10 mayo, 2005

Aniversarios silenciados

Hace hoy poco más de 11 meses La Espiral glosaba los fastos del 60 aniversario del desembarco de Normandía desde la perplejidad de que se centrasen casi exclusivamente en la exaltación de la ‘providencial’ y liberadora intervención estadounidense e ignorasen que fue en realidad la URSS quien derrotó a la Alemania nazi y que lo hizo a costa de la pérdida de más de 20 millones de vidas y de un inenarrable sufrimiento de su población. Ayer, en Moscú, durante los actos de celebración del final de la guerra, Putin expresó con claridad meridiana y sin complejos esa verdad histórica. Y lo hizo en presencia de quienes perpetraron en junio de 2004 la comedieta de Normandía, que intentó ser la escenificación de una reconciliación por sucesos más recientes: el desacuerdo de Francia y Alemania con Estados Unidos y Gran Bretaña sobre la guerra de Irak.

2005 es año de efemérides cruciales e inevitablemente lo está siendo también de manipulaciones interesadas. La mayor de las tergiversaciones es la del silenciamiento, combinada o no con subrayados ‘oportunos’ de otros hechos destinados a desviar la atención de los que se silencian. Los medios de comunicación de masas son el escenario y resulta muy revelador el análisis de qué es lo que se silencia y lo que se subraya.

Por ejemplo, se ha silenciado el 60 aniversario del bombardeo de Dresde, la acción militar más brutal y destructiva de la segunda guerra mundial si se descuentan Hiroshima y Nagasaki. El 13 y 14 de febrero de 1945 los aliados volcaron un infierno de fuego y destrucción sobre la ciudad que era conocida como “la Florencia del Elba”. Los cálculos más modestos estiman en 35.000 el número de muertos, pero en general se admite que nunca se sabrá con exactitud. El uso sistemático de bombas incendiarias de fósforo provocó temperaturas de hasta 1.000 grados, nivel al cual los cuerpos humanos simplemente se esfuman. Ocioso es decir que el valioso patrimonio artístico y arquitectónico fue totalmente destruido.

¿Cuál fue la causa de tal exceso precisamente cuando Alemania estaba prácticamente derrotada? Más allá de toda lógica, los aliados argumentan que se pretendía destruir la infraestructura industrial de la ciudad y su nudo de comunicaciones, así como hundir definitivamente la moral de la población alemana, desaconsejando toda resistencia. La verdad se inclina mucho más, sin embargo, del lado de quienes interpretan el desproporcionado bombardeo que durante dos días redujo a cenizas la bella ciudad alemana como una advertencia a los soviéticos. Fue una gigantesca exhibición de potencia de fuego destinada a prevenir toda tentación de Stalin de 'comerse' la Europa occidental en su irrefrenable avance.

En cuanto a subrayados excesivos, destinados a desviar la atención de aniversarios más recientes y conflictivos, es paradigmática la utilización inmoderada que se ha hecho del suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945. Pese a ser una historia mil veces relatada, los medios han vuelto a hacer un notable despliegue para recapitular hechos y circunstancias que la inmensa mayoría de la población mundial conocía ya con un detalle del que carece, en general, respecto a casi todos los acontecimientos históricos. Esa efemérides coincidía, exactamente, con la entrada de las tropas norvietnamitas en Saigón hace 30 años, aniversario que fue minimizado o, en el peor de los casos, ignorado.

Se trataba de evitar mentar la soga en la casa del ahorcado. Evocar el fracaso y la derrota de las tropas estadounidenses en su lucha por evitar que Vietnam del Sur se incorporase al 'lado oscuro' parece no ser de buen gusto. Vietnam recuerda excesivamente a Irak, pese a que la implicación del ejército estadounidense en este caso ha sido mucho más prudente. Tras la “drôle de guerre” que casi convirtió la derrota de Sadam Hussein y la entrada en Bagdad en un paseo por el campo, las tropas permanecen en su mayoría y la mayor parte del tiempo acuarteladas. Su despliegue se limita a acciones puntuales y ventajosas, a veces también vergonzosas, como la desarrollada en Faluya. El resto del tiempo sus patrullas practican la conocida táctica de los poseídos por el pánico: disparar primero y preguntar después.

Son los iraquíes (ejército y policía) los que en mayor grado sufren las consecuencias de una guerra interminable en la que los supuestos “derrotados” utilizan con ventaja y desmoralizadora contundencia las guerrillas y el terrorismo. En Vietnam EE UU tardó en aprender que el único modo de reducir sus propias bajas era la “vietnamización” de la guerra. Hacerlo fue, de hecho, el reconocimiento adelantado de la derrota. La “iraquización” se adoptó, sin embargo, desde muy pronto. Se quería evitar que, como en el sudeste asiático, el flujo de los ataúdes repatriados motivase un replanteamiento en la opinión pública acerca de la “justicia” y la “necesidad” de esa guerra, impuesta sobre la base de mentiras. Se prohibió, incluso, todo documento gráfico que explicitase la muerte de soldados estadounidenses.

Pero la guerra sigue y no tiene visos de cesar, pese a la implantación de un sistema supuestamente democrático, al que es ajena la importante minoría suní, a la que pertenece Sadam Hussein. Todo indica que lo que la política estadounidense no aprendió de la experiencia de Vietnam es la absoluta inconveniencia de injerirse en asuntos externos con pretextos falsos. Recientemente, el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, Richard Myers, advertía ante el Congreso estadounidense que la implicación que actualmente mantiene el ejército en Irak y Afganistán compromete gravemente la posibilidad de intervenir con éxito en cualquier otro conflicto. Trascendental consideración para un país cuyo presidente parece estúpidamente empeñado en multiplicar los escenarios bélicos.

Aún hay otro significativo aniversario –ignorado totalmente éste- coincidente con las fechas del suicidio de Hitler y la caída de Saigón. El 28 de abril de 1965 22.000 marines desembarcaban en las playas de Santo Domingo para -ese era el pretexto- proteger y rescatar a sus compatriotas residentes en la República Dominicana. El objetivo real era impedir la victoria de una sublevación militar y popular que pretendía reponer en la presidencia a Juan Bosch, vencedor en las elecciones de 1962 y derrocado a los siete meses por un ‘putsch’ al que Washington no fue ajeno en absoluto. La ‘aventura’ casi impune de los infantes de marina costó la vida de 5.000 dominicanos que intentaron impedir la invasión. Eso fue hace 40 años, pero los estadounidenses quedaron tan satisfechos con la empresa que la repetirían más tarde en el mismo marco caribeño: Grenada y Panamá.

A partir de aquellas intervenciones impunes -y de bajo coste en cualquier sentido- surgió y se afirmó progresivamente un “cambio de espíritu” en la opinión pública estadounidense, que pasó de rechazar todo intervencionismo a apoyarlo a la menor insinuación justificatoria. Así, y gracias al síndrome del 11-S y a una gigantesca operación de intoxicación, ha sido posible el aplauso, ahora más bien tímido, a la intervención en Irak.

En la secuela de silenciamientos y subrayados a la que venimos asistiendo sólo nos queda esperar a agosto, cuando se celebrará (supongo) el final de la segunda guerra mundial en el Pacífico. Seguro que se intentará pasar de puntillas sobre la barbarie nuclear que condujo a Japón a la rendición incondicional. Si así fuera estaríamos ante una realidad muy peligrosa porque el armamento nuclear sigue constituyendo la mayor amenaza para la humanidad. El hecho de que esté en manos de países históricamente enfrentados, como India y Pakistán, o de otros que se sienten acosados, como Israel o Corea del Norte, constituye motivo más que suficiente para una pesadilla cotidiana a la que, sin embargo, permanecemos ajenos.

El 6 de agosto de 2005, fecha del primer ataque nuclear, debería ser una fecha histórica que marcase el punto de inflexión en el rumbo suicida de la humanidad; el origen de un “nunca más” planetario que condujera a un firme compromiso internacional para el desarme nuclear generalizado. Pero seguramente será otra cosa muy diferente, si es que el trágico aniversario es evocado como algo más que una fecha previa al final definitivo de la guerra.


06 mayo, 2005

Relatividad democrática

Tal vez debería hablar hoy de Blair, de su victoria pírrica, de su éxito-fracaso, de la relatividad de una democracia como la británica, que permite que un partido que ha cosechado poco más de ocho millones de votos de un total de cuarenta y cuatro (de los cuales el 43 por ciento renunció a votar) alcance la mayoría absoluta y mantenga, contra el criterio de su pueblo y contra la legalidad objetiva, tropas británicas en territorio iraquí, tras haberlas enviado allí sobre la base de enormes y deliberadas falsedades.

Pero no, no voy a hablar de Blair, cuya victoria -lamentablemente- estaba cantada, y sí de la relatividad democrática. Y lo hago a la vista de la intervención, ayer, del ‘vitalicio’ presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, en el Club Siglo XXI. El castizo demagogo, que lleva 22 años gobernando la comunidad más deprimida del país en nombre del PSOE sin otros méritos que un rampante y trasnochado populismo y una ‘filosa’ blindada y a prueba de rubores, acostumbra a irrumpir en la política nacional con un impropio lenguaje tabernario y patriotero. Pega cuatro ladridos enardecidos contra los nacionalismos “insaciables” y regresa a su cortijo con la autoestima reforzada -y también la expectativa de voto- tras recibir los parabienes de tirios y troyanos (PP y PSOE) y las invectivas de los aludidos.

Después de la introducción al tema hecha la víspera, con su admonición a los nacionalistas catalanes de “que se metan los cuartos...”, muy en el estilo que le ha hecho famoso, la conferencia del ‘bellotari’ prometía. Y no defraudó. Rodríguez Ibarra sacó del baúl de los recuerdos y volvió a enarbolar ‘su idea’ de establecer como filtro contra la presencia de los nacionalistas en el Parlamento central la exigencia de lograr el cinco por ciento del total de los votos emitidos en todo el Estado. Genial, ¿no?

Por si no bastase con la vigencia de una Ley Electoral que prima descaradamente a las mayorías y condena a las minorías a la desaparición o a una existencia anecdótica, este genio de la política, demócrata-de-toda-la-vida, quiere dejar fuera del Congreso de los Diputados a los representantes de la mitad de la población. Y no se le mueve un músculo, ni se le cae la cara de vergüenza, ni recibe la reprobación de nadie que no sea nacionalista. “Este país -argumenta ‘democráticamente’- no puede depender de una minoría minoritaria”.

¿Depende este país de una minoría minoritaria? Pues no. Esa es la lectura interesada de la situación que acostumbra a hacer el PP (significativa coincidencia), pero lo cierto es que el Gobierno del PSOE tiene la sartén por el mango y el mango también. Sus socios nacionalistas ladran (como el propio Ibarra, otra coincidencia nada casual) pero no muerden. Sencillamente: nadie muerde la mano que le alimenta o él cree que le alimentará. Ni siquiera el propio Ibarra, cuyos exabruptos van dirigidos al consumo interno de sus ‘ilusionados’ seguidores y votantes.
En la representación (teatral, que no democrática) a la que los españoles asistimos, el discurso nacionalista del “queremos más”, “nosotros decidimos”, “el que paga recauda y distribuye”, etc., tantas veces unido a la amenaza incumplida de romper la baraja, harta y mosquea a muchos, especialmente cuando, como en el caso vasco, se intenta hacer pesar en la balanza la amenaza del terror. Sin embargo, desde el punto de vista democrático, que el caudillo extremeño parece tener enormes dificultades para adoptar, todo el mundo tiene derecho a exponer su discurso, a reclamar lo que considera (o finge considerar) justo, a defender sus posiciones, por irrazonables o injustas que parezcan. Es ese principio el que le permite al líder extremeño decir lo que dice.

