18 marzo, 2005

Hasta... las narices

J'aimerais tenir l’enfant de salaud
Qui a fait graver sous ma statue
" Il est mort comme un héros
Il est mort comme on ne meurt plus".
Moi qui suis parti faire la guerre
Parce que je m'ennuyais tellement...
(*)

La statue. Jacques Brel

Hasta las narices, por no ser grosero, estoy de las dos españas, de su resurrección artificial y de los efectos negativos que ese ‘revival’ pueda ejercer sobre nuestra sociedad civil, que, al paso que vamos, parece condenada a una eterna inmadurez, anclada en una paralizante simplificación maniquea. Este personal estado anímico no es reciente, por supuesto, pero tal vez no escribiría específicamente sobre ello -aunque he aludido al asunto en otros artículos- si no se hubiera montado la que se ha montado con ocasión de la retirada de la estatua de Franco en Madrid, en coincidencia -que muchos no consideran casual- con un homenaje al ex líder ex comunista Santiago Carrillo.

Vaya por delante que soy radicalmente iconoclasta y que comparto la visión sarcástica que Brel expresa en ‘La statue’ sobre la imaginería pública, cualquiera que sea el motivo o el personaje al que se pretende inmortalizar o rendir culto u homenaje. El fetichismo es una desviación. Y no sólo sexual. Como consecuencia de mi iconoclastia no sólo no siento ningún dolor cuando retiran algún icono, sino que lo interpreto como un alentador síntoma de salud. Si no se erigieran nadie tendría nada contra ellos y la especie se evitaría irracionalismos simbólicos tales como “fusilar” al Sagrado Corazón o dinamitar a Buda.

Dando por sentado que el ser humano permanece en una fase de su teórica evolución que podríamos denominar infancia post-tribal habrá que asumir que el culto icónico y su contrapartida iconoclasta no van a desaparecer en un futuro próximo. Lamentablemente tampoco desaparece, salvo en casos muy concretos, el espíritu que algunos iconos simbolizan. Ese es el caso de la estatua de Franco, de la cual, por cierto, aún queda en pie un ejemplar en la somnolienta y reaccionaria Vetusta en la que habito y que, visto lo visto, podría convertirse en destino de peregrinaciones nostálgicas y meta de encendidos desagravios.

Quedan muchos que consideran al dictador un ser providencial y soportan malamente las "incertidumbres" de la democracia, a no ser que gobiernen los suyos, que, naturalmente, no tienen nada contra tan 'respetables' símbolos históricos ni van a poner en cuestión sus ancestrales 'valores'. La que se ha montado con ocasión de la retirada de la estatua de Franco en Madrid, con los agravantes -según las voces más montaraces- de la nocturnidad y la alevosía del coincidente homenaje a “Santi Paracuellos”, como ‘ellos’ denominan a Carrillo, evidencia que la tarea de reafirmación que el autocrático Aznar se impuso ha alcanzado un éxito pleno. Y lamentable, en cuanto a la recuperación de la idea de las dos españas irreconciliables. Incluso Peces-Barba parece contagiado de la herejía maniquea, a juzgar por su alusión a ‘buenos’ y ‘malos’ en el mencionado homenaje.

¿Aún no había dicho que estoy tambien contra los homenajes? Pues sí, lo estoy con tanto o mayor fervor que contra los iconos porque tales actos no son otra cosa que estatuas metafóricas. Esas reuniones de sonrientes palmeadores de espaldas siempre me han parecido un refinado ejemplo de hipocresía. Concilios de mentirosos más o menos ebrios, competición de hipérboles farsantes, sirven también en ocasiones para vagas o precisas reivindicaciones. Ese debe ser el caso del homenaje a Carrillo, pero me temo que no se me alcanza mucho su significado.

¿Era acaso un homenaje de la clase política a sí misma a partir de la paradigmática capacidad del homenajeado para traicionarse a sí mismo y a los suyos sin sucesión de continuidad desde su ya remota juventud? Eso es lo que me temo. Si Carrillo fuera ejemplo de algo lo sería del pragmatismo más cínico y rastrero. El ex líder casi vitalicio del PCE es una especie de Talleyrand de vía estrecha, un ejemplo inimitable de todo lo malo (y es mucho) que conlleva el concepto de “político profesional”.

Pero volvamos al tema central. La retirada de la estatua de Franco ha sido calificada de “provocación” y ha motivado que el inefable Zaplana apostrofe de “radical” al Gobierno. La ultraderecha ha alterado el orden público, como corresponde a su naturaleza. Mientras, el fino y sibilino Rajoy ha acusado al Gobierno precisamente de lo que se acusa a su partido, es decir: de resucitar el pasado y fomentar la división. Y los ideólogos de la ‘Brunete mediática’ desbarran a gusto una vez más contra el Ejecutivo con argumentos que darían risa sino dieran más pena.

Afortunadamente, el pueblo soberano, en su silenciosa mayoría, no parece dejarse impresionar por el delirio del teatro político. Especialmente los jóvenes contemplan el espectáculo fantasmagórico de las dos españas con la misma actitud que si fuera un ‘talk show’ demasiado reiterativo. Ponen un poco de atención a las diatribas, alucinan brevemente y a continuación se dicen “apaga y vámonos”.

Lo que a ellos les preocupa es saber qué España les va a proporcionar un empleo estable y con un sueldo razonable, y, en el colmo de la ambición, en qué década del siglo podrán tener un piso en propiedad sin por ello renunciar necesariamente a ese derecho que todos tenemos a una vida digna.

También ellos, sobre todo ellos, están hasta... las narices.

(*) “Me gustaría pillar al hijo de hijoputa/ que ha hecho grabar bajo mi estatua/ 'Ha muerto como un héroe/ ha muerto como ya no se muere'/ Yo, que me marché a hacer la guerra/ porque me aburría de tal manera...”.


16 marzo, 2005

"Irak va bien", dicen

‘Il cavaliere’ Silvio Berlusconi anunció ayer que ha decidido iniciar en septiembre la retirada de las tropas italianas de Irak. El anuncio no fue realizado en el Parlamento, como hubiera sido de esperar, sino ante las cámaras de televisión, escenario por el que el plutócrata siente predilección -sin duda porque lo controla aún más que a la Cámara- y al que pudo mostrar orgulloso su nueva pelambre, aportación más reciente del peculiar líder a su rediseño rejuvenecedor.

Estados Unidos se ha apresurado a matizar que tal decisión no obedece a la muerte de un agente secreto italiano por sus tropas con ocasión de la puesta en libertad de la periodista izquierdista italiana Giuliana Sgrena, asunto, por cierto, que es de temer que no se aclarará jamás. Ociosa matización, en cualquier caso. La causa de la decisión del líder de “Forza Italia” tiene una motivación mucho más electoralista que moral o puramente política.

A un año de las elecciones, el superempresario y emperador de los medios de comunicación tiene muy claro que si no retira las tropas le espera un voto de castigo que ríase usted del 14-M español. El ‘suceso Sgrena’ sólo ha sido la gota que colma el vaso de la paciencia y la frustración del pueblo italiano ante la particular aventura iraquí del curioso personaje que rige sus destinos. Italia ha estado en vilo demasiadas veces como consecuencia de la ‘porca guerra’ a la que Berlusconi le apuntó.

El líder italiano ha visto el cielo abierto con el optimismo propagandístico que se ha extendido en Occidente tras la ‘exitosa’ celebración de las elecciones en Irak. “Bueno, esto está prácticamente resuelto”, ha debido decirles con su desparpajo característico a sus amiguetes yanquis. “Entonces casi que nos vamos, ¿eh?”. Blair tiene un problema electoral similar y lo comprende. Bush, que, con una complicidad mediática inédita, ha superado la prueba electoral con éxito, seguramente lo comprende menos. Pero Bush comprende muy pocas cosas, como es sabido.

Es probable, incluso, que el propio Bush crea lo que dice, que “Irak va bien”. La prensa y los sondeos le son favorables tras las elecciones iraquíes, la distensión entre Israel y Palestina y el inicio de la retirada siria de Líbano (*). Pero lo cierto es que la “iraquización” (en Vietnam se le llamó ‘vietnamización’ al inicio de la derrota) tiene un semblante fatal. Los atentados y las acciones guerrilleras impunes y ubicuas no cesan. Ni la coalición ni el 'neoejército' iraquí controlan el territorio. El miedo y el asqueo dominan el ánimo de las tropas de la coalición ocupante, convencidas de que la paz empieza nunca en ese país hostil que sólo les permite una cierta sensación de seguridad en los cuarteles (su residencia habitual). Irak va bien de culo y contra el viento, resumiendo castizamente.

Hoy se ha reunido el mutilado Parlamento iraquí, por primera vez tras las elecciones. Lo ha hecho bajo extremas medidas de seguridad en el área más segura de Bagdad, la denominada "zona verde", en cuyo interior se han registrado algunas explosiones, que -se dice- no han causado víctimas. La sesión ha sido rigurosamente protocolaria. Ni se han elegido los cargos de la Asamblea ni se ha tratado de la formación del Gobierno, que sin duda será cooptado digitalmente por el “amigo americano”. Pese a todo, me juego el bigote a que la noticia y la foto serán extensamente publicitadas en casi todo el orbe como signo de la progresiva “normalización” de Irak. Por cierto, ¿qué se sabe de los suníes? ¿Han sido declarados apátridas?

Pero tranquilos: Irak Va bien. ¿Y el mundo? Para qué te voy a contar.

(*) Y a todo esto, ¿quién mató a Hariri? ¿Lo sabremos alguna vez? A Siria no le beneficiaba en absoluto tal acción, como la prueban las consecuencias, y el difunto no era ningún acérrimo enemigo suyo. Como en cualquier investigación criminal, en este caso hay que prenguntarse a quien beneficia. Lo cierto es que las tropas sirias abandonan Líbano mientras las israelíes siguen en los Altos del Golán. Otro signo de “normalización”. ¿O no?


10 marzo, 2005

'Tangentópolis' a la catalana

Quiere la tradición popular que se denomine ‘justicia catalana’ a la que se ejerce sin dilación ni miramiento especial de las reglas procesales y, en última instancia, el término alude a la vindicación que se practica por la propia mano y en caliente. Tal expresión tendría su origen en un remoto alcalde catalán que, tras sorprender a un homicida “in fraganti”, lo mandó ahorcar sin mayores trámites. “Justicia catalana no entiende de cuentos” fue la lapidaria sentencia que surgió de esta historia, supongo que verídica.

Ignoro si la Justicia catalana entiende a estas alturas de cuentos, aunque me da a mi que sí y que no poco, pero de lo que sin duda debería entender más es de cuentas. Concretamente, de las cuentas (secretas, claro) que presuntamente vinculan desde su origen al liderazgo de la Generalitat y a la coalición nacionalista (CiU) que la ha gobernado hasta ayer con el trasiego irregular de fondos con los más variados destinos y orígenes. Carlos Jiménez Villarejo, que fuera fiscal jefe de la Audiencia de Barcelona, podría hablar largo y tendido de lo que pudo ser y no fue, de lo que la Justicia catalana debió hacer y no hizo. El corrupto juez Estevill, que llegó de la mano de CiU hasta el Consejo General del Poder Judicial, sabe aún más, pues no en vano se hundió hasta los ojos en el hedor de la pomada, pero no cabe esperar que escriba sus memorias ni formule denuncia alguna quien llevó la prevaricación y la extorsión a niveles nunca hozados por juez alguno.

