penas de entre tres y cinco años de prisión a tres policías por el caso Bono, perteneció a la Brigada Político Social (BPS) de la Policía en los últimos años del franquismo, es decir formó parte del aparato de represión de rojos, masones y separatistas montado por el dictador. Según ha podido saber elplural.com, Hidalgo coincidió allí con Rodolfo Ruiz, el comisario ahora condenado por él a cinco años por detención ilegal, falsedad en documento público y coacciones por el arresto de dos militantes del PP."

"Entre las misiones de Hidalgo, figuró además ejercer de infiltrado de la BPS, en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. Allí actuaba como espía para el aparato represor del Régimen."

"El juez Hidalgo, que en esta ocasión ha actuado con gran contundencia, no siempre obró de la misma manera en juicios por detenciones de la policía. En 2004 absolvió a tres agentes de la Policía Nacional que habían sido denunciados por un sindicalista de UGT que había sido arrestado durante una huelga en el año 2000."

"El sindicalista sufrió lesiones de las que tardó en recuperarse tres meses. Sin embargo, el tribunal presidido por Hidalgo consideró que los agentes no tuvieron intención de causarle este daño y llegó a la conclusión de que los hechos no tenían relevancia penal."
(Reproducido de elplural.com)
_________________

No apostillaré nada y tampoco voy a glosar la desproporcionada contundencia de una condena que ha dejado a todo el mundo boquiabierto, incluido el propio PP. Es de esperar que el Tribunal Supremo ponga las cosas y al propio juez Hidalgo en su sitio.

Lo que me interesa tratar aquí es la manera en que el PP está intentando sacar partido de un asunto que es escandaloso desde el principio. Escandalosa fue la instrumentación partidista de las víctimas del terrorismo que se plasmó en la manifestación origen de los hechos. Escandaloso que el ministro de Defensa fuera agredido de palabra y obra y no pudiera participar en la marcha, que el PP había decidido monopolizar.

Ayer, de nuevo, fue escandaloso y lamentable lo sucedido en el Congreso y en la Asamblea de Madrid, donde el PP mostró una vez más, pero de modo más grave que nunca hasta ahora, su desprecio a las instituciones democráticas, convirtiendo ambas cámaras representativas en sendos circos.

El popular histrión Martínez Pujalte agotó la bien probada paciencia del presidente de la Cámara para alcanzar el baldón histórico de ser el primer parlamentario expulsado de un Pleno. Los hechos los conocen todos, así que no insistiré en su impropiedad, estúpida desfachatez y propósito provocador. Ni él ni su partido parecen tener sentido de la medida y la resistencia del provocador a cumplir la orden de Marín, apoyada por el portavoz del partido, Eduardo Zaplana, sólo fue superada en su repugnante carácter por sus ridículas y burlescas reverencias al acatar finalmente la orden.

El ‘numerito’ de la Cámara regional fue otra exhibición altamente impúdica, con el agravante incluido de la exhibición de esposas, que no fueron utilizadas en la detención a la que se aludía y por cuyo origen cabe preguntarse con inquietud. ¿Pertenecen al instrumental sado-maso de sus señorías?

Lo sucedido es una vergüenza que, aunque protagonizada por una minoría de personas, nos salpica a todos. Y más tras saber que la dirección del Partido Popular ha respaldado hoy el choteo. El problema no es que lo respalde, sino que es mucho más que probable que en su seno naciera la idea y el modo de instrumentalizarla. Algún Goebbels de tercera permanece en la sombra mientras los augustos reciben las bofetadas.

Tal vez temieran que la crisis catalana y la estafa filatélica eclipsasen los ecos de su utilización escandalosa del escandaloso caso. Lograron evitarlo. La pregunta es si el precio de la vergüenza y el descrédito -llueve sobre mojado- compensa un ´éxito' tan miserable y patético.

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30 abril, 2006

Revel y los 'liberales'

El escritor y periodista Jean-François Revel ha muerto hoy a los 82 años en el hospital Kremlin-Bicêtre (1), a las afueras de París. Para la mayoría de los españoles este nombre no significa nada, pero no hay francés ni ‘liberal’ español que lo ignore. Revel ha sido durante buena parte de su vida la ‘bestia negra’ de la izquierda francesa y por ende planetaria, un referente ineludible de una sedicente ‘filosofía’ liberal que ha vivido sus momentos estelares tras la caída del muro de Berlín y la eclosión neoconservadora, especialmente en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Nacido Ricard -como la francesísima bebida- cambió significativamente su apellido por Revel, que no es -que yo sepa- francés pero evoca en su pronunciación francesa ecos sugestivos: “rebelle” (rebelde), “reveil” (despertar). Tenía un alto concepto de sí mismo Jean-François. Y tuvo un considerable éxito en lograr que otros compartieran tal valoración.