El discurso democrático, asumible o no en sus términos según quien los considere, fluye y tiende al diálogo, al pacto. El silencio forzado, sin embargo, propende de modo natural y comprensible al estallido. Con ‘su’ filtro del 5%, Rodríguez Ibarra pretende relativizar aún más la relativa democracia que tenemos y condenar al silencio a los representantes de una gran parte de la población del Estado. Supongo que él mismo sabe que tal medida no puede ponerse en práctica sin provocar una gran convulsión. Pero lo dice. Y no sólo lo dice impunemente, sino también entre aplausos, lo cual es inquietante.

Este país y cualquier otro digno de ser llamado democrático no sólo no necesita filtros y recortes de la representatividad, sino que precisa todo lo contrario. En pleno siglo XXI, con la instantaneidad de las comunicaciones, el imperio de la informática y la puerta de Internet abierta a todo el planeta, lo lógico sería una profundización en la democracia que hiciera real un cierto grado de participación ciudadana, permanente y directa, en la política, tanto a nivel local como nacional, que los medios mencionados facilitan y potencian más que nunca.

Mientras sigamos habitando esta democracia trucada y minimizada será posible que alguien conduzca a la guerra a un país pese a las evidencias del rechazo popular. Será posible que -como en el caso de Bush y Blair- sean reelegidos quienes mintieron a la ciudadanía y manipularon su opinión y sus sentimientos. Y será posible que ‘triunfen’ discursos nacionalistas demagógicos y electoralistas como el de Rodríguez Ibarra y el de aquellos a quienes apostrofa.

Un pequeño progreso democrático en este país sería -pongamos por modesto ejemplo, aunque le moleste a Rodríguez- que se limiten por ley los mandatos en todo cargo de representación, desde la presidencia del Gobierno hasta la más modesta concejalía. Tres legislaturas consecutivas es más que suficiente. Eso daría credibilidad a un sistema que padece una inquietante tendencia al nepotismo, al clientelismo, al tráfico de influencias o al nefasto ‘tresporcientismo’.

Sería sólo un paso, pero es con un paso como se inicia la marcha.




28 abril, 2005

¿Una Iglesia libertaria?



Con el juicio con que juzguéis seréis juzgados
y con la medida con que midáis se os medirá.

Jesucristo en el Sermón de la Montaña

Debo admitir que nunca imaginé que llegase el día en que viera a la iglesia católica proponer la objeción de conciencia y la desobediencia civil con tanta decisión y nitidez como lo ha hecho en estas fechas. La afirmación del cardenal Ricard Maria Carles en el sentido de que "Obedecer antes la ley que la conciencia lleva a Auschwitz" me parece impecable, aunque yo habría añadido que también lleva a Hiroshima y Nagasaki, sólo para equilibrar mínimamente las referencias al horror en la guerra más despiadada que ha conocido la humanidad.

Todo lo que sea “obediencia debida” al mandato del Estado o a cualquier otro poder temporal ha sido, es y será una fuente permanente de males y desgracias. El hombre debe ser responsable de todos sus actos y no ampararse en la coartada de que fue obligado a hacer algo contra su conciencia. En eso consiste la libertad, o, mejor dicho, en eso consistiría si existiera. Totalmente de acuerdo con monseñor.

El problema es que, viniendo de donde viene la 'libertaria' afirmación y dada su limitada validez (se refiere sólo al derecho de los servidores católicos del Estado español a objetar frente al matrimonio homosexual) considero imprescindible hacer y hacerme unas cuantas significativas preguntas:

-¿Pretende monseñor Carles, y a través de él el Vaticano, dar validez universal a su afirmación de la supremacía que la conciencia personal tiene sobre las leyes del Estado?

-¿No es más cierto que cuando habla de conciencia se refiere sólo a la conciencia católica y, dentro de ella, a la caracterizada como más integrista y reaccionaria?

-¿Por qué nunca alentó ni dio apoyo a aquellos de sus fieles (o no fieles) que en este país objetaron frente al servicio militar obligatorio y conocieron las cárceles por ello? ¿No fue Jesucristo un pacifista? ¿En qué estaba pensando Pío XII cuando bendijo los cañones de Mussolini?

-¿No es cierto que la iglesia católica española mantiene una alianza estratégica con el Partido Popular hasta el ridículo extremo de hacer a Juan Pablo II pronunciarse, en sus últimos días, contra la política hidráulica del Gobierno actual?

-¿No tuvo ni tiene esta iglesia nada que decir respecto a la participación de España, por decisión exclusiva del PP, en la guerra de Irak, una de las más injustas que haya conocido la historia? ¿Acaso formaba parte de una Cruzada contra el infiel bendecida por el Espíritu Santo, al que atribuyen sus “inspiraciones”? ¿Debemos atribuir también al Espíritu Santo sus elocuentes inhibiciones y complicidades?

-¿Tiene algún sentido para esta Iglesia la afirmación “ninguno puede servir a dos señores” (Mateo 6, 24-33)?

Nada más. Por ahora.


27 abril, 2005

Un puñetazo en la nariz

“La educación es la mejor política económica que existe”. Esta frase reza como introducción a la sintética biografía de Tony Blair disponible en la web del 10 de Downing Street. Ese 'pensamiento', tan evasivo como sugestivo, es un ejemplo típico de la dialéctica del primer ministro británico: marrullera, llena de fuegos de artificio y... sumamente eficaz. Si algo bueno cabe decir del hombre que rige los destinos de Reino Unido desde 1997 es que es un gran comunicador, de verbo fluido, claro y convincente. Otra cosa es que esa bondad se dedique al bien, que no.

Precisamente de educación (o sea, de política económica, permítaseme la ironía) trataba de hablar ayer T. B., que visitaba una escuela dentro de su campaña electoral, cuando la prensa le aguó la fiesta. La cuestión candente para los medios informativos no era la educación y mucho menos la política económica neoliberal del presunto “socialista” que aspira a su tercera reelección con amplias posibilidades de éxito, según las encuestas.

Lo que interesaba ayer a toda Gran Bretaña era saber qué tenía que decir el habilidoso y triunfante primer ministro sobre el sonoro portazo que el diputado Brian Sedgemore había dado al Partido Laborista después de 37 años de militancia, precisamente por culpa de la política de su “jefe”, y el demoledor contenido del artículo publicado por aquél en “The Independent”. Blair no entró al trapo. Vino a decir algo así como que todos tenemos nuestro propio trasero y nuestra propia opinión.

Ya se sabe que un diputado en una democracia al uso es muy poco más que un tipo que aprieta un botón a la orden de ya, para lo cual sólo son precisas tres cosas: estar presente en la Cámara, hallarse despierto y tener un estómago blindado (según cuales sean las circunstancias). Pero cuando una máquina de votar se harta de hacerle el juego a una política que no comparte puede provocar mucho ruido y ser muy perniciosa para el liderazgo del partido, especialmente en plena campaña electoral. Ese es el caso de Sedgemore.

El disidente no se conformó con anunciar su paso a las filas del Partido Liberal Demócrata, sino que pidió al electorado británico que le propine a Pinocho-Blair un fuerte puñetazo en la nariz, tan fuerte como para hacerle sangrar (“to give him a bloody nose” es lo que dijo en la lengua de Shakespeare). Pero dijo más. Calificó de “mentiras nauseabundas” las “clamorosas verdades” que Blair instrumentó para justificar la participación del ejército británico en la guerra de Irak. Y dedujo con lógica cartesiana que "si Blair está dispuesto a mentir para llevarnos a la guerra, está dispuesto a mentir para ganar unas elecciones". Obvio. Es más fácil y habitual.

El personal puñetazo en la nariz de Sedgemore coincidía con la divulgación de algo que Blair había tratado de mantener en secreto: el informe del Fiscal General, Peter Goldsmith, en el que exponía serias dudas sobre la legalidad de la intervención armada en Irak de acuerdo con el Derecho Internacional. Ambas cosas son un torpedo en la línea de flotación de la campaña laborista. Blair creía haber tenido éxito en sacar del temario su controvertida decisión de poner a disposición de Estados Unidos un nada pequeño contingente de tropas, pero es inútil ocultar los muertos bajo la cama. La guerra sigue, las tropas británicas no han sido repatriadas, las decenas de muertes causadas diariamente por la insurgencia aumentan, la democracia iraquí es una ficción. A la mentira se suma el fracaso.

Debería haber sido el propio Partido Laborista quien castigase a T. B., pero, pese a que el disenso respecto a la guerra de Irak es notorio en su seno, dista de ser mayoritario. Tras 18 años de abstinencia del poder, nadie quiere molestar y mucho menos retirar al ‘becerro de oro’ que lleva camino de marcar el hito histórico de una tercera legislatura en el Gobierno. Así pues, tendrían que ser los ciudadanos británicos quienes castigasen las mentiras, la manipulación y la traición del primer ministro.

¿Será posible llegar a ver a Blair con la nariz sangrante, como quiere Sedgemore? Ciertamente sí, pero no es muy probable. Los sondeos no dejan lugar a dudas sobre la distancia que separa la intención de voto a los laboristas de las restantes opciones. Paradójicamente el optimismo que se desprende de las encuestas no deja de inquietar a su beneficiario. Los laboristas temen que tales augurios “relajen” el voto útil, alejando de las urnas a aquellos de sus habituales votantes más descontentos con su política. Perder el voto útil puede equivaler a perder las elecciones.

Y yo digo amén, que quiere decir así sea. Si el voto no sirve ni para castigar a quienes gobiernan con mentiras contra la voluntad y los intereses de sus ciudadanos, a despecho de las vidas propias y ajenas, esta 'infantodemocracia' no sirve para nada. Blair es un paradigma del político farsante. Su éxito será nuestro fracaso, seamos británicos o no.

18 abril, 2005

Cambio en Euskadi

La situación creada por la composición parlamentaria resultante de las elecciones en el País Vasco es ciertamente “compleja”, como ha dicho el candidato del PSE, Patxi López, pero no mucho más de lo que lo ha sido en algunas ocasiones precedentes. A cambio, los comicios han proporcionado una instantánea gráfica real del espectro ideológico vasco que sin la participación del PCTV, destinatario de los votos de Batasuna, no habría sido posible.

Las cosas están como están y no de otra manera. Y es bueno saberlo y asumirlo. Saber es siempre mejor que no saber; juzgar es mejor y más útil que prejuzgar; negociar es más razonable que romper la baraja o consentir que alguien haga trampas. Siempre he creído que la ilegalización de Batasuna, además de un exceso jurídico de difícil justificación, fue un error político. Las realidades no son abolibles y el silenciamiento político de un porcentaje nada insignificante del pueblo vasco redunda en el establecimiento de una situación antidemocrática que en nada facilita el diálogo ni la moderación.

