04 junio, 2010

Breve



El engaño húngaro.- Quienes pensaron en su día, como yo, que la ampliación de la UE de 15 a 27 miembros, instada en gran medida por EE UU, era voluntarista y precipitada no pueden sorprenderse ahora ante el fiasco de Hungría. Al igual que Grecia hizo antes, Hungría ha falsificado la realidad de sus finanzas, lo cual, aunque el país no pertenece a la Eurozona, agrava aún más las perspectivas de la Unión. Ante esta situación en la que los países maquillan sus balances, mejor no preguntarse lo que hacen los bancos con los suyos. Estamos ante una crisis del sistema llamado capitalista, que se basa en la utopía de un crecimiento permanente y progresivo. Cuando, inevitablemente, el castillo de naipes se derrumba el coste lo pagan los ciudadanos con décadas de sacrificio y sufrimiento. Pero no pasa nada. Nunca pasa nada en el mejor de los mundos.

01 junio, 2010

Surrealismo y delirio político

La realidad española se ha tornado surrealista, al menos en la vertiente derecha del espectro político. El 10 por ciento de diferencia que las encuestas sobre intención de voto atribuyen al PP respecto al PSOE, su presunta victoria en las autonomías 'enemigas', el veredicto negativo de la agencia de calificación Fitch, el bajón de la Bolsa... Todo, y sobre todo la paradójica alegría de que las cosas vayan mal para el país en el terreno económico, hace delirar al Partido Popular, que ya se ve con mayoría absoluta, listo para hacer y deshacer a su antojo. Como los más acendrados revolucionarios de los viejos tiempos, los populares están por el "cuanto peor, mejor", pase lo que pase y caiga quien caiga.

El "no" categórico, en sede parlamentaria, del PP a las medidas de emergencia propuestas por el Gobierno -a instancias de la UE- para atajar la especulación de los mercados contra la economía española y por ende contra el euro no dejó lugar a dudas acerca de una triste realidad, no por intuida menos lamentable. Al Partido Popular le interesa y preocupa más hundir al Gobierno que contribuir a salvar al país. Saben muy bien que su actitud tiene en los mercados una lectura negativa, que acentúa la desconfianza de las finanzas especulativas internacionales sobre la capacidad española de pagar su deuda, pero no les importa. Desoyeron llas llamadas del mundo financiero español a apoyar el plan del Gobierno y desoirían a Dios mismo si les pidiera que adoptasen la postura responsable que cabe esperar del segundo partido más votado en todo el Estado ante una situación tan grave como la presente. Como buitres avizorando la carroña no piensan en otra cosa que en el festín. El destino de la res herida les trae sin cuidado.

Incluso en el tema de la reforma laboral, que ha sido su caballo de batalla -sin precisar jamás los detalles de su proyecto- se proponen arremeter contra el Gobierno. Ayer, el portavoz del PP, Esteban González Pons (en la foto), afirmaba con alborozo apenas disimulado que Zapatero quedará en la historia como "el primer presidente que congela las pensiones y baja el sueldo a los funcionarios, y cuidado que no pase también por ser el primero que abarata el despido". Justo lo que ellos mismos pretendían en apoyo de los "pobres" empresarios.

La realidad -decía al principio de este post- se ha vuelto surrealista. En ese contexto ya no sorprende ver al PP oponerse a aquello que apoyaría con entusiasmo si estuviera en el poder ni subrayar que las medidas adoptadas son "impuestas", a sabiendas de que también lo serían si gobernasen ellos. Llama más la atención, sin embargo, el hecho de que, a mitad de legislatura, cuando quedan aún dos años para las elecciones generales, llamen a todos los ciudadanos a unirse al partido. "Este partido -dijo Pons ayer- quiere abrirse y agrandarse para que quepan todos. Es la hora de que salgamos adelante todos juntos".

Tremendo delirio, tan eufórico y ridículo como inquietante. ¿Pretenden reconstruir el Movimiento Nacional, resucitar el 'priísmo' mexicano, reeditar el peronismo? Les consta por experiencia que la única forma en que el electorado de izquierda les ha "apoyado" hasta ahora es mediante la abstención, la pasividad causada por la decepción. Si el PP ha de vencer próximamente será de nuevo a causa de la abstención de la izquierda, no de su adhesión a la derecha.

La decepción existe y es lógica ante la evidencia de un jefe de Gobierno forzado a traicionar sus promesas, pero queda tiempo para que la gente reflexione sobre la naturaleza virulenta y destructiva de la crisis económica y la presión extraordinaria que están sufriendo los países de la eurozona; sobre lo que era y es posible hacer contra esa crisis en un contexto globalizado, en el que toda medida no coordinada y coincidente con el resto de los países de la UE aumenta los perjuicios nacionales y comunitarios. Tal vez cuando mediten acerca de quién debe gestionar lo que queda de crisis -que es mucho, se diga lo que se diga- sin destruir lo que queda de la sociedad del bienestar ni alentar la conmoción social tengan más claro que quienes siempre han dado prioridad a lo privado sobre lo público son justamente los que deben seguir al margen.