En buena parte de sus biografías se le considera un filósofo, pero yo, tras leer un par de libros y bastantes artículos suyos, niego la mayor. Es cierto que estudió Filosofía en la elitista Ecole Normale de París, pero la polémica y el panfleto efectista fueron en mayor grado que la ciencia del amor a la sabiduría su actividad.

Recuerdo que cierto filósofo alemán, probablemente filonazi, al que entrevisté con ocasión de una disertación suya en cierta universidad de verano en la que la ‘intelectualidad’ franquista flirteaba con los talentos traspirenaicos, casi me abofetea cuando la pregunté su opinión sobre la filosofía existencialista de Jean-Paul Sartre. ¡Eso no es filosofía!, me gritó al borde de la apoplejía.

Las mismas razones que (supongo) tenía el boche para negar que los existencialistas y específicamente Sartre fueran filósofos tengo yo para negar que lo fuera Revel. Tantas no, más. Buena parte de su obra no es otra cosa que una diatriba neoliberal y anti socialista en la que la argumentación no da para tapar la grosera manipulación previa de lo que presenta como real ni su insuperable debilidad por la frase redonda y contundente contribuye a su solidez y seriedad.

En febrero de 2004, con un pie en el estribo, José María Aznar entregó a Revel, uno de sus maestros, la Gran Cruz de Isabel la Católica. Y no me resisto a reproducir lo que Federico Jiménez Losantos, entre épico y funerario, escribió en su ‘Libertad digital’: “En un día luminoso de invierno madrileño, con Aznar viviendo sus últimos días presidenciales, todo tenía un aire de afecto y melancolía: el gran político que se va, el inolvidable maestro que pasa... y los liberales que nos quedamos. Ay, los liberales”.

Liberales, dice. ¿De qué liberalismo? ¿Del laissez faire, laissez passer? ¿Del ‘enriqueceos’, como si eso estuviese al alcance de cualquiera? ¿Del de la "Teoría de los sentimientos morales" de Adam Smith? Ya no hay liberales más que en el sentido económico de la palabra. Ahora hay neoconservadores (más propiamente, ultraconservadores), criptofascistas y oportunistas disfrazados de liberales. Suena bien ‘liberalismo’, mucho mejor que todo lo que tras ese término se oculta.

Dice Revel que “es improbable que seamos capaces alguna vez de construir un mundo mejor de lo que nosotros mismos somos”. Y es difícil no coincidir en esta lapidaria y obvia afirmación, que propende al pesimismo antropológico. El problema, como siempre desde que el mundo es mundo, es que el ser humano no puede ni debe resignarse a la vivencia permanente del dolor propio y ajeno. Ese dolor tiene Culpables, los mismos que siempre han predicado la resignación y pospuesto la felicidad a una improbable vida de ultratumba.

Frente a los Culpables y a su servil cohorte de pensadores y publicistas supuestamente liberales somos legión los que aún defendemos el derecho a soñar y a que la especie camine hacia la auténtica libertad. Tal programa no es ni siquiera ideológico. Está escrito indeleblemente en el genoma humano.

(1) La historia es irónica. Kremlin se refiere ciertamente al palacio moscovita, aunque parece que tiene su origen en una taberna denominada “el sargento del Kremlin” que alguien creo tras la desastrosa invasión de Rusia por Napoleón. En cuanto a Bicêtre, era una siniestra fortaleza que sirvió como prisión y centro de tortura para todo tiepo de marginales antes de la revolución y transformado en hospital, tuvo entre sus distinguidos pacientes al marqués de Sade.

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23 abril, 2006

El peor presidente de EE. UU. (y II)

Rectificar es de sabios, dicen. Rectifico pues, no para pasar por sabio sino para parecer menos idiota: no continuaré la traducción, iniciada ayer, del artículo de Sean Wilentz en Rolling Stone sobre el peor presidente de la historia de Estados Unidos. La pereza (es domingo, hombre) es la razón principal de este abandono. No lo voy a negar. Además, no creo que mi esfuerzo fuera de mucha utilidad para el lector hispano, que tiene sus propias razones para calificar a Bush y en su mayoría se inscriben en el terreno de la política internacional. Finalmente, se me ha ocurrido pensar que podría cometer una infracción del copyright, aunque ésto confieso que, más que un inquietud real, es una coartada verosímil para mi decisión.