Por otra parte, los intentos de rentabilizar la ausencia electoral de Batasuna han fracasado. Primero el PP vio frustrado su propósito de que los constitucionalistas sustituyeran en el poder a los nacionalistas. Ahora es el PNV quien fracasa en su intento de vender un sucedáneo soberanista inverosímil y pretencioso denominado “plan Ibarretxe”. Y digo el PNV, por que su socio de coalición, EA, ha conservado los siete escaños que logró en 2001. El castigo, pues, iba directamente destinado a Ibarretxe. Aunque fuera de farol, su desafío de convocar un referéndum “porque los vascos decidimos” ha inquietado a los nacionalistas moderados, que no quieren más bronca e incertidumbre de la que ya se han habituado a soportar

¿Cómo interpretar el crecimiento del voto a Batasuna, vía EHAK (o PCTV en castellano)?, se preguntan muchos. Desde luego no como un apoyo a ETA, que es la lectura deliberadamente alarmista que hace el PP, coherente siempre (¿quosque tandem?) con la política frentista instrumentada por Aznar. Ese crecimiento es, sobre todo, consecuencia de dos hechos: 1) el propósito dialogante y la insinuación de que las armas pueden callar para que se imponga el diálogo que Otegui planteó en Anoeta y 2) la reacción entusiasta a la libertad para votar precisamente esa opción política y fortalecer esa esperanza por parte de unos radicales cada vez más unidos en la convicción de que la lucha armada es un camino hacia ningún lugar y de que ese 'no lugar' se llama frecuentemente frustración, cuando no fracaso.

La expectativa de la paz ha sobrevolado la campaña electoral vasca en mayor grado que nunca. Los rumores, nunca confirmados, de que el diálogo ya se ha iniciado han generado esperanza incluso en quienes condenan ese diálogo. El cambio de gobierno en Madrid se ha dejado sentir profundamente en Euskadi. El ejemplo de Cataluña, aunque por ahora no sea más que teoría, ha sido estimulante. La esperanza ha empezado a tomar forma. Y el crecimiento del PSE, junto a la caída del PNV y el PP -anclados en la confrontación, como en la era Aznar- es muy elocuente al respecto.

A partir de aquí todo está por escribir, pero no parece inverosímil un pacto de Gobierno entre el PNV y el PSE, que facilitaría no sólo el escenario de gobernabilidad más sólido, sino también la posibilidad de una reforma estatutaria pactada por una amplia mayoría, como ha propuesto Rodríguez Zapatero, y la dificilísima negociación con ETA que se prevé, dada la insistencia de la banda armada y de su brazo político en obtener contrapartidas políticas que de hecho son innegociables a cambio del cese de la violencia.

Hay muchas cartas ocultas en el juego, muchas variables apenas enunciadas. Seguramente en los próximos meses empezarán a salir a la luz. Mientras tanto, paciencia y barajar. Eso es, probablemente, lo que se dice a sí mismo Rodríguez Zapatero, quien, tras su primer año de Gobierno, parece bendecido por la diosa Fortuna.

17 abril, 2005

Wojtyla Superstar


Cuando alguien, durante los últimos días, me preguntaba por qué no escribía sobre el Papa yo respondía invariablemente que no quería contribuir a la saturación imperante y que tampoco tenía nada demasiado interesante que decir; nada que, aquí o allá, no se estuviera diciendo ya con mayor o menor eco. Ahora que no llueve tanto (y hay que admitir que ha sido una gigantesca inundación) tal vez sea el momento de decir unas cuantas cosas a título de esquemático balance y prospectiva.

Para mi lo más chocante (entiéndase chocante como lo más próximo a la expresión inglesa “shocking”) no ha tenido que ver con el propio Papa ni con la Iglesia católica en sí misma, sino con la fagocitación mediática indiscriminada que se ha hecho del fallecimiento del jefe de la fe más extendida en el planeta. Y no se trata sólo del récord orgullosamente aireado por la TVE-1 controlada -se supone- por el ‘laico’ Ejecutivo español. Ha sido un fenómeno global y desmesurado en todos los medios y muy especialmente en los audiovisuales.

¿Por qué tanto despliegue, sobre todo en lugares que no son precisamente de mayoría católica? En primer lugar, porque no se trataba de fe, sino de espectáculo. Era una ocasión “de libro” para rentabilizarla mediáticamente. La grandiosidad del Vaticano, la pompa y el boato de los rituales, la parafernalia vestimentaria anacrónica, las peculiares tradiciones “post mortem”. Todo era puro cine, o pura televisión, pasto para la mirada, motivo de admiración y expectación, especialmente sumado a la movilización masiva de fieles que se escenificó en la Plaza de San Pedro en particular y en la ciudad de Roma en general.

Los miles de kilómetros de filmaciones sobre el Papa más viajero, beatificador y mediático de la historia, realizadas a lo largo de un cuarto de siglo, facilitaban la tarea, preparada, de hecho, con antelación de años, dadas las alternativas de salud del pontífice. Hasta sus últimos días, el actor que fue Karol Wojtyla se ofreció como espectáculo a la humanidad, intentando en dos ocasiones forzar el milagro de hablar cuando obviamente no podía hacerlo. El “show” estaba servido: una gran superproducción por un coste casi ridículo. Pocas televisiones del mundo se resistieron a la tentación.

Para muchos esto ha sido un gran éxito de la Iglesia católica y de su extinto pastor. Desde mi punto de vista es en realidad una derrota que habla elocuentemente de sí misma por medio del propio exceso mediático, como lo es para cualquier objetivo que se precia de serio su vecindad con el “show bussiness”, su esencial trivialización. Otra cosa es que, desde la lógica del “todo es bueno para el convento”, que es la imperante en la Iglesia de la era Wojtyla, prevalezca la valoración de la cantidad de la audiencia alcanzada sobre la calidad del mensaje transmitido.

Y a eso vamos, a analizar la filosofía mediática de un pontificado que si en algo ha sido revolucionario es en el uso de los medios de comunicación de masas. Juan Pablo II no sólo es el Papa más fotografiado, filmado y grabado de la historia. Es también el Papa superstar, el hombre multimedia, que escribe, canta, actúa y hace giras que serían la envidia de cualquier estrella del “rock”. Al igual que éstas -e incluso por encima de ellas-, sus espectáculos son masivos y la escenografía está cuidada hasta el último detalle, con una grandiosa sobriedad destinada a convertir al Papa y a su audiencia masiva y enfervorizada en imágenes tentadoras para cualquier informativo televisivo.

¿Es eso el éxito del mensaje evangélico o el éxito de la estrella mediática Wojtyla? Me temo que es mucho más lo segundo que lo primero. Tal vez el medio no sea el mensaje, contra lo que propone Marshall Mac Luhan, pero el medio altera, condiciona o corrompe el mensaje. De ese modo, nos encontramos con una Papa que ha hecho de su propio icono y de sus gestos calculados su auténtico magisterio popular, seducido él mismo por una “adoración” orquestada generalmente por las instituciones religiosas neoconservadoras a las que potenciaba.

Si durante sus primeros años de gobierno Juan Pablo II logró transmitir una imagen moderna, abierta y seductora, las evidencias de su doctrina y de su praxis no dejaron lugar a dudas, sin tardanza, de que entre las paredes del Vaticano se estaba realizando una minuciosa y matizada destrucción del espíritu alentado por el Concilio Vaticano II y un regreso deliberado a la Iglesia novecentista, la previa a la luz eléctrica y a los desafíos que el brutal y deslumbrante siglo XX planteó para siempre a las conciencias autosatisfechas, religiosas o no. Mucho ruido mediático y pocas nueces.

Los defensores del pontificado de Juan Pablo II acuden invariablemente a la letra, al contenido de ciertos discursos y encíclicas, para mostrar que el Papa fue coherente con el espíritu del Concilio Vaticano II. Pero una cosa es la letra (la teoría) y otra la música (la orquestación práctica). La música es claramente preconciliar. La letra puede ser considerada, en algunos aspectos, progresista. Y no podría ser de otro modo, si se tienen en cuenta la esencia del mensaje de Jesucristo, el derecho natural y la eternización de situaciones desesperadas como el hambre, la opresión y la sobreexplotación de los seres humanos en todo el mundo, así como la necesidad de mostrar coherencia con la doctrina previa.

La verdad de la larga era Wojtyla no se detecta en la teoría, sino en la práctica. Y no sólo en la práctica del Papa, sino en la del conjunto de la institución multinacional que gobierna. En ese terreno no queda lugar a dudas respecto a la esencia real de uno de los pontificados más largos de la historia. Lo esencial de esa era ni siquiera puede ser considerado como de mero estancamiento, sino de evidente y voluntaria regresión. De la mano de Wojtyla, la Iglesia no sólo sigue sin dar respuesta a los desafíos planteados a la conciencia contemporánea por el avance de la ciencia y la persistencia de situaciones de miseria e injusticia que desafían la comprensión y la resignación humana, sino que se ha enquistado y blindado en lo más reaccionario e integrista de su tradición.

Ahora, cuando los objetivos de miles de cámaras se dirijan obsesivamente, en sesiones de mañana y tarde, hacia una pequeña chimenea del Vaticano y se reiteren las dudas sobre si el humo es blanco o no, la pregunta que se harán millones de católicos frustrados es si esa gerontocracia que constituye el colegio cardenalicio ha comprendido o no lo que esperan de ella aquellos a quienes Jesucristo bendijo de modo tan especial e inequívoco en sus bienaventuranzas:

Los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz, los perseguidos por causa de la justicia, los injuriados y perseguidos con mentira y maldad por su fidelidad.

Yo no confío en ello en absoluto. No sólo porque tengo en cuenta la historia de la Iglesia y su realidad presente, sino porque el supuesto carisma de Juan Pablo II El Grande ha abierto un camino muy tentador para quien quiera eludir enfrentarse al drama esencial de una institución que, en su huida de la realidad hacia delante, cree haber encontrado en la mediatización y mitificación del Papa un instrumento eficaz de supervivencia.

07 abril, 2005

Patético Rajoy

He aquí dos ejemplos expresivos de lo que Rajoy considera que es ejercer la oposición con inteligencia, finura y ausencia de visceralidad, tal como reclamaba hace unos días a su partido, a raíz de la difusión del vídeo-bodrio-panfleto de la FAES, que es descrito por su amanuense como un documental (¡) y considerado por la esposa del autor intelectual como un “relato ordenado de los hechos” (¡¡¡):

1) “Ya ni siquiera reclamo que sea usted competente. Tampoco le pido que sea serio, porque parecería un reclamo imposible. Lo que le ruego encarecidamente es que, por lo menos, cuando ejerza usted como nuestro representante, recuerde usted que es español”.
2) "A no hacer nada con buen talante lo llama diálogo de civilizaciones; a la venta de armas, pasión por la paz; a disfrazar la realidad para engañar a los españoles lo llama progreso. Es natural que a vender los intereses de España por un plato de fotografías lo llame europeísmo”.

Estos párrafos ‘de oro’ están extraídos de la diatriba que el jefe de la oposición dirigió ayer en el Congreso contra el presidente del Gobierno en relación con los acuerdos alcanzados en la reunión del último Consejo Europeo, que, entre otras cosas, decidió poner fin al Plan de Estabilidad, aquel que le permitió a Aznar pavonearse con su superávit presupuestario y reclamar sanciones para Francia y Alemania por incumplirlo.

En la lectura de ambas muestras se puede detectar las siguientes acusaciones-insultos: incompetente, frívolo o superficial, antipatriota, inoperante, cínico sin escrúpulos, farsante, vendido o vendepatrias y ególatra o narcisista. Como muestra de un discurso inteligente, fino y cerebral no tiene precio. Se dice que Aznar ha renunciado a realizar la secuela de vídeo-libelos que proyectaba. A cambio -y mucho más barato- parece decidido a promocionar la intoxicación, el insulto y la chulería desgarrada en sede parlamentaria. Todo un progreso.

Cuando en la anterior ‘Espiral’ me cuestionaba la sinceridad del propósito de Rajoy de reconducir el estilo de hacer oposición del PP y, más allá de eso, la viabilidad de tal objetivo, no imaginaba que la respuesta a mis razonables dudas llegase tan pronto y por boca del propio sedicente “centrista reformista”. No cabe una contradicción tan inmediata ni en términos tan expresivos como la perpetrada ayer por el jefe de la oposición. De ello sólo pueden deducirse dos hipótesis, a cual más negativa: o Rajoy mentía al exponer tal meta o su partido (quien realmente lo dirige, quiero decir) le ha forzado a desdecirse.