Hay mar de fondo en el generalmente apacible Mar Muerto de la política catalana desde que Maragall soltase inopinadamente la bomba en el Parlament. “Ustedes lo que tienen es un problema del tres por ciento”, le espetó el president al líder de la inédita oposición convergente-y-unida. “Usted acaba de mandar a hacer puñetas le legislatura”, le respondió un indignado y perplejo Artur Mas, exigiéndole una inmediata rectificación... Y Maragall dejó boquiabiertos a propios y extraños retirando lo dicho. Ya era demasiado tarde, por supuesto. No se lleva el viento lo que se dice en una asamblea pública con luces y taquígrafos y -lo que es peor- con la televisión como testigo.

Ignoro si la legislatura catalana se irá a hacer puñetas, pero lo que sí se fue desde ese día al garete fue el famoso ‘seny’ catalán, objeto de tanto panegírico. Los políticos catalanes, tan cordiales, elegantes e irónicos ellos, parecen haberse dado de común acuerdo a la dipsomanía. Maragall anda haciendo metáforas impropias a base de soufflés, vaselina y violencia de genero, como un delirante Dalí de la cosa pública. Mas parece poseído por un ataque de rabia y, cual kamikaze con barretina, ha puesto irresponsablemente en marcha el ventilador. Y no el de la inocua técnica guitarrera de la rumba catalana, sino el que proyecta la mierda en todas direcciones y lo deja todo hecho un asco.

A la Justicia catalana no le va a faltar trabajo si sigue todas las pistas que están surgiendo, incluída la alusión de Mas a la financiación irregular de ERC. El líder de CiU, notoriamente desbordado por la sospechosa herencia de Pujol, ha llegado a afirmar que si dijera todo lo que ha llegado a saber sobre las anomalías financieras de los republicanos la política catalana se convertiría en “un vertedero”. Estruendosa pérdida de papeles. Con tal afirmación no ha hecho sino confirmar lo que supuestamente no quiere decir. O sea, lo que gracias a unos y a otros ya sabemos todos: que el vertedero catalán es una realidad. Lo que me pregunto es por qué ningún fiscal ha llamado a Mas para que informe de lo que sabe sobre ERC. Me lo pregunto retóricamente, claro.

El ojo de la Justicia investiga ya la 'tangentópolis' catalana, pero, independientemente de la voluntad y determinación de los defensores de la ley, me temo que no cabe esperar mucho de su acción. Hay una no escrita y antiquísima ley del silencio en los tratos entre empresas y políticos. La connivencia y la no agresión son la regla de oro. Los únicos que han abierto la boca en este sonoro caso son un par de empresarios de medio pelo a los que el relevo del poder en la Generalitat les ha dejado con trabajos impagados de los que nadie se responsabiliza. Y ellos no hablan de un tres por ciento de comisión, sino de un veinte.

¿Se puede llegar a través de ese frágil hilo al ovillo dorado? En el caso de la “tangentópolis” italiana así fue. Una minucia casi insignificante y el locuaz “arrepentimiento” de un pequeño canalla que sabía demasiado dio lugar a la operación judicial “manos limpias”, con el justiciero magistrado Di Pietro al frente. El resultado de la minuciosa operación de limpieza practicada por el poder judicial fue que, como diría Mas, se fue a hacer puñetas toda la partitocracia de la república y surgió el sonriente tiburón plutócrata llamado Berlusconi, formó un partido con nombre de asociación de ‘tiffosi’ (Forza Italia), y, por vía parlamentaria, se regaló a sí mismo toda la impunidad judicial que le convino, que era mucha. De Guatemala a Guatepeor.

Nadie debe haber más contrito a estas horas por haber abierto la caja de Pandora sin encomendarse ni a dios ni al diablo que el propio Maragall. Ni su partido está contento, ni La Moncloa lo está y no digamos CiU, abiertamente dispuesta a morir matando si las cosas le van aún peor. Ahora se pretende minimizar los daños y serenar las aguas. El debate, hoy, de la moción de censura contra Maragall, presentada oportunistamente por Piqué (¿recuerdan el caso Ertoil?), será la prueba de fuego. Pero aunque los políticos se aplaquen queda por saber lo que hará esa teórica variable independiente que es la Justicia, la catalana y la española.

Yo tengo escasas dudas al respecto. Todo se quedará en una tempestad en un vaso de agua, en un “calentón” (así se calificó en su día la sorprendente denuncia de Maragall) circunstancial y pasajero. Alguien caerá, claro. La cuestión es si ese ‘alguien’ se va a resignar a pagar el pato en solitario o va a poner sobre la mesa judicial datos ante los que no se puede hacer la vista gorda. Esperemos y veamos.

En el interregno se podría hacer una reflexión sobre un iluminador artículo que -supongo que no por azar- publicó el pasado domingo José Vidal Beneyto en “El País”. Tiene el sugerente título “¿Viva la corrupción?” y, naturalmente, no habla para nada de la ‘tangentópolis’ catalana. Glosa su autor el último hallazgo de Moisés Naim, un respetado “ideólogo” estadounidense, editor de la influyente publicación “Foreign Policy” (“Política Exterior”). Con perdón del autor -y confío en que con su tácito permiso- reproduzco un fragmento elocuente del artículo:

En línea con el supuesto básico del liberalismo radical de que no hay estímulo más eficaz para la transgresión que la prohibición, el autor nos propone la secuencia argumental clásica en este tipo de demostraciones: la corrupción es consustancial a la humanidad y por eso es tan antigua como ella, con lo que es imposible de determinar y de medir, y oponerse a ella no sólo es inútil sino perverso por los efectos negativos que esa oposición genera. Las leyes anticorrupción, los códigos de conducta empresarial, la acción de las ONGs que luchan por mantener comportamientos éticos en la actividad económica -Transparencia Internacional, etc.- son para Moisés Naim, que los cita explícitamente, causantes de múltiples daños colaterales pues "pretender restringir la cultura del soborno y la codicia... es una ilusión paralizante". O como escribe de forma aún más lapidaria: "La guerra contra la corrupción esta minando la democracia".

Tomen nota porque no hay virus nacido en Washington que no se extienda rápidamente por el mundo. ¿Acabaremos teniendo leyes anti-anticorrupción por el bien y la prosperidad de un concepto pervertido de democracia? Esperemos que no. Sería un descaro insufrible para los sufridos ciudadanos. Este país tiene una dilatada experiencia en la práctica cómplice y complaciente de hacer la vista gorda. Con eso basta y sobra. Y no es por el bien de la democracia, como a nadie se le oculta.

¿Comprenden mi radical escepticismo? Muchas gracias.


09 marzo, 2005

El 14.M de la Iglesia

La noticia ha sido sorprendente y contiene un alto potencial significativo, por lo que hoy ocupa el lugar de honor en las portadas de todos los diarios. Los eclesiólogos se han quedado de palo, perplejos, desautorizados. Monseñor Blázquez no estaba en ninguna quiniela. Para empezar, es obispo y no arzobispo, como todos los que hasta ahora han presidido la Conferencia Episcopal en sus 40 años de existencia, y para continuar, se daba por sentado que Rouco iba a ser reelegido. La verdad es que faltó muy poco para que así fuera, pero la Iglesia es una institución compleja, sutil y no poco misteriosa.

La elección de Blázquez ha sido tan sorprendente como en su día lo fue la de Woityla como Papa, aunque -se cree- de signo opuesto. ¿Un polaco?, se decían. Ahora los especialistas, los curas y los fieles se pellizcan (a sí mismos, por supuesto) incrédulos: ¿El obispo de Bilbao? Sorpresas te da la vida, que cantaría Rubén Blades.

Pues sí, se diría que el vilipendiado talante zapateril es contagioso. Podría aventurarse que la Iglesia española tuvo ayer su particular 14-M. Incluso podría creerse que la Conferencia Episcopal es un órgano más permeable y menos esclerótico de lo que siempre -especialmente en la era Rouco- se ha venido creyendo. Exegetas tiene la santa madre...

Yo, ante todo cambio supuestamente significativo, evoco siempre el cinismo lampedusiano: “Cambiemos algo para que todo siga igual”. Esa es la filosofía profunda del poder temporal y, por supuesto, también de la Iglesia, que es el más antiguo de los poderes de la tierra. Conviene recordar que hubo una vez un Concilio Vaticano II, revolucionaria operación de “aggiornamento” (puesta al día), como se decía -en italiano- entonces. Conviene recordar también que la apisonadora Atila-Woityla no ha dejado piedra sobre piedra de aquellos frágiles cimientos de una ‘revolución’ tan tentadora como imposible.

La iglesia católica tiene una portentosa capacidad de adaptación, una cualidad pragmática que podría calificarse de mimética y que constituye la razón fundamental de su dilatada supervivencia. Del judaísmo reformado original, monoteista e iconoclasta, a la romanización trinitaria, politeísta (¿qué otra cosa son los santos sino pequeños dioses?) e iconófila. De las saturnales, a la Navidad. De las deidades femeninas imperantes en las religiones derrotadas, al paradigma sustitutivo de la virgen María. De los beligerantes estados pontificios y sus ejércitos, a la ínsula beatífica del “estado” Vaticano...

Resumiendo: la elección de Blázquez no va a cambiar nada esencial, lo mismo que el relevo de Aznar por Zapatero. Al autócrata y reaccionario Rouco/Aznar le sustituye el dialogante y moderado Blázquez/Zapatero. Eso sólo significa un cambio de talante, nada revolucionario. Pero no minimicemos la importancia de tal cambio. Que la iglesia española rectifique su rumbo de colisión con la sociedad y el Estado (eso es lo que se espera de Blázquez) no es grano de anís ni moco de pavo.

Entre la Iglesia y el PP han creado en los últimos tiempos un clima de permanente crispación que enrarece y tensa artificialmente el ambiente sociopolítico. El odio, el insulto, la mentira y la bronca se supone que no son precisamente cristianos. ¿Lo es la COPE? ¿Lo es la amenaza de sacar a la calle en manifestación a los padres católicos? ¿Lo es la arrogancia impositiva en nombre de un dios que no es el de todos? ¿Lo es la permanente injuria radiofónica o la intoxicación informativa sistemática? Y más allá de todo esto: ¿Es rentable para los intereses de la iglesia española su identificación incondicional con el PP? (*)

Pues eso, bienvenido sea el cambio de talante si se plasma en realidades palpables porque la sociedad española ya está harta de que la quieran llevar a una guerra que sólo una minoría asilvestrada siente como propia. No son tiempos de cruzadas, ni nacionales ni planetarias. Aunque digan lo contrario Bush, Woityla o el “sursum corda”. Que nos dejen en paz. Que nos dejen la paz.

(*) Sugiero la relectura de “La Espiral” del 25 de enero (Archivos/Enero) como complemento.


26 febrero, 2005

Sir Katharine Teresa Gun

Se llama Katharine, como la añorada Hepburn, que también tenía lo que hay que tener. De segundo, Teresa, como la santa iluminada de Ávila. Y se apellida Gun, que en inglés significa arma de fuego en general, desde revólver a cañón. Definitivamente lo suyo fue un cañonazo, una sonora y demoledora detonación contra la indecencia desde la dignidad y coherencia de Katharine, desde el riesgo utópico de Teresa.