Quienes sepan inglés pueden pinchar aquí para leer el artículo. Quienes no lo sepan o no quieran tomarse la molestia, tal vez estén interesados en repasar las ocasiones en que ‘La Espiral’ ha evaluado o aludido a las actividades del ‘emperador’. En ese caso, introduzcan “Bush” arriba, donde pone “search this blog”.

Hay casos en los que una canción vale por diez sesudos ensayos. Por eso, como premio de consolación al lector defraudado por mi defección, he desviado mi entusiasmo traductor hacia “Dear Mr. President”, que interpreta la cantante Pink. Que ustedes lo disfruten.

Ver actuación en ventana de Youtube...

... O aquí mismo.


Querido presidente
Venga a dar un paseo conmigo
Finjamos que sólo somos dos personas y
Usted no es mejor que yo
Me gustaría hacerle algunas preguntas si podemos hablar sinceramente.

¿Qué siente cuando ve a todos los sin hogar en la calle?
¿Por quién reza por la noche antes de dormirse?
¿Qué siente cuando se mira al espejo?
¿Está usted orgulloso?

¿Cómo duerme mientras el resto de nosotros llora?
¿Cómo sueña cuando una madre no tiene oportunidad de decir adiós?
¿Cómo camina con la cabeza alta?
¿Puede siquiera mirarme a los ojos
Y decirme por qué?

Querido presidente
¿Fue usted un chico solitario?
¿Es usted un chico solitario?
¿Cómo puede decir
Que ningún niño queda abandonado?
No somos estúpidos y no somos ciegos
Todos están en sus calabozos
Mientras usted pavimenta el camino al infierno.

¿Qué clase de padre despojaría de sus derechos a su hija?
¿Y qué clase de padre puede odiar a su hija si es lesbiana?
Sólo puedo imaginar lo que la primera dama tiene que decir
Usted ha andado un largo camino desde el güisqui y la cocaína.

¿Cóno duerme mientras el resto de nosotros llora?
¿Cómo sueña cuando una madre no tiene oportunidad de decir adiós?
¿Cómo camina con la cabeza alta?
¿Puede siquiera mirarme a los ojos?

Déjeme hablarle del trabajo duro
Con el salario mínimo y un hijo en camino
Déjeme hablarle del trabajo duro
Reconstruyendo la casa que las bombas destruyeron
Déjeme hablarle del trabajo duro
Haciendo una cama de una caja de cartón
Déjeme hablarle del trabajo duro
Trabajo duro
Trabajo duro
Usted no sabe nada del trabajo duro
Trabajo duro
Trabajo duro Oh

¿Cómo duerme por la noche?
¿Cómo camina con la cabeza alta?
Querido presidente
Usted nunca daría un paseo conmigo
¿Lo haría?

22 abril, 2006

El peor presidente de EE. UU. (I)



Sean Wilentz, profesor de la universidad de Princeton, uno de los historiadores estadounidenses más prestigiosos, aporta a lo largo de un extenso artículo publicado en la revista 'Rolling Stone' los datos que sitúan a George W. Bush como el peor presidente de Estados Unidos. La tentación de traducirlo ha sido invencible, pero la tarea no puede ser concluída en una sola entrega -que además sería demasiado larga para leer en pantalla- por falta de tiempo. Este es, pues, el primero de los capítulos de un texto que la revista ha titulado en tono interrogativo y cuyo contenido lo transforma en afirmativo y difícilmente cuestionable: 'El peor presidente de la historia'.

La presidencia de George W. Bush parece encaminarse a un colosal descrédito histórico. Exceptuando un acontecimiento cataclísmico del tipo de los ataques terroristas del 11 de Septiembre, tras el cual el público pueda reconcentrarse otra vez en torno a la Casa Blanca, parece que no hay mucho que su administración pueda hacer para evitar ser clasificada en el rango más bajo de los presidentes estadounidenses. Y ese puede ser el panorama más halagüeño. Muchos historiadores se están preguntando ahora si Bush, de hecho, será recordado como el peor presidente de toda la historia americana.