El jefe de la oposición resulta a estas alturas un personaje patético, paralizado entre el querer y el no poder. Rehén de Aznar, que sus razones tendría para ‘digitalizarle’ como sucesor, y escoltado estrechamente por dos 'triunviros' que son la antítesis de lo que él dice ser, nadie sabe si viene o si va, si sube o si baja, si entra o si sale. Nadie sabe de qué va. Y es de temer que él tampoco. Aunque hay que admitir, a fuer de sinceridad, que nadie lo supo nunca.

Lo único evidente en Rajoy es que siente una pasión irrefrenable por el poder y que es lo suficientemente pragmático (por utilizar un eufemismo piadoso) como para orientar su vela a favor del viento dominante. Patético, ya digo.


01 abril, 2005

La mentira como verdad (o viceversa)


A quien va usted a creer, ¿A mi, o a sus propios ojos?

Groucho Marx

“La izquierda ya había sembrado las calles de odio y enfrentamiento”. Esa es una de las expresiones hiperbólicas que se deslizan en el video (*) que cierto Goebbels de vía estrecha ha elaborado bajo el dictado del presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) y ex presidente del Gobierno, José María Aznar. La frase parece extraída de la más rancia propaganda sectaria del siglo pasado e incluso del antepasado y se inscribe en la depurada e irresponsable trayectoria intoxicadora y manipuladora de Miguel Ángel Rodríguez (alias MAR), servil periodistilla que Aznar trasplantó de Valladolid a Madrid para elevarlo a la categoría de secretario de Estado de Comunicación de su primer gobierno.

MAR dirige hoy en día la productora Splendens (latín: esplendorosa. Casi nada) Ibérica, que es la autora del panfleto audiovisual fruto del reencuentro de dos viejos ‘colegas’ que perecieron políticamente por sus excesos en el uso del poder. En el caso de Miguel Ángel Rodríguez son especialmente notorias sus intrigas para acabar con Sogecable o sus amenazas al difunto editor Antonio Asensio (aquel tristemente famoso “te vas a enterar”). Aznar y MAR comparten un concepto monopolista del poder que pasa por la inescrupulosa convicción de que el fin justifica los medios. Ambos comulgan, igualmente, con la idea goebbelsiana de que un gran mentira, repetida con insistencia y convicción, se convierte en verdad indiscutible en la percepción de la gente. Para Goebbels la verdad era el mayor enemigo del Estado. Para Aznar y MAR la verdad es un enemigo personal. ¿Y para Urdaci? Dice el procaz y lenguaraz Jiménez Losantos que el guión es obra del patético ex “comisario político” del PP en TVE. Si no es broma, ¡qué tres patas para un banco!

Las horas que median entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 son la pesadilla de Aznar, que se la ha traspasado al partido que dirige en la sombra hasta convertirla en una razón de ser fundamental. Aznar y su partido saben que deben su derrota a la afirmación en aquellos días cruciales de que ETA, contra toda evidencia, era la autora de la brutal matanza del 11-M. Hacer creer que afirmaban tal cosa de buena fe y con base en indicios racionales es su caballo de batalla. Es consciente de que de otro modo la 'troika' sucesoria que él diseñó con la vista puesta en la continuidad del PP en el poder y de la suya en la teledirección se cae por su propia falta de crédito. El hombre que habló de los ‘hilillos’ del “Prestige”, el que afirmó que su presidente nunca había dicho que Irak poseía armas de destrucción masiva y el que, al borde del ataque de nervios, dijo primero “ha sido ETA" y más tarde “no se descarta la autoría de ETA” conforman una panoplia aspirante al poder que no admite que exista mejor defensa que un desproporcionado ataque.

Y esa es la cuestión, que el panfleto audiovisual no se conforma con reivindicar el honor cuestionado de un Gobierno, sino que se inventa una conspiración de largo recorrido temporal supuestamente destinada a sacar al PP del Gobierno. En ella se habrían unido en una inédita promiscuidad la izquierda parlamentaria y los antisistema (sic) y todo habría empezado en las movilizaciones contra la guerra de Irak, en las que coincidieron. Pero el blanco fundamental del ataque es Rodríguez Zapatero, que pasa de ser ninguneado como un inútil total a nivel político antes de las elecciones a ser descrito como una especie de Maquiavelo habilísimo y monstruoso un año después.

El vídeo en cuestión no es otra cosa que una sinopsis corregida y aumentada de las afirmaciones e insinuaciones paranoides que el propio Aznar hizo ante la comisión de investigación del 11-M. Es la consecuencia de un rencor incoercible y enfermizo que lleva al expresidente a lanzar sistemáticamente coces contra el aguijón de las verdades que le hieren, en un inútil empeño por cambiar la verdad histórica. Es, en definitiva, algo más que orgullo herido; es soberbia impotente en ejercicio, incandescente odio en práctica implacable, apenas controlada intelectualmente. Es una vergüenza para él, para la FAES y para el Partido Popular.

Cuando uno ha labrado su propia tumba política con una inimitable mezcla de torpeza y arrogancia debería reflexionar lo suficiente como para salir de ella sin signos evidentes de putrefacción y lo más aligerado de fango que sea posible. Lejos de ello, Aznar ha perdido los papeles y manotea y excava desesperadamente en el interior de la fosa ignorando que la dirección que él cree conduce a la superficie lleva en realidad al fuego del infierno.

Ayer mismo el presidente del PP tomaba distancias del vídeo del delito e insinuaba un golpe de timón de su partido hacia la nunca hollada dirección del centro reformista que se supone le es propio. Dados los precedentes y considerando la actual composición de la cúpula ‘popular’ es más que dudoso que tal deseo, en el supuesto de que sea sincero, resulte practicable a corto plazo, pero la afirmación de Rajoy da a entender que hay una corriente significativa dentro del PP consciente de que la política de oposición asilvestrada y destructiva que se viene realizando les aleja progresivamente de la meta irrenunciable de recuperar el poder. Otra cosa es que, como Rajoy llegó a sugerir, puedan ocupar el espectro del centro-izquierda, que, según su peculiar interpretación, habría abandonado el Gobierno. Incluso el carnaval tiene sus límites.

El “rediseño” del PP exigiría, como primera medida, ‘matar al padre’, o sea a Aznar, o al menos lograr que éste renuncie a sus obsesiones y a su insistencia en dirigir en la sombra el partido. Pero es de temer que el simbólico homicidio podría tener consecuencias muy traumáticas en una formación tan heterogénea y ya considerablemente conturbada por la imprevista pérdida del poder.

¿Podría llegar a dividirse el PP? La hipótesis, en abstracto, no es desdeñable, pero la ceguera en las filas ‘populares’ no es tanta como para matar a la ‘gallina de los huevos de oro’ que les proporcionó ocho años de Gobierno. Tendrán que someterse a una catarsis que parece, en principio, muy problemática. Cuando Rajoy demanda inteligencia, finura y ausencia de visceralidad en el ejercicio del papel de primer partido de la oposición está dibujando, de hecho, el antirretrato de una gran cantidad de sus actuales conmilitones y no se sabe hasta qué punto no está pidiéndole peras al olmo. La voluntad de poder tira mucho y puede conducir a que los montaraces hagan de tripas corazón, pero el proceso podría ser bastante largo y accidentado porque, como es bien sabido, la cabra siempre tira al monte.

Tenía dudas entre dos citas del ingenioso Groucho Marx (uno es marxista de toda la vida) para introducir este artículo y finalmente opté por la que figura arriba. ¿Pero quién ha dicho que no se puede concluir con una cita del mismo autor?

Ahí va y aplíquese a quien proceda:

"Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota.Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota".

(*) Para quien quiera contrastar las falacias del vídeo de la FAES: http://3diasdemarzo.blogspot.com

23 marzo, 2005

UE: Sueños 'retocados'

Tal vez porque los referendos para la aprobación de la Constitución Europea están en el horizonte inminente, tal vez porque el rumbo económico está siendo severamente alterado por la inclusión de nuevos países en el furgón de cola y por el encarecimiento del euro en relación con el dólar, quizás por todo ello, el caso es que la UE está revisando a fondo aspectos esenciales de las que en épocas de mayor bonanza fueron definidas como metas irrenunciables de su política económica, que es la única política que, en un sentido estricto, se hace en el marco comunitario.

En poco tiempo se han tomado decisiones tan transcendentales como la flexibilización del Plan de Estabilidad, que ya habían incumplido impunemente sus principales promotores (Francia y Alemania), y la renuncia ‘de facto’ al sueño del pleno empleo en 2010, so capa también de la ‘necesaria’ flexibilidad.

Esa es la palabra mágica con la que la UE pretende afrontar los retos económicos de los próximos años: flexibilidad. Se trata de un término inquietante, pese a las connotaciones de racionalidad y suavidad que conlleva. Tras él se suele ocultar la ley de la selva, el sálvese quien pueda y el ande yo caliente..., cosas que no fomentan precisamente la unión, europea o no.

En el caso de la flexibilización del Plan de Estabilidad, el Banco Central Europeo (BCE) advirtió inmediatamente -y estérilmente- de los riesgos. La renuncia a limitar el déficit público de cada país al 3 por 100 del Producto Interior Bruto, como se exigía antes, amenaza con aumentar la inflación y ésta sería seguida de inmediato e irremediablemente por el aumento de los tipos de interés. Tal medida favorece, en principio, muy especialmente los intereses de Alemania, Francia y los nuevos socios, pero puede ser un desastre para España, donde el nivel de endeudamiento privado, al amparo de la bonanza económica, ha llegado a un extremo que podría ser suicida si se imponen las “vacas flacas”. El Gobierno español parece no tener nada que decir al respecto, o tal vez asume que sería inútil lo que dijera y prefiere guardar silencio para no despertar la inquietud interna.

En lo que concierne al empleo, el “retoque” del sueño del pleno empleo para 2010 implica una “flexibilidad” en cierta medida paradójica si comparamos su ‘filosofía’ con la que se aplica al Plan de Estabilidad. Si en éste se impone con firmeza inflexible la flexibilización, en lo que respecta al empleo se deja en libertad a cada país para que, con un horizonte de tres años, diseñe su propio programa para alcanzar tal objetivo. Tal medida se pretende compatibilizar (eso se afirma) con un plan a nivel comunitario. Ellos sabrán cómo pretenden alcanzar tal compatibilidad, pero a lo que suena es a renuncia. Como la zorra ante las uvas, la UE se dice a sí misma y sólo a sí misma que “no están maduras” mientras finge mantener el utópico objetivo. Como es bien sabido, la Europa social puede esperar. Lo primero es la económica.

Por supuesto, si algún país de la UE logra el pleno empleo en 2010 -cosa sumamente dudosa- no será España. Aquí el paro está asumido como algo estructural, una experiencia familiar y aparentemente ineluctable que nunca ha sido afrontada con un mínimo de seriedad, pese a que lesiona de modo gravísimo a la sociedad española y genera prácticas tan escandalosas como impunes.

La prueba de que España no va en serio contra el desempleo la dan los propios enunciados del ‘diálogo social’ que ahora se inicia bajo la inspiración y tutela del Gobierno. Se pretende que sindicatos y empresarios se pongan de acuerdo para lograr una cosa sumamente deseable, la reducción severa del desproporcionado volumen de contratos temporales (muy superior al de la UE), y otra extremadamente contestable, además de paradójica: la flexibilización de los contratos indefinidos. Tal ‘desideratum’, dados los precedentes 'pasteleros' y la domesticidad de unos sindicatos institucionalizados, cuya representatividad hace tiempo que es meramente virtual, puede convertirse fácilmente en una reducción mínima de los contratos temporales y en el final de los contratos indefinidos tal como han sido entendidos hasta ahora.

