20 junio, 2005

Vergüenza

La crisis en que se encuentra sumida la UE tras la reunión de Bruselas no es una más, sino un punto de inflexión de consecuencias potencialmente muy graves en la trayectoria de una organización teóricamente resuelta hasta ahora, bajo la dirección francoalemana, a caminar con firmeza en dirección a una mayor unión política y a un compromiso firme y eficaz de solidaridad continental.

Todo comenzó con el contundente 'no' de la ciudadanía francesa a la ratificación del tratado constitucional, seguido inmediatamente del de los holandeses, y se consumó en la cumbre de Bruselas merced a la postura intransigente y destructiva de Tony Blair, secundado por Holanda y Suecia. Para Reino Unido, el fiasco del referéndum francés constituía una ocasión de oro de cara a su propósito de desmantelar los objetivos políticos imperantes en la UE. Y, de momento, ha provocado un gravísimo “impasse” funcional del que los diez países recién ingresados son y serán los principales afectados.

“J’ai eu honte” (“He sentido vergüenza”), dijo el luxemburgués Claude Juncker en el balance de su triste experiencia, como presidente de turno de la UE, en el intento de lograr un acuerdo presupuestario que Reino Unido y sus aliados dieron muestras desde el principio de estar decididos a frustrar. Blair no sólo se negó a renunciar al vergonzante ‘cheque británico’, indecente privilegio carente de justificación a estas alturas, sino que rechazó también la simple congelación del mismo. Al final, ni siquiera la oferta de los 10 recién ingresados de renunciar a parte de las percepciones que se les asignaban sirvió para facilitar el acuerdo. Blair había ido a cargarse la cumbre y no tenía previsto reconsiderar tal postura.

Gran Bretaña aparece tras esta cumbre precisamente como Chirac la describe habitualmente: el caballo de Troya de Estados Unidos en la UE. Ni los isleños ni sus primos estadounidenses quieren la fortaleza europea. La prosperidad de ambos se ha basado históricamente, en gran medida, en la desunión, la guerra y la ruina de Europa. Esta afirmación puede parecer gratuita y demagógica, pero repasen la historia de los dos últimos siglos y sabrán de lo que hablo.

Cuestionar la priorización de la PAC (Política Agrícola Comunitaria) en los presupuestos de la UE, como hace Blair para argumentar su rechazo a la eliminación del ‘cheque británico’, no carece de sentido, pero es un mero recurso dialéctico. El proteccionismo europeo tal vez sea excesivo y pueda parecer egoísta desde la perspectiva de los países eminentemente agrícolas del Tercer Mundo. Sin duda debería ser reconsiderado, pero aún así la ‘ofensa planetaria’ que supone la PAC es ridícula comparada con la ofensa comunitaria que constituye el ‘cheque británico’. Con esos 5.000 millones de euros habría podido conformarse España, cuya economía está todavía en situación notablemente inferior a la británica.

Por otra parte, es una curiosa paradoja que Blair cuestione el proteccionismo agrario europeo si se tiene en cuenta que su patrón, Estados Unidos, aplica los mismos criterios proteccionistas en ese sector. La razón para ello, tanto en el caso estadounidense como en el europeo, no es sólo el clientelismo político o el egoísmo nacional. Cuando se habla de agricultura se alude a un sector de fundamental importancia estratégica, sea cual fuere su peso económico en cada país o en el conjunto de la Unión. De lo que se habla en definitiva es de alimentación, una necesidad primaria cuya satisfacción nadie quiere confiar de modo exclusivo o preferente (e imprudente) a cultivos o graneros ajenos y lejanos.

Pero sucede que Blair tiene un plan (quien lo tiene en realidad es EE UU, como aclararemos) y dicho plan, que se viste cínicamente de filantropía, será expuesto con grandes clarinazos y lujo mediático entre el 6 y el 8 de Julio en Gleneagles (Escocia), donde se celebrará la cumbre del G8, con el gran cínico británico como anfitrión y ‘brillante’ protagonista. Como Blair anunció en octubre de 2004 en Addis Abeba (Etiopía), este año va a ser para el opulento G8 “el año de África”. Los globalizadores, con Estados Unidos a la cabeza, están inquietos por la aparente imposibilidad de sumar al continente negro a la órbita ‘benéfica’ de la filosofía económica neoliberal. Esa situación no sólo tiene consecuencias políticas generalmente desagradables. También impide rentabilizar el capital humano y el potencial productivo -especialmente en el sector primario- de unos territorios cuyos habitantes han sido históricamente abandonados a su suerte y viven ajenos a la orgía de la sociedad de consumo.

África es un tesoro en gran medida inexplotado y el propósito inmediato de los dueños del mundo (hablo de las multinacionales y de sus ‘representantes’ políticos) es ponerlo a trabajar, hacerlo rentable. La “modernización” y rentabilización de su agricultura es la prioridad por excelencia. En ese objetivo se viene trabajando y experimentando desde hace años por parte de las corporaciones especializadas en la manipulación genética de las semillas, entre las que destaca la por múltiples motivos justificadamente impopular Monsanto. La estrategia de tales compañías consiste en hacer a los agricultores excluyentemente dependientes de sus productos, convirtiéndoles así, simultáneamente, en forzados clientes fijos y en asalariados virtuales. El sueño de cualquier capitalista, que, una vez más, es una pesadilla para la dignidad y la autonomía humana.

Para que la ‘marca patentada’ Agricultura Africana SA funcione a satisfacción es preciso terminar con las políticas agrícolas proteccionistas y Europa, por obvias razones de proximidad geográfica, debe ser la primera en desarmarse. Ese es el ‘filantrópico’ plan que Blair alienta, en secreta representación y al mayor beneficio de Estados Unidos y del Club del Expolio, más conocido bajo las siglas FMI y BM.

El enemigo está en casa y se siente triunfante. A partir del 1 de julio, Reino Unido ocupará la presidencia de la UE. Será un mes estelar para Blair, por la coincidencia de ese protagonismo con el que le dará la cumbre del G8. Sin embargo, es de temer -mejor dicho: es de esperar- que la imagen de Blair en la Unión Europea estará por los suelos, pero eso no le preocupa ni a él. Su idea de Europa como un mero ente económico neoliberal puede no tardar en contar con el apoyo de quienes ahora son sus enemigos: Francia y Alemania. Así hay que temerlo si, como se prevé, triunfan en ellos las opciones que representan Sarkozy y Merkel.

Y ahora, inevitablemente, me pregunto qué celebraba la izquierda española cuando, tras fracasar su apoyo al 'no' en el referéndum español, acogió como un éxito propio o un premio de consolación el ‘no’ de los franceses. Aparte de la polisemia confusa de la negativa gala, que, a nivel partidista, sólo podrá ser rentabilizada por la ultraderecha, es evidente que dichos izquierdistas no han reflexionado suficientemente sobre lo que estaba y está en juego: pura y simplemente el futuro de los países europeos, algo que no se puede jugar alegremente a cara o cruz ni depender de un ‘quítame ese adjetivo’ del texto del Tratado. Lamentablemente, intentando huir de la pesadilla hay quien la agiganta y fortalece.

Si los países del viejo continente no son capaces de generar el cemento que estreche sus lazos políticos, económicos y culturales hasta constituir una entidad unida y sólida, no sólo se habrá perdido la oportunidad histórica de generar un alternativa válida de protección de cada país de Europa frente a las amenazas de la globalización, sino que también se habrá negado al mundo la posibilidad de contar con una gran referencia equilibradora frente a la praxis depredadora del imperio.

N. B.: No, no ha sido vagancia. Si no he escrito en todo este tiempo ha sido a causa de una avería en el ordenador que ha forzado a sustituir la placa y el procesador. No me voy a cebar en la impericia de los llamados técnicos de la cosa, pero, harto de dilaciones, tuve que arrancar el chisme de las manos del sedicente técnico que me cayó en suerte (desgracia más bien), que no lograba restablecer la conexión a internet. Tres días de brega me ha costado determinar la causa de la “imposibilidad”. Cuando ya estaba dispuesto a formatear el disco duro, instalar Windows XP (tras comprarlo, claro) y reinstalar pacientemente todos los programas se hizo de repente la luz. Por alguna razón que no se me alcanza el “tésnico” había puesto en alerta permanente al antivirus y este bloqueaba las conexiones a internet.

Como las desgracias nunca vienen solas y la ley de Murphy es implacable, ahora es el ordenador del estudio, mi casi flamante “superPC”, el que no arranca. Estoy hasta aquí de la informática.

22 mayo, 2005

Turismo y terrorismo

Si es usted un político y solicita un visado para viajar a Cuba y entrevistarse con la oposición tiene un 99,9 por 100 de posibilidades de que se lo nieguen. Muy cortésmente, eso sí, porque los diplomáticos son muy corteses independientemente del régimen al que representen. Sin embargo, si usted es un político que viaja a Cuba por motivos políticos y reclama un inocuo visado de turista se lo concederán sin rechistar, pero usted se convierte a partir de ese momento en un mentiroso con motivaciones inconfesables, que, en la medida que lo son, invitan a las autoridades cubanas a devolverle a su lugar de origen. En el mejor de los casos es usted un provocador. Y además, un boicoteador de la política exterior de su propio país. El incidente diplomático es tan inevitable como gratuito.

Ya van dos. Parece que el Partido Popular ha decidido manifestar de modo muy especial su interés por la oposición cubana en coincidencia con la pérdida de La Moncloa. Destruir el clima de conciliación y de aliento a la transición pacífica que el Gobierno español intenta promover parece ser el objetivo. Primero fue el diputado Jorge Moragas, en octubre de 2004, y ahora, dos ex senadoras en atuendo “casual”. Ambas pretendían participar en un congreso de organizaciones anticastristas cuya celebración, sorprendentemente, el régimen cubano ha autorizado.

Tal vez las turistas accidentales y accidentadas del PP intentaban contrarrestar la imagen -significativamente poco difundida- del abrazo y la cordialidad de su fundador y vitalicio presidente de Galicia (al menos hasta el 19 de junio), Manuel Fraga, con el hermano de Fidel Castro, Raúl, ministro de Defensa y sucesor programado del dictador. Vano intento. Fraga cree en Fraga y obedece a Fraga, mientras el PP cree en ‘La Sombra’ y ‘La Sombra’ obedece a Bush. Querían los de Génova que Fraga minimizase el 'efecto foto' reclamando a Raúl Castro la liberación de los presos políticos cubanos. Pero el viejo líder, fiel a su galleguidad sobrevenida, sólo pidió un favor sentimental: la reunificación de un matrimonio de origen gallego. Con suerte, la petición será satisfecha a tiempo para que la foto del abrazo de la pareja actúe como cartel electoral.

¡No saben nada estos gallegos! El propio Fidel Castro, de nunca desmentida progenie galaica, al permitir el congreso de la oposición en el que pretendían ‘hacer turismo’ las ex senadoras ‘populares’, ha matado varios pájaros de un tiro:

- Hace visualizable, incluso más allá de lo verosímil, la fortaleza de su régimen y su confianza en sí mismo y en su pueblo. ¿Se imaginan a Franco tolerando algo semejante?
- Satisface formalmente las presiones exteriores para flexibilizar su actitud y tolerar la libertad de expresión y la actuación impune de la oposición.
- Pone en evidencia la división, el “antipatriotismo” y la esterilidad del microcosmos opositor, evidenciada hasta la saciedad en el referido congreso.

La Asamblea para Promover la Sociedad Civil, que he venido llamando impropiamente congreso, ha sido una caótica jaula de grillos en la que se dieron mueras a Castro y vivas a Bush, del que se difundió un mensaje grabado en el que definía la libertad como “un regalo de Dios Todopoderoso”; se apoyó el embargo como instrumento de presión -pese a que hace víctima directa de graves carencias al propio pueblo cubano-, e incluso se planteó la futura revancha respecto a la empresas extranjeras radicadas en la isla, en la medida en que son calificadas como “colaboradoras con el régimen”.