De tiempo en tiempo, tras el trabajo, me reúno con mis colegas en Princeton para discutir ociosamente acerca de qué presidente fue realmente el peor de todos. Durante años, estos eternos debates se han centrado ampliamente en el mismo puñado de jefes ejecutivos que las votaciones de historiadores nacionales de todo el espectro ideológico y político citan rutinariamente como el fondo del barril presidencial. ¿Fue el pésimo James Buchanan, que, confrontado con la secesión sureña en 1860, titubeó hasta un punto que, como ha dicho su más reciente biógrafo, equivalía a deslealtad y que entregó a su sucesor, Abraham Lincoln, una nación ya en pedazos? ¿Fue el sucesor de Lincoln, Andrew Johnson, quien activamente se alineó con los antiguos confederados y saboteó la Reconstrucción? ¿Qué tal el amigable incompetente Warren G. Harding, cuya administración fue fabulosamente corrupta? ¿O, aunque tenga sus defensores, Herbert Hoover, quien intentó algunas reformas pero quedó aprisionado en su propia anacrónica ética individualista y se hundió bajo el peso del crack bursatil de 1929 y el comienzo de la Depresión? Los historiadores más jóvenes siempre proponen a Richard M. Nixon, el único presidente americano forzado a dimitir.

Ahora, sin embargo, George W. Bush se halla en seria contienda por el título de el peor de todos los tiempos. En 2004, una encuesta informal entre 415 historiadores dirigida por la imparcial History News Network concluyó que el 81 por ciento consideraba la administración Bush un "fracaso”. Entre los que definían a Bush como un éxito, muchos dieron alta puntuación al presidente sólo por su capacidad para movilizar el apoyo popular y lograr que el Congreso le acompañase en lo que un historiador describió como “aplicación de políticas desastrosas” de la administración De hecho, aproximadamente uno de cada diez entre los que consideraban un éxito a Bush estaba siendo guasón valorándole sólo como el mejor presidente desde Clinton, una categoría en la que Bush era el único competidor.

La inequívoca decisión de los historiadores debería dar qué pensar a todos. Contrariamente a los estereotipos populares, los historiadores son generalmente un gremio cauto. Evaluamos el pasado desde puntos de vista ampliamente divergentes y estamos profundamente interesados en ser vistos por nuestros colegas como justos y precisos. Cuando hacemos juicios históricos no actuamos como votantes ni como expertos sino como estudiosos que deben evaluar todas las evidencias, las buenas, las malas o las indiferentes. Sondeos separados, dirigidos tanto por quienes son considerados conservadores como por liberales, muestran notable unanimidad acerca de quienes han sido los mejores y los peores presidentes.

Como grupo, los historiadores tienden a ser mucho más liberales que el conjunto de la ciudadanía, un hecho al que los admiradores del presidente se han aferrado para desautorizar los resultados de la encuesta como claramente tendenciosos. Un historiador pro-Bush dijo que ésta revelaba más acerca de “la actual cosecha de profesores de historia” que acerca de Bush o de la eventual valoración de Bush. Pero si los historiadores estuvieran motivados simplemente por una fuerte tendencia liberal, podría esperarse que considerasen a Bush el peor presidente desde su padre o Ronald Reagan o Nixon. En lugar de ello, más de la mitad de los encuestados y casi tres cuartas partes de los que valoraron negativamente a Bush retrocedieron más allá de Nixon para encontrar un presidente tan lamentable. La nómina de presidentes más comunmente relacionados con Bush incluía a Hoover, Andrew Johnson y Buchanan. El doce por ciento de los historiadores encuestados, casi tantos como los que consideraron a Bush un éxito, le calificaron rotundamente como el peor presidente de la historia de América. Y esas cifras fueron alcanzadas antes de las debacles del huracán ‘Katrina’, el papel de Bush en el ‘affaire’ de la filtración sobre Valerie Plame y el deterioro de la situación en Irak. Si los historiadores fueran encuestados hoy los números serían más altos.