Para España el escenario puede ser de pesadilla a medio plazo, con una población castigada en su capacidad de consumo y ahorro por el engrosamiento de sus deudas, una competitividad reducida (si cabe más) por el encarecimiento de los costes productivos y la oferta extracomunitaria, el drástico recorte del ‘maná’ de los fondos comunitarios y un aumento notable de la precariedad laboral en términos reales.

Tal vez ha llegado el momento de que Zapatero descienda a la arena de la vida real y nos cuente qué es lo que ha soñado para evitar que en unos pocos años nos veamos con el agua al cuello. Cuando la UE retoca sus sueños y las nubes comienzan a hacer acto de presencia sobre esta Arcadia supuestamente feliz hay que meterse en la propia casa, arreglar los tejados para que no haya goteras y fortalecer paredes y cimientos para resistir cualquier riada. Todos hemos percibido el regreso al ‘corazón Europa’, muchos compartimos la conveniencia de una alianza de civilizaciones frente al “choque” que otros se empeñan en practicar. A no pocos nos gustaría, asimismo, una reforma constitucional que ponga fin a los pleitos territoriales... ¿Pero qué tal si empezamos a tomar medidas para minimizar los daños que, sin necesidad de ninguna bola mágica, son previsibles en un próximo futuro? ¿Qué habría de malo en decir: “señores, se avecinan malos tiempos y es el momento de tomar medidas”?

La economía y sus consecuencias sociales y no las sistemáticas insidias e intoxicaciones del PP pueden ser la Némesis de este Gobierno. Tiempo al tiempo. En economía, que no es precisamente su fuerte, nuestro presidente está en la línea Blair más que dentro de la ortodoxia socialdemócrata y éste, a su vez, en la de Thatcher, de triste recuerdo para los trabajadores de Gran Bretaña. Ya se sabe que los ‘socialistas’ están para lidiar con las crisis cíclicas mientras la derecha rentabiliza las bonanzas a favor de 'los suyos'.

Me pregunto qué futuro tendrán la sonrisa y el 'buen rollito' de nuestro presidente, que tanto obsesionan a Rajoy y Cia, cuando haya que coger el toro por los cuernos y tratar de salir triunfante e indemne, sin perder el favor del público.

18 marzo, 2005

Hasta... las narices

J'aimerais tenir l’enfant de salaud
Qui a fait graver sous ma statue
" Il est mort comme un héros
Il est mort comme on ne meurt plus".
Moi qui suis parti faire la guerre
Parce que je m'ennuyais tellement...
(*)

La statue. Jacques Brel

Hasta las narices, por no ser grosero, estoy de las dos españas, de su resurrección artificial y de los efectos negativos que ese ‘revival’ pueda ejercer sobre nuestra sociedad civil, que, al paso que vamos, parece condenada a una eterna inmadurez, anclada en una paralizante simplificación maniquea. Este personal estado anímico no es reciente, por supuesto, pero tal vez no escribiría específicamente sobre ello -aunque he aludido al asunto en otros artículos- si no se hubiera montado la que se ha montado con ocasión de la retirada de la estatua de Franco en Madrid, en coincidencia -que muchos no consideran casual- con un homenaje al ex líder ex comunista Santiago Carrillo.

Vaya por delante que soy radicalmente iconoclasta y que comparto la visión sarcástica que Brel expresa en ‘La statue’ sobre la imaginería pública, cualquiera que sea el motivo o el personaje al que se pretende inmortalizar o rendir culto u homenaje. El fetichismo es una desviación. Y no sólo sexual. Como consecuencia de mi iconoclastia no sólo no siento ningún dolor cuando retiran algún icono, sino que lo interpreto como un alentador síntoma de salud. Si no se erigieran nadie tendría nada contra ellos y la especie se evitaría irracionalismos simbólicos tales como “fusilar” al Sagrado Corazón o dinamitar a Buda.

Dando por sentado que el ser humano permanece en una fase de su teórica evolución que podríamos denominar infancia post-tribal habrá que asumir que el culto icónico y su contrapartida iconoclasta no van a desaparecer en un futuro próximo. Lamentablemente tampoco desaparece, salvo en casos muy concretos, el espíritu que algunos iconos simbolizan. Ese es el caso de la estatua de Franco, de la cual, por cierto, aún queda en pie un ejemplar en la somnolienta y reaccionaria Vetusta en la que habito y que, visto lo visto, podría convertirse en destino de peregrinaciones nostálgicas y meta de encendidos desagravios.

Quedan muchos que consideran al dictador un ser providencial y soportan malamente las "incertidumbres" de la democracia, a no ser que gobiernen los suyos, que, naturalmente, no tienen nada contra tan 'respetables' símbolos históricos ni van a poner en cuestión sus ancestrales 'valores'. La que se ha montado con ocasión de la retirada de la estatua de Franco en Madrid, con los agravantes -según las voces más montaraces- de la nocturnidad y la alevosía del coincidente homenaje a “Santi Paracuellos”, como ‘ellos’ denominan a Carrillo, evidencia que la tarea de reafirmación que el autocrático Aznar se impuso ha alcanzado un éxito pleno. Y lamentable, en cuanto a la recuperación de la idea de las dos españas irreconciliables. Incluso Peces-Barba parece contagiado de la herejía maniquea, a juzgar por su alusión a ‘buenos’ y ‘malos’ en el mencionado homenaje.

¿Aún no había dicho que estoy tambien contra los homenajes? Pues sí, lo estoy con tanto o mayor fervor que contra los iconos porque tales actos no son otra cosa que estatuas metafóricas. Esas reuniones de sonrientes palmeadores de espaldas siempre me han parecido un refinado ejemplo de hipocresía. Concilios de mentirosos más o menos ebrios, competición de hipérboles farsantes, sirven también en ocasiones para vagas o precisas reivindicaciones. Ese debe ser el caso del homenaje a Carrillo, pero me temo que no se me alcanza mucho su significado.

¿Era acaso un homenaje de la clase política a sí misma a partir de la paradigmática capacidad del homenajeado para traicionarse a sí mismo y a los suyos sin sucesión de continuidad desde su ya remota juventud? Eso es lo que me temo. Si Carrillo fuera ejemplo de algo lo sería del pragmatismo más cínico y rastrero. El ex líder casi vitalicio del PCE es una especie de Talleyrand de vía estrecha, un ejemplo inimitable de todo lo malo (y es mucho) que conlleva el concepto de “político profesional”.

Pero volvamos al tema central. La retirada de la estatua de Franco ha sido calificada de “provocación” y ha motivado que el inefable Zaplana apostrofe de “radical” al Gobierno. La ultraderecha ha alterado el orden público, como corresponde a su naturaleza. Mientras, el fino y sibilino Rajoy ha acusado al Gobierno precisamente de lo que se acusa a su partido, es decir: de resucitar el pasado y fomentar la división. Y los ideólogos de la ‘Brunete mediática’ desbarran a gusto una vez más contra el Ejecutivo con argumentos que darían risa sino dieran más pena.

Afortunadamente, el pueblo soberano, en su silenciosa mayoría, no parece dejarse impresionar por el delirio del teatro político. Especialmente los jóvenes contemplan el espectáculo fantasmagórico de las dos españas con la misma actitud que si fuera un ‘talk show’ demasiado reiterativo. Ponen un poco de atención a las diatribas, alucinan brevemente y a continuación se dicen “apaga y vámonos”.

Lo que a ellos les preocupa es saber qué España les va a proporcionar un empleo estable y con un sueldo razonable, y, en el colmo de la ambición, en qué década del siglo podrán tener un piso en propiedad sin por ello renunciar necesariamente a ese derecho que todos tenemos a una vida digna.

También ellos, sobre todo ellos, están hasta... las narices.

(*) “Me gustaría pillar al hijo de hijoputa/ que ha hecho grabar bajo mi estatua/ 'Ha muerto como un héroe/ ha muerto como ya no se muere'/ Yo, que me marché a hacer la guerra/ porque me aburría de tal manera...”.


16 marzo, 2005

"Irak va bien", dicen

‘Il cavaliere’ Silvio Berlusconi anunció ayer que ha decidido iniciar en septiembre la retirada de las tropas italianas de Irak. El anuncio no fue realizado en el Parlamento, como hubiera sido de esperar, sino ante las cámaras de televisión, escenario por el que el plutócrata siente predilección -sin duda porque lo controla aún más que a la Cámara- y al que pudo mostrar orgulloso su nueva pelambre, aportación más reciente del peculiar líder a su rediseño rejuvenecedor.

Estados Unidos se ha apresurado a matizar que tal decisión no obedece a la muerte de un agente secreto italiano por sus tropas con ocasión de la puesta en libertad de la periodista izquierdista italiana Giuliana Sgrena, asunto, por cierto, que es de temer que no se aclarará jamás. Ociosa matización, en cualquier caso. La causa de la decisión del líder de “Forza Italia” tiene una motivación mucho más electoralista que moral o puramente política.

A un año de las elecciones, el superempresario y emperador de los medios de comunicación tiene muy claro que si no retira las tropas le espera un voto de castigo que ríase usted del 14-M español. El ‘suceso Sgrena’ sólo ha sido la gota que colma el vaso de la paciencia y la frustración del pueblo italiano ante la particular aventura iraquí del curioso personaje que rige sus destinos. Italia ha estado en vilo demasiadas veces como consecuencia de la ‘porca guerra’ a la que Berlusconi le apuntó.

El líder italiano ha visto el cielo abierto con el optimismo propagandístico que se ha extendido en Occidente tras la ‘exitosa’ celebración de las elecciones en Irak. “Bueno, esto está prácticamente resuelto”, ha debido decirles con su desparpajo característico a sus amiguetes yanquis. “Entonces casi que nos vamos, ¿eh?”. Blair tiene un problema electoral similar y lo comprende. Bush, que, con una complicidad mediática inédita, ha superado la prueba electoral con éxito, seguramente lo comprende menos. Pero Bush comprende muy pocas cosas, como es sabido.

Es probable, incluso, que el propio Bush crea lo que dice, que “Irak va bien”. La prensa y los sondeos le son favorables tras las elecciones iraquíes, la distensión entre Israel y Palestina y el inicio de la retirada siria de Líbano (*). Pero lo cierto es que la “iraquización” (en Vietnam se le llamó ‘vietnamización’ al inicio de la derrota) tiene un semblante fatal. Los atentados y las acciones guerrilleras impunes y ubicuas no cesan. Ni la coalición ni el 'neoejército' iraquí controlan el territorio. El miedo y el asqueo dominan el ánimo de las tropas de la coalición ocupante, convencidas de que la paz empieza nunca en ese país hostil que sólo les permite una cierta sensación de seguridad en los cuarteles (su residencia habitual). Irak va bien de culo y contra el viento, resumiendo castizamente.

Hoy se ha reunido el mutilado Parlamento iraquí, por primera vez tras las elecciones. Lo ha hecho bajo extremas medidas de seguridad en el área más segura de Bagdad, la denominada "zona verde", en cuyo interior se han registrado algunas explosiones, que -se dice- no han causado víctimas. La sesión ha sido rigurosamente protocolaria. Ni se han elegido los cargos de la Asamblea ni se ha tratado de la formación del Gobierno, que sin duda será cooptado digitalmente por el “amigo americano”. Pese a todo, me juego el bigote a que la noticia y la foto serán extensamente publicitadas en casi todo el orbe como signo de la progresiva “normalización” de Irak. Por cierto, ¿qué se sabe de los suníes? ¿Han sido declarados apátridas?