Katharine Teresa Gun, de 29 años, pertenecía a los servicios de inteligencia británicos gracias a su singular especialización en el idioma chino mandarín. Un día cayó en sus manos un memorándum en el que los servicios de inteligencia estadounidenses pedían a sus primos británicos (la colaboración entre ambas cloacas es tradicional) su ayuda para espiar a varias delegaciones de países con presencia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ni corta ni perezosa y mucho menos cobarde, pues era conocedora de los riesgos implícitos en su gesto, Katharine remitió dicha información a la publicación The Observer, que la difundió con el rango que merecía.

Chile, Bulgaria, Camerún, Angola, Guinea y Pakistán eran algunas de las delegaciones a espiar, pero al menos otra más, México, fue objeto de la atención de los servicios de inteligencia, pues este país denunció en su día, junto a Chile, que sus representantes en la ONU habían sido objeto de escuchas.

En aquellos días Estados Unidos y Gran Bretaña tenían mucha prisa por desatar el ataque contra Irak, mientras los referidos países negociaban un consenso para prolongar la presencia en el país de los inspectores de armamento que buscaban las inexistentes armas de destrucción masiva que fueron el pretexto oficial para la invasión. De ahí su interés en conocer, por medios ilícitos, lo que se traían entre manos y neutralizarles, cosa que, por cierto, consiguieron. Los inspectores abandonaron Irak y la guerra, hasta entonces sólo probable, se hizo realidad.

Katharine no es una espía china o iraquí infiltrada en los servicios de escuchas y traducciónde la inteligencia británica. Es nada más (y nada menos) una mujer con principios, consciente de la gravedad de su casual descubrimiento, que quiso, según sus propias palabras, "evitar las muertes y los daños a la población civil iraquí y a las fuerzas militares británicas en una guerra ilegal".

Como consecuencia, aparte de perder su empleo, durante un largo año de zozobra ha afrontado el peligro de verse condenada a dos años de prisión por vulnerar la ley británica de secretos oficiales. Afortunadamente, en este año se ha puesto de manifiesto más allá de toda duda la extraordinaria magnitud de las mentiras tejidas por los invasores de Irak para justificar previamente su acción y darle cobertura legal. Tras el "caso Kelly", Blair y su Gobierno no soportan ni una mota más de mierda sobre sus cabezas y decidieron echarse atrás en el proceso que debía haberse iniciado ayer.

Hay que alegrarse por Katharine, que ha salido indemne tras su 'imperdonable pecado' de revelar la verdad, pero hay que lamentar que sistemas presuntamente democráticos no hagan pagar a sus líderes por engañar a sus pueblos y sacrificar las vidas de sus ciudadanos. Que Blair y Bush sigan en el poder demuestra hasta qué punto la democracia está enferma y los ciudadanos, anestesiados.

Katharine Teresa Gun, con su valiente actuación en coherencia con sus principios morales y cívicos y con un concepto exigente del bien común, es una excepción tan alentadora como necesaria. Si la Corona británica fuera algo más que un decadente carnaval le concedería el título de sir, que regala a cualquier cantamañanas por el mero hecho de aportar divisas. Sus servicios a la verdad y por ende a la democracia deberían tener un premio.

20 febrero, 2005

El Muro de la Vergüenza II

De la diáspora al retorno; de la humillación a la arrogancia; de víctima a verdugo; de Auschwitz, Mathausen, Buchenwald a Sabra, Shatila, Jenin; del ghetto judío al ghetto palestino; del muro de las lamentaciones al muro de la vergüenza; de la compasión mundial a la indignación casi universal. Israel se queja farisáicamente del resurgimiento del antisemitismo en el mundo, confundiendo, de modo tan cínico como deliberado, el rechazo a su política de persecución y "apartheid" respecto al pueblo palestino con el odio racista a los judíos de cualquier nacionalidad y convicción, que, aunque subsiste en muchos lugares, tiene una incidencia demográfica casi anecdótica.

Ayer, Ariel Sharon, que, además de ser un probado racista sanguinario, también parece ser un político corrompido y nepotista, explicó al amigo americano sus planes para la "desconexión" (vergonzante eufemismo) de los palestinos. Es bien sabido que, desde su nacimiento, Israel no da explicaciones más que al gran Goliat occidental y todo indica que tal subordinación no es más que un cómplice cruce de secretas señales entre tahures, concertados para burlar las reglas que la comunidad internacional viene tratando de imponer frente a los abusos del falso David de Oriente próximo.

Sharon jura y perjura -ayer también lo hizo- que está dispuesto a cumplir con lo previsto en la llamada "hoja de ruta", pero cuando se rememora la arrogante sucesión de incumplimientos de las resoluciones de la ONU que los gobiernos israelíes han perpetrado impunemente no cabe alimentar muchas esperanzas al respecto. Y aún caben menos cuando se contempla el ignominioso muro tras el cual se pretende encerrar a los palestinos. Una imagen vale más que mil palabras y, además, Sharon apenas deja abierta alguna posibilidad de llegar a un acuerdo con Abu Ala. La "propuesta" de Sharon se expresa en términos de "estas son lentejas". Por ellas (las lentejas) Esaú vendió a Jacob la primogenitura, dice la biblia, pero no va a ser el caso. También dice el libro que las trompetas de Josué derribaron las murallas de Jericó, pero es evidente que no ha nacido aún un sucesor de Moisés con los poderes necesarios para derribar el muro de la vergüenza con el que el Gobierno de Israel vulnera impúdicamente los derechos humanos y afrenta a la comunidad internacional.

18 febrero, 2005

ETA vota PP

La noticia: ETA anuncia un alto el fuego limitado a Cataluña por "solidaridad".

Comentario: Véase el título de esta breve "Espiral".

Prospectiva: Seguiremos yendo de culo y contra el viento, de la mano de la dinámica del cerrilismo totalitario, de la demagogia y del oportunismo político más ramplón.

Breve expansión emocional: ¡Qué asco!

Intento de justificación personal: Abordar la tarea de escribir un comentario con presunción de objetividad sobre un asunto tan indecente como este probablemente me convertiría en cómplice de la propia indecencia y perversión política que intentaría denunciar. Afortunadamente nadie me paga (y por lo tanto nadie puede exigirme nada) por lo que escribo aquí, lo que me deja en libertad para invitar al lector a que haga su propio análisis, sopesando los antecedentes que posée (si no los tiene no sé qué hace aquí), y a que obre en consecuencia.


12 febrero, 2005

Panegírico de Julio Cortázar


Hace veinte años que, a los setenta de edad, moría en un hospital de París Julio Florencio Cortázar Scott, argentino de vocación y ciudadano del mundo de ejercicio. Con tal motivo, un colega sabedor de mi incondicionalidad cortazariana y del ardor proselitista que me invade cada vez que surge la oportunidad de justificarla, me propuso que escribiera algo, como si "algo" a propósito de Cortazar no corriera el riesgo de ser demasiado o demasiado poco. Durante un par de días he nadado en la duda dadá: ¿Me enrollo con su biografía? ¿Gloso alguno de sus relatos? ¿Reitero mi encendida defensa de "Rayuela"? ¿Cuánto debo escribir? ¿Tres folios, diez, un ensayo? Finalmente he tirado por la calle de enmedio, que hace la función geométrica de la linea recta, la distancia más corta entre dos puntos. Esto, pues, es un panegírico. ¿Que por qué? Porque Cortazar se lo merece y a mi me da la gana. Faltaría más. Vamos con ello:

Es reconfortante constatar que Julio Cortázar sigue vivo y que lo está especialmente en la memoria de otros grandes escritores vivos, como García Márquez, Vargas Llosa o Saramago, cuyo rendido tributo supera con mucho el valor de un premio Nobel que Cortázar nunca recibió y ni siquiera ambicionó. Es alentador también que, veinte años después de su muerte, su obra se reedite porque ello facilitará el acceso de nuevos lectores a la mágica galaxia, encerradora de mundos, que el escritor argentino diseñó con el mimo de un orfebre maniaco y superdotado.

Tal vez ahora el autor de Rayuela encuentre finalmente a sus lectores, si es que éstos pertenecen a un tiempo concreto y no son, como su propia obra, atemporales y, por tanto, en gran medida eternos.

En su extenso y magistral relato El Perseguidor, el personaje central, trasunto indisimulado del saxofonista de jazz Charlie Parker, se nos muestra, desconcertado y sobrepasado, afirmando durante una sesión de grabación: “Esto lo estoy tocando mañana”. Del mismo modo, todo el complejo y sutil mundo cortazariano parece escrito en algún momento de un impreciso futuro, o al menos en una situación espacio/tiempo virtual, paralela al presente real, sobre el cual, sin embargo, proyecta luminosas ventanas, abiertas para quien quiera y pueda ver.

Cortázar no admite comparación con ningún otro escritor conocido. El modo en que su inquisitiva mirada indaga la realidad; en que su mente la analiza y su sensibilidad la experimenta es único. Y única asimismo es la manera en que escribe desde el más mínimo relato hasta su novela más extensa. Si el estilo es el hombre, como quieren Ortega y Gasset (quietos, que es broma), no hay duda de que, en este caso, el hombre que está detrás de su escritura no cabe en ningún apartado preexistente para la clasificación convencional de escritores.

En la literatura hay un antes y un después de Julio Cortázar. Él extendió los límites de lo describible al explorar y descubrir territorios vírgenes en lo real y aplicar a la narración de lo universal y de lo cotidiano precisamente el único lenguaje capaz de traducir dimensiones antes inefables. El 'finis terrae' de la narrativa está mucho más allá después de Cortázar.

No es un escritor menor, contra lo que muchos afirman; no es sólo un singular y habilidoso creador de relatos entre lo metafórico y lo real, cualidad con la que tantos lo limitan. Rayuela o Libro de Manuel son monumentos literarios, cumbres altísimas del arte mayor de la narrativa: la novela. Sus páginas siguen siempre a la espera del 'lector-macho' (como Cortázar decía en tiempos menos paranoicos con la corrección política) que aborden la lectura como un acto creativo, como una aventura acaso laboriosa pero iluminadora.

El hombre que escribió su obra mañana precisa de lectores abiertos a la experiencia de jugar mentalmente a la rayuela y descubrir así los mundos ocultos que encierran los falsamente tranquilizadores mundos conocidos.

Esto no es sólo un panegírico. Es también una invitación a la lectura o relectura de un escritor genial, un hombre que creyó en la revolución y la puso en práctica, al menos en el terreno literario, lo cual es mucho más de lo que se puede decir de cualquiera con quien se le pretenda comparar.

05 febrero, 2005

Menú del día

Queda demostrado. Cuando el circo alcanza dimensiones desproporcionadas y las mentiras se disparan de tamaño hasta no caber bajo la carpa, también los enanos crecen y el espectáculo se arruina. Para muestra, unos cuantos botones en forma de carta de restaurante de carretera porque ésta es una "road movie" de las buenas:

-Primer plato: Según el británico Brian Jones, que tiene nombre de suicida (el del guitarrista original de los Rolling Stones) y era el jefe del presunto suicida Kelly, el informe de septiembre de 2002 que aseguraba que Irak tenía capacidad para lanzar un ataque demoledor en apenas 45 minutos "daba una idea engañosa" y "no tuvo en cuenta a los expertos de inteligencia". Si Tony Blair no quería caldo, aquí tiene taza y media. ¡Marchando!