Incluso hay algo peor para el presidente. El público en general que una vez dio a Bush los más altos niveles de aprobación registrados nunca, aparece ahora volviendo en sí hacia la visión sombría que mantiene la mayoría de los historiadores. Ciertamente, el presidente conserva una considerable base de seguidores que creen en él y le adoran y que rechazan toda crítica con una mezcla de incredulidad y feroz desprecio: en torno a un tercio del electorado. (Cuando el columnista Richard Reeves difundió la encuesta de los historiadores y sugirió que era significativa, cosechó miles de réplicas insultantes llamándole idiota y alabando a Bush como, en palabras de un escritor, "un cristiano que realmente actúa sobre la base de sus creencias profundamente mantenidas”.) Pese a eso, las filas de los auténticos creyentes han adelgazado dramáticamente. Una mayoría de los votantes en 43 estados desaprueba ahora el modo en que Bush está haciendo su trabajo. Desde el comienzo de las encuestas fiables en los años 40 sólo un presidente reelegido ha visto su valoración caer tan bajo como Bush en su segundo mandato: Richard Nixon durante los meses anteriores a su renuncia en 1974. Ningún presidente de dos mandatos ha caído desde tal altura de popularidad como Bush (cercana al noventa por ciento, durante la marea patriótica que siguió a los ataques de 2001) tan abajo (ahora en torno al 35%). Ningún presidente, incluído Harry Truman (cuyos niveles se hundieron a veces por debajo de los nixonianos), ha experimentado tal virtualmente incurable declive como Bush sufre. Aparte de las bruscas pero temporales subidas que siguieron al comienzo de la guerra de Irak y a la captura de Sadam Hussein, y una recuperación durante las semanas anteriores y posteriores a su reelección, la tendencia de Bush ha tenido un perfil netamente estable de desencanto.

Continuará.

14 abril, 2006

Más allá de la forma de estado

Es comunmente aceptado que la entidad política que conocemos como España nace en 1492. Como muchas otras cosas de nuestra tantas veces reescrita historia no es cierto, pues mientras los Reyes Católicos conquistan Granada, que según la leyenda Boabdil abandona entre sollozos, el reino de Navarra sigue siendo tal hasta que un golpe de mano de Fernando de Aragón lo incorpora a la corona castellano-aragonesa (alias ‘española’) una década después.

En cualquier caso, 1492 no es sólo la fecha inaugural o convencionalmente fundacional. También tiene una clarísima significación augural. El mismo año de su supuesto nacimiento suceden en España dos hechos que marcarán fuertemente su futuro y sellarán su carácter. Dos hechos que, en alguna medida, la ‘desnacen’ y deshacen.

La intolerancia, que alcanza hasta nuestros días, se manifiesta estúpidamente ese mismo año con la expulsión de los judíos. Por otra parte, la dispersión y el centrifuguismo característicos de la ‘raza’ reciben en 1492 un estímulo definitivo. Colón descubre América, donde, durante siglos, España invertirá gran parte de su capital humano y de sus mayores y menos premiados esfuerzos.

Todo el oro y los bienes que España obtiene de su aventura americana se pierden, malinvierten o malgastan. La razón es muy simple. No es propio del espíritu del cristiano viejo dedicarse a actividades ‘especulativas’, como el comercio o la banca. Ni siquiera las labores artesanales se juzgan adecuadas para un buen cristiano. Si un español no era noble, sólo tenía tres destinos posibles en aquellos absurdos tiempos: la labranza, la milicia o la religión.

El destino de España habría sido muy distinto de haber tolerado al ‘diferente’, al judío, a quien de hecho se había prohibido ejercer los tres oficios ‘benditos’ y toda posibilidad de acceso a la aristocracia. Su conocida y ‘pecaminosa’ habilidad económica habría hecho del imperio que más tarde se describiría en términos de “donde nunca se pone el sol” algo muy diferente del caos y el agujero sin fondo en que se convirtió.

Cuando en 1808, apenas tres siglos más tarde, Napoleón invade España se encuentra un país desarbolado y rendido, que ofrece poco más que una resistencia anecdótica. La mayor parte de su potencial está al otro lado del Atlántico. Sin la ayuda -por supuesto interesada- de Inglaterra y sin la desastrosa campaña militar gala en Rusia, José Bonaparte hubiera seguido siendo rey de España ‘sine die’.

Mientras tanto, Cádiz resiste con éxito el cerco francés y las Cortes allí reunidas aprueban en 1812 la primera Constitución democrática que España conoce. Cuando regresa Fernando VII, ‘El Deseado’, tras firmar un vergonzoso tratado con el emperador francés, rechaza asumir esa Carta Magna. Estamos ante un absolutista convencido y uno de los monarcas más nefastos de la historia de España. Nadie sabe si hubiera podido ser de otro modo, pero la tentación del poder absoluto, bajo el impulso de una casi absoluta estupidez, seguramente era insuperable tras haber sido recibido por un pueblo entusiasta al grito de “¡Vivan las cadenas!”