Si se considera que lo que durante dos días ha tenido expresión en esa asamblea es la voz de la oposición interior al castrismo, cabe concluir que el sistema, nacido en 1959, puede tener todavía larga vida, incluso tras la desaparición física de su líder. A partir de la fragmentación (360 organizaciones), la división y el delirio no va a resultar nada fácil construir una alternativa democrática ni favorecer una transición pacífica y constructiva.

Mientras tanto, hay una pelota envenenada en el tejado de la política estadounidense. La detención por residencia ilegal de Luis Posada Carriles, exiliado cubano entrenado por la CIA y presunto autor de varios atentados con consecuencias mortales dentro y fuera de la isla, es una prueba de fuego para la coherencia antiterrorista de la política de Bush. Aunque no les guste admitirlo, Posada es un terrorista de los suyos; un mercenario de la CIA definido no sólo por su anticastrismo visceral, sino por su entrega a “la causa” allí donde estuviera, como evidencia su colaboración con la ‘Contra’ nicaragüense.

Venezuela reclama su entrega, dado que Posada escapó de una cárcel del país, en el que habría planificado el atentado contra un aparato de Cubana de Aviación que causó 73 muertes. El atentado en un hotel de Cuba que costó la vida a un turista italiano también le hace acreedor a la atención prioritaria de jurisdicciones que no son la estadounidense, ante la cual sólo tiene el leve delito de entrada ilegal.

Las declaraciones de Posada Carriles al New York Times, poco antes de ser detenido, revelando que el anterior líder de la Fundación Nacional Cubano Americana, Mas Canosa, ya fallecido, financió sus actividades, son un torpedo demoledor en la línea de flotación de una organización del exilio que se postula como buque insignia de la flota 'democrática' destinada a 'liberar' a Cuba. Las tramas terroristas parecen no ser cosa exclusiva del extremismo islámico o de izquierda ni encontrar refugio y sostén sólo fuera de Estados Unidos y podría ocurrir que una organización muy respetada en el país que gusta de describirse como la cuna de la democracia, y especialmente grata al Partido Republicano, no sea ni tan respetable ni tan democrática.

También podría ocurrir que mientras la dictatorial Cuba tolera una reunión de la oposición, los democráticos y antiterroristas Estados Unidos protejan a un peligroso terrorista -y se beneficien de su silencio- porque actuó contra sus enemigos.

Qué mal rollo, ¿no?

18 mayo, 2005

Al desnudo

No fueron pocos los que, en su momento, cuestionaron la fiabilidad de las encuestas encargadas por El Mundo y la SER acerca del último debate sobre el estado de la nación y publicadas al día siguiente. En general, no les cuadraban las cifras con las de la hipotética ‘fidelidad’ del electorado a unos y a otros. Ahora es el Centro de Investigaciones sociológicas (CIS) quien difunde los resultados acerca del mismo tema y son aún más concluyentes. Rajoy (el PP) perdió el debate por goleada y la contundente victoria corrió a cargo del vilipendiado Zapatero (el Gobierno ‘traidor’, ‘radical’ y ‘débil’).

Independientemente de la probada solvencia de los estudios del CIS, la coincidencia esencial de las tres encuestas no deja lugar a dudas: a la mayoría de los españoles no les gustó ni les convenció el discurso apocalíptico y truculento del jefe de la oposición. El PP se equivoca. Yo, personalmente, lo he dicho tantas veces que incluso me da pereza escribir este artículo. Pero creo que hay que decirlo y repetirlo aún a riesgo de aburrirse y aburrir, dado el empecinamiento del segundo partido del Estado en una estrategia destructiva que no sólo les perjudica a ellos como opción política, sino que boicotea irresponsablemente posibilidades alentadoras que la mayoría de los ciudadanos apoyan.

En una “Espiral” reciente aludía yo a la distancia significativa que media entre el cuadro trágico que pinta el PP y la percepción de los ciudadanos. ¿Son tontos los ciudadanos o lo es el PP? Lo cierto es que la población no ve lo mismo que el PP, no percibe ni la crispación ni las catástrofes que éste describe en su empeño por convertir en realidades sus deseos. Por mucho que los ‘populares’ se empeñen en otra cosa, la ciudadanía ve al rey desnudo -siguiendo la conocida fábula- y, de paso, ve al desnudo al primer partido de la oposición. Ve al PP con las vergüenzas de sus mentiras, insidias y falacias al aire, en impúdica y agresiva exhibición. Y, naturalmente, lo rechaza. Por razones éticas e incluso estéticas.

Los rechazados responden públicamente que las encuestas están manipuladas, pero la procesión va por dentro. Son muchos -uno de ellos, seguramente, el propio Rajoy- los que saben que la estrategia que han puesto en marcha por imposición de ‘La Sombra’ (he decidido llamar así a quien ustedes saben y no voy a dejar de hacerlo) es profundamente errónea, pero la autoridad del caudillo sombrío, pese a su virtual retiro, parece ser incuestionable. Y ahí les tienen a todos, como un solo hombre, agitando la pesadilla: denunciando la ruptura del pacto antiterrorista (que han roto ellos por un quítame allá ese PCTV o te enteras); la ruptura de España (que no está prevista, al menos en este siglo, se pongan como se pongan); la rendición del Parlamento a los terroristas (tras autorizarse al Gobierno, simplemente, a negociar con ETA si ésta contempla el abandono de las armas), y... ¿para qué seguir?

Se equivocan. Su película de miedo y la realidad están divorciadas. Pero no es eso lo peor. Lo peor es que su actitud les sitúa como los malos auténticos de su película. Son ellos los que dan y meten miedo, los que intranquilizan. Son ellos los que niegan toda colaboración a un Gobierno que la necesita y la reclama abiertamente. Son ellos los que pierden credibilidad a chorros con sus cuentos para no dejar dormir. Son ellos los que boicotean la posibilidad de un futuro mejor y más armónico.

Ni siquiera con la colaboración incondicional de los corifeos turiferarios que les sirven el comentario a la carta desde numerosos medios de comunicación pueden cambiar la realidad a su conveniencia. Ni el propio Goebbels intentó tal dislate.


15 mayo, 2005

Más mentiras

'La sombra’ visitó ayer Santander para arengar a las juventudes de Nuevas Generaciones y firmar ejemplares de su segundo libro en un año (¡!), “Retratos y perfiles”, en un centro comercial. Y él sí que se retrató, de perfil y de cuerpo entero, al asegurar que nunca autorizó a nadie a negociar con ETA. Se trataba, dijo, de “constatar si estaban dispuestos a rendirse”.

¿Qué es rendirse? ¿Entregar las armas y entregarse físicamente para ser puestos a disposición de la justicia, admitiendo la derrota? Me temo que el ex presidente ha recurrido a la conocida figura de matriz jesuítica conocida como ‘restricción mental’, cambiando lo que ha venido llamándose “renuncia a la violencia” por “rendición”, que queda como más cuartelero, más propio de sus parámetros. A eso se le llama simplemente mentir.

Representantes de La Moncloa tan próximos a él como el secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, o su asesor personal, Pedro Arriola, exploraron en 1999, junto al secretario de Estado de Seguridad, Ricardo Martí Fluxá, la posibilidad de un acuerdo que se puede explicitar, al menos en una teórica primera fase, como de “paz por presos”. Hubo reuniones secretas con la cúpula de Batasuna en un chalé de Burgos y con la de ETA, en Suiza.

Nadie gritó entonces “traición a los muertos” ni criticó como una claudicación que, a modo de gesto de buena voluntad hacia la banda terrorista, se decidiera trasladar a cárceles de la península a los presos etarras más peligrosos, que se hallaban en Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla, ni trasladar a otros a prisiones del País Vasco o más próximas a él que aquellas en las que se encontraban.

El PSOE estaba de acuerdo en las conversaciones y respetó un aspecto esencial del pacto antiterrorista: no hacer causa política de los temas relacionados con el terrorismo. Cuando las negociaciones fracasaron -al parecer más por desacuerdo de ETA/Batasuna con el PNV y EA que por otra razón- nadie celebró el ‘fracaso del Gobierno’ (así es como lo llamarían hoy los ‘populares’). Se había intentado y no se había logrado. Eso era todo. A continuación los socialistas suscribieron acríticamente toda medida que el Gobierno les puso delante contra el terrorismo. Lógicamente, hoy se sienten traicionados por la actitud de quienes contaron en todo momento con su lealtad.

¿De qué se trata en definitiva? ¿Qué pretende el PP con sus mentiras, intoxicaciones, alarmismos y deslealtades? Dice Rajoy que no se va a mover ni un milímetro en dos temas concretos: España y el terrorismo. No es nada nuevo, por cierto. La derecha siempre ha hecho un uso demagógico y electoralmente muy rentable de ambos conceptos, que tienen un alto componente sentimental e irracional. Incluso el golpe del 23-F intentó justificarse sobre ambos pilares.

Pero lo que la derecha quiere, lo que en realidad le preocupa, es el poder, ‘su’ poder. Lo que necesita es recuperarlo cuanto antes y para ello tiene que argumentar que está en malas manos, en las de la ‘antiespaña’ ejemplificada por los republicanos separatistas de ERC, que quieren romper la unidad nacional, y en las de un Gobierno débil, sin programa y sin rumbo, dispuesto a ceder lo que sea para seguir siendo el Gobierno.

Para el PP no sólo es importante seguir agitando los fantasmas de todos los miedos y todas las insidias que considere útiles a sus fines, sino que es crucial impedir toda posibilidad de que concluya el conflicto vasco, no sólo porque sería un éxito histórico para el PSOE, que les alejaría a ellos de La Moncloa por más tiempo del que juzgan tolerable, sino porque, con el fin del terrorismo, perderían una de las banderas de la que han hecho un uso partidista tan rentable como abusivo. Para ellos todo vale.

Las cuatro bombas que ETA ha detonado la pasada madrugada en empresas de Guipúzcoa seguramente harán feliz al PP. Los extremos se tocan.

13 mayo, 2005

Nuevo fracaso de 'La Sombra'

Es tranquilizador considerar las encuestas difundidas hoy acerca de la valoración que los españoles han hecho del desarrollo del debate sobre el estado de la nación. Los sondeos encargados por El Mundo y la SER dan a Zapatero como claro vencedor, con una diferencia de 19 puntos, según el primero, y de 21, según la cadena radiofónica. Es tranquilizador, digo, porque pone en evidencia que la mayoría de los españoles rechaza el discurso del miedo, expuesto con tintes apocalípticos por Rajoy, y apoya el diálogo y la tolerancia.

Y no es sólo que Rajoy se haya equivocado personalmente, sino que el PP anda errado en su estrategia lo que prueban esas encuestas. Cargar las tintas puede ser útil para mantener prietas las filas en el interior de un partido que ha mordido el polvo electoralmente, aunque en este caso parece ser que el discurso sorprendió por su tono y su extrema dureza a los propios parlamentarios ‘populares’, pero intentar crear alarma social más allá de lo verosímil se sustancia con frecuencia en falta de credibilidad.

Si se acusa al presidente del Gobierno de haber “sembrado España de crispación” y los ciudadanos no perciben tal crispación más que en el propio discurso de quien ejerce la acusación se está tirando gruesas piedras contra el propio tejado. Si se argumenta que el Ejecutivo está vendiendo el Estado en almoneda cuando simplemente se inicia el planteamiento de una redefinición de la política territorial que el propio acusado insiste en condicionar a la intocabilidad del principio solidaridad, se está poniendo el carro delante de los bueyes de modo descarado. Si se rompe el pacto antiterrorista so pretexto de que el Gobierno no ha hecho lo que su cuestionador le exigía (instar sin visos razonables de éxito la ilegalización del PCTV) no se puede pretender convencer a nadie de que es el Ejecutivo quien ha roto el pacto.