-Segundo plato: La CIA niega hoy terminantemente haber informado en algún momento al Gobierno Bush de que Irak supusiera "una amenaza inminente", argumento definitivo del "equipo del crimen" para desencadenar la invasión, previa campaña de intoxicación "urbi et orbe". Lo siento, Jorgito (es un decir) pero John Kerry avanza a pasos agigantados hacia la Casa Blanca. Vete haciendo las maletas y no te dejes ni una sóla mentira en el despacho oval, que todo se pega.

-Postre: La señora Blair, de nombre Cherie (que en francés significa querida), se despacha en una biografía sobre su marido de próxima aparición con unas declaraciones sabrosísimas (muy propias para el postre) sobre el actual inquilino de la Casa Blanca y su "santa". Dice Cherie que Bush es un presidente ilegítimo, que "robó el cargo a Al Gore" y que atenta contra los derechos humanos con su conocida debilidad por la pena de muerte. En cuanto a la señora de Jorgito, le merece la calificación de "obtusa, cerrada y demasiado conservadora". Cheríe, je t'aime. Lo que me pregunto es qué haces con el julandrón de Tony, que, aparentemente, sólo se diferencia de su socio en su notoria labia y, por supuesto, en el coeficiente intelectual. Si algún día te divorcias, esperemos que nos relates qué tal dormía tu actual "costilla" en esta azarosa temporada en que anda todo el día con el culo al aire y la sonrisa en los labios.

-Carajillo y habano: El ínclito Aznar, en su gira de "pop star" al servicio de los valores e intereses del Occidente judeocristiano, atracó ayer en Bruselas tras su triunfal actuación en Washington (¿La asistencia al acto de una quinta parte de los parlamentarios estadounidenses es un éxito de público?, me pregunto) y largó cuarto y mitad de lo mismo que en la capital del imperio a sus sufridos colegas del PPE. Sólo algunos 'intelectuales orgánicos' de los viejos tiempos le sacaban tanto partido a la misma conferencia en sus giras por ateneos y chiringuitos "culturales" de Celtiberia. La verdad es que hay que valer. Y, como reza un dicho seguramente grato al presidente saliente, vale quien sirve. A quién se sirve es otro cantar.


04 febrero, 2005

Vergüenza ajena


Aznar hablará hoy ante el pleno del parlamento estadounidense (Congreso y Senado) en defensa de la guerra de Irak, honor (el de dirigirse a las cámaras, no el de defender la vergüenza de Irak) reservado exclusivamente para los más fieles entre los fieles. El discurso lo pronunciará en castellano porque el inglés -con acento de Texas- lo habla sólo en la intimidad. Si yo fuera él creo que, en el último momento, me vería súbitamente asaltado por alguna enfermedad que impediría mi presencia en tan sonrojante situación.

Claro que para ponerse enfermo antes hay que estar sano...

Ayer mismo transcendía que Aznar ha enviado una carta a Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea (supuestamente el Gobierno de la UE) proponiendo la creación de una comisión mixta UE-EEUU destinada a levantar las barreras proteccionistas existentes entre ambos entes. A ello ha respondido la Comisión, con lógico desdén, que "no hace falta inventar la rueda" puesto que la UE ya cuenta con órganos dedicados a tan delicado fin.

Estados Unidos tiene mucha prisa por rentabilizar mediante un torrente de exportaciones la devaluación del dólar frente al euro y, aparentemente desconocedor de las antipatías que despierta en Bruselas "míster Ansar", le ha movilizado para que engrase el carro. Y nuestro hombre, que no se corta un pelo, se ha puesto a la tarea sin ningún escrúpulo ni rubor. Nadie debería sorprenderse si tuviera en cuenta los precedentes personales de nuestro "caudillito", pero todo encaja mucho mejor si se considera que el inmediato destino que parece haberse reservado a sí mismo a partir del 14 de marzo es el de "conseguidor" (disculpen el eufemismo) en el sustancioso eje político-comercial Washington-resto-del-mundo. Para ello ya ha situado como cabeza de puente a su yerno, el del apellido impronunciable y el inquietante parecido físico con Henry Kissinger. Sí, el de la alucinante boda en El Escorial.

El futuro duque de Aznar ha conseguido hacer buenos a sus predecesores en el cargo. Él, sin embargo, seguro que se cree un hombre providencial, destinado a ocupar un lugar destacado en la historia. Y en cualquier caso es preciso decir que lo que nosotros pensemos le trae absolutamente sin cuidado. Hasta ahí podríamos llegar...

Rectificación: Contra lo que afirmaba ayer, la comisión de investigación que Blair creará concluirá sus tareas antes de las elecciones. El primer ministro británico confía, sin duda, en llegar ante las urnas limpio de polvo y paja, lo cual, dada su trayectoria, es imposible, pero cuando uno tiene a buena parte de su propio partido en contra y es apoyado por la oposición en temas puntuales relevantes no es imposible que vuelva a ganar las elecciones sin tener que cambiar de partido.


03 febrero, 2005

Del hígado

El que sufre tiene memoria.
Cicerón

Dos notas previas, relacionadas con lo tratado ayer, antes de pasar al tema de la libertad de información que quiero seguir tratando:

- Finalmente Aznar sí habló de las inexistentes ADM de Irak, pero lo hizo, una vez más, para dar por sentado, desde su Olimpo virtual, que la ciudadanía carece de memoria, entendimiento y voluntad. Hasta el último momento este tipo nos quiere hacer tontos a todos. Claro que pistas no le faltan para certificar la estupidez popular en muchos casos.

- Las comisiones de investigación (esas que nunca sacan nada en claro) que Blair y Bush han orquestado en sus predios particulares no concluirán -por si acaso- hasta después de las elecciones respectivas. Parece ser que ellos también comparten la idea de que la ciudadanía es imbécil. ¡Vaya trío de demócratas el de las Azores!

...Y, ahora que lo pienso, voy a dejar el tema de las libertades de información y expresión para mañana o cuando mejor cuadre a mi ánimo. La reflexión que conllevan las líneas escritas hasta ahora me ha puesto del hígado y como el médico me ha dicho que me cuide voy a seguir su consejo, no sea que me dé el vértigo, una apoplejía... o, lo que sería peor, un ataque de justificadísima ira y me pierda para siempre.


02 febrero, 2005

El corto viaje de la mentira

Las mentiras viajan largos años y nunca llegan
pero la verdad aconseja que es mejor
decir la verdad y después morir.
Proverbio yóruba


Greg Dyke, el director general de la BBC, dimitió, pero la renuncia, lejos de conllevar su autorreducción al silencio, le ha dejado las manos libres y la lengua suelta para poner en su sitio la realidad y quién sabe si no acabará también situando en su lugar descanso (fuera del poder) a Tony Blair.

Tal vez si el Consejo de la BBC no se hubiera mostrado tan inflexible con Dyke (órdenes son órdenes, supongo) a raíz de la difusión del peculiar "informe Hutton" las cosas serían diferentes. Dyke seguiría en su puesto, tratando de salvar los muebles de la BBC y contemporizando con el intransigente inquilino del 10 de Downing Street, y cada cual estaría ahora barajando sus cartas a la espera de mejor fortuna.

Pero no ha sido así y Dyke, que no se ha ido precisamente porque haya querido o porque admita haber cometido un grave error, se ha despachado denunciando presiones sistemáticas e incluso intimidación por parte del entorno del primer ministro y de éste mismo. El ex director general ha dado a conocer una carta que él remitió a Blair en relación con esas ingerencias pero ha silenciado el contenido de la que Blair le remitió a él, digamos que en términos algo impropios. Queda en la recámara.

Es significativo que hoy, después de que Bush asuma la conveniencia de que una comisión independiente (?) estudie el envenenado asunto de las armas de destrucción masiva (ADM en lo sucesivo) que nunca existieron, también Blair empiece a templar gaitas y admita que existen "dudas legítimas" sobre su existencia. Supongo que cuando ambos, de mutuo acuerdo, fabricaron la gran mentira que condujo al gran error de la guerra de Irak, padre putativo de todos los peligrosos errores que vendrán si no se rectifica ya, no imaginaban que llegase el infausto día en que la verdad les perseguiría hasta las cuerdas y amenazaría con noquearles y dejarles 'groggies' de por vida.

Mientras tanto, el impertérrito Aznar, el tercero de la "conspiración de las Azores", no dice nada -al menos no ha dicho esta boca es mía hasta esta hora-, pese a que Rodríguez Zapatero le ha metido los dedos hasta la campanilla a la luz de la marcha atrás de sus colegas de farra. Pero es bien sabido que este buen hombre sólo responde ante su dios y sólo en el caso de que éste le "eche" una instancia. Él se considera por encima del bien y del mal. Además, como se va...

Lo cierto es que, sin la presión mediática, apoyada en este caso por el rechazo popular a una guerra cuya necesidad o conveniencia eran mucho más que dudosas desde el mismo momento en que se planteó, no habría llegado este día, en el que los bucaneros, aunque no se rinden, recogen velas para evitar que el viento de la verdad se transforme en huracán y les conduzca al naufragio.

Blair admite que hay dudas legítimas y yo diría que las dudas, fundadas o no, siempre lo son, pero ¿se puede atribuir alguna legitimidad a las mentiras? En absoluto. Quien desde el poder miente al pueblo que le otorgó su confianza no merece ni regresar a su nivel. Quien además, como en el caso lamentable de la BBC, pretende ilegítimamente silenciar a los que intentan dilucidar la verdad o lleva al suicidio (en el mejor de los casos) a quien la pronunció merecería un castigo mucho mayor, de dimensiones clásicas, como tomar cicuta o cortarse las venas en la bañera. Sin embargo, seguramente quedará sin un castigo suficiente (hay precedentes), salvo que se lo inflija su propia conciencia.

Si la hubiere.


31 enero, 2005

"... Y sé todos los cuentos"

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos...
Y sé todos los cuentos.

LEÓN FELIPE

Decíamos ayer... Pero hoy se puede ver mucho más claro que una cosa es vencer y otra muy diferente (y mucho más difícil y necesaria) es convencer. El elocuente vendemotos y trapisondista Tony Blair -con la generosa ayuda del juez Hutton- es el vencedor oficial en el "caso Kelly", pero los sondeos revelan que la población británica alberga severas dudas sobre su inocencia y honestidad. Así pues, la suya ha sido una victoria pírrica e incluso ridícula.

Las verdades oficiales no son nunca la verdad sobre las cosas a las que se refieren. Eso la gente, aunque no pueda afirmarlo y mucho menos demostrarlo, lo intuye. Por eso busca iluminación y contraste en los medios informativos, ¿pero qué ocurre cuando los medios se transforman en meros transmisores de las "verdades" oficiales (concepto en el que incluyo toda mentira, manipulación o intoxicación que cualquier poder, no necesariamente político, pretenda imponer como verdad incuestionable)? Que antes o después cae en el descrédito y cosecha el efecto contrario al pretendido.