Era el principio del fin. Mientras en la América hispana estalla una rebelión irreversible, que, protagonizada por los criollos (de origen español), abraza los principios liberales de la Constitución de 1812, ‘El Deseado’ refuerza la Inquisición, persigue con saña a los ‘afrancesados’ y destina a la muerte a cuantos se le enfrentan en nombre de los derechos del pueblo. El descenso de España a los infiernos se convierte en una realidad imparable de la mano de un hijo distinguido del espíritu reaccionario e intolerante que alumbró la patria en 1492.

El desastre se consuma en 1898, cuando el que ha de ser el nuevo imperio mundial estrena sus garras depredadoras sobre los restos coloniales españoles. La pérdida de Cuba y Filipinas supone el fin de un sueño, la hora de la verdad para un pueblo que se soñó grande y nunca pudo saborear las consecuencias de esa supuesta grandeza. Al igual que las colonias, Cataluña y el País Vasco se plantean seriamente abandonar el barco que se hunde. Los intelectuales del 98 sueñan con la regeneración y, paradójicamente, eligen a Castilla como referente. Mientras, las ideas socialistas y libertarias encuentran en un pueblo empobrecido y harto de abusos el adecuado caldo de cultivo.

Insensiblemente se va tejiendo la urdimbre de un escenario destinado a una confrontación mil veces eludida o conjurada entre las dos españas (en palabras de Machado, la que “ora y embiste” y la “de la rabia y de la idea”). Hoy hace 75 años, con la Constitución de la II República, España se ofreció la penúltima oportunidad de reconciliarse consigo misma y con la historia. Tal vez era demasiado tarde o quizás nadie fue consciente de lo que se jugaba en aquel envite crucial.

... Y estalló una de las más despiadadas guerras civiles de la historia de la humanidad. A ella siguió una dictadura interminable y siniestra, que condenó a muerte, cárcel o exilio a sus enemigos reconocidos y decretó el silencio, el asentimiento y la humillación para varias generaciones de españoles. Esa misma guerra entre autoritarismo y democracia y entre totalitarismos de izquierda (comunismo soviético) y de derecha (nazismo y fascismo) se resolvió en el mundo a favor de las democracias, pero éstas, como ya habían hecho con ocasión de la guerra civil, se lavaron las manos ante la pervivencia de una dictadura de corte fascista en nuestro país. Era una garantía contra el comunismo, el otro vencedor. La guerra fría había comenzado.

Todo este resumido -y pese a ello largo- repaso de la historia de España me ha venido sugerido por la efeméride del aniversario. Personalmente pienso que el mejor estado es el que no existe, pero para que esa utopía fuera posible la especie tendría que dar un salto evolutivo que nada hace previsible a estas alturas de la historia.

El conocimiento de la historia le hace a uno notablemente escéptico en el debate sobre la forma de estado. ¿Monarquía o república? ¿Qué monarquía: la sueca, la holandesa, la jordana? ¿Qué república: la estadounidense, la francesa, la cubana? Es de democracia de lo que debemos tratar y más concretamente, de la imprescindible profundización democrática que todos los estados, republicanos o monárquicos, eluden.

El estado, cualquiera que sea su forma, debe representarnos a todos por igual y servirnos adecuadamente, en lugar de servirse de nosotros. Esa debe ser, objetivamente, su razón de ser, la única que le justifica. En lugar de ello -y cualquiera que sea su forma, insisto- representa fundamentalmente los intereses de los poderosos y toma decisiones fundamentalmente en función de dichos intereses. Ese es el fracaso esencial de los estados, sean monarquías o repúblicas, democracias o dictaduras.

Mejor no perderse en discusiones bizantinas, no divagar en el laberinto de la identidad, no autohipnotizarse ante el propio ombligo. Hoy más que nunca corremos el riesgo -y no sólo los españoles- de perder, de la mano de la globalización económica, los derechos que han costado sangre sudor y lágrimas a muchas generaciones. No es el momento de preguntarnos, como los infelices conejos de la fábula, si son galgos o podencos los que nos acosan. El caso es que nos acosan.

No como siempre, sino más que nunca. Abramos los ojos.