Pero cuando se llega a la indecencia de formular la acusación de “traicionar a los muertos”, víctimas del terrorismo, es inevitable que hasta el más idiota y hasta el más fiel votante del PP considere que ese es un golpe bajo -más que bajo, rastrero- y que no sólo se está jugando sucio sino que se está jugando mal; que el tren de la ‘leal oposición’ se ha pasado siete pueblos en su frenética representación de un apocalipsis que sólo existe en sus deseos. La pesadilla de una España rota, roja, radical y claudicante ante el terrorismo es un “desideratum” metemiedos que, definitivamente, no funciona. La utilización partidista del terrorismo y de sus víctimas no sólo es una traición al pacto antiterrorista, sino también una inmoralidad imperdonable y como tal es percibida.

Y luego está el tono. El pésimo actor Rajoy leyó su diatriba con un acento declamatorio, sobreactuado, a ratos melodramático, a ratos sarcástico, ora jactancioso ora victimista. Parecía, en su exceso y falta de convicción, la caricatura alucinante de un político mendaz, truculento y patético, en definitiva. Si el líder de la oposición no labró su tumba política en este debate ya no lo hará jamás. Los pasos dados hacia el abismo del desencuentro no son reversibles, no al menos por él ni por quienes le acompañan de modo más visible (Acebes y Zaplana) en el despropósito. Una rectificación, ahora o más tarde, minaría aún más su crédito.

Rajoy tiene ya el marchamo del personaje trágico, sometido a designios que le son ajenos, interpretando hasta el borde del ridículo a un personaje con el que no se identifica y destinado a arder en las llamas de un infierno generado por el rencor, la intolerancia y la rabia de otro personaje empeñado en mover los hilos en la sombra y convencido de que consumará la venganza contra su propio fracaso creando alarma por medios artificiales, generando insidias insostenibles y patrimonializando en beneficio propio una idea de España que es netamente preconstitucional, o sea, franquista. Es lo que yo llamo “la España del casero”, perpetuamente inquieto por el uso de ‘su propiedad’ y siempre indignado con los inquilinos, que reciben a extrañas amistades, no cierran bien los grifos o ponen demasiado alta una música insoportable para sus oídos.

Por supuesto que hablo de Aznar. Él es sin duda el autor intelectual del discurso catastrofista de su esforzado Pulchinela. Fue su sombra lúgubre la que sobrevoló el hemiciclo durante la “actuación” de Rajoy. Tanto que el propio presidente del Gobierno, en un lapsus casual o deliberado, se dirigió al actor usando el nombre del autor. Ahora, cuando el caudillo sombrío valore las encuestas, quizás tenga que admitir que su rumbo invariable de colisión y su empeño en alimentar el motor de la máquina con insidias, alarmismos gratuitos y mentiras es un error de cálculo político gravísimo. Quizás le asalten las dudas. O quizás no, porque se trata de un personaje empecinado, irreductible, autárquico y con un elevado concepto de sí mismo, que en nada se corresponde con su mediocridad real.

Tal vez, en definitiva, alguien que todavía tenga la cabeza sobre los hombros en el PP debería instarle -con sumo respeto eso sí- a que deje de jugar en la sombra con el futuro del partido y con el de su propio país y se limite a jugar con su Fundación, hasta convertirla en el 'imprescindible' faro ideológico de Occidente. O que vuelva al primer plano de la política y encaje directamente los varapalos, como el que se deduce de las encuestas difundidas hoy. El riesgo de tal osadía es el de ser arrojado definitivamente a las sombras. Como diría el propio Rajoy, “ya le conoces”.

Qué pena.


10 mayo, 2005

Aniversarios silenciados

Hace hoy poco más de 11 meses La Espiral glosaba los fastos del 60 aniversario del desembarco de Normandía desde la perplejidad de que se centrasen casi exclusivamente en la exaltación de la ‘providencial’ y liberadora intervención estadounidense e ignorasen que fue en realidad la URSS quien derrotó a la Alemania nazi y que lo hizo a costa de la pérdida de más de 20 millones de vidas y de un inenarrable sufrimiento de su población. Ayer, en Moscú, durante los actos de celebración del final de la guerra, Putin expresó con claridad meridiana y sin complejos esa verdad histórica. Y lo hizo en presencia de quienes perpetraron en junio de 2004 la comedieta de Normandía, que intentó ser la escenificación de una reconciliación por sucesos más recientes: el desacuerdo de Francia y Alemania con Estados Unidos y Gran Bretaña sobre la guerra de Irak.

2005 es año de efemérides cruciales e inevitablemente lo está siendo también de manipulaciones interesadas. La mayor de las tergiversaciones es la del silenciamiento, combinada o no con subrayados ‘oportunos’ de otros hechos destinados a desviar la atención de los que se silencian. Los medios de comunicación de masas son el escenario y resulta muy revelador el análisis de qué es lo que se silencia y lo que se subraya.

Por ejemplo, se ha silenciado el 60 aniversario del bombardeo de Dresde, la acción militar más brutal y destructiva de la segunda guerra mundial si se descuentan Hiroshima y Nagasaki. El 13 y 14 de febrero de 1945 los aliados volcaron un infierno de fuego y destrucción sobre la ciudad que era conocida como “la Florencia del Elba”. Los cálculos más modestos estiman en 35.000 el número de muertos, pero en general se admite que nunca se sabrá con exactitud. El uso sistemático de bombas incendiarias de fósforo provocó temperaturas de hasta 1.000 grados, nivel al cual los cuerpos humanos simplemente se esfuman. Ocioso es decir que el valioso patrimonio artístico y arquitectónico fue totalmente destruido.

¿Cuál fue la causa de tal exceso precisamente cuando Alemania estaba prácticamente derrotada? Más allá de toda lógica, los aliados argumentan que se pretendía destruir la infraestructura industrial de la ciudad y su nudo de comunicaciones, así como hundir definitivamente la moral de la población alemana, desaconsejando toda resistencia. La verdad se inclina mucho más, sin embargo, del lado de quienes interpretan el desproporcionado bombardeo que durante dos días redujo a cenizas la bella ciudad alemana como una advertencia a los soviéticos. Fue una gigantesca exhibición de potencia de fuego destinada a prevenir toda tentación de Stalin de 'comerse' la Europa occidental en su irrefrenable avance.

En cuanto a subrayados excesivos, destinados a desviar la atención de aniversarios más recientes y conflictivos, es paradigmática la utilización inmoderada que se ha hecho del suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945. Pese a ser una historia mil veces relatada, los medios han vuelto a hacer un notable despliegue para recapitular hechos y circunstancias que la inmensa mayoría de la población mundial conocía ya con un detalle del que carece, en general, respecto a casi todos los acontecimientos históricos. Esa efemérides coincidía, exactamente, con la entrada de las tropas norvietnamitas en Saigón hace 30 años, aniversario que fue minimizado o, en el peor de los casos, ignorado.

Se trataba de evitar mentar la soga en la casa del ahorcado. Evocar el fracaso y la derrota de las tropas estadounidenses en su lucha por evitar que Vietnam del Sur se incorporase al 'lado oscuro' parece no ser de buen gusto. Vietnam recuerda excesivamente a Irak, pese a que la implicación del ejército estadounidense en este caso ha sido mucho más prudente. Tras la “drôle de guerre” que casi convirtió la derrota de Sadam Hussein y la entrada en Bagdad en un paseo por el campo, las tropas permanecen en su mayoría y la mayor parte del tiempo acuarteladas. Su despliegue se limita a acciones puntuales y ventajosas, a veces también vergonzosas, como la desarrollada en Faluya. El resto del tiempo sus patrullas practican la conocida táctica de los poseídos por el pánico: disparar primero y preguntar después.

Son los iraquíes (ejército y policía) los que en mayor grado sufren las consecuencias de una guerra interminable en la que los supuestos “derrotados” utilizan con ventaja y desmoralizadora contundencia las guerrillas y el terrorismo. En Vietnam EE UU tardó en aprender que el único modo de reducir sus propias bajas era la “vietnamización” de la guerra. Hacerlo fue, de hecho, el reconocimiento adelantado de la derrota. La “iraquización” se adoptó, sin embargo, desde muy pronto. Se quería evitar que, como en el sudeste asiático, el flujo de los ataúdes repatriados motivase un replanteamiento en la opinión pública acerca de la “justicia” y la “necesidad” de esa guerra, impuesta sobre la base de mentiras. Se prohibió, incluso, todo documento gráfico que explicitase la muerte de soldados estadounidenses.

Pero la guerra sigue y no tiene visos de cesar, pese a la implantación de un sistema supuestamente democrático, al que es ajena la importante minoría suní, a la que pertenece Sadam Hussein. Todo indica que lo que la política estadounidense no aprendió de la experiencia de Vietnam es la absoluta inconveniencia de injerirse en asuntos externos con pretextos falsos. Recientemente, el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, Richard Myers, advertía ante el Congreso estadounidense que la implicación que actualmente mantiene el ejército en Irak y Afganistán compromete gravemente la posibilidad de intervenir con éxito en cualquier otro conflicto. Trascendental consideración para un país cuyo presidente parece estúpidamente empeñado en multiplicar los escenarios bélicos.

Aún hay otro significativo aniversario –ignorado totalmente éste- coincidente con las fechas del suicidio de Hitler y la caída de Saigón. El 28 de abril de 1965 22.000 marines desembarcaban en las playas de Santo Domingo para -ese era el pretexto- proteger y rescatar a sus compatriotas residentes en la República Dominicana. El objetivo real era impedir la victoria de una sublevación militar y popular que pretendía reponer en la presidencia a Juan Bosch, vencedor en las elecciones de 1962 y derrocado a los siete meses por un ‘putsch’ al que Washington no fue ajeno en absoluto. La ‘aventura’ casi impune de los infantes de marina costó la vida de 5.000 dominicanos que intentaron impedir la invasión. Eso fue hace 40 años, pero los estadounidenses quedaron tan satisfechos con la empresa que la repetirían más tarde en el mismo marco caribeño: Grenada y Panamá.

A partir de aquellas intervenciones impunes -y de bajo coste en cualquier sentido- surgió y se afirmó progresivamente un “cambio de espíritu” en la opinión pública estadounidense, que pasó de rechazar todo intervencionismo a apoyarlo a la menor insinuación justificatoria. Así, y gracias al síndrome del 11-S y a una gigantesca operación de intoxicación, ha sido posible el aplauso, ahora más bien tímido, a la intervención en Irak.

En la secuela de silenciamientos y subrayados a la que venimos asistiendo sólo nos queda esperar a agosto, cuando se celebrará (supongo) el final de la segunda guerra mundial en el Pacífico. Seguro que se intentará pasar de puntillas sobre la barbarie nuclear que condujo a Japón a la rendición incondicional. Si así fuera estaríamos ante una realidad muy peligrosa porque el armamento nuclear sigue constituyendo la mayor amenaza para la humanidad. El hecho de que esté en manos de países históricamente enfrentados, como India y Pakistán, o de otros que se sienten acosados, como Israel o Corea del Norte, constituye motivo más que suficiente para una pesadilla cotidiana a la que, sin embargo, permanecemos ajenos.

El 6 de agosto de 2005, fecha del primer ataque nuclear, debería ser una fecha histórica que marcase el punto de inflexión en el rumbo suicida de la humanidad; el origen de un “nunca más” planetario que condujera a un firme compromiso internacional para el desarme nuclear generalizado. Pero seguramente será otra cosa muy diferente, si es que el trágico aniversario es evocado como algo más que una fecha previa al final definitivo de la guerra.