31 mayo, 2010

Breve



Brutalidad de Israel.- El Estado de Israel ha dado una vez más muestra brutal de su arrogancia impune y de su desprecio hacia la comunidad internacional, sus instituciones y sus leyes. Sean diez o diecinueve los muertos -aunque no fuera ni uno- el brutal abordaje en aguas internacionales a seis barcos en los que viajaban 750 personas con ayuda internacional para Gaza, sometida a un bloqueo inmisericorde, compone el retrato robot de un país que, amparado en una injustificable inmunidad, no conoce otro modo de expresión que el abuso de la fuerza. Si este hecho atroz no es respondido con severas sanciones por parte de la comunidad internacional se estará invitando implícitamente a la práctica de la violencia a quienes ven una amenaza inaceptable en la impunidad de un Israel agresivo, nuclear y armado hasta los dientes. Y esto que escribo no es fruto del antisemitismo, que es como Israel califica todas las críticas y denuncias de su política abusiva.

27 mayo, 2010

Breve



Raquitismo social.- Vicenç Navarro desmiente en este valioso artículo la extendida falacia (difundida por quienes, si pudieran, privatizarían incluso el aire) de que España tiene un sector público sobredimensionado. Las cifras no dejan lugar a dudas sobre el hecho de que la España social arrastra un raquitismo crónico ya desde los tiempos de la dictadura. Ahora, cuando se vuelve a dejar caer la posibilidad del copago en Sanidad, es imprescindible recordarlo. Ya basta de mentiras indecentes.

20 mayo, 2010

Breve



‘Más que amigo’.- Este sí que fue un escándalo judicial con indicios de prevaricación y no el de Garzón con los crímenes del franquismo. El Supremo reabre ahora la causa, pero ni siquiera reconviene al presidente del TSJCV, "más que amigo" de Camps, según confesión de éste. No le censura por no haberse inhibido en el caso y tampoco por su peculiar actuación al limitarlo al tema de los trajes, que sería archivado. Ahora Camps vuelve a estar imputado (y "feliz", según afirma) mientras el PP aparca la patata caliente en la absurda espera de que se enfríe sola, ya que Camps, como el tesorero Bárcenas, se irá cuando le dé la gana. He ahí la autoridad de Rajoy, la coherencia de un hombre que acusa a Zapatero de desentenderse de los problemas.

19 mayo, 2010

Una semana traumática (y II)

Baltasar Garzón es un juez que no genera especiales simpatías, pero sí más que las que provoca cualquier otro miembro de la carrera judicial. Se supone que lo ideal en un juez es que sea lo más anónimo posible y que nadie tenga opinión precisa sobre él más allá de lo que respecta a su trayectoria profesional, pero en el caso de Garzón la transcendencia de las causas que ha llevado, su breve -y contradictorio- paso por la política y su firme determinación, después, de ser independiente e inasequible a las presiones políticas le han granjeado animadversiones irreversibles y simpatías apasionadas.

El hombre que, entre otras cosas, precipitó la caída del Gobierno de Felipe González y llevo a la cárcel a un ministro y a un secretario de Estado de su Gobierno; el que amargó los últimos años de vida del dictador chileno Pinochet; el que se convirtió en la pesadilla principal de ETA está curado de espantos. Cuando cree que está en el buen camino de una investigación nada le arredra y eso es lo que le hace temible para muchos -sino todos- los que en algún momento caen bajo su jurisdicción.

El Partido Popular se convirtió en un clamor cuando Garzón dio los primeros pasos en la investigación de la 'trama Gürtel'. De inmediato reclamaron su recusación alegando la "enemistad manifesta" del juez y su "interés directo o indirecto" en la causa". A la hora de justificar ambos extremos, el escrito elaborado por el ex ministro de Justicia Federico Trillo no tenía otro argumento que exhibir que la inclusión del juez, como número 2, en las listas electorales del PSOE en Madrid en 1993. Olvidaban -es un decir- que el magistrado "enemigo" favoreció sus intereses electorales tras regresar un año después de su 'aventura política' a la Audiencia Nacional y poner en marcha la investigación sobre los GAL que aceleraría la caída de Felipe González. La supuesta "enemistad manifesta", entonces, iba más bien dirigida contra el PSOE y el PP no tuvo nada que objetar sobre el sumario ni sobre las filtraciones que, como un goteo diario, vieron la luz en aquellos días. Si comento esto es porque no son pocos los que creen que tras la ofensiva judicial contra Garzón se halla el PP, cuestión en todo caso indemostrable, pero tal voz no tan improbable..