Pero tranquilos: Irak Va bien. ¿Y el mundo? Para qué te voy a contar.

(*) Y a todo esto, ¿quién mató a Hariri? ¿Lo sabremos alguna vez? A Siria no le beneficiaba en absoluto tal acción, como la prueban las consecuencias, y el difunto no era ningún acérrimo enemigo suyo. Como en cualquier investigación criminal, en este caso hay que prenguntarse a quien beneficia. Lo cierto es que las tropas sirias abandonan Líbano mientras las israelíes siguen en los Altos del Golán. Otro signo de “normalización”. ¿O no?


10 marzo, 2005

'Tangentópolis' a la catalana

Quiere la tradición popular que se denomine ‘justicia catalana’ a la que se ejerce sin dilación ni miramiento especial de las reglas procesales y, en última instancia, el término alude a la vindicación que se practica por la propia mano y en caliente. Tal expresión tendría su origen en un remoto alcalde catalán que, tras sorprender a un homicida “in fraganti”, lo mandó ahorcar sin mayores trámites. “Justicia catalana no entiende de cuentos” fue la lapidaria sentencia que surgió de esta historia, supongo que verídica.

Ignoro si la Justicia catalana entiende a estas alturas de cuentos, aunque me da a mi que sí y que no poco, pero de lo que sin duda debería entender más es de cuentas. Concretamente, de las cuentas (secretas, claro) que presuntamente vinculan desde su origen al liderazgo de la Generalitat y a la coalición nacionalista (CiU) que la ha gobernado hasta ayer con el trasiego irregular de fondos con los más variados destinos y orígenes. Carlos Jiménez Villarejo, que fuera fiscal jefe de la Audiencia de Barcelona, podría hablar largo y tendido de lo que pudo ser y no fue, de lo que la Justicia catalana debió hacer y no hizo. El corrupto juez Estevill, que llegó de la mano de CiU hasta el Consejo General del Poder Judicial, sabe aún más, pues no en vano se hundió hasta los ojos en el hedor de la pomada, pero no cabe esperar que escriba sus memorias ni formule denuncia alguna quien llevó la prevaricación y la extorsión a niveles nunca hozados por juez alguno.

Hay mar de fondo en el generalmente apacible Mar Muerto de la política catalana desde que Maragall soltase inopinadamente la bomba en el Parlament. “Ustedes lo que tienen es un problema del tres por ciento”, le espetó el president al líder de la inédita oposición convergente-y-unida. “Usted acaba de mandar a hacer puñetas le legislatura”, le respondió un indignado y perplejo Artur Mas, exigiéndole una inmediata rectificación... Y Maragall dejó boquiabiertos a propios y extraños retirando lo dicho. Ya era demasiado tarde, por supuesto. No se lleva el viento lo que se dice en una asamblea pública con luces y taquígrafos y -lo que es peor- con la televisión como testigo.

Ignoro si la legislatura catalana se irá a hacer puñetas, pero lo que sí se fue desde ese día al garete fue el famoso ‘seny’ catalán, objeto de tanto panegírico. Los políticos catalanes, tan cordiales, elegantes e irónicos ellos, parecen haberse dado de común acuerdo a la dipsomanía. Maragall anda haciendo metáforas impropias a base de soufflés, vaselina y violencia de genero, como un delirante Dalí de la cosa pública. Mas parece poseído por un ataque de rabia y, cual kamikaze con barretina, ha puesto irresponsablemente en marcha el ventilador. Y no el de la inocua técnica guitarrera de la rumba catalana, sino el que proyecta la mierda en todas direcciones y lo deja todo hecho un asco.

A la Justicia catalana no le va a faltar trabajo si sigue todas las pistas que están surgiendo, incluída la alusión de Mas a la financiación irregular de ERC. El líder de CiU, notoriamente desbordado por la sospechosa herencia de Pujol, ha llegado a afirmar que si dijera todo lo que ha llegado a saber sobre las anomalías financieras de los republicanos la política catalana se convertiría en “un vertedero”. Estruendosa pérdida de papeles. Con tal afirmación no ha hecho sino confirmar lo que supuestamente no quiere decir. O sea, lo que gracias a unos y a otros ya sabemos todos: que el vertedero catalán es una realidad. Lo que me pregunto es por qué ningún fiscal ha llamado a Mas para que informe de lo que sabe sobre ERC. Me lo pregunto retóricamente, claro.

El ojo de la Justicia investiga ya la 'tangentópolis' catalana, pero, independientemente de la voluntad y determinación de los defensores de la ley, me temo que no cabe esperar mucho de su acción. Hay una no escrita y antiquísima ley del silencio en los tratos entre empresas y políticos. La connivencia y la no agresión son la regla de oro. Los únicos que han abierto la boca en este sonoro caso son un par de empresarios de medio pelo a los que el relevo del poder en la Generalitat les ha dejado con trabajos impagados de los que nadie se responsabiliza. Y ellos no hablan de un tres por ciento de comisión, sino de un veinte.

¿Se puede llegar a través de ese frágil hilo al ovillo dorado? En el caso de la “tangentópolis” italiana así fue. Una minucia casi insignificante y el locuaz “arrepentimiento” de un pequeño canalla que sabía demasiado dio lugar a la operación judicial “manos limpias”, con el justiciero magistrado Di Pietro al frente. El resultado de la minuciosa operación de limpieza practicada por el poder judicial fue que, como diría Mas, se fue a hacer puñetas toda la partitocracia de la república y surgió el sonriente tiburón plutócrata llamado Berlusconi, formó un partido con nombre de asociación de ‘tiffosi’ (Forza Italia), y, por vía parlamentaria, se regaló a sí mismo toda la impunidad judicial que le convino, que era mucha. De Guatemala a Guatepeor.

Nadie debe haber más contrito a estas horas por haber abierto la caja de Pandora sin encomendarse ni a dios ni al diablo que el propio Maragall. Ni su partido está contento, ni La Moncloa lo está y no digamos CiU, abiertamente dispuesta a morir matando si las cosas le van aún peor. Ahora se pretende minimizar los daños y serenar las aguas. El debate, hoy, de la moción de censura contra Maragall, presentada oportunistamente por Piqué (¿recuerdan el caso Ertoil?), será la prueba de fuego. Pero aunque los políticos se aplaquen queda por saber lo que hará esa teórica variable independiente que es la Justicia, la catalana y la española.

Yo tengo escasas dudas al respecto. Todo se quedará en una tempestad en un vaso de agua, en un “calentón” (así se calificó en su día la sorprendente denuncia de Maragall) circunstancial y pasajero. Alguien caerá, claro. La cuestión es si ese ‘alguien’ se va a resignar a pagar el pato en solitario o va a poner sobre la mesa judicial datos ante los que no se puede hacer la vista gorda. Esperemos y veamos.

En el interregno se podría hacer una reflexión sobre un iluminador artículo que -supongo que no por azar- publicó el pasado domingo José Vidal Beneyto en “El País”. Tiene el sugerente título “¿Viva la corrupción?” y, naturalmente, no habla para nada de la ‘tangentópolis’ catalana. Glosa su autor el último hallazgo de Moisés Naim, un respetado “ideólogo” estadounidense, editor de la influyente publicación “Foreign Policy” (“Política Exterior”). Con perdón del autor -y confío en que con su tácito permiso- reproduzco un fragmento elocuente del artículo:

En línea con el supuesto básico del liberalismo radical de que no hay estímulo más eficaz para la transgresión que la prohibición, el autor nos propone la secuencia argumental clásica en este tipo de demostraciones: la corrupción es consustancial a la humanidad y por eso es tan antigua como ella, con lo que es imposible de determinar y de medir, y oponerse a ella no sólo es inútil sino perverso por los efectos negativos que esa oposición genera. Las leyes anticorrupción, los códigos de conducta empresarial, la acción de las ONGs que luchan por mantener comportamientos éticos en la actividad económica -Transparencia Internacional, etc.- son para Moisés Naim, que los cita explícitamente, causantes de múltiples daños colaterales pues "pretender restringir la cultura del soborno y la codicia... es una ilusión paralizante". O como escribe de forma aún más lapidaria: "La guerra contra la corrupción esta minando la democracia".

Tomen nota porque no hay virus nacido en Washington que no se extienda rápidamente por el mundo. ¿Acabaremos teniendo leyes anti-anticorrupción por el bien y la prosperidad de un concepto pervertido de democracia? Esperemos que no. Sería un descaro insufrible para los sufridos ciudadanos. Este país tiene una dilatada experiencia en la práctica cómplice y complaciente de hacer la vista gorda. Con eso basta y sobra. Y no es por el bien de la democracia, como a nadie se le oculta.

¿Comprenden mi radical escepticismo? Muchas gracias.


09 marzo, 2005

El 14.M de la Iglesia

La noticia ha sido sorprendente y contiene un alto potencial significativo, por lo que hoy ocupa el lugar de honor en las portadas de todos los diarios. Los eclesiólogos se han quedado de palo, perplejos, desautorizados. Monseñor Blázquez no estaba en ninguna quiniela. Para empezar, es obispo y no arzobispo, como todos los que hasta ahora han presidido la Conferencia Episcopal en sus 40 años de existencia, y para continuar, se daba por sentado que Rouco iba a ser reelegido. La verdad es que faltó muy poco para que así fuera, pero la Iglesia es una institución compleja, sutil y no poco misteriosa.

La elección de Blázquez ha sido tan sorprendente como en su día lo fue la de Woityla como Papa, aunque -se cree- de signo opuesto. ¿Un polaco?, se decían. Ahora los especialistas, los curas y los fieles se pellizcan (a sí mismos, por supuesto) incrédulos: ¿El obispo de Bilbao? Sorpresas te da la vida, que cantaría Rubén Blades.

Pues sí, se diría que el vilipendiado talante zapateril es contagioso. Podría aventurarse que la Iglesia española tuvo ayer su particular 14-M. Incluso podría creerse que la Conferencia Episcopal es un órgano más permeable y menos esclerótico de lo que siempre -especialmente en la era Rouco- se ha venido creyendo. Exegetas tiene la santa madre...

Yo, ante todo cambio supuestamente significativo, evoco siempre el cinismo lampedusiano: “Cambiemos algo para que todo siga igual”. Esa es la filosofía profunda del poder temporal y, por supuesto, también de la Iglesia, que es el más antiguo de los poderes de la tierra. Conviene recordar que hubo una vez un Concilio Vaticano II, revolucionaria operación de “aggiornamento” (puesta al día), como se decía -en italiano- entonces. Conviene recordar también que la apisonadora Atila-Woityla no ha dejado piedra sobre piedra de aquellos frágiles cimientos de una ‘revolución’ tan tentadora como imposible.

La iglesia católica tiene una portentosa capacidad de adaptación, una cualidad pragmática que podría calificarse de mimética y que constituye la razón fundamental de su dilatada supervivencia. Del judaísmo reformado original, monoteista e iconoclasta, a la romanización trinitaria, politeísta (¿qué otra cosa son los santos sino pequeños dioses?) e iconófila. De las saturnales, a la Navidad. De las deidades femeninas imperantes en las religiones derrotadas, al paradigma sustitutivo de la virgen María. De los beligerantes estados pontificios y sus ejércitos, a la ínsula beatífica del “estado” Vaticano...