Lamentablemente, ese descrédito no es sólo un daño que reciban los medios que se han hecho acreedores a él, sino que también hay que apuntarlo en el déficit de la democracia, en el capítulo de pérdidas de la sociedad. Se trata, pura y simplemente, de una mutilación esencial, una desgracia colectiva. Algún teórico de patio de vecindad gusta de decir que a la gente no le interesa conocer la verdad, sino que le digan aquello que coincide con sus prejuicios e intereses y que entre esos intereses prima el de pasarlo bien, sentirse a gusto, evadirse. ¿Por qué abrumarle con realidades que le sobrepasan?

Prejuzgar la postura y los intereses de la gente, considerada como un todo orgánico, es típicamente fascista, como lo es lo que se deduce de ese axioma con aromas aristocratizantes que gusta de ver a los pueblos como máquinas sin conciencia ni objetivos, porque esa es la premisa a partir de la cual se les instrumenta al servicio de cualquier aberración que decida el instrumentador y que generalmente es ajena en absoluto -cuando no contraria- a los intereses del "instrumento".

También es característico de la perversión fascista de la lógica confundir las consecuencias con sus causas. Que las masas estén alienadas no es nunca la consecuencia de una elección personal de cada individuo ni de un irreversible condicionamento genético. La indiferencia y el hedonismo no forman parte de la naturaleza intrínseca de los pueblos. Por el contrario, ese síndrome es consecuencia de una realidad nada casual en la que la gente se siente ajena al destino de la sociedad, de cuya gestión ha sido marginada y de cuyas realidades se sabe desinformada.

La experiencia de España, devuelta a la democracia hace 25 años tras 40 de secuestro dictatorial, es reveladora al respecto. Entre los años 75 y 84 la gente, en su mayoría, leía ansiosamente cada información que circulaba y la debatía con su familia, con sus amigos, con sus compañeros de trabajo. Se hablaba de política y de problemas sociales. La tirada de diarios y revistas creció notablemente. Los debates políticos en la televisión o las retransmisiones de los plenos del Congreso batían récords de audiencia. ¿Que ha pasado para que aquél pueblo apasionado y políticamente activo se haya convertido en apático, escéptico y, aparentemente, se interese sólo en consumir y divertirse?

Muy simple. Se le ha defraudado. Y el fraude no procede únicamente de la órbita política, judicial o laboral, sino también de la informativa. Cuando el llamado "cuarto poder" se transforma en una excrecencia servil de los poderes políticos y económicos desaparece la última esperanza. Y eso es lo que ha sucedido. Antes, por supuesto, ya había ocurrido en todos los países democráticos occidentales, a los que cada vez nos parecemos más, especialmente en sus lacras y defectos. Hay tarados que venden esa coincidencia como un éxito y lo peor es que hay quien les cree.

Volviendo al tema de la BBC, para concluir por hoy, es preciso subrayar, además de la victoria-derrota de Blair, la digna reacción de los trabajadores de la cadena pública británica, conscientes de que el golpe recibido quizás sólo sea el preludio de males mayores. Miles de trabajadores, que ya habían protagonizado varias manifestaciones de protesta, han publicado hoy un anuncio en el "Daily Telegraph" en defensa del dimisionario director general, Greg Dyke. En él aseguran que mantienen la filosofía de éste y que lucharán por una BBC "que sirva a los ciudadanos por encima de todo".

He ahí la madre del cordero.

30 enero, 2005

La cabeza del mensajero

Lo sucedido a la BBC a raíz de la difusión del informe Hutton sobre el "caso Kelly", que también podría ser el "caso Blair" o el "caso armas de destrucción masiva", es muy revelador acerca de la deriva que lleva en el Occidente "democrático" la libertad de información. Matar al mensajero sigue siendo la bárbara "solución" para borrar del mapa las malas noticias que afectan al poder, que en este caso es un poder global, aunque nuestra historia se centre, por el momento, en Gran Bretaña.

El juez Hutton, por supuesto, no entra en el fondo de la cuestión. Hacerlo tal vez hubiera equivalido a excederse en sus competencias, pero al abstenerse de considerar el contexto ha concluido lo previsible: en la medida en que no hay pruebas y el testigo de cargo se suicidó (o eso parece) fue una acusación irresponsable la que difundió la BBC afirmando que el Gobierno británico exageró deliberadamente su informe sobre la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de la preguerra y de su supuesta capacidad para desatar un ataque en muy poco tiempo. Consecuentemente, Hutton, tal vez temeroso de no ser suficientemente claro o leal, arremete contra la BBC, empresa estatal de información con un estatuto de autonomía hasta ahora ejemplar, y una trayectoria de servicio a la sociedad envidiable.

Y es de temer que las consecuencias de tan "ejemplar" contundencia no se van a limitar a las dimisiones ya conocidas de los más altos responsables de la BBC. Lo que se deduce del singular informe, que no parece cumplir otra función que la de exculpar a Blair y a sus fontaneros y ofrecer un chivo expiatorio alternativo, es que los medios informativos sólo deben difundir verdades absolutas, realidades escrupulosamente contrastadas y contrastables; que las fuentes no pueden ser secretas y que es mejor pensárselo setenta veces siete antes de difundir algo que perjudique al poder y sus intereses.

¿En qué lugar deja eso a los medios informativos en relación con el poder? En el de simples gacetilleros, serviles transcriptores de ruedas de prensa y notas informativas, lacayos descerebrados, extensiones acríticas de las manipulaciones y sesgos de la fuente que proyecta toda la luz con ausencia total de sombras.

¿Quien necesita una información que sólo sirve a quien está en su origen? Estamos ante la antítesis del periodismo, o sea de la libertad de información y del derecho a ser informado libremente. Y por lo tanto nos hallamos ante algo mucho más grave de lo que parece a primera vista: un atentado nada anecdótico contra la democracia, ya que ésta es inconcebible sin las libertades necesariamente complementarias de información y expresión.

Dada la cantidad de tela que hay que cortar en este transcendental asunto de la libertad de información y, por ende, de expresión y puesto que llevo mucho tiempo planteándome afrontarlo a fondo, sirva este artículo como breve introducción. Continuará.

28 enero, 2005

Lasciate ogni speranza...

La crisis de la Generalitat, más allá de evidenciar el inquietante narcisismo de su principal protagonista, Carod-Rovira, ha arrojado nueva e inequívoca luz sobre la falta de liderazgo en el PSOE. A Rodríguez Zapatero -como diría mi madre- le falta un hervor. Y a estas alturas de la historia todo indica que esa no es una situación provisional, sino definitiva. Sencillamente, no está a la altura, no da la talla.

El secretario general del PSOE ha perdido totalmente los papeles en esta crisis. Dejar por la mañana la pelota en el tejado de Maragall para intentar rematarla de un "firme" punterazo apenas caída la noche es una prueba irrefutable de su falta de capacidad política, de su ausencia de criterio e incluso de carácter. Su entorno inmediato, por otra parte, sufre del mismo mal. El triunvirato formado por Zapatero, Jesús Caldera y José Blanco me hace evocar la dirección de alguna institución religioso-pedagógica de los oscuros primeros 60. El superior, el prefecto y el ecónomo: un trío de meapilas con una tarea que les supera ampliamente a la menor prueba.

Eso explica por qué se ha vuelto crecientemente decisivo el papel de los "barones" (alguno de ellos, camino de la eternidad en el poder y, en consecuencia, con un encallecido conservadurismo de fondo que poco tiene que envidiar al de sus oponentes conservadores) así como el influjo de una serie de "notables" heterogéneos que no saben muy bien qué se espera de ellos. La consecuencia de esta situación es la "estrategia del bandazo", la incoherencia y, en definitiva, la confusión; la suya y la del electorado. Pese a todo, el Gobierno y su partido no parecen tener muy clara la victoria en el 14 de marzo, o bien necesitan que su mayoría absoluta sea arrolladora para seguir con su monólogo autista y autoritario.

Parece claro que la revelación de los contactos entre ese chisgarabís llamado Carod-Rovira y la dirección de ETA no es un "scoop" periodístico forjado a base de paciente investigación por la aguerrida plantilla de ABC, sino un regalo del CNI que no puede haber sido hecho por algún "Mortadelo" insignificante de la 'Casa', si no ordenado desde las alturas del Estado y del Gobierno. El objetivo no puede ser más claro: dinamitar el pacto de Gobierno en Cataluña y, last but not least, volar en pedazos la renqueante sala de máquinas del PSOE. ¿Son éstos objetivos legítimos de unos servicios de inteligencia que se supone que sirven a la seguridad del Estado -o sea de todos- y no al éxito de un partido o un Gobierno? Digan conmigo NO.

Si realmente, como se está contando, el CNI llegó a grabar el encuentro de Carod-Rovira con Josu Ternera y Mikel Antza está claro que pudo detener a ambos, reclamados por la Justicia. ¿Por qué no lo hizo? Si hubo órdenes de no actuar, la tesis de quienes afirman que el PP está interesado en mantener viva la amenaza de ETA porque le beneficia políticamente estaría confirmada. Y si se pudiera demostrar -que no se puede, me temo-, al PP le quedarían muy pocos telediarios en el poder.

Otra posibilidad bastante verosímil es que el CNI haya infiltrado a ETA hasta un nivel notablemente elevado de su hoy frágil estructura. La "kale borroka", con sus jovenzuelos destrozando alegremente -la litrona en una mano y el cóctel molotov en la otra-, fue una ocasión "de libro" para hacerlo y no creo que se haya despreciado. Eso explicaría la rápida identificación y caída de los reducidos comandos que han intentado operar en los últimos años. ¿Pero no se pone en peligro la identidad del "topo" filtrando una información tan delicada como la que glosamos? Por supuesto que sí. Y sería una irresponsabilidad criminal.

"Lasciate ogni speranza" ("abandonad toda esperanza") rezaba sobre las puertas del infierno que describió Dante Alighieri. Pues eso, ahí estamos. Y encima, para aumentar la confusión, aparecen falsos mesías.


27 enero, 2005

De mesías a tonto ecuménico

Hay gente con un elevadísimo concepto de sí mismos, tan alto que se puede calificar sin hipérbole de mesiánico. No son pocos, aunque casi todos lo disimulen prudentemente. Los más mundanos de esta especie suelen dedicarse a la política mientras los casos más patológicos se vuelcan en la religión, donde lo mesiánico adquiere su auténtica dimensión mística.

Todo indica que Josep Lluis Carod-Rovira pertenece a esta especie (Aznar también, pero no es el caso de hablar de este personaje "providencial" que, afortunadamente, tiene la virtud -quizás la única- de cumplir su palabra y se va, aunque es de temer que no lo suficientemente lejos). El líder de Esquerra Republicana de Catalunya, que dice haber pesado decisivamente en su día para que Terra Lliure abandonase las armas, parecía pretender lo mismo de ETA, decidido a pasar a la historia como el "mesías" que trajo la paz.

Él ha dicho que su propuesta de tregua no se limitaba sólo a Cataluña, pero dado el clima que se ha creado tras la revelación hecha por "ABC", diario en el que alguien parece mantener excelentes relaciones con los servicios de inteligencia, nadie quiere creerselo. También se ha dicho que la entrevista estaba solicitada desde bastante tiempo antes y que ETA aceptó el encuentro sólo cuando Carod-Rovira alcanzó la alta posición de "conseller en cap" de la Generalitat. Obviamente, si el "mesías" catalán no fuera el patético vanidoso que es, su ahora discutible inteligencia le habría hecho responder a la invitación con la frasecita que gusta de soltar el otro "mesías", el mesetario: "Ahora no toca".