06 mayo, 2005

Relatividad democrática

Tal vez debería hablar hoy de Blair, de su victoria pírrica, de su éxito-fracaso, de la relatividad de una democracia como la británica, que permite que un partido que ha cosechado poco más de ocho millones de votos de un total de cuarenta y cuatro (de los cuales el 43 por ciento renunció a votar) alcance la mayoría absoluta y mantenga, contra el criterio de su pueblo y contra la legalidad objetiva, tropas británicas en territorio iraquí, tras haberlas enviado allí sobre la base de enormes y deliberadas falsedades.

Pero no, no voy a hablar de Blair, cuya victoria -lamentablemente- estaba cantada, y sí de la relatividad democrática. Y lo hago a la vista de la intervención, ayer, del ‘vitalicio’ presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, en el Club Siglo XXI. El castizo demagogo, que lleva 22 años gobernando la comunidad más deprimida del país en nombre del PSOE sin otros méritos que un rampante y trasnochado populismo y una ‘filosa’ blindada y a prueba de rubores, acostumbra a irrumpir en la política nacional con un impropio lenguaje tabernario y patriotero. Pega cuatro ladridos enardecidos contra los nacionalismos “insaciables” y regresa a su cortijo con la autoestima reforzada -y también la expectativa de voto- tras recibir los parabienes de tirios y troyanos (PP y PSOE) y las invectivas de los aludidos.

Después de la introducción al tema hecha la víspera, con su admonición a los nacionalistas catalanes de “que se metan los cuartos...”, muy en el estilo que le ha hecho famoso, la conferencia del ‘bellotari’ prometía. Y no defraudó. Rodríguez Ibarra sacó del baúl de los recuerdos y volvió a enarbolar ‘su idea’ de establecer como filtro contra la presencia de los nacionalistas en el Parlamento central la exigencia de lograr el cinco por ciento del total de los votos emitidos en todo el Estado. Genial, ¿no?

Por si no bastase con la vigencia de una Ley Electoral que prima descaradamente a las mayorías y condena a las minorías a la desaparición o a una existencia anecdótica, este genio de la política, demócrata-de-toda-la-vida, quiere dejar fuera del Congreso de los Diputados a los representantes de la mitad de la población. Y no se le mueve un músculo, ni se le cae la cara de vergüenza, ni recibe la reprobación de nadie que no sea nacionalista. “Este país -argumenta ‘democráticamente’- no puede depender de una minoría minoritaria”.

¿Depende este país de una minoría minoritaria? Pues no. Esa es la lectura interesada de la situación que acostumbra a hacer el PP (significativa coincidencia), pero lo cierto es que el Gobierno del PSOE tiene la sartén por el mango y el mango también. Sus socios nacionalistas ladran (como el propio Ibarra, otra coincidencia nada casual) pero no muerden. Sencillamente: nadie muerde la mano que le alimenta o él cree que le alimentará. Ni siquiera el propio Ibarra, cuyos exabruptos van dirigidos al consumo interno de sus ‘ilusionados’ seguidores y votantes.
En la representación (teatral, que no democrática) a la que los españoles asistimos, el discurso nacionalista del “queremos más”, “nosotros decidimos”, “el que paga recauda y distribuye”, etc., tantas veces unido a la amenaza incumplida de romper la baraja, harta y mosquea a muchos, especialmente cuando, como en el caso vasco, se intenta hacer pesar en la balanza la amenaza del terror. Sin embargo, desde el punto de vista democrático, que el caudillo extremeño parece tener enormes dificultades para adoptar, todo el mundo tiene derecho a exponer su discurso, a reclamar lo que considera (o finge considerar) justo, a defender sus posiciones, por irrazonables o injustas que parezcan. Es ese principio el que le permite al líder extremeño decir lo que dice.

El discurso democrático, asumible o no en sus términos según quien los considere, fluye y tiende al diálogo, al pacto. El silencio forzado, sin embargo, propende de modo natural y comprensible al estallido. Con ‘su’ filtro del 5%, Rodríguez Ibarra pretende relativizar aún más la relativa democracia que tenemos y condenar al silencio a los representantes de una gran parte de la población del Estado. Supongo que él mismo sabe que tal medida no puede ponerse en práctica sin provocar una gran convulsión. Pero lo dice. Y no sólo lo dice impunemente, sino también entre aplausos, lo cual es inquietante.

Este país y cualquier otro digno de ser llamado democrático no sólo no necesita filtros y recortes de la representatividad, sino que precisa todo lo contrario. En pleno siglo XXI, con la instantaneidad de las comunicaciones, el imperio de la informática y la puerta de Internet abierta a todo el planeta, lo lógico sería una profundización en la democracia que hiciera real un cierto grado de participación ciudadana, permanente y directa, en la política, tanto a nivel local como nacional, que los medios mencionados facilitan y potencian más que nunca.

Mientras sigamos habitando esta democracia trucada y minimizada será posible que alguien conduzca a la guerra a un país pese a las evidencias del rechazo popular. Será posible que -como en el caso de Bush y Blair- sean reelegidos quienes mintieron a la ciudadanía y manipularon su opinión y sus sentimientos. Y será posible que ‘triunfen’ discursos nacionalistas demagógicos y electoralistas como el de Rodríguez Ibarra y el de aquellos a quienes apostrofa.

Un pequeño progreso democrático en este país sería -pongamos por modesto ejemplo, aunque le moleste a Rodríguez- que se limiten por ley los mandatos en todo cargo de representación, desde la presidencia del Gobierno hasta la más modesta concejalía. Tres legislaturas consecutivas es más que suficiente. Eso daría credibilidad a un sistema que padece una inquietante tendencia al nepotismo, al clientelismo, al tráfico de influencias o al nefasto ‘tresporcientismo’.

Sería sólo un paso, pero es con un paso como se inicia la marcha.




28 abril, 2005

¿Una Iglesia libertaria?



Con el juicio con que juzguéis seréis juzgados
y con la medida con que midáis se os medirá.

Jesucristo en el Sermón de la Montaña

Debo admitir que nunca imaginé que llegase el día en que viera a la iglesia católica proponer la objeción de conciencia y la desobediencia civil con tanta decisión y nitidez como lo ha hecho en estas fechas. La afirmación del cardenal Ricard Maria Carles en el sentido de que "Obedecer antes la ley que la conciencia lleva a Auschwitz" me parece impecable, aunque yo habría añadido que también lleva a Hiroshima y Nagasaki, sólo para equilibrar mínimamente las referencias al horror en la guerra más despiadada que ha conocido la humanidad.

Todo lo que sea “obediencia debida” al mandato del Estado o a cualquier otro poder temporal ha sido, es y será una fuente permanente de males y desgracias. El hombre debe ser responsable de todos sus actos y no ampararse en la coartada de que fue obligado a hacer algo contra su conciencia. En eso consiste la libertad, o, mejor dicho, en eso consistiría si existiera. Totalmente de acuerdo con monseñor.

El problema es que, viniendo de donde viene la 'libertaria' afirmación y dada su limitada validez (se refiere sólo al derecho de los servidores católicos del Estado español a objetar frente al matrimonio homosexual) considero imprescindible hacer y hacerme unas cuantas significativas preguntas:

-¿Pretende monseñor Carles, y a través de él el Vaticano, dar validez universal a su afirmación de la supremacía que la conciencia personal tiene sobre las leyes del Estado?

-¿No es más cierto que cuando habla de conciencia se refiere sólo a la conciencia católica y, dentro de ella, a la caracterizada como más integrista y reaccionaria?

-¿Por qué nunca alentó ni dio apoyo a aquellos de sus fieles (o no fieles) que en este país objetaron frente al servicio militar obligatorio y conocieron las cárceles por ello? ¿No fue Jesucristo un pacifista? ¿En qué estaba pensando Pío XII cuando bendijo los cañones de Mussolini?

-¿No es cierto que la iglesia católica española mantiene una alianza estratégica con el Partido Popular hasta el ridículo extremo de hacer a Juan Pablo II pronunciarse, en sus últimos días, contra la política hidráulica del Gobierno actual?

-¿No tuvo ni tiene esta iglesia nada que decir respecto a la participación de España, por decisión exclusiva del PP, en la guerra de Irak, una de las más injustas que haya conocido la historia? ¿Acaso formaba parte de una Cruzada contra el infiel bendecida por el Espíritu Santo, al que atribuyen sus “inspiraciones”? ¿Debemos atribuir también al Espíritu Santo sus elocuentes inhibiciones y complicidades?

-¿Tiene algún sentido para esta Iglesia la afirmación “ninguno puede servir a dos señores” (Mateo 6, 24-33)?

Nada más. Por ahora.


27 abril, 2005

Un puñetazo en la nariz

“La educación es la mejor política económica que existe”. Esta frase reza como introducción a la sintética biografía de Tony Blair disponible en la web del 10 de Downing Street. Ese 'pensamiento', tan evasivo como sugestivo, es un ejemplo típico de la dialéctica del primer ministro británico: marrullera, llena de fuegos de artificio y... sumamente eficaz. Si algo bueno cabe decir del hombre que rige los destinos de Reino Unido desde 1997 es que es un gran comunicador, de verbo fluido, claro y convincente. Otra cosa es que esa bondad se dedique al bien, que no.

Precisamente de educación (o sea, de política económica, permítaseme la ironía) trataba de hablar ayer T. B., que visitaba una escuela dentro de su campaña electoral, cuando la prensa le aguó la fiesta. La cuestión candente para los medios informativos no era la educación y mucho menos la política económica neoliberal del presunto “socialista” que aspira a su tercera reelección con amplias posibilidades de éxito, según las encuestas.

Lo que interesaba ayer a toda Gran Bretaña era saber qué tenía que decir el habilidoso y triunfante primer ministro sobre el sonoro portazo que el diputado Brian Sedgemore había dado al Partido Laborista después de 37 años de militancia, precisamente por culpa de la política de su “jefe”, y el demoledor contenido del artículo publicado por aquél en “The Independent”. Blair no entró al trapo. Vino a decir algo así como que todos tenemos nuestro propio trasero y nuestra propia opinión.

Ya se sabe que un diputado en una democracia al uso es muy poco más que un tipo que aprieta un botón a la orden de ya, para lo cual sólo son precisas tres cosas: estar presente en la Cámara, hallarse despierto y tener un estómago blindado (según cuales sean las circunstancias). Pero cuando una máquina de votar se harta de hacerle el juego a una política que no comparte puede provocar mucho ruido y ser muy perniciosa para el liderazgo del partido, especialmente en plena campaña electoral. Ese es el caso de Sedgemore.

El disidente no se conformó con anunciar su paso a las filas del Partido Liberal Demócrata, sino que pidió al electorado británico que le propine a Pinocho-Blair un fuerte puñetazo en la nariz, tan fuerte como para hacerle sangrar (“to give him a bloody nose” es lo que dijo en la lengua de Shakespeare). Pero dijo más. Calificó de “mentiras nauseabundas” las “clamorosas verdades” que Blair instrumentó para justificar la participación del ejército británico en la guerra de Irak. Y dedujo con lógica cartesiana que "si Blair está dispuesto a mentir para llevarnos a la guerra, está dispuesto a mentir para ganar unas elecciones". Obvio. Es más fácil y habitual.

El personal puñetazo en la nariz de Sedgemore coincidía con la divulgación de algo que Blair había tratado de mantener en secreto: el informe del Fiscal General, Peter Goldsmith, en el que exponía serias dudas sobre la legalidad de la intervención armada en Irak de acuerdo con el Derecho Internacional. Ambas cosas son un torpedo en la línea de flotación de la campaña laborista. Blair creía haber tenido éxito en sacar del temario su controvertida decisión de poner a disposición de Estados Unidos un nada pequeño contingente de tropas, pero es inútil ocultar los muertos bajo la cama. La guerra sigue, las tropas británicas no han sido repatriadas, las decenas de muertes causadas diariamente por la insurgencia aumentan, la democracia iraquí es una ficción. A la mentira se suma el fracaso.

