29 julio, 2003

Patio de Monipodio

Parece "inevitable" que la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid se prolongue durante buena parte del mes de agosto, pese a su más que notoria inanidad. Cuando no se tiene pruebas -como le sucede a la FSM- lo único que se puede hacer es lo que se hace, marear la perdiz por si en el lance aparece alguna luz, o, por lo menos, se arroja una cantidad significativa de sombra sobre los "traidores".

Y ciertamente aparecen zonas de sombra, pero una cosa es la duda y otra la certeza. La única persona que en esta intriga se muestra revestida de una luminosa blancura, lindante casi con la estulticia, es la diputada María Teresa Sáez, que, según su propia confesión, siguió a Tamayo con fe ciega porque para ella tiene una credibilidad incuestionable. En política, como en la comedia clásica, la figura del "bobo" (útil o no) es imprescindible. Es la gente que hace bulto, que quiere y se deja querer por los "liderillos" y que, ocasionalmente, mete la pata hasta el corvejón, pero sin intenciones perversas. Sáez tiene el indulto asegurado. El propio Rodríguez Zapatero, tras su testimonio del lunes, le ha exonerado de toda culpa.

La comparecencia de José Luis Balbás, que todavía se desarrolla a la hora de escribir estas líneas, ha transcurrido, al menos en la parte que yo he seguido a través de Telemadrid, entre el sopor de las reiteradas preguntas de Nolla en relación con declaraciones realizadas por el líder de "Renovadores por (¿por o de?) la base" a diversos medios y las menos tediosas preguntas sobre sus actividades económicas. Se trataba, mediante el primer sistema, de minar su credibilidad, presentarlo como una especie de mentiroso compulsivo y, pese a los reiterados esfuerzos de Nolla, la cosa quedó en tablas.

En cuanto a las actividades económicas, Balbás resulta ser -según él- un "pequeño empresario", economista y asesor fiscal. Pero, desenvolviendo la madeja, se nos muestra también (o principalmente) como un experto especulador en Bolsa y en el terreno inmobiliario. Y resulta -al fin- que no puede negar que conoce a los constructores Bravo y Vázquez porque sabe que hay constancia de que, en su día, les vendió un terreno.

Lógicamente, ni Bravo, ni Vázquez ni Balbás podían ver con buenos ojos el acuerdo de Simancas con Afecovi, la asociación de cooperativas de vivienda que iba a terminar con la perspectiva de los pingües beneficios para cuya obtención ellos ya habían sentado las bases mediante inversiones "estratégicas".

Es, pues, por el lado de Balbás, más que por el de Tamayo, por donde se podrían rastrear los hilos de una trama que quizás conectase finalmente lo sucedido en la Asamblea madrileña con intereses inmobiliarios específicos y acaso con el propio PP, o al menos con alguno de sus miembros relevantes en la comunidad madrileña. Pero es obvio que una comisión de investigación parlamentaria carece de los medios necesarios para determinar con certeza lo que subyace en una crisis política, que, según todos los síntomas, está muy lejos de ser la simple consecuencia de la reacción airada a un acuerdo "desafortunado" entre el PSOE e IU.

Este es un tema de competencia judicial, pero mientras la Fiscalía no realice, motu propio, las investigaciones oportunas, los tribunales podrán seguir fallando que no hay caso porque no hay pruebas. Y, naturalmente, mientras sea Jesús Cardenal, el Fiscal General del Estado (¿o del Gobierno?), quien tenga en sus manos el nudo gordiano no habrá caso.

Entretanto, la imagen del PSOE "renovado", y por ende la del "renovador" Zapatero, se tizna y deteriora cada día más en el fangal que han montado algunos de sus más significados valedores madrileños. El PP celebra ya la previsible victoria en las elecciones de otoño, pero la democracia española tiene cada vez más las trazas de un patio de Monipodio del que toda persona honesta prefiere permanecer alejada.

Al paso que vamos podemos encontrarnos cualquier día metidos hasta los ojos en un sistema como la vergonzante Italia de Berlusconi o como la democracia estadounidense, en la que la mayoría real es la de la abstención. Y se nos podrá hablar periódicamente de la necesidad de una regeneración, como se hace, ¿pero quién les va a creer?

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