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11 abril, 2006

Varia panorámica

Ayer por la tarde pasé largo rato ‘espiando’ la blogosfera neoconservadora estadounidense. Desde que me agencié el Feedreader es algo que, con mayor o menor inversión de tiempo, hago a diario, aunque sólo sea para deducir a través de sus títulos qué les preocupa a quienes se identifican con la avaricia del imperio y sostienen la ‘sabiduría’ de las leyes del mercado frente a cualquier otra ley, humana o divina.

Para mi sorpresa, la atención e inquietud de muchos se habían desplazado sensiblemente hacia Europa. Uno de los temas ‘estrella’ era la retirada del CPE en Francia. Alguien llegaba a sentenciar que ya no se podía hablar de la república gala como de un país con futuro. Yo, por el contrario, creo que si algún país puede afrontar el futuro sin despojar de sus derechos a los ciudadanos, sin convertirlos en meros súbditos servidores de la Máquina, ése es nuestro vecino del norte.

Contra lo que opinan tantos oficiantes y mercenarios del nuevo orden, no se puede construir el futuro sin los ciudadanos. Y menos aún, contra los ciudadanos. Francia, y en especial su juventud, han mostrado una vez más que cuando el poder amenaza con arrasar las esperanzas hay que pararle los pies y que eso exige unidad, movilización y perseverancia. Ha costado más de dos meses lograrlo. Millones de personas a lo largo de ese tiempo se han echado a las calles ignorando la programación televisiva y cualquier otra posibilidad de ocio, alienante o no.

Otro de los temas que desvelaban ayer a la ‘blogocarcundia’ era la ’povera Italia’, donde los sondeos a pie de urna daban la victoria a La Unión, comandada por Prodi y su Olivo, frente a La Casa de las Libertades (¡!), cuyo mascarón de proa es el inefable tiburón Berlusconi con su Forza Italia. “¡Oh cielos!, se decían. La pérfida izquierda conquista Italia.”

Luego, a lo largo de la tarde, la noche, la madrugada e incluso la mañana de hoy se ponía de manifiesto que los sondeos habían fallado clamorosamente, lo que no impide que finalmente se haya confirmado la victoria de Prodi tras uno de los recuentos de votos más lentos de la historia reciente de Occidente. Vergogna!

Italia, con un pluripartidismo caótico enmascarado en dos frentes que engloban a 23 grupos políticos de todo pelaje, se merecía la oportunidad de replantearse el rumbo tras ir a la deriva durante la era de ‘il cavaliere’. El hundimiento económico no ha sido lo peor, contra lo que tantos creen. Lo peor es el escarnio que Berlusconi ha hecho de la democracia y el modo en que ha utilizado su mayoría parlamentaria para eludir la acción de la justicia.

Ciertamente, Bush pierde a uno de sus aliados más incondicionales, pero ni así se entiende la inquietud ‘blogocon’. Es de temer que centran su atención en la ‘vieja Europa’ para evitar referirse a las masivas protestas que han tenido y tienen como escenario las calles de muchas ciudades estadounidenses. La causa de esa movilización, de proporciones que casi carecen de precedentes en Estados Unidos, es el rechazo de una ley de inmigración restrictiva, represiva e injusta que el Gobierno de Washington pretende hacer aprobar.

Los demócratas acusan a Bush de pretender convertir a los hispanos en chivo expiatorio, mientras entre los republicanos aparecen signos de división respecto a un tema sumamente vidrioso y con importantes implicaciones económicas, sociales y políticas. Como aseguran los carteles que portan los manifestantes, en su inmensa mayor parte latinoamericanos, “nosotros somos vuestra economía”, “si dañáis a los inmigrantes estáis dañando a América”. Y es cierto.

Se estima que hay en torno a 12 millones de inmigrantes ilegales en EE. UU. Son la mano de obra barata por excelencia para los empresarios y para el Estado. Algunos llevan en el país décadas y a todos les corresponden moralmente unos derechos que no están contemplados en absoluto en el estatus de “guest workers” (trabajadores “invitados” o “visitantes”), eufemismo sarcástico mediante el cual Bush pretende regularizarlos.

No se puede negar el derecho a la ciudadanía a quienes construyen el país. Y menos aún en un país cuyos habitantes, en su inmensa mayoría, apenas tienen que retroceder tres generaciones en su árbol genealógico para situar su origen fuera de Estados Unidos. A los estadounidenses les resulta muy complicado asumir sus propias contradicciones y paradojas. Tal vez por eso tienden, por un lado, a las soluciones más terminantes y por otro, a callarse como muertos.