Debería haber sido el propio Partido Laborista quien castigase a T. B., pero, pese a que el disenso respecto a la guerra de Irak es notorio en su seno, dista de ser mayoritario. Tras 18 años de abstinencia del poder, nadie quiere molestar y mucho menos retirar al ‘becerro de oro’ que lleva camino de marcar el hito histórico de una tercera legislatura en el Gobierno. Así pues, tendrían que ser los ciudadanos británicos quienes castigasen las mentiras, la manipulación y la traición del primer ministro.

¿Será posible llegar a ver a Blair con la nariz sangrante, como quiere Sedgemore? Ciertamente sí, pero no es muy probable. Los sondeos no dejan lugar a dudas sobre la distancia que separa la intención de voto a los laboristas de las restantes opciones. Paradójicamente el optimismo que se desprende de las encuestas no deja de inquietar a su beneficiario. Los laboristas temen que tales augurios “relajen” el voto útil, alejando de las urnas a aquellos de sus habituales votantes más descontentos con su política. Perder el voto útil puede equivaler a perder las elecciones.

Y yo digo amén, que quiere decir así sea. Si el voto no sirve ni para castigar a quienes gobiernan con mentiras contra la voluntad y los intereses de sus ciudadanos, a despecho de las vidas propias y ajenas, esta 'infantodemocracia' no sirve para nada. Blair es un paradigma del político farsante. Su éxito será nuestro fracaso, seamos británicos o no.

18 abril, 2005

Cambio en Euskadi

La situación creada por la composición parlamentaria resultante de las elecciones en el País Vasco es ciertamente “compleja”, como ha dicho el candidato del PSE, Patxi López, pero no mucho más de lo que lo ha sido en algunas ocasiones precedentes. A cambio, los comicios han proporcionado una instantánea gráfica real del espectro ideológico vasco que sin la participación del PCTV, destinatario de los votos de Batasuna, no habría sido posible.

Las cosas están como están y no de otra manera. Y es bueno saberlo y asumirlo. Saber es siempre mejor que no saber; juzgar es mejor y más útil que prejuzgar; negociar es más razonable que romper la baraja o consentir que alguien haga trampas. Siempre he creído que la ilegalización de Batasuna, además de un exceso jurídico de difícil justificación, fue un error político. Las realidades no son abolibles y el silenciamiento político de un porcentaje nada insignificante del pueblo vasco redunda en el establecimiento de una situación antidemocrática que en nada facilita el diálogo ni la moderación.

Por otra parte, los intentos de rentabilizar la ausencia electoral de Batasuna han fracasado. Primero el PP vio frustrado su propósito de que los constitucionalistas sustituyeran en el poder a los nacionalistas. Ahora es el PNV quien fracasa en su intento de vender un sucedáneo soberanista inverosímil y pretencioso denominado “plan Ibarretxe”. Y digo el PNV, por que su socio de coalición, EA, ha conservado los siete escaños que logró en 2001. El castigo, pues, iba directamente destinado a Ibarretxe. Aunque fuera de farol, su desafío de convocar un referéndum “porque los vascos decidimos” ha inquietado a los nacionalistas moderados, que no quieren más bronca e incertidumbre de la que ya se han habituado a soportar

¿Cómo interpretar el crecimiento del voto a Batasuna, vía EHAK (o PCTV en castellano)?, se preguntan muchos. Desde luego no como un apoyo a ETA, que es la lectura deliberadamente alarmista que hace el PP, coherente siempre (¿quosque tandem?) con la política frentista instrumentada por Aznar. Ese crecimiento es, sobre todo, consecuencia de dos hechos: 1) el propósito dialogante y la insinuación de que las armas pueden callar para que se imponga el diálogo que Otegui planteó en Anoeta y 2) la reacción entusiasta a la libertad para votar precisamente esa opción política y fortalecer esa esperanza por parte de unos radicales cada vez más unidos en la convicción de que la lucha armada es un camino hacia ningún lugar y de que ese 'no lugar' se llama frecuentemente frustración, cuando no fracaso.

La expectativa de la paz ha sobrevolado la campaña electoral vasca en mayor grado que nunca. Los rumores, nunca confirmados, de que el diálogo ya se ha iniciado han generado esperanza incluso en quienes condenan ese diálogo. El cambio de gobierno en Madrid se ha dejado sentir profundamente en Euskadi. El ejemplo de Cataluña, aunque por ahora no sea más que teoría, ha sido estimulante. La esperanza ha empezado a tomar forma. Y el crecimiento del PSE, junto a la caída del PNV y el PP -anclados en la confrontación, como en la era Aznar- es muy elocuente al respecto.

A partir de aquí todo está por escribir, pero no parece inverosímil un pacto de Gobierno entre el PNV y el PSE, que facilitaría no sólo el escenario de gobernabilidad más sólido, sino también la posibilidad de una reforma estatutaria pactada por una amplia mayoría, como ha propuesto Rodríguez Zapatero, y la dificilísima negociación con ETA que se prevé, dada la insistencia de la banda armada y de su brazo político en obtener contrapartidas políticas que de hecho son innegociables a cambio del cese de la violencia.

Hay muchas cartas ocultas en el juego, muchas variables apenas enunciadas. Seguramente en los próximos meses empezarán a salir a la luz. Mientras tanto, paciencia y barajar. Eso es, probablemente, lo que se dice a sí mismo Rodríguez Zapatero, quien, tras su primer año de Gobierno, parece bendecido por la diosa Fortuna.

17 abril, 2005

Wojtyla Superstar


Cuando alguien, durante los últimos días, me preguntaba por qué no escribía sobre el Papa yo respondía invariablemente que no quería contribuir a la saturación imperante y que tampoco tenía nada demasiado interesante que decir; nada que, aquí o allá, no se estuviera diciendo ya con mayor o menor eco. Ahora que no llueve tanto (y hay que admitir que ha sido una gigantesca inundación) tal vez sea el momento de decir unas cuantas cosas a título de esquemático balance y prospectiva.

Para mi lo más chocante (entiéndase chocante como lo más próximo a la expresión inglesa “shocking”) no ha tenido que ver con el propio Papa ni con la Iglesia católica en sí misma, sino con la fagocitación mediática indiscriminada que se ha hecho del fallecimiento del jefe de la fe más extendida en el planeta. Y no se trata sólo del récord orgullosamente aireado por la TVE-1 controlada -se supone- por el ‘laico’ Ejecutivo español. Ha sido un fenómeno global y desmesurado en todos los medios y muy especialmente en los audiovisuales.

¿Por qué tanto despliegue, sobre todo en lugares que no son precisamente de mayoría católica? En primer lugar, porque no se trataba de fe, sino de espectáculo. Era una ocasión “de libro” para rentabilizarla mediáticamente. La grandiosidad del Vaticano, la pompa y el boato de los rituales, la parafernalia vestimentaria anacrónica, las peculiares tradiciones “post mortem”. Todo era puro cine, o pura televisión, pasto para la mirada, motivo de admiración y expectación, especialmente sumado a la movilización masiva de fieles que se escenificó en la Plaza de San Pedro en particular y en la ciudad de Roma en general.

Los miles de kilómetros de filmaciones sobre el Papa más viajero, beatificador y mediático de la historia, realizadas a lo largo de un cuarto de siglo, facilitaban la tarea, preparada, de hecho, con antelación de años, dadas las alternativas de salud del pontífice. Hasta sus últimos días, el actor que fue Karol Wojtyla se ofreció como espectáculo a la humanidad, intentando en dos ocasiones forzar el milagro de hablar cuando obviamente no podía hacerlo. El “show” estaba servido: una gran superproducción por un coste casi ridículo. Pocas televisiones del mundo se resistieron a la tentación.

Para muchos esto ha sido un gran éxito de la Iglesia católica y de su extinto pastor. Desde mi punto de vista es en realidad una derrota que habla elocuentemente de sí misma por medio del propio exceso mediático, como lo es para cualquier objetivo que se precia de serio su vecindad con el “show bussiness”, su esencial trivialización. Otra cosa es que, desde la lógica del “todo es bueno para el convento”, que es la imperante en la Iglesia de la era Wojtyla, prevalezca la valoración de la cantidad de la audiencia alcanzada sobre la calidad del mensaje transmitido.

Y a eso vamos, a analizar la filosofía mediática de un pontificado que si en algo ha sido revolucionario es en el uso de los medios de comunicación de masas. Juan Pablo II no sólo es el Papa más fotografiado, filmado y grabado de la historia. Es también el Papa superstar, el hombre multimedia, que escribe, canta, actúa y hace giras que serían la envidia de cualquier estrella del “rock”. Al igual que éstas -e incluso por encima de ellas-, sus espectáculos son masivos y la escenografía está cuidada hasta el último detalle, con una grandiosa sobriedad destinada a convertir al Papa y a su audiencia masiva y enfervorizada en imágenes tentadoras para cualquier informativo televisivo.

¿Es eso el éxito del mensaje evangélico o el éxito de la estrella mediática Wojtyla? Me temo que es mucho más lo segundo que lo primero. Tal vez el medio no sea el mensaje, contra lo que propone Marshall Mac Luhan, pero el medio altera, condiciona o corrompe el mensaje. De ese modo, nos encontramos con una Papa que ha hecho de su propio icono y de sus gestos calculados su auténtico magisterio popular, seducido él mismo por una “adoración” orquestada generalmente por las instituciones religiosas neoconservadoras a las que potenciaba.

Si durante sus primeros años de gobierno Juan Pablo II logró transmitir una imagen moderna, abierta y seductora, las evidencias de su doctrina y de su praxis no dejaron lugar a dudas, sin tardanza, de que entre las paredes del Vaticano se estaba realizando una minuciosa y matizada destrucción del espíritu alentado por el Concilio Vaticano II y un regreso deliberado a la Iglesia novecentista, la previa a la luz eléctrica y a los desafíos que el brutal y deslumbrante siglo XX planteó para siempre a las conciencias autosatisfechas, religiosas o no. Mucho ruido mediático y pocas nueces.

Los defensores del pontificado de Juan Pablo II acuden invariablemente a la letra, al contenido de ciertos discursos y encíclicas, para mostrar que el Papa fue coherente con el espíritu del Concilio Vaticano II. Pero una cosa es la letra (la teoría) y otra la música (la orquestación práctica). La música es claramente preconciliar. La letra puede ser considerada, en algunos aspectos, progresista. Y no podría ser de otro modo, si se tienen en cuenta la esencia del mensaje de Jesucristo, el derecho natural y la eternización de situaciones desesperadas como el hambre, la opresión y la sobreexplotación de los seres humanos en todo el mundo, así como la necesidad de mostrar coherencia con la doctrina previa.

La verdad de la larga era Wojtyla no se detecta en la teoría, sino en la práctica. Y no sólo en la práctica del Papa, sino en la del conjunto de la institución multinacional que gobierna. En ese terreno no queda lugar a dudas respecto a la esencia real de uno de los pontificados más largos de la historia. Lo esencial de esa era ni siquiera puede ser considerado como de mero estancamiento, sino de evidente y voluntaria regresión. De la mano de Wojtyla, la Iglesia no sólo sigue sin dar respuesta a los desafíos planteados a la conciencia contemporánea por el avance de la ciencia y la persistencia de situaciones de miseria e injusticia que desafían la comprensión y la resignación humana, sino que se ha enquistado y blindado en lo más reaccionario e integrista de su tradición.