Y no se trata de que no se pueda o deba dialogar con ETA, y menos con tan constructivos propósitos, sino de que hacerlo en el momento en que lo hizo el consejero jefe, sin comunicarselo al presidente de la Generalitat y pretendiendo, con esquizofrénico desparpajo, que participó en la reunión como representante de ERC y no del gobierno catalán no sólo es una venial deslealtad, sino una mortal estupidez.

No podía ni debía ignorar Carod-Rovira todo lo que llovía desde el partido del Gobierno, en un país que llevaba meses en una feroz campaña electoral no declarada, contra el pacto "antiespañol" del PSC en Cataluña. El "gol de oro" que este tonto ecuménico ha servido al enemigo de su amigo y a su propio enemigo mediante su reunión con los terroristas le cualifica más que sobradamente para desaparecer del Gobierno de Cataluña.

No por loco, no por desleal. Simplemente por idiota.

Mañana más, porque hay mucho más que hablar: la torpeza insuperable de Zapatero (que no tiene nada de mesías pero sí de vergonzante catecúmeno), la infiltración de ETA y el papel de los servicios de inteligencia en la campaña electoral, la herencia endemoniada de Aznar... En fin.


20 diciembre, 2004

Inmersión en los establos



Para quien no tenga noticia de lo que ya se conoce como el “caso Echevarría” haré una sucinta síntesis. Ignacio Echevarría es (era, para ser exactos) un crítico literario del suplemento ‘Babelia’ de “El País”, en el cual publicó una demoledora crítica de la última novela de Bernardo Atxaga, “El hijo del acordeonista”, editada por Alfaguara, uno de los brazos del pulpo multiforme que es el emporio mediático de Jesús de Polanco. Tan destructiva era la crítica, al parecer, que el director del periódico ha llegado a calificarla, con hiperbólica elocuencia, como ‘bomba atómica’.

La siguiente colaboración del virulento Echevarría fue ‘congelada’ (el director adjunto dixit) y el crítico respondió con una carta abierta al referido jerarca denunciando la censura que se le imponía. La carta era tan abierta que circuló de inmediato por el vasto espacio de internet con efectos devastadores para la imagen de “El País”. Unas cuantas decenas de ‘santones’ de la cultura no tardaron en solidarizarse con el crítico y señalar hasta qué punto el “caso Echevarría” lesionaba la credibilidad del periódico. A ello siguió un forzado y limitado ‘nostra culpa’ por parte de la Defensora del Lector del diario, Malén Aznárez, y del director, Jesús Ceberio, que admitió que había habido “una mala gestión” del asunto.

Hasta aquí los hechos, no tan sucintos, por cierto, como yo anunciaba más arriba.

Vaya por delante que considero toda crítica literaria destructiva una muestra de deshonestidad y estupidez imperdonable. Hay demasiada basura literaria, potenciada por el marketing de la industria editorial, como para centrar el foco en una cagarruta en particular. En el contexto vigente el crítico debería ser una especie de pescador de perlas, alguien que sacase a la luz el poco oro que reluce entre los detritus artificialmente relucientes.

A ello añadiré mi conmiseración para aquellos que, como Ignacio Echevarría, deben ejercer como críticos por encargo y, pese a ello, se esfuerzan -o fingen hacerlo- por actuar con independencia. Aduce el crítico en este caso que ha ejercido con frecuencia sus artes dinamiteras en el suplemento literario sin pagar las consecuencias y uno no puede por menos que celebrar su impunidad y compadecerle por su ceguera. Resulta evidente que, tras leer “El hijo del acordeonista” y consciente de su origen editorial, debería haberle dicho a la responsable del suplemento: “mira, prefiero no escribir la crítica porque esta obra me parece una basura y la voy a hacer mil pedazos. Supongo que, dado que es de Alfaguara, alguien podría escribir algo más constructivo e incluso laudatorio”. Nadie rechazaría tan razonable propuesta.

Eso habría sido lo más honesto en alguien que, dada su condición de adulto culto y perspicaz, no puede aducir ignorancia de la realidad del mundo que habita y de la inexistencia práctica de fondo de ese ‘desideratum’ llamado libertad de expresión que, teóricamente, nutre la sangre de las democracias.

Pero si la presunta ingenuidad del crítico parece cínica y deplorable, el ‘papelón’ desempeñado por el periódico y sus directivos (en especial por el director adjunto, Lluis Bassets) revela algo mucho más grave que lo que Ceberio califica eufemísticamente como una ‘mala gestión’. Este caso, aparentemente nimio, ha puesto al aire las vergüenzas del diario de mayor difusión y el más respetado de cuantos se editan en España. Y lo ha hecho en uno de los peores momentos imaginables, cuando el grupo Prisa es objeto de una campaña brutal de descrédito protagonizada por el Partido Popular y sus secuaces mediáticos, que le achacan el mayor de los males de la historia reciente: el Gobierno de Rodríguez Zapatero al servicio de la antiespaña.

El daño que el “caso Echevarría” está haciendo a “El País” es inconmensurable, en la medida en que, pese al tiempo transcurrido, la polémica sigue viva, al menos en internet. Tanto que supongo que algún confortable sillón de la cúpula directiva del periódico sufre ahora temblores no computables en la escala de Richter. Y todo por exceso de celo y beatería, por defender los intereses del amo por medios que exceden lo políticamente correcto. ¿Lo exigió el amo? Si es así él sería el culpable exclusivo. Si no -cosa que estimo muy probable- el buen perro servil, que esperaba una tierna caricia en el lomo, estará sufriendo zurriagazos sin cuento.

Inexistencia de la libertad de expresión, decía yo poco más arriba y a ello vamos porque de eso se trata. Quienes en su momento celebraron el proceso de concentración de medios informativos como un signo de salud del sistema mentían como bellacos y además lo sabían porque cobraban por celebrarlo y se beneficiaban de participar en el proceso. El latifundismo mediático ha tenido como consecuencia la mutilación de la pluralidad informativa y aún más de la opinativa. Los medios están alineados políticamente de modo prácticamente incondicional y el gregarismo profesional y la autocensura imperan hasta niveles de náusea. Todo está controlado, incluso allí donde se presume de pluralismo.

La consecuencia es el silenciamiento de quienes no siguen el juego. Los goulags del periodismo ‘democrático’ están repletos de desaparecidos ‘antisociales’ que no aceptaron las restringidas y no escritas (hasta ahí podíamos llegar) normas de circulación ideológica. El conmigo o contra mi impera en este territorio. El ‘loqueyodiga’ es la ley. Así es como han surgido los infectos establos de Augias en que hozan esos otrora (me refiero a la transición, claro) excelsos agentes de la libertad y de la democracia llamados periodistas.

No creo estar atentando contra la inocencia de nadie haciendo esta afirmación, pero si así fuera no lo lamento. “El País” también está contaminado, por supuesto. Sin embargo resulta que hasta ahora ha sido la res menos sucia de los establos, el medio informativo más completo del panorama periodístico español y el más coherente con la realidad democrática. Era el mal menor y uno siempre ha preferido del mal el menos. Si el “caso Echevarría” es un indicio de desvío habremos empezado a perder algo más que un valioso referente informativo.
Confiemos en que “El País” no figure entre los daños colaterales de la artificial e imprudente resurrección de las “dos españas” que la derecha intenta perpetrar.

16 diciembre, 2004

La voz de los corderos



El dolor, la ira y el desamparo de las víctimas del brutal ataque del 11-M tienen desde ayer un rostro y una voz inolvidables, los de Pilar Manjón, madre de un joven fallecido en aquella trágica jornada. Su intervención ante la inane comisión de investigación del Congreso constituyó un testimonio impresionante y demoledor, un aldabonazo a las conciencias no sólo de la clase política y del mundo mediático, destinatarios del grueso de sus críticas, sino también de la sociedad entera.

Viendo y escuchando a Pilar Manjón era inevitable sentir un nudo en la garganta y un temblor de emoción conturbadora. Tanto que renuncié a mi primer impulso de escribir ayer mismo, bajo el impacto emocional directo recibido a través de un informativo de televisión. Tenía poco tiempo para hacerlo y temí caer en la sensiblería y pecar de demagogia.

Un día después se puede medir la evidencia de que el impacto del testimonio de Pilar Manjón ha tenido un efecto generalizado sobre la sociedad española, pero también puede contrastarse, a través de los medios informativos, que persiste el sesgo partidista, que cada cual subraya lo que le interesa y que, en definitiva, todo seguirá igual tras escuchar la voz de los corderos, víctimas de una matanza que ha tenido importantes consecuencias políticas (no tanto por sí misma como por su tratamiento) y que debería tener más y mayores.

La primera, ineludible y dolorosa constatación ante la intervención parlamentaria de la portavoz de las víctimas del 11-M concierne a algo que todos sabemos y a lo que, desde la impotencia, nos hemos resignado acomodaticiamente: la enorme distancia que separa a la sociedad de quienes son elegidos para representarla. La traición esencial que constituye la 'representación' política en la democracia formal imperante y que podría explicitarse así: "Dame tu voto y olvídame como yo te olvido".

España carece de una sociedad civil operativa, pero todo indica que en la conciencia popular existen las bases adecuadas para crearla y que su existencia es imprescindible para la salud de un sistema que ya apenas tiene algo que ver con las realidades sociales y tecnológicas del presente. Falta el propósito y abunda el fundado escepticismo. Ayer mismo el portavoz de la AVT, la asociación 'oficial' de víctimas del terrorismo, daba pruebas irrefutables de hasta qué punto un supuesto órgano de la sociedad civil puede ser manipulado y capitalizado por intereses partidistas. El contraste de su intervención ante la comisión con la de Pilar Manjón no dejó lugar a dudas al respecto.

Otra significativa denuncia de Pilar Manjón fue dirigida contra los medios de comunicación social, el denominado "cuarto poder", que no es más que una extensión del primero (y el primero no es el Ejecutivo, sino el económico). Desde su dolor y su frustración (que son, como subrayó, los de todas las víctimas y familiares), Manjón no tuvo contemplaciones con quienes perpetran la falacia de fingir que sirven a la sociedad cuando en realidad se instrumentalizan al servicio de los intereses del poder y de sus propios intereses económicos y partidistas, prescindiendo de todo escrúpulo a la hora de rentabilizar el dolor ajeno o servir a cualquier mentira emitida por sus afines políticos.

Cuando los grandes empresarios mediáticos constatan que las generaciones jóvenes permanecen alejadas de la prensa escrita mientras Internet crece de modo imparable, o que las tiradas, que se estaban hundiendo, han aumentado en los últimos tiempos (consecuencia de la intensidad y trancendencia del debate político) eluden sistemáticamente la autocrítica y plantean tácticas correctoras ajenas al fondo del problema y fruto de una estrategia que concibe el mercado informativo como un mercado más, que se puede fidelizar mediante técnicas convencionales de márketin. El lector ya no es un lector, sino un consumidor. Y de la televisión, mejor no hablar porque su único propósito parece consistir en estimular lo peor que hay en cada uno.