Resumiendo: la elección de Blázquez no va a cambiar nada esencial, lo mismo que el relevo de Aznar por Zapatero. Al autócrata y reaccionario Rouco/Aznar le sustituye el dialogante y moderado Blázquez/Zapatero. Eso sólo significa un cambio de talante, nada revolucionario. Pero no minimicemos la importancia de tal cambio. Que la iglesia española rectifique su rumbo de colisión con la sociedad y el Estado (eso es lo que se espera de Blázquez) no es grano de anís ni moco de pavo.

Entre la Iglesia y el PP han creado en los últimos tiempos un clima de permanente crispación que enrarece y tensa artificialmente el ambiente sociopolítico. El odio, el insulto, la mentira y la bronca se supone que no son precisamente cristianos. ¿Lo es la COPE? ¿Lo es la amenaza de sacar a la calle en manifestación a los padres católicos? ¿Lo es la arrogancia impositiva en nombre de un dios que no es el de todos? ¿Lo es la permanente injuria radiofónica o la intoxicación informativa sistemática? Y más allá de todo esto: ¿Es rentable para los intereses de la iglesia española su identificación incondicional con el PP? (*)

Pues eso, bienvenido sea el cambio de talante si se plasma en realidades palpables porque la sociedad española ya está harta de que la quieran llevar a una guerra que sólo una minoría asilvestrada siente como propia. No son tiempos de cruzadas, ni nacionales ni planetarias. Aunque digan lo contrario Bush, Woityla o el “sursum corda”. Que nos dejen en paz. Que nos dejen la paz.

(*) Sugiero la relectura de “La Espiral” del 25 de enero (Archivos/Enero) como complemento.


26 febrero, 2005

Sir Katharine Teresa Gun

Se llama Katharine, como la añorada Hepburn, que también tenía lo que hay que tener. De segundo, Teresa, como la santa iluminada de Ávila. Y se apellida Gun, que en inglés significa arma de fuego en general, desde revólver a cañón. Definitivamente lo suyo fue un cañonazo, una sonora y demoledora detonación contra la indecencia desde la dignidad y coherencia de Katharine, desde el riesgo utópico de Teresa.

Katharine Teresa Gun, de 29 años, pertenecía a los servicios de inteligencia británicos gracias a su singular especialización en el idioma chino mandarín. Un día cayó en sus manos un memorándum en el que los servicios de inteligencia estadounidenses pedían a sus primos británicos (la colaboración entre ambas cloacas es tradicional) su ayuda para espiar a varias delegaciones de países con presencia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ni corta ni perezosa y mucho menos cobarde, pues era conocedora de los riesgos implícitos en su gesto, Katharine remitió dicha información a la publicación The Observer, que la difundió con el rango que merecía.

Chile, Bulgaria, Camerún, Angola, Guinea y Pakistán eran algunas de las delegaciones a espiar, pero al menos otra más, México, fue objeto de la atención de los servicios de inteligencia, pues este país denunció en su día, junto a Chile, que sus representantes en la ONU habían sido objeto de escuchas.

En aquellos días Estados Unidos y Gran Bretaña tenían mucha prisa por desatar el ataque contra Irak, mientras los referidos países negociaban un consenso para prolongar la presencia en el país de los inspectores de armamento que buscaban las inexistentes armas de destrucción masiva que fueron el pretexto oficial para la invasión. De ahí su interés en conocer, por medios ilícitos, lo que se traían entre manos y neutralizarles, cosa que, por cierto, consiguieron. Los inspectores abandonaron Irak y la guerra, hasta entonces sólo probable, se hizo realidad.

Katharine no es una espía china o iraquí infiltrada en los servicios de escuchas y traducciónde la inteligencia británica. Es nada más (y nada menos) una mujer con principios, consciente de la gravedad de su casual descubrimiento, que quiso, según sus propias palabras, "evitar las muertes y los daños a la población civil iraquí y a las fuerzas militares británicas en una guerra ilegal".

Como consecuencia, aparte de perder su empleo, durante un largo año de zozobra ha afrontado el peligro de verse condenada a dos años de prisión por vulnerar la ley británica de secretos oficiales. Afortunadamente, en este año se ha puesto de manifiesto más allá de toda duda la extraordinaria magnitud de las mentiras tejidas por los invasores de Irak para justificar previamente su acción y darle cobertura legal. Tras el "caso Kelly", Blair y su Gobierno no soportan ni una mota más de mierda sobre sus cabezas y decidieron echarse atrás en el proceso que debía haberse iniciado ayer.

Hay que alegrarse por Katharine, que ha salido indemne tras su 'imperdonable pecado' de revelar la verdad, pero hay que lamentar que sistemas presuntamente democráticos no hagan pagar a sus líderes por engañar a sus pueblos y sacrificar las vidas de sus ciudadanos. Que Blair y Bush sigan en el poder demuestra hasta qué punto la democracia está enferma y los ciudadanos, anestesiados.

Katharine Teresa Gun, con su valiente actuación en coherencia con sus principios morales y cívicos y con un concepto exigente del bien común, es una excepción tan alentadora como necesaria. Si la Corona británica fuera algo más que un decadente carnaval le concedería el título de sir, que regala a cualquier cantamañanas por el mero hecho de aportar divisas. Sus servicios a la verdad y por ende a la democracia deberían tener un premio.

20 febrero, 2005

El Muro de la Vergüenza II

De la diáspora al retorno; de la humillación a la arrogancia; de víctima a verdugo; de Auschwitz, Mathausen, Buchenwald a Sabra, Shatila, Jenin; del ghetto judío al ghetto palestino; del muro de las lamentaciones al muro de la vergüenza; de la compasión mundial a la indignación casi universal. Israel se queja farisáicamente del resurgimiento del antisemitismo en el mundo, confundiendo, de modo tan cínico como deliberado, el rechazo a su política de persecución y "apartheid" respecto al pueblo palestino con el odio racista a los judíos de cualquier nacionalidad y convicción, que, aunque subsiste en muchos lugares, tiene una incidencia demográfica casi anecdótica.

Ayer, Ariel Sharon, que, además de ser un probado racista sanguinario, también parece ser un político corrompido y nepotista, explicó al amigo americano sus planes para la "desconexión" (vergonzante eufemismo) de los palestinos. Es bien sabido que, desde su nacimiento, Israel no da explicaciones más que al gran Goliat occidental y todo indica que tal subordinación no es más que un cómplice cruce de secretas señales entre tahures, concertados para burlar las reglas que la comunidad internacional viene tratando de imponer frente a los abusos del falso David de Oriente próximo.

Sharon jura y perjura -ayer también lo hizo- que está dispuesto a cumplir con lo previsto en la llamada "hoja de ruta", pero cuando se rememora la arrogante sucesión de incumplimientos de las resoluciones de la ONU que los gobiernos israelíes han perpetrado impunemente no cabe alimentar muchas esperanzas al respecto. Y aún caben menos cuando se contempla el ignominioso muro tras el cual se pretende encerrar a los palestinos. Una imagen vale más que mil palabras y, además, Sharon apenas deja abierta alguna posibilidad de llegar a un acuerdo con Abu Ala. La "propuesta" de Sharon se expresa en términos de "estas son lentejas". Por ellas (las lentejas) Esaú vendió a Jacob la primogenitura, dice la biblia, pero no va a ser el caso. También dice el libro que las trompetas de Josué derribaron las murallas de Jericó, pero es evidente que no ha nacido aún un sucesor de Moisés con los poderes necesarios para derribar el muro de la vergüenza con el que el Gobierno de Israel vulnera impúdicamente los derechos humanos y afrenta a la comunidad internacional.

18 febrero, 2005

ETA vota PP

La noticia: ETA anuncia un alto el fuego limitado a Cataluña por "solidaridad".

Comentario: Véase el título de esta breve "Espiral".

Prospectiva: Seguiremos yendo de culo y contra el viento, de la mano de la dinámica del cerrilismo totalitario, de la demagogia y del oportunismo político más ramplón.

Breve expansión emocional: ¡Qué asco!

Intento de justificación personal: Abordar la tarea de escribir un comentario con presunción de objetividad sobre un asunto tan indecente como este probablemente me convertiría en cómplice de la propia indecencia y perversión política que intentaría denunciar. Afortunadamente nadie me paga (y por lo tanto nadie puede exigirme nada) por lo que escribo aquí, lo que me deja en libertad para invitar al lector a que haga su propio análisis, sopesando los antecedentes que posée (si no los tiene no sé qué hace aquí), y a que obre en consecuencia.


12 febrero, 2005

Panegírico de Julio Cortázar


Hace veinte años que, a los setenta de edad, moría en un hospital de París Julio Florencio Cortázar Scott, argentino de vocación y ciudadano del mundo de ejercicio. Con tal motivo, un colega sabedor de mi incondicionalidad cortazariana y del ardor proselitista que me invade cada vez que surge la oportunidad de justificarla, me propuso que escribiera algo, como si "algo" a propósito de Cortazar no corriera el riesgo de ser demasiado o demasiado poco. Durante un par de días he nadado en la duda dadá: ¿Me enrollo con su biografía? ¿Gloso alguno de sus relatos? ¿Reitero mi encendida defensa de "Rayuela"? ¿Cuánto debo escribir? ¿Tres folios, diez, un ensayo? Finalmente he tirado por la calle de enmedio, que hace la función geométrica de la linea recta, la distancia más corta entre dos puntos. Esto, pues, es un panegírico. ¿Que por qué? Porque Cortazar se lo merece y a mi me da la gana. Faltaría más. Vamos con ello:

Es reconfortante constatar que Julio Cortázar sigue vivo y que lo está especialmente en la memoria de otros grandes escritores vivos, como García Márquez, Vargas Llosa o Saramago, cuyo rendido tributo supera con mucho el valor de un premio Nobel que Cortázar nunca recibió y ni siquiera ambicionó. Es alentador también que, veinte años después de su muerte, su obra se reedite porque ello facilitará el acceso de nuevos lectores a la mágica galaxia, encerradora de mundos, que el escritor argentino diseñó con el mimo de un orfebre maniaco y superdotado.

Tal vez ahora el autor de Rayuela encuentre finalmente a sus lectores, si es que éstos pertenecen a un tiempo concreto y no son, como su propia obra, atemporales y, por tanto, en gran medida eternos.

En su extenso y magistral relato El Perseguidor, el personaje central, trasunto indisimulado del saxofonista de jazz Charlie Parker, se nos muestra, desconcertado y sobrepasado, afirmando durante una sesión de grabación: “Esto lo estoy tocando mañana”. Del mismo modo, todo el complejo y sutil mundo cortazariano parece escrito en algún momento de un impreciso futuro, o al menos en una situación espacio/tiempo virtual, paralela al presente real, sobre el cual, sin embargo, proyecta luminosas ventanas, abiertas para quien quiera y pueda ver.

Cortázar no admite comparación con ningún otro escritor conocido. El modo en que su inquisitiva mirada indaga la realidad; en que su mente la analiza y su sensibilidad la experimenta es único. Y única asimismo es la manera en que escribe desde el más mínimo relato hasta su novela más extensa. Si el estilo es el hombre, como quieren Ortega y Gasset (quietos, que es broma), no hay duda de que, en este caso, el hombre que está detrás de su escritura no cabe en ningún apartado preexistente para la clasificación convencional de escritores.

En la literatura hay un antes y un después de Julio Cortázar. Él extendió los límites de lo describible al explorar y descubrir territorios vírgenes en lo real y aplicar a la narración de lo universal y de lo cotidiano precisamente el único lenguaje capaz de traducir dimensiones antes inefables. El 'finis terrae' de la narrativa está mucho más allá después de Cortázar.