Ahora, cuando los objetivos de miles de cámaras se dirijan obsesivamente, en sesiones de mañana y tarde, hacia una pequeña chimenea del Vaticano y se reiteren las dudas sobre si el humo es blanco o no, la pregunta que se harán millones de católicos frustrados es si esa gerontocracia que constituye el colegio cardenalicio ha comprendido o no lo que esperan de ella aquellos a quienes Jesucristo bendijo de modo tan especial e inequívoco en sus bienaventuranzas:

Los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz, los perseguidos por causa de la justicia, los injuriados y perseguidos con mentira y maldad por su fidelidad.

Yo no confío en ello en absoluto. No sólo porque tengo en cuenta la historia de la Iglesia y su realidad presente, sino porque el supuesto carisma de Juan Pablo II El Grande ha abierto un camino muy tentador para quien quiera eludir enfrentarse al drama esencial de una institución que, en su huida de la realidad hacia delante, cree haber encontrado en la mediatización y mitificación del Papa un instrumento eficaz de supervivencia.

07 abril, 2005

Patético Rajoy

He aquí dos ejemplos expresivos de lo que Rajoy considera que es ejercer la oposición con inteligencia, finura y ausencia de visceralidad, tal como reclamaba hace unos días a su partido, a raíz de la difusión del vídeo-bodrio-panfleto de la FAES, que es descrito por su amanuense como un documental (¡) y considerado por la esposa del autor intelectual como un “relato ordenado de los hechos” (¡¡¡):

1) “Ya ni siquiera reclamo que sea usted competente. Tampoco le pido que sea serio, porque parecería un reclamo imposible. Lo que le ruego encarecidamente es que, por lo menos, cuando ejerza usted como nuestro representante, recuerde usted que es español”.
2) "A no hacer nada con buen talante lo llama diálogo de civilizaciones; a la venta de armas, pasión por la paz; a disfrazar la realidad para engañar a los españoles lo llama progreso. Es natural que a vender los intereses de España por un plato de fotografías lo llame europeísmo”.

Estos párrafos ‘de oro’ están extraídos de la diatriba que el jefe de la oposición dirigió ayer en el Congreso contra el presidente del Gobierno en relación con los acuerdos alcanzados en la reunión del último Consejo Europeo, que, entre otras cosas, decidió poner fin al Plan de Estabilidad, aquel que le permitió a Aznar pavonearse con su superávit presupuestario y reclamar sanciones para Francia y Alemania por incumplirlo.

En la lectura de ambas muestras se puede detectar las siguientes acusaciones-insultos: incompetente, frívolo o superficial, antipatriota, inoperante, cínico sin escrúpulos, farsante, vendido o vendepatrias y ególatra o narcisista. Como muestra de un discurso inteligente, fino y cerebral no tiene precio. Se dice que Aznar ha renunciado a realizar la secuela de vídeo-libelos que proyectaba. A cambio -y mucho más barato- parece decidido a promocionar la intoxicación, el insulto y la chulería desgarrada en sede parlamentaria. Todo un progreso.

Cuando en la anterior ‘Espiral’ me cuestionaba la sinceridad del propósito de Rajoy de reconducir el estilo de hacer oposición del PP y, más allá de eso, la viabilidad de tal objetivo, no imaginaba que la respuesta a mis razonables dudas llegase tan pronto y por boca del propio sedicente “centrista reformista”. No cabe una contradicción tan inmediata ni en términos tan expresivos como la perpetrada ayer por el jefe de la oposición. De ello sólo pueden deducirse dos hipótesis, a cual más negativa: o Rajoy mentía al exponer tal meta o su partido (quien realmente lo dirige, quiero decir) le ha forzado a desdecirse.

El jefe de la oposición resulta a estas alturas un personaje patético, paralizado entre el querer y el no poder. Rehén de Aznar, que sus razones tendría para ‘digitalizarle’ como sucesor, y escoltado estrechamente por dos 'triunviros' que son la antítesis de lo que él dice ser, nadie sabe si viene o si va, si sube o si baja, si entra o si sale. Nadie sabe de qué va. Y es de temer que él tampoco. Aunque hay que admitir, a fuer de sinceridad, que nadie lo supo nunca.

Lo único evidente en Rajoy es que siente una pasión irrefrenable por el poder y que es lo suficientemente pragmático (por utilizar un eufemismo piadoso) como para orientar su vela a favor del viento dominante. Patético, ya digo.


01 abril, 2005

La mentira como verdad (o viceversa)


A quien va usted a creer, ¿A mi, o a sus propios ojos?

Groucho Marx

“La izquierda ya había sembrado las calles de odio y enfrentamiento”. Esa es una de las expresiones hiperbólicas que se deslizan en el video (*) que cierto Goebbels de vía estrecha ha elaborado bajo el dictado del presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) y ex presidente del Gobierno, José María Aznar. La frase parece extraída de la más rancia propaganda sectaria del siglo pasado e incluso del antepasado y se inscribe en la depurada e irresponsable trayectoria intoxicadora y manipuladora de Miguel Ángel Rodríguez (alias MAR), servil periodistilla que Aznar trasplantó de Valladolid a Madrid para elevarlo a la categoría de secretario de Estado de Comunicación de su primer gobierno.

MAR dirige hoy en día la productora Splendens (latín: esplendorosa. Casi nada) Ibérica, que es la autora del panfleto audiovisual fruto del reencuentro de dos viejos ‘colegas’ que perecieron políticamente por sus excesos en el uso del poder. En el caso de Miguel Ángel Rodríguez son especialmente notorias sus intrigas para acabar con Sogecable o sus amenazas al difunto editor Antonio Asensio (aquel tristemente famoso “te vas a enterar”). Aznar y MAR comparten un concepto monopolista del poder que pasa por la inescrupulosa convicción de que el fin justifica los medios. Ambos comulgan, igualmente, con la idea goebbelsiana de que un gran mentira, repetida con insistencia y convicción, se convierte en verdad indiscutible en la percepción de la gente. Para Goebbels la verdad era el mayor enemigo del Estado. Para Aznar y MAR la verdad es un enemigo personal. ¿Y para Urdaci? Dice el procaz y lenguaraz Jiménez Losantos que el guión es obra del patético ex “comisario político” del PP en TVE. Si no es broma, ¡qué tres patas para un banco!

Las horas que median entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 son la pesadilla de Aznar, que se la ha traspasado al partido que dirige en la sombra hasta convertirla en una razón de ser fundamental. Aznar y su partido saben que deben su derrota a la afirmación en aquellos días cruciales de que ETA, contra toda evidencia, era la autora de la brutal matanza del 11-M. Hacer creer que afirmaban tal cosa de buena fe y con base en indicios racionales es su caballo de batalla. Es consciente de que de otro modo la 'troika' sucesoria que él diseñó con la vista puesta en la continuidad del PP en el poder y de la suya en la teledirección se cae por su propia falta de crédito. El hombre que habló de los ‘hilillos’ del “Prestige”, el que afirmó que su presidente nunca había dicho que Irak poseía armas de destrucción masiva y el que, al borde del ataque de nervios, dijo primero “ha sido ETA" y más tarde “no se descarta la autoría de ETA” conforman una panoplia aspirante al poder que no admite que exista mejor defensa que un desproporcionado ataque.

Y esa es la cuestión, que el panfleto audiovisual no se conforma con reivindicar el honor cuestionado de un Gobierno, sino que se inventa una conspiración de largo recorrido temporal supuestamente destinada a sacar al PP del Gobierno. En ella se habrían unido en una inédita promiscuidad la izquierda parlamentaria y los antisistema (sic) y todo habría empezado en las movilizaciones contra la guerra de Irak, en las que coincidieron. Pero el blanco fundamental del ataque es Rodríguez Zapatero, que pasa de ser ninguneado como un inútil total a nivel político antes de las elecciones a ser descrito como una especie de Maquiavelo habilísimo y monstruoso un año después.

El vídeo en cuestión no es otra cosa que una sinopsis corregida y aumentada de las afirmaciones e insinuaciones paranoides que el propio Aznar hizo ante la comisión de investigación del 11-M. Es la consecuencia de un rencor incoercible y enfermizo que lleva al expresidente a lanzar sistemáticamente coces contra el aguijón de las verdades que le hieren, en un inútil empeño por cambiar la verdad histórica. Es, en definitiva, algo más que orgullo herido; es soberbia impotente en ejercicio, incandescente odio en práctica implacable, apenas controlada intelectualmente. Es una vergüenza para él, para la FAES y para el Partido Popular.

Cuando uno ha labrado su propia tumba política con una inimitable mezcla de torpeza y arrogancia debería reflexionar lo suficiente como para salir de ella sin signos evidentes de putrefacción y lo más aligerado de fango que sea posible. Lejos de ello, Aznar ha perdido los papeles y manotea y excava desesperadamente en el interior de la fosa ignorando que la dirección que él cree conduce a la superficie lleva en realidad al fuego del infierno.

Ayer mismo el presidente del PP tomaba distancias del vídeo del delito e insinuaba un golpe de timón de su partido hacia la nunca hollada dirección del centro reformista que se supone le es propio. Dados los precedentes y considerando la actual composición de la cúpula ‘popular’ es más que dudoso que tal deseo, en el supuesto de que sea sincero, resulte practicable a corto plazo, pero la afirmación de Rajoy da a entender que hay una corriente significativa dentro del PP consciente de que la política de oposición asilvestrada y destructiva que se viene realizando les aleja progresivamente de la meta irrenunciable de recuperar el poder. Otra cosa es que, como Rajoy llegó a sugerir, puedan ocupar el espectro del centro-izquierda, que, según su peculiar interpretación, habría abandonado el Gobierno. Incluso el carnaval tiene sus límites.

El “rediseño” del PP exigiría, como primera medida, ‘matar al padre’, o sea a Aznar, o al menos lograr que éste renuncie a sus obsesiones y a su insistencia en dirigir en la sombra el partido. Pero es de temer que el simbólico homicidio podría tener consecuencias muy traumáticas en una formación tan heterogénea y ya considerablemente conturbada por la imprevista pérdida del poder.

¿Podría llegar a dividirse el PP? La hipótesis, en abstracto, no es desdeñable, pero la ceguera en las filas ‘populares’ no es tanta como para matar a la ‘gallina de los huevos de oro’ que les proporcionó ocho años de Gobierno. Tendrán que someterse a una catarsis que parece, en principio, muy problemática. Cuando Rajoy demanda inteligencia, finura y ausencia de visceralidad en el ejercicio del papel de primer partido de la oposición está dibujando, de hecho, el antirretrato de una gran cantidad de sus actuales conmilitones y no se sabe hasta qué punto no está pidiéndole peras al olmo. La voluntad de poder tira mucho y puede conducir a que los montaraces hagan de tripas corazón, pero el proceso podría ser bastante largo y accidentado porque, como es bien sabido, la cabra siempre tira al monte.

Tenía dudas entre dos citas del ingenioso Groucho Marx (uno es marxista de toda la vida) para introducir este artículo y finalmente opté por la que figura arriba. ¿Pero quién ha dicho que no se puede concluir con una cita del mismo autor?

Ahí va y aplíquese a quien proceda:

"Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota.Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota".

(*) Para quien quiera contrastar las falacias del vídeo de la FAES: http://3diasdemarzo.blogspot.com

23 marzo, 2005

UE: Sueños 'retocados'

Tal vez porque los referendos para la aprobación de la Constitución Europea están en el horizonte inminente, tal vez porque el rumbo económico está siendo severamente alterado por la inclusión de nuevos países en el furgón de cola y por el encarecimiento del euro en relación con el dólar, quizás por todo ello, el caso es que la UE está revisando a fondo aspectos esenciales de las que en épocas de mayor bonanza fueron definidas como metas irrenunciables de su política económica, que es la única política que, en un sentido estricto, se hace en el marco comunitario.