El problema es que las cosas no van nada bien en ‘el mejor de los mundos’ y no tienen pinta de ir a mejorar a corto plazo. Mejor ser europeo, aunque se sea un escéptico, pesimista o cínico italiano o un francés ‘sin futuro’.

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07 abril, 2006

Justicia poética

Estaba claro que Bono desentonaba en el Gobierno. Estaba claro que era una piedra en el zapato, el enemigo en casa, un inquietante -aunque siempre sonriente y supuestamente bienintencionado- quintacolumnista. Cabe suponer que Rodríguez Zapatero le llamó más de una vez al orden para que sincronizase el paso con el resto del Ejecutivo y cantase en el tono preciso, pero él iba a su aire, marcando distancias, sacando pecho patriótico y castizo como una alternativa al presidente, que ya le había derrotado en la competencia por la secretaría general del PSOE.

El problema era que ni Bono estaba dispuesto a cambiar su discurso ni el Gobierno podía tolerar que siguiese desautorizándole con sus divergencias. Bono dice que se va porque quiere y que la vida vale más que la política, pero lo cierto es que la situación era insostenible, especialmente en la medida en que el saliente ocupaba una cartera de tanta importancia como Defensa en la perspectiva de un diálogo sumamente delicado y frágil con ETA. Zapatero no confiaba en él y tenía sus razones. Eso es todo.

Para el PP ha sido una muy mala noticia. Y no porque se vaya Bono, más afín en algunas cuestiones cruciales con los populares que con su propio partido, sino porque Pérez Rubalcaba entra en el Gobierno y lo hace como ministro del Interior. El político cántabro es la ‘bestia negra’ del partido de Rajoy. Les sale un sarpullido cada vez que le recuerdan pidiéndoles, cuando todavía eran Gobierno, que no mintiesen a los españoles sobre la autoría del 11-M. Creían que el PSOE se iba a tragar el sapo a raíz de la trágica jornada y resultó que, en sintonía con millones de españoles, les exigía la verdad. Imperdonable.

Le tienen atragantado. No le perdonan, por ejemplo, su demoledor discurso en el pasado debate sobre el estado de la nación, aquel en el que Rajoy se permitió acusar a Zapatero de “traicionar a los muertos” por el terrorismo. Rubalcaba no llegó a tanto con la oposición, pero le zurró la badana más allá de lo que su delicado umbral de resistencia a las verdades del barquero puede tolerar.

Y entonces le sacaron a los GAL. También lo hicieron cuando el partido del Gobierno propuso que el Congreso declarase “probado más allá de toda duda razonable” que Irak no tenía armas de destrucción masiva cuando, con la complicidad del Gobierno de Aznar, fue invadido. Reclamaron una declaración similar sobre la existencia real de los GAL.

Ayer Rajoy aludió, sin mencionar a los GAL, a “puntos oscuros” en la biografía del nuevo ministro del Interior, en una nueva referencia maliciosa a la presencia de Pérez Rubalcaba en el último gobierno de Felipe González. Hacen falta billones de puntos oscuros para formar una ‘marea negra’, pero ocurre que además nadie ha podido achacar nunca al aludido, de forma verosímil, relación alguna con los GAL. Ni por acción ni por omisión.

Lo que no les gusta de Rubalcaba es su carácter de interlocutor sutil, hábil y correoso. Su ironía les provoca acidez de estómago. Su memoria les enfrenta a las verdades del espejo. Su calma les confunde y su inteligencia les desarma.

En consecuencia, “no es una persona de la que el Partido Popular se fíe”. Tal vez eso es precisamente lo que le hace tan valioso en el puesto que el presidente le ha adjudicado porque si el PP no se fía de Rubalcaba el Gobierno tampoco se fía del PP. Y no puede ser de otro modo tras dos años de acoso de muy bajo estilo, basado en mentiras, manipulaciones, intoxicaciones, exageraciones y, sobre todo, irresponsabilidades. A Rubalcaba no le van a sacar de onda en las reuniones del pacto antiterrorista. Y si lo intentan él les sacará los colores.

Como por arte de una mágica justicia poética el Gobierno no sólo se ha librado de una molesta piedra en el zapato con el alejamiento de Bono sino que además, por mor de Rubalcaba, la ha colocado en el del Partido Popular.

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