Volviendo al centro del asunto -la comparecencia de Pilar Manjón- hay que subrayar que su lección a la comisión produjo la lógica consecuencia de que todos los portavoces pidiesen perdón de un modo más o menos sentido y sincero. La clase política era consciente de la excepcionalidad y de la gravedad de las circunstancias a las que se enfrentaba y por unos momentos asistimos a una conmovedora catarsis democrática. Sólo una voz señalada se abstuvo del 'mea culpa', la de Eduardo Zaplana. El jactancioso portavoz del PP había delegado en una compañera de partido y ni siquiera en ese momento juzgó oportuno abandonar su actitud displicente para decir algo que tuviera la apariencia de salir del corazón y/o de la conciencia. Luego abandonó el Congreso sin siquiera saludar a los representantes de las víctimas.

Y es que, por terrible que parezca, las cosas no van a cambiar aunque los corderos hayan roto el silencio. Ese mismo día la comisión de Interior fue escenario de un nuevo capítulo de la novela "la conexión ETA-Al Qaeda". Poco importa que el ministro José Antonio Alonso calificase de "extravagante" la insistencia del PP en alimentar esa hipótesis. Todo indica que el partido desalojado del Gobierno no va a cambiar ni un ápice su estrategia. Su líder en la sombra (aunque no tanto) es un empecinado creyente en el principio 'goebbelsiano' de que una gran mentira, repetida miles de veces, se convierte en una gran verdad.

Hoy leo que Gregorio Peces-Barba, nombrado Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, se propone "reconciliar a la democracia con los ciudadanos". Encomiable propósito, pero para darle cumplimiento habría que empezar por reconciliar a algún partido con la democracia, lo cual ahora mismo parece una misión imposible.

14 diciembre, 2004

Bambi ha muerto


Tomen nota de la fecha: 13 de diciembre de 2004. Bambi ha muerto. Al ingenuo cervatillo, ridiculizado hasta la saciedad por la derecha, tanto desde el poder como desde la oposición, le ha crecido una poderosa y ramificada cornamenta adulta, con la que, sin perder la compostura, ha hecho astillas el edificio de mentiras e insidias tejido por el PP para albergar intacta a su sagrada divinidad, José María Aznar, y dar cobertura de credibilidad a quienes fueron sus principales cómplices y fieles acólitos: Acebes y Zaplana.

Ayer, durante casi quince horas, Zapatero demostró al Partido Popular que, más allá de su escarnecido 'talante', tiene madera de líder, ideas claras y un surtido arsenal de recursos para responder proporcionadamente, pero sin exaltarse ni descender al insulto, a la dureza con la que se le viene cuestionando.
Frente al enrocamiento en el no (su concepto predilecto) y a las gravísimas e inverosímiles insinuaciones que Aznar planteó en su comparecencia ante la comisión de investigación del 11-M, el presidente aportó datos fiables, coherentemente engarzados, para sostener tres afirmaciones esenciales y desmontar el tejido de insidias: que el Gobierno del PP perpetró un engaño masivo desde la tarde del 11-M para sostener contra toda evidencia la autoría de ETA; que la banda terrorista vasca no tuvo nada que ver con los atentados y que, tras perder las elecciones, el Partido Popular viene desarrollando una campaña de confusión masiva para salvar la cara.

Todo indica que la comparecencia de Zapatero le ha hecho mucha 'pupa' al PP. Eso explicaría el furioso ataque de Zaplana ya avanzada la noche de ayer. Alguien (adivinen quién) debió llamarle al móvil para ordenarle algo como "saca el hacha, que nos está ganando por goleada". Las comparecencias televisadas tienen esa cruz singular para quienes están acostumbrados a la cómoda seguridad de que al día siguiente la prensa leal les dará como ganadores independientemente de lo que haya sucedido. Cuando todo el mundo puede verlo no hay demasiado lugar para la manipulación y hasta la prensa más vergonzante se acuerda de la vergüenza de sus lectores.

Ciertamente, una democracia sólida no debería precisar ordalías públicas como las escenificadas cara al público en las comparecencias de Aznar y Zapatero. El problema es que un sistema democrático en el que el partido gobernante, en circunstancias muy críticas para la nación, miente por motivaciones exclusivas de interés partidista entra en una grave crisis de credibilidad. Cuando ese partido, castigado ya por la ciudadanía, sostiene desde la oposición el infundio original y suma a él una catarata de insidias sin fundamento la situación se agrava y la tensión llega a ser intolerable. Tal vez por ello era preciso que Zapatero dejara de ser el inocuo Bambi sonriente que el PP gusta de caricaturizar. Para contar las verdades del barquero hay que ponerse muy serio y muy firme.

Ahora la cuestión es saber si, tras el previsible cierre de la comisión, se van a cerrar también, definitivamente, las heridas de marzo. Todo depende del PP, supuestamente muy interesado en que la comisión siga abierta para que se sepa "toda la verdad" (!). En la calle Génova tienen la delicada responsabilidad de decidir si en el futuro van a ser la leal oposición o la desleal insidia permanente. Ellos, que se pretenden los defensores únicos de una España que sólo está en su imaginario, deberían considerar que la España real, la que integramos todos los ciudadanos, incluidos quienes no les votan, afronta un futuro que exige compromisos y consensos que no pueden ser abordados desde el no sistemático ni con la obstrucción y la bronca como estrategia única.

¿Estarán a la altura del desafío? Es de temer que no. Al menos mientras tengan a José María Aznar como deidad principal y, sumergidos en sus rencores, olviden que son (hoy más teóricamente que nunca) el centro-derecha político. Sería muy fácil decir "allá ellos" ignorando que, en realidad, esta sociedad necesita urgentemente que el Partido Popular renuncie al delirante rumbo de abordaje y zafarrancho que ha adoptado. Lo necesita para superar la inédita y estéril división que el PP alienta con imprudente e irresponsable celo.


05 diciembre, 2004

Una fábula


Tras la 'operación propagandística' realizada por ETA en Madrid al detonar cinco bombas en estratégicas gasolineras y bloquear durante largas horas la salida festiva de centenares de miles de madrileños algunos consideran, ingenuamente, que la banda -a la que gustan de pintar dividida- está boicoteando la iniciativa ‘de paz’ recientemente presentada por Otegui. Nada más lejos de la realidad.

La banda y su extensión política están demostrando sin lugar a dudas lo que son, lo que siempre han sido: un ejemplo de irracionalidad política, un movimiento anacrónicamente tercermundista regido por un voluntarismo militarista, que se resiste a revisar su estrategia pese a las crecientes evidencias de que le está conduciendo a la extinción.

Como ya advertía en “La Espiral” del 20 de noviembre (a la que les remito para evitar reiterar los argumentos), que glosaba la “esperanzadora oferta” contenida en el documento de Batasuna, era previsible “una reactivación de los atentados y de la ‘kale borroka’” si no se aceptaba el diálogo en los términos planteados. No ha sido preciso esperar mucho para constatarlo.

ETA-Batasuna está intentado escenificar ahora la conocida comedia titulada “Policía malo, policía bueno”. “Si no me haces caso va a volver a entrar el bestia de mi compañero. Espero que sepas lo que te conviene”. Es un juego elemental, pueril, a la altura de la capacidad política y dialéctica que caracteriza al liderazgo del MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco). Es absolutamente inútil pedirle a Batasuna que condene el recurso a la violencia como arma política porque el núcleo duro de este abigarrado órgano político es esencialmente la misma cosa que ETA o, mejor dicho, es la propia ETA.

Ante quienes le instan a condenar, Otegui responde invariablemente aludiendo a la persistencia del “conflicto político vasco”, del que la violencia sería una expresión inevitable, en la medida en que 'responde' a la violencia institucional. Nunca se plantean hasta qué punto el terrorismo es la causa mayor del conflicto y cuánto lo exacerba estérilmente. Quienes se lo plantean se van (si les dejan, pues a ‘Yoyes’ no la dejaron sobrevivir a su abandono), desaparecen de la escena política o generan iniciativas abertzales claramente diferenciadas (Aralar es un ejemplo elocuente).

Hay quienes tienden a ver la actual situación -usando la fábula africana de la rana y el escorpión- como si Batasuna fuese la rana que, entre vacilaciones, acepta trasladar al otro lado del río, sobre su lomo, al escorpión ETA y perece entre ambas orillas como consecuencia de que el insecto, fiel a su naturaleza, no puede evitar el impulso de clavar su aguijón, aun sabiendo que supone su propio fin.

Frente a esa ingenua versión yo creo que el escorpión es precisamente Batasuna. ETA es sólo su preciado aguijón. El escorpión tiene dos opciones en las actuales circunstancias: arriesgarse al suicidio, como acostumbran estos arácnidos cuando se ven acorralados (y ese es el camino que lleva), o acercar su nefasto apéndice a sus tenazas y extirparlo para integrarse con normalidad en las reglas del juego democrático.

Existe una versión india de la fábula en la que el animal transbordador no es una rana, sino una tortuga. Cuando el escorpión ejerce su natural impulso lo ve frustrado por el duro caparazón y la tortuga, que previamente había expresado su escepticismo ante los propósitos del sospechoso viajero, percibe el intento asesino y obra en consecuencia. Se sumerge brevemente y deja que el ingrato huésped se ahogue.

El escorpión Batasuna intenta viajar sobre el caparazón de las instituciones democráticas blandiendo el aguijón ETA. El viaje se está acercando al centro de la corriente fluvial, donde, según la fábula, se produce el desenlace. Tanto el escorpión como la tortuga tienen claras -o deberían tenerlas- sus opciones.

Yo, dados los precedentes, no doy un euro por el escorpión.




30 noviembre, 2004

El que mueve los hilos

Si algo puso de manifiesto la extremadamente larga y reiterativa comparecencia de Aznar ante la comisión de investigación del ataque del 11-M -aparte de la absoluta inanidad de la propia comisión- es quién dirige realmente el Partido Popular en estos días, quién genera sus insidiosas estrategias, quién lo mantiene anclado en tres días aciagos de marzo, quién insiste en la revancha contra la derrota electoral y no renuncia a ningún recurso intoxicador o manipulador, a ninguna mentira útil, para lograr ese fin; quién, en fin, involuntariamente justifica hasta más allá de lo expresable la derrota del PP y ha sembrado y sigue sembrando destructiva cizaña en el terreno político hasta convertirlo en un impracticable erial para sus propios intereses.

No voy a entrar a fondo en los ejes de la “histórica” comparecencia (“¡Oh cielos, un ex presidente del Gobierno ante una comisión de investigación! ¡Esto sí que es democracia!”, sostiene la beatería). Hacerlo sería dar crédito a un insostenible guión de política-ficción para consumo exclusivo de creyentes. El Mundo, La Razón y ABC ya han hecho la exégesis devota del vómito, mientras El País, El Periódico y La Vanguardia lo han analizado desde el punto de vista patológico. Esa es su misión. Sus lectores probablemente quedarían decepcionados si no lo hubieran hecho del modo que lo han hecho.