En poco tiempo se han tomado decisiones tan transcendentales como la flexibilización del Plan de Estabilidad, que ya habían incumplido impunemente sus principales promotores (Francia y Alemania), y la renuncia ‘de facto’ al sueño del pleno empleo en 2010, so capa también de la ‘necesaria’ flexibilidad.

Esa es la palabra mágica con la que la UE pretende afrontar los retos económicos de los próximos años: flexibilidad. Se trata de un término inquietante, pese a las connotaciones de racionalidad y suavidad que conlleva. Tras él se suele ocultar la ley de la selva, el sálvese quien pueda y el ande yo caliente..., cosas que no fomentan precisamente la unión, europea o no.

En el caso de la flexibilización del Plan de Estabilidad, el Banco Central Europeo (BCE) advirtió inmediatamente -y estérilmente- de los riesgos. La renuncia a limitar el déficit público de cada país al 3 por 100 del Producto Interior Bruto, como se exigía antes, amenaza con aumentar la inflación y ésta sería seguida de inmediato e irremediablemente por el aumento de los tipos de interés. Tal medida favorece, en principio, muy especialmente los intereses de Alemania, Francia y los nuevos socios, pero puede ser un desastre para España, donde el nivel de endeudamiento privado, al amparo de la bonanza económica, ha llegado a un extremo que podría ser suicida si se imponen las “vacas flacas”. El Gobierno español parece no tener nada que decir al respecto, o tal vez asume que sería inútil lo que dijera y prefiere guardar silencio para no despertar la inquietud interna.

En lo que concierne al empleo, el “retoque” del sueño del pleno empleo para 2010 implica una “flexibilidad” en cierta medida paradójica si comparamos su ‘filosofía’ con la que se aplica al Plan de Estabilidad. Si en éste se impone con firmeza inflexible la flexibilización, en lo que respecta al empleo se deja en libertad a cada país para que, con un horizonte de tres años, diseñe su propio programa para alcanzar tal objetivo. Tal medida se pretende compatibilizar (eso se afirma) con un plan a nivel comunitario. Ellos sabrán cómo pretenden alcanzar tal compatibilidad, pero a lo que suena es a renuncia. Como la zorra ante las uvas, la UE se dice a sí misma y sólo a sí misma que “no están maduras” mientras finge mantener el utópico objetivo. Como es bien sabido, la Europa social puede esperar. Lo primero es la económica.

Por supuesto, si algún país de la UE logra el pleno empleo en 2010 -cosa sumamente dudosa- no será España. Aquí el paro está asumido como algo estructural, una experiencia familiar y aparentemente ineluctable que nunca ha sido afrontada con un mínimo de seriedad, pese a que lesiona de modo gravísimo a la sociedad española y genera prácticas tan escandalosas como impunes.

La prueba de que España no va en serio contra el desempleo la dan los propios enunciados del ‘diálogo social’ que ahora se inicia bajo la inspiración y tutela del Gobierno. Se pretende que sindicatos y empresarios se pongan de acuerdo para lograr una cosa sumamente deseable, la reducción severa del desproporcionado volumen de contratos temporales (muy superior al de la UE), y otra extremadamente contestable, además de paradójica: la flexibilización de los contratos indefinidos. Tal ‘desideratum’, dados los precedentes 'pasteleros' y la domesticidad de unos sindicatos institucionalizados, cuya representatividad hace tiempo que es meramente virtual, puede convertirse fácilmente en una reducción mínima de los contratos temporales y en el final de los contratos indefinidos tal como han sido entendidos hasta ahora.

Para España el escenario puede ser de pesadilla a medio plazo, con una población castigada en su capacidad de consumo y ahorro por el engrosamiento de sus deudas, una competitividad reducida (si cabe más) por el encarecimiento de los costes productivos y la oferta extracomunitaria, el drástico recorte del ‘maná’ de los fondos comunitarios y un aumento notable de la precariedad laboral en términos reales.

Tal vez ha llegado el momento de que Zapatero descienda a la arena de la vida real y nos cuente qué es lo que ha soñado para evitar que en unos pocos años nos veamos con el agua al cuello. Cuando la UE retoca sus sueños y las nubes comienzan a hacer acto de presencia sobre esta Arcadia supuestamente feliz hay que meterse en la propia casa, arreglar los tejados para que no haya goteras y fortalecer paredes y cimientos para resistir cualquier riada. Todos hemos percibido el regreso al ‘corazón Europa’, muchos compartimos la conveniencia de una alianza de civilizaciones frente al “choque” que otros se empeñan en practicar. A no pocos nos gustaría, asimismo, una reforma constitucional que ponga fin a los pleitos territoriales... ¿Pero qué tal si empezamos a tomar medidas para minimizar los daños que, sin necesidad de ninguna bola mágica, son previsibles en un próximo futuro? ¿Qué habría de malo en decir: “señores, se avecinan malos tiempos y es el momento de tomar medidas”?

La economía y sus consecuencias sociales y no las sistemáticas insidias e intoxicaciones del PP pueden ser la Némesis de este Gobierno. Tiempo al tiempo. En economía, que no es precisamente su fuerte, nuestro presidente está en la línea Blair más que dentro de la ortodoxia socialdemócrata y éste, a su vez, en la de Thatcher, de triste recuerdo para los trabajadores de Gran Bretaña. Ya se sabe que los ‘socialistas’ están para lidiar con las crisis cíclicas mientras la derecha rentabiliza las bonanzas a favor de 'los suyos'.

Me pregunto qué futuro tendrán la sonrisa y el 'buen rollito' de nuestro presidente, que tanto obsesionan a Rajoy y Cia, cuando haya que coger el toro por los cuernos y tratar de salir triunfante e indemne, sin perder el favor del público.

18 marzo, 2005

Hasta... las narices

J'aimerais tenir l’enfant de salaud
Qui a fait graver sous ma statue
" Il est mort comme un héros
Il est mort comme on ne meurt plus".
Moi qui suis parti faire la guerre
Parce que je m'ennuyais tellement...
(*)

La statue. Jacques Brel

Hasta las narices, por no ser grosero, estoy de las dos españas, de su resurrección artificial y de los efectos negativos que ese ‘revival’ pueda ejercer sobre nuestra sociedad civil, que, al paso que vamos, parece condenada a una eterna inmadurez, anclada en una paralizante simplificación maniquea. Este personal estado anímico no es reciente, por supuesto, pero tal vez no escribiría específicamente sobre ello -aunque he aludido al asunto en otros artículos- si no se hubiera montado la que se ha montado con ocasión de la retirada de la estatua de Franco en Madrid, en coincidencia -que muchos no consideran casual- con un homenaje al ex líder ex comunista Santiago Carrillo.

Vaya por delante que soy radicalmente iconoclasta y que comparto la visión sarcástica que Brel expresa en ‘La statue’ sobre la imaginería pública, cualquiera que sea el motivo o el personaje al que se pretende inmortalizar o rendir culto u homenaje. El fetichismo es una desviación. Y no sólo sexual. Como consecuencia de mi iconoclastia no sólo no siento ningún dolor cuando retiran algún icono, sino que lo interpreto como un alentador síntoma de salud. Si no se erigieran nadie tendría nada contra ellos y la especie se evitaría irracionalismos simbólicos tales como “fusilar” al Sagrado Corazón o dinamitar a Buda.

Dando por sentado que el ser humano permanece en una fase de su teórica evolución que podríamos denominar infancia post-tribal habrá que asumir que el culto icónico y su contrapartida iconoclasta no van a desaparecer en un futuro próximo. Lamentablemente tampoco desaparece, salvo en casos muy concretos, el espíritu que algunos iconos simbolizan. Ese es el caso de la estatua de Franco, de la cual, por cierto, aún queda en pie un ejemplar en la somnolienta y reaccionaria Vetusta en la que habito y que, visto lo visto, podría convertirse en destino de peregrinaciones nostálgicas y meta de encendidos desagravios.

Quedan muchos que consideran al dictador un ser providencial y soportan malamente las "incertidumbres" de la democracia, a no ser que gobiernen los suyos, que, naturalmente, no tienen nada contra tan 'respetables' símbolos históricos ni van a poner en cuestión sus ancestrales 'valores'. La que se ha montado con ocasión de la retirada de la estatua de Franco en Madrid, con los agravantes -según las voces más montaraces- de la nocturnidad y la alevosía del coincidente homenaje a “Santi Paracuellos”, como ‘ellos’ denominan a Carrillo, evidencia que la tarea de reafirmación que el autocrático Aznar se impuso ha alcanzado un éxito pleno. Y lamentable, en cuanto a la recuperación de la idea de las dos españas irreconciliables. Incluso Peces-Barba parece contagiado de la herejía maniquea, a juzgar por su alusión a ‘buenos’ y ‘malos’ en el mencionado homenaje.

¿Aún no había dicho que estoy tambien contra los homenajes? Pues sí, lo estoy con tanto o mayor fervor que contra los iconos porque tales actos no son otra cosa que estatuas metafóricas. Esas reuniones de sonrientes palmeadores de espaldas siempre me han parecido un refinado ejemplo de hipocresía. Concilios de mentirosos más o menos ebrios, competición de hipérboles farsantes, sirven también en ocasiones para vagas o precisas reivindicaciones. Ese debe ser el caso del homenaje a Carrillo, pero me temo que no se me alcanza mucho su significado.

¿Era acaso un homenaje de la clase política a sí misma a partir de la paradigmática capacidad del homenajeado para traicionarse a sí mismo y a los suyos sin sucesión de continuidad desde su ya remota juventud? Eso es lo que me temo. Si Carrillo fuera ejemplo de algo lo sería del pragmatismo más cínico y rastrero. El ex líder casi vitalicio del PCE es una especie de Talleyrand de vía estrecha, un ejemplo inimitable de todo lo malo (y es mucho) que conlleva el concepto de “político profesional”.

Pero volvamos al tema central. La retirada de la estatua de Franco ha sido calificada de “provocación” y ha motivado que el inefable Zaplana apostrofe de “radical” al Gobierno. La ultraderecha ha alterado el orden público, como corresponde a su naturaleza. Mientras, el fino y sibilino Rajoy ha acusado al Gobierno precisamente de lo que se acusa a su partido, es decir: de resucitar el pasado y fomentar la división. Y los ideólogos de la ‘Brunete mediática’ desbarran a gusto una vez más contra el Ejecutivo con argumentos que darían risa sino dieran más pena.

Afortunadamente, el pueblo soberano, en su silenciosa mayoría, no parece dejarse impresionar por el delirio del teatro político. Especialmente los jóvenes contemplan el espectáculo fantasmagórico de las dos españas con la misma actitud que si fuera un ‘talk show’ demasiado reiterativo. Ponen un poco de atención a las diatribas, alucinan brevemente y a continuación se dicen “apaga y vámonos”.

Lo que a ellos les preocupa es saber qué España les va a proporcionar un empleo estable y con un sueldo razonable, y, en el colmo de la ambición, en qué década del siglo podrán tener un piso en propiedad sin por ello renunciar necesariamente a ese derecho que todos tenemos a una vida digna.

También ellos, sobre todo ellos, están hasta... las narices.

(*) “Me gustaría pillar al hijo de hijoputa/ que ha hecho grabar bajo mi estatua/ 'Ha muerto como un héroe/ ha muerto como ya no se muere'/ Yo, que me marché a hacer la guerra/ porque me aburría de tal manera...”.


16 marzo, 2005

"Irak va bien", dicen

‘Il cavaliere’ Silvio Berlusconi anunció ayer que ha decidido iniciar en septiembre la retirada de las tropas italianas de Irak. El anuncio no fue realizado en el Parlamento, como hubiera sido de esperar, sino ante las cámaras de televisión, escenario por el que el plutócrata siente predilección -sin duda porque lo controla aún más que a la Cámara- y al que pudo mostrar orgulloso su nueva pelambre, aportación más reciente del peculiar líder a su rediseño rejuvenecedor.