No es un escritor menor, contra lo que muchos afirman; no es sólo un singular y habilidoso creador de relatos entre lo metafórico y lo real, cualidad con la que tantos lo limitan. Rayuela o Libro de Manuel son monumentos literarios, cumbres altísimas del arte mayor de la narrativa: la novela. Sus páginas siguen siempre a la espera del 'lector-macho' (como Cortázar decía en tiempos menos paranoicos con la corrección política) que aborden la lectura como un acto creativo, como una aventura acaso laboriosa pero iluminadora.

El hombre que escribió su obra mañana precisa de lectores abiertos a la experiencia de jugar mentalmente a la rayuela y descubrir así los mundos ocultos que encierran los falsamente tranquilizadores mundos conocidos.

Esto no es sólo un panegírico. Es también una invitación a la lectura o relectura de un escritor genial, un hombre que creyó en la revolución y la puso en práctica, al menos en el terreno literario, lo cual es mucho más de lo que se puede decir de cualquiera con quien se le pretenda comparar.

05 febrero, 2005

Menú del día

Queda demostrado. Cuando el circo alcanza dimensiones desproporcionadas y las mentiras se disparan de tamaño hasta no caber bajo la carpa, también los enanos crecen y el espectáculo se arruina. Para muestra, unos cuantos botones en forma de carta de restaurante de carretera porque ésta es una "road movie" de las buenas:

-Primer plato: Según el británico Brian Jones, que tiene nombre de suicida (el del guitarrista original de los Rolling Stones) y era el jefe del presunto suicida Kelly, el informe de septiembre de 2002 que aseguraba que Irak tenía capacidad para lanzar un ataque demoledor en apenas 45 minutos "daba una idea engañosa" y "no tuvo en cuenta a los expertos de inteligencia". Si Tony Blair no quería caldo, aquí tiene taza y media. ¡Marchando!

-Segundo plato: La CIA niega hoy terminantemente haber informado en algún momento al Gobierno Bush de que Irak supusiera "una amenaza inminente", argumento definitivo del "equipo del crimen" para desencadenar la invasión, previa campaña de intoxicación "urbi et orbe". Lo siento, Jorgito (es un decir) pero John Kerry avanza a pasos agigantados hacia la Casa Blanca. Vete haciendo las maletas y no te dejes ni una sóla mentira en el despacho oval, que todo se pega.

-Postre: La señora Blair, de nombre Cherie (que en francés significa querida), se despacha en una biografía sobre su marido de próxima aparición con unas declaraciones sabrosísimas (muy propias para el postre) sobre el actual inquilino de la Casa Blanca y su "santa". Dice Cherie que Bush es un presidente ilegítimo, que "robó el cargo a Al Gore" y que atenta contra los derechos humanos con su conocida debilidad por la pena de muerte. En cuanto a la señora de Jorgito, le merece la calificación de "obtusa, cerrada y demasiado conservadora". Cheríe, je t'aime. Lo que me pregunto es qué haces con el julandrón de Tony, que, aparentemente, sólo se diferencia de su socio en su notoria labia y, por supuesto, en el coeficiente intelectual. Si algún día te divorcias, esperemos que nos relates qué tal dormía tu actual "costilla" en esta azarosa temporada en que anda todo el día con el culo al aire y la sonrisa en los labios.

-Carajillo y habano: El ínclito Aznar, en su gira de "pop star" al servicio de los valores e intereses del Occidente judeocristiano, atracó ayer en Bruselas tras su triunfal actuación en Washington (¿La asistencia al acto de una quinta parte de los parlamentarios estadounidenses es un éxito de público?, me pregunto) y largó cuarto y mitad de lo mismo que en la capital del imperio a sus sufridos colegas del PPE. Sólo algunos 'intelectuales orgánicos' de los viejos tiempos le sacaban tanto partido a la misma conferencia en sus giras por ateneos y chiringuitos "culturales" de Celtiberia. La verdad es que hay que valer. Y, como reza un dicho seguramente grato al presidente saliente, vale quien sirve. A quién se sirve es otro cantar.


04 febrero, 2005

Vergüenza ajena


Aznar hablará hoy ante el pleno del parlamento estadounidense (Congreso y Senado) en defensa de la guerra de Irak, honor (el de dirigirse a las cámaras, no el de defender la vergüenza de Irak) reservado exclusivamente para los más fieles entre los fieles. El discurso lo pronunciará en castellano porque el inglés -con acento de Texas- lo habla sólo en la intimidad. Si yo fuera él creo que, en el último momento, me vería súbitamente asaltado por alguna enfermedad que impediría mi presencia en tan sonrojante situación.

Claro que para ponerse enfermo antes hay que estar sano...

Ayer mismo transcendía que Aznar ha enviado una carta a Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea (supuestamente el Gobierno de la UE) proponiendo la creación de una comisión mixta UE-EEUU destinada a levantar las barreras proteccionistas existentes entre ambos entes. A ello ha respondido la Comisión, con lógico desdén, que "no hace falta inventar la rueda" puesto que la UE ya cuenta con órganos dedicados a tan delicado fin.

Estados Unidos tiene mucha prisa por rentabilizar mediante un torrente de exportaciones la devaluación del dólar frente al euro y, aparentemente desconocedor de las antipatías que despierta en Bruselas "míster Ansar", le ha movilizado para que engrase el carro. Y nuestro hombre, que no se corta un pelo, se ha puesto a la tarea sin ningún escrúpulo ni rubor. Nadie debería sorprenderse si tuviera en cuenta los precedentes personales de nuestro "caudillito", pero todo encaja mucho mejor si se considera que el inmediato destino que parece haberse reservado a sí mismo a partir del 14 de marzo es el de "conseguidor" (disculpen el eufemismo) en el sustancioso eje político-comercial Washington-resto-del-mundo. Para ello ya ha situado como cabeza de puente a su yerno, el del apellido impronunciable y el inquietante parecido físico con Henry Kissinger. Sí, el de la alucinante boda en El Escorial.

El futuro duque de Aznar ha conseguido hacer buenos a sus predecesores en el cargo. Él, sin embargo, seguro que se cree un hombre providencial, destinado a ocupar un lugar destacado en la historia. Y en cualquier caso es preciso decir que lo que nosotros pensemos le trae absolutamente sin cuidado. Hasta ahí podríamos llegar...

Rectificación: Contra lo que afirmaba ayer, la comisión de investigación que Blair creará concluirá sus tareas antes de las elecciones. El primer ministro británico confía, sin duda, en llegar ante las urnas limpio de polvo y paja, lo cual, dada su trayectoria, es imposible, pero cuando uno tiene a buena parte de su propio partido en contra y es apoyado por la oposición en temas puntuales relevantes no es imposible que vuelva a ganar las elecciones sin tener que cambiar de partido.


03 febrero, 2005

Del hígado

El que sufre tiene memoria.
Cicerón

Dos notas previas, relacionadas con lo tratado ayer, antes de pasar al tema de la libertad de información que quiero seguir tratando:

- Finalmente Aznar sí habló de las inexistentes ADM de Irak, pero lo hizo, una vez más, para dar por sentado, desde su Olimpo virtual, que la ciudadanía carece de memoria, entendimiento y voluntad. Hasta el último momento este tipo nos quiere hacer tontos a todos. Claro que pistas no le faltan para certificar la estupidez popular en muchos casos.

- Las comisiones de investigación (esas que nunca sacan nada en claro) que Blair y Bush han orquestado en sus predios particulares no concluirán -por si acaso- hasta después de las elecciones respectivas. Parece ser que ellos también comparten la idea de que la ciudadanía es imbécil. ¡Vaya trío de demócratas el de las Azores!

...Y, ahora que lo pienso, voy a dejar el tema de las libertades de información y expresión para mañana o cuando mejor cuadre a mi ánimo. La reflexión que conllevan las líneas escritas hasta ahora me ha puesto del hígado y como el médico me ha dicho que me cuide voy a seguir su consejo, no sea que me dé el vértigo, una apoplejía... o, lo que sería peor, un ataque de justificadísima ira y me pierda para siempre.


02 febrero, 2005

El corto viaje de la mentira

Las mentiras viajan largos años y nunca llegan
pero la verdad aconseja que es mejor
decir la verdad y después morir.
Proverbio yóruba


Greg Dyke, el director general de la BBC, dimitió, pero la renuncia, lejos de conllevar su autorreducción al silencio, le ha dejado las manos libres y la lengua suelta para poner en su sitio la realidad y quién sabe si no acabará también situando en su lugar descanso (fuera del poder) a Tony Blair.

Tal vez si el Consejo de la BBC no se hubiera mostrado tan inflexible con Dyke (órdenes son órdenes, supongo) a raíz de la difusión del peculiar "informe Hutton" las cosas serían diferentes. Dyke seguiría en su puesto, tratando de salvar los muebles de la BBC y contemporizando con el intransigente inquilino del 10 de Downing Street, y cada cual estaría ahora barajando sus cartas a la espera de mejor fortuna.

Pero no ha sido así y Dyke, que no se ha ido precisamente porque haya querido o porque admita haber cometido un grave error, se ha despachado denunciando presiones sistemáticas e incluso intimidación por parte del entorno del primer ministro y de éste mismo. El ex director general ha dado a conocer una carta que él remitió a Blair en relación con esas ingerencias pero ha silenciado el contenido de la que Blair le remitió a él, digamos que en términos algo impropios. Queda en la recámara.

Es significativo que hoy, después de que Bush asuma la conveniencia de que una comisión independiente (?) estudie el envenenado asunto de las armas de destrucción masiva (ADM en lo sucesivo) que nunca existieron, también Blair empiece a templar gaitas y admita que existen "dudas legítimas" sobre su existencia. Supongo que cuando ambos, de mutuo acuerdo, fabricaron la gran mentira que condujo al gran error de la guerra de Irak, padre putativo de todos los peligrosos errores que vendrán si no se rectifica ya, no imaginaban que llegase el infausto día en que la verdad les perseguiría hasta las cuerdas y amenazaría con noquearles y dejarles 'groggies' de por vida.

Mientras tanto, el impertérrito Aznar, el tercero de la "conspiración de las Azores", no dice nada -al menos no ha dicho esta boca es mía hasta esta hora-, pese a que Rodríguez Zapatero le ha metido los dedos hasta la campanilla a la luz de la marcha atrás de sus colegas de farra. Pero es bien sabido que este buen hombre sólo responde ante su dios y sólo en el caso de que éste le "eche" una instancia. Él se considera por encima del bien y del mal. Además, como se va...

Lo cierto es que, sin la presión mediática, apoyada en este caso por el rechazo popular a una guerra cuya necesidad o conveniencia eran mucho más que dudosas desde el mismo momento en que se planteó, no habría llegado este día, en el que los bucaneros, aunque no se rinden, recogen velas para evitar que el viento de la verdad se transforme en huracán y les conduzca al naufragio.

Blair admite que hay dudas legítimas y yo diría que las dudas, fundadas o no, siempre lo son, pero ¿se puede atribuir alguna legitimidad a las mentiras? En absoluto. Quien desde el poder miente al pueblo que le otorgó su confianza no merece ni regresar a su nivel. Quien además, como en el caso lamentable de la BBC, pretende ilegítimamente silenciar a los que intentan dilucidar la verdad o lleva al suicidio (en el mejor de los casos) a quien la pronunció merecería un castigo mucho mayor, de dimensiones clásicas, como tomar cicuta o cortarse las venas en la bañera. Sin embargo, seguramente quedará sin un castigo suficiente (hay precedentes), salvo que se lo inflija su propia conciencia.

Si la hubiere.