El proceso seguido contra Garzón por la investigación de los crímenes del franquismo ha sido, cuando menos, peculiar. La pretensión del 'juez estrella' de declararse competente ya había sido recurrida por la Fiscalía de la Audiencia Nacional ante la Sala de lo Penal de dicha institución, tras lo cual Garzón se inhibió en favor de los juzgados en cuyos territorios se hallan las 19 fosas que había ordenado investigar. Posteriormente la Sala aprobó los argumentos de la Fiscalía por 14 votos contra 3. Ahí, el 28 de noviembre de 2008, podría -y debería- haberse parado todo.

¿Por qué, a posterior, el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela decide abrir causa por prevaricación a instancias de sendas querellas presentadas por dos organizaciones filofascistas, plagadas de defectos de forma que él mismo indica cómo corregir? ¿Por qué las prisas del procedimiento abreviado y el rechazo de los argumentos de la defensa de Garzón sin siquiera considerarlos. Según Varela, cofundador de Jueces para la Democracia y en otro tiempo admirador de Garzón, éste "actuó con la finalidad de eludir la decisión del legislador sobre el régimen de localización y exhumación de víctimas de los horrendos crímenes del franquismo sabiendo que éstos habían sido objeto de amnistía por las Cortes democráticas de España".

Al menos tres jueces de la Audiencia Nacional están de acuerdo con Garzón en su competencia ante "los delitos de lesa humanidad y genocidio que la sistemática y masiva eliminación de adversarios políticos verificó en nuestro país", según expresión de la magistrada de la Audiencia Nacional Clara Bayarri en artículo publicado por 'El País'. La inclusión de los crímenes del franquismo en la Ley de Amnistía de 1977 es tan discutible como la apresurada calificación de "Cortes Democráticas" que el juez Varela aplica a un Parlamento del que estaba ausente el Partido Comunista de España, legalizado un mes después de que se aprobase dicha Ley, en la que seguramente el partido excluído habría tenido algo que decir. Aquellas eran unas Cortes de transición, mutiladas. Sólo tras la aprobación de la Constitución, en 1978, se puede afirmar que las Cortes son democráticas.

Todo indica que una seria y crucial cuestión jurisdiccional y jurisprudencial ha sido escamoteada mediante el procesamiento y consecuente apartamiento de la carrera judical de Baltasar Garzón. Sin que haya existido un previo debate en profundidad para dilucidar si la supuestamente democrática Ley de Amnistía de la Transición puede permitir ignorar la legislación internacional vigente, que establece la no prescripción de los crímenes contra la humanidad, una condena de Garzón, dando por sentado su propósito de actuar conscientemente contra la Ley, sería una injusticia que es de esperar que el Tribunal Supremo evite en el fallo que habrá de emitir en su día.

Por el momento no se le ha evitiado el daño al juez, ni a las familias de las víctimas ni a la imagen internacional de España. Y todo ello es muy alarmante y muy perjudicial para la credibilidad democrática del Estado español en el marco exterior, donde no sólo era indiscutible hasta ahora, sino también admirada, gracias fundamentalmente a jueces como Garzón, que no se amilanan ante las dificultades que con frecuencia existen para hacer justicia y devolver a los ciudadanos y a las naciones su dignidad.

Foto: Varela hace la presentación de Garzón en una conferencia de este auspi8ciada por Faro de Vigo' en 1992.

17 mayo, 2010

Una semana traumática (I)

Para muchos ciudadanos el modo en que contemplan la realidad española ha cambiado de modo sustancial, para mal, a lo largo de la semana pasada, una de las más traumáticas de la democracia española. Los hechos se han desarrollado en dos vertientes alejadas entre sí,  la económica y la jurídico-política, y lo han hecho de manera cruelmente paradójica. La paradoja se plasma en que, mientras en el caso de las duras medidas adoptadas para afrontar la crisis económica se ponen en evidencia con todo su rigor las consecuencias de la globalización, en el de la suspensión del juez Garzón se define como prevariciación su intento de aplicar a la guerra y la postguerra civil española la legislación internacional (es decir, global) sobre los Crímenes contra la Humanidad, que establece que este tipo de delitos no prescriben jamás.

Un aspecto que nadie -y menos que nadie el PP- parece tener en cuenta es que la crisis económica, que estalló con todas sus consecuencias hace más de un año y medio, sigue desarrollándose, extendiéndose y profundizando sus consecuencia casi a diario. La supuesta inacción e improvisación del Gobierno español no es tal. Todos los países, en mayor o menor grado, se ven forzados a un vaivén desconcertante, cambiante casi a diario, que dificulta la adopción de medidas y convierte las que se toman en insuficientes con frecuencia. La especulación de los mercados sobre la deuda pública de los países de la UE -elemento desastibilizador de aparición reciente en el contexto de la crisis- parte de una desconfianza sobre la posibilidad de impago que sólo estaba justificada en el caso de Grecia pero acaba extendiéndose a todos, elevando el importe de las primas de riesgo que cada país debe pagar por la hipotética falta de fiabilidad y logrando dificultar su pago, al encarecer la deuda en un círculo vicioso infernal y absurdo.