Estados Unidos se ha apresurado a matizar que tal decisión no obedece a la muerte de un agente secreto italiano por sus tropas con ocasión de la puesta en libertad de la periodista izquierdista italiana Giuliana Sgrena, asunto, por cierto, que es de temer que no se aclarará jamás. Ociosa matización, en cualquier caso. La causa de la decisión del líder de “Forza Italia” tiene una motivación mucho más electoralista que moral o puramente política.

A un año de las elecciones, el superempresario y emperador de los medios de comunicación tiene muy claro que si no retira las tropas le espera un voto de castigo que ríase usted del 14-M español. El ‘suceso Sgrena’ sólo ha sido la gota que colma el vaso de la paciencia y la frustración del pueblo italiano ante la particular aventura iraquí del curioso personaje que rige sus destinos. Italia ha estado en vilo demasiadas veces como consecuencia de la ‘porca guerra’ a la que Berlusconi le apuntó.

El líder italiano ha visto el cielo abierto con el optimismo propagandístico que se ha extendido en Occidente tras la ‘exitosa’ celebración de las elecciones en Irak. “Bueno, esto está prácticamente resuelto”, ha debido decirles con su desparpajo característico a sus amiguetes yanquis. “Entonces casi que nos vamos, ¿eh?”. Blair tiene un problema electoral similar y lo comprende. Bush, que, con una complicidad mediática inédita, ha superado la prueba electoral con éxito, seguramente lo comprende menos. Pero Bush comprende muy pocas cosas, como es sabido.

Es probable, incluso, que el propio Bush crea lo que dice, que “Irak va bien”. La prensa y los sondeos le son favorables tras las elecciones iraquíes, la distensión entre Israel y Palestina y el inicio de la retirada siria de Líbano (*). Pero lo cierto es que la “iraquización” (en Vietnam se le llamó ‘vietnamización’ al inicio de la derrota) tiene un semblante fatal. Los atentados y las acciones guerrilleras impunes y ubicuas no cesan. Ni la coalición ni el 'neoejército' iraquí controlan el territorio. El miedo y el asqueo dominan el ánimo de las tropas de la coalición ocupante, convencidas de que la paz empieza nunca en ese país hostil que sólo les permite una cierta sensación de seguridad en los cuarteles (su residencia habitual). Irak va bien de culo y contra el viento, resumiendo castizamente.

Hoy se ha reunido el mutilado Parlamento iraquí, por primera vez tras las elecciones. Lo ha hecho bajo extremas medidas de seguridad en el área más segura de Bagdad, la denominada "zona verde", en cuyo interior se han registrado algunas explosiones, que -se dice- no han causado víctimas. La sesión ha sido rigurosamente protocolaria. Ni se han elegido los cargos de la Asamblea ni se ha tratado de la formación del Gobierno, que sin duda será cooptado digitalmente por el “amigo americano”. Pese a todo, me juego el bigote a que la noticia y la foto serán extensamente publicitadas en casi todo el orbe como signo de la progresiva “normalización” de Irak. Por cierto, ¿qué se sabe de los suníes? ¿Han sido declarados apátridas?

Pero tranquilos: Irak Va bien. ¿Y el mundo? Para qué te voy a contar.

(*) Y a todo esto, ¿quién mató a Hariri? ¿Lo sabremos alguna vez? A Siria no le beneficiaba en absoluto tal acción, como la prueban las consecuencias, y el difunto no era ningún acérrimo enemigo suyo. Como en cualquier investigación criminal, en este caso hay que prenguntarse a quien beneficia. Lo cierto es que las tropas sirias abandonan Líbano mientras las israelíes siguen en los Altos del Golán. Otro signo de “normalización”. ¿O no?


10 marzo, 2005

'Tangentópolis' a la catalana

Quiere la tradición popular que se denomine ‘justicia catalana’ a la que se ejerce sin dilación ni miramiento especial de las reglas procesales y, en última instancia, el término alude a la vindicación que se practica por la propia mano y en caliente. Tal expresión tendría su origen en un remoto alcalde catalán que, tras sorprender a un homicida “in fraganti”, lo mandó ahorcar sin mayores trámites. “Justicia catalana no entiende de cuentos” fue la lapidaria sentencia que surgió de esta historia, supongo que verídica.

Ignoro si la Justicia catalana entiende a estas alturas de cuentos, aunque me da a mi que sí y que no poco, pero de lo que sin duda debería entender más es de cuentas. Concretamente, de las cuentas (secretas, claro) que presuntamente vinculan desde su origen al liderazgo de la Generalitat y a la coalición nacionalista (CiU) que la ha gobernado hasta ayer con el trasiego irregular de fondos con los más variados destinos y orígenes. Carlos Jiménez Villarejo, que fuera fiscal jefe de la Audiencia de Barcelona, podría hablar largo y tendido de lo que pudo ser y no fue, de lo que la Justicia catalana debió hacer y no hizo. El corrupto juez Estevill, que llegó de la mano de CiU hasta el Consejo General del Poder Judicial, sabe aún más, pues no en vano se hundió hasta los ojos en el hedor de la pomada, pero no cabe esperar que escriba sus memorias ni formule denuncia alguna quien llevó la prevaricación y la extorsión a niveles nunca hozados por juez alguno.

Hay mar de fondo en el generalmente apacible Mar Muerto de la política catalana desde que Maragall soltase inopinadamente la bomba en el Parlament. “Ustedes lo que tienen es un problema del tres por ciento”, le espetó el president al líder de la inédita oposición convergente-y-unida. “Usted acaba de mandar a hacer puñetas le legislatura”, le respondió un indignado y perplejo Artur Mas, exigiéndole una inmediata rectificación... Y Maragall dejó boquiabiertos a propios y extraños retirando lo dicho. Ya era demasiado tarde, por supuesto. No se lleva el viento lo que se dice en una asamblea pública con luces y taquígrafos y -lo que es peor- con la televisión como testigo.

Ignoro si la legislatura catalana se irá a hacer puñetas, pero lo que sí se fue desde ese día al garete fue el famoso ‘seny’ catalán, objeto de tanto panegírico. Los políticos catalanes, tan cordiales, elegantes e irónicos ellos, parecen haberse dado de común acuerdo a la dipsomanía. Maragall anda haciendo metáforas impropias a base de soufflés, vaselina y violencia de genero, como un delirante Dalí de la cosa pública. Mas parece poseído por un ataque de rabia y, cual kamikaze con barretina, ha puesto irresponsablemente en marcha el ventilador. Y no el de la inocua técnica guitarrera de la rumba catalana, sino el que proyecta la mierda en todas direcciones y lo deja todo hecho un asco.

A la Justicia catalana no le va a faltar trabajo si sigue todas las pistas que están surgiendo, incluída la alusión de Mas a la financiación irregular de ERC. El líder de CiU, notoriamente desbordado por la sospechosa herencia de Pujol, ha llegado a afirmar que si dijera todo lo que ha llegado a saber sobre las anomalías financieras de los republicanos la política catalana se convertiría en “un vertedero”. Estruendosa pérdida de papeles. Con tal afirmación no ha hecho sino confirmar lo que supuestamente no quiere decir. O sea, lo que gracias a unos y a otros ya sabemos todos: que el vertedero catalán es una realidad. Lo que me pregunto es por qué ningún fiscal ha llamado a Mas para que informe de lo que sabe sobre ERC. Me lo pregunto retóricamente, claro.

El ojo de la Justicia investiga ya la 'tangentópolis' catalana, pero, independientemente de la voluntad y determinación de los defensores de la ley, me temo que no cabe esperar mucho de su acción. Hay una no escrita y antiquísima ley del silencio en los tratos entre empresas y políticos. La connivencia y la no agresión son la regla de oro. Los únicos que han abierto la boca en este sonoro caso son un par de empresarios de medio pelo a los que el relevo del poder en la Generalitat les ha dejado con trabajos impagados de los que nadie se responsabiliza. Y ellos no hablan de un tres por ciento de comisión, sino de un veinte.

¿Se puede llegar a través de ese frágil hilo al ovillo dorado? En el caso de la “tangentópolis” italiana así fue. Una minucia casi insignificante y el locuaz “arrepentimiento” de un pequeño canalla que sabía demasiado dio lugar a la operación judicial “manos limpias”, con el justiciero magistrado Di Pietro al frente. El resultado de la minuciosa operación de limpieza practicada por el poder judicial fue que, como diría Mas, se fue a hacer puñetas toda la partitocracia de la república y surgió el sonriente tiburón plutócrata llamado Berlusconi, formó un partido con nombre de asociación de ‘tiffosi’ (Forza Italia), y, por vía parlamentaria, se regaló a sí mismo toda la impunidad judicial que le convino, que era mucha. De Guatemala a Guatepeor.

Nadie debe haber más contrito a estas horas por haber abierto la caja de Pandora sin encomendarse ni a dios ni al diablo que el propio Maragall. Ni su partido está contento, ni La Moncloa lo está y no digamos CiU, abiertamente dispuesta a morir matando si las cosas le van aún peor. Ahora se pretende minimizar los daños y serenar las aguas. El debate, hoy, de la moción de censura contra Maragall, presentada oportunistamente por Piqué (¿recuerdan el caso Ertoil?), será la prueba de fuego. Pero aunque los políticos se aplaquen queda por saber lo que hará esa teórica variable independiente que es la Justicia, la catalana y la española.

Yo tengo escasas dudas al respecto. Todo se quedará en una tempestad en un vaso de agua, en un “calentón” (así se calificó en su día la sorprendente denuncia de Maragall) circunstancial y pasajero. Alguien caerá, claro. La cuestión es si ese ‘alguien’ se va a resignar a pagar el pato en solitario o va a poner sobre la mesa judicial datos ante los que no se puede hacer la vista gorda. Esperemos y veamos.

En el interregno se podría hacer una reflexión sobre un iluminador artículo que -supongo que no por azar- publicó el pasado domingo José Vidal Beneyto en “El País”. Tiene el sugerente título “¿Viva la corrupción?” y, naturalmente, no habla para nada de la ‘tangentópolis’ catalana. Glosa su autor el último hallazgo de Moisés Naim, un respetado “ideólogo” estadounidense, editor de la influyente publicación “Foreign Policy” (“Política Exterior”). Con perdón del autor -y confío en que con su tácito permiso- reproduzco un fragmento elocuente del artículo:

En línea con el supuesto básico del liberalismo radical de que no hay estímulo más eficaz para la transgresión que la prohibición, el autor nos propone la secuencia argumental clásica en este tipo de demostraciones: la corrupción es consustancial a la humanidad y por eso es tan antigua como ella, con lo que es imposible de determinar y de medir, y oponerse a ella no sólo es inútil sino perverso por los efectos negativos que esa oposición genera. Las leyes anticorrupción, los códigos de conducta empresarial, la acción de las ONGs que luchan por mantener comportamientos éticos en la actividad económica -Transparencia Internacional, etc.- son para Moisés Naim, que los cita explícitamente, causantes de múltiples daños colaterales pues "pretender restringir la cultura del soborno y la codicia... es una ilusión paralizante". O como escribe de forma aún más lapidaria: "La guerra contra la corrupción esta minando la democracia".

Tomen nota porque no hay virus nacido en Washington que no se extienda rápidamente por el mundo. ¿Acabaremos teniendo leyes anti-anticorrupción por el bien y la prosperidad de un concepto pervertido de democracia? Esperemos que no. Sería un descaro insufrible para los sufridos ciudadanos. Este país tiene una dilatada experiencia en la práctica cómplice y complaciente de hacer la vista gorda. Con eso basta y sobra. Y no es por el bien de la democracia, como a nadie se le oculta.

¿Comprenden mi radical escepticismo? Muchas gracias.