Yo no dependo de índices de venta ni soy un columnista estabulado. Y tampoco estoy de humor hoy para hacer chacota a costa de la mediocridad y la indecencia política. Por eso en esta breve “Espiral” quiero ir más allá del 11-M y del 14-M y centrarme en lo que me parece más revelador de la comparecencia del ex presidente del Gobierno: la evidencia abrumadora de que sigue siendo él quien mueve los hilos del Partido Popular. No es Aznar quien se ha ajustado a un guión prediseñado por su partido. Es justamente al revés.

El reciente “hallazgo” realizado por Zaplana de que el 11-M es “un golpe teledirigido”, inmediatamente rubricado por Acebes, es en realidad la ‘preparación artillera' ordenada por Aznar para sostener la insidia de que los ‘autores intelectuales’ no se hallan en desiertos o montañas lejanas. Y lo mismo ocurre con la permanente defensa de la “conexión ETA”, avalada además por la insistente campaña de El Mundo en ese sentido. Es Aznar quien manda y Acebes y Zaplana siguen siendo sus lugartenientes predilectos. Como él mismo mienten con absoluta impavidez. ¿Y Rajoy? Una ridícula marioneta que baila al son que toca el trío.

El Gobierno puede estar tranquilo. Si alguna virtud tienen Aznar y su cohorte de desinhibidos y cínicos ‘neoconservadores’ es movilizar los votos que las derivas del PSOE e IU habían conducido a la abstención. La divisa es clara: cualquier cosa menos estos otra vez.

26 noviembre, 2004

Noticia del revuelto gallinero

El pasado día 4 hice una pequeña alusión a la reacción de la ‘Brunete mediática’ española ante la victoria de Bush, pero el núcleo del artículo lo constituía el análisis de esa victoria y de la situación en que se inscribía dentro de la política interior y exterior de Estados Unidos. Ahora toca hablar directamente del corral español, en el que proliferan las gallinas espeluznadas que cacarean histéricas “¡Moratinos dimite, el gallinero no te admite!”

Al neoconservadurismo ibérico al ajoarriero Moratinos no le gusta un pelo y desde el mismo día de la victoria de Bush señaló la cabeza del ministro de Exteriores como pieza a cobrar para exhibir en la vitrina -aún vacía- de la “vendetta” por la ‘injusta’ derrota electoral del 14-M. Son los mismos que callaron prudentemente ante la incompetencia del brazo disléxico de la política exterior de Aznar, aquella patética Ana Palacios a la que se le iba la olla cada sí y cada no, seguramente a causa del lamentable papel que su jefe le asignaba cuando no decidía sustituirla directamente para hacer él personalmente el ridículo actuando como taburete reposapiés del emperador de Occidente. Y son los mismos que, contra todo pronóstico, no hicieron el más mínimo comentario sobre el ‘arresto peninsular’ del Rey, pomposamente sustituido en la representación exterior del Estado por “el presidente de la república española” (Jeb Bush dixit). ¡Qué pestazo a banana pasada de fecha!

Ahora, tras la alusión del “rojopeligroso” responsable de la política exterior al papel de Aznar en la intentona golpista contra el presidente de Venezuela -elegido, por cierto, por su pueblo, le guste y convenga o no a quien sea-, la ‘derechona’ y sus 'cagatintas' se han rasgado farisaicamente las vestiduras y claman por el cese del ‘falsario’ bajo la amenaza de abandonar su colaboración (¡sic!) con el Gobierno. Si por colaboración se entiende la proliferación cotidiana de insidias y las sistemáticas críticas destructivas, en las que son especialistas los ‘hermanos Malasombra’ del aznarato (Acebes y Zaplana) o las alusiones del inefable Rajoy a la ‘sonrisa estúpida’ de Zapatero el Gobierno tiene motivos para congratularse.

El PP y sus corifeos mediáticos gustan de presentar al Gobierno como rehén impotente y sin ideas de los grupos que le apoyan en el Parlamento. Eso en política interior. En la exterior lo dibujan aislado, devaluado y torpe. Sus “imprudentes” desafíos al alcázar judicial o al santuario eclesial son descritos casi como signos de locura. La cosa es alarmar gratuitamente, no porque ello vaya a convencer a nadie que no esté previamente convencido o tienda a estarlo sino precisamente para mantener esa ‘clientela’, sobre todo a la no pequeña franja ‘ultra’ que disfruta enormemente el espectáculo del golpe bajo, el navajeo, el insulto y la bronca permanente y rechaza toda posibilidad de colaboración con los “rojos”.

Como el papanatismo nacional precisa de una cierta apoyatura internacional, el hecho de que Bush no se ponga al teléfono o de que el Wall Street Journal (el mismo medio en el que Aznar vertió sus efusivos elogios a Bush en vísperas de las elecciones americanas) se cebe en Zapatero con argumentos que parecen salidos de la sede de la calle Génova o de la caverna de la FAES son recibidos como confirmación irrefutable de que el Gobierno va -con perdón- de culo y contra el viento. Todo está mal: ese es el corolario. Y por supuesto, el PP lo haría mucho mejor. Aznar, con su prosa colegial, lo habría expresado con elocuencia insuperable: “Zapatero, cero patatero” o “Váyase, señor Moratinos”, “Váyase, señor Moratinos”, "Váyase...” (ad infinitum).

El partido del errequeerre; el que habla catalán en la intimidad; el que no tiene lo que hay que tener para decirle al presidente fundador “váyase, señor Fraga”; el que mete la cabeza bajo el ala ante los excesos del alcalde de Ponferrada o el de Toques; el que llega a las manos por una urna; el que cree que la mejor política exterior es la que convierte al Estado en mercenario de tercera de un imperio agresivo y depredador; el que miente a la ciudadanía sobre la autoría del más grave atentado de la historia de Europa y es derrotado no por el atentado, sino por la mentira; el que aplaude a su ex presidente cuando, deslealmente, ataca en el extranjero al Gobierno de su país... Ese partido cree que no hay mejor defensa que un sistemático y demoledor ataque al Gobierno “accidental” (según el Wall Street Journal) de España.

Lo llevan mal, muy mal, tal vez porque en su fuero interno creen que el poder les pertenece por derecho natural y pensaban que, tras la larga travesía del desierto que supuso para ellos la instauración de la democracia, era fácil mantenerse en el machito una vez reconquistado. Su arrogancia y -más que eso- el temor a generar divisiones internas les ha llevado a eludir toda autocrítica y evitar el más mínimo replanteamiento de la estrategia destructiva de quien les condujo al triunfo, olvidando que aquel éxito no se debió a mérito propio alguno, sino a demérito ajeno (la degradación progresiva del felipismo).

Con esos planteamientos es más que dudoso que puedan retomar el poder en breve plazo, como pretenden. Muchos errores (reales y graves) tendría que cometer el Gobierno para que regresen quienes han demostrado que no eran dignos de estar. Somos muchos lo que -sin aplaudir incondicionalmente a este Gobierno “accidental” y conscientes de sus deficiencias- creemos que España ha ganado con el cambio y esperamos que ese cambio avance y se profundice para construir una sociedad más racional, dialogante y democrática.

20 noviembre, 2004

Ahora... ¿qué?

Siempre evito hablar -y mucho más escribir- de oídas, así que me he tomado el trabajo de leer el texto íntegro de la declaración de Batasuna, su propuesta política para la superación del conflicto vasco, titulada “Orain herria, orain bakea” (“Ahora el pueblo, ahora la paz”). Y cuando digo “me he tomado el trabajo” no incurro en eufemismo alguno. Ha sido penoso enfrentarse a un texto políticamente paupérrimo, que une a su rampante mediocridad teórica la falsificación permanente de la historia, cuya evolución sería precisamente la base que justificaría el ‘sesudo’ y pomposo documento.

El acto de presentación de la declaración fue ‘precalentado’ por un atentado de ETA contra un pequeño refugio militar de montaña, del que salieron indemnes el cabo y los tres soldados que lo guardaban. Al día siguiente Otegui se presentó en el acto de Anoeta parafraseando con notorio oportunismo y falta de escrúpulos a Arafat -recién fallecido- en su discurso ante las Naciones Unidas, al decir que portaba un ramo de olivo, símbolo de la paz. La pistola que el líder palestino dijo llevar en la otra mano, y a la que Otegui no aludió en su discurso a los fieles, ya había sido enarbolada la víspera en una más que obvia advertencia.

Gran parte del documento, de apenas seis folios de extensión, está dedicada a un sumario análisis histórico que comprende desde 1977 hasta la fecha y del que resulta, según la óptica deliberadamente estrábica que los paridores de la declaración adoptan, que el actual planteamiento de reforma constitucional y revisión autonómica estaría determinado por los esfuerzos desplegados por Batasuna, por el ‘reordenamiento estratégico’ realizado desde 1994. “La gran victoria política del conjunto de la izquierda abertzale y del pueblo vasco debe ser ocultada, manipulada, porque sienta un precedente peligroso para los poderes fácticos y los gestores del Estado”, dice el delirante documento.

No hay mayor ciego que el que no quiere ver. Aunque lo cierto es que seguramente a Batasuna no le queda otra alternativa que fingir que no ve, hacer creer que se puede caminar de derrota en derrota hacia la victoria final. Ilegalizada y con su brazo armado golpeado policialmente hasta casi la extinción, quizás sólo puede seguir vendiendo el espejismo de su propia importancia e incluso transcendentalidad. Con su programa máximo en manos de la derecha nacionalista (Plan Ibarretxe) en una incuestionable operación de robo de votos, Batasuna exhibe una sonrisa jactanciosa, dice “mover ficha”, ofrece diálogo y propone flexibilidad. Patético.

A cambio del diálogo (exclusivamente en el marco vasco, por supuesto) ofrece poner “todos los medios para que todos los obstáculos sean superados” (¿tregua de ETA?). Desde luego lo que no hay -y muchos esperaban- es una tregua previa. Por el contrario, lamentablemente, es previsible una reactivación de los atentados y de la ‘kale borroka’ si el referido diálogo no se inicia. Batasuna no quiere llegar a las próximas elecciones en la situación de virtual inexistencia (‘apartheid’ lo llaman) que ahora soporta. Para eso sí que va a poner todos los medios, sean cuales sean.

La propuesta de la izquierda abertzale está dirigida en primera instancia al tripartito vasco, aunque sólo aluda a sus miembros para despreciarlos. Han pasado ya los días suficientes para que se produjera una respuesta positiva por parte de éstos, pero el desprecio es mutuo. Ibarretxe y compañía quieren llegar a la cita electoral con el famoso plan del lendakari como tentadora zanahoria para el electorado abertzale. Luego se hablará con Batasuna (o no) y se intentará (o no) hacer el referéndum, o por lo menos convocarlo, una vez que ha sido despenalizado. En este escenario, ¿cuál es la situación real de Batasuna?

De frustración máxima, de desesperación, de desconcierto y desunión. Así es la situación de quien se pinta a sí mismo como motor de la historia. Y en la medida en que ni siquiera es capaz de poner sólo el ramo de olivo sobre la mesa, sino que pretende llevar también la pistola al diálogo que propone, así seguirá siendo. ¿Cuánto tiempo más pueden sobrevivir las contradicciones internas del conglomerado nacional-socialista sin estallar? Ni en Batasuna lo saben ni quieren saberlo, pero todo indica que nunca han estado tan cerca como ahora del punto de ebullición/evaporación.

Dados los antecedentes, que así sea.