La consecuencia de esa situación es que el euro, convertido desde hace tiempo en la divisa de referencia internacional, baja hasta 1,243 dólares y la alarma se extiende a nivel global. Los ministros de Economía del G-7 (Alemania, Canadá, EEUU, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido) han celebrado dos teleconferencias -algo inédito- los viernes de las dos últimas semanas. A partir de la primera, celebrada el pasado día 7, de la que nada ha transcendido, el temor a que el euro colapse genera una fuerte alarma y motiva, el domingo 10 un acuerdo de urgencia entre la UE y el FMI por un importe de 750.000 millones de euros, suma abrumadora en la que EE UU participa con más de 50.000 millones de dólares. El lunes el Banco Central Europeo (BCE) aprueba la compra, inicialmente, de 20.000 millones de la deuda de los países más amenazados por la especulación, entre ellos España.

La contrapartida a la costosa operación de rescate del euro es la implantación urgente de duras medidas de reducción del gasto público para todos los países de la Eurozona, tanto más duras como fuerte haya sido la especulación de los mercados contra su deuda. En ese contexto, la llamada de Obama a Zapatero en vísperas del anuncio de los severos recortes ante el Congreso no es para exigirle su implantación, a la que el Gobierno ya estaba decidido a hacer frente, sino para departir con él, en tanto que presidente de turno de la UE, y comentar la grave situación que la economía occidental atraviesa. La interpretación sesgada de la prensa sobre la llamada -desmentida ese mismo día por EE UU- permite al PP describir las medidas como "impuestas" -y sí lo son, pero por la UE- e "improvisadas", en una muestra rampante de deslealtad institucional, pues a Rajoy y los suyos les consta ya en ese momento la grave realidad de la situación y la firme determinación de la UE para controlarla.

Para Zapatero y su Gobierno ha supuesto una gran frustración verse obligado a adoptar decisiones tan impopulares como la congelación de las pensiones o la reducción del sueldo de los funcionarios, medidas mucho menos severas que las adoptadas en Grecia, pero contradictorias con el propósito anunciado de minimizar la incidencia social de la crisis. Puede debatirse si hay otros modos menos impopulares de controlar la especulación destructiva de los mercados sobre la deuda, pero lo cierto es que el margen de maniobra es muy pequeño cuando se pretende lograr una reducción de gastos fácilmente cuantificable y realmente eficaz.  Eliminar los ministerios de Vivienda e Igualdad es algo que tal vez haya que hacer por razón de coherencia política, pero apenas significa lo que el chocolate del loro. Otro tanto se puede decir de la retirada de las fuerzas españolas en el extranjero y la reducción del presupuesto de Defensa: nada con sifón en términos económicos. .

La desinformación -cuando no intoxicación- acerca de la crisis y su evolución, practicada por los medios, tanto en España como fuera de ella ha sido y está siendo nefasta, al mantener a los ciudadanos en la ignorancia de sus realidades profundas y facilitar, en consecuencia, una interpretación superficial y demagógica, muy útil a la hora de evitar que se señale con toda claridad al auténtico culpable no sólo de la generación de esta crisis sino también de su progresivo agravamiento, que no es otro que el capital financiero. La ausencia de medidas de control -el mundo sigue esperando todavía a EE UU- que eviten o limiten la actuación irresponsable de la codicia (véase el caso de Goldman Sachs) no hace otra cosa que profundizar y agravar un caos que amenaza con barrer por décadas el relativo bienestar construído laboriosamente en Occidente incluso en tiempos más penosos que éstos.

Finalmente, en referencia exclusiva a Europa, hay que decir que la UE ha puesto desnudamente en evidencia todos sus defectos en esta crisis. A la larga resistencia ofrecida por Grecia para aplicar las medidas que se le exigían sin contar con el apoyo de la Eurozona hay que sumar el egoísmo y falta de realismo de Alemania, la inacción de Francia, enredada en el vacuo discurso de un Sarkozy sobrepasado por la realidad, y sobre todo la más que probada incapacidad del presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, para evitar que las cosas llegasen al extremo que han llegado. Si en la UE hubiera que cortar una cabeza, sólo una, en relación con el agravamiento de la crisis, monsieur Trichet tiene todas las papeletas. Esperemos que no tarde en ser relevado por la cuenta que nos tiene.

Foto: Jean-Claude Trichet, el Nefasto.

Nota: Dada la extensión de este artículo, el tema de Garzón queda pospuesto